¿Están listos para maldecirme? XD Espero que sí, ¡Varitas listas, lectores!
En este capítulo me acompañó la canción "You don't know me" de Michael Bublé, especialmente en la parte de Harry bajo la nieve, ya llegaran a ella. ¡Gracias!
Harry Potter no apareció debajo de mi pino el día de Navidad. ¡Maldita sea!
Un secreto de tres
Por: PukitChan
Eterno invierno: La noche de las mentiras
No podía precisar cuánto tiempo estuvieron mirando el jardín a través del ventanal, acompañados por el murmullo de las pláticas lejanas que se alcanzaban a escuchar desde el otro lado de la habitación. Sólo sabía en esos instantes que, Harry, lucía aquel semblante serio que a Draco siempre le había gustado pero en contadas ocasiones también le había amedrentado.
—Míranos, Potter —murmuró lo suficientemente bajo para que la conversación se limitara a ellos dos—. Aquí, tú y yo conversando, en una situación no planeada, donde seguramente todos piensan que estamos reconciliándonos con nuestro pasado.
—¿Y no es eso lo que hemos estado desesperadamente de hacer toda la noche, Malfoy? —cuestionó, colocando una mano sobre el cristal, sin mirar al rubio, sólo a aquel árbol lejano.
—Sabíamos que era inevitable el encontrarnos, sobre todo cuando nuestros hijos comparten, no sólo la edad, sino también la casa en Hogwarts. ¿Y ahora resulta que estás sorprendido por esta reunión?
Harry bebió un poco. No sabía qué clase de vino caro el rubio le había servido, pero francamente ahora su sentido del gusto estaba muerto. Alejó su vista del árbol y se concentró en el reflejo que el vidrio le devolvía; sus hijos, Teddy, su esposa, todos conviviendo con la familia Malfoy de una manera en la que, al parecer, estaban dispuestos a borrar aquellos prejuicios del pasado.
—No estoy sorprendido —contestó finalmente—. De hecho, si esto no hubiera ocurrido, probablemente me sentiría traicionado.
—¿Acaso el gran Jefe de Aurores está presumiendo su capacidades? —ironizó, aunque no pudo dejar de ser irritante para el mismo Draco pronunciar aquellas palabras.
—Sólo estoy diciendo —añadió de manera inesperada, girando el rostro para ver a sus hijos. Por inercia, Draco le imitó—, que no podemos huir de lo que es inevitable.
—¿Entonces, qué se supone que éramos nosotros, Potter?
El auror regresó su vista para clavarla en los ojos grises de Draco. Apretó sus labios con fuerza, y Draco supo de inmediato que estaba reprimiendo con todas sus fuerzas el decir algo quizá inapropiado por la ocasión. Era extraña la situación que estaban viviendo en esos instantes, pero más raro aún el hecho de que pudieran mantener esa conversación tan civilizadamente. Aunque tal vez se debía a que estaban dedicados en ese momento a no decir lo que realmente estaban pensando.
—¿Qué veías tú en el espejo de Oesed? —preguntó Harry, cambiando el tema, uno que tomó a Draco con la guardia baja, porque era algo que no se habría esperado; a lo largo del tiempo, jamás había escuchado esa cuestión. ¿Por qué ahora? ¿Por qué en ese momento?
—No es algo que te interese, Potter —masculló, rechinando los dientes.
—¿Eso es lo que piensas? —Harry, cuidadosamente, bajó su mano libre y la rozó sutilmente con la de Draco, quien apenas frunció el ceño ante eso, apenas cerrando el puño. ¿Vivir de roces, de miradas prohibidas? Ellos no necesitaban nada de eso, era patético seguir de esa manera. ¿No fue en primer lugar uno de los motivos que los llevó a su separación?
—Eso es lo que es —afirmó el Slytherin—. Yo no tengo interés en ti y tú tampoco deberías tenerlo en mí. Somos dos personas cuyo destino parece cruzarse de vez en cuando, nada más. Hasta podríamos llevarnos medio bien luego de años de malos entendidos. El Profeta publicará una página de esto, afirmando lo que nuestros hijos nos obligaron a hacer. Especularán sobre por qué el Héroe dejó que su hijo conviviera con el del Mortífago. Eso te causará molestias y muchas irritaciones, sencillamente porque te desagradan los del Profeta, y no tendrá nada que ver con nosotros. ¿Qué somos? Dos hombres que, por no herir a sus hijos, están dispuestos a soportarse, terminando por ser solamente conocidos causales que, de haber tenido la oportunidad, hubieran llegado a ser buenos amigos. Scorpius y Albus estarán muy complacidos por esto, porque, ¿lo has visto? Tienen un plan detrás de todo esto… no sé exactamente cuáles sean sus verdaderas intenciones, pero los he visto durante la cena. ¿No es un poco ridículo, Potter? Pudimos ser ellos.
