Creo que si tuviera padrinos mágicos, les pediría los derechos de Harry Potter, pero como no los tengo y ya soy mayor de edad, seguiré quedandome con las ganas. JOJOJO. Gracias a Adrienne Lupin por el review. :3!


Un secreto de tres

Por:

PukitChan

Día tres: De Astoria Malfoy y Ginny Potter

Analizar la situación siempre le producía un intenso dolor de cabeza que no quería tener. Pero al mirar las fotografías de sus hijos, tanto el de Draco como los suyos, era justamente lo que le recordaba que tenían una vida más allá de esa casa, una que Harry llamaba con frecuencia su hogar. Suspiró, bajando la vista hacía el rostro de Malfoy quien en ese momento dormía, emitiendo una respiración tranquila que apenas movía el libro abierto sobre su pecho. Su cabeza rubia estaba sobre las piernas del moreno, y parecía estar disfrutando del inicio de la tarde, recostado sobre ese sofá. Harry hundió sus dedos en esa hermosa cabellera dorada, observando las facciones perfectamente trazadas.

No es que no quisiera a Ginny… era que él amaba a Draco.

Cerró los ojos unos instantes, recordando aquel momento en el que volvió a perderse en los ojos grises, después de tantos años. Era inexplicable saber qué había cambiado en ese momento cuando Malfoy lo miró con sorpresa, asintiéndole cortésmente y esbozando un intento de sonrisa. O al menos eso fue lo que creyó ver.

Harry, que a lo largo de su adolescencia había tenido muchas obsesiones —tales como encontrar a Voldemort o hacerse el héroe—, había aprendido a controlarlas y a dominarlas para luego derrotarlas. Todas menos una. Él. Draco Malfoy. Siempre fue alguien inalcanzable. Incluso cuando hubo salvado su vida en más de una ocasión, sintió que no había llegado siquiera a rozar al rubio. Durante muchos años pensó que era más bien manía la que sentía por él. Ahora, siendo mayor, se preguntaba porqué nunca se le ocurrió pensar que quizás eso era lo que todos los demás llamaban amor.

¿Amor? Sí, eso era. Lo que había sentido por Ginny parecía ser más bien una copia falsa que le habían vendido. Porque sí, la quería y hasta la adoraba por traer a la vida a su hijos, pero no sentía por ella ese calor sofocante, esa necesidad imperiosa de estar todo el día pegado cual maldita goma de mascar a esos labios. Era un sentimiento bastante curioso.

Hacía poco, Harry había escuchado una frase —no sabía exactamente dónde— que había encajado como anillo a su dedo. Decía algo así como: "Un hombre escoge a dos personas: una es a la mujer que será la madre de sus hijos y la otra persona es el amor de su vida."

Ginny era la mujer que había escogido como madre de sus hijos. Había llegado a su vida y parecía todo predestinado: la hermana de su mejor amigo, la única hija de su familia adoptiva. ¡Pero bueno! Hasta su padre James había escogido una pelirroja: la hermosa Lily… —y pensándolo mejor, ¿no hasta sus nombres sonaban parecidos? —, así que, ¿quién era él para oponerse al destino…?

—¿Qué estás pensando…?

Bajó la mirada al escuchar la voz de Draco adormilada. El rubio tenía los ojos cansados y el cabello ligeramente revuelto por la posición en la que se encontraba. Y había algo en su expresión que le indicó a Harry que el otro tenía ya un rato mirándolo.

—¿Te desperté? Lo siento.

Alejó su mano del cabello rubio y comenzó a delinear las facciones claras, sin temor a interrumpir su descanso esta vez. Delineó y siguió la sinuosa forma de sus labios, mirando cómo Draco entreabría sus labios para lamer discreto su dedo.

—¿En qué pensabas? —insistió, alejando su boca pero sin dejar de verlo. —Y no mientas, Potter.

Suspiró, pensando que aunque lo hiciera, lo descubriría enseguida.

—En Ginny —respondió.

