Hola chicas no habia podido subir el capitulo porque me compraron un nuevo computador y le dieron el viejo a mi hermana y estaba esperando la información

ademas ya comencé clases en la universidad (para las que no sabes estudio medicina) ya se imaginaran como es mi tiempo

Bueno sin mas aquí les dejo el capitulo disfrútenlo

Nessa


Capítulo 6

BELLA trató de olvidar las dudas que sentía desde que había ido de compras con Alice, pero, con Esme a punto de irse, no pudo evitar que afloraran.

Edward había tratado de convencer a su madre para que se quedara unos días más en Londres, pero, como la mayoría de las personas mayores, Esme echaba de menos la familiaridad de su entorno habitual.

Edward había organizado las cosas para que alguien fuera a ocuparse a diario de su madre, pero seguía preocupado. Bella quiso reconfortarlo tomándolo de la mano, pero no sabía cómo reaccionaría ante su gesto... lo que resultaba muy revelador. Aquél era otro indicio de sus dudas, pero logró aplacarlas mientras Edward ayudaba a su madre a salir del coche en el aeropuerto. Dedicó una resplandeciente sonrisa a Esme, satisfecha de que tuviera mucho mejor aspecto que unas semanas atrás.

El abrazo que se dieron fue sinceramente cálido.

-Cuida de mi hijo por mí –murmuró Esme, y la mirada de Bella voló hacia Edward, que las estaba observando con expresión divertida.

-Creo que puedes confiar en que soy capaz de cuidar de mí mismo, mamá.

-Todo hombre necesita una mujer –dijo Esme en un tono que no admitía discusión-. Puede que él no sé dé cuenta, pero así es. Y me alegra que tú también hayas encontrado a alguien, hija -añadió, satisfecha.

Bella observó atentamente a Edward para ver cómo le habían afectado las palabras de su madre, pero su expresión era impenetrable.

-Te llamaré a diario, mamá, y no se te ocurra mentirme respecto a cómo te encuentras porque también pienso hablar con la enfermera que he contratado, y con mis tíos.

-¡Vas a espiarme como si no fuera capaz de cuidar de mí misma! –protestó Esme mientras su hijo la ayudaba a subir al avión. Dedicó una última mirada a Bella y ambas compartieron un momento de diversión a costa del tono autoritario de Edward-. ¿Cuándo volveré a veros? –añadió Esme.

Bella contuvo el aliento. La respuesta de Edward podía darle alguna pista de lo que estaba pasando por su cabeza.

-Será mejor que te tomes las cosas con calma -murmuró Edward-. Tienes que recuperarte del todo antes de empezar con tus invitaciones.

Cuando, unos minutos después, el avión despegó, Bella sintió que sus nervios aumentaban. La madre de Edward se había ido y sospechaba que no iba a tardar en averiguar cuáles eran los planes de éste para su relación.

-Espero que tu madre se encuentre bien en Grecia -dijo para romper el sofocante silencio mientras se alejaban en coche desde el aeropuerto.

-¿Y por qué no iba a encontrarse bien? -preguntó Edward con el ceño fruncido-. La van a recibir mis tíos y la enfermera que he contratado para que la cuide, y no necesitará mover un dedo para hacer nada.

-Supongo que echará de menos tenerte cerca.

-Mi madre entiende que trabajo aquí y que tengo muchas dificultades para irme.

Bella se mordió el labio inferior y trató de pensar en algo desenfadado qué decir. Era una locura que hubiera alcanzado aquel grado de intimidad con Edward y que sin embargo...

El silencio entre ellos resultaba ensordecedor. Respiró profundamente y se puso a hablar sin ton ni son de Grecia y a hacer preguntas sobre la casa de Esme. Cuando comprendió que Edward podía pensar que estaba tratando de conseguir una invitación, empezó a hablar de las vacaciones en general.

Para cuando llegaron al piso, la tensión que sentía ya era insoportable.

Pensó en el dormitorio que habían compartido durante aquellas semanas. A lo largo de los días había ido llevando más y más ropa allí. Pensó en la intimidad de su cepillo de dientes junto al de Edward... y se sintió enferma por lo que sabía que tenía que hacer.

-¿Quieres algo de beber? -preguntó Edward mientras se encaminaba hacia la cocina.

Bella asintió y lo siguió. Esperó sentada en un taburete a que Edward le diera el vaso y luego se lanzó de lleno a preguntar lo que la agobiaba.