—Suena como si intentarás convencerte a ti mismo, Malfoy —replicó suavemente. Pero Draco, al igual que Harry, prefirió cambiar el tema.
—Tu ahijado nos está vigilando, Potter. ¿Teme acaso que te lance un crucio? No sabía que no te pudieses defender solo…
Harry sonrió sin alegría, dejando que sus ojos verdes buscaran algo con lo cual entretenerse, algo que no fuera aquel hombre rubio: fue cuando notó que llevaba más de una sospechosa media hora hablando con Draco. Carraspeó y le lanzó una mirada, moviendo la cabeza para recordarle que tenían sus familias presentes. Draco asintió y se alejaron de la ventana, sólo para encontrar que sus esposas, tanto Ginny como Astoria, hablaban con más confianza de la que se podría esperar en ellas. ¿El motivo? Sus hijos, quienes al estar en la misma casa, les proporcionaban más temas que compartir.
—…tranquila, Ginevra —¿Ahora hasta se tuteaban? —, a pesar de la ubicación de la sala común, no son tan frías las habitaciones en Slytherin —mientras decía eso, Astoria levantó la vista y sonrió, extendiéndole su mano a Draco, quien la rodeó por la cintura al sentarse a su lado—. Te aseguro de que Albus está protegido.
—¡Mamá, por favor! —chilló Albus desde la lejanía, y Harry, quien también se había sentado a un lado de Ginny, comprendió que de alguna forma su hijo había alcanzando a oír también aquel pedazo de la conversación—. ¡No soy un niño!
Las dos mujeres rieron con una complicidad que a Draco y a Harry les sorprendió.
—Esa edad en la que son demasiado grandes para ser atendidos por sus madres —replicó Ginny cariñosamente, dirigiéndose a la señora Malfoy.
—Lo has dicho. Scorpius aún cree que no sé que extraña aquella manta especial para…
—¡Madre…! —un nuevo quejido, ahora por parte de un pequeño rubio.
—Vamos, dejen de avergonzarlos —exclamó repentinamente Draco, ganándose una mirada pesada por parte de ambas mujeres.
—Mal movimiento —rió Harry, aunque también le lanzaron una mirada incomoda.
—Oh, Draco —exclamó Astoria, sonriendo de lado, al clásico e inconfundible estilo Slytherin—. ¿Le preguntamos a Narcissa que hacías tú cuando no podías dormir…?
Unos metros más allá, Narcissa mantenía una conversación con Teddy. El muchacho asentía y daba algún tipo de comentario mientras sonreía y movía reiteradamente las manos. Su cabello había cambiado de tonalidad y unos mechones rosas lucían; Harry de inmediato relacionó aquello con Andrómeda.
—No te atreverías —masculló Draco. Su esposa sonrió y Ginny colocó una mano en sus labios, recargándose sobre el pecho de Harry, intentando reprimir sin mucho éxito una fuerte risotada. Que la esposa de Malfoy lo avergonzara usando a su madre, no era algo que veías todos los días.
Harry observó con atención, admirando la complicidad que Draco mantenía con su esposa; era similar a la que él tenía con Ginny, y se encontró preguntando cuánto había tenido que pasar esa mujer con Draco. Pero todas esas dudas se esfumaron cuando Ginny, inesperadamente se levantó y caminó hacía los chicos, que estaban jugando ajedrez mágico en esos momentos: James intentaba ganarle a Scorpius mientras Albus reía ante la satisfacción de ver perder a su hermano mayor.
—Ven, Lily —susurró Ginny, agachándose para tomar entre sus brazos a su hija, quien aún sentada junto con sus hermanos, empezaba a dormitar. La niña no tardó en acomodarse en los brazos tibios de su madre, cerrando los ojos y balbuceando algunas palabras. La mujer caminó una vez más hacía donde estaban reunidos y, sin decir nada, miró a Harry, quien pareció entender de inmediato qué era a lo que se refería su esposa.
—Ha sido una fantástica velada, de verdad y les estamos muy agradecidos —Harry sonrió con sinceridad y paseó su mirada por el matrimonio Malfoy—, pero creo que ha llegado el momento de retirarnos.
