Harry Potter no es mío. ¡Qué más quisiera! xD Jajajajaja.
¡Buenas noches! ^-^ Ha llegado el capítulo 13. En este capítulo en especial me acompañó la canción de Snow Patrol, "New York" por si alguien se anima a escucharle. El capítulo está también más centrado en Draco.
Un secreto de tres
Por:
PukitChan
Ella levantó la taza de té con sumo cuidado y, sonriendo, la llevó a sus labios para beber el dulce contenido. No lo miraba, su atención estaba más bien puesta en el pavorreal albino que paseaba cerca de ellos. Era un animal hermoso, él no lo negaba pero, y estaba seguro de eso, ella no lo miraba por esa razón.
—Recuerdo la última vez que estuve aquí, atrapada —exclamó, no con dureza ni con rencor, sino simplemente como un comentario cualquiera, dicho con el propósito de romper el silencio—. Nunca pude ver esta parte de la mansión.
Él levantó el rostro y siguió observándola con detenimiento. Nunca antes lo había hecho y ahora, notaba aquella piel pálida y esos cabellos rubios cayendo sedosamente por su piel. ¿Es que acaso Potter tenía algún fetiche por darle preferencia en su corazón a los rubios?
—Es irónico que recuerdes justamente eso —respondió calmo.
—En realidad… —ella cerró sus ojos y agitó dulcemente sus cabellos— pienso que bastante bueno eso, ¿tú no lo crees? Recordar…
Giratiempos: La estación perdida
Abrió sus labios, dejando salir de ellos una profunda exclamación de desasosiego. Miró a su alrededor… ¿dónde estaba? Entre jadeos incontrolables, visualizó uno de los jardines traseros de Malfoy Manor. Cierto. Ése era el lugar en el que había pensado luego de despedirse bruscamente de Harry, poniendo el punto final a su relación. ¿Cuál relación? ¿De amantes? Eso fue algo que nunca tuvo un momento de partida… sólo había sucedido.
Nervioso, incómodo, pasó su mano por los cabellos platinados. ¿Por qué temblaba? Por Salazar, Draco Malfoy, estaba en el hogar ancestral de su familia, no podía permitirse un acto vergonzoso, no ahí. No importaba cuán doloroso podría ser, la mansión no era para cometer actos tan ridículos como esos. Sí, pudo haber sido el refugio de Voldemort y sus mortífagos, pero… ¿Llorar por amor? Bah… eso no era nada.
Al final la culpa no era de nadie.
Lento, asumió su postura digna. Caminó hacia dentro de la mansión y, tal como esperaba, un elfo doméstico salió a recibirlo. Draco detuvo sus pasos, mirando por vez primera a esa criatura que le pregunta si necesitaba algo, que su deber era atender por siempre a su señor.
—Mírame —ordenó Draco.
Con miedo, pero imposible dejar de lado sus creencias, el elfo obedeció. ¿Acaso le pensaba dar una prenda? ¿Habría hecho algo para enfurecer al señor Malfoy? Pero no: no encontró nada de eso, aunque la sorpresa fue aún mayor.
Draco tenía sus manos ocultas en los bolsillos de su pantalón, el cabello ligeramente desordenado y buscaba la mirada del elfo, quien nunca antes había visto a su amo tan… humano. El rostro, que quedó grabado para siempre en la mente de la criatura, lo observó un segundo más, aunque el pequeño ser tuvo la impresión de que no lo veía a él, sino a sí mismo…
—¿Amo?
—No necesito nada —ordenó el rubio—. Fuera de mi vista.
Al instante, Draco quedó nuevamente solo.
Maldijo por lo bajo… ¿de verdad… se veía tan desdichado? ¿Ese rostro, el que veía reflejado en los ojos de su elfo, era el suyo? No podía creerlo. Según él había eliminando todo rastro de Harry, al menos en ese momento, pero sus ojos grises, su expresión facial lo delataban… era tan absurdo. Después de todo, ¿no había sido él quién había orillado a esa decisión en primer lugar? Cuando sintió que se había cansado, que la batalla estaba siendo demasiado larga y no lo llevaba a ningún sitio. Cuando comprendió que ni siquiera sabía si tenía algo asegurado entre ellos y, no, no era miedo… era decepción de Harry y de sí mismo…
Siguió su camino por la mansión, mas cuando pasó a un lado de la habitación principal no se detuvo en ella: sabía que Astoria le esperaba hasta el día siguiente. Sus pies finalmente terminaron llevando a Draco a la biblioteca, ese lugar en el que refugiaba de niño cuando había cometido alguna travesura. Ahora, repitiendo aquel olvidado hábito, abrió las puertas de par en par: la flama de las velas vibraron, un frío viento lo saludó, pero lejos de parecerle incómodo, lo encontró dulcemente tranquilizante: era un refugio.
