Para compensar les traje dos capítulos así que disfrútenlos!
Nessa
Capítulo 7
ALGUNA vez tenía que salir. Alice había dado aquel consejo a Bella en un tono que no admitía réplica. Ya habían pasado tres semanas, tiempo más que suficiente para que hubiera dejado de suspirar por un hombre que lo único que había hecho había sido utilizarla.
-Ya salgo -replicó Bella, que optó por interpretar literalmente las palabras de su amiga-. Estoy llevando mi carpeta de trabajos a todas las editoriales y agencias de publicidad de la ciudad. De hecho, apenas paro en casa. El lunes tengo una segunda entrevista en la agencia MacBride. ¿Por qué no me ayudas a comprar algo adecuado que ponerme? -añadió, con la esperanza de distraer a Alice.
Pero la respuesta de su amiga fue comunicarle que le había organizado una cita.
-Se trata de mi homólogo en Berlín -dijo, haciendo caso omiso de la expresión consternada de Bella-. He estado con él en un par de ocasiones y es perfecto para ti. Alto, rubio, viajero...
Como siempre le sucedía con su amiga, tras las protestas iniciales Bella acabó aceptando su plan, y el sábado por la tarde estaba de pie ante el espejo de cuerpo entero que Alice tenía en su dormitorio, siendo inspeccionada por ésta como si fuera un microbio bajo una lupa.
Alice asintió, satisfecha, dio un paso atrás y soltó un prolongado silbido de apreciación. Bella podía pensar que la estaba arrastrando a la fuerza a aquella cita, pero lo cierto era que necesitaba salir. Durante las tres semanas pasadas había perdido peso y su carácter normalmente alegre se había apagado. Era cierto que se estaba esforzando en buscar trabajo, pero por dentro estaba tan vacía como una ostra.
Fuera o no Bella consciente de ello, Alice estaba convencida de que su amiga necesitaba salir y pasarlo bien. Sus charlas con ella no estaban funcionando. Cada vez que abordaba el tema de Edward, Bella la escuchaba, pero enseguida cambiaba de tema.
De manera que había que convencerla de que existía vida más allá de Edward Cullen, de que no merecía la pena que siguiera enganchada a él. ¿Y qué mejor modo de convencerla que haciéndole salir con otro hombre?
De manera que Alice había organizado la cita con precisión militar. No le había costado averiguar dónde estaría Edward Cullen aquel sábado por la tarde. Su ruptura con Bella aún estaba caliente, pero él ya había vuelto al terreno de juego. Alice incluso había conocido en una fiesta de abogados a su última adquisición, una morena alta y lánguida que iba del brazo de un colega de Alice que trabajaba para un bufete rival.
Y los fines de semana de Edward con sus mujeres no solían ser especialmente privados y románticos. Aquel sábado en concreto iba a acudir a un sofisticado y caro club de jazz en Notting Hill.
Y lo mismo iba a hacer Bella con su cita. Alice se había ocupado de ello.
-Estás preciosa -dijo con total franqueza-. Tienes un aspecto muy sofisticado. Jasper se va a quedar encantado.
-¿Está desesperado por encontrar una mujer?
-Ni mucho menos. Es todo un partido.
-Entonces, ¿cómo es que no lo han atrapado ya? -Bella no tenía intención de atrapar a nadie, pero tampoco le hacía gracia la idea de salir con un ligón. Pensó en Edward, sintió que los labios le temblaban y se esforzó por controlarse.
-Aún no ha encontrado a la mujer adecuada -dijo Alice pacientemente-. Pero es muy agradable estar en su compañía y es un hombre muy amable.
-Edward también era muy amable.
Alice ignoró el comentario de su amiga.
-Esas mechas rojizas y cobre te sientan muy bien. Y tus ojos parecen enormes con ese maquillaje.
