Los personajes no son míos. Solo la historia lo es ¡Te odio Meyer! ¡Porque ha creado a Hombres/Vampiros/Lobos tan irresistible! ¡Yo también quiero uno!... A ti también te odio Bella Swan


Bella Pov

Resople al observar como Leah se paseaba constantemente frente a mí, de un lado a otro, enumerando las distintas razones por la cual, según ella, mi plan fracasaría estrepitosamente. En este momento solo lograba imaginarme a mi misma ahorcando a mi querida hermanastra, por ser tan pesimista en lo que se refiere a este pequeño Juego que estaba a punto de comenzar con Edward Cullen

— No es bueno. Tengo un muy mal presagio sobre todo lo que conllevara a esto, que tú has querido denominar como un "juego" — de una manera completamente perezosa me recosté sobre mi cama, en la cual me encontraba sentada, para admirar sin ningún interés el cielorraso

— ¿No crees que exageras?

— ¿Exagerar? ¿Yo? — repitió con incredulidad. Era increíble lo irritable que podría llegar a ser cuando se lo proponía — ¡Por supuesto que no! — hizo un ademán con su mano como si estuviera descartando mi opinión debido a la ridiculez de esta misma — Debes ser objetiva. Hay solo un 1% de probabilidades de que tu plan funcione

— ¡Woaw! — exclamé con falsa sorpresa y completa ironía. Me apoye sobre mis brazos para poder observarla con mayor claridad — Es sorprendente la confianza que depositas en mí. ¡Sigue así! Eres la persona más positiva que he conocido en toda mi vida — me fulmino con la mirada, sin pensarlo demasiado me lanzó aquella almohada, con la cual segundos antes hacia rodar entre sus manos, que atino de seco en mi rostro — Ante eso debería decir… ¡Auch!

— Es increíble que tomes esto tan a la ligera — asentí sin saber que objetar. Era la decimo novena vez que decía exactamente lo mismo y desde esa pequeña frase, partía un eterno discurso que intentaba advertirme sobre los peligros de aquella pequeña apuesta — ¿Y si pierdes la apuesta? ¡Deberás ser su esclava!

— Científicamente es imposible que exista una ligera posibilidad que yo, Isabella Marie Swan, pierda esta estúpida apuesta — cerré los ojos en un claro intento por no comenzar a gritarle en ese mismo instante. Era más que obvia la poca confianza que mi supuesta aliada, me tenía en esos momentos

Leah parecía no entender que la posibilidad de que comenzara a sentir algo por Edward, y aun menos probable, aceptara ser su novia aun sabiendo las consecuencias que eso tendría para mí misma, era… nula. Jamás sucedería, era imposible, improbable

— ¿Eres estúpida?

— Y tu una maldita perra — murmuré indignada. ¡Dios! Estaba comenzando a arrepentirme de haberla aceptado como mi aliada contra las oscuras manipulaciones de Edward Cullen. Gemí de dolor al sentir un fuerte golpe en mi hombro izquierdo. La muy maldita me había propinado un para nada delicado puñetazo. Enojada, m incorpore de la cama, comenzando a observar a través de la ventana como la lluvia amainaba solo un poco — De verdad ¿Acaso dudas de mis habilidades como actriz?

— Si. Eres un asco a la hora de mentir

— Cullen se creyó lo de Marie

— Cullen es un hombre — gruño exasperada — Los hombres no razonan bien cuando tienen un buen trasero y un par de senos a los que contemplar

— ¡Arriba el feminismo! — brame fuertemente levantando uno de mis puños en señal de apoyo y victoria. Ella simplemente rodo los ojos, dejando pasar mi pequeña burla ante su forma de expresarse contra el sexo masculino, acercándose hacia en donde me encontraba para colocar ambas manos sobre mis hombros. Me mordí los labios evitando reír — ¿Me crees idiota? No tengo planeado perder esta apuesta por nada del mundo

— ¿Au no has tomado conciencia con la persona a la que te enfrentas? — suspire pesadamente, esta conversación parecía no acabar jamás — Edward Cullen podría ser un idiota pero créeme que sabe seducir a un mujer. ¿Bella? ¿Bella? ¡Bella! — sonreí internamente ante sus llamados molestos. Lentamente entrecerré los ojos fingiendo un aspecto completamente confundido

— ¿Eh? ¿Qué? Disculpa pero creo que me he dormido a mitad de tu discurso — gruño alejándose rápidamente de mi — Tranquilízate, Leah, sobre exageras todo el asunto

— ¡Bien! ¡Me rindo! — exclamo de manera melodramáticamente — Pero te aseguro que todo saldrá mal, muy mal, las cosas se complicaras y luego tú — me señalo acusatoriamente — Vendrás llorando en busca de un consejo. Me encantara decir el simple y siempre efectivo: "Te lo dije"

— ¿Algún a vez te han dicho lo dulce y simpática que puedes llegar a ser?