Se deslizó lentamente hacía una ventana, donde recorrió las elegantes y largas cortinas de color vino. Dejó caer su cuerpo en el cómodo sofá de cuero, sin mirar nada, pues las velas no alumbraban lo suficiente ese espacio. Se sobó la sien mientras instintivamente sus dedos viajaban hacía la mesa que estaba a un lado para servirse un whisky de fuego. Resopló, sabiendo que ese frío y la inmensa oscuridad podrían desvanecerse si se animara a prender a la chimenea…
—Harry.
No supo en qué momento aquel nombre escapó de su boca, sólo se sorprendió escuchándolo. ¿Qué fue eso? ¿Anhelo y odio? Era difícil darle un rumbo lógico a sus sentimientos cuando ni siquiera sabía qué era ese extraño hormigueo en su estómago que no dejaba de molestarlo. Oh, y ese maldito dolor en su pecho… ¿acaso un hipogrifo le había atacado otra vez y Draco jamás se había enterado hasta ahora? Quizá si mirara en su cuerpo, podría encontrar una cicatriz de la que antes no habría dado razón...
Sonrió.
¡Pero qué puta era la melancólica! Le haría sentirse estúpidamente culpable, obligándolo a pensar que todo era un error. Pero en esa intimidante oscuridad, donde Draco aún podía ver el peso de sus decisiones, se obligó a recordar todo… todo.
Scamander… el espejo de Oesed… aquel libro…
"Fac ut ardeat cor meum" recitó su mente, de la misma manera en la que años atrás lo había hecho en el oído de Harry. Permitir que al auror llenara su cuerpo, su alma, con un poco de ese calor abrumador que poseía se había vuelto excitante… y ahora, sólo quedaban cenizas que apenas transmitían un poco de ello, pero que aun así seguían quemado.
Probó el whisky, relamiéndose los labios, fijándose sólo entonces en su bebida, recordando cómo solían compartirla en noches fría como éstas. Qué terribles podrían ser algunas costumbres, aunque cuando las crearon, lo último que se les ocurrió pensar era en que podrían ser cadenas que los atarían eternamente.
Porque sí, estaban atados, aunque de manera diferente. No eran el tipo de lazos que tenían para con sus esposas. Y no tenía nada que ver con el hecho de que fueran amantes… ¡Qué más deseaba Draco que fuesen sólo eso! ¡Amantes! Porque a un amante se le tenía para tener sexo, para alejarse del aburrimiento de su pareja, por su vida inapropiada… pero ellos…
Ellos eran los pilares más representativos de la perfección. Sus familias, sus hijos, sus esposas, sus vidas… todo era perfecto. No tenían razones para huir y refugiarse en los brazos de una aventura sexual temporal.
En realidad, Draco y Harry nunca huyeron… simplemente corrieron a alcanzar aquello que siempre habían anhelado, siendo impulsivos y quizá hasta infantiles. Y lo atraparon. Se atraparon mutuamente mucho antes de que se dieran cuenta ellos mismos… entonces un día absurdo decidieron simplemente soltarse…
—Sabía que estarías aquí.
Levantó la vista sorprendido pese a que su expresión no revelaba aquella emoción. Tuvo que centrar y esforzar su visión borrosa y limitada para alcanzar a apreciar la figura fémina que estaba a lo lejos, en el umbral de la puerta. La luz caía que sentido contrario, por lo que apenas distinguía la silueta entre tanta oscuridad, pero tampoco estaba tan perdido como para no reconocer aquel tono de voz cariñoso y la forma elegante en la que caía aquellos cabellos.
—Madre —susurró Draco, incorporándose del sofá para permanecer en pie hasta que Narcissa Malfoy se acercó y lo invitó a imitarla, sentándose ella en otro cómodo sillón.
—No deberías estar en un lugar tan frío —reprochó Narcissa con todo maternal, dirigiendo su varita hacía la chimenea para encenderla: enseguida, Draco sintió un tibio calor y el hermoso rostro maduro de su madre se hizo visible para él.
—Necesitaba pensar —comentó él, bebiendo el último trago de su whisky, dejando que su atención viajara hasta el fuego de la chimenea—. ¿Qué haces despierta?
