¡Buenas noches! Aquí un nuevo capítulo.

Advertencias: Draco y Harry lemoneando porque la user se le ocurrió que debía ser así. XD

Disclaimer: ¿Los derechos de Harry Potter? Nop, aún no los consigo, y sigo siendo pobre. JA.


Un Secreto De Tres

Por:

PukitChan

4. Día dos: De muggles y hechiceros.

En otros tiempos, posiblemente nunca hubiera hecho lo que estaba por hacer. Era un Malfoy, una familia orgullosa de su linaje puro, su vida mágica y rica y también de los grandes Slytherin que habían nacido en Hogwarts. Pero era claro que todo tomaba una diferente forma y los tiempos que ahora transcurrían eran prácticamente irreconocibles después de la guerra. ¿Cuántos años habían pasado ya? ¿19… 20? No podría decirlo con total exactitud pues siempre le parecía irónico que después de tanto, había cosas que parecían no poder ser borradas.

—¿Draco?

No fue necesario voltear para saber quién le llamaba y que en ese instante se acercaba a él. El reflejo del espejo ante el cual Draco se miraba, había revelado la posición de Harry Potter, quien más que observar al rubio, caminaba en su dirección entretenido con el nudo de su corbata que no parecía salir tan natural y perfecto como el del otro.

—¿Qué se supone que es eso, Potter? —preguntó, señalando con la mirada el patético nudo de la corbata de Harry cuando éste estuvo apenas a unos centímetros de distancia. El moreno soltó un bufido, alzando ambas manos.

—Juro que no me rindo fácilmente, pero esto es peor que un TIMO.

Draco puso los ojos en blanco y avanzó un paso más. La cercanía con Harry fue tan íntima como agradable y mientras sentía la respiración del otro cerca de sus labios, le sonrió de lado dedicándole sólo unos segundos de su mirada gris. En seguida, sus manos se movieron midiendo el tamaño de la corbata y bajó su vista, comenzando a mover sus manos con una elegancia que era producto de crianza. No tardó más que unos tres minutos para lograr lo que Harry no había conseguido en el lapso de media hora: hacer que un pedazo de tela luciera bien en su cuello.

—Gracias —murmuró el moreno, deslizando sus manos por la cintura ajena para acercarlo y así depositar un fugaz beso en sus labios.

—Basta —riñó Draco, sonriendo—. No quiero ver mi traje arrugado.

Harry lo soltó no sin antes dejar escapar una risa maliciosa. Está bien, aquel comentario le había sonado gracioso pero la verdad era que no prefería arriesgarse ya que conocía bien lo delicadillo que podía ser el rubio cuando quería. Sin duda era un niño mimado. Pero era su niño mimado. Aunque la verdad era que ni siquiera eran niños.

—¿Te parece bien a donde vamos a ir? —preguntó Potter, tratando de aplanar inútilmente su cabello; sin embargo, Draco se lo revolvió aún más, si es que eso fuera posible.

—Si no se puede estar quieto tu pedazo de pelos por lo menos trata de que se vea sexy —aclaró, alejándose para darle una evaluadora mirada. Parecía estar satisfecho con el resultado, así que retomó la conversación—. No me importa, además no es la primera vez que vamos, ¿o sí? Siempre es… —se detuvo, como si no encontrara la palabra adecuada— interesante.

—Ese tono tuyo también lo es.

Draco le hizo una mueca obscena que no terminaba de concordar con su elegante traje y postura y después se inclinó hacía él para jalarle la corbata y atraerlo así hacía él. No importaba, ya se la arreglaría después, ahora todo lo que importaba era devorar los labios de Harry, sentir sus lenguas chocando y el curioso sabor de jugo de calabaza que sin duda el moreno debería haber tomado apenas un rato antes.

Sí. Sin duda alguna, los tiempos habían cambiado… pero era gracioso, terrible y a la vez encantador darse cuenta de que algunas cosas nunca dejarían de ser las mismas.

...


...

Mientras caminaban, el uno cerca del otro, Malfoy no pudo evitar mirar a su alrededor. El mundo muggle parecía siempre ser nuevo en cada visita suya y también parecía estar acostumbrándose un poco más a él. No del todo, pero tolerar una noche carente de magia tampoco era el fin de su existencia. Además existían lugares interesantes a los cuáles acudir y que parecían encajar con su refinado y elevado gusto. Harry había aceptado aquello de buena manera pese a que Draco muchas veces no lo elevó más allá del gusto a lo troll. En realidad, ellos eran más compatibles de lo que alguna vez se habían propuesto reconocer.

—Siempre me parece extraño caminar de esta manera —mencionó voz alta Potter, logrando sacar así al Slytherin de sus pensamientos internos.

—¿No eres feliz sin tu ejército de seguidores, Harry? —ironizó, extendiendo su sonrisa cuando lo vio rodar los ojos.

—Sabes a lo que me refiero, Draco. Sin la presión del Profeta, de gente que nos reconoce en todos lados y lo primero que esperan ansiosos aún es que nos lancemos maldiciones el uno al otro.