Bella se miró con desgana en el espejo. Tres meses antes no habría reconocido a la mujer que la miraba desde el espejo, una mujer atractiva y cuyas curvas se habían acentuado gracias al peso que había perdido en las tres últimas semanas. El vestido negro que llevaba no era nada descocado, pero se ceñía a su cuerpo como un guante y, junto con los zapatos de tacón y el cinturón que llevaba a la cintura, le sentaba realmente bien.
Alice, que había insistido en que se reuniera con Jasper directamente en el club, la acompañó hasta la puerta sin dejar de darle consejos. También insistió en que la llamara al trabajo a la mañana siguiente para ponerle al tanto de cómo habían ido las cosas.
Para Bella fue un alivio sentarse en el taxi sin tener que seguir mostrándose ilusionada y animada. No sentía la más mínima excitación ante aquella cita. Apenas nada la excitaba últimamente. Ni siquiera la perspectiva de un trabajo especialmente interesante que tenía al alcance de la mano. Pensaba en Edward constantemente, y no podía evitar preguntarse si él también pensaría en ella.
La perspectiva de pasar varias horas en compañía de un hombre al que no conocía no la atraía especialmente. De hecho, le habría encantado que le diera plantón.
Pero cuando llegó al club encontró a Jasper esperándola. Era exactamente, como lo había descrito Alice. Alto, de ojos azules, pelo rubio ondulado, y con un rostro cálido y agradable. Cuando sonrió a Bella, ésta le devolvió la sonrisa y se relajó de inmediato al no apreciar la más mínima insolencia ni amenaza en la atenta mirada que le dedicó.
-Había pensado en llevar un clavel blanco por si no me reconocías -dijo Jasper mientras la ayudaba a quitarse el abrigo-, pero luego he decidido que habría sido un detalle un poco cursi.
Su voz era tan agradable como su aspecto, y de cerca olía a una delicada y fresca colonia masculina.
-Alice me ha dado una descripción muy detallada -replicó Bella con una sonrisa-. Creo que casi le habría gustado tener una foto.
-Lo supongo -Jasper rió de buen humor-. Alice no deja nunca nada al azar. Por eso es tan buena en su trabajo. ¿Habías estado alguna vez aquí?
Sorprendentemente, y tras haber consumido entre ambos media botella de vino, Bella se sentía tan relajada en compañía de Jasper que incluso le reveló la causa de las dudas que había sentido a la hora de aceptar la cita.
-Me alegra que me hayas dicho eso -dijo Jasper, que tuvo que inclinarse hacia ella para poder hacerse escuchar por encima de la música-, porque yo también acabo de salir de una relación y me lo estoy tomando con calma. Ninguna relación sentimental iguala a un corazón roto.
-Alice no me lo había mencionado...
-¿No? -Jasper rió y movió la cabeza-. Me parece que se está tomando demasiado en serio sus habilidades de casamentera.
-Pero lo hace con buena intención...
-Yo no puedo decir que lo esté pasando mal, desde luego. ¿Y tú?
-No -respondió Bella, sorprendiéndose a sí misma-. Yo tampoco.
-Bien. ¡Es agradable saber que no soy el pesado que esperabas! -Jasper tomó la mano que Bella tenía sobre la mesa y la estrechó amistosamente.
Jasper era la clase de hombre de la que debería enamorarse, se dijo Bella mientras pensaba en Edward. Alguien agradable, alguien que se estaba recuperando de un corazón roto... lo que significaba que tenía un corazón en algún sitio.
Abrió la boca para compartir parte de lo que estaba pensando con Jasper cuando escuchó una conocida voz a sus espaldas que hizo que se quedara completamente paralizada.
-Vaya, vaya, vaya...
Bella se volvió y vio a Edward ante su mesa.
Tuvo que parpadear varias veces y trató de retirar su mano de la de Jasper, pero éste se la sujetó con firmeza antes de soltarla para ponerse en pie y ofrecer la suya a Edward.
Edward ignoró el gesto de Jasper mientras centraba su atención en Bella, que, reacia, se levantó y logró sonreír.
-¡Edward! ¡Qué sorpresa!
