Harry Potter no es mío, desgraciadamente. Yo sólo ando escribiendo esta rara historia, a la que quiero mucho. PERO si alguien decide mandarme a mi casa los derechos de Harry a través de correo tradicional, pues, aquí yo los espero.


Un secreto de tres

Por:

PukitChan

17. Plenilunio: Siendo uno solo

Había momentos de su vida los cuáles jamás deseaba volver a repetir. Sucesos del pasado que golpearon fuertemente su existencia y dejaron una huella que, cuando era rozada por casualidad, aún dolía. Uno de esos momentos fue cuando Ron se fue de su lado en mitad de la búsqueda de los Horrocrux. El pelirrojo era más que su amigo, era su hermano, y aquella situación dolorosa le había hecho analizar a Harry lo mucho que le quería y también cuánto podía llegar a dolerle una mirada cargada de desprecio de parte de Ron.

Una mirada que deseó jamás volver a encontrarse... pero que ahora estaba tan cerca de él, que esa misma intensidad le provocaba una amarga sensación en su estómago.

—Di que es una broma muy estúpida —ordenó la endurecida voz que empezaba a destilar rabia a cada palabra pronunciada. Harry levantó sus ojos al igual que su cuerpo para enfrentar a Ron, quien, con los puños cerrados, parecía estar suplicando por un motivo, por más mínimo que fuese, para detener lo que estaba a punto de hacer.

—No es lo es, Ron —contestó Harry, entrecerrando sus ojos. Tenía que ser firme: si todo había caído ya de esa manera, lo menos que podía hacer el hombre era aceptar que todo eso era su responsabilidad—. Draco Malfoy fue mi ama…

—¡Cállate! —El grito de Ron fue tan fuerte y su movimiento tan rápido que, durante un segundo, Harry se preguntó qué había pasado. De pronto sentía la punta de una varita golpear su garganta, amenazándole. Su viejo instinto de supervivencia le exigía luchar y protegerse, sin embargo, optó por quedarse quieto y esperar, que era algo que había hecho durante mucho tiempo… esperar.

—Si quieres atacarme, deberías hacerlo ya —murmuró.

Pero Harry sabía que Ron vacilaba y aquello, aquel brillo desesperado en los ojos azules de su amigo que parecían suplicarle una mentira, le provocó un nuevo malestar al moreno; le había traicionado.

—¡Ginny te ama! —gritó enfurecido y presionando con más fuerza su varita—. ¡Yo confiaba en que ustedes siempre estarían bien! ¡Te confíe a mi hermana!

Potter escuchó los golpes y gritos de Hermione detrás de la puerta que los separaba, suplicándoles que se detuvieran, luego de que Ron la hubiese sacado de buenas a primera de la habitación.

—Hermano, escúchame…

—¡No Harry, demonios! ¡No soy nada tuyo! ¡Engañaste a mi hermana con esa estúpida serpiente!

El moreno entrecerró sus ojos y apretó sus labios, tragándose todo lo que, por un breve instante, pasó por su mente. Se concentró en la errática respiración de Ron, que no se molestaba en bajar su varita sino que encontraba más placer en poder acorralar a Harry, como si con eso una gran parte de su furia quedase reducida a nada. Pero, maldita sea, no podía, simplemente no podía.

Entonces Ron alejó su varita y sin más la arrojó al suelo. Bien, Harry era el Jefe de Aurores, no podría ganarle de esa manera aún si el otro no se defendía. ¡Pero, con un demonio! Definitivamente le ganaría a golpes. Cerró su puño, mirando a su desconcertado y triste amigo, y sin avisarle previamente, simplemente le soltó un puñetazo en su quijada, que hizo que el cuerpo de Harry tambalease y se golpeara contra la pared. Hermione debió haber escuchado el ruido que el impacto produjo pues de inmediato los gritos y golpes contra la puerta aumentaron.

Harry se intentó apoyar contra la pared para retomar su postura, dándose cuenta de que Ron esperaba la respuesta a su ataque, una que nunca llegaría pues sabía que el pelirrojo debía descargarse. Nunca antes habían tenido una pelea tan fuerte como esa… pero para todo había una primera vez, ¿no es cierto?