— Tantas veces que ya casi no pudo recordarlo

— Pues dime quien fue el idiota que te mintió tan descaradamente. Eres insufrible — se rió a mandíbula batiente ante mi afirmación. Gruñí tomando entre mis manos la almohada que ella me había lanzado y golpeándola con ella — Para esas risotadas, Clearwater, aun eres mi aliada y debes prometerme que me apoyaras en todo

— Bien. Lo prometo, pero….

— Si, si, sabes que esto terminara muy mal. Entendí esa parte las anteriores dos horas — le interrumpí. Unos ruidos comenzaron a escucharse en la planta baja, clara señal de que Charlie y Sue habían llegado a casa luego de recoger al pequeño Seth que se encontraba en La Push — Espero que Charlie haya traído consigo las pizzas que prometió — estaba más que claro que el tema con respecto a la apuesta se había dado por terminado sin embargo la mirada de Leah emitía una clara promesa de que no olvidaría el asunto. La noche seria larga

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Los fines de semana se suponían debían ser para descansar y disfrutar de tu tiempo libre. Bien. ¡Al diablo con ese concepto!

Me encontraba sentada en el suelo, recostando mi espalda en uno de los tantos casilleros del pasillo, a la espera de que la hora pasara normalmente lenta y poder ir a mi próxima clase. El motivo por el que me encontraba vagando al igual que un zombi por los pasillos era simple, Leah

Esa maldita perra pretensiosa no había dejado de martiriarme todo el fin de semana; Incluso la noche anterior se las había arreglado para mantenerme despierta y repetirme el porqué no debía seguir a acabo con la apuesta. Debía admitir que en un momento estuve tentada en irme a dormir fuera, en el porche, sin embargo luego de pensarlo, opte por intentar golpearla hasta dejarla inconsciente. No funciono y había aprendido una muy buena lección: Leah sabe golpear

Esa misma mañana a duras penas había logrado levantarme. Estaba cansada y las oscuras ojeras debajo de mis ojos lo comprobaban. Al igual que una especie de zombi había ido a cada una de mis clases, excepto la de literatura a la cual, por llegar tarde, el maestro no me había permitido entrar

— ¿Estás bien?

— Vete — gruñí con dificultad. De todas las personas con las cuales podría cruzarme debía ser él. Observe de soslayo como se sentaba a mi lado — ¿Bromeas? — pregunte con incredulidad, dejando caer mi cabeza sobre las palmas de mis manos, observándolo enojada. Se encogió de hombros, sentándose a mi lado, observándome con curiosidad

— Soy Emmett Cullen— aseguro con diversión — Por cierto, te ves horrible, deberías ir a casa

— Tú no te ves mejor — asegure con enojo. Era obvio que no me encontraba en el mejor de mis días, pero aun así hubiera sido educado que no lo mencionara. Sonrió de oreja a oreja acentuando los hoyuelos de su rostro — ¿Qué se supone que haces aquí? — pregunté sin poder evitarlo. Debía aprender a controlar mi curiosidad

— Lo mismo debería preguntarte. ¿Acaso no eras una especie de Nerd?

— No. Soy la hija del jefe de policías de Forks — explique como si fuera lo más obvio del mundo. Asintió repetidas veces sin tener idea algún a lo que me refería — Se supone que debo ser una persona aplicada que no se meta en problemas

— ¡Oh! Supongo que te entiendo

— Lo que digas — masculle cerrando los ojos. Tenía sueño. No quería quedarme para mis otras clases, y estaba considerando seriamente el hecho de hacer novillos. Abrí los ojos al escuchar como Emmett comenzaba a tararear una especie de cancioncilla, una muy molesta a decir verdad — ¿Podrías…?

— ¿Qué cosa? — pregunto tras una fingida expresión de confusión. Entre cerré los ojos en un intento de recordad en donde lo había visto. Se me hacia familiar ¿Pero de donde lo conocía? — ¿dejar de cantar?

— Si

— Lo siento, pero no, el aburrimiento es algo a lo que no me quiero ver enfrentado. Me acerque a ti con la esperanza de que me divirtieras, pero pareces estar a punto de caer muerta, y desgraciadamente somos los únicos idiotas a los que no les permitieron entrar a clase

— ¿Acaso me has visto el rostro de un pinche payazo? — exclame furiosa. Era sin lugar a dudas el idiota más sincero que había logrado conocer el todo el instituto — Y en caso que lo sea, créeme que no estaría dispuesta a hacer algo por que tu, idiota, te diviertas a mi costa. Gruñí. El hecho de no haber dormido casi nada hacía estragos con mi humor. Fruncí el ceño al escuchar sus estruendosas risotadas romper con el silencio que se había creado en el ambiente

— ¡Woaw! Qué carácter. Le agradarías a Rosalie…Espera… ¿Me crees atractivo? ¿Te gusto de alguna manera?

