Queridos amigos, ¿alguien sería tan amable de regalarme los derechos de Harry Potter? Si la respuesta es no, me temo que sigo escribiendo esto sin fines de lucro y sólo como una insana diversión para ignorar mis pendientes de la universidad.


Un secreto de tres

Por:

PukitChan

3. Día uno: De reencuentros y obsesiones.

Estaba completamente desorientado cuando abrió los ojos, incapaz de recordar cómo había llegado a esa habitación pintada de blanco, resaltando así los objetos de colores escarlata y dorado de la casa Gryffindor. Por un instante, recordó sus días de escuela y el gran comedor al final de un año escolar donde los leones habían ganado una vez más la Copa de las casas. ¿Qué hora sería? A suponer por la manera en la que los rayos del sol entraban por la habitación, de seguro era tarde. Bien. Ahora… ¿dónde estaba exactamente?

Sólo cuando un gruñido se escuchó al mismo tiempo que las sábanas se removían para darle paso a un brazo que colocó sobre su pecho, aterrizó en la realidad. Cierto, la madrugada recién acontecida hacía apenas unas horas, le había recordado —junto con las caricias descuidadas de aquella mano morena—, que se encontraba en aquella casa, en ese lugar, compartiendo habitación y cama con Harry Potter, quien aparentemente seguía profundamente dormido por la manera en la que no parecía despegarse de él, pese a que el Slytherin llevaba ya un rato desperezándose.

Para Draco, le fue inevitable esbozar una sonrisa recordando la manera en la que, luego de meterse juntos a bañar, sus cuerpos se habían estrechado uno contra el otro, dedicándose a adorarse mutuamente. Para el rubio, quien disfrutaba del sexo, también encontraba un placer desconocido e igual de orgásmico cuando, sin índole sexual, se dedicaban a rozarse, acariciarse y recordar los caminos que muchas veces antes habían trazado con su lengua. Tocarse hasta que ambos quedaron profundamente dormidos en la habitación de Harry, repleta de su presencia, que hasta cierto punto era extrañamente dulce e intimidante. ¡Por cierto…! así fue como había acabado encerrado en ese cuarto.

Draco se incorporó hasta quedar sentado en la cama con tal elegancia, que hasta las sábanas se deslizaron de manera sensual por su piel —al igual que la mano de Harry—, dejando descubierto su abdomen. Giró el rostro para apreciar la manera en la que el auror dormitaba aún sobre la almohada sin percatarse del movimiento. Supuso que estaría muy cansado, lo podía notar en las ojeras oscuras que adornaban su rostro y que, según Malfoy, le restaban mucho de su atractivo.

La respiración acompasada de Potter pareció alterarse sólo un momento, cuando el rubio hundió sus dedos en la cabellera negra, acariciándola pese a que parecía más desordenada que de costumbre. ¿Cuánto tiempo había pasado desde la última vez que habían estado tan cerca? Malfoy recordaba con claridad las imágenes publicadas constantemente en el Profeta sobre Harry, para saber que había transcurrido cuando menos un mes y medio. En cada foto, el moreno parecía haber dominado la técnica de sonreír pese a que le fastidiara con el alma que un reportero lo siguiera a todos lados. ¡Pero bueno, sólo hacía falta que los demás quisieran ver cómo orinaba! Hasta Draco encontraba eso repugnante.

Sin embargo, siempre que veía un reporte del héroe del mundo mágico, a Malfoy le parecía ajeno, una extraña lejanía. Por alguna razón, aquel hombre de las fotografías del Profeta no parecía ser Harry. Es decir, reconocía todo de él: su sonrisa, la manera en la que los ojos miraban, inclusive el modo peculiar que tenía para pararse, inclinándose un poco hacía la izquierda cuando estaba incómodo. Pero sencillamente, ése no era su Harry. El verdadero estaba a su lado, emitiendo unos sonidos suaves al dormir. También podía ver al real cuando abrazaba y miraba a sus hijos y no hacía falta aclarar que tan hombre podía ser el auror cuando se trataba de sexo. ¡Mierda! Más le valía a Potter despertar pronto porque la erección matutina que Malfoy comenzaba a ser molesta, además de que deseaba moverse pronto de esa habitación: aún no se terminaba de acostumbrar —y pensó que nunca lo haría—, a los colores de Gryffindor.