Ron volvió a buscar la mirada de Harry cuando golpeó esta vez la boca de su estómago. ¡¿Por qué no se defendía?! ¿Por qué no le decía nada? ¡¿Por qué?! Un nuevo puñetazo obligó a Harry a soltar un sollozo de dolor que no consiguió calmar a Ron. Una serie de irregulares golpes, que a cada segundo se volvían más confiados y violentos ahogaron la poca paciencia que Ron tenía en esos momentos.

Mientras Harry sentía el metálico sabor de la sangre ascender por su garganta y escapar por la comisura de sus labios, se obligó a recordarse a sí mismo aquella vieja responsabilidad. No era que creyera que se merecía eso, sino que era parte de las consecuencias que había aceptado tomar cuando, aquel lejano día de años atrás, decidió por fin aceptar la mano de Draco Malfoy.

Una sonrisa triste se dibujó en sus labios, aún en el momento en el que nuevamente sintió un doloroso golpe recorrer su columna cuando se azotó involuntariamente contra la pared una vez más. Draco. ¿Acaso tenía que pensar en él hasta en momentos como ése? Como si recordarlo fuese suficiente para traerlo de vuelta. Como si por ello, todo lo demás se resolvería mágicamente… como si Draco no tuviera sus propios problemas en ese momento.

—¡Suficiente!

A Harry le costó un momento darse cuenta de qué había sucedido. Los golpes se habían ido, dejando tan solo las secuelas de esto. Parpadeó, tratando de enfocar su mirada cuando notó primeramente que dos figuras se miraban con un rencor que sólo podía verse de esa manera luego de años de odiarse. Al tomar aire, tuvo un mareo que sólo logró confundirlo más. Inmediatamente después sintió unas cálidas manos tomar su rostro con suavidad y preocupación.

—¡Harry! ¡¿Estás bien?!

Hermione, que lo miraba angustiada, era quien lo sostenía y limpiaba con torpeza su cara. Parecía realmente asustada, lo que le motivó a preguntarse qué tan mal lo había dejado Ron con su paliza. Alzó el rostro y sus ojos se abrieron ante quien estaba ahí. Quiso decir algo pero nada salía de sus labios.

Draco Malfoy era quien había detenido la pelea. Sostenía el brazo de Ron en lo alto y lo miraba con la misma rabia con la que el pelirrojo había observado a Harry. Ron se removió con facilidad, soltando su brazo del agarre y volcando toda su frustración en el rubio.

—¡Tú…! ¡Maldita serpiente! ¡Por tu culpa…!

Mas antes de que algo más grave pasara, Hermione corrió al lado de su marido para detenerlo. Sostuvo con fuerza aquel cuerpo para mirarlo y suplicarle que dejara de golpearlo todo. Ron, aunque maldijo por lo bajo, pareció serenarse sólo un poco. Harry caminó tambaleante hacía Draco, que le dedicó una mirada fría pero aun así colocó una mano sobre el hombro del moreno.

—¿Estás bien…? —susurró en su oído de una manera que le hizo estremecer.

—¡Malditos! —gritó Ron sin moverse—. ¿Cómo pueden ser tan…?

—¡Ron, basta! ¡Nosotros no tenemos por qué meternos en esto!

—¿De qué hablas, Hermione? ¡Ése maldito traidor…! —señaló a Harry— ¡Él engañó a Ginny!

—¿Y te has puesto a pensar que opina ella de todo esto? —la voz dura que resonó en la habitación fue la de Draco. Entrecerró sus ojos, negando con su cabeza cuando una exclamación surgió de Harry—. En todo caso, quien debería golpearlo debería ser ella, no tú, Weasley.

Un incómodo silencio se apoderó completamente de la habitación. Todos, mirándose pero sumergidos en sus propios pensamientos, parecían haber ingresado a una zona donde sólo podía existir la furia palpitando a cada segundo.

—Larguémonos de aquí —susurró Ron, tomando la mano de Hermione para simplemente caminar hacía la chimenea y desaparecer tras un destello de polvos flu. Harry razonó que la furia de su amigo debía ser demasiado intensa como para negarse a aparecerse. Sin duda no podría pensar bien en esos momentos y con justa razón.