—Yo también necesitaba pensar —replicó.
Draco la miró de soslayo: no sonreía, sino que al igual que él, parecía apartada por momentos de la mansión. Trató de imaginarse qué era lo que le diría Narcissa si un día —absurdo—, se hubiese presentado en casa, diciendo que Potter fue su amante.
—Creí que regresarías hasta mañana —comentó con auténtico interés.
—Son cosas de tiempo.
Asintió, pese a que Draco intuyó que ella sabía que no le estaba diciendo toda la verdad. Su madre siempre había sido una mujer muy observadora y estaba seguro de que su comportamiento estaba siendo notado por ella… y sólo hasta ese momento, el rubio comprendió lo mucho parecía mucho a su madre: cuando algo los preocupaba y dolía se refugiaban en un sitio privado… en un lugar donde sólo parecían tener acceso ellos dos.
—Hoy en la tarde, Astoria y yo salimos a comer —confesó Narcissa. Draco entrecerró sus ojos, esperando lo que sin duda vendría después y explicaría el ánimo de su madre—. Encontramos por casualidad, y durante un instante, a Ted Lupin. Ha crecido mucho ese muchacho.
El rubio cerró sus ojos unos momentos, invadido por los dolorosos recuerdos. Potter, ahí estaba Potter, adentrándose en su casa, en su refugio, en dónde se suponía que no podría llegar. Ahí se encontraba, ingeniándoselas para llegar a él, incluso usando a su madre. Apretó sus puños, furioso. ¡Maldito Potter! El recuerdo de sus labios, sus gemidos, la forma en la que se unían al hacer el amor.
—Teddy.
—¿Perdón?
Maldita sea. Su boca lo había traicionado. Abrió los ojos y miró a su madre, buscando una rápida solución a esa jodida trampa.
—Ted Lupin. Sé que le dicen Teddy, lo escuché alguna vez estando en el Ministerio… Potter le llamó así… es su padrino.
Narcissa lo observó con fijamente. Luego, como si finalmente le hubiera encontrado la lógica y la gracia a la situación, ella se cubrió la boca con la mano, tratando inútilmente de ocultar su elegante sonrisa.
—¿Eso no convierte entonces, sólo un poco, a Harry Potter en miembro de nuestra familia?
Draco bufó y entendió la relación. Teddy Lupin no dejaba de estar ligado a los Malfoy. Narcissa cerró los ojos y suspiró tan suave, que el rubio observó con curiosidad el rostro de su madre. Ella parecía estar más tranquila que cuando había llegado.
—Sus padres están muertos —murmuró la dama—…seguramente Andrómeda y Potter fueron los que criaron a Ted… —pausó sus palabras y tomó aire, posiblemente para replicar aquello que quizás era lo que la mantenía inquieta y deseaba confesar—. El muchacho… Ted, me sonrió cuando nos encontramos. Tiene rasgos de los Black…
Escuchó cómo su hijo servía dos vasos llenos de whisky, extendiéndole uno. Narcissa observó con atención el color de la bebida.
—En realidad Potter es… una buena persona.
Draco bebió un poco antes de contestar.
—Lo es.
De verdad lo era.
oOoOoOo
Una sonrisa se dibujó en aquellos tiernos labios. Sus mejillas se sentían enrojecer como no lo habían hecho desde hacía mucho tiempo, pero es que le era inevitable no mostrar aquella reacción, sobre todo cuando tenías una mirada como la de Draco Malfoy siguiendo cada uno de tus movimientos.
—Deja de observarme —reprochó Astoria, dejando a un lado el diario que leía. Pero Malfoy no le hizo ningún caso y descarado, continúo delineando con la mirada cada detalle de la anatomía de su hermosa esposa.
—¿Por qué tengo qué hacer eso? —cuestionó, levantando una ceja.
—Porque no encontrarás lo que buscas…
—¿Qué?
Ella lo miró fijamente y sonrió. Draco, francamente impactado, se incorporó mejor para ver la cara de Astoria. ¿Qué era lo que le había dicho…? O mejor aún, ¿qué le había insinuado? Seguían mirándose y ninguno de los dos corto aquel mudo lazo… ¿acaso ella sabía?
—Draco, no me mires como si estuvieses encontrado a un Kappa.
—¿Por qué me dijiste eso? —preguntó, entrecerrando los ojos.
—¿Qué cosa? —replicó ella, doblando el diario cuidadosamente por la mitad.