-¿Qué va a pasar -ahora, Edward?

Edward la miró un momento por encima del borde de su vaso.

-¿Tú qué quieres que pase?

Bella lo miró a los ojos y trató de no amilanarse.

-Tu madre se ha ido. Ya no hay necesidad de...

-¿De que sigamos siendo amantes?

Expresada así, su relación, que tanto significaba para Bella, parecía reducirse al nivel de dos adultos que hubieran decidido compartir la cama para divertirse. La fuerza de la costumbre y su propia naturaleza risueña hicieron que disculpara de inmediato a Edward. No era un hombre al que se le dieran bien las palabras de afecto. Además, debía estar preocupado por su madre.

-No me haces ningún favor si imaginas que el único motivo por el que me he acostado contigo ha sido para hacer más creíble la farsa ante mi madre. Y tampoco te lo haces a ti misma.

Bella sonrió, aliviada.

-Me alegra tanto que hayas dicho eso, Edward. Pensaba que...

-¿Que lo que hay entre nosotros iba a llegar a un final prematuro? -la sensual boca de Edward se curvó en una devastadora sonrisa. A continuación retiró el vaso de la mano de Bella y se inclinó hacia ella para poder besarla. Pero aquél no fue uno de los besos ardientes a los que estaba acostumbrada Bella. Fue un beso conmovedoramente delicado, y Bella se perdió en su acariciarte boca, distrayéndose por un momento de sus planes.

Cuando, finalmente, Edward se apartó, ella lo miró ,con expresión compasiva.

-Sé que estás conmocionado por lo que le ha pasado a tu madre, Edward. Nunca esperamos que a nuestros padres les suceda nada, y cuando ocurre no estamos preparados para ello. Pero tú madre va a estar bien. Lo sé.

Si hubiera venido de otra persona, Edward habría rechazado de inmediato su manifestación de compasión, pero al mirar los grandes ojos chocolate de Bella vio en ellos algo que lo conmovió.

-Me alegra tener a mi propia adivina viviendo conmigo -murmuró-. ¿Te gustaría manifestar tu compasión de un modo que no fuera meramente verbal? -preguntó con una sugerente sonrisa.

Bella sintió que su determinación perdía fuerza. Cuando Edward se encaminó hacia el dormitorio se encontró siguiéndolo como si sus piernas tuvieran voluntad propia.

-Resulta extraño... -dijo mientras miraba en tomo al dormitorio, en el que había indicios evidentes de su estancia en él.

-¿Qué resulta extraño?

-Estar aquí sin que tu madre se encuentre en casa...

Edward rió.

-La mayoría de las mujeres habrían encontrado extraño lo contrario -dijo mientras empezaba a desabrocharse la camisa. Sólo cuando ya estaba medio desnudo se dio cuenta de que Bella seguía junto a la puerta, con las manos tras la espalda.

-¿Quieres que haga un strip-tease para ti? -preguntó con suavidad. Pensar en acostarse con Bella estaba liberándolo de la tensión que le había producido la marcha de su madre. Nunca lo habría admitido en alto, pero le preocupaba terriblemente que se hubiera ido tan pronto. Quería encontrar un santuario de paz para sus pensamientos en la mujer que tenía ante sí... una mujer totalmente vestida que parecía extrañamente indecisa.

Con la arrogancia de las personas muy seguras de sí mismas, Edward apartó de su mente cualquier pensamiento de que Bella no quisiera meterse en la cama con él y siguió desvistiéndose.

Bella notó que se le secaba la boca mientras veía que Edward empezaba a quitarse el cinturón. Aquel hombre tenía la capacidad de paralizar sus pensamientos y lograr que se convirtiera en una marioneta obediente.

Se esforzó por recordar que no podía permitir que sucediera aquello. Tenía una oportunidad de oro para averiguar qué significaba todo aquello realmente para él, y no pensaba dejar pasar la oportunidad.

-Lo cierto es que me gustaría hablar...

Edward entrecerró los ojos.

-¿Hablar? ¿Hablar de qué? Ya me has mostrado tu compasión, y te aseguro que no voy a desmoronarme de aprensión respecto a la salud de mi madre. Llamaré a diario a preguntar por ella y, si surge el más mínimo problema, volaré hasta allí de inmediato.

-Estoy segura de que no habrá ningún problema -dijo Bella, sin moverse-. Pero no pensaba hablar de tu madre.