-¿Verdad? -contestó él en un tono exageradamente amable-. No tenía idea de que vinieras a sitios como éste. Tenía la impresión de que te bastaba con quedarte en casa trabajando en tus dibujos y viendo seriales en la tele.
Bella se ruborizó. Si Edward había pretendido que pareciera tan aburrida como un lavavajillas, lo había logrado.
-Justo la clase de mujer que aprecio -dijo Jasper-. A mí tampoco me gusta demasiado acudir a clubes. Prefiero pasar la tarde con la televisión... aunque lo que más me gustan son los documentales. Me llamo Jasper, por cierto.
Nerviosa, Bella hizo las presentaciones, pero fue incómodamente consciente de que Edward no apartaba la mirada de su acalorado rostro.
-Me alegra volver a verte, Edward. Tienes muy buen aspecto. Pero no querría entretenerte.
-Tú también tienes muy buen aspecto -Edward le dedicó una mirada cargada de insolencia-. Bonito vestido.
-Gracias... ¿Estás con alguien? Tal vez deberías volver... -Bella miró a su alrededor, pero el club estaba abarrotado y en penumbra.
-Michelle me espera allí, en una mesa que hay al fondo.
Bella siguió involuntariamente la dirección del escueto gesto que había hecho Edward con la cabeza, y pudo ver a una mujer alta y morena sentada a solas en una mesa, con una copa de champán en la mano y un vestido rojo que dejaba expuesto mucho más de lo que ocultaba.
No esperaba que Edward pasara mucho tiempo solo después de su marcha, pero comprobar la velocidad con que se había movido le produjo una intensa amargura.
De pronto agradeció enormemente estar con Jasper, y le alegró que Edward pudiera constatar que ella tampoco se había dedicado precisamente a perder el t iempo.
-Parece sentirse un poco sola, Edward -Bella miró cálidamente a Jasper y luego a él-. Te sugiero que vuelvas antes de que alguien te la robe. Este tipo de lugares atrae a los hombres que salen de juerga nocturna, por si no lo sabías.
-¿Hablas por experiencia? -Edward miró a Jasper conn gesto interrogante.
-Yo no me dedico a merodear en tomo a las mujeres -dijo Jasper con suavidad a la vez que pasaba un brazo por los hombros de Bella-. Soy demasiado exigente para eso -rió-. De hecho, mis amigos dicen que soy demasiado exigente. Sólo me conformo con lo mejor.
Bella le dedicó una sonrisa de agradecimiento y volvió a sentarse. Jasper hizo lo mismo mientras Edward permanecía de pie ante ellos.
-Yo prefiero la variedad -dijo con una sugerente sonrisa-. Pero a cada uno lo suyo. Hace tiempo que Bella y yo no nos vemos, Jasper. ¿Te importa que te la robe para un baile? Prometo devolvértela de una pieza.
-Será mejor que sea ella quien lo decida -dijo Jasper mientras se volvía a mirarla.
Pero Edward no debía tener intención de mostrarse tan caballeroso, pues no dio a Bella la oportunidad de manifestar su opinión. La tomó de la mano y la condujo hacia la pista sin darle tiempo a protestar.
-¿Cómo te atreves? -susurró Bella mientras sentía que su cuerpo se acaloraba de inmediato al entrar en contacto con el de Edward-. ¡No quiero bailar contigo! ¡Jasper está en la mesa y me parece una grosería dejarlo solo!
-No ha parecido importarle -dijo Edward en tono desdeñoso.
Atrajo a Bella hacia sí. A través de la fina tela del vestido que llevaba pudo sentirlo todo. El empuje de sus generosos pechos, la curva de su espalda... Le enfureció darse cuenta de cuánto había echado de menos su cuerpo... y a ella. Se había entregado de lleno al trabajo, e incluso había hecho el esfuerzo de salir con Michelle, una mujer con la que había hablado media hora en una fiesta la semana anterior y que había dado indicios de estar interesada. Pero era la segunda vez que salía con ella y lo dejaba frío.