Pero Astoria se adelantó a cualquier otra palabra de la familia Potter.
—Por favor, quédense esta noche aquí —ofreció educadamente Astoria. Albus y Scorpius, cuya atención fue llamada con esas palabras, intercambiaron una sonrisa, nada parecida a las de Harry y Draco, que más bien parecían forzadas.
—No queremos ser ninguna molestia —murmuró Ginny, meciendo con suavidad a Lily.
—¡No lo serán! —exclamó la mujer, parecía que estaba disfrutando aquella situación—. Podemos llamar ahora mismo a un elfo, para que te guíe a una habitación a donde puedas dejar a tu hija, además, no creo que los chicos les moleste. ¿Verdad, Draco?
Malfoy apenas reveló en su expresión que no le estaba prestando atención a Astoria en realidad, pero, elegantemente se dirigió a Ginny y asintió.
—No tenemos inconvenientes.
Harry se preguntó muchas veces, en qué retorcida paralela dimensión había ido a caer, mientras observaba cómo Ginny y Lily desaparecían tras las puertas e inmensas escaleras de Malfoy Manor, para buscar una habitación donde dejar dormir a la menor de sus hijos. Cuando su esposa regresó, James le había pedido un nuevo juego a Scorpius, jurándole que le iba a ganar. Albus de manera inesperada ahora conversaba con Teddy, y Narcissa se había reunido con los adultos, comentando algunas situaciones del Ministerio.
¡Pero qué civilizados parecían! De hecho, parecían tener tan pocos inconvenientes con aquella reunión que cualquiera pensaría que era una tradición reunirse así cada año. ¡Claro! Los Malfoy no podían darse el lujo de rechazar a los Potter, luego de los altibajos que habían sufrido a lo largo de los años y por supuesto, si había algo que Harry compartía con Dumbledore, era la firme creencia de que todos merecían una segunda oportunidad. No era necesariamente hipocresía, ¿verdad? Era increíble ver hasta donde podía seguirlos el peso de la guerra de hacía tantos años. Alguna cosas claro que habían cambiado para bien, pero otras…
Sólo cuando después de algunas horas, todos se retiraron a dormir en alguna de las tantas habitaciones de la mansión, ambos hombres comprendieron que no tenían ni la más mínima idea de lo que estaban haciendo. Pensar que ambos dormían tan cerca el uno del otro, bajo el mismo techo pero con tantas separaciones era, en el mejor de los casos, una absoluta ironía. Es decir, ¿los Malfoy y los Potter juntos de esa manera? Parecía chiste hasta de sólo decirlos en una misma oración.
—Es imposible —murmuró Harry, hundiendo su rostro contra la almohada. No sabía qué hora era aunque podía deducir que faltaban cuando menos dos horas para el amanecer. Abrió un ojo y notó a su esposa dormir profunda y tranquilamente. Le envidió, aunque sabía que no tenía porqué hacerlo: las razones que al auror le impedían dormir, eran todo menos racionales.
Cuidadoso de no despertarla, se incorporó de la cama y se colocó las gafas, aunque alrededor no había demasiado que ver, si no se tomaba en cuenta la sobria y fría decoración de la habitación. Observó con atención la suave pijama que los elfos domésticos le habían proporcionado, y se preguntó casi con infantilismo, si aquella prenda alguna vez la habría usado Draco. Un nuevo golpe a su cabeza le recordó que no tenía que pensar en aquello así que, limitándose a ponerse de pie y caminar por el suelo alfombrado, maldijo en voz baja a todos los magos que conocía. Tal vez un poco de aire fresco calmaría sus ideas…
Qué asco ser un adulto y no el chiquillo de Hogwarts.
Al abrir la puerta miró con atención los pasillos oscuros de alrededor, sintiéndose bastante estúpido por eso. ¿Qué esperaba? ¿Escaparse a hurtadillas de la habitación y de repente ser capturado por Malfoy, para que fuera acusado posteriormente con la profesora McGonagall? ¡No estaba en Hogwarts, por Merlín! ¡Hacía mucho que había dejado eso atrás!
Renegando de sí mismo, echo a andar a través de Malfoy Manor, susurrando un lumos que le permitiera no tropezar, pese a que lo único que tenía que hacer sería caminar derecho por el pasillo. Siguió andando con el simple propósito de salir de ese lugar que, en su inmensidad, le asfixiaba. Era una soberana tontería porque afuera, en esos momentos, una suave nevada había comenzando a adornar los jardines de la mansión en un hermoso tono blanco.
