Harry Potter pertenece a J.K. Rowling y lo seguirá haciendo hasta que decida que soy su heredera perdida y me regale los derechos de Harry Potter.
Un secreto de tres
Por:
PukitChan
Día cuatro: De las tardes con Luna
Confundida, parpadeó varias veces, como si no comprendiera el instante en el que habían pasado ya varios meses desde la última que había estado de pie, frente a esa hermosa casa, que era lo suficientemente grande para una familia normal pero demasiado elegante para ser tachada de común. Los tonos claros con los que había sido pintada parecían combinar demasiado bien con el sendero de arbustos verdes que engalanaban directamente el camino hacía la puerta principal. La mujer rubia ladeó curiosamente la cabeza sin animarse a avanzar un poco más allá de la verja que estaba frente a ella. Buscó curiosa gnomos en el jardín, sintiéndose decepcionada que no hubiese ninguno. ¡Si eran tan entretenidas aquellas criaturas! Tendría que recomendarles adquirir unas para su próxima visita de la misma manera en la que años atrás había colgado un collar de pequeños objetos sobre su chimenea para atraer las buenas esperanzas.
—¡Luna!
La rubia desvió la mirada en dirección a la voz que la llamaba. Avanzando hacía ella venía Harry con una sonrisa sincera, aunque parecía que el hombre tenía cierta tensión sobre sus hombros.
—Hola Harry —saludó ella pausada—. ¿Interrumpí algo?
—¿Eh? —se tensó un poco más al escuchar esas palabras—, ¿qué dices?
—Por la manera en la que te mueves y tus labios tan hinchados —respondió, observando con atención al otro, logrando que Potter se sintiera como tan estúpido como un troll—. Pareciera que recientemente estuviste…
—¡Vamos, no te quedes ahí, pasa! —interrumpió Harry la oración, adelantando las acciones de Luna al abrir la verja y guiarla hacía el interior de la casa—. Draco debe estar peleándose con la tetera.
Luna asintió distraídamente, moviéndose al mismo ritmo que Harry, como si no le importara en lo más mínimo que hubiese sido tan abruptamente interrumpida, ya que daba por hecho que sus palabras habían sido por demás comprendidas.
—Draco dijo que podía venir hoy y que trataría de mantenerte a raya. ¿Acaso se toparon con unos Diminkos?
—¿Mantenerme… a raya? —preguntó Harry, avergonzado. Claro que estar con Malfoy no era nada desagradable, pero de alguna manera estar con Luna —quien al parecer no comprendía el concepto de vergüenza al igual que Draco—, le hacía sentirse cohibido.
—Sí, eso me contestó.
Harry negó para sí mismo mientras había abría la puerta principal cediéndole el paso a la rubia, intentando con todas sus fuerzas no imaginarse la clase de retorcida correspondencia que podrían mantener Luna y Draco.
—¿Cómo están los gemelos? —preguntó Harry cuando ambos se sentaron en dos sofás distintos. Luna esbozo una de sus extrañas sonrisas más amplias que parecían hacer rebotar sus ojos.
—¡Tan diferentes el uno del otro! ¡Bastante únicos!
Antes de que pudiera replicar a qué se refería exactamente con eso Luna, Draco entró a la habitación sonriendo. En la mano izquierda tenía un pañuelo blanco con el que al parecer se estaba limpiando la boca de manera poco discreta. Harry supo de inmediato que el que Malfoy no trajera la camisa pulcramente arreglada, como solía hacerlo, se debía más al hecho de querer avergonzarlo frente a su amiga que por simple casualidad.
—Buenas tardes, Scamander… tú siempre tan puntual.
—Draco, qué gusto verte. Lamento la interrupción —añadió.
—Fue bastante divertido cuando nos dimos cuenta de que llegaste, ¿verdad, Harry?
—Idiota… —murmuró el moreno, deliciosamente ruborizado para deleite de Draco.