En un bufido fastidiado, Harry se recargó en la pared más cercana y se deslizó en ella hasta caer sentando en el suelo. Sonrió incrédulo mientras hundía sus manos en el desordenado cabello negro, volviendo su risa un tanto histérica. Qué estupidez, qué maldita estupidez. ¿A eso se reducía todo? A perderlo todo…

Fue entonces cuando sintió la frialdad de una mano colocarse en su antebrazo. Recordó dónde y con quién estaba y trató desesperadamente de encontrar algo que le ayudara a retener su cordura… y, para su sorpresa, se encontró con Draco, dedicándole la misma mirada que Harry recordaba de seis años antes, esa mirada que le transmitía sin palabras que valía la pena intentarlo.

Harry sonrió y asintió colocando su mano derecha sobre la de Draco.

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James Sirius Potter siempre había respetado a su padre. Toda su vida creció con un hombre que luchaba porque su familia fuera tratada como una igual de entre las muchas que existían en el mundo mágico. Pero, y eso lo sabía James perfectamente, los Potter no podían pasar desapercibidos. Justo como ahora y como solía ser siempre su vida.

—No entiendo la razón por la que estoy aquí —exclamó James, mirando al suelo. Tenía una sensación bastante amarga que no dejaba de recorrerlo desde que esa mañana, Harry había pedido que se adentrara a esa habitación, la que podía considerarse como la oficina de auror en la casa—. ¿Yo qué tengo que ver en todo esto?

—Entiendo que estés enojado, James…

¿Enojado? No, no sentía eso… James más bien se encontraba… desconcertado.

—Papá —interrumpió bruscamente el muchacho, sin enfrentar aún el rostro de Harry—. Sólo quiero saber que estoy haciendo aquí.

Escuchó un resoplido de parte de Harry y James, aún sin verlo, podía imaginarlo perfectamente removiendo incómodo su cabello y arreglándose las gafas. Se sorprendió al darse cuenta del modo en que conocía a su padre.

—James —ordenó. Sin planearlo, el chico levantó instintivamente el rostro al escuchar ese tono de voz. Descubrió la mirada preocupada de su padre, ésa que había visto alguna vez cuando por tontas razones, había acabado en San Mungo. Aquella vez, Harry no se separó en ningún momento de la cama incómoda en la que James estaba recostado, mientras le contaba historias que a cualquiera le avergonzarían pero que evocaban sonrisas de añoranza.

—¿Qué? —respondió, aún de mala gana. Harry sólo entrecerró los ojos.

—Lo siento —exclamó más suavemente de lo que se esperaba.

—¿Por qué…?

—Debes estar muy decepcionado y furioso conmigo. Por ustedes… por mamá.

Al escuchar nombrar a Ginny, James sintió un profundo hueco en su estómago. Si de verdad Harry estaba con Draco, sólo hasta ahora podía plantearse de qué manera podía afectar eso a su familia. Cerró los ojos reprimiendo con todas sus fuerzas sus lágrimas. Su familia era alegre, cálida y unida pero ahora, ¿acaso no podía verlos juntos en Navidad? ¿Cuándo regresara de cada año escolar de Hogwarts no los vería esperándolo en el andén? ¿Al despedirlo? Mordió sus labios, impidiendo que un sollozo escapara de ellos. No le importaba, de verdad que no. Ya no era un niño como Albus o Lily. Era mayor. El mayor de sus hermanos.

Sin embargo, cuando sintió los brazos de Harry rodear su cuerpo con ese familiar calor cariñoso y protector, James sintió que algo rompía su fuerza. Se acurrucó contra el pecho de su padre y, tratando de ser lo más silencioso posible, rompió a llorar. Temblaba, ahogando cualquier ruido pero era consiente que sus lágrimas no podían ocultarle nada a su padre. Harry simplemente lo abrazó y consoló al niño que todavía era su hijo. Era natural que tuviera miedo.

—Lo siento —musitó Harry, con voz más ronca. James negó con la cabeza muchas veces—. De verdad lo siento mucho, James. Estoy seguro de que ahora no puedes perdonarme pero realmente espero que algún día logres hacerlo. Y cuando quieras escuchar la explicación, yo te la daré. Pero lo que haya pasado no implica que dejemos de ser una familia.

—Nada será lo mismo —tartamudeó el chico, apretando la ropa mojada de su padre.

—No, no hay manera, pero estoy seguro de que podemos formar algo juntos. Somos un equipo, ¿recuerdas?

