Buenas noches ^-^ Esta semana actualicé antes de tiempo, agradezcamos a que había adelantado en el fin de semana parte del nuevo capítulo y también a un profesor que nos dejó una hora libre xD
Un Secreto de tres
Por:
PukitChan
«Sólo un poco más… un minuto más…»
Día 5 - 9¾: De la intensidad y la soledad.
"Decisiones." Qué palabra tan estúpida. ¿Quién la necesitaría? ¿Por qué alguien tendría que emplearla y hacer uso de ésta para desgranarla? Además… ¿la decisión no podría ser fácilmente confundida por la cobardía…?
—Te odio… —susurró una masculina voz mientras sus labios pálidos se deslizaban por la espalda morena, recorriendo el camino húmedo de su columna, notado cómo su piel se erizaba ante el tibio contacto de su aliento—. Te odio tanto, Potter.
El aludido no respondió no porque no quisiera sino porque no podía: sus ojos y boca se encontraban cubiertos por una venda de seda que impedían cualquier visión o ruido que no fuese más allá de gruñidos y jadeos distorsionados. Sus manos estaban firmemente atadas por las muñecas y las sentía ya adoloridas, como si éstas estuvieran faltas de una correcta circulación.
Arrodillado, Draco abrió sus labios para morder la piel de Harry. Sus dedos se aferraron a aquella cintura mientras su lengua se animaba a recorrer la redondez de sus glúteos. Se alejó un momento para observar cómo el auror temblaba de placer ante sus caricias e intentaba con desesperación frotar su miembro goteante e hinchado contra lo más cerca que estuviera.
Sonrió con malicia cuando sus manos se deslizaron para separar sus nalgas, hundiendo un dedo en medio de éstas. Harry estaba húmedo, muy lubricado luego de lo recién habían hecho apenas un rato antes. Se habían prometido mutuamente que ese día, ese maldito día, harían el amor hasta desfallecer y así lo estaban cumpliendo. Dormían y en cuanto sentían que las fuerzan regresaban volvían a joderse el uno al otro. Le había parecido que en algún momento habían probado alimento pero, francamente, ahora eso era lo de menos, porque Harry Potter gemía para él cada vez que su dedo lo acariciaba por dentro.
Salazar, no podría contar cuántos orgasmos había tenido sólo de recordar aquella voz, sediento de sexo en Malfoy Manor, encerrado en el baño más alejado de la vista de Astoria y su hijo. Porque si en algún momento del pasado el torpe primer beso del Gryffindor lo había dejado sin aliento, tomar y dejarle apoderarse de su cuerpo se había convertido en algo que iba más allá del razonamiento. Alucinante… no, no había forma de describirlo, afortunadamente, pues los sensuales movimientos de Harry, aquellos momentos en los que el auror se montaba sobre él y no paraba de gemir su nombre… ah, esos deliciosos momentos sólo eran de ellos.
—¿Recuerdas, Potter? —gruñó con la voz ronca, hundiendo un segundo digito en el trasero del otro—. De esta manera te exploré aquella primera vez hace seis años… —se relamió los labios—. Así fue como comenzaste a ser mío… yo abriéndote y tocándote… y tú, caliente deseando tragar todo de mí… así como ahora.
El moreno se removió, arqueando gloriosamente su espalda, lleno de un placer que parecía corromperlo completamente. Draco, siempre era Draco. Y por supuesto que recordaba aquel momento, años atrás, cuando se arrojó sobre él para desnudarlo, rogándole vergonzosamente con la mirada que lo follara…
Y el rubio en esa ocasión tomó una decisión de la misma manera en la que ahora lo hacía: hizo el amor con Harry como nunca lo había hecho con nadie, dejándose llevar por el deseo carnal de poseer a Potter, de finalmente hacerlo suyo, tomarlo entre sí y dejarlo sin aliento. Nunca supo cómo fue que terminó deseándolo, con esa intensidad quemante que parecía sofocarlo. El ahogar sus labios en los otros ya no le era suficiente… y pronto, muy pronto, se vio deseando más de Potter, más… sólo un poco más.
