:3 ¡Hola! Un nuevo capítulo. Ya, Harry Potter y cualquier mención a su mundo pertenecen a J.K. Rowling. Sólo los uso un ratito para puro relajo y diversión insana. xD ¿Alguien me regala los derechos de Harry Potter?


Un secreto de tres

Por:

PukitChan

2. Primeras horas. El peso de los recuerdos.

Ni Harry ni Draco podían asegurar exactamente cuánto tiempo permanecieron de pie, mirándose fijamente. No expresaban nada, no sonreían ni mucho menos se animaban a tocarse; su cercanía sobrepasaba ya los límites del espacio personal, pero no daban el paso que eliminaría finalmente aquella dolorosa distancia. Potter observaba al rubio de la misma manera en la que éste le devolvía la mirada: como sino comprendiera qué estaba haciendo ahí. Finalmente, luego de que Draco fuera quien apartara la mirada rompiendo así el tenso silencio, se encogió de hombros con calma.

—Mira lo mojado que estás… pareces un perro flacucho y desnutrido —dijo Malfoy.

Harry sonrió. Sabía que con esas palabras descuidadas el rubio intentaba mostrar la preocupación hacía su persona y hasta podía ver un intento de sonrisa asomarse en los labios de Malfoy, quien no agitó su varita para poder secar a Harry sino que desapareció entre las habitaciones unos instantes y volvió con unas toallas en la mano. Resopló pesadamente y de un momento a otro encendió el fuego en la chimenea, la cual inmediatamente alumbró más la habitación inundándola poco a poco de un suave calor. Harry tomó asiento frente al fuego en el suelo cubierto por una alfombra de colores diversos y hasta extraños. No escuchó palabras cuando Draco también se agachó y sin más colocó la toalla más grande alrededor del cuerpo del auror, envolviéndolo casi con ternura e inmediatamente tomó la toalla pequeña para colocarla sobre su cabeza. Calmo, comenzó a secar el cabello rebelde de Harry que mojado, parecía ser más fácil de domar.

—Gracias —musitó Harry, animado. Malfoy no respondió. Se limitó a deslizar sus manos de un lado a otro tratando de quitar la mayor cantidad de agua posible del cabello del otro sin mirarlo directamente a los ojos. Potter al percatarse de ello elevó las manos para colocarlas sobre las del rubio, obligándolo así a detenerse y también a que Draco lo mirara a los ojos una vez más con su expresión imperturbable que se asemejaba más bien a una que alguna vez le había visto al profesor Snape.

—¿Qué? —respondió de mala gana el rubio al notar la persistente mirada.

—¿Qué sucede? —cuestionó el otro cautelosamente.

Pero Draco no sabía qué era lo que le sucedía y a decir verdad se lo había estado preguntando a sí mismo todos esos minutos. No tenía nada que ver con sus esposas ya que sabía que aceptar esos momentos incluía todo el paquete completo, así que no parecía ser eso lo que le molestaba. Gruñó levemente, apretando con fuerza sus pálidos labios. Sin embargo, y a causa de la falta de una buena respuesta, cambió el tema.

—¿Cómo está Albus? —preguntó sonriendo esta vez con malicia. Harry negó con la cabeza, más divertido que enfadado y entrelazó sus manos en las de Malfoy, bajándolas para llevarlas a sus labios helados. Draco, al sentir aquel frío en su nívea piel, se estremeció notoriamente.

—Quizás tú me puedas responder eso. ¿No se supone que Scorpius es su amigo?

Draco lo observó con aprehensión, apretando un poco más la mano de Harry y frunciendo el ceño. Era absurdo. A pesar del parecido físico notorio que sus hijos habían heredado de ellos, el rubio se sentía celoso. ¡De su propio hijo! Quizás era porque él había tenido otra clase de situación, otra vida, otra manera de crianza… otras oportunidades. No lo sabía, ni se explicaba esos sentimientos ridículos.

—No son como nosotros… ellos no son nosotros —fue su escueta respuesta.