A diferencia de la mujer que tenía en aquellos momentos entre sus brazos. Podía sentir su deseo en oleadas, y se preguntó si se estaría acostando con su acompañante.
Aquel pensamiento le hizo apretar los dientes.
-¿Cómo estás? -preguntó con voz ronca, desesperado por confirmar que Bella aún lo deseaba.
-Eso ya me lo has preguntado.
-Te lo pregunto de nuevo -replicó Edward, irritado.
-Bien. Ya te lo he dicho. Estoy bien.
-¿Qué has estado haciendo? -la pregunta surgió en un tono exigente y agresivo que puso aún más nerviosa a Bella. Edward sintió que se ponía rígida entre sus brazos-. ¿Te estoy poniendo nerviosa?
Bella pensó en la última conquista de Edward, que probablemente estaría echando chispas en su mesa al ver a su acompañante bailando con otra mujer. Nunca se había creído capaz de adoptar una actitud glacial con nadie, pero en aquella ocasión lo consiguió.
-No seas ridículo. ¿Por qué ibas a ponerme nerviosa?
-Has cambiado.
-La gente cambia -replicó Bella con un encogimiento de hombros.
-No solías ser tan dura -dijo Edward en tono acusador.
-Si por dureza entiendes que ya no me derrito cada vez que te tengo cerca, me tomaré tu comentario como un cumplido.
-¿Solías derretirte cada vez que estaba cerca de ti? -murmuró Edward con interés-. No lo sabía. ¿Te sucedía antes de que empezáramos a mantener relaciones sexuales?
-¡Preferiría olvidar eso!
-¿Por qué olvidar algo de lo que es obvio que disfrutaste?
-Esta conversación es ridícula y no pienso seguir con ella.
Edward la retuvo con fuerza contra sí y la miró a los ojos.
-¿Por qué no? -susurró junto a su oído, y disfrutó con el estremecimiento que recorrió el cuerpo de Bella.
Cuando la pieza terminó y Bella trató de apartarse de él se lo impidió.
-Estoy seguro de que a Jackson...
-¡Se llama Jasper!
-Da igual. Estoy seguro de que a tu acompañante no le importará que bailemos una canción más. No me parece la clase de hombre dispuesto a montar un numerito por una tontería como ésa. Aunque tal vez lo haría si estuviera al tanto de nuestra historia...
Bella sabía cuándo estaban jugando con ella. Se esforzó por mantener la compostura y por recordar cómo la había dejado Edward, sin una mirada atrás. Ni siquiera se había molestado en tratar de ponerse en contacto después. Ella le había hablado del apartamento que había libre en el bloque de Alice y Edward era lo suficientemente listo como para haber deducido que estaría allí. De manera que si no se había puesto en contacto con ella había sido porque no había querido. Había retomado su ajetreada vida sin pensar en ella ni un segundo.
-Tú y yo no tenemos ninguna historia -logró decir con firmeza-. Tan sólo mantuvimos una relación falsa que sólo duró unas semanas -con una punzada de culpabilidad, añadió-: Por cierto, ¿cómo está tu madre? Lamento no habértelo preguntado antes...
-Cada día está mejor.
-¿Le has contado lo nuestro?
-No ha habido necesidad.
-Me he preguntado muchas veces cómo estaría. Es una mujer asombrosa, tan llena de entusiasmo, con una mente tan penetrante...
Pero Edward no tenía ningún interés en hablar de su madre.
-Por supuesto que tenemos una historia. Tú y yo no nos limitamos a acostarnos. Compartimos mi casa durante más de un año... y quiero disculparme por haberte acusado de haber tratado de atraparme conscientemente. Como dije entonces, un hombre rico siempre busca motivos ocultos en lo referente al sexo. No tenía idea de que me deseabas antes de que acabáramos en la cama.
Bella bajó la cabeza, ruborizada.
-¿Y bien? -dijo Edward al ver que no decía nada.