Ésas eran las palabras que Harry solía decirle cuando jugaban juntos Quidditch. Sonrió.

—Al… él…

—¿Qué pasa con tu hermano?

—Es Slytherin…

Potter meditó esas palabras unos segundos. Los slytherin eran orgullosos, fuertes, pero también más cuidadosos. Y si Draco era un buen representante de la casa de las serpientes, supuso entonces que para su hijo Albus, perdonarle iba a ser más difícil que para James o inclusive Lily.

—¿Te preocupa? —cuestionó Harry con calma. James negó más fuerte.

—Él… es fuerte.

Harry estrechó a James, dándole un beso en sus cabellos. Sí, Albus era fuerte y siempre le había preocupado eso. Le preocupaba que lo fuera demasiado.

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—Madre… ¿estás bien?

Scorpius levantó los brazos, rodeando el cuerpo de Astoria. Él aún era muy pequeño como para superarla en altura pero pese a eso, tenía ya la educación de saber cómo permanecer junto con alguien. Su abuela solía decir que, pese a lo mucho que había malcriado a su padre, le alegraba ver cómo Draco había formando un hogar más cálido de lo que ella pudo ofrecerle en su momento a su hijo.

—Estoy bien, Scorpius —aceptó la mujer, inclinándose para quedar a la altura de Scorpius, acomodándole un mechón de su rubio cabello. Sonrió al ver los rasgos de Draco reflejados en él, la belleza que había heredado con maravilla. Y también la expresión solemne tras la cual se ocultaba una preocupación que para los demás podría pasar inadvertida, menos para ella.

—¿De verdad? —insistió el niño—. Padre…

—No, Scorpius, no hagas esto. Lo que ha pasado entre Draco y yo es algo que sólo nos concierne a nosotros y tú no tienes por qué asumir cargas que no son tuyas.

—Pero Albus y yo…

—Sin importar que hayan hecho, ustedes no tienen la culpa de nada —Astoria sonrió—. Creo que hasta les deberíamos agradecer.

—¿Por… arruinar de este modo las cosas? —cuestionó Scorpius, sin bajar la mirada pero titubeando inesperadamente. Su madre rio.

—Sé que piensan que todo surgió de ustedes, pero la verdad es que no es así. Simplemente es algo que debía pasar, Scorpius.

—Pero tú y padre…

—Draco y yo hablaremos largamente sobre este asunto, no te preocupes. Pero tendrás que resistir Scorpius. Eres un Malfoy y un Greengrass y estoy segura de que sabrás hacerlo. Las cosas no van a ser fáciles, mucho menos en Hogwarts… pero, si yo puedo, tú también. ¿Cierto?

Scorpius se separó un poco para asentir, mostrando toda la educación que desde pequeño le fue inculcada.

—Eso es —asintió la elegante mujer, besando la frente de Scorpius—. Tu padre y yo te amamos, Scorpius.

Antes de que el niño pudiera añadir algo más, escuchó el firme caminar de su padre. Draco, con ese andar tan refinado y peculiar, se dirigía a ellos con una expresión más calma de lo que Scorpius pudiera imaginar. Era eso o que su padre era el amo de la inexpresión pero, a juzgar por como lo conocía, suponía que era más la segunda razón. Durante la cena de Navidad lo había visto interactuar con el padre de Albus y jamás imaginó que ellos tuvieran… algo.

—Padre… —susurró al fin.

Astoria se incorporó y sacudió sutilmente sus ropas mientras miraba a Draco acercarse a ellos.

—Debemos hacerlo ahora —murmuró Draco, dedicándole las palabras exclusivamente a su esposa pero tocando el hombro de su hijo.

—Estoy de acuerdo con eso —contestó ella, asintiendo—. También…

—Él y yo hemos hablado también sobre el asunto. Cree estúpidamente que si enfrentamos a la situación, puede que las cosas reduzcan.

—Es un Gryffindor.

Scorpius, que giraba la cabeza cada que la conversación cambiaba de locutor, supo de inmediato que se había perdido de algo importante. Lo único que pudo relacionar es que cuando su padre había dicho "él" se refería a Harry Potter. Y le impresionó mucho lo poco que pareció importarle a su madre que fuera mencionado frente a ella. Draco bajó la mirada a su hijo y le dedicó una sonrisa.