—Entonces si mi aparición sirvió no lamento haber llegado —comentó Luna con gracia, ignorando el hecho de que Harry parecía ser tragado por el sofá. Siguió con la mirada al rubio, quien se sentó a un lado de su pareja para rodearle los hombros con un brazo y besar su sien.
—¿Quieren cambiar de tema de una buena vez? —gruñó de mala gana Harry.
Draco se encogió de hombros y miró a Luna Scamander, quien al parecer estaba más entretenida en mirar su techo que en prestar atención a la riñas de sus anfitriones. Tosió para llamar la atención de la rubia.
—Seis años, ¿no? —preguntó sin más Luna, pero sin mirar a ninguno de los hombres que sí la veían a ella. Frunció el ceño y se puso de pie mirando con más atención el techo—. Aunque creo que más bien han sido sólo dos considerando el tiempo que pasan realmente juntos aquí.
"La verdad es una cosa terrible y hermosa, y por lo tanto debe ser tratada con gran cuidado."
Harry se sorprendió recordando las palabras de Dumbledore que hacía tantos años le había dicho. Sin embargo, creyó que era el momento más adecuado. Luna era sincera y aunque sabía cuales eran sus intenciones, no dejaba de sentirse incómodo con respecto a sus palabras. Pero fue Draco quien respondió antes de él.
—Más acción y menos palabras, Scamander.
Luna volvió a sentarse, estaba vez prestando verdadera atención a la pareja.
—Claro. Creo que ya intuyen que no he venido únicamente para ver cómo está funcionando el encantamiento, ¿verdad? Aunque creo que primero deberíamos revisar todo, ¿no?
Harry y Draco se miraron el uno al otro y asintieron enseguida. Tanto la pareja como Luna se incorporaron lo suficiente para extender sus varitas y que éstas, por la punta, quedaran unidas. Un destello rojo surgió de las tres y se elevó sobre el techo. En seguida, pequeños rayos dorados surgieron y envolvieron no sólo a los presentes, sino también a toda la casa. Esta pareció vibrar sólo un segundo, pero enseguida todo volvió a calma con suavidad.
—Todo está en orden —replicó Luna sonriente, alejando su varita para volver a colocarla sobre su oreja—. El encantamiento Fidelio está resultando perfecto, aún después de todo este tiempo.
—No tiene porqué fallar… tú eres la Guardián del Secreto —murmuró Harry, guardando su varita y volviendo a acomodarse en el sofá a un lado de Draco.
—Es un puesto interesante —comentó casualmente—, me siento como tu capa invisible o la sala de los Menesteres. Ocultar, ¿entienden?
Harry afirmó con un asentimiento de su cabeza, pero Draco sólo levantó la ceja. Había aprendido a tolerar la presencia de Luna luego de que Harry sugiriera que ella sería la perfecta tercera persona para realizar el encantamiento, pero a veces llegaba a pensar que la rubia se metía demasiado en su secreto, en su intimidad.
Una pareja era de dos y su secreto de tres.
—¿Es por el espejo? —preguntó Malfoy, impaciente—. Porque si vienes por él, puedes llevártelo en este instante, no me interesa qué pasará con él.
Luna negó rápidamente.
—Se trata de algo más obvio que los reflejos del espejo de Oesed. Recibí una lechuza hace unos días. Es de Teddy.
Harry la miró, extrañado. Era cierto que ellos se conocían pero no imaginaba —a menos de que fuera una situación de suma importancia—, que se enviaran cartas. Un nudo se formó en su estómago al imaginarse la situación por la que su ahijado había acudido a Luna. ¿Acaso sería posible…?
—¿Lo sabe? —preguntó Draco con una frialidad que a Harry le impresionó, porque él en ese momento deseaba aparecerse frente a su ahijado y explicarle cualquier situación que estuviera ocurriendo.
Luna negó una vez más.