Draco levantó una ceja de manera escéptica, pareciendo estar reprimiéndose de soltar alguna palabra cargada de veneno. Incluso parecía estar escogiendo con especial deleite cómo insultarla sin caer en la vulgaridad; sin embargo, cuando abrió los labios para hablar, dijo todo menos la respuesta que Harry esperaba escuchar.

—En la mañana yo recordé a Astoria.

Astoria Malfoy. Contrario a lo que muchos hubieran pensando —como un matrimonio por conveniencia—, Draco se había casado siendo feliz. En realidad, tanto Malfoy como Harry habían creído que hasta entonces habían tomado las decisiones correctas y parecieron serlo durante mucho años, especialmente con los nacimientos de James, Albus, Lily y Scorpius. ¿Cómo no pensarlo? Era el destino marcado del héroe y la regeneración completa de un Mortífago. Era felices… muy felices…

¿O quizás eran demasiado felices?

—¿Qué te recordó a la Weasley? —cuestionó, sin poder evitar un dejo de desagrado en su voz. Siempre la había llamado por su apellido de soltera… jamás le diría "Ginny Potter" porque sería aceptar la derrota. Y los Malfoy no estaban acostumbrados a perder.

—Me la recordaron las fotografías de los chicos —respondió—, Albus se parece especialmente a mí, pero Lily y James… en cambio, aunque Scorpius es un mini-tú, no puedes dejar de negar que tiene facciones sutiles de Astoria.

—No sé si aprendiste eso, Potter, pero cuando se tiene un hijo, generalmente se obtienen los rasgos de ambos progenitores…

Harry rodó los ojos, preguntándose una vez más porqué estaba con él. ¡Amor, amor, amor!

—¿No te sientes mal? —quiso saber el moreno, aunque Draco no pareció incomodarle la pregunta.

—A veces. No siempre, la verdad —se encogió de hombros—. Hay días en los que ni siquiera la recuerdo. En quien sí pienso es en Scorpius.

—¿De verdad lo haces? —preguntó escéptico.

—No me vengas con la estupidez de que ahora te sientes mal por esto —gruñó Draco, sintiendo que la tranquilidad de hacía unos instantes se evaporaba, aunque no era de sorprenderse: era un tema demasiado espinoso como para no salir herido. De mala manera, el rubio se incorporó, alejándose de Harry hasta quedar también sentado en el sofá—. ¿Vuelve San Potter? El que todo lo hace bien… esto no estaba en tus parámetros, ¿verdad?

—No dije eso, Draco. Sólo pensé…

—Sí, sí —interrumpió—. ¡Sólo pensaste lo siempre, Potter! Pensaste que nuestros hijos sufrirán por esto que hacemos. ¡Brillante deducción, jamás la había imaginado! Juro que nunca me he preocupado por el odio que Scorpius tendrá cuando vea con quien he engañado a su madre. ¡Con el que se supone que es mi enemigo!

Draco instantáneamente se levantó del sillón, caminando por la sala. No era alguien que solía perder los estribos, y curiosamente, siempre lo hacía en presencia de Harry. Se acercó hacia la chimenea donde la foto de Scorpius le devolvía una sonrisa al lado de un lirio marchito. Aspiró una profunda bocanada de aire, tratando de no voltear y arrojarle una maldición imperdonable al moreno.

—Draco…

—Acepté esto… —murmuró el rubio— sabía que no todos los días iban a ser perfectos, que a menudo tendríamos discrepancias pero… —Se giró hacía Harry, mirándolo con frialdad—, si tanto te preocupa, ¿por qué, maldita sea, sigues haciendo esto Harry?

—Porque te amo —respondió, sin un ápice de duda en su voz. Draco sonrió y negó con la cabeza.

—Tú mejor que nadie debería saber que a veces, eso no es suficiente.

El silencio se apoderó nuevamente en la habitación. En un murmullo, Malfoy le informó que subiría a su pieza a descansar y sin escuchar réplica, anduvo hacía las escaleras donde desapareció. Harry, quien ese momento miraba la chimenea apagada sin verla en realidad, pensaba en todo lo que había pasado, en la situación en la que ahora estaban y porqué había permitido que llegara a tales extremos.