Tal vez no había madurado tanto después de todo.

—Mhgm… —Harry se removió en la cama, incómodo por la luz. Instintivamente, colocó una mano sobre sus ojos para cubrir el exceso de luz. Todo a su alrededor fue borroso hasta que Draco deslizó sus gafas y enseguida el panorama se aclaró. Y es que era tan delicioso tener como primera visión la sonrisa arrogante de Draco que el auror levantó la mano para desordenarle un poco más el cabello. —Qué gran honor… tener a un Malfoy desarreglado ante mi presencia.

Draco levantó una ceja y arrojó una almohada sobre la cara de Harry, reprimiendo sus instintos que le indicaban ahogarlo con la tela y asesinarle ante su comentario.

—No te acostumbres —declaró, brincando de la cama para dirigirse al baño. No podía verse tan mal, ¿verdad? ¡Era Draco Malfoy! Pero las risas de Harry no ayudaban en nada. Bien, su cabello estaba desordenado, sólo un poco. Malfoy salió a regañadientes del baño cuando en la habitación había regresado a su desconcertante estado de silencio. Harry no estaba en la cama y ésta estaba tendida. El rubio giró su cabeza buscando al auror y bajó por las escaleras hasta que encontró al susodicho preparando el desayuno al estilo muggle vestido únicamente con un pantalón deportivo holgado. Decidió quedarse en la entrada de la cocina, apreciando totalmente a Harry: su espalda ancha, musculada, la cintura que se mantenía gracias a tanto ejercicio y también los brazos del moreno que iban de un lado a otro atrapando los ingredientes. Observó una marca roja en su cuello que él le había hecho apenas en la madrugada y una sonrisa enmarcaba los gruesos labios del otro. Oh, sí, también estaba ese trasero apetecible. Draco tenía que reconocer que Harry lo excitaba bastante moviéndose de esa manera por la cocina y vestido así y pensó sugerirle que para la próxima vez hiciera aquello desnudo.

Harry debió sentirse observado pues giró su rostro para mirar al rubio. Una sonrisa ladina se asomó en sus labios cuando sus ojos se posaron por más de tres segundos en la entrepierna atrapada bajo la tela de la ropa interior; sin embargo, optó por ignorarlo y volver a sus labores. Draco sonrió aceptando el sutil reto que Potter había iniciado y caminó hacía él, hasta que sus manos se entrelazaron al cuerpo del moreno atrayéndolo hacía él, pero dejando libre sus manos para que continuara preparando el desayuno, algo en lo que Harry fracasó estrepitosamente cuando el otro le recargó con descaro la entrepierna dura en sus nalgas, provocándole un intenso escalofrío que recorrió toda su columna. Detuvo todo movimiento y cerró los ojos para sentir con mayor claridad cómo Draco lo acorralaba contra la mesa y su cuerpo, frotándole su miembro.

—¿Te gusta, Potter?

Estúpido Malfoy y su más aún estúpida manera de calentarlo al llamarlo por su apellido, con ese tonto ligeramente despectivo y sensual.

—Deja de jugar —le reclamó.

—No lo hago —murmuró, lamiendo el lóbulo de oreja con calma al tiempo que sus manos se aferraban a la cintura de Harry para sostenerlo al simular que lo penetraba—. Estamos divirtiéndonos juntos.

Harry, molesto, apretó sus puños cuando sus labios se abrieron para dejar escapar unos suaves gemidos que acompañaban los movimientos de Malfoy, quien parecía disfrutar de lo lindo el tenerlo así. Las manos níveas se deslizaron hacía abajo para recorrer lo suficiente los pantalones deportivos de Harry, dejando al descubierto tanto las nalgas como la erección. El rubio no dudó cuando sus manos tomaron el miembro erguido para comenzar a masturbarlo mientras Harry levantaba una mano para rodear el cuello del otro y atraerlo más hacía él, inclinándolo sólo un poco para tratar de besarlo, comprobando satisfecho que no era rechazado en ningún momento: al contrario, parecía que la unión de sus labios era lo más necesitado de ese momento.