—Lo que… mencionaste… sobre lo que busco…
Astoria sonrió. ¡Ah, qué curioso! ¿Será que todos los de Slytherin tenían el don común de expresar sus teorías, conspiraciones y pensamientos en distintas formas de sonrisas? Recordó que eso siempre le había agradado de su esposa, era como verse en un espejo, intentando de descifrarse a sí mismo.
—¿Y acaso no es así? Estás buscando…
¿Lo hacía? No. No lo hacía… no debía buscarlo más.
oOoOoOo
Draco se preguntó qué hacía ahí. Él, claro está, la había invitado pero, ¿por qué? ¿Y por qué razón ella había aceptado? Bueno, no tenía porqué sorprenderle, después de todo, estaba hablando de Scamander, quien en ese momento dejó la taza de té sobre la mesa y abrió sus ojos para mirarlo. Sus ojos eran tan vivos y expresivos que el Slytherin sintió un escalofrío recorrer su columna.
Son como los de Harry, pensó para sus adentros, expresivos.
—¿Así es como has decidido salvarte? —preguntó Luna.
—¿A qué te refieres? —últimamente, Draco parecía un verdadero idiota. Sentía que todo el mundo sabía algo que él ignoraba y se habían propuesto echárselo en cara para hacerle quedar mal, justo como ahora.
—Harry tiene a Lily y a Teddy… son como sus cables de realidad, los que le impiden correr y dejar todo. Scorpius está en Hogwarts, así que debe ser más difícil para ti que para él esta separación… aunque tú lo ocultas mejor.
—Estaba aburrido, Scamander —murmuró fríamente Draco—. Por eso te llamé, para que me diviertas un rato.
—No —respondió sonriente—. Me pediste venir porque te hace falta. Porque lo necesitas. Pero intentas mantenerte firme por una promesa que ni siquiera ustedes comprenden. Yo soy lo más cercano a lo que estás buscando… me buscas, porque esperas encontrar a Harry en mí.
"Porque no encontrarás lo que buscas…" Ésas habían sido las palabras que Astoria le había dicho días atrás. Y ahora, Luna le golpeaba el orgullo diciéndole directamente lo que su esposa había susurrado en un enigma que él hubiese comprendido hacía días, sino fuera porque...
…Él ya no estaba.
—¿Te das cuenta, Scamander? —declaró Draco, esbozando una sonrisa arrogante—. Siempre me haces reír.
—Y ustedes a mi, Draco.
oOoOoOo
Scorpius debía admitir que cuando fue enviado a la casa Slytherin, sintió un orgullo amargo. Estaba feliz de ser el digno heredero de su familia… y también lo detestaba. Los típico "Es un Malfoy, no cabe duda" no se habían hecho esperar en forma de murmullos a su alrededor. Pero entonces alguien vino a callar todos esos malos cotilleos: Albus Potter… el hijo del héroe, que también sería su compañero de casa.
No es que le interesa mucho en realidad, pero sabía que le sería inevitable no compartir palabras con él. Scorpius lo aceptó de buena manera porque, después de todo, no había sido criado —como muchos pensaban— para odiar a los Potter. Ellos eran algo neutral para él.
Pero aquella noche, Albus Potter le sonrió. Y con el paso de los días, comenzó a descubrir a un chico que también compartía la irritación de ser comparado con su padre, de tener que vivir tras la sombra de dos progenitores demasiado famosos para su gusto… pero sobre todo, de sentirse feliz al romper la tradición de su familia al ir a Slytherin. Scorpius también lo envidió un poco.
—¡Vaya, pero qué cara traes Scorp! —murmuró sorprendido Albus al entrar aquella noche, a inicios de Diciembre, a la sala común de Slytherin. El moreno venía más despeinado que de costumbre y a Scorpius no le costó adivinar que el muchacho había estado recientemente con su hermano mayor, James, quien tenía el mal hábito de despeinar de esa manera a Albus—. Cualquiera diría que te han castigado toda la tarde.
Albus se echó con gracia al sofá, a un lado del rubio, quien lo miró de soslayo. Había que admitir que el chico era un Slytherin bastante relajado. Pero Scorpius sabía que detrás de esa sonrisa, se encontraba el muchacho astuto que hacía orgullosa a su casa.
—El Profeta… —comenzó a decir Scorpius—, habla muchos de nuestros padres. ¿Por qué también tiene que enterarse de hasta cuando el mío sale hasta de viaje?
