:) Nada. Quiero usar de pretexto este espacio para hacerle de emoción. JAJAJA.
Harry Potter pertenece a J.K. Rowling... sólo juego un ratito con ellos. ¿Alguien me donará los derechos?
Un secreto de tres
Por: PukitChan
—Nos vemos.
—¿Qué quiere decir "Nos vemos"?
—Es una palabra de despedida. Significa: "Encontrémonos de nuevo."
Día siete: De encuentros y despedidas.
En lo alto de la chimenea, colgado y siendo el único objeto que había permanecido lejos del desván, el reloj rezaba en un conjunto de letras desiguales "Último día"
Por un instante, cuando Harry salió del baño todavía con gotas de agua escurriendo por su cabello, tal como había llegado al inicio de la semana, sintió que el oxígeno había olvidado entrar a sus pulmones para permitirle seguir respirando; sin embargo, nada de eso podía ser posible, ya que el único responsable de que le faltara el aliento era él mismo al contener la respiración.
Todo se debía a la visión de una casa vacía, donde los rayos del sol vespertino entraban inclementes para mostrar la ausencia de todo lo que había sido parte de su mundo. Y aún, pese a eso, casi podía palpar en el ambiente los rastros de la magia de Draco que inundaban en el lugar. Con tristeza, a su mente llegó el pensamiento de que, pese a abandonar el sitio, un vestigio de ellos quedaría enterrado ahí para siempre. Tal vez no muebles, quizá no imágenes, ni siquiera el más mínimo rastro de la vida que forjaron juntos… pero algo, existía algo que quedaría ahí por siempre… podría ser lo que intentaban dejar atrás. ¿Amor, sería ese algo?
Apretó sus labios, relamiéndolos al sentirlos repentinamente resecos. Sino conociera de sobra aquella casa, él mismo trataría de destruirla… pero ni siquiera eso se sentía capaz de hacer. Deseaba que estuviera ahí, como el testigo de aquellos años, todos esos momentos que pasaron fueron reales y no sólo una burla cruel de su imaginación.
—Harry —la voz de Draco que hizo girar. El rubio tenía una toalla pequeña sobre su cabeza y estaba secando los últimos vestigios de agua, luego de la ducha que tomaron juntos. La tela camisa se ceñía celosamente a su piel, como si por una sádica broma, Draco hubiera decidido no secarse del todo para que Harry tuviera celos de aquella ridícula tela que sí podía tocarlo. Frunció el ceño.
—¿Estás seguro? —aquella pregunta temerosa surgió de los labios de Harry, sin saber en qué momento su boca se había abierto por su propia cuenta. El Slytherin le observó entrecerrando los ojos, como tratando de decidir porqué le hacía esa pregunta.
—No tenemos que hablar más de esto, Potter —espetó, desapareciendo la toalla de sus cabellos platinados—, porque la decisión la tomamos… juntos.
—No quiero pelear —se apresuró a aclarar el auror—. Sólo no quiero…
—¿…arrepentirte? —completó la oración, con los ojos en blanco—. Es un poco tarde, ¿no crees?
—Aún no —aseguró Harry, observándolo fijamente, con esa mirada que tantas veces había hecho que Malfoy se sintiera expuesto ante él. Mordió su labio inferior y sobó el puente de su nariz, levantando un poco las gafas. Luego, como si quisiera recordárselo a sí mismo, repitió: —…aún no.
Draco se acercó unos pasos, envolviendo el cuerpo de Harry entre sus brazos, levantando una mano para hundir sus dedos entre esos cabellos azabaches, oliendo su aroma a limpio, percibiendo la piel, el cuerpo de un hombre que trabajaba como auror. Era como sentirse en un abismo a punto de ser arrojado en éste, mirando sólo el vacío en el que suponía que tenía que caer.
—Estúpido —musitó en su oído—. No seas cobarde ahora.
—No lo soy—exclamó, aferrando ambas manos a la espalda del rubio—, joder Malfoy, ni siquiera podría pasar por mi mente lo que vamos a hacer.
—Si sigues así de llorón y quejica, te arrojaré un obliviate, Potter.
—Pedazo de idiota… —reclamó, ocultando su rostro en el hombro del rubio—, ¿quién crees que soy, que dices que lloro? No tienes que hechizarme por compasión. No necesito olvidar nada.
—¿No sería mejor olvidarlo? —preguntó, riendo amargamente—. Maldita sea, pensaba que se supone que por eso estamos haciendo esto.