-Ah -Edward asintió-. Quieres seguir por donde lo habíamos dejado antes, ¿no? Quieres que te asegure que te deseo, que no me he acostado contigo sólo por las circunstancias -sonrió lentamente y se acercó a ella-. No esperaba tener que demostrarte que mi deseo es auténtico. Ya has podido comprobar de primera mano el efecto que produces a mi cuerpo...

Bella se estaba esforzando por respirar. Cerró los ojos un momento para tratar de controlar sus díscolos sentidos. Cuando volvió a abrirlos respiró profundamente.

-Sólo quiero saber qué va a pasar ahora... ya sabes... con nosotros...

Para Edward, el significado de las palabras de Bella fue el equivalente a una larga ducha de agua fría. Todo rastro de pasión abandonó su cuerpo al instante.

-Creía que ya habías hecho esa pregunta.

-Lo sé. Pero no me has contestado -Bella se arriesgó a echar un rápido vistazo al rostro de Edward y, al ver la frialdad que reflejaba, se le encogió el estómago.

-De acuerdo -dijo Edward mientras volvía a ponerse la camisa-. Lo cierto es que ambos debemos lo que tenemos a una imprevisible combinación de circunstancias. De no haberse presentado mi madre inesperadamente, y si no hubiera sacado las conclusiones que sacó, no nos habríamos acostado juntos. Pero, ya que lo hemos hecho, no veo la necesidad de interrumpir las cosas.

A Bella le dolió profundamente que Edward pensara que sin la intervención del destino ni siquiera se habría fijado en ella como mujer. Había pasado casi dos años manteniéndose en segundo plano, aceptando las migajas que Edward estuviera dispuesto a darle, imaginando que alguna vez llegaría el día en que finalmente la vería como la mujer que era. Pero había estado viviendo un sueño. Se abrazó a sí misma y bajó la mirada. Estaba segura de que el mundo entero podía escuchar en aquellos momentos los intensos latidos de su corazón.

Irritado por su silencio, Edward frunció el ceño.

-¿Y bien? ¿No vas a decir nada?

-¿Qué quieres que diga? -todas las dudas que habían ido creciendo en la mente de Bella desde la tarde que había salido de compras con Alice cristalizaron de repente.

Edward se había encontrado por casualidad con ella en la cama, le había gustado lo que había visto y la había utilizado. Pero apenas podía culparlo por ello, pues ella se había prestado gustosa a que lo hiciera.

-Esta conversación empieza a aburrirme -dijo Edward mientras se encaminaba hacia la puerta.

En aquellos momentos, Bella habría querido esconderse en algún rincón oscuro, pero sabía que no podía dejar así las cosas, de manera que salió unos segundos después tras él.

Lo encontró en el cuarto de estar, sirviéndose un generoso whisky.

-Siento estar aburriéndote, Edward. Sé que te gusta mantener relaciones superficiales con las mujeres...

-¡No hay nada superficial en el sexo! -bramó él a la vez que dejaba el vaso sobre la mesa con tal fuerza que parte del contenido se derramó. Maldijo entre dientes mientras tomaba un paño del mueble bar para secar la mesa.

-No... cuando forma parte de una relación más profunda...

Edward miró a Bella atentamente.

-No cuando forma parte de una relación placentera. Esa es la cuestión, Bella. Las relaciones pueden ser placenteras sin necesidad de ser profundas.

Ambos estaban caminando de puntillas en torno al tema central. Bella podía manifestar su acuerdo con el punto de vista de Edward, aceptar lo que le estaba ofreciendo, que era mucho más de lo que había tenido en el pasado, o podía mantenerse firme en sus trece.

-Sólo necesito saber hacia dónde se dirige nuestra relación. ¿Hay alguna clase de futuro para nosotros?

Edward apenas podía creer lo que estaba escuchando. Acababa de ofrecer a Bella la posibilidad de tener una relación con él, algo que nunca había ofrecido a otra mujer, ¿y cuál era su reacción? Empezar a pensar en el futuro, algo que parecía ocupar un lugar desproporcionado en las mentes de las mujeres.

-Creo que te has dejado influir demasiado por mi madre. En algún momento has permitido que la farsa se convirtiera en realidad. Déjame que te aclare la situación.

Bella no quería que le aclarara la situación. Y tampoco quería que Edward le dedicara la fría mirada de un desconocido. Quería recuperar al hombre que conocía, al hombre al que amaba. Pero en unos instantes después quedó claro que no iba a recuperarlo.