—Me alegra saber eso.

El rubio no supo cómo interpretar aquellas palabras, de modo que optó por voltear al fuego, cuya tonalidad parecía una mezcla entre el azul y el verde. Arriba de la chimenea, había varias fotos de los tres hijos de Harry y también algunas de Scorpius. En todas, los muchachos se movían de un lado a otro, jugando, divirtiéndose, tal como lo harían unos niños felices. Adornado también el lugar, estaban esparcidos lirios, la flor que Harry tenía siempre en memoria de su madre. Más arriba y pegado a la pared, colgaba una especie de collar echo por algunos raros y pequeños objetos muggles. Draco arqueó la ceja, preguntándose en ese momento porqué demonios había aceptado que ella ayudara en la decoración del lugar.

—¿Por qué llegaste aquí tan pronto? —preguntó finalmente aquello que tan desesperadamente quería salir de sus labios, aunque al auror le ocasionó una risa profunda que trató de reprimir sin éxito alguno. —¡¿De qué te ríes?! ¡Te estoy preguntando en serio!

—¡Lo sé! —exclamó Harry, limpiándose una lágrima que luchaba por salir de sus ojos verdes—. ¡Pero no deja por eso dejar de ser gracioso siendo tú quien llegaste primero!

—¡Mis razones tendré, Potter! —siseó Malfoy. Harry sonrió amplio.

—Yo también te extrañaba.

Draco se quedó callado una vez más, desviando la vista. No parecía molesto ni nada por el estilo, sino simplemente descubierto. Aunque no era para sorprenderse tampoco ya que parecía que el otro podía leerlo como él lo hacía de regreso. Decidió mandar a la mierda todas sus extrañas preocupaciones y arrojó a Harry al suelo, encimándose en él. Lo observó cuidadosamente, repasando cada detalle de su cuerpo con la mirada: se veía exquisito aún húmedo y recordó todas aquellas noches en las que los cuerpos de ambos estaban mojados, luego de intensas sesiones de sexo placentero que los habían sumergido en una densa bruma de erotismo. Y sólo aquel recuerdo le hizo sentir que su cuerpo reaccionaba.

Harry, por su parte, emitió un suspiro profundo. Parecía todo tan irreal y tan frágil que cuando sintió el peso del cuerpo de Draco sobre el suyo, respiró aliviado. Podía percibir el peso del Slytherin tan real encima, recordándole una vez más que ahí estaba él, que los dos estaban juntos, quizás en un mundo de fantasías para ambos, pero juntos pese a todas las circunstancias. Entonces desvió su mirada hacía la mano de Malfoy que estaba cubierta por una fina ropa pero que no lograba ocular del todo la venda meticulosamente colocada a lo largo del brazo izquierdo. El moreno cerró los ojos, inclinándose para morder la tela que separaba sus labios de aquella nívea piel, halando la ropa hacía abajo calmadamente, con tanto silencio que era capaz de escuchar cómo se movían sus labios para efectuar la acción al ritmo de ambas respiraciones. Sus dientes se apoderaron de la tela para desprenderla junto con la venda que, en cuanto se vio aflojada, resbaló por el brazo dejando entonces visible una cicatriz que había dejado anteriormente un tatuaje: Harry sabía bien que esa marca sólo podía encontrarla en aquellos que habían sido mortífagos en algún pasado que ahora parecía demasiado lejano, sobre todo cuando se encontraba con el rubio.

Draco entrecerró sus ojos preguntándose en qué momento su corazón había empezado a latir con tanta fuerza que ahora era posible escucharlo. Imaginó que fue en el momento en el que Harry abrió su boca mojada y deslizó su lengua por la cicatriz, delineando la forma, recorriendo cada pequeño centímetro de ella: entre los dos, lo que había comenzado como una curiosidad terminó siendo un ritual cada vez que se encontraban; con Potter delineando la marca, recordándole a Draco que no le importaba su pasado, las traiciones, el dolor, ni siquiera el presente distorsionado que habían formado… todo lo que le importaba era él. Ellos. Ese instante.