—Lo sospecha, solamente. En su pergamino es una sutil insinuación en medio de una plática sobre cómo quiere que le muestre algunas de las criaturas que he descubierto. —Luna se removió en su asiento y de su túnica sacó un pergamino arrugado: en realidad con las hojas había formado la figura de un pegaso que flotaba alrededor de ella. Con cuidado sujetó al amarillento pegaso y le quitó las alas, dejando que sólo galopara sin flotar en sus piernas. Sonriente, le entregó a Harry las alas.
El moreno se desesperó intentando desdoblar los confusos pliegues de esas alas, pero sabía que debía calmarse pues de lo contrario el pergamino se rompería. Al conseguir extender la hoja, el moreno se encontró con una hoja casi vacía en la que incluía sólo un discreto posdata con la caligrafía descuidada de Teddy. Miró hacía Luna y comprendió que ella no tenía planeado entregarle toda la carta, sino lo que resultaba más obvio e importante a su ver. Se inclinó hacía el pergamino y leyó muy lentamente.
"P.D. En realidad no importa mucho pero, ¿sabías que Harry me mencionó a los nargles? Dice que no existen, pero hay muchas que no aparentan no existir, ¿verdad, Luna?
—Ted R. Lupin."
Harry se calmó. Teddy podría estar hablando de cualquier cosa por supuesto, quizá de repente le habían entrado ansias de explorar el mundo mágico en con asesoría de Luna. Quizá sólo se hallaba en un conflicto con Victoire. Algo por el estilo, no tenía que ser necesariamente sobre Draco y él.
—¿Le respondiste? —pregunto Draco, una vez que leyera también el pergamino. Luna por su parte, ya había guardado el resto de la carta.
—No es necesario que lo haga, él me lo dijo. Imagino que quería hablar con alguien que pudiera hacerles transmitir sus sospechas —luego, sonrió—. Criaste muy bien a tu ahijado, Harry. El profesor Lupin estaría orgulloso.
Potter abrió la boca para responder, pero nada salió de ella. A su lado, sentía a Draco más incómodo que él mismo, pero sabía que el otro lo ocultaba mejor.
—¿Tienen pay?
Desubicado, Harry miró a Luna. Ella le respondió con otra sonrisa, como si eso explicara lo mejor posible el cambio tan brusco de tema.
—Eh… sí —respondió y se incorporó. Aquello le sirvió mucho y pareció que Luna lo había hecho con esa intención. Se sintió más despejado y el aire regresó a sus pulmones así como la tranquilidad a su mente. No era tan sorprendente después de todo. Harry tuvo que admitir que quería a Teddy como uno de sus hijos y también durante muchos años, él se había encargado de enseñarle lo mejor. Y siendo mayor de edad, como el metamorfomago lo era, parecía tener un don especial para la observación. Cuando regresó, con tres rebanadas de pay y las tazas de té flotando cerca de él, se sentía mejor, más despejado y de alguna manera, aliviado. Había decisión en su mirada.
—Gracias —respondió Luna, disfrutando de su aperitivo.
—Gracias a ti —respondió Harry, mirando a Draco quien también parecía haber pensado las cosas con más calma en su breve ausencia.
Durante un rato el silencio reinó. Había algo extrañamente inquietante y a la vez cómodo en los silencios de Luna, en la manera en la que ella sonreía luego de probar el té.
—He visto que conservan aún el collar que les regalé, pero debería hacer otro. Es importante mantenerlos actualizados y seis años me parece un tiempo un adecuado.
—Claro Scamander —comentó Draco, con un deje de sarcasmo—. ¿Qué haríamos sin esas cosas muggles? Son más efectivas que el Fidelio.
Pero Luna no pareció ofendida, sino más bien sorprendida. Draco parecía no entender de la importancia de los objetos muggles en esa casa y claro, ella no estaba dispuesta a permitir que sus dos amigos —porque a regañadientes, Draco era su amigo—, sufrieran cosas tan terribles como una plaga que dejara mal olientes sus pies, o granos en el trasero todo por no prepararse adecuadamente. Y al ver esa casa tan desprovista de objetos de seguridad la primera vez que había entrado, Luna se había propuesta llegar con una protección en cada visita.
