Harry Potter ni su mención, ni su mundo me pertenecen. Todo es de J.K. Rowling y no sé cuántos más. Pero si algún día rifan los derechos, yo los pelearé.

Un secreto de tres

Por:

PukitChan

Día cinco. De aniversarios y remembranzas. Parte I

Sus labios se entreabrieron para dejar escapar un suspiro que de inmediato fue amortiguado por la boca caliente que se posó sobre ella. Cerró los ojos y respondió sin cavilar al beso apasionado que parecía estar dispuesto a hacerle olvidar hasta su mismo nombre manchado tantas veces por el pasado de una guerra que lo había cambiado para siempre. Sintió la lengua ajena enredarse en la suya, como si aquel contacto pudiera distraerlo de la sensación de ser penetrado.

Al separarse, le fue imposible el no abrir los ojos grises para encontrarse con los verdes que, quizá brillando aun más por las circunstancias, le devoraban el alma: no era la primera vez que Draco se sentía expuesto ante la mirada de Harry, como si éste poseyera una cualidad innata para descubrir cada uno de sus pensamientos.

Levantó sus manos para enredarlas en el cuello del moreno, echando hacía atrás su cabeza cuando la verga caliente del otro comenzó a golpear furiosamente su próstata, obligándolo a su espalda a curvearse de una manera casi vulgar, gritando incoherencias y palabras que no lograba entender ni siquiera él mismo. Sólo era capaz de observar la sensual manera en la que los músculos del cuerpo de Harry se tensaban en el momento en el que se inclinaba hacía él, enterrándose. Grabado en su mente con fuego estaba también la forma en la que su cabello negro se pegaba celosamente a su frente por la ligera capa de sudor que envolvía ambos cuerpos que parecían reclamar que estar juntos de esa manera no era suficiente. Y sus alientos frescos y cálidos, que sólo podían emitir gemidos roncos y eróticos, así como los sonidos de sus cuerpos al chocar, le recordaban a Malfoy que aquello era una de las mejores cosas que le había tocado experimentar en su vida.

Y un nuevo quejido brotó cuando Potter clavó sus dientes en su cuello pálido, succionando la piel nívea que muy pronto estaría marcada por una palpitante zona rojiza. Lo movimientos, de ambos, aumentaron en velocidad y ferocidad. Su manera de hacer el amor era única, la sensación de simplemente desear absorberse para ellos mismos bastaba como el inicio de un fuerte estimulante sexual. Draco sabía que esa era la manera en la que lo recordaba: como su amante fiero, tierno e irritante.

Escuchó un intento de "te amo"en su oído, mas no tuvo demasiado tiempo para contestar cuando Harry tomó entre la caliente mano su polla de Draco, masturbándole, apretando su glande y sonriéndole de forma ladina cuando observa las inevitables reacciones del cuerpo de rubio, que sólo podía responder de esa manera ante él. Porque no eran unas suaves manos las que lo exploraban y se dedicaban a memorizar cada minúsculo detalle de su anatomía, sino que Harry Potter sabía exactamente que aquellas manos —las de un auror— eran las que anhelaba mucho más de lo admitiría.

—No… no pares… ah… sí… sí…

Enredó sus piernas a la cintura de Harry, invitándolo a profundizar sus embestidas contra él. El otro accedió dedicándole una de sus sonrisas más perversas, aquella que ni siquiera imaginaba que Potter poseía. Se mordió los labios, jalando los cabellos negros en un intento desesperado de no correrse en ese instante sobre ambos.

—Vamos… —escuchó murmurar a Potter y débilmente asintió. La tensión que se acumulaba en sus testículos era demasiado dolorosa para poder contenerse más, además de que sentía claramente aquellas descargas eléctricas que le recorrían y terminaban en la punta de su polla, derramando líquido preseminal. Y joder, el que Harry conociera tan bien su cuerpo era un maldito delirio sexual. Sentir el glande golpear cada fibra sensible de su cuerpo le hacía estremecer y convulsionar en pequeños delirios agónicos de placer que eran liberados en forma de jadeos y gemidos que sin duda erizarían la piel de cualquier persona que osara en escucharlos.