—Te prometo que te explicaremos todo, Scorpius —susurró Draco, como si hubiera leído la mente al pequeño rubio—. Pero ahora tendrás que esperar con tu abuela en la mansión.

—Lo sé —refunfuñó lentamente. Ya no era un niño.

—¿Vamos? —preguntó Draco. Astoria asintió en silencio y le siguió. Scorpius permaneció quieto mientras sus padres desaparecían dentro de su rango de visión. ¿Acaso era parte de los Malfoy el impedirse a sí mismos dejarse derrumbar? O quizá tenía que ver más con la dignidad que con la fortaleza.

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En la sonrisa retorcida que se extendía por sus labios casi podía leerse la conocida y fastidiosa frase de "Se los dije." Pero Harry sabía que Luna jamás diría esas palabras o al menos no se regodearía frente a ellos con especial deleite por que, como solía ser más veces de las que uno podía imaginarse, su amiga había tenido la razón.

Habían sido estúpidos al dejarse llevar por esa sarta de tonterías, esas razones patéticas por las que habían elegido separarse. Razonándolo, quizá Draco había sentido miedo de amar más al auror de lo que ya lo hacía… y Harry sólo, tontamente, había tratado de proteger a Draco de sí mismo. Pensándolo con lógica… bueno, no tenía ninguna base cuerda. Y quizá precisamente por eso Luna los entendía perfectamente.

—He leído las otras publicaciones —comentó Luna, haciéndose un hueco para caminar entre los objetos, papeles y algunas otras cosas que se amontonaban en la pequeña habitación, donde de milagro cabía todo lo que usaban para la publicación del Quisquilloso. Aunque su padre ya era mayor, nunca dejaba de hacer esa revista, seguramente más para pasar el tiempo como su verdadero pasatiempo que para hacerle competencia al Profeta—. Pintan muy divertido lo de ustedes… ¿sabían que Corazón de Bruja cree que son ahora los infieles más codiciados de Londres?

Draco carraspeó, preguntándose cómo demonios podía Luna sobrevivir en medio de tanta confusión. Luego se recordó que era la rubia con quien estaban tratando, resignándose a buscarle alguna explicación.

—Tal vez si aparece nuestra versión de los hechos, sin que por ello se involucre demasiado a nuestros hijos, a Ginny y Astoria, eso logrará que al menos minimicen las ridiculeces que están publicando.

Luna asintió varias veces, pero su expresión parecía la de alguien que apenas estaba escuchando lo que le estaban diciendo, pese a la importancia que tenían aquellas palabras.

—Entonces es importante hacer la entrevista —concluyó Luna, sonriendo. Luego, detuvo bruscamente sus pasos y los miró fijamente. A Harry y a Draco—. Pero, deben saber que esta vez no habrá una segunda oportunidad. Sólo es una y esta vez no pueden dejarlo todo por indecisión. Así que… ¿lo darán todo, pese a lo mucho que pueda doler eso y las veces que quieran dejarlo atrás?

Harry se sorprendió mucho al escuchar esas palabras de los labios de Luna. Ella no solía decir cosas como ésas. Ella sólo se reiría de ellos, como siempre lo había hecho. Pero entendió a qué se refería. Y Harry no volvería a ser cobarde, no con Draco, a quien quería para el resto de su vida a su lado, pese a que él había susurrado con una sonrisa arrogante «Eso es mucho tiempo, Potter.»

—Lo haremos —susurró Harry, tomando una vez más la mano de Draco, quien se limitó a asentir en silencio. —Por todos… por nosotros.

Luna sonrió y la entrevista que sería publicada en el Quisiquilloso comenzó.

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Autora al habla:

Disculpen la tardanza. Daría una buenísima excusa, pero la verdad es que únicamente estaba descansando. Estoy a punto de regresar a la Universidad junto con mis prácticas profesionales, así que ya saben, líos de papeleo y mucha flojera.

Por otro lado, creo que se nota muchísimo que estamos llegando al final de esta historia. ¡No puedo creerlo! Pero ahí vamos, lento pero seguro.

En este capítulo me surgió una duda existencial: Rio,del verbo reír es: Rió... o rio. Si alguien me resuelve esa incógnita, le querré el resto de mi vida.

Muchas gracias a Violet Strawberry, Acantha-27 y FanFiker-FanFinal por todos los reviews. ¡Besooooos!