De pronto, ocurrió. Un recuerdo fugaz atravesó su memoria.

Su cuerpo se levantó del sofá y comenzó a subir las escaleras casi corriendo, aunque su destino no era la habitación donde supuestamente Malfoy descansaba. Llegó jadeando débilmente al último tramo de las escaleras que lo conducían al desvánde la casa, sabiendo que era ahí donde reposaba aquel objeto. Vaciló un momento cuando su mano estuvo cerca del picaporte; sin embargo, sabía que necesitaba reafirmarse a sí mismo, por lo que sin más abrió la puerta con suavidad. Ésta rechinó por la falta de uso a la que era sometida, aunque el sonido no pareció ser suficiente para distraerlo… ni a Harry ni a nadie.

Draco estaba también ahí. Y definitivamente ésa no era su habitación.

—Así que tú también tenías que verlo… —musitó Harry. Sin darse la vuelta para verle, el rubio asintió.

—Es absurdo —empezó en voz baja—, que necesitemos de algo así para reafirmar nuestros sentimientos.

Los pasos lentos de Potter apenas se escuchaban mientras se acercaba a Draco, quien no parecía interesado en mirarlo, sino al objeto que tenía frente a él: un espejo de elegante y misterioso aspecto. Harry se detuvo, sin querer invadir el espacio personal del otro, permitiéndole así un momento de soledad en su compañía. No sabía qué era lo que veía Draco, nunca se lo había dicho… y él respetaba su silencio. Porque después de todo, los desesperados deseos de un corazón… son privados.

"Oesed lenoz arocut edon isara cut se onotse"

El espejo de Oesed reposaba y brillaba bajo la luz que apenas entraba en ese pequeño ático.

Cuando levantó la vista, Harry notó cómo Draco guardaba las manos en sus bolsillos y con los labios entreabiertos, emitía un suspiro mirando la visión que el espejo le ofrecía: su más desgarrador anhelo.

—Acércate, Harry —concedió.

El hombre caminó y se acercó lo suficiente para mirar su reflejo. Entrecerró los ojos cuando nuevamente comprobó que el reflejo había cambiado: ahí ya no estaba su familia pues había sido remplazada por la imagen de Draco Malfoy, quien, irónicamente, también se encontraba a su lado en ese momento.

—Eres mi más pequeño y sucio secreto, Malfoy…

—Qué romántico —dijo con aspereza.

Para sorpresa de sí mismo, Harry se descubrió sonriendo. Quizás de manera triste, pero sonriendo. De soslayo, miró a Draco.

—El viernes… se cumplen seis años.

—Ya eres todo un viejo, Potter —se burló el rubio, observando una vez más su reflejo en el espejo Oesed, añadiendo en todo más neutral—. ¿Ha pasado ya tanto desde aquella vez?

"Aquella vez…" sonaba tan lejano… y aún seguía siendo real.

-oooooooooooo-

Seis años antes…

Aquella noche en el Caldero Chorreante era inusualmente silenciosa, tanto, que a Harry le parecía escuchar una melancólica melodía proveniente de algún lugar que juraba conocer. Aquel zumbido le siguió acompañando mucho después de que Hannah Longbottom le hubiese dejado la última bebida caliente, luego de haberse retirado para concederle al auror privacidad.

Aunque para ser francos, Harry no estaba seguro de que era la soledad lo que realmente deseara en ese instante. Su trabajo como Jefe de Aurores lo mantenía ocupado en días insospechados como ése y aunque el caso que había mantenido enfrascada toda su oficina a lo largo de una semana estaba por resolverse, aún no quería regresar a casa, pese a que extrañaba a toda su familia. Sencillamente lo que no deseaba era presentarse ante Ginny y sus hijos con el aspecto de un Inferius, ya que lo último que esperaba era causarles un verdadero susto.

Así que por eso estaba sentado en la mesa vacía, pese a que su cama parecía estarlo llamando desde hacía un buen rato. Y a pesar de que no haber dormido bien los últimos días, curiosamente no tenía sueño. Se sentía demasiado despierto aunque sabía que en cuanto se recostara, estaría inducido a un coma absoluto… de alguna manera.

