Harry Potter pertenece a J.K. Rowling, ya que yo sólo escribo esto por entretenrme, jugar y distraerme. ¡Adoro escribir XD! Pero si alguien decide con todo su amor darme los derechos del mago, seré feliz. MUCHO.


Un secreto de tres

Por:

PukitChan

Día 5 ½: De aniversarios y remembranzas. Parte II

6 años antes…

Durante diez días, once horas y veinticuatro minutos, se las había ingeniado para evitar el tema a propósito. En cuanto su mente parecía querer recordar por su propia cuenta aquella noche en el Caldero Chorreante con Draco Malfoy, Harry se ponía de pie a buscar algo con lo que entretenerse: inclusive en las oficinas del Ministerio, se propuso a acomodar todo el maldito papeleo de cada caso ocupado por el departamento de Aurores; al final del día, entre el trabajo, Ginny y los niños, llegaba a la cama tan cansado que no se tomaba la molestia de preocuparse por despertar a causa de algún sueño con respecto al rubio mago.

Sin embargo, Harry Potter debería haber aprendido que, cuando el destino te escoge de presa, éste tiene un humor negro y retorcido para que caigas en sus caminos.

Después de ese breve período de tiempo, el Gryffindor creyó que todo había pasado. Sin esforzarse en recordar, se repetía a sí mismo —tratando de converse—, que aquello había sido una idiotez, quizá influida por el momento, el lugar o simplemente ni estaba pensando. Más seguro de sus pensamientos, decidió ir al Callejón Diagon en busca de un regalo para Hermione, cuyo cumpleaños se aproximaba; sin embargo, después de algunas miradas en varias tiendas, concluyó que Ginny tenía más imaginación que él para los obsequios, pues lo único que se le ocurría a Harry para regalar era un libro: había crecido viendo a su amiga leyendo y le era imposible no relacionar sus recuerdos de ella con algún tomo polvoriento que parecía demasiado complicado para sostener.

Decidido a no salir del callejón sin algún obsequio, entró a Flourish y Blotts esperando que, cuando menos en ese lugar, existiera algún libro que aún no hubiera pasado por las manos de Hermione. Suspiró al escuchar la campanilla sonar, recordando las tantas veces que había entrado a ese lugar de niño, en busca de sus libros de Hogwarts…

Y ahí lo encontró.

Draco Malfoy estaba a varios metros de distancia de donde él, sin haberse percatado de que Harry había entrado a la librería. El rubio, elegante y masculino, vestía un traje negro hecho a medida y permanecía de pie frente a una columna de libros con uno en mano, hojeándolo. Era el momento ideal para el Gryffindor, ya que podría huir y seguir fingiendo cómodamente que aquel beso entre ellos nunca había pasado, pero sus pies se negaban a moverse. Tembló.

—Señor… ¡Señor Potter, qué honor verlo por aquí!

Se maldijo internamente por pensar que podía pasar desapercibido. Después de tantos años, seguía siendo —para su desgracia— el muchacho que había derrotado a Lord Voldemort, aquel chiquillo que aparecía en los libros que ahora Hogwarts empleaba para la educación mágica.

Obligándose a mostrarse cortés con el viejo hombre que le estrechaba la mano, Harry mostró una sonrisa tensa, respondiendo que buscaba un libro para su amiga Hermione. Aquel vendedor parecía conocerla también, porque asintió varias veces y dijo que encontraría enseguida un libro para ella. Cuando desapareció el vendedor, Harry tragó saliva, nervioso: sabía que era inevitable que Draco no se hubiera percatado de su presencia, sobre todo por el pequeño bullicio que se ocasionó. Un escalofrío le recorrió la nuca cuando sintió una profunda mirada que se clavaba sobre él: ser auror le había dejado la costumbre de estar siempre alerta, percatándose enseguida de cuándo lo estaban vigilando.

—¿Qué opina de estos, señor Potter? —preguntó el vendedor, regresando con seis libros entre sus brazos. En el mostrador, expuso seis libros distintos, todos ellos elegantes y sobrios, pero cuyos temas eran extraños: dos eran de adivinación, por lo cual Harry descartó esos enseguida. A tres más los reconoció de haberlos visto en la biblioteca de Hermione y el último parecía ser más bien una extraña mezcla de libro y piel de algún animal extraño: seguro que a su amiga le indignaba eso.

—¿No tiene otros? —preguntó algo incómodo—. Hermione, sabe, es difícil de complacer en cuanto a lectura.