La tensión se volvió tan intensa, que Draco sintió como si hubiese muerto y renacido en el instante en el que Potter aflojó su mano permitiéndole derramarse. Al instante, las últimas estocadas sacudieron su cuerpo cuando el semen comenzó a llenar su interior, abriendo sus ojos al máximo para notar, entre jadeos y una punzada de delicioso placer, la gloriosa manera en la que Potter abría sus labios y gemía al sentir su orgasmo.

Suave, Harry se desplomó encima de él sin salir aún de su cuerpo. Le escuchó jadear, notando cómo sus manos se enredaban en su cuerpo para los dos quedar abrazados. El aliento tibia de Harry le causaba cosquillas cerca de su pezón, pero no tenía las fuerzas suficientes para moverlo. Al contrario, le dedicó unas cuantas caricias en su nuca esperando que no se alejara demasiado, pero pese a esto, Harry se incorporó unos segundos y Draco gruñó cuando el pene del otro salió de su interior, haciendo que después de esto el moreno regresara a la posición en la que segundos antes estaba.

—Seis años… —musitó repentinamente el Gryffindor, quebrando el silencio—. Es nuestro aniversario, Draco.

—Potter, no te queda ser cursi después de haberme roto el culo.

—¡Vaya! ¿Qué haría yo sin el poético lenguaje de Draco Malfoy? —preguntó riendo.

—Probablemente soportar cursilerías vergonzosas, en donde no saben ni rimar.

Harry elevó una ceja cuando Draco desvió la mirada: sabía que se refería a aquel encantador mensaje que Ginny le había enviado un catorce de febrero cuando era niña. Era incómodo pensar en su esposa justamente cuando acababa de follar con su amante, pero Harry no pudo evitar mostrar la sonrisa que se formó en sus labios: encontrar al rubio celoso era una experiencia siempre divertida y al mismo tiempo… linda.

Se acomodó en la cama, rodeando con sus brazos la espalda del rubio. Besó y lamió pausadamente el lóbulo de su oreja, susurrándole entonces unas palabras cuando su mano se entrelazo a la de Malfoy.

Fac ut ardeat cor meum…


6 años antes…

El agua que corría en el lavabo dejó finalmente de fluir cuando Harry fue consciente de que estaba demasiado llena. Observó su reflejo distorsionado que, pese a eso, le mostraba sus mejillas sonrojadas y sus labios hinchados.

¡Por Merlín! ¡Había besado a Draco! ¡Draco Malfoy! Aquel muchacho con el que pensó que ni siquiera alguna vez compatibilizaría. Sin embargo, fue en el Caldero Chorreante donde sus bocas se descubrieron y encontraron. Harry sabía que aquellos momentos donde eran enemigos habían pasado, o al menos, habían crecido lo suficiente como para admitir que, cuando menos, no se atacarían en cuanto se vieran. Pero lo que ahí había sucedido era diferente, mucho muy diferente a cualquier otra cosa.

Porque Harry estaba consciente de que el aceptó y respondió al beso: no había tomado nada para poner la pobre excusa de que no sabía lo que hacía, además él le había pedido a Draco que se sentara junto a él… y el resultado fue ese beso, ese delicioso beso que los unió pero al que separarse para tomar oxigeno, cayó como un balde de agua helada sobre el cuerpo de ambos. La incomodidad se había instalado en ellos y de pronto, Draco se había puesto de pie dando un "buenas noches" entrecortado, dejando solo a Harry, impactado, incapaz de reaccionar…

¡Además, él no era gay! O quizá hasta ahora no lo había pensado. Ginny, su esposa, a quien quería con locura, a quien había desposado, quien le había dado tres pequeños hijos, era una imagen rojiza difusa en esos momentos. Aún tenía el sabor de Draco en sus labios y le fue inevitable el relamérselos. Draco… su colonia cara, su suaves labios…

Harry se mojó la cara. Sabía que aquel beso no olvidaría fácilmente.