-Cualquier idea de permanencia entre nosotros ha sido algo creado artificialmente por el bien de mi madre. Estaba débil y en su momento no me sentí con ánimos de explicarle la verdad. Mi madre pertenece a una época en que el hecho de que dos personas vivieran juntas constituía una relación...

-Pero tú y yo tenemos una relación...

-La tenemos -interrumpió Edward-, pero es una relación de naturaleza meramente sexual. Es algo que no esperaba, y estoy dispuesto a que continúe, pero nunca podrá llegar a ser más que eso.

-¿Y cuándo piensas decirle la verdad a tu madre?

-Eso es algo de lo que no tienes por qué preocuparte -contestó Edward con indiferencia-. Cuando esté totalmente recuperada le diré que ya no formas parte de mi vida... que las cosas no funcionaron... que somos incompatibles.

Bella asintió, aturdida, y reprimió el impulso de defender su relación, de decirle que sí eran compatibles. ¿Acaso no llevaban más de un año viviendo juntos? Pero logró permanecer en silencio.

-Se llevará una decepción, pero se recuperará -continuó Edward, seguro de sí mismo.

-¿Y tú te asentarás alguna vez, o hay demasiadas mujeres en el mundo a las que conocer, Edward?

A Edward aquello le daba igual. El hecho de que no estuviera dispuesto a comprometerse en una relación no significaba que fuera superficial y frívolo en su trato con las mujeres. Miró a Bella con los ojos entrecerrados y se dijo que lo que estaba sucediendo era lo mejor. Había sido una tontería ofrecerle que siguieran durmiendo juntos. Estaba claro que ella ya había empezado escuchar campanillas de boda, algo totalmente inviable.

-Lo creas o no, no ambiciono acostarme con todas las mujeres posibles antes de morir.

-No, sólo te acostarás con las que te garantizan que no quieren una relación. Pero no hay muchas de ésas por ahí.

Edward estaba atónito. ¿Cuándo había cambiado todo? ¿No había trabajado Bella con él durante casi dos años? ¿No había visto de primera mano cuál era su punto de vista respecto al compromiso en las relaciones?

-No puedo creer que precisamente tú me estés diciendo todo esto.

Ya que Bella tampoco podía creerlo, optó por permanecer en silencio.

-No busco una compañera porque en este momento de mi vida necesito ser libre para seguir adelante con mi carrera -continuó Edward-. No sería justo que me casara con una mujer y le hiciera creer que podía ocupar algo más que el segundo lugar en mi vida. ¿Qué mujer querría eso?

Bella estuvo a punto de reír en alto. Por lo visto, Edward pensaba que iba por ahí haciendo favores a las mujeres al negarse a comprometerse con ellas.

-Tienes razón -asintió-. Ninguna mujer querría eso.

Edward sintió un arrebato de rabia que reprimió enseguida, sorprendido por la irracionalidad de su reacción. Estaba haciendo lo que normalmente hacía con cualquier mujer que empezaba a fantasear sobre lo imposible. Hizo un esfuerzo por controlar sus dispersos pensamientos y toda una vida de autodisciplina acudió en su rescate.

-¿Nunca te cansas, Edward? -preguntó Bella con curiosidad.

-¿Cansarme? ¿De qué?

-Oh, no sé... de tantos rostros diferentes, de tener que preparar el terreno... de las nuevas citas, las nuevas mujeres, las nuevas conversaciones...

-Disfruto con la variedad -Edward se levantó bruscamente y se encaminó hacia el sofá. Le gustaba tan poco aquella conversación como la sugerencia de Bella de que era superficial en su trato con el sexo opuesto.

Al parecer la conversación había terminado, y Bella permaneció en su asiento, esforzándose por contener las lágrimas. Finalmente se levantó y se encaminó hacia el dormitorio.

-¿Has reconsiderado mi oferta? -preguntó Edward en tono desenfadado.

Bella se volvió hacia él hecha una furia.

-¡No, no la he reconsiderado! ¡No se me ocurriría volver a meterme en tu cama sabiendo que en cualquier momento podrías echarme para poder seguir adelante con tu vida!

-Entonces, ¿por qué te acostaste conmigo la primera vez?

-Tu madre asumió...