—¡Draco! —riñó Harry.
—El encantamiento Fidelio los puede proteger de visitas indeseables, pero no de un ataque de pelos en los oídos creciendo como cascada —replicó seria, muy seria. Draco frunció el entrecejo ante las palabras de Luna y Harry tuvo que reprimir el impulso de reírse. Ciertamente, sería gracioso ver a Draco Malfoy, que era prácticamente lampiño, creciéndole vello en lugares poco eróticos.
—¿Y es el único lugar donde crecen los pelos, Luna? —preguntó Harry, tomando aquello como venganza por lo que el Slytherin le había hecho antes de que la mujer llegara.
—Oh, no —replicó ella, moviendo su cabeza y tomando su varita para señalar a Draco con ella—. Aquí, aquí y aquí —dijo, rozando apenas la barbilla, el ombligo y también señalado la entrepierna del rubio—. No sé como lo disfruten ustedes, pero dudo que puedan hacer algo si Draco termina poblado así en esas partes tan necesarias, ¿verdad? —Luna miró a Harry, aumentando su seriedad—. Pasarías mucho tiempo buscándolo.
Esta vez, Harry no pudo dejar escapar una carcajada, sintiendo enseguida un golpe de Malfoy en su espalda, que lejos de obligarlo a callar, pareció aumentar su risa.
—¡Mierda Malfoy, será mejor que no nos deshagamos del collar de Luna! ¡No quiero verte como uno de esos pobres perritos que los muggles rasuran en zonas estratégicas!
—¡Si existiera esa estupidez, Scamander…! ¡¿Por qué demonios me tendría que tocar a mí?!
—Es obvio, ¿no? Porque eres rubio. Se ensañan especialmente con los que tienen la piel tan blanca.
Harry levantó sus manos, mirando al collar que pendía aún en lo alto de la chimenea.
—Él es el lampiño.
—Quizás después de todo, sí deberías dejarte enfermar, Draco.
—Ustedes dos son insoportables —refunfuñó Draco, poniéndose de pie y perdiéndose en la cocina. Harry lo siguió con la mirada sin darse cuenta de que Luna se había puesto de pie y de su túnica sacaba algún nuevo objeto que sin duda ella creía que le faltaba a la casa, buscando donde colocarlo.
—Enseguida regreso Luna —dijo Harry, persiguiendo a su pareja, sin importarle que Luna ni siquiera lo había escuchado. Cuando ingresó a la cocina, sonrió al ver a Draco usar absurdamente un cuchillo para cortar un trozo de pan. Potter caminó pero se detuvo en seco cuando el rubio alzó el cuchillo de modo amenazante. —¡No me mates aún, úsame como tu esclavo sexual!
Draco negó mientras dejaba el cuchillo sobre la mesa. Harry se acercó con mayor seguridad y rodeó la cintura del rubio con sus brazos, levantando la barbilla para besarlo pausado, recargándolo un poco sobre la mesa.
—¿Estás bien? —cuestionó como el otro chasqueaba la lengua.
—¿Qué hay de Teddy?
—¿Confías en mi, Draco?
—Sí.
—Entonces hazlo ciegamente una vez más, por favor —murmuró con suavidad, mordiéndole el labio inferior, jalándolo a propósito para intentar hundir su lengua en aquella húmeda cavidad. Draco no se resistió, permitiendo que las manos de Potter se aferraran a su cintura, que sus pasos lo acercaran más sus cuerpos, haciéndole sentir unas cosquillas que amenazaban con instalarse entre su entrepierna. Jadeó cuando la pierna del moreno separó las suyas, moviéndose para rozarle su miembro en aquel acto descuidado.
—Ahora que lo pienso, es como si se hubieran secuestrado mutuamente.
