Harry Potter no es mío. Si lo fuera, la historia hubiese terminado de una manera retorcida, más dramática y más slash. JAJAJAJA. ¿Aparecerán este año los derechos en mi calcetín el día de Navidad?


Un secreto de Tres

Por:

PukitChan

"…Si no puedo salvarte, estoy dispuesto a caer contigo"

—Reloj de arena.

Cadenas: El inevitable lazo del destino

Algunas veces, y sólo de vez en cuando, Harry se preguntaba qué sería de su vida si aquella noche, muchos años atrás, no hubiese rechazado la mano de Draco Malfoy. ¿Serían amigos? ¿Draco lo hubiera apoyado en su lucha contra Vodelmort como lo hicieron en su momento Ron y Hermione? ¿Dumbledore habría cambiado para con él? ¿Para Malfoy y él… habría sido natural el enamorarse…?

—¿Papá?

Harry agitó su cabeza y al esbozar una falsa sonrisa, le fue inevitable no extender su brazo y estrechar la mano contra la nívea que se ofrecía, una vez más, en su dirección.

—Pensé que me ibas a dejar con la mano en alto otra vez, Potter —murmuró Draco, sonriendo de lado. Harry entrecerró los ojos y deseó saber con todo su ser cómo el rubio podía mantenerse tan estoico en ese encuentro. Él se sentía verdaderamente idiota, a punto de ser descubierto. ¿Desde cuando esas manos eran tan calientes?

—Y yo pensé que habíamos llegado a una tregua, Malfoy —contestó con calma, obligándose a soltarlo cuando sintió que el otro alejaba el calor de su lado.

—Tenemos qué —comentó irónico, paseando su vista por la estación, deteniéndose sólo cuando encontró a Scorpius y a Albus mirándoles atentamente—. Algunos nos están obligando, ¿no?

Albus se encogió de hombros, soltando una breve risa y Scorpius levantó una ceja con una gracia tan única, que Harry se preguntó si aquel gesto era una herencia natural en los Malfoy.

—¿Qué tiene de malo? —refunfuñó Albus en un acto bastante infantil—. Sólo queremos disfrutar de nuestras primeras vacaciones de Hogwarts.

—Además —observó Scorpius—, si en verdad no quisieran ni verse nos habrían contestado con un rotundo no.

Harry y Draco intercambiaron una fugaz e incómoda mirada. ¿Querían verse? ¿Estaban usando de pretexto a sus hijos para hacerlo y fingían que era un castigo?

—Nosotros no tenemos once años, Scorpius —murmuró Draco, ganándose una mirada enojada de su heredero.

—¿Ah, no? —preguntó Harry, apretando los labios.

—No, Potter —exclamó Draco—. Por eso tenemos que elegir rápido. Creo que a tus seguidores comienzan a llamarle la atención nuestro… encuentro.

Albus volteó y, para su satisfacción, notó cómo unas personas cuchicheaban, mirando en su dirección. Seguramente los del Profeta no tardarían en enterarse de aquello.

—¿Entonces, lo que les pedimos Scorpius y yo sí podrá ser? —preguntó el pequeño Potter, sonriendo de una forma que a su padre le pareció muy Slytherin. No es que le molestara, era que como auror, podía identificar aquellos que ocultaban algo. Y definitivamente, aquellos dos niños no estaban diciendo toda la versión de la historia.

—Claro, Albus —resopló Potter, repentinamente muy estresado. Nervioso, se tocó el cuello y miró a Draco, quien sólo parecía estar indiferente ante su presencia. Le irritó. Le molestó tanto que el rubio no se viera tan afectado como él. —Yo ofrezco mi…

—Potter —interrumpió Draco—. Que sea en Malfoy Manor…

—Pero…

—Acepta —pidió, aunque más bien sonó a una orden. Harry le observó y sólo porque lo conocía mejor de lo que los demás habrían podido imaginar, entiendo que aquellas palabras eran sinceras.

—De acuerdo, Malfoy… entonces, ¿ese día estará bien?

—Claro… —por un breve instante, la mirada de Draco se posó en Ginny y los otros hijos de Harry—, los estaremos esperando. Scorpius, vamos.

El muchacho le dedicó una sonrisa a su amigo, y tras una respetuosa mirada a Harry, les dio las buenas tardes antes de seguir los pasos de su padre.