—Te odio, Potter —jadeó, explayando su pensamiento una vez más—, te odio por hacerme necesitarte…
...
...
6 años antes…
Agitado, Draco dejó caer su cuerpo sobre la cama. La respiración que le acompañaba era irregular y su cuerpo aún vibraba de placer, presa del más intenso y delicioso orgasmo que acababa de vivir. El aroma del sexo flotó hacía él, y entonces escuchó otra respiración tan agitada como la suya: inhaló de manera sutil, sin poder evitar que una sonrisa se dibujara en sus labios.
—Por Merlín… —exclamó, para sorpresa era su propia voz la que escuchaba. Pero el rubio no se detuvo y continúo hablando—…follé a Harry Potter.
—Aún sigo aquí, ¿sabes? —resopló en contestación abriendo sus ojos verdes para desviarlos hacía el rostro tranquilo y satisfecho de Malfoy. Y aún en esa situación, el rubio conservaba una gracia elegante que sólo podría venir de la elegante familia a la que pertenecía.
—¿Me vas a decir que no es cierto…? —cuestionó, girando el rostro para verlo.
Otra vez. Ahí estaba otra vez ese latido demás que emergía cuando sus miradas se encontraban vacilantes, curiosas pero al mismo tiempo llenas de una ansiedad que ni siquiera podía ser posible. ¡Maldita sea! Estaban actuando como los mocosos que alguna vez habían sido, siendo cobardes pero impulsivos. Temiendo, pero deseando que todo sucediese.
¡Y demonios! Estaban sus familias: ya no eran los chiquillos de Hogwarts que peleaban por cualquier tontería. Se suponía que ambos estaban casados: el anillo en el dedo anular y las fotografías en movimiento que cargaban en alguna parte de sus abrigos abandonados, lo confirmaban. Pero se habían acostado y joder… lo habían disfrutado.
—Estamos pensando lo mismo —señaló Draco, apenas parpadeando.
—¿En qué tenemos… familia?
El rubio asintió.
—Pero… —reflexionó Harry, luego de un breve momento de silencio— no deja de ser curioso que pensemos en nuestras familias, pero no nos hayamos arrepentido aún de lo que hicimos.
Una mirada divertida, curiosa y asombrada le hizo pensar a Harry que Draco no creía que estuviera pronunciando esas palabras. De hecho, ni siquiera el mismo Harry creía que estuviera hablando de esa manera con el rubio, con tanta tranquilidad, como si no cayera en cuenta de qué habían hecho. O más bien era pura y simple negación; sin embargo, si de algo estaban seguros ambos es que en cuanto se incorporaran de esa cama, toda esa magia desaparecería dándole paso a una cruda realidad donde ambos se habían vuelto unos traidores. Pero ahora vivían en una incredulidad que podría haber ofendido a cualquier otro que hubiese presenciado todo lo que realizaron en esa cama.
Sin desear seguir mirando a Malfoy, Harry se inclinó hacía un costado de la cama, llamándole la atención aquel libro comprado que el Slytherin le había sugerido. Lo tomó entre sus manos sin entenderle del todo al título pues éste estaba escrito en la simbología de las runas. Inquieto, y sólo por hacer algo para evitar desviar su mirada una vez más hacía el rubio, abrió el libro: en la esquina superior derecha de la segunda página estaban escritas unas letras que si bien Harry pudo leer no les halló el significado hasta que Draco se incorporó y lo abrazó por la espalda.
Las manos pálidas recorrieron sus brazos y se posaron sobre sus manos, sosteniendo así el libro. Cerró sus ojos al sentir el cuerpo ajeno unirse al suyo, transmitiéndole ese dulce calor corporal Las caricias del cabello rubio platinado le propiciaban diminutas caricias que le provocaban escalofríos. Y entonces, esa tibia respiración en su oído le hizo soltar un suave jadeo.