Olvidando momentáneamente del desayuno, Potter se dio la media vuelta para encarar a su rubio contrincante, quien jadeando, le cuestionó con la mirada sólo unos cuantos segundos. Se abrazaron una vez más, juntando sus erecciones para que se frotaran la una contra la otra, escuchando el ruido de sus cuerpos al chocar, de sus labios succionándose, los jadeos ahogados y también sus manos que se movían frenéticamente al sostener entre ellas ambos miembros para masturbarse juntos. No tardaron demasiado en derramarse uno sobre el otro, y en medio de su orgasmo, no pudieron evitar mirarse a los ojos y decir palabras incomprensibles que sólo podían expresarse en momentos como ése. Draco se aferró al cuerpo de Harry, abrazándolo cuando su mente volvió a aclararse un poco.

—Me alegra volver aquí siempre, Draco —dijo Harry, hablando por los dos, diciendo con voz entrecortada las palabras que el otro no había sido capaz de pronunciar. A cambio, el rubio le respondió con un apasionado beso de que solamente se liberaron cuando ya no podían más. Un sencillo conjuro los ayudó a limpiar sus cuerpos mientras sonreían. —¿Ahora sí me dejaras preparar el desayuno?

Draco parecía estar evaluando la pregunta formulada.

—Espero que cocines mejor que la última vez, Potter.

—No estuvo mal —exclamó—. Además, no puede decirme eso alguien que ni siquiera sabe cómo prender una estufa.

—¡Eso es de muggles, Potter, muggles!

Harry rió de buen humor y le robó un casto beso a Draco.

—Lo sé, es divertido verte sufrir.

Draco supo en ese momento que Potter y ella habían conspirado en su contra al llenar la casa que habitaban de muchos objetos muggles. Quizás por ello debería aplicarles un cruciatus o algo parecido. Sin embargo, sus planes de tortura quedaron evaporizados cuando sintió que Harry le acercaba un pedazo de pan tostado a sus labios mientras lamía un poco de mermelada de una cuchara. Merlín, cosas como esas deberían ser prohibidas. Bueno, en realidad no.

—¿Cómo has estado? —preguntó Harry con una expresión tan seria que Draco supo inmediatamente de qué se trataba. Se encogió de hombros.

—Me las arreglo. Aún me sorprende que después de lo que pasó esa noche, logramos estar aquí otra vez… ya sabes… —miró de soslayo hacía la ventana—, aquella vez…

—Eran estupideces del Profeta.

—La gente le cree al Profeta. Pero sé que impediste que siguiera y creciera ello, no tienes porque ocultarlo. —Harry ni se molestó en preguntar cómo lo sabía: era demasiado obvio. Se acercó una vez más al rubio para abrazarlo y besar su rostro.

—Sé perfectamente que tú no lo harías, por eso no dude en hacerlo.

Draco cerró los ojos, permitiéndose ser frágil y refugiarse en los brazos de Harry, quien tenía complejo de protector. Sonrió. Bien, a la mierda la comunidad mágica, a la mierda todo lo que creyeran. Ellos ni siquiera tenían una pizca de la realidad, después de todo, nunca habían sido capaces de unir cabos y la prueba más obvia de ello es la relación que pintaban sobre ellos dos. Y sabía también que aunque ambos habían desaparecido por el lapso de una semana, ni siquiera así de percatarían. Por una vez en su vida tuvo que aceptar que Luna Scamander tenía razón: la gente era ciega. Mejor para él.

—Como sea —mencionó luego de unos minutos en silencio y se separó de Harry para verlo a los ojos—. ¿Va a venir?

—Es probable —dijo con una sonrisa—. Sólo espero que no nos encuentre follando.

—Yo te seguiría follando. Apuesto a que te excitarías más con público.

Harry palideció.

—Vomitaría seguramente.

—Asqueroso.

—Sincero.

—Aburrido.

—Pervertido.