—Se parece mucho a Malfoy —murmuró Harry, siendo éste su primer pensamiento en voz alta, el cual ni siquiera estaba planeado salir. Albus giró el rostro, buscando la mirada de su padre.

—¿Tú crees? —preguntó curioso, notando cómo a la distancia, los Malfoy se unían a la mujer que también los acompañaba—. No paran de repetirnos que somos como sus pequeñas copias —gruñó.

Harry observó de soslayo a su hijo. Sí, se parecían más de lo que esperaba. Casi podía verse a sí mismo de esa manera, aunque claro, sin esa cicatriz y con todo ese peso detrás de él.

—Sinceramente —confesó el auror en voz baja—, yo espero que no se parezcan ni a Draco ni a mi.

Albus abrió la boca para contestar, mas no tuvo tiempo cuando su padre giró sobre sus talones y se encaminó hacía Ginny, James y Lily. Aun así, el muchacho no era ciego, ¿acaso su padre estaba triste por alguna razón? O mejor aún… ¿acaso había llamado al señor Malfoy por su nombre…?

...


...

No podía creerlo. No, no y más no. ¿Acaso Harry era un completo masoquista? ¡Su padrino estaba completamente loco! Por eso, mientras avanzaba presuroso por aquellos pasillos que conocía desde su infancia y en los cuales nunca se rechazó su presencia, Ted Lupin maldecía por lo bajo. Su cabello lucía un intenso color rojo oscuro que mostraba la fuerza de sus emociones. ¡No quería, de verdad que no! Aquello era una estupidez.

—¡Harry! —gritó, azotando de buenas a primeras la puerta del despacho del Jefe de Aurores. Escuchó algunos murmullos a su alrededor, pero nadie trató de detenerlo pues sabían que era el ahijado de Potter. Además, a Teddy no le importaba nada, absolutamente nada en ese momento más que el hombre que en ese momento apareció frente a sus ojos: Harry estaba sentado detrás de su escritorio, mirando enojado un pergamino hasta que levantó la vista para encontrarse al chico.

Contrario a lo que Teddy esperaba, como un grito de reproche o alguna exclamación preocupada por parte de su padrino, éste se limitó a mirarlo e indicarle que se sentara frente a él, en el asiento que lucía exactamente como si estuviera aguardando por él. Harry dejó el pergamino en la mesa y resopló, sellando la puerta y efectuando un hechizo silenciador.

—Tardaste —comentó Harry con gracia. Recargó el codo en la mesa para apoyar el mentón en la palma de su mano. Teddy mordió su labio, pero el color de su cabello pareció oscurecerse aún más.

—¡No puedes hacerlo, Harry! —gritó Teddy, azotando las palmas contra el escritorio, gesto que no pareció alterar al auror en ningún momento—. ¡Cuando James…!

—Teddy —interrumpió, negando con la cabeza—. No tiene nada de malo. Albus fue quien me lo pidió, así que, ¿cuál es el problema? Tú mismo me dijiste alguna vez que no te gustaban los prejuicios contra los de Slytherin, porque Andrómeda acudió allí.

—¡Pero…! ¡Esto no tiene nada que ver con las casas! —reprochó, hundiéndose en la silla y cruzando los brazos. Harry sonrió brevemente cuando notó que poco a poco, el color del cabello de Teddy comenzaba a tornarse un poco más claro.

—Inicia por ahí… —contestó melancólico.

Lupin entrecerró los ojos: seguía enojado por la decisión de su padrino, la que James le había comentado en una carta, pero definitivamente estaba menos rabioso. Le era imposible enfadarse de esa manera con el hombre que lo había criado.

—No quiero… —masculló Teddy entre susurros—, no quiero volver a verte como aquella noche, Harry. Estabas herido… ¡Y fue a causa de ese maldito de…!

—¡Ted!

Potter, apenas alzando la voz, calló a su ahijado antes de que la oración fuera completada. El muchacho lo miró con los ojos muy abiertos y una nueva rabia se apoderó de aquella mirada. Le pareció natural que estuviera ofendido, pero Harry no permitiría que Draco fuera insultado frente a él.

—Lo siento —musitó Harry, colocando su mano en el hombro de Teddy, quien giró el rostro evitando así el verle—. Sé que debes estar muy preocupado por mi y lo entiendo, por supuesto. No me siento muy orgulloso de que vieras la parte de mí que es débil… haberte decepcionado.