Los ojos del señor brillaron y asintió, perdiéndose entre el mar de libros que tenía en la parte posterior de la tienda. Harry suspiró una vez más, inclinándose un poco para mirar de lado… seguro que la curiosidad no mataba a nadie… quizás y hasta Draco ya se había ido.

—¿Es para Granger? Te recomiendo éste…

Harry dio un salto un tanto infantil, similar a como reaccionaba siendo adolescente. ¡¿En qué momento Malfoy se había acercado a él, sin que pudiera percatarse?! Pero ahí estaba el rubio, mandando a la mierda sus años como auror, mientras su perfil digno y serio parecía no inmutarse, pese a que su mano estaba estirada con un libro en ella.

—¿Qué?

—Para tu amiga. ¿Te interesa o no? —preguntó con tono cortante.

Harry desvió sus ojos de Malfoy hacía el libro y lo tomó en sus manos. Aquel libro de magia antigua, runas y una cubierta elegantemente diseñada, le encantaría a su amiga y Harry no pudo dejar de pensar que aquel era el tipo de libros que seguramente adornarían una sobria biblioteca en Malfoy Manor. Alzó la vista y se preguntó qué era más extraño… si hablar de esa manera con Draco luego de lo ocurrido entre ellos o que el Slytherin no hubiera mencionando "Sangre sucia" y "Granger" en la misma oración.

—Es perfecto para ella —admitió Harry, con una sonrisa—. Además apuesto a que no lo tiene.

—Es obvio que no —respondió el otro con arrogancia—. No es un libro fácil de hallar.

—Entonces, ¿por qué…?

—Señor Potter… ¿se encuentra bien?

Harry volteó y se encontró con el vendedor que miraba con desconfianza a Draco, quine parecía estar acostumbrado a esa clase de miradas que harían sentir a cualquiera como basura. Pero él era un Malfoy, pensó Harry, y seguramente no dejaba que ese tipo de cosas le hicieran perder su dignidad.

—Buenas tardes —musitó el rubio, lanzándoles una mirada cargada de soberbia a ambos antes de dar la vuelta y caminar a la salida. Harry entendió que aquello no podía, no debía quedar de esa manera, así que señaló el libro que Malfoy le había dado, apresurándose a pagar el precio que el vendedor le dijo entre miradas de confusión.

Le pareció escuchar la campanilla sonar y Harry colocó el libro debajo de su brazo, apresurando el paso. ¿Por qué demonios tenía esa sensación de que debía correr tras él y detenerlo? Esa extraña emoción en su garganta y el nudo en su estómago quizás deberían estarle advirtiendo que esa no era una buena idea… ¿o tal vez era justamente lo contrario? Las intuiciones de Harry no solían fallarle, algo de lo cual estaba agradecido, porque era alguien acostumbrado a actuar y luego a pensar. Justo como ahora… justo como ese momento…

Al abrir la puerta de Flourish y Botts el sol del medio día deslumbro a Harry, quien instintivamente colocó su mano para evitar que los rayos cayeran directamente sobre sus ojos. Su corazón palpitaba con fuerza y su respiración estaba acelerada… ¿a qué se debía aquello? Mordió sus labios, como esperando que alguna mágica respuesta cayera de la nada… pero lo único que a su alrededor sucedía era que, como siempre, el callejón Diagon estaba lleno de gente que iba y venía. ¿Qué se supone que estaba esperando? ¿Qué buscaba con tantas ansias, mirando alrededor? ¿A él? ¿A ese sujeto? ¿A Draco Malfoy?

—¿Se te perdió algo, Potter?

Unas miradas curiosas voltearon hacía ellos: a su alrededor, y Harry sabía que aquello no eran imaginaciones suyas, la caminata de las personas pareció ir más despacio. Draco Malfoy, con las manos ocultas en los bolsillos de su traje, se acercaba a paso lento dirigiéndose hacía él, deteniéndose sólo cuando su distancia era suficiente para dejar en claro que hablaban entre ellos.

—Gracias —dijo en voz alta el moreno. Draco levantó una ceja en respuesta y Harry se dispuso a aclarar—: gracias por el libro. Fuiste de mucha ayuda.

El rubio pareció vacilar una respuesta. Una fugaz mirada a su cuerpo le recordó a Harry que aquella venda disimulada en el brazo de Draco, ocultaba la marca tenebrosa. No sabía porque recordaba justamente eso ahora y no antes. ¿Acaso le daba igual? Era probable…

—¿Eso es todo? —deseó saber Malfoy, impaciente. Cada segundo, cada instante perdiéndose en la mirada verde de Potter le suponía una auténtica tortura por una razón que no era capaz de comprender. Quemaba. Su cercanía quemaba.