Al decir esas palabras, Harry entrelazó su mano a la de Draco, divisando finalmente al lugar que había apartado con semanas de anticipación.

—Creí que por eso habíamos escogido la casa en este lugar —exclamó con un brillo en los ojos que podían opacar cualquier otra luz—. Felicidades Potter. Tu polla y tú me han arrastrado a un barrio muggle… por lo menos es decente.

—Deberíamos agradecerle también a Luna.

Sin poder evitarlo, Draco sonrió recordando la respuesta que le había mandando a la rubia en la madrugada sobre sus horarios sexuales.

—¿Qué quieres? ¿Qué le mande algo que no existe y escribirle una carta, nombrando alguna palabra extraña y diciéndole que es una criatura invisible?

—Luna es… —Harry trató de defenderla, pero aún estaba ideando la manera adecuada de hacerlo—, es extravagante, pero no idiota, Draco.

El slytherin rió.

—Es verdad.

Quizá fueran ideas suyas, pero Harry pensó que Luna le agradaba a Draco de un modo peculiar.

—Deja de mirarme así Harry o de lo contrario pensaré que quieres follarme encima de la mesa del restaurante.

—Solo te miraba.

—Ajá. Deberías estar agradecido entonces de la visión que tienes de mi.

Ambos detuvieron sus pasos frente a un restaurante de fachada sumamente elegante. Harry había escogido ese lugar exclusivamente porque sabía que de esa manera el rubio no estaría tan molesto de caminar y se sentiría cómodo. Dentro, se parecía bastante a la sala común de Slytherin, no por los colores sino por la sobria elegancia. Las pocas personas que cenaban también, estaban interesadas más en sus propios asuntos que en los ajenos y los meseros eran lo bastante educados y respetuosos con su adinerada clientela como para hablar o dirigirles una inapropiada mirada que les insinuara lo que sabían.

Ellos eran Amantes.

Draco y Harry fueron recibidos con el trato de unos clientes no tan frecuentes, pero sí muy importantes. Enseguida les cedieron la mesa que habían estado reservando para ellos, acompañados de un vino que hacía un deleite su cena. Sus sonrisas, la forma en la que se observaban y también los sutiles roces que se propiciaban el uno al otro podrían llamar la atención de cualquiera, pero era imposible sostener la mirada en la pareja por más de tres segundos: su pasión era tal que era vergonzoso entrar en su intimidad y mucho menos intentar compararla con alguna otra. Y es que era verdad lo que Draco decía: Nadie estaba a la altura de ellos.

Y por esa misma razón, nadie podía entender porqué esos dos hombres que estaban hechos el uno para el otro, después de todos esos años, habían podido ocultarse de aquel modo.

—Harry… —murmuró su voz con un tono más suave, uno que sólo era propiciado por el vino que parecía estar adormilando sus sentidos.

—¿Qué pasa? —preguntó, mirando cómo Malfoy llevaba a sus labios un pequeño pedazo de fresa cubierta de chocolate. El ruido de la cena había quedado atrás y ahora únicamente se escuchaba el ronroneo suave de las pláticas que acontecían a su alrededor.

—Quiero hacértelo, quiero hundirme en ti. Vamos a casa.

...


...

De un solo movimiento de su mano, Harry se vio despojado del nudo de su corbata.

No había prisa y ambos lo sabían. Sentado sobre la orilla de la cama, el moreno observó cómo Draco se colocaba a horcajadas sobre él para desabotonarle la camisa blanca. El olor de la colonia y también del vino flotó hacía él cuando sintió los pálidos y ahora dulces labios sobre los suyos. No detuvo de las manos que recorrían sus pectorales y abdomen formado gracias a los entrenamientos de auror y también a aquellos partidos ocasionales de Quidditch. Sólo supo que en algún momento las manos de Malfoy se deslizaban por sus brazos para retirarle la camisa.

Sus labios seguían en encuentro apasionado que prometía más a media que el rubio hundía sus dedos en el cabello negro para tirar de este y así poder ver con claridad su cuello. Tragó saliva y relamió sus labios, estremeciéndose en el momento en el que sintió los labios del Slytherin succionar su piel con fuerza, propiciándole de vez en cuando algunos mordiscos.

No fue consciente de en qué momento el peso de Malfoy lo había derrumbado en la cama a medio vestir. Pero sí sabía que su respiración era agitada, que su piel se estremecía cada segundo y que le excitaba ver a Draco desnudarse, retirándose cada prenda de su cuerpo, mostrándole descaradamente aquello que sentía. El pene erecto de Draco indicaba que deseaba a Harry tanto como éste a él.

La mirada hambrienta que recorría su cuerpo mientras le bajaba el pantalón le indicó que lo mejor estaba por venir, pero esa advertencia no pareció ser suficiente cuando de improvisto el glande hinchado se vio atrapado en la cálida y húmeda boca de Draco, quien permanecía con los ojos abiertos para ver las expresiones de Harry. Porque, joder, si algo tenía Potter es que era muy expresivo y apasionado, sin darse cuenta que tan solo sus gemidos y movimientos eran suficientes para llevar a alguien al orgasmo. La forma sinuosa en la que se movía sobre la cama mientras Draco devoraba su pene daba paso a jadeos obscenos y maravillosos. No tenían porqué reprimirse más.