Teddy quiso apresurarse a decirle que no era eso lo que sentía, pero quería saber también la verdad. Optó por callar y simplemente mirar a su padrino. Él lo escucharía… quizás, ni siquiera tendría porque escuchar la explicación, pero él quería saberla. Y sabía que Harry entendía perfectamente la necesidad de no estar rodeado de mentiras.

—Últimamente me he vuelto muy cobarde, Teddy. Pensé que en cualquier momento tú me buscarías y quizás yo no quise hacerlo por miedo a tu reacción. En cambio tú… —suspiró y cerró los ojos. No tenía caso mentirle a alguien que sabía la verdad, sólo le quedaba contar la historia desde su punto de vista—. Pero antes… si tanto te preocupo —sonrió—. ¿Nos acompañarías? Puedes venir Victoire, si gustas.

Ted se tomó unos minutos para analizar las palabras de su padrino. Consideró detalladamente su ofrecimiento y pensó en Malfoy, en lo que podría descubrir si lo veía. Sabía que su padrino le hablaría de lo sucedido, pero nunca sería lo mismo que verlo con sus propios ojos. Tenía que saber porqué. Necesitaba encontrar una razón que lo llenara, mucho más allá de las palabras.

—Está bien…

...


...

El reflejo que el espejo le devolvía no parecía ser normal. Vestía un elegante traje en el que no llegaba a sentirse completamente cómodo, sus labios estaban entreabiertos, su cabello desordenado y sus manos permanecían estáticas en alto, como si repentinamente hubiera olvidado cómo se hacía un nudo en la corbata.

—Sólo hazlo —se reprochó, mirando con atención el espejo para conseguir que aquel nudo quedara tan perfecto como se esperaría. Lo hizo con cuidado y, sin sorpresa alguna, constató que podía usar sin problemas una corbata pulcramente arreglada.

¿Por qué anteriormente no podía hacerlo de esa misma manera? Cierto… usaba de pretexto su poco sentido común de la elegancia, para que Draco se acercara y atara por él, aquel asqueroso nudo. ¡Cuántas veces había accedido el rubio, seguramente a sabiendas de que Potter lo había hecho aposta!

—Te ves muy bien, Harry —murmuró una fémina voz. El auror volteó y encontró a Ginny calzada en un vestido azul que resaltaba su hermosa figura. El maquillaje de ella era natural, pero suficiente como para hacer que la pelirroja destacara por sí misma. Harry no podría negar nunca que su esposa era una mujer realmente bella.

—Estás hermosa —devolvió el cumplido con sinceridad. Ella se encogió de hombros tímidamente y caminó hacía su esposo, dedicándole millones de preguntas con la mirada, pero sin que ninguna fuese formulada en realidad.

—Los chicos también están listos y Teddy ya llegó —explicó Ginny—, te estamos esperando. No querrás llegar tarde, ¿verdad? —rió, palmeándole el pecho.

—¿Y si sí quiero llegar muy tarde? —cuestionó, tomando entre sus manos el abrigo que Ginny cargaba. Ella le hecho una mirada suspicaz antes de decir:

—No, llegaremos puntuales, es un buen regalo para los Malfoy. —Rodeó con sus manos el cuerpo tibio de su esposo, recargando su mejilla en su pecho—. Feliz Navidad, Harry.

—Feliz Navidad, Ginny.

Ambos se separaron y caminaron hacía el piso inferior, donde una emocionada Lily, un enfurruñado James, un animado Albus y un serio pero sonriente Teddy, los voltearon a ver en espera de lo que acontecería. La familia no tardó en aparece en Wiltshire, a las afueras de Malfoy Manor.

Harry no pudo evitar encontrar la gracia en la ironía de la situación: Iba a cenar con su ex amante, el día de Navidad, rodeados de su familia, en el mismo lugar donde fue tomado como prisionero, y donde también, la visión que se tenían el uno del otro comenzó a caminar, cuando Draco en algún momento del pasado, se negó a identificar a Harry.

—Cambió —musitó inconscientemente el auror cuando ante los ojos de todos, una hermosa y quizá hasta familiar mansión, lucía en todo su esplendor.

—Wooo —escuchó una profunda exclamación de Albus—. Scorpius no mentía cuando le pregunté el tamaño de la mansión.

Una serie de déjà vu atravesaron la mente del auror, aquellos momentos en Hogwarts, donde el rubio presumido hablaba de su tan grande linaje. Sonrió sin alegría al darse cuenta del tiempo que había transcurrido y cómo su vida mágica había cruzado con la de Malfoy desde el primer momento de su existencia.