Harry se encogió de hombros. ¿Con qué pretexto lo retenía? Aquel no estaba siendo ni siquiera un cómodo momento, sólo un encuentro cortés entre dos hombres que se habían prometido una silenciosa y mutua tregua tras la guerra. Incluso parecían haberse permitido algo que cordialidad entre ambos. Además, lo que pasó fue un simple beso… sólo eso. ¿Verdad? Entonces, sería sencillo decir adiós.

Y, sin embargo, pese a todo eso no pudo dejar de preguntar:

—¿Te gustaría compartir una bebida?

...


...

Teddy Lupin siempre había admirado y querido a su padrino, Harry Potter. Además de su abuela, él contribuyó en gran parte de su crianza. Los Potter y los Weasley eran su familia completa y siempre de ellos recibió todo el amor que cualquier pequeño desearía.

Pero su relación con Harry invariablemente fue más especial que cualquier otra. La camarería que compartían era fuerte, demasiado y Teddy sabía que su padrino, al haber perdido a sus padres siendo niño al igual que él, lo comprendía perfectamente. El auror siempre sació su curiosidad con respecto a cómo murieron sus padres, le enseñó a volar, le acompañó en todos sus viajes a Hogwarts. Incluso le confió secretos que nunca más diría en voz alta.

Y así como Harry procuró con todas sus fuerzas la felicidad de Teddy, él quería responderle de la misma manera.

—Extraño a papá —declaró Lily, apachurrando su bonito rostro en la mesa de madera, jugando con un cromo de rana de chocolate, donde el nombre de Harry Potter y un espacio vacio aparecía. Ted le dio una suave caricia a la mejilla de la niña, quien le mostró su cromo—. ¡No ha aparecido!

—Cariño, seguramente tu padre estará muy ocupado —Teddy miró como una sonriente Molly les hablaba y preparaba con la ayuda de Ginny la cena al mismo tiempo. Él, por su parte, auxiliaba a colocar los platos y cubiertos en la mesa.

—¡Hugo dice que soy una desesperada!

—¿Y no lo eres? —preguntó Teddy, riendo por lo bajo al colocar el plato de Liy, ganándose una mirada cariñosa y enojada por parte de la menor de los Potter.

—Lily, Harry no se fue a un viaje de vacaciones —aclaró Ginny y se acercó a su hija para darle un tierno beso en la frente—. Hace lo mejor para nosotros.

La niña soltó un infantil abucheo que quedó opacado cuando desde la chimenea del salón se escuchó un tronido: sin duda alguien llegaba a través de la Red Flu.

—¿Mamá? ¿Ginny?

—¡Estamos en la cocina, Ron! —respondió Ginny en un grito melódico a su hermano mayor. Lily, que seguía enfurruñada en la mesa apenas desvió la mirada para ver entrar a sus tíos y a su primo favorito: Hermione, Ron y Hugo Wealsey caminaban, todavía con un pequeño rastro de cenizas en sus cabellos.

—Buenas noches —saludó Hermione, dedicándole a Teddy una sonrisa brillante en cuánto lo vio—. ¡Hola Teddy! ¡No esperaba verte por aquí!

—¿Harry llegó antes? —preguntó Ron, mirando a su alrededor pensando que su ahijado estaba ahí para darle la bienvenida.

—Me permitieron quedarme aquí el fin de semana —aclaró el muchacho, mirando con atención el cuchicheo que habían formado Lily y Hugo sospechosamente—. Quiero hablar con Harry.

—¿Pasó algo? ¿Estás bien? —preguntó de inmediato Hermione, acercándose a Teddy para tocarle el brazo, preocupada. Estaba acostumbrado a ver esa reacción en ella, pero repentinamente Ted se encontró preguntándose en silencio cómo era posible que Hermione hubiese ignorado aquellos detalles que a él no le pasaron desapercibidos. ¿Por qué? ¿Por qué el parecía ver aquello y los demás no? Eran esas mismas preguntas las que se hacía cuando decidió mandarle una carta a Luna para confirmar sus sospechas.

—Estoy bien—respondió con una sonrisa, luego de un rato. Hermione levantó una ceja de manera escéptica—. ¡De verdad que lo estoy!

—A veces me recuerdas demasiado a Harry, Teddy —replicó ella y tanto Ron como Ginny se rieron de ello.

Teddy sintió cómo su cabello cambiaba a un tono color rojizo, no brillante como cuando se enfurecía, sino un color bastante más suave pero de esa tonalidad. Aquello ocasionó más risas a su alrededor, provocándole a él mismo una sonrisa.