—Dra… co…

Respondió con una lamida en sus testículos, ascendiendo por el largo de su verga. Harry levantó su cuerpo, convulsionado de placer, aferrándose con ambas manos a las sábanas. Sabía que estaba cerca y Malfoy quería que fuese así… que el orgasmo sólo fuese la entrada del máximo espectáculo.

El gemido ronco que Harry exclamó junto con el nombre del rubio, la tensión de su cuerpo, no fue nada en comparación a la intensa sensación de derramarse en la boca que sostenía su pene. Las lamidas, los jadeos, el calor abrumador lograban que la visión del moreno se tornara aún más difícil, pero eso no le impidió ver cómo Draco se relamía los labios hinchados de los que aún resbalaba una gota diminuta de semen. Sonreía.

—Éste es apenas el inicio, Harry.

El Gryffindor lo sabía y lo confirmó cuando Draco se recostó de lado sobre la cama, acomodando a Harry de la misma manera. Sus piernas se colocaron en medio de las de Harry para separarlas mientras las manos níveas buscaban separar sus nalgas, buscando en medio de ellas. La humedad del dedo de Draco acariciando su entrada sólo le hizo emitir un gemido suave, casi parecido a un suspiro que calentó y puso más duro a Malfoy.

—Me muero por meterte mi polla —musitó, colando un dedo cubierto de lubricante frío al interior caliente, palpando su interior, buscando tocarlo adecuadamente para hacerlo estremecer. Un segundo dedo le arrancó el ansiado gemido de placer y el movimiento continuo de ambos logró que el mismo Harry comenzara a mover su cuerpo hacía él. Cuando sacó sus dedos y la entrada del moreno estaba levemente dilatada, Draco esparció lubricante en su pene, porque sabía que no resistiría mucho si no estaba dentro de Harry en ese preciso instante.

Sólo cuando la espalda del Gryffindor se tensó violentamente pese a que intentaba relajarse, Draco pudo sentir el asfixiante calor que rodeaba a su miembro, escuchando las peticiones de Harry quien, como en la vida misma, así de apasionado era en la cama. Los sollozos, movimientos y jadeos parecían perderse en el contacto de sus cuerpos húmedos al chocar el uno contra el otro.

Draco atrapó el miembro de Harry entre sus manos mientras sus lamentos de placer se dejaban caer sobre el oído del otro, penetrándole, masturbándole, lamiendo cada pedazo de la piel que le pertenecía. Al menos ese instante, al menos ese momento, porque complementarse de esa manera era una real necesidad que no podían cumplir siempre, por eso, cuando lo tocaba, cuando lo hacía suyo de esa manera. podía palpar cuán hondo Potter se había clavado en su alma.

Como una huella imborrable, como un tatuaje que no sólo dejaría una simple marca.

—Harry… —dijo una voz ronca, que Draco apenas reconoció como propia. El asentimiento por parte del aludido le afirmó que lo había entendido. La presión de su interior, los movimientos salvajes sobre la cama aumentaron en ferocidad hasta que el resultado de ello fue el más deseado y necesitado: sus cuerpos se derramaron para disfrutar del orgasmo que recorría sus cuerpos en idénticas emociones vibrantes.

No había nada tan perfecto como ello.

...


...

El beso que compartían era lento y húmedo. Delicioso. Ambos, de frente, no podían hacer más que besarse, derramando en esos labios todo aquello que no podían transmitir de otra manera. Su cielo y su infierno estaban ahí, pero eso importaba muy poco, pues el sonido de sus bocas al chocar la una contra la otra era lo que deseaban: perderse el uno en el otro, en el aroma del sexo, el delicioso tibio ambiente que formaban luego de alejarse agitados tras haber reclamado los cuerpos que por derecho eterno, eran suyos.

—Draco…

—¿Mmmm?

—Quedan cinco días.

—Idiota, ¿crees que no lo sé?

Una risa áspera perturbó el ambiente.

—No me llames idiota, Malfoy.

—¿Prefieres… "mi amor"?

La risa se hizo más intensa.

—Ahora tú eres el idiota.

—¿Harry…?

—¿Mmmm…?

—¿Ahora dirás que es tu turno de follarme para aprovechar lo último de este día?

—Je. Así es…

Para todas aquellas cosas que no desaparecen totalmente, sino que se convierten en algo mejor.


.

Un capítulo algo empalagoso por lo que ocurrió La verdad es que hoy en la Universidad estaba sentada y enfrente de mi, dos compañeros (que sólo son amigos) estaban sentados, platicando Llegó un momento en el que se levantaron y el más pequeñito de estatura le acomodó taaaaan tiernamente la corbata al otro que no pude sacarme esa empalagosa escena de mi mente todo el día. JAJAJAJAJAJA. Muchas gracias!