-Mi madre asumió que manteníamos una relación, pero eso no responde a mi pregunta... Ah... ya comprendo... -Edward permaneció un momento en silencio mientras asentía lentamente-. Viste una oportunidad y te aferraste a ella con ambas manos -añadió en un tono que dejó helada a Bella-. Antes me he preguntado cómo podían haber cambiado tan drásticamente las cosas entre nosotros. Llevas meses ocupándote de la casa, ayudándome en mi trabajo cuando lo he necesitado, y todo sin quejarte. Sin embargo, aquí estás ahora, exigiéndome promesas de un futuro...

-Yo no te he exigido nada... yo...

-¡Cállate! -espetó Edward-. ¿Cuándo empezaste a pensar en el buen partido que podía ser? ¿Cuando supuestamente te dejaste tentar para meterte en mi cama? Supongo que pensaste que si jugabas bien tus cartas conmigo tendrías una oportunidad, ¿no?

Bella se puso intensamente pálida.

-¿Qué... qué...? -balbuceó. -

-¿Pensaste que conseguirías algo camelando a mi madre? A fin de cuentas, sabías que ninguna otra mujer había estado nunca en situación de conocer a algún miembro de mi familia. Tal vez pensaste que las circunstancias habían puesto esa oportunidad en tus manos... Una vez me dijiste que creías en el destino...

-¡No! ¡Nada de lo que estás diciendo es cierto!

Cada vez más lanzado, Edward ignoró la interrupción de Bella.

-¡Acostarte conmigo sabiendo que te deseaba debió ser la guinda que colmó el pastel! -pensó en las numerosas ocasiones en que había deseado que llegara la noche para volver a casa y estrecharla, entre sus brazos, para sentir las voluptuosas curvas de su cuerpo bajo sus manos, y se odió por su debilidad-. ¿Cuándo empezaste a pensar que podría ser una buena presa? ¿Cuando viniste aquí y viste mi casa por primera vez? -Edward recordó la expresión maravillada de Bella, sus ojos abiertos de par en par mientras miraba a su alrededor... y podría haberse abofeteado por no haber pensado en ningún momento que iba tras su dinero.

-No se cómo puedes seguir ahí diciendo esas cosas, Edward -murmuró Bella, desolada.

-Porque soy un hombre muy práctico. Y también soy muy rico. Y los hombres ricos y prácticos tenemos mentes suspicaces. Deberías haberlo tenido en cuenta.

-Esto es como un mal sueño -susurró Bella. -Las personas se despiertan de los malos sueños.

Pero esto no es un sueño. Esto es la realidad.

-Sí. Sí lo es -dijo Bella. Una realidad que se había buscado ella misma.

Como un autómata, giró sobres sus talones y fue al dormitorio, donde empezó a sacar frenéticamente sus posesiones de armarios y cajones para arrojarlos a la cama.

Cuando salió para acudir a su antigua habitación por el resto, no vio rastro de Edward. Probablemente estaría en su estudio. Después de todo el tiempo que habían convivido en aquella casa, al parecer pensaba dejar que se fuera sin ni siquiera tomarse la molestia de despedirse de ella.

Tras terminar de hacer su equipaje fue hasta la puerta principal, donde permaneció un momento indecisa, sin saber si tratar de buscarlo. Finalmente decidió no hacerlo. Edward ya había dicho lo que tenía que decir, y estaba claro que la consideraba una oportunista.

Escribió una rápida nota en la que le agradecía el trabajo que le había dado, que le había permitido financiarse sus estudios, y a continuación dejó la nota sobre la mesa del recibidor con la llave del piso encima.

Edward escuchó el clic de la puerta al cerrarse desde el santuario de su estudio y frunció el ceño. Seguro que Bella había estado dudando si interrumpirlo para despedirse. Lo sabía porque la conocía bien, algo que no era de extrañar, dado el tiempo que habían vivido bajo el mismo techo.

Se levantó y fue a la cocina. Por supuesto, aquélla era la única conclusión lógica del asunto. No tendría por qué haber sido así si Bella hubiera aceptado continuar con la situación tal como estaba, pero, como todas las mujeres, se había empeñado en buscar un significado inexistente a lo que compartían. Sintió una oleada de frustración. No entendía por qué no había aceptado seguir como estaban, pero no lo había hecho, de manera que no le había quedado más remedio que irse. Él no quería ni necesitaba el revuelo que supondría una mujer en su vida... de una mujer alimentando pensamientos de permanencia...

Pero no necesitaría más de un par de semanas para que se le despejara la mente y para superar la marcha de Bella. Hasta entonces se refugiaría en su trabajo... y se ayudaría con algunas citas. Las cosas no tardarían en volver a la normalidad. Como debía ser.