Era una familia… era su familia. ¿Por qué Harry querría dejar eso?

...


...

6 años antes…

"¿Te gustaría compartir una bebida?"

Harry estaba seguro de que aquellas habían sido sus palabras. También estaba seguro de que Draco había aceptado con un elegante movimiento de su cabeza y que juntos, pese a los cuchicheos de las demás personas, habían empezado una caminata a un destino que Harry tenía asegurado. Incluso mientras tomaban una desviación que Harry conocía para evitar más las estúpidas miradas de los demás —aquellos que no sabían entender que habían cosas que eran mejor dejar olvidadas—, estaba seguro de lo que quería hacer: simplemente hablar con Draco, aclarar entre ambos que aquel beso fue estúpido y continuar cada uno con su vida.

Era un magnifico plan. Brillante, sin complicaciones, directo al punto. Nada podría haber salido mal.

Sin embargo, en algún momento, las piezas del juego habían cambiado abruptamente cuando Draco Malfoy empujó a Harry contra la pared de aquel oscuro y vacio callejón. En otros momentos, podría haber pensado que aquello era una trampa sucia del retorcido Slytherin. Un afán de venganza. Pero la manera en la que su cuerpo se aferró contra el suyo y esa boca suave, se cerró ansiosa sobre sus labios, de inmediato supo que él no había sido el único incapaz de eliminar aquel sabor de sus recuerdos.

Sus manos buscaron el cuerpo de Draco para sentirlo más, respondiendo al beso con una pasión desbordante de la que pudo sólo escapar un gemido cuando Harry sintió algo duro golpear contra su piel. El sonrojo que se acumuló en sus mejillas no fue suficiente persuasivo para convencerlo de alejarse de aquellos adictivos labios. Al contrario, su cuerpo pareció reaccionar ante ese íntimo roce y su entrepierna comenzó a endurecerse.

Entonces, las manos de Malfoy jalaron sus cabellos azabaches y le arrancó las gafas. Quería ver aquellos ojos verdes en su totalidad plenitud, oscuros de la excitación. Los labios de Harry estaban sonrosados y emitían una dificultosa respiración. Jaló un poco más el cabello, examinando así el cuello tibio, el discreto lunar que Potter poseía debajo de la barbilla. Se inclinó y lamió la piel siguiendo la perfecta forma hasta morder la piel del cuello del Gryffindor, que temblaba de placer bajo él, moviéndose insinuante para restregarse en él.

Escuchó un suspiro de placer y Draco supo que aquel plan no había funcionado, sino que al contrario, se había burlado de él y le devolvió el golpe: llegó a pensar que tal vez —sólo tal vez—, si besaba a Harry una vez más, descubriría que aquella emoción que lo embargó la primera vez en realidad no había pasado. Que no había sentido que aquel beso le había robado una parte de sí que ni siquiera sabía que existía. Pero ahora sólo quería tener más del auror, mucho más. Sólo un poco más…

—Vamos a otro lado, Malfoy… —escuchó decir al Gryffindor, ansioso. Había algo en el erotismo de su voz que le provocó a Draco un escalofrío tan intenso que llegó hasta su verga endurecida. ¿Por qué detenerse a pensar si ambos se miraban como si desesperadamente desearan tocarse? No tenían que parar, no debían hacerlo… porque, si por más de tres segundos analizaran lo que hacían, posiblemente se separarían de inmediato.

Pero el calor de sus cuerpos, el delicioso roce de estos por encima de la ropa, su aroma mezclándose, aquella gota de fino sudor que atravesaba sensual el cuello de Harry y, sin duda, la piel blanca de Draco que parecía gritarle desear ser marcada… todo ello los empujaba a actuar imprudentemente. ¿Por qué no hacerlo? Nadie parecía actuar así desde el final de la guerra.

Se miraron a los ojos. Y en un instante, el Slytherin abrazó posesivamente a Potter. Siempre era Potter, su Potter. Sin escucharse más que un ruido vago, ambos habían desaparecido de ese lugar.

...


...

—En realidad nunca me ha gustado mucho hablar del pasado, Harry… —musitó Draco. Ambos, acostados en la cama, abrazados y llenándose de cariñosas caricias hablaban en susurros. En realidad no tenían porqué hacerlo, sin embargo hablar bajo parecía coincidir con los latidos del corazón cuando hacían confidencias—. Es decir, sé que es algo que no cambia. Pero no por eso tienen que estar restregándomelo en la cara cada maldito día.

—Tenemos el mismo problema, Draco —gruñó Harry, acariciando con sus dedos la marca tenebrosa en la piel nívea.