La voz de Luna los separó instantáneamente, y Harry sintió como un ridículo rubor se acumulaba en sus mejillas cuando notó que su amiga estaba observándolos cruzar la línea entre un simple beso y una follada sobre la mesa pulcramente limpiada… de tantas veces que era usada. Pero ella daba la impresión de que más bien acababa de ver la interesante escena de cómo alguien estaba amarrándose una agujetas en lugar de pensar que estaba por presenciar una buenísima película porno.
—Ehm… Luna…
—Me voy Harry —sonrió ella, aunque el otro se apresuró a detenerla—. No, no. Te conozco y sé que eres incapaz de decirme que me vaya aunque necesites de otras cosas.
—San Potter, ¿verdad Scamander?
—Sí, tengo que admitir que Harry es demasiado bueno, por suerte ustedes se complementan muy bien, Draco.
—Y no sabes cuánto podemos complementarnos.
Harry tosió.
—¿De verdad tienes que irte? —preguntó el moreno. Luna le dedicó una mirada casi de ternura maternal.
—Qué lindo de tu parte, Harry pero sé que tienes asuntos que atender y también otras cosas en las qué preocuparte.
Y sin más, se dio la vuelta para echarse a andar a la salida. Draco y Harry la siguieron inmediatamente, acompañándola hasta el jardín donde parecía dudosa sobre lo que iba a hacer.
—¿Te aparecerás? —preguntó Malfoy.
—¿Qué gracia tiene eso? —contestó la mujer con diversión.
—Gracias Luna, por todo.
—No importa, Harry. Sé que deberían saberlo… además, tarde o temprano se enterarían, ¿no? Qué mejor que temprano.
—¿Nos veremos pronto? —Luna se coloco un dedo en sus labios, meditándolo.
—Más pronto de lo que esperan. Nos vemos —cuando se alejó de la verja y Harry notó que había pasado la protección del encantamiento Fidelio, observó como Luna daba la vuelta una vez más. Su varita brillaba tanto como sus ojos y la mirada que les dedicó le provocó un escalofrió, al tiempo que ella movía sus labios, sin que Harry se enterara de lo que Luna quizás intentaba decir. Segundos después, la rubia había desaparecido de su rango de visión.
Cuando ambos hombres entraron a la casa, Harry notó que en el sofá aún estaba el arrugado pergamino que suponía la carta de su ahijado. Se disponía a recogerla cuando oyó murmurar al rubio:
—¿Qué estupidez es ésta?
El moreno desvió su atención hacía el objeto que Draco que miraba con desagrado, aunque batiéndose entre la decisión de reírse o no. La verdad, y aunque Harry trataba de no desviar su imaginación hacía ello, el objeto de color azul que descansaba colgado en la ventana, parecía un consolador con adornos de navidad.
—¿El nuevo regalo de Luna? —aventuró Harry, mirando alrededor. Como siempre, halló una notita de Luna, que le explicaba su función.
"Lamer la punta para evitar que sufran periodos de impotencia.
L.S."
Harry levantó la vista, riendo.
—A ver, Draco, lame la punta.
—¿Qué…? ¡No voy a hacer esa idiotez, Potter! ¿Quién sabe…?
—Hazlo —repitió Harry con un tono más fuerte.
—No, cabrón. Entiende: No.
—¿Y si te doy la mía, la lames?
—Sólo si te has ganado los méritos suficientes.
Potter dibujó una sonrisa en su rostro y destrozó la nota de su amiga.
—Esto sí que funciona, Luna.
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Tocó sus labios con la punta del diario El Profeta, meditando el artículo que recién había leído. Era un tanto absurdo lo que planteaban en ese lugar, tal y como le había dicho su padrino.
—Harry…
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¡Espero que esta continuación sea de su agrado! Aquí es donde escupo el título del fanfic, aunque las pistas ya habían sido regadas en los anteriores capítulos. Muchas gracias por el review a sasunaru-mvc. ^-^