-¿No le va a molestar a tu cita que estés bailando conmigo?
-También se va a poner celosa -Edward acercó sus labios al oído de Bella-. Sobre todo si llegara a enterarse de los pensamientos que están pasando por mi cabeza en este instante. Pero tú sí sabes lo que estoy pensando, ¿verdad? Puedes sentirlo... literalmente.
Bella había estado tan concentrada en la conversación que no lo había notado. Edward estaba en un estado de excitación evidente. Sintió una inmediata debilidad al notar su poderosa hombría presionada contra su vientre. Su mente se llenó de tórridos recuerdos...
-¿Estás celosa? -susurró Edward junto a su oído.
-No, claro qué no -mintió Bella-. ¿Por qué iba a estarlo? Hace semanas que no nos vemos. Lo nuestro acabó y yo sigo adelante con mi vida. Tengo un nuevo apartamento, un nuevo trabajo y un nuevo novio.
-¿Hace cuánto que sales con Jackson?
-Jasper.
-¿Tres semanas?
-Eso no es asunto tuyo.
Bella sintió cierta satisfacción al decir aquello. Era posible que aún excitara a Edward, pero eso no hacía que éste fuera menos reacio a un posible compromiso que cuando le dijo que se fuera de su casa. ¿Acaso creía que podía decir lo que quisiera porque pensaba que ella seguía siendo la pobre tonta que se había colado perdidamente por él? ¿Acaso pensaba que no podía evolucionar?
-No creo que lleves mucho saliendo con él -continuó Edward-. No te pega haber salido de caza en busca de un sustituto nada más marcharte de mi piso.
«Pero tú si lo has hecho», estuvo a punto de replicar Bella, pero no quería hacerle ver lo mucho que aún la afectaba lo sucedido entre ellos.
-Lo que significa que acabas de empezar a salir con él -añadió Edward-. ¿Tengo razón? ¿Te has acostado ya con él? -preguntó con voz ronca... ¡y Bella tuvo la desfachatez de reírse-. ¡Contéstame!
-¿Y por qué iba a contestarte? Ya no formas parte de mi vida -Bella no sabía muy bien de dónde estaba sacando las fuerzas. Aún amaba a Edward, y siempre lo amaría, pero ya habían pasado los días en que permitía que le dictara cuál debía ser su comportamiento. A pesar de que se habían acostado, Edward no había tenido el más mínimo reparo en distanciarse de ella en cuanto se había sentido amenazado por la posibilidad de tener que dar más de sí mismo de lo que quería.
El tema que estaba tocando el cuarteto de jazz llegó a su fin y Bella suspiró de alivio.
-Gracias por el baile -dijo a la vez que se volvía hacia Jasper, que la saludó con una mano-. Creo que ya va siendo hora de que vuelvas con tu cita. No parece especialmente feliz.
Y Edward tampoco parecía especialmente feliz. Bella sintió un brote de satisfacción femenina. ¿Acaso había creído que iba a camelarla de nuevo con su encanto sólo porque podía hacerlo?
-Sin embargo, tu Jasper no parece nada preocupado -murmuró Edward ferozmente-. Me pregunto qué querrá decir eso...
-¿En serio?
Bella sonrió educadamente al hombre que aún podía hacer latir su corazón antes de alejarse de él.
La sangre de Edward no dejó de hervir durante el resto de la velada. La mujer con la que estaba era todo lo que un hombre podía desear: preciosa, atenta, dispuesta... y no muy lista. Sin embargo, se sentía muy irritado con ella, y más aún consigo mismo porque no parecía poder dejar de mirar en dirección a Bella, que parecía estar pasándolo en grande con su amigo rubio.
En cuanto vio que se iban, se volvió hacia Mitchelle.
-Nos vamos.
Ella pareció inicialmente sorprendida, pero enseguida sonrió seductoramente.
-¿A tu apartamento o al mío?