—Fac ut ardeat cor meum… —leyó Draco en un sutil siseo en el oído del auror. —Haz arder mi corazón, Harry…
Los dedos de ambos se entrelazaron. Con parsimonia, Harry ladeó el rostro para permitirle a Draco el acceso que tanto buscaba a sus labios, gimiendo cuando las lenguas se acariciaron, transmitiéndose mutuamente aquella necesidad.
—Draco….
...
...
—Creo… —susurró—. Creo que yo también comienzo a odiarte, Malfoy.
Escuchó la risa maliciosa del Slytherin a sus espaldas, preguntándose —y no por primera vez—, en qué momento había comenzado a sonarle atrayente. Las manos hábiles del otro creaban perfectos círculos en su trasero cuando el pene de Draco le arrancó otro suspiro al ir más dentro.
—Claro que me odias, Potter —contestó jadeante, mordiéndole un hombro—. Tienes que odiarme también.
Los labios de Harry se contrajeron con fuerza. Dolía, maldito Malfoy. Pero a pesar de aquel punzante sufrimiento, quería más; deseaba que el rubio lo rompiese totalmente, que lo lastimara lo más que pudiera… ah, si tan sólo esas cicatrices no se desvanecieran…
—¿Tengo que…?
—Debes hacerlo —ordenó, firme, autoritario. El Gryffindor se inclinó hacía atrás, elevando su cuerpo sólo un poco para sentir más los deliciosos movimientos de Malfoy, pero éste volvió a tomar su cuerpo, presionándolo para que permaneciera quieto. —Toma la decisión de hacerlo.
"Decisiones…" Algunas palabras deberían ser prohibidas.
...
...
6 años antes…
Harry se descubrió sorprendido cuando apareció en la orilla de un acantilado junto a Draco. No habían intercambiado más palabras de las necesarias luego de su encuentro sexual, pese a que habían quedado de inmediato en acuerdo en aparecer en algún lugar lejano.
El viento marino golpeó su rostro atractivo, olfateando ese aroma salado que de alguna manera parecía relacionar sus recuerdos con los del rubio. Sin decir nada, Harry se acercó al otro, levantando sus manos para arreglarle el estúpido saco a la medida, aquel que él mismo le había arrancado horas antes, maravillándose de la resistencia de la tela ante un ataque de lujuria como ése.
Draco, mudo —no sabía si de la sorpresa o de aquel extraño deseo de que Harry hiciera eso todas las mañanas— se limitó también a mirarle. Era un par de centímetros más alto que el moreno, de modo que la visión que obtenía de él era amplia y bastante única, se dijo mentalmente, pues estaba seguro de que Harry no se pasaba acomodando la ropa de otros precisamente cuando la suya era un caos completo.
—¿Qué es lo que vas a hacer? —preguntó, cómo no, Harry. Su voluntad Gryffindor incluso se hacía notar en momentos como esos, acelerando el inevitable final que acontecería, portándose valiente ante ello y Draco lo supo cuando esos ojos verdes se alzaron para verlo con firmeza… Potter estaba dispuesto a asumir todas consecuencias de sus actos.
Pero Draco no pertenecía a la casa escarlata con dorado.
—¿Qué es lo que esperas de mi luego de esto, Potter?
—No se supone que desvíes tus respuestas —murmuró, alejando sus pasos y cuerpo de Draco, quien reprimió el impulso de atraparlo.
—¿Entonces? —levantó una ceja de forma escéptica.
—¡Maldita sea, Draco! —explotó Harry, harto. Estaba cansado de fingir que no se sentía atraído de Malfoy, pese a que sólo habían compartido un par de horas, fastidiado de ignorar a la vocecita burlona en su cabeza que le gritaba que aquella noche que compartieron no había sido sexo… había sido más.—. ¡Toma de una buena vez una puta decisión!