— Me pareces un idiota y no eres tan guapo como crees

— Si. Le agradarías a Rosalie y… ¿No soy guapo? ¡Dios! ¡Lo que hay que escuchar! — exclamó de manera melodramática— Si no amara tanto a Rosalie estaría aun más solicitado que Edward

— ¿Quién? ¿Cullen?

— Exacto. ¿Es guapo no crees?

— Si te gusta ese tipo de chicos — me encogí de hombros descartando la posibilidad de intentar estar en paz, al menos no lo lograría con Emmett a mi lado

— No entiendo

— Lo creo un idiota, narcisista, que no merece siquiera que una persona comience a estudiarlo para describir sus defectos — nuevamente las risotadas de Emmett inundaron el ambiente. Rodé los ojos, sonriendo levente, me puso de pie

— Jamás escuche a hablar así a una chica de él… bueno a excepción de Allie y Rose. Eres la ley, aun no entiendo porque Edward te fastidiaba, mi hermano puede ser muy estúpido cuando se lo propone

— ¿Tu hermano?

— ¿No te lo dije? Raro. Pensé que y lo sabían. Soy Emmett Cullen — sentí mi rostro arder. ¡Era un Cullen! ¡Ahora lo recordad! Él era uno de los que se sentaba en la cafetería junto a Cullen, el cual era su hermano. Debía aprender a mantener mis opiniones para mí misma — No te avergüences pequeña. Ha sido muy divertido hablar contigo —aseguro, poniéndose de pie, despeinando aun más mi cabello. Me removí incomoda

— No soy un perro

— Pero eres tan pequeña — justifico utilizando un exagerado tono de voz agudo para darle más énfasis al: "Pequeña". Masculle un inentendible insulto dirigido a es grandote — Admítelo, enana

— Mi estatura es normal y… ¡Tú eres el mastodonte aquí!

— ¿Normal? ¿Llamas normal a ser igual de pequeño que un ratón?

— ¡A quien le dices ratón, idiota! — gruñí, ya no simpatizaba tanto como creía en un comienzo. Me observo burlón — Olvídalo. Debías ser hermano de tu hermano — brame sin demasiada ganas de discutir. Me aleje de allí aun pudiendo escuchar los llamados de Emmett Estaba decidido, haría novillos

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— No. No. ¡No te mueras! ¿Qué clase de amigo eres?

Viéndolo de un punto completamente objetivo, la situación en la aquella aquella castaña se encontraba era realmente cómica. Se lamentaba y le gritaba a su vieja carcacha, por haber decidido morir a mitad del camino, pero… ¿Quién era aquella castaña? ¡Yo maldita sea!

Últimamente odiaba mi no suerte. Toda mi vida supe que existían unos pobres desdichados, como yo, que habían nacido sin suerte y con el transcurso de los años lo aprendí a aceptar pero… ¡Dios! ¿Era mucho pedir solo un poquito de suerte?

Estaba furiosa. Le lance un golpe el volante, para arrepentirme inmediatamente, chille de dolor. Genial. Varada en mitad de una carretera desierta y con un fuerte dolor en mi mano. Efectivamente mi vida apestaba

Debía evitar ponerme a lograr como una niña pequeña. Si mis cálculos iba bien desde en donde me encontraba hacia la casa de Charlie, había una diferencia de… ¿Veinte cuadras? ¿Treinta? ¿Menos?... No. No era buena a la hora de hacer cálculos y lo era mucho menos cuando no conocía las calles de Forks y me encontraba en medio de una maldita, húmeda, fría y desierta carretera

‹‹ ¿Lo peor? ¿Qué podría ser peor que esto?››

Me dije a mi misma en un vano intento por no largarme a llorar. El sonido de un claxon irrumpió el molesto silencio del bosque. Al igual que un resorte me incorpore en el asiento para observar de quien se trataba.

Sin duda, este era el peor día de mi vida


¡Linduras! Pues aquí yo de nuevo con otro capítulo. Espero que les haya gustado. Siento la demora solo puedo decir que la evaluaciones trimestrales se me han juntado todas una tras otra y otra…Bueno, creo que entienden el punto. El caso es que no he podido escribir por esa razón

Aun así gracias ´por sus Revierws y descuiden NO abandonare ninguna de mis historias

Cuídense preciosuras…

Besos: Bella-Ragaza

¡No olviden dejar Revierws!