Le importó muy poco.
Abrió la puerta principal de la mansión y de inmediato un viento congelante estremeció su cuerpo mal cubierto: el pantalón se ajustaba perfectamente, pero tenía la camisa del pijama abierto y sus tetillas adquirieron un poco más de color. Tembló, aunque esa sensación no le acobardó sino que, al contrario, le dio la suficiente sensación de despertar y calma de la que ansiosamente Harry buscaba empaparse.
Un jadeó escapó de sus labios cuando sus pies descalzos se hundieron en la fría nieve. Joder, iba a pillar un buen resfriado luego de su pequeña aventura. Sonriendo, siguió caminando pese a sentir que todo su cuerpo comenzaba a entumecerse, e incluso sus dientes comenzaron a castañar. En un intento bastante malo de darse calor a sí mismo, se abrazó y ridículamente nunca le ocurrió hacer uso de su varita. Simplemente llegó a uno de los jardines de la mansión, dejando que los copos de nieves comenzaran a humedecer no sólo su cabello, sino también su ropa y cuerpo. ¡Estaba loco! El gran final de Harry Potter sería bajo la nieve, con una hipotermia… ¡Cómo se divertiría el profeta narrando aquello! Harry no pudo dejar de reírse de sí mismo ante aquello, sintiéndose mejor consigo mismo. El frío, la nieve… quizá un poco de masoquismo, pero definitivamente le hacía sentir mejor, inclusive cuando fuera su misma magia la que intentaba protegerse del frío… aun así…
Aun así no importaba demasiado lo que sintiera en esos momentos. Pasarían, como todas las cosas en su vida, como el dolor que sintió con la muerte de Sirius, como cuando se vio obligado asumir un papel primordial en la guerra. ¿No acabó dejándolo todo atrás? Sus propias palabras mentales le provocaron una risotada que dejó escapar también un tibio vapor de sus labios. Increíble que pensara en eso luego de tantos años. Hacía mucho que había crecido y era hora de demostrarlo. Un adulto, ese hombre que estaba a cargo de una familia y también del departamento de aurores. ¡Es lo que era!
Unas pisadas irrumpieron sus peleas mentales.
No necesitaba anuncio, ni siquiera girar para reconocer a quien se acercaba a él. La magia que reconocía, la presencia que le transmitía algo que no podía darle nombre, inclusive ese ritmo tan agraciado al andar.
—¡Te vas a resfriar, idiota! ¡¿Qué demonios estás pensando para…?
Pero Draco no alcanzó a completar la frase que con tanta furia exclamaba. No podía dormir y había bajado a tomar algo que le aclarara los pensamientos; lo que había iniciado como una simple excursión a su estudio se había tornado en una mirada hacía los jardines, donde apreció una silueta en la oscuridad. Al acercarse más a la ventana reconoció de inmediato a Harry. ¿Qué estaba haciendo…? Sus dudas se disiparon cuando salió a ver qué hacía el idiota de Potter, y lo notó descalzo y temblando de frío. ¡¿Qué mierda…?! ¿Era un imbécil o qué? Pero todos aquellos pensamientos se esfumaron cuando notó a Harry girar para verlo.
El rostro maduro del auror, con aquella sonrisa sincera le descolocó un momento. Luego, sus ojos se concentraron en la humedad del cabello de Harry, en cómo esos mechones azabaches se pegaban a su piel sonrosada de las mejillas. En su rostro caían gotas que se deslizaban y aún es la oscuridad, podía notar el brillo de sus gruesos labios que competían con ese profundo verde que siempre lo había desarmado. El pecho de Harry se agitaba en una respiración dificultosa, también estaba húmedo y podía notar, gracias a esa camisa desabotonada, que su piel se estremecía y que sus tetillas erectas, parecían reclamar algo de calor.
Maldita sea. Harry no debía verse tan apetecible, tan dispuesto. Draco no podía estar sintiendo esa estúpida incomodidad entre sus piernas, realmente no tenía por qué sentir que se quemaba por dentro, cuando a su alrededor la nieve comenzaba a afectar su temperatura corporal también.
—Draco —saludó, mirándole fijamente. El rubio, a diferencia de él, iba cubierto por un grueso abrigo de piel de dragón. Su semblante, de seriedad absoluta, no le reflejaba a Harry nada de lo que sentía en ese momento. Harry se encogió de hombros al no escuchar palabras en respuesta y, con un escalofrío que recorrió su espalda, se dispuso a regresar a la mansión.