—Tenemos muchos problemas en realidad —añadió Malfoy en una risa apenas audible.

—Pronto…

—Calla —interrumpió Draco, fastidiado—. No es necesario ahora, ¿acaso no puedes dejar de pensar en eso?

—Es posible que no —se sinceró y se acercó para besar su barbilla.

Vive y deja vivir, Potter.

—¿De dónde sacaste un dicho muggle? —rió.

—Un libro que encontré.

La lengua de Harry se deslizó hacía el oído del rubio, respirando pausadamente. Era el momento perfecto… ¿pero no se arrepentiría de pensar que lo era?

—Te amo, Draco.

El rubio sintió un doloroso palpitar en su corazón. Se aferró al Gryffindor y sonrió.

—Te amo, Harry.

...


...

Seis años antes…

No tenía porqué mentir: debajo de su calentura se sentía bastante estúpido. ¿Cómo no estarlo? Sus manos temblaban, sintiéndose algo inepto por no saber demasiado bien qué hacer. Mordió sus labios con fuerza, deseando desesperado probar cada detalle de Harry, absorber y conocer cada parte de su piel, pero… ¿cómo? Sinceramente, era la primera vez que se metía con un hombre. Y parecía que no era el único sintiéndose idiota en esa situación.

Pero Harry Potter era Gryffindor y un hombre obstinado. ¡A la mierda las dudas! No había marcha atrás, porque ni siquiera la deseaba. No sabía dónde estaba porque era Draco quien los había aparecido en ese lugar; pero sabía que estaba oscuro, que era una habitación y por consecuencia lógica, maldita sea, tendría que haber una cama. Sin soltar a Draco lo arrojó contra un suave y blanco colchón que esperaba por ellos. Y ahí mismo, recostado sobre el rubio, comenzó a besarlo y a desvestirlo. Se relamió los labios sensualmente cuando comenzó a sentir cómo el rubio le seguía y empezaba a acariciarlo, atrapando entre sus manos el perfecto culo de Potter, quién se estremeció de manera sumamente erótica.

¿…por qué sería… que el sexo con Draco Malfoy era una aventura tan apasionante?

¿…por qué… cuando despertó… Malfoy fue Draco en sus labios a partir de ese momento?

...


...

—Draco…

—¿Uhmmm? —respondió el aludido, adormilado. —¿Harry?

—La primera vez que hicimos el amor…

—¿Mjm?

—Nunca lo olvidaré.

—Quizás deberías hacerlo… —sonrió.

—No podría, Draco.

—Idiota… —luego de unos segundos, arrullado por las caricias de Harry, añadió: —Yo tampoco.

...


...

Notas de la autora:

Este capítulo en especial disfruté mucho escribiendolo. Será que es porque me gusta desgranar historias. Al inicio, pensaba en dejar caer la sorpresa más grande, pero mientras lo escribía me di cuenta de que aún no era el momento adecuado.

¡Gracias por continuar leyendo esta historia enredada! ¡Estoy muy contenta por ello!

¿Qué pretendí con este capítulo? Mucho a decir verdad, aunque no parezca precisamente eso. Era necesario el "puente" para los siguientes capítulos y este, aunque parezca que no ha avanzando la trama, me parece a mi muy importante, ya que da información muy sutil pero que es importante para la trama. Pero no se preocupen, profundizaré más la relación de Harry y Draco en sus primeros días años atrás... ¡Jejeje! Y más de un sentido, ustedes entenderán. :3

¡MUCHAS GRACIAS POR LEER Y LOS REVIEWS QUE HAN DEJADO! ME HE SORPRENDIDO MUCHO. Gracias a Regina-Ryddle, Violet Strawberry y Adrienne Lupin por los reviews nwn

Por otra parte, he comenzando ya a escribir el siguiente capítulo aprovechando mi insomnio. Les dejaré una pequeña probadita, para que me odien mucho más. xD

EN EL PRÓXIMO CAPÍTULO:

Dí : De la intensidad y la soledad.

—Decisiones… —murmuró con desagrado—. Odio esa palabra.

—¿Acaso serías más feliz si no las tomaras?

Él parpadeo, como si aquella pregunta le hubiese sorprendido pues era exactamente lo que pensaba.

—A veces no son necesarias —respondió melancólico—… a veces, sólo tienes una opción…. Tal vez me hubiera gustado tener la oportunidad de elegir entre dos caminos diferentes.

—¿Y si así hubiera sido?

Sus ojos brillaron.

—No tendríamos que forzarnos a tomar esta decisión.