—¡Teddy! —Una sonrisa amplia que era adornada por una hermosa cabellera pelirroja, lo recibió en la entrada de la Madriguera. Sintió los brazos de Lily Potter rodearle con ternura y él le respondió de la misma manera, revolviéndole el cabello a ese pequeña hermanita menor suya.

—Hola Lily… ¿no está Harry?

Ella le hizo un puchero infantil.

—¿Algún día vendrás a verme a mi en vez de a papá? —luego añadió con un leve deje de tristeza—. Además, no es lo mismo desde que James y Albus están en Hogwarts. ¿Sabías que Albus fue escogido para Slytherin? ¡Estaba muy sorprendida!

Ted lo sabía. Él mismo estuvo sorprendido al inicio, pero luego de un análisis a sus recuerdos con Albus, creyó saber porqué el sombrero seleccionador lo había mandado a la casa de las serpientes.

—Falta poco para que tú también vayas. Aunque con tu carácter, quizás también vayas a Slytherin —bromeó el muchacho.

—¡Teddy! —reprochó sonrojada la niña.

—¿Teddy? —Ambos voltearon al escuchar pronunciar su nombre. Saliendo de la cocina y limpiándose las manos con un pañuelo, Ginny Potter le sonrió—. ¡Qué gusto verte! ¿Te vas a quedar a comer? Mi madre estará encantada.

—En realidad venía buscando a Harry… pero ya me han dicho que no está… —admitió Ted algo apenado.

—Está en un viaje —ella arrugó su nariz de buen humor, con una manera muy similar a la que Lily tenía—. El Ministerio de Magia me quiere dejar sin marido —rió—. Suficiente ya es con que sea auror.

—¿Sabes si se fue solo? —preguntó curioso.

—Me parece que esta vez sí, pero este próximo lunes regresa. Sólo faltan dos días y vendrá directo aquí, así que si quieres puedes esperarlo junto con nosotros. Como Lily y yo estaríamos solas en casa, él prefirió que durante este viaje nos quedáramos aquí —Se encogió de hombros—. Quizás debería recordarle que no soy tan indefensa.

—¡Mamá tiene razón, Teddy! ¡Quédate con nosotros! —agregó Lily, emocionada.

—Está bien, muchas gracias —dijo el muchacho y observó como la mujer satisfecha se daba la vuelta hacía la cocina para seguramente ir por algo de beber. Ted y Lily caminaron hacía dentro y antes de verla desaparecer en la cocina, el muchacho la llamó. —Ginny…

—¿Sí? —ella se giró unos instantes para verlo. Y Teddy pudo ver un brillo de fugaz tristeza cruzar por aquella maternal mirada que le dedicaba. Se mordió los labios, pensando en lo que iba a decir.

—¿Extrañas a Harry?

Ella abrió sus labios y enseguida los cerró. Las miradas intrigadas del muchacho y de su hija parecían registrar cada minúsculo movimiento suyo. Ladeó ligeramente el rostro y suspiro.

—Quiero mucho a Harry, Teddy. Él es el padre de mis hijos y la persona de quien me enamoré desde niña.

Ted sonrió.

—Lo sé.


6 años antes…

No sabía cómo había llegado a ese lugar. No tenía ni la más mínima idea de porque escogió ese lugar como refugio. Se suponía que después de descansar en el Caldero Chorreante, llegaría a la madriguera donde estaba toda su familia esperándolo. Pero, pese a que quería verlos, se sentía más fatigado y cansado, recordando una y otra vez aquel beso que tuvo con Draco Malfoy la noche anterior.

Su mente había imaginado la irregular casa de los Weasley pero un segundo antes de aparecerse, recordó la curiosa casa de Luna que estaba apenas una colina más allá. Así fue terminó frente a la casa de los Lovegood, frente a su puerta sin animarse a tocar. Ni siquiera sabía si es que Luna estaba ahí, dado su matrimonio con Scamander.