—A eso se le llama crueldad, Malfoy…
Draco bajó la mirada, sintiendo cómo Harry se removía debajo de sus brazos. Tal vez él sí quería olvidar, borrar de su memoria aquellos seis largos años que pasó junto con Potter, con sus altibajos, con sus momentos inadecuados y otros excitantes. Pero pensó que, la razón por la que el auror no quería olvidar se debía a que olvidar no significaba necesariamente dejar de sentir…
oOoOo
6 años antes
¿Por qué razón había aceptado? ¿Acaso era idiota? Suficientes problemas eran ya con ser el maldito niño elegido, como para aumentar más a la carga. Joder, si alguien lo descubría. ¿Cómo iba a explicarlo? ¿Qué iba a decir? ¿Qué estaba bajo la influencia de imperius? ¡Harry, Harry! Lo único que le faltaba era arrojar su cara contra la mesa donde sus dedos tamborileaban torpes a un ritmo desigual.
Tal vez debería irse. Podría tomar sus cosas y abandonar aquella inapropiada cita, en aquel ridículo lugar. ¡Cómo si Draco Malfoy realmente fuese a llegar a un bar muggle! Seguramente todo aquello era parte de un plan para dejar avergonzado a Harry, sentando ahí como idiota, mientras esperaba nervioso, cual tonta colegiala enamorada. ¡Vamos, que no era eso! Lo mejor que podía hacer era tomar de un solo trago su bebida, incorporarse e irse de ahí, directo a su casa. Lejos de todo, muy lejos de aquella soberana tontería…
¡Pero qué buenísimos consejos se daba! Sólo tenía que hacerles caso. ¡Claro! Como si alguna vez en toda su maldita vida, Harry James Potter le hubiese hecho caso a su ser racional…
—Disculpa la tardanza —una voz suave, pero indudablemente masculina, le hizo saltar en su asiento tan ridículamente, que se sonrojó. Para su fortuna, el dueño de aquella voz en ese momento se estaba quitando su elegante abrigo, colocándolo en el respaldo de la silla que arrastró para poder sentarse. Harry le observó moverse, la manera en la que ese suéter gris marcaba su cuerpo y ese cabello dorado que apenas estaba salpicado por unas diminutas gotas que parecían ser los restos de una ligera llovizna. Ahora estaba sentando frente a él, mirándole con sus ojos grises, intensos. Draco Malfoy.
—Pensé… —murmuró Harry, y no estaba seguro de porqué esas palabras eran las que estaban brotando de sus labios—, pensé que era una broma de mal gusto.
—¿El qué? —cuestionó Draco, levantando una ceja mientras estiraba la mano para rozar los dedos del moreno al arrebatarle la bebida, sintiendo cómo el caliente líquido lastimaba su garganta helada. Aquel roce le había causado una descarga eléctrica.
—Esto. Aquí. Nosotros —explicó, sintiéndose repentinamente muy tonto.
—Qué elocuente —se burló Malfoy—. ¿Quieres decir que seamos amantes?
—Sí —respondió envalentonado Harry, sin saber de dónde había surgido aquella voz tan decidida. Eso hizo que Draco se relamiera los labios. Merlín, ese hombre era exquisito, capaz de calentarlo con una sola mirada.
— No bromeaba cuando te pedí esto.
—Ni yo cuando acepté, Malfoy.
—¿Entonces cuál es el maldito problema?
Harry abrió los labios, sin pronunciar nada, aunque tampoco es que le permitieran seguir hablando. Draco se había inclinado por sobre la mesa y de alguna manera, aquella boca alcanzó la suya.
oOoOoOo
Entrelazaron sus manos lentamente mientras sus labios se devoraban con vehemencia. Sus lenguas eran una mezcla de fiera pasión que poco a poco fue cediendo paso a la ternura, a las caricias tiernas de sus bocas y manos, a jadear el uno sobre el otro, mirarse y ordenarse seguir hasta el oxígeno fuese absolutamente necesario. Temblaban de placer, separándose sólo para verse a los ojos, aquellos verdes tan profundos y esos intimidantes ojos grises donde, de alguna forma u otra, supieron hallarse mutuamente.
—¿Estás listo? —cuestionó Draco en voz baja, juntando su frente a la de Harry, sosteniéndolo por las mejillas. Por Merlín, ahí estaban sus ridículas gafas que, ni siquiera después de tantos años, habían conseguido desaparecer.
—No —respondió y ambos rieron bajo ante la sinceridad de la respuesta.
—Yo tampoco lo estoy. Aún no.
—No creo que algún día lo estaremos.
—En eso tienes razón, Potter. Qué sorpresa. Hasta podría decir que eres inteligente.
—Cierra la maldita boca, Malfoy. Mejor úsala para algo más productivo.
—¿Cómo follarte la polla?
Harry se acercó una vez más, lamiéndole sensual los labios.