El moreno agarró la solapa del traje del Slytherin, la misma que instantes antes se encontraba arreglando. Lo observó y sus ojos destellaran en una furia mal contenida. No midió sus acciones, como nunca solía hacerlo: sólo levantó el puño y sin más golpeó el perfecto rostro del rubio, quien sólo se balanceó hacía atrás por la fuerza del auror. Inmediatamente el sabor metálico de su sangre empapó su paladar, más no se atrevió a responder, pues estaba demasiado aturdido por ello.
—Sólo di qué vas a hacer. ¿Contarlo al Profeta? ¿Olvidarlo? ¿Quizás arruinar a mi familia por ello? —preguntó el moreno, entrecerrando sus ojos.
Draco retomó su digna postura y caminó hacía el auror. Había hecho eso tantas veces que sólo hasta ahora experimenta el sabor amargo de tener a Harry tan cerca y no querer soltarle. Pero había tardado demasiado, pues los años habían pasado y ya no eran esos niños, apenas unos adultos, que podían jugar con su destino como quisieran pues parecía que en medio de la guerra, nunca iba existir siquiera. Ya no estaban pensado qué hacer cuándo fueran mayores porque ya lo eran.
Draco tomó el brazo izquierdo de Harry cerrando el puño alrededor de éste, claramente con la intención de una venganza. En un acto reflejo, el moreno sacó su varita y señaló con ésta la frente nívea.
—Suéltame —musitó con frialdad, pero el brillo en los ojos del rubio no le dejó añadir más.
—Sé mi amante, Harry.
Todos tomamos decisiones.
...
...
El rubio deslizó sus manos, soltando el cuerpo de Harry, quitándole las vendas. El moreno, entre jadeos y punzadas de dolor gruñó cuando finalmente sintió su cuerpo descansado suavemente entre las sábanas de la cama. Y con la misma devoción con la que le había hecho el amor a Harry, ahora besaba cada detalle de su cuerpo con ternura, sanándolo pausado, siendo respondido con suspiros y asentimientos de que se encontraría mejor en breves momentos. Sólo necesitaba tenerlo cerca… sólo un poco más cerca…
En lo alto de la pared, un reloj mágico movió su manecilla más grande, la cual ahora recitaba: "Penúltimo día." El pequeño sonido de este movimiento, atrajo la atención de ambos, que miraron el reloj en silencio.
—Cada vez más cerca de esa decisión —comentó Draco.
—Decisiones… —murmuró con desagrado el otro—. Odio esa palabra.
—¿Acaso serías más feliz si no las tomaras?
Él parpadeo, como si aquella pregunta le hubiese sorprendido pues era exactamente lo que pensaba.
—A veces no son necesarias —respondió melancólico—… a veces, sólo tienes una opción…. Tal vez me hubiera gustado tener la oportunidad de elegir entre dos caminos diferentes.
—¿Y si así hubiera sido?
Sus ojos verdes brillaron.
—No tendríamos que forzarnos a tomar esta decisión.
Draco, entendiendo a qué se refería Harry, pasó su mano por los cabellos azabaches tan suaves como no parecía a simple vista.
—¿De verdad…? Era inevitable llegar a esta conclusión, ¿no crees?
—Quizás no —concluyó con una sonrisa.
...
...
El fuego de la chimenea parecía crujir entre tanto silencio, uno que aún resultaba extraño en la casa de la familia Weasley, sobre todo cuando todos los nietos de Molly y Arthur habían llegado a ampliar la felicidad. Él no había vivido ahí, pero creció en ese lugar que era su hogar como en algún momento la Madriguera también lo fue para Harry.
Y ahora Teddy, acurrucado en el sofá mullido y cómodo, sin pasar frío, sólo observaba el fuego que se reflejaba con belleza en sus ojos. Se preguntaba si en algún momento su padrino haría su aparición a través de la chimenea como cuando de niño le pedía ayuda… incluso cuando fue mayor para pedirla, Harry siempre acudió a él cuando le necesitaba.