¡Maldita sea! ¿Qué demonios hacía ahí? Luna no tendría las respuestas a sus pensamientos extraños, así que se dio la vuelta, dispuesto a aparecer esta vez en la colina correcta…

—¿Harry?

Volteó. Su amiga estaba preciosa, con aquella sonrisa que parecía siempre ser sincera. Tenía unos aretes extraños que Harry no supo identificar. Al ver que el auror no decía nada, ella añadió:

—¿Te perdiste, Harry? Los Weasley viven más para allá, si quieres yo te llevo…

—¡No! Eh… quiero decir, no es necesario… quería verte a ti, Luna.

Ella asintió y cerró la puerta de la casa, invitándolo a seguirle. Caminaron en silencio durante algunos minutos hasta que llegaron a un río. Luna se sentó sobre una gran piedra a un lado del río y se quitó los zapatos para hundir sus pies pálidos en el agua fría. Volteó a ver a Harry que permanecía de pie, muy cerca de ella.

—¿Qué sucede? —cuestionó de improviso, obligado al Gryffindor a dar un respingo por haberlo tomado desprevenido. La miró con más atención. Sabía que él podía confiar en cualquier persona, que Hermione lo escucharía aunque le regañaría, pero Luna… Luna era diferente. Era la mujer que sentía lo comprendía perfectamente. Existía algo irremediablemente cómodo en hablar con la rubia, en saberse escuchado sin ser juzgado... quizá tenía que ver también con el hecho de que Luna era sincera sin importar que él fuera "El héroe del mundo mágico."

—¿Alguna vez… disfrutaste algo que era… malo?

Ella agitó sus pies en el agua, la cual salpicó levemente, pero siguió observándole.

—Harry, si lo disfrutaste, ¿por qué es malo?

Él se quedó callado y buscó la manera de rebatirle.

—¡Es que… es malo! ¡Hace daño a otros! Es… es… ¡inapropiado!

—¿Cómo una maldición cruciatus o un Avada Kedavra?

—Bueno… ¡No! ¡No tanto así, pero…! Pero lastima a otros…. A terceros. No los tortura o los mata… pero sí los daña mucho.

Luna lo tomó de la mano y lo atrajo para que se sentara en la piedra al lado de ella, algo a lo que Harry aceptó desganado. El río era tan claro que podía ver los pequeños peces que nadaban hacía un lado… entonces, un destello le obligó a cerrar los ojos y abrirlos en pocos segundos.

—¿Qué es eso? —preguntó señalando con atención aquel pequeño destello que había llamado poderosamente su atención.

—Un espejo —respondió con simpleza.

—¿Espejo?

—Sí, un espejo. Hace muchos años que Dumbledore lo dejo ahí al cuidado de mi padre.

Harry encajó las piezas. Se inclinó un poco más hacía el río y vio un reflejo de sus ojos que siguieron el marco del espejo grabado.

—Es… ¿el espejo de Oesed?

—Sí, me parece que le llamaron alguna vez así.

Siguió observando con atención, pensando en la última vez que había visto aquel espejo. Fue durante su primer año en Hogwarts y de eso, ya había pasado bastante tiempo. Sonrió con melancolía recordando aquel primer reflejo que le devolvió de niño: su familia muerta. Después de tanto tiempo, ¿vería aquel reflejo una vez más?

—El más desesperado deseo…

Y Draco Malfoy apareció en reflejo. Harry abrió más los ojos, pálido, asustado. Parpadeó varias veces, pensando que quizás el agua le había jugado una mala pasada… pero no, Draco seguía mirándole desde el espejo.

—¿Ha cambiado?

—¿Qué? —Harry volteó, encontrándose con los ojos intrigantes de Luna. Por un instante había olvidado que estaba con ella.

—El reflejó cambió —No fue una pregunta, fue una certeza—. Y está relacionando con aquello que te trajo aquí.