—Imbécil… —musitó, mordiendo la delicada piel del labio inferior.
—No creo que me veas así. Por eso te gusta partirme el culo.
—¿Quién diría que un Malfoy tendría tan sucio vocabulario?
—Sí, bueno… tú también eres una caja de sorpresas.
Un golpe resonó. Ambos lo reconocieron y se separaron sólo para mirarse a los ojos, distinguiendo tal vez angustia y hasta tristeza en la mirada. Sus manos se aferraron con más fuerza mientras, tras una prologando respiración, ambos abrieron la puerta.
—Bienvenida.
Luna Scamander los miró a ambos durante unos segundos que a los otros les pareció interminable. Asintió en silencio la rubia, adentrándose en la casa cuando le dieron permiso, apenas sorprendiéndose de que ésta vacía de cualquier objeto, regresando a la antigua apariencia con la que contaba, cuando seis años atrás la había encontrado por su cuenta. No pudo dejar de sentir un dejo de melancolía que apenas se notó en su rostro distraído.
Se colocó en medio de lo que alguna vez habría sido la mesita de estar y observó las manos entrelazadas, terminando lo que habían iniciado exactamente como la primera vez que acudieron a ella: juntos.
—¿Están listos?
No preguntó si estaban seguros de su decisión. No tenía caso. A su parecer, a pesar de aquello era una soberana tontería, no les pensaba replicar de alguna manera porque después de todo, Luna Scamander sabía, como siempre lo había hecho y creído, que las cosas por sí mismas caían en el lugar adecuado cuando era conveniente… y quizás hasta esa decisión era lo mejor que podrían hacer en esos momentos.
—Lo intentamos —contestó Harry, ganándose una sonrisa de parte de la rubia. Ella simplemente tomó la varita que estaba detrás de su oreja y la agitó, como si deseara quitarle el polvo. Sonrió con ternura cuando levantó, y señaló a Harry y a Draco con su mano libre.
El moreno fue el primero en suspirar y, sin soltar a Draco, colocó su izquierda sobre la de Luna, seguido instantáneamente después de la mano de Malfoy. Los tres se miraron a los ojos cuando la mujer, murmurando unas palabras, rodeó con la punta de la varita aquella unión de palmas.
—En el mismo día de hace cinco años exactamente ustedes vinieron a mi, pidiendo ser la Guardián del Secreto —murmuró. Ellos asintieron—. El círculo se ha roto… ¿Están de acuerdo?
Malfoy miró a Harry firme, pese a que sus labios temblaban. Algún jadeo se oyó.
—De acuerdo… —exclamó Harry.
—De acuerdo… —musitó Draco.
Un resplandor cubrió la casa con un brillo que pareció cegarlos durante un instante. Un dulce tintineo sonó como la exclamación más dulce del mundo en sus oídos y segundos después, una lluvia de brillos cayó alrededor de ellos. Harry sintió un golpe propiciado por nadie había ataco su estómago, pero la mano de Draco, que apretaba la suya, fue la que le impidió caer.
Para cuando logró mirar nuevamente a los ojos de Luna, ella no sonreía. Enseguida se sintió desprotegido, la magia que rodeaba la casa había desaparecido.
—El encantamiento Fidelio —declaró ella con suavidad y quizá hasta con ternura—, se ha roto.
Ella hizo algo que ninguno de los dos esperaba. Cuando soltó sus manos, Luna se inclinó y rodeó con sus pequeños brazos a los dos hombres desconcertados que estaban frente a ella. Se puso de puntillas para besar sus mejillas y al alejarse, negó varias veces, riendo.
—Tontos.
Dio la media vuelta, apenas haciendo un gesto de despedida, antes de desaparecer con la misma rapidez con la que había llegado. Harry le agradeció mentalmente aquello, sabía que Luna lo había hecho con la esperanza de dejarlos solos. A los pocos segundos, sintió una furia inmesa contra ella. ¿Por qué tenía que hacerlo tan rápido? ¿Acaso…? ¡¿Acaso no podía darles unos minutos más? ¡A su lado, podrían estar juntos un rato más!
Sólo un poco más…
En un gemido profundo que le robó el aliento a Draco, el Gryffindor notó como la noche caía a su alrededor. La luz, a media que se consumía, parecía irlos tragando en una densidad donde Harry temía que si soltaba sólo un poco a Draco, éste se perdería para siempre.
—Podríamos… irnos hasta mañana —exclamó Potter en un susurró que estremeció involuntariamente a Slytherin; sin embargo, algo en el brillo de esos ojos grises que tanto amaba, le dieron la respuesta antes de ser pronunciada.
—No.