La mano que lo detuvo, le provocó un inesperado asalto de sorpresa. Giró un poco el rostro y notó que Draco, quien veía al frente, apretaba la mandíbula sin animarse a decir nada pero sin soltar a Harry. El auror entrecerró los ojos y prestó atención a su alrededor: estaban solos.
—¿Pasa algo? —preguntó el moreno. Siguió sin obtener respuesta, de modo que, sin esforzarse en realidad, comenzó a buscar liberarse de aquella atadura que representaba la mano de Draco.
Entonces ocurrió.
Draco jaló a Potter para atraerlo hacía él: sus cuerpos de inmediato se reconocieron y las manos del moreno de inmediato rodearon la cintura del otro, buscando con desespero un poco de su calor. Sus labios congelados temblaron cuando la caliente boca se apoderó de ellos y la serpenteante lengua se abrió paso sin temor hacía esa cavidad que lo reclamaba. Un jadeo se ahogo en aquella fiera lucha de labios, lenguas y saliva, que se fundían como una sola.
El rubio acomodó sus manos y las pasó por los pectorales de Potter, acariciando y pellizcando aquellos pezones. Bajó su rostro y ahora su lengua succionaba con placer las tetillas, mordiéndolas, jalándolas y deseo tener más de él. Harry arqueó su espalda, enredando sus dedos en el sedoso cabello rubio, buscando más contacto de esa lengua. Y ahí estaba Draco, arrancándole gemidos placenteros, en medio de un frío escalofriante, con las plantas de sus pies cada vez más congeladas.
—Necesitamos una… habitación… —susurró Harry. Draco se limitó a abrir sus ojos, dilatados de placer y en un murmullo bajo, sus cuerpos desaparecieron del jardín. Ninguno se percató que, desde la ventana de una de las tantas habitaciones, Ted Lupin se encontraba mirando la escena a la distancia.
Harry sintió un agradable temblor cuando su espalda cayó directamente en una cama, de alguna habitación cálida, a causa de la chimenea encendida. El cambio de temperatura le provocó un espasmo que Draco se apresuró en calmar con la ayuda de sus labios.
El cuerpo del auror estaba frío al contacto, más eso no importaba. De alguna manera, sus manos desaparecieron toda prenda. ¿Quién las necesitaba en momentos como ése?
—Estás helado, estúpido —susurró Draco, colocándose a horcajadas sobre el cuerpo de Harry, arrebatándole aquellas gafas. Sus manos tocaron el rostro del auror, y se acercó a él, sacando la lengua para delinear el contorno de los labios ajenos. Sintió cómo las manos del otro se posaban en sus nalgas pálidas y las masajeaban.
—Caliéntame entonces, Draco —respondió, relamiéndose mientras disfrutaba del glorioso espectáculo de ver a Malfoy dejar caer su cabeza hacía atrás, con su miembro levantando orgulloso, y abriendo sus labios para soltar un quejido cuando uno de sus dedos helados había tocado la apretada entrada del rubio. Harry sonrió y su propio pene erecto buscó contacto con los testículos del otro. No tardó mucho en introducir un dedo dentro de Draco, expandiendo su entrada y susurrando un sencillo hechizo para lubricar sus dedos, haciendo la penetración dactilar mucho más fácil.
Draco se apoyó ambas manos en los pectorales de Harry, levantando más su cuerpo para moverse sensual y eróticamente, mientras buscaba más contacto con aquellos dedos. Entreabrió los ojos para ver los de Harry y encontró la misma pasión y devoción que tanto recordaba.
El moreno sacó sus dedos y con ambas manos tomó las nalgas pálidas, separándolas. Sin necesidad de emitir palabra, Draco sujetó la base de la verga endurecida de Harry y lentamente descendió sobre ella. Soltó un gruñido que apenas se comparó con el jadeo ajeno que le endureció todavía más. Temblando, cerró los ojos hasta que el pene quedó completamente dentro de él. Se movió en lentos y deliciosos círculos que hacían suspirar a ambos, antes de tomar aire y comenzar a moverse, montando a Harry en un vaivén errático, que sólo podía compararse con el movimiento de las manos del auror sobre la dura verga de Draco. Los jadeos y gemidos aumentaron cuando la intensidad de los movimientos se hizo fiera, cuando sus bocas luchaban por alcanzarse de manera caprichosa, cuando sus cuerpos se rozaban más y cuando Draco apretaba a posta su interior para sentir a Harry mucho mejor, moviéndose tortuosamente lento, mientras subía y bajaba, disfrutando de la gruesa polla.