—Buenas noches, señores —El moreno se sobresaltó cuando escuchó una voz chillona y vieja que les saludaba en una reverencia. No se percató de en que momento un elfo doméstico había llegado para darles la bienvenida al lugar, y ahora los conducía por el hermoso camino flanqueado de árboles y elegancia. Les tomó unos minutos llegar a la puerta principal, misma que el elfo les abrió antes de dar una nueva reverencia y desaparecer.

Vaya… ¿de verdad podría ser tan fácil todo? Quizá, después de todo, Harry sólo estaba siendo melodramático. ¿Qué importaba el ver a Draco Malfoy una vez más? No le necesitaba. ¿No había vivido sin él ya por el lapso de casi dos meses? ¿Qué tan diferente entonces podría ser toda una vida sin él? Podría ser que hasta esa noche, volvieran a ser los dos desconocidos civilizados que, ante todos, se suponía que eran.

—Buenas noches y bienvenidos. Feliz Navidad a todos.

Harry gesticuló un poco, pensando que ese saludo tan amigable podría haber sonado muchísimo mejor con un tono de voz que pareciera expresar que realmente estaba sintiendo aquellas palabras y no sólo como un simple convenio. Jadeó. ¿Cómo había llegado ahí? Últimamente no funcionaba su mente. ¿Se estaría volviendo viejo y debía dejar su labor como auror? Intentó desesperadamente buscar su famoso valor Gryffindor.

—Buenas noches, Malfoy. Muchas gracias por la invitación —exclamó Ginny con sinceridad, aunque no pudo evitar un leve dejo de precaución en su voz que no pasó desapercibido para nadie. Harry supuso que mucho menos para Malfoy, de quien justo en ese momento sentía su mirada puesta en él. Su esposa le dio un ligero y discreto codazo, para que el auror reaccionar.

—Ah… Feliz Navidad —exclamó Harry, volviendo a la realidad. ¡Mierda! ¿Desde cuándo Draco estaba parado tan cerca de él, mirándolo educadamente? Giró un poco su cabeza y vio a sus hijos hablando, y al parecer Albus le presentaba a Scorpius a su hermana menor. Ginny le sostenía del brazo y Teddy los miraba atento, o quizás más bien, expectante.

Así debía sentirse un bicho raro. ¡Esperen! Harry Potter siempre había sido un bicho raro.

Luego de su dosis de humor negro, Harry trató de ser más positivo. Levantó la vista y por primera vez en la velada, la imagen de Draco Malfoy apareció ante sus ojos. El hombre los conducía hacía el comedor, y joder, se veía tan condenadamente sexy envuelto en ese traje. Por enésima vez, Harry se obligó a detener el rumbo de sus pensamientos. Merlín… ¿qué diablos le estaba pasando? ¿Se estaba volviendo loco?

—Buenas noches.

Harry comenzaba a odiar aquel saludo. ¡Era irritante, de verdad que lo era! ¿Por qué demonios tenían que saludar con tanta formalidad? Inhaló profundo, antes de sentir un pequeño apretón de Ginny y el silencio sepulcral que rodeó la habitación: demasiado tarde, Harry comprendió que, quien exclamó aquel saludo, había sido su ahijado… dirigido a Narcissa Malfoy.

—Narcissa —exclamó Harry, esta vez con real interés. Fueron pocas las veces en las que, después de la guerra, la encontró. Nunca intercambiaron palabras que iban más allá de la cortesía, pero Harry siempre le dejó en claro su agradecimiento. Incluso si ella lo había salvado por el bien de su familia, sólo hasta que Potter tuvo a sus hijos, comprendió cualquier movimiento que ella efectuó.

—Hola —saludó ella, con un intento bastante amargo de una sonrisa. Sintió curiosas miradas a su alrededor, sobre todo la de Draco, pero optó por ignorarlas al igual que Narcissa, pues ella estaba más interesada en caminar y extender su mano hacía Ted. Por un instante, el mucho se tensó, pero enseguida respondió y presentó esa sonrisa que, Harry sabía, era sincera. —Feliz Navidad. ¿Puedo llamarte por tu nombre?

—Claro —contestó Teddy—. ¿Y yo…?

—Llámame Narcissa, si no te molesta.