Cortante, punzante… dolorosa… así fue esa respuesta cargada de frialdad. Pero, Merlín, esos ojos… parecían suplicarle justamente lo contrario. Temblando, Harry levantó la mano para posarla en la mejilla suave, tibia… ajena. Lento, ladeó la cabeza para rozar sutilmente esos tersos labios que sabía, lo acompañarían hasta su muerte. Si tan solo pudieran estar un momento más así…
Draco, quien había iniciando tantas veces aquellos roces pasionale,s fue el primero en alejarse. Tomó lo hombros de Harry, separándolo de él, con un esfuerzo que no se notó en ese maldito rostro tan perfecto. Siempre tan él, siempre tan dispuesto a ocultar sus sentimientos bajo aquella mascara de frialdad digna de Slytherin…
Y también ahí estaban, esos ojos esmeralda, gritándole lo que sentían. Aquella barba que siempre le producía cosquillas cuando lo rozaban. Ese estúpido lunar que siempre le había gustado. Esa sonrisa que siempre lo desarmó.
Lo odió. Lo odió tanto.
—Adiós, Potter.
Volvía a ser Potter, ese apellido escupido con desprecio por esos labios.
—Adiós, Malfoy.
Él volvía a ser el arrogante Malfoy.
Y sin atreverse a mirar a Harry una vez más a los ojos, desapareció… dejando tras de sí sólo un pequeño rastro de su aroma.
El Gryffindor podría jurar que lo vio llorar. ¡Estaba seguro! ¡Ese idiota estaba llorando! Sino… ¿de quién eran las lágrimas que recorrían su mejillas? Porque suyas no podrían ser… porque no podría dolerle tanto decir adiós… porque se había prometido que no lloraría su ausencia…
Porque su despedida no podía saber a mar. El mismo mar que juraron ver juntos alguna vez, pero que nunca hicieron realidad. El adiós no debería ser salado como las lágrimas y el mar… no tenía que saber a la única promesa que no cumplieron. A mar.
oOoOoOo
Las estrellas le recordaron a Teddy Lupin, que la noche era también hermosa. La oscuridad a la que muchos temían también guardaba belleza. ¿Acaso… eso era lo que debía entender? ¿Que Harry, su padrino, también ha descubierto la belleza de un cielo nocturno…?
—Hola.
Un sobresalto. Un latido feroz. Nunca antes había sentido eso al escuchar esa voz. Giró su rostro y encontró el rostro de Harry Potter cerca de él.
Sentir que le falta el aliento. Mirarlo con atención y ponerse de pie. Teddy no comprendía nada de lo que hacía, simplemente lo hacía. Los ojos de su padrino, tan tristes y vacios, le hacían parecer un muerto en vida. Y Teddy, con todas sus fuerzas, deseaba salvarle de aquella soledad.
Caminó a donde yacía inmóvil su padrino, que lo miraba con curiosidad. Y como no lo hacía desde que tenía sus infantiles ocho años, Teddy corrió y rodeó con sus brazos el cuerpo de Harry. Su cabello, antes azul y brillante, se transformó en un profundo color negro que se perdió en la noche. Se acurrucó en los brazos de su padrino, suplicando que éste reaccionara… ¿de qué? No lo sabía… no entendía nada.
Unos brazos correspondiendo al abrazo. Una sonrisa triste. Un jadeo tan bajo, que apenas Teddy alcanzó a oírlo. El mucho quiso preguntar, deseaba hablar y saberlo todo, pero nada salía de su garganta cerrada.
Finalmente, Harry, como el padre cariñoso que siempre había sido para él, lo meció con ternura entre sus brazos. Teddy no entendía porque pensaba que esa noche, había perdido una parte de Harry para siempre.
—No te preocupes más, Teddy —murmuró—. Ya no. Se acabó. Todo… todo terminó.
oOoOoOo
FIN.
...
¡ES BROMA CHICOS, ES BROMA!
¡Bueno! Así es como ha concluido la primera parte de este fanfic, pero agarrense a sus asientos y maldigan en voz baja a la escritora. A partir de aquí, empezaremos con la segunda parte que traerá de vuelta con los enredos, la confusiones y los problemas. ¿Qué pasará con nuestros caballeros? ¡Lo sabremos próximamente!
Sobre el capítulo de hoy:
-La primera oración que hago mención después del título, no es de mi autoria. Pertenece al anime de Tsuaba Reservoir Chronicles. Me parece haberlo escuchado en algún capítulo, JAJAJAJA.
-A saber cómo se rompe el encantamiento Fidelio. Sólo me las ingenie para que concordara con la historia. XD
Gracias a Violet Strawberry y susigabi por el review :3
P.D. ¿Me odian? owo