Era una danza erótica cargada de sonidos, de lamentos deliciosos, las manos explorándose mutuamente, las miradas de deseos y pasión, aquellos movimientos que provocarían inmediata lujuria en aquellos que pudieran apreciarla. Y el rostro, Merlín, el rostro húmedo de Harry mientras gemía, la voz gutural de Draco mientras disfrutaba de cómo esa polla se enterraba dentro de él… todo, absolutamente todo eso era lo que necesitaban.
—Me voy… a correr…—gruñó Draco. Estaba tan caliente que no resistía más. Sus movimientos sobre Harry se volvieron salvajes, fieros y cuando sintió la verga tocar su punto, no dudo en morderse los labios, sin lograr reprimir los gemidos que de inmediato se volvieron sollozos al sentir como su cuerpo alcanzaba la culminación: se derramó sobre el pecho de Harry, mientras él empezaba a mover sus caderas, elevándolas para continuar la penetración más intensa y prohibida que había hecho con Draco. Jadeó, convulsionando de placer cuando su semen se derramó en aquel delicioso interior. Antes de darse cuenta, Malfoy cayó sobre su pecho, con la respiración tan errática como la suya, intentando tranquilizarla.
No era necesario hablar de ello.
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Aquella mañana terminó siendo inesperadamente fría. Aunque habían sugerido ir por Red Flu, Ginny le recordó a Astoria que las chimeneas de sus familias no estaban conectadas entre sí. Ambas mujeres se pusieron de acuerdo para hacerlo más adelante, pues seguramente en las vacaciones, tanto Scorpius como Albus querrían hablar.
Todo esto ocurría luego del desayuno, a las afueras de Malfoy Manor en el momento de la despedida. Nadie había descubierto que dos hombres se habían reencontrado con una pasión tan abrumadora, que ahora sólo podían mantenerse alejados el uno del otro para que aquella tortura acabara.
—Gracias por todo —aclaró Harry, siendo imitado tanto por su esposa y sus tres hijos. Apretó sus labios, sin saber por qué tenía esa amarga sensación en su pecho que le decía que algo no estaba bien. Resopló y extendió su brazo, dirigiéndolo a Draco, quien sólo levantó una ceja y miró interrogante a Harry—. Gracias —repitió, y en seguida el rubio levantó su mano para estrecharla.
Ambos hombres se miraron fija e intensamente, sin animarse a soltarse, aunque sabían que debían hacerlo. Sí, tenían que separarse de inmediato, ¿entonces por qué demonios no lo hacían…?
—Suficiente. ¡Ya fue suficiente!
Aquel gritó sorprendido a todos. Era Ted Lupin.
—¡¿Es que están ciegas?! —mientras Ted hablaba, la furia irracional se iba apoderando de su voz—, ¡ellos dos están enamorados! ¡Lo han estado siempre! ¡Draco y Harry se aman!
Un jadeo. Un murmullo. Una exclamación.
El flash de una fotografía que hizo a todos girar… luego, una persona, seguramente un reportero, desapareciendo ante sus ojos.
…el Profeta ahora lo sabía todo.
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¡Bueno! ¿Qué puedo decirles? Aquí va uno de nuestros últimos giros argumentativos. ¿Qué piensan que pasó? ¿Qué pasará ahora? ¿Por qué melodramatizo con estas preguntas? Jajajajaja.
No, realmente cuando me senté a escribir este capítulo, lo estuve planteando durante un muy largo rato. Creo que lo que tienen Harry y Draco en esta historia es tan fuerte que inclusive los supera a ellos mismos. Simplemente, todo se junto para que las cosas salieran así.
Bueno, como quedará claro, ésta es la última actualización de este año. Para los primeros días del 2013 continuaremos con este menudo lío al que metí a estos dos muchachos.
Feliz Navidad atrasada y próspero Año Nuevo. De corazón le agradezco a todas aquellas personas que, desde el inicio de la publicación de esta historia a inicios de Octubre, han seguido aqui, animandome. ¡Besos, abrazos, las mejores de las vibras a todos!
Muchas gracias a Ruka0727 y a Guest por sus comentarios.
¡Leamonos el siguiente año! ¡Besos!