Bajó la vista hacía su bebida. ¿Hacía cuánto que la había dejado a medias, lo suficiente para que enfriara? Estaba dispuesto a resolver tan interesante misterio cuando escuchó unas pisadas que llamaron más su atención. Quizá sería Neville llegando de Hogwarts, aunque eso era improbable por las horas y la temporada… lo más lógico sería que fuera un huésped del Caldero Chorreante.

Y, efectivamente, eso era.

Sólo que a la última persona que esperaba encontrarse en ese lugar era a Draco Malfoy. Y a juzgar por su expresión, el otro opinaba lo mismo.

Había pasado mucho tiempo desde la última vez que lo vio y aún lo recordaba como aquel muchacho que había conocido en Hogwarts; sin embargo, el hombre alto de porte digno y distinguido apenas parecía ser aquel chiquillo con el que había coincidido en Madame Malkin. Aquella visión fugaz, de Draco en las escaleras con una expresión de sincero desconcierto, que enseguida fue remplazada por un cortés asentimiento a modo de saludo, le pareció decir a Harry que ambos habían madurado.

—Lo siento, no esperaba que hubiese alguien aquí a estas horas —dijo una voz baja—, un gusto verte, Potter. Buenas noches.

—Malfoy —llamó. La voz de Harry había surgido mucho antes de que él mismo se diera cuenta. —No… no te vayas —se encogió de hombros—. Vamos, no es que ocupe mucho espacio en esta mesa.

Casi podría jurar que por vez primera en su vida, Draco le dedicaba una auténtica sonrisa, un acontecimiento raro de ver, al menos para el Gryffindor, aunque fue algo tan fugaz que se replanteó si no había sido una visión. Pero Draco lo miraba, planteándose claramente si aceptar o no la invitación hecha por el auror, quien pareció percibir su dilema, pues añadió:

—Ya crecimos, Malfoy.

—Así es —contestó después de unos segundos, llegando finalmente a la mesa para sentarse a su lado, algo que jamás habría esperado alguien que hiciera.

—¿Bajaste por algo en especial? —preguntó Harry, sólo por iniciar una conversación.

—No conseguía dormir, eso es todo.

—Como yo… —respondió, tomando su bebida helada, arrugando la nariz. Fría, esa cosa no sabía muy bien—. Creo que deberíamos asaltar un poco el bar de Hannah… ¿crees que lo note?

—¿Tú harías algo así, Potter? —preguntó Draco con su sonrisa de Slytherin más arrogante—, ¿para qué demonios utilizas la varita, entonces? ¿De verdad eres mago?

Harry gruñó, admitiendo para sí que sería más fácil aparecer las bebidas, pero Draco le regaló una auténtica sorpresa cuando se levantó una vez más y a los pocos minutos regresaba con dos Whisky de fuego, sin duda preparados por él. Le ofreció uno que Harry atrapó en sus manos, dedicándole una mirada de agradecimiento cuando el rubio se sentó. Inmediatamente después se instaló el silencio, aunque esta vez no fue incómodo, sino agradable.

—Gracias… —mustió Draco, y parecía urgirse por decir las palabras. Harry reconoció esa sensación: vomitar todas las palabras que sabía, difícilmente podría volver a pronunciar—, por todo lo que pasó hace años. Por la ayuda.

—Descuida.

Ambos, como un reflejo coordinado, se voltearon al mismo tiempo. Fue una sensación extraña. Los ojos grises miraron fijamente los verdes, sin desear apartar la mirada. El brillo de ambos era tal, que parecía imposible no perderse en ellos mutuamente y de la misma manera, el palpitar de su corazón se aceleró sólo un poco.

Por primera vez se veían a la cara sin tratar de insultarse, mirándose simplemente como dos conocidos casuales en un bar, dos viejos amigos que después de muchos años volvían a reencontrase… o mejor aún, eran las miradas de dos hombres que parecían estar dispuestos a comenzar otra vez.