—Aunque sea así… —aclaró Harry con voz temblorosa, cerrando los ojos. No quería ver—. Existen deseos que no son buenos.

—Harry… —Luna le tomó una vez de la mano—. ¿Le tienes miedo a eso?

Él se cubrió el rostro con la mano libre y asintió.

—Puede ser.

—Se que no dañarías a alguien a propósito.


Acarició sus cabellos dorados, apreciando sus facciones. Ambos, desnudos en la cama, habían optado por no salir de la cama en todo el día, dedicándose a ellos mismos, abrazándose y adorándose en silencio.

—El domingo… —murmuró Draco—. ¿Será todo?

—Así fue… lo que ambos… aunque yo sigo diciendo que…

—Estúpido Gryffindor… —sonrió—. No todos somos como tú o Scamander.

Se acercó a esos labios pálidos, tan necesitados.

—Un poco más… sólo un poco más. Un minuto más.

Un jadeó escapó de sus labios, temblando.

—Egoísta.


5 años antes…

Después de tanto tiempo siendo amigos, Harry se había acostumbrado al rostro inexpresivo que Luna tenía; sin embargo, en ese momento, con ella mirándolos a ambos como si hubiese ganado una vieja apuesta, el moreno se sintió más incómodo que nunca.

—En qué curioso lugar nos encontramos —dijo ella mientras miraba en todo su esplendor una colina de suaves pastos verdes pero carente de cualquier alma humana, a excepción de ellos tres—. Y qué interesante compañía —añadió, mirando de soslayo a Draco.

—No quiero hacer la historia larga, Luna —declaró Harry, tragando saliva mientras sentía cómo la mano del rubio se entrelazaba más a la suya, como si no estuviera seguro de que aquello era lo correcto—. Necesito… deseamos, ambos, que seas la Guardián del secreto… queremos hacer el encantamiento Fidelio.

Los ojos de Luna brillaron y por un instante Harry tuvo la sensación de que ésta lo examinaba de manera similar en la que Dumbledore lo había hecho alguna vez en sus pasados días de adolescencia.

—¿Esconderse? —preguntó, observando sin discreción la manera en la que los dos hombres frente a ella se sujetaban por las manos—. ¿De quién?

—¿Lo harás o no? —respondió repentinamente Draco, hablando por primera vez de que habían llegado a ese lugar—. Te pedimos esto, no dijimos que te daríamos explicaciones… —luego, en voz baja dijo más para sí mismo—…qué tontería.

—Pero… ¿no es obvio desde siempre lo que sucede en ustedes? —Luna sonrió y jugó con el collar que pendía de su cuello sobre su blusa de colores—. Pero sí.

—¿Sí… aceptas? —deseó saber el Gryffindor, emitiendo sus palabras con tono vacilante.

—Es obvio, ¿no? —se encogió de hombros aumentando su sonrisa—. Pero ustedes… ¿ocultarían algo por mí también?

—Claro Luna, ¿es algún objeto?

—Así es… —ella camino y al mirar el cielo, cerró los ojos pensando en aquello que le habían encomendado tiempo atrás—, necesito que guarden el espejo de Oesed.


¡Gracias a Violet Strawberry por el review!

Soy mala :3 MUAJAUAJAUAJAUA

Ya, adoro los rompecabezas y esta historia es algo así. He ido desgranado los detalles poco a poco y la verdad sale lentamente. La razón de cómo llegó el espejo de Oesed a ellos. Como llegaron a Luna, pero aún faltan algunas otras preguntas que aún quedan al aire.

Como he mencionando en este capítulo, han pasado 6 años. Es el aniversario y los recuerdos empiezan a surgir, aunque esta es sólo la parte I y la segunda parte dejará caer más de una sorpresa. Me encantan las tormentas que creo aquí xD

Así que... más MUAJUAJUA.

Muchas gracias por leer. Y más gracias si les nace un review para su humilde escritora y esta historia. :3