—Papá dice que la mayoría de lo que sale en el profeta son exageraciones —comentó Albus, mordiendo una rana de chocolate que había sacado de quien sabe donde.
—Lo sé, pero… ¡Es ridículo! ¿Recuerdas el artículo de hace meses?
Albus asintió y mordió la rana una vez más. Luego, como si el chocolate le hubiera dado el poder de la clarividencia, esbozó esa sonrisa que Scorpius había aprendido a reconocer cuando a su amigo se le ocurría alguna retorcida idea.
—Deberíamos darle al Profeta cosas de las qué hablar.
—¿Qué? —preguntó Scorpius, levantando la ceja de manera idéntica a Draco—. ¡Te estoy diciendo que me fastidia justamente eso!
—Si van a hablar, ¿no sería divertido que fuera con provecho? —murmuró encogiéndose de hombros—. A propósito, Scorpius, ¿qué vas a hacer en las vacaciones de Navidad…?
oOoOoOo
¡Pero qué buen humor podía tener Scorpius cuando quería! Sí, su hijo era bastante gracioso… de seguro lo había heredado de… uhm… bueno, alguien en la familia Black debería tener ese humor. ¡Por ejemplo, está su prima que murió durante la guerra, Nymphadora! No la conocía de nada, pero según había escuchado era muy alegre. ¡De algún lado debió sacar ese humor Scorpius, estaba seguro!
Porque eso que estaba escrito en el pergamino no podía ser otra cosa que una broma. Una cruel, maldita, estúpida, inútil, pretenciosa y pesada broma.
—Creo que deberíamos aceptar la idea de Scorpius, Draco —dijo Astoria.
Y encima de todo, su esposa apoyaba la idea. Maldita sea, alguien le había cambiado la familia a Draco y él no se había dado cuenta.
Pero a pesar de pensar eso, el día llegó. No sabía cómo la respuesta afirmativa llegó las manos de su hijo, pero ahora lo esperaba en King Cross. El tren de Hogwarts recién hacía su parada por motivo de las vacaciones navideñas, y mientras veía a una docena de chicos descender, localizó enseguida el cabello pálido de su hijo, quien se acercó a sus padres para saludarlos. Astoria lo abrazó fuertemente y Draco sólo sonrió.
—Ustedes… —murmuró Draco en una frase que no pudo completar.
Scorpius había volteado al escuchar un grito que lo llamaba, y Draco por inercia, siguió la dirección de la mirada. Albus Potter se acercaba a ello… y Harry, a su lado parecía cual animal enviado al matadero.
Draco lo observó: aquel cabello eternamente despeinado, la mirada verde, la expresión que parecía gritarle que también le había extrañado… que luchaba cada noche por no recordarle.
Se acercó. Qué ironía. Estando tan cerca de Potter y sin poder tocarlo… incluso hubiera sido reconfortante pelear como cuando eran niños. ¡Pero qué triste! Extrañarlo tanto, que echaba de menos su horrible relación en Hogwarts.
—Potter.
Harry tardó un segundo en levantar la mirada. Merlín, Malfoy rogaba que nunca lo hiciera. ¿Cómo se enfrentaría a esa mirada sin querer besarlo justo ahí? Entonces, esas gemas verdes se posaron en las suyas y en ese momento, estando tan irónicamente lejos de Harry como nunca antes, Draco tuvo la sensación de que el auror rogaba lo mismo que él:
"Aléjate, aléjate… largo… no estoy listo para enfrentarte… no estoy preparado para mirarte y no amarte…"
—Malfoy —susurró.
Durante esas semanas, Draco no se había permitido extrañar a Harry: hacerlo sería demasiado, implicaría admitir cuando dentro se había clavado el auror en su alma; cuánto lo había marcado. Había sido fácil ignorar sus sentimientos, a fin de cuentas, ¿no había sido siempre en su mayoría lo que había hecho?
Pero entonces volver a Harry de frente… mierda.
Ahora finalmente se daba cuenta… de cuánto amaba al auror.
Su historia nunca debió ser así. No, mejor aún. Deberían seguir odiándose. Sería menos doloroso.
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La autora al habla:
Bueno, es bastante curioso este capítulo De alguna forma me imagino a Draco menos expresivo que Harry sobre su separación, pero también más atormentado y lastimado. Pero no se preocupen, de alguna forma se arreglará todo.
Muchas gracias a Violet Strawberry, ruka0727 y Adrienne Lupin por los review. ¡Las adoro! owo!