Draco carraspeó, llamado la atención de todos, hasta de los niños que, pese a que no comprendían qué sucedía del todo en realidad, parecían haberse contagiado por el ambiente que no podía dejar de catalogarse como tenso. Harry admitió para sí mismo que preferiría estar en ese momento en su despacho, acomodando un aburrido papeleo, que retomar los pasos hacía el amplio comedor, donde una mesa elegantemente puesta y una mujer, absurdamente hermosa, les sonreía dándoles la bienvenida.

"Astoria… Malfoy" registró inmediatamente su mente. Necesitó desviar la mirada para buscar a Albus y Scorpius, que parecían mantener una conversación sobre las casas de Hogwarts y algún profesor. La sonrisa en el rostro de su hijo le animó una vez más a comportarse como debía, pero a esas alturas estaba seguro de que todos habrían notado su dispersión actual.

—Harry… ¿estás bien? —preguntó Ginny en voz baja, mirando fijamente a su esposo, quien tragó saliva, pese a que sentía la garganta terriblemente seca. ¿Qué estaba haciendo? No lo sabía. ¡Se suponía que era un adulto sensato, que todo lo de Draco había quedado atrás, en aquel momento en el que se dijeron adiós!

—No sé —susurró, cerrando los ojos y tocando la mano de Ginny que reposaba en su mejilla. Necesitaba algo de cual sostenerse o en cualquier momento se derrumbaría. ¿Por qué no podía controlarse? ¿Por qué no salía todo como había sido planeado? —. Ginny, no sé qué me pasa.

Ella entrecerró los ojos y desvió su rostro un momento, encontrándose de inmediato con las miradas de Draco y Teddy puestas en ellos… o más bien en Harry. Mordió su labio inferior y, cuando regresó la vista hacía su marido, le levantó la barbilla, depositando un casto beso en sus labios.

—Enfrentemos la cena, Harry —murmuró, de una manera en la que sólo él podría escucharle. —Sin importar qué, sabes que te apoyo.

Potter abrió los ojos, sorprendido. No sabía qué había pasado en aquella frase de parte de su esposa, que lo golpeó y lo ató a la realidad. Ella y sus hijos eran su familia y no podría decepcionarles, no otra vez.

—Sí —murmuró. Movió su cuerpo y notó cómo todos tomaban asiento. Al parecer, el mundo no había dejado de moverse sólo porque él se sentía justamente como si lo acabara de golpear una bludger. Al mismo tiempo, fue un alivio descubrir que, al parecer, no aparentaba estar tan nervioso como se sentía.

Escuchó más saludos acompañados de felicitaciones por la temporada y sin darse cuenta acabó ocupando un asiento también. Miró los platos tan limpios que inclusive podía ver su reflejo en ellos: Harry estaba más despeinado que de costumbre, pero por alguna razón lo que más inquietaba de él era su mirada: parecía totalmente perdida.

Maldita sea! Deja de actuar como mierda y enfréntalo Potter… él solamente es Malfoy ahora. ¡Acéptalo de una buena vez!"

Alzó la mirada.

Draco estaba sentado justo frente a él, clavándole los ojos grises en los suyos. Como esa primera vez. Harry le devolvió la mirada, aquella que Draco conocía de sobra, aquella en la que sólo un segundo bastaba para decirse lo que sentían uno por el otro… traición, rabia… ¿amor?

Ted suspiró mientras cerraba sus puños bajo la mesa. Si algo pasaba… si acaso su padrino sufría…

De pronto, Astoria Malfoy sonrió y levantó una copa.

—Primeramente… Feliz Navidad a todos, por supuesto.

—Feliz Navidad —replicaron todos en coro disparejo.

Harry se relamió los labios. Draco, sin darse cuenta, le imitó.

Entendieron de inmediato.

Aquella farsa no iba a durar para siempre…

Una noche… sólo necesitaban sobrevivir una noche más…

...


...

Autora al habla:

Este es a lo que yo llamo, "capítulo puente" se sorprenderían saber lo mucho que me ayudan este tipo de capítulos para dejar caer las tormentas en las tramas XD. Aunque el capítulo está más que concentrado en Harry y sus problemas, todos estan haciendo movimientos que apoyaran para el golpe final de la historia. Porque sí, ¡nos estamos aproximando de a poco al final! No se preocupen, aún nos quedan algunos capítulos más por delante.

Gracias a ruka0727 y Violet Strawberry por sus reviews. ¡Siempre me hacen sonreír!