-Al tuyo -Edward pensó que las cosas debían ir muy mal si no lograba sentirse estimulado ante la perspectiva de meterse en la cama con aquella preciosidad-. Pero esta noche no va a haber sexo. Lo siento, cariño.
Necesitaba volver a su piso para despejar su mente. No habiendo sufrido nunca el poder de los celos, no fue capaz de reconocer lo que le pasaba. En lugar de ello dirigió la fuerza de éstos contra sí mismo, y lamentó haber perdido el tiempo con la mujer que ocupaba en aquellos momentos su mente. Apenas escuchó las protestas de Mitchelle mientras la dejaba ante el bloque en que estaba su piso.
-Estaremos en contacto -se limitó a decir, consciente de que se estaba portando con ella como un canalla. Apenas le había dirigido la palabra en toda la tarde, y cuando lo había hecho había sido con una completa falta de interés-. Lo siento -añadió en tono culpable-. Esta noche no he sido yo mismo. El trabajo, ya sabes... -dejó que aquella generalización justificara su actitud y-vio que la expresión decepcionada de Mitchelle adquiría un matiz de esperanza-. Y las siguientes semanas voy a estar terriblemente ocupado -añadió para frustrar cualquier tentación por parte de Mitchelle de volver a quedar con él en el futuro. Lo que necesitaba era apartarse del sexo opuesto. Sólo daba problemas.
Aquello fue lo que siguió repitiéndose durante los siguientes días, mientras caminaba por sus oficinas hecho un basilisco, apenas consciente de que sus empleados trataban por todos los medios de no cruzarse en su camino.
Averiguar las señas de Bella sirvió en parte para aplacar su mal humor, aunque trató de autoconvencerse de que lo único que pretendía era saber cómo estaba. A pesar de su nuevo y sofisticado aspecto, Bella era una chica vulnerable e inocente, predispuesta a ser atrapada por cualquier descerebrado dispuesto a tomar lo que parecía estar en oferta.
Pensó en sus exuberantes pechos siendo paseados por Londres mientras todos los hombres con dos ojos los miraban, y en lo que Bella, ajena al efecto que ejercía sobre ellos, haría si uno de aquellos mirones decidía que no se conformaba con mirar. ¿Se lo quitaría de encima con su astucia callejera? ¡Ja!
Cuatro horas después de haber conseguido las señas, Edward detenía su coche ante el bloque de apartamentos. Apagó el motor y se tomó unos momentos para pensar.
Por unos instantes se preguntó qué diablos estaba haciendo allí, sobre todo teniendo en cuenta que eran más de las nueve de la noche. Pero entonces recordó cuál era su deber: dar algún consejo razonable a una mujer que conocía... que había conocido íntimamente. Aunque su relación hubiera acabado, como ser humano se sentía obligado a aconsejarla. No podía permitir que su inocencia fuera su perdición.
Un instante después salía del coche y se dirigía con paso firme hacia el portal, donde pulsó el número del piso de Bella.
-¿Sí? -contestó un momento después Bella a través del intercomunicador.
-¿Bella?
Escuchar la grave voz de Edward supuso toda una conmoción para Bella. Aún no se había recuperado de su encuentro en el club de jazz. Se sintió como si acabara de quedarse sin aire y tuvo que sentarse en la silla más cercana.
-¿Sí?
-Tenemos que hablar.
-¿De qué?
-De nada que pueda decirse a través de un portero automático. Déjame entrar.
Bella presionó el botón mientras su mente se llenaba de mil pensamientos. Edward había ido a verla. No había esperado que lo hiciera, pero allí estaba, lo que significaba que su encuentro en el club había servido para hacerle recordar lo que había perdido. ¿Acaso no se había dedicado a demostrarle cómo lo excitaba mientras la pobre chica con la que estaba esperaba en un rincón?
La frágil capa de compostura y seguridad en sí misma con que había logrado hacerse durante aquellos días se esfumó en un santiamén.
Cuando oyó que llamaban a la puerta, su corazón cantó. Y cuando la abrió estaba sonriendo.