Se miraron fijamente, dispuestos a seguir con ese juego de insultos cuando escucharon unos toquecillos en la ventana. Naturalmente, ambos voltearon hacía el lugar de donde provenía el sonido, encontrándose con una lechuza gris, muy hermosa y elegante mostrando en su pata un listón verde y azul.

Harry fue quien caminó y abrió la ventana, permitiendo que la lechuza entrara para descansar después de haber recibido el pergamino enrollado. Al leerlo, un rubor se apodero de su rostro mientras negaba reiteradamente con su cabeza. Curioso, Draco que se acercó a leer la nota que el otro trató de ocultar, aunque no contó con el veloz movimiento para que le fuera arrebatada. No hizo falta ser un adivino para saber que, segundos después, Malfoy estaría riéndose de él.

—Tu amiga es muy divertida.

—Maldita sea, cállate Malfoy.

El desayuno pasó en medio de burlas dirigidas a un enfurruñado y avergonzado Harry. En la tarde, pese al pequeño desafío de Quidditch que tuvieron, Harry no logró sacar las palabras de su mente. ¡Aggh! A veces su sinceridad le encantaba, otras le abrumaba, pero en veces como ésta, sencillamente se preguntaba porqué había confiando en ella. Cerca de la noche, luego de cenar y bañarse, cuando se recostaban en la cama —esta vez en el cuarto de Malfoy, donde también lucían los colores de Slytherin—, Draco parecía aún más divertido por el mensaje que había llegado esa mañana. Por eso, mientras desvestía y besaba a Harry en su cuello, no pudo evitar decirle:

—¿Crees que éste no sea un horario de visita recomendado?

Harry se enojó tanto que esa noche, Draco terminó siendo el de abajo.


"Querido Harry:

Sé que te encuentras con Draco en estos momentos. Quiero visitarlos y hablar con ustedes sobre algo, pero temo que mi visita pueda ser inoportuna. ¿Crees que puedas mandarme algún horario donde Draco y tú suelen tener sexo para así no interrumpirlos? Me ayudaría mucho.

Tengan cuidado, me parece que vi algunos Diminkos flotando la última vez que fui. Hacen que los hombres puedan permanecer erectos durante horas, sin poderse relajarse mediante el sexo. El efecto dura días y pueden volverse loco por ello. No me parece adecuado que los Diminkos los ataquen.

Espero el horario de sus encuentros pronto.

Besos, Luna Scamander."

A eso de las cuatro de la madrugada, cuando Harry dormía profundamente, Draco se levantó en silencio —con un dolor desgraciado en la cadera—, tomó pergamino y tinta, llamó a la lechuza de Luna para atarle la respuesta a su pata, volviendo en silencio después de eso a la habitación con una gran sonrisa en su rostro.

"Scamander:

Eres muy atinada en tus observaciones: puedes ser inoportuna. Por eso te diré lo siguiente.

En las mañanas cuando despierto, suelo tener erecciones. Entenderás que Harry tiene que hacerse cargo de ellas. En el desayuno, él tiene un fetiche de hacerlo en la cocina y/o mesa. Generalmente cuando estamos en el sofá, éste es muy suave. Y el piso, las paredes y también el pasto luego de un entrenamiento tienen una consistencia tentadora. Ni hablar de las duchas que tomamos juntos y también la cama que siempre está dispuesta a recibirnos a cualquier hora.

Razonarás entonces que estamos MUY ocupados todo el día.

Pero, ven a visitarnos el jueves, mantendré a Harry lo menos caliente posible.

Draco Malfoy.

P.D. Qué buena tu advertencia, pero los Diminkos surgieron de Mi y de Harry."

Claro que Harry Potter nunca se enteró de que existió esa respuesta o de lo contrario Draco Malfoy no hubiera podido pararse de la cama en mucho tiempo. Pero pensándolo bien, eso no podría ser tan malo…


Yo amo loca, apasionada y gaymente a Luna Scamander.

Gracias a Kasandra Potter por el review nwn! Me alegra mucho que este fanfic sea de tu agrado.

Uhm, estoy pensando seriamente cambiar la clasificación de esta historia, pero no ahorita, cuando acabe mis tareas lo haré. XD ¡Gracias!