—Bésame —ordenó autoritario el Slytherin; sin embargo, Harry no esperó más palabras para cumplir lo que se le había encomendado. Levantó su cuerpo del suelo, apoyándose en los codos para poder encontrar su rostro contra el de Malfoy, delineando las mejillas pálidas con su nariz hasta finalmente rozar sus labios. Se separó sólo un instante para apreciar el rostro contrario antes de depositar un suave y casto beso que a cada segundo que pasaba aumentaba en pasión.

Cada noche, Draco recordaba la manera en la que Harry lo besaba. La ternura de sus labios, la pasión de sus movimientos y la lucha de su lengua que lo hacían estar junto a él, deseando ridículamente que aquello nunca se extinguiera. Ahora mismo, cuando todos sus pensamientos se habían disipado, lo único que atinó hacer fue a responder aquel movimiento, abriendo más sus labios, permitiendo que la lengua lo explorara a su entero gusto. Harry mordió su labio inferior, jalándolo con suavidad mientras el rubio lo rodeaba por el cuello presionando su piel. Sólo cuando el oxigeno se volvió absolutamente necesario, se separaron y miraron fijamente antes de que Draco decidiera depositar un beso en el cuello de Harry, permaneciendo instantáneamente después en silencio.

—¿Draco…? —preguntó Harry, luego de que el otro se quedara quieto durante algunos segundos.

—Hueles a ella… —gruñó de mala gana, mordiendo la piel del otro con una fuerza exagerada, la suficiente para dejar una marca en esa piel sin preocuparle nada más: había reconocido el aroma floral que la menor de los Weasley poseía—, es asqueroso.

Potter permaneció callado mientras el rubio giraba sobre su cuerpo para recostarse en la alfombra. Estaba seguro de que se había bañado y el agua de la lluvia podría haber dejado un aroma diferente en su cuerpo, pero él mejor que nadie sabía que había ciertas cosas que simplemente no se podían ocultar.

Miró de soslayo a Draco, quien nuevamente estaba inexpresivo, con esa expresión tan vaga que ocasionalmente le veía aunque le recordaba mas bien su época de estudiante, específicamente en el sexto año, cuando el chico parecía tan absorto en su mundo que inclusive había dejado de prestarle atención a Harry. Ese mismo año, el moreno también empezó a salir con Ginny Weasley.

—Tú también… —replicó Harry, aunque al instante corrigió sus palabras—. A mi también me desconcentra la marca que tienes debajo de la barbilla… ¿la hizo Astoria?

Draco abrió la boca para pelear, pero al final sólo levantó su mano y la colocó sobre sus ojos grises, riéndose pesadamente. Negó varias veces con la cabeza y escuchó a Harry acompañándolo en su risa amarga.

—Qué estúpido es esto… —mencionó en voz alta el rubio.

Escuchó un suspiro de parte de Harry, volteando a verlo sorprendido cuando sintió que la mano del otro se entrelazaba a la suya. Potter le sonreía con una tranquilidad que a veces le sorprendía.

—Lo es. —aceptó. Luego de unos segundos añadió—: ¿Nos damos un baño, juntos?

Draco sonrió, sabiendo el significado de aquellas palabras: era la manera de borrar el olor, los recuerdos, las horas perdidas. Eran sólo ellos en ese lugar atrapado por el tiempo. Se incorporó al mismo momento que Harry y, de pie frente a frente, comenzaron a desnudarse el uno al otro. Reconocieron sus cuerpos mientras la ropa iba cayendo a la alfombra. Ahí donde Harry era mas bien brusco, Malfoy era más suave. No dudaron ni un segundo cuando, mirándose retadores, se dirigieron juntos al baño. El silencio nuevamente se había apoderado de la casa, pero ya no importaba: estaban seguro que más tarde, la llenarían de gemidos.

Después de todo… era su hogar. El de ambos.


Sí, soy asquerosamente feliz con la marca de Draco. JOJO. Gracias nwn!