¿Por qué ni Harry ni Draco apartaron la mirada? Eso era algo que nunca podrían responder con claridad. Con Astoria y con Ginny habían ocurrido muchas cosas… habían madurado, habían pasado tiempo juntos también habían formado una historia romántica y digna.

Pero ellos…

Ellos durante mucho tiempo habían sido enemigos y de repente, estaban ahí, mirándose el uno al otro, olvidando sus bebidas, con esa melodía de fondo que aún no paraba de sonar, pero que repentinamente Harry quiso nombrar como el hermoso canto de un fénix. Un fénix… que renace.

"Perderse en los ojos de alguien… es bastante ridículo, ¿no crees?"

Quizás fue el ambiente. Ellos. Tal vez fue el tiempo o un amor que inesperadamente había resurgido en dos personas que ni siquiera sabían que lo albergaron. Podría ser que ni siquiera fuese algo de ello, sólo una respuesta natural a algo que se estaba pidiendo en silenciosos gritos.

Sólo fueron consientes de que en algún momento sus rostros se habían acercado demasiado, lo suficiente para sentir su aliento. Y lo siguiente que sucedió fue el encuentro tímido y casual de sus labios, un roce inesperado que sobresaltó a ambos pero que no pareció ser suficiente para separarlos.

Y mientras Harry apretaba con fuerza entre sus manos su whisky de fuego, no parecía darse cuenta de que, con una inusitada ternura, sus labios besaban los de Draco Malfoy.

-oooooooooooo-

—Harry…

Al escuchar su nombre, su rostro giró para ver el de rubio, quien mordía su labio inferior.

—Aquella vez, en Caldero Chorreante…

—¿Qué pasa?

—¿Pensaste que alguna vez pasaría algo así? ¿El niño que vivió y un ex mortífago?

—Claro, a cada instante —dijo con un rastro de sarcasmo en su voz que no pasó desapercibido para el rubio, quien levantó una ceja de manera elegante, sacó la mano de su bolsillo y le dio un pequeño golpe en la cabeza a Harry.

—Aún no sé lo que pasó aquella vez —suspiró, tocando su cabeza rubia, sintiendo que quizás se avecinaba un dolor de cabeza—. Mierda, larguémonos de aquí, Potter. Deberíamos tirar este estúpido espejo.

El moreno miró a Draco y se encogió se hombros, caminando rumbo a la salida. Cuando pasó un brazo por el cuerpo del rubio y no lo alejó, comprendió que las cosas y los ánimos habían menguado y ahora podrían hablar. Los planes eran muchos, el tiempo poco y la semana transcurría con una velocidad abrumadora… tendría que conseguirse un día de estos un gira tiempo.

—Ah, por cierto Potter —mencionó Draco cuando el otro cerraba una vez más la puerta del desván mediante un conjuro.

—¿Qué? —preguntó y la sonrisa maliciosa que el otro le devolvió no le auguraba nada bueno.

—Scamander viene mañana. Le dije que podía visitarnos.

—¿Qué?

—Estás ciego, no sordo —exclamó con suficiencia. Y cuando giró para caminar con dignidad, Harry comprendió que quizás nunca le ganaría a Draco Malfoy.


-oooooooooooo-

Cuando escribí la escena del primer beso de Harry y Draco, tuve muchas dudas al respecto. No quería pareciera forzado o apresurado, pero deseaba al mismo tiempo que quedara en claro que entre ellos inmediatamente había surgido que en el pasado no habían podido notar.

A esta escritora le gustan los enredos. Quedan muchas dudas al aire, como...

¿Cómo diablos llegaron Draco y Harry a su situación?

¿Qué hace el espejo de Oesed en su casa?

¿Qué hará Luna cuando venga a visitarlos y su razón? Aunque esta última pregunta pienso que la respuesta es muy obvia, jajajaja.

Sí, me gusta aventar el enredo y después decir: ¡Ah, si tengo que explicarlo! Aquí empezamos pues. Muchas gracias. La escritora perdida.