Si tan sólo… si tan sólo pudiera olvidar de su mente aquel momento en el que, meses atrás, vio a su padrino caminando en el mundo muggle. Teddy había llegado ahí buscando un regalo para Victoire, uno original; nunca se planteó que ahí encontraría a quién también había sido su padre.
Intentó acercarse a él para saludarlo, lleno de curiosidad hasta que notó que Harry extendió su sonrisa y agitó su mano, saludando claramente a alguien, alguien que al parecer le esperaba en el frente de una tienda. Alguien a quien Ted no conocía, pero a juzgar por su apariencia, era un muggle mayor. Eso tendría nada de sorprendente a decir verdad, pues su padrino había sido criado por muggles y al ver que estaba entretenido platicando con ese hombre, Teddy decidió que no tenía porqué molestarlos en ese momento, después de todo, esa misma noche iría a cenar a la casa de los Potter.
Sin embargo, antes de continuar su búsqueda, se detuvo para darle un vistazo más a su padrino: el anciano hombre que lo acompañaba le sonreía con ternura paternal, asintiendo y entregándole una pequeña caja que Harry sostuvo con emoción. Al parecer, le dio al hombre dinero y Teddy concluyó que aquel anciano le había vendido algo. Dio un paso más.
Su padrino nunca se dio cuenta de que Teddy lo observó aquel día. Tampoco se percató de que su ahijado vio la emoción en sus ojos cuando abrió una pequeña caja y contempló con cariño un anillo adornando con un diamante esmeralda con forma de serpiente.
…tampoco supo que Teddy, unos días después de eso, compró el diario el Profeta y encontró con sorpresa, una fotografía de Draco Malfoy que fue normal para todos menos para él, pues observó cómo, al saludar a un miembro del ministerio, Draco en su mano izquierda, traía puesto en el dedo índice un anillo tallado con forma de serpiente.
—¿Teddy?
El muchacho, sacado a la fuerza de sus pensamientos, observó cómo Hermione se acercaba a él, con un libro en brazos.
—Hola Hermione —saludó sonriente, bromeando pues apenas se habían dado las buenas noches—. ¿Vienes a leer?
Ella sonrió y negó con la cabeza, mostrándole a Teddy un elegante libro que a juzgar por el título incomprensible, era de runas antiguas.
—Harry me regaló este libro hace algunos años —comentó ella, animada—. Es de mis favoritos y la verdad no me separó mucho de él, pero Harry antes de irse, me lo pidió prestado, diciendo que quería ver una imagen. Seguro es por un caso en la oficina.
—Entiendo —dijo Teddy asintiendo, tomando el libro que Hermione le extendía. Lo hojeó un poco, sin duda parecía muy interesante. Volvió al inicio y su atención fue atrapada por las palabras que sí alcanzaba a leer. —Fac ut ardeat cor meum… —recitó. Hermione suspiró y sonrió.
—Haz arder mi corazón.
...
...
Algunos datos que dice la escritora:
-Sobre la frase: "Fac ut ardeat cor meum" proviene del Latín y significaría: "Haz que arda mi corazón" como lo manejo en el fic, es por cuestiones adaptativas, ya saben xD.
-Sobre Teddy... me gusta que este muchacho se fije en detalles que sólo le toca apreciar a él XD
He estado retomado algunos detalles, pero como podrán comprobrar, me temó que tengo la manía de meter pequeños detalles que parecen no importar, pero que de repente aparecen para fastidiar la existencia xD, uno de ellos es el libro que Harry le regaló a Hermione en el capítulo anterior con la ayuda de Draco x3 y que en este capi vuelve a hacer una aparición... y que seguirá haciendolo ;)!
Bueno, eso. Cualquier duda, comentario, queja, maldición, Avada Kedavra, a un review de distancia. ¡Muchas gracias! *0*!
