Harry Potter es de J.K. Rowling. Sigo preguntándome cuánto puede frustrarme ello.
Un secreto de Tres
Por:
PukitChan
18. Sacrificios: De qué se trata el amor
Cuando Ginevra Weasley contrajo matrimonio con Harry Potter pensó que lo suyo era un lazo eterno que nada ni nadie podría romper. Incluso creyó ciegamente en la promesa que el auror le había hecho en su oído mientras susurraba que le amaba, lo cual en esos momentos, fue real. Pero incluso ella admitía que alguna vez llegó a preguntarse si lo que Harry y ella habían tenido era amor… verdadero. No, no era una cursilería de chicas, como Ron lo llamaba, era una realidad que muchas veces se negaban a ver.
Ginny primeramente se había enamorado del héroe. Harry fue su caballero de brillante armadura, aquel que no sólo salvó al mundo mágico al detener al señor Tenebroso, sino que también arriesgo su vida por ella. Y eso la había hecho sentir más especial y más cerca de Harry cada día, aunque por aquel entonces no era más que una niña entrando a la adolescencia. No mucho mayor e inocente y torpe de lo que lo eran ahora James y Albus.
Sin embargo, crecer no le había hecho desistir en sus intenciones. La admiración que sentía por Harry y sus grandes hazañas fue creciendo conforme pasaban los años de ambos en Hogwarts. Fue a partir de quinto año donde empezó a dejar de ver la figura del héroe y comenzó a ver al humano lleno de virtudes y defectos. Al pasar al sexto año ya había comprendido que Harry no era fácil de tratar y comprender, que el muchacho tenía muchas veces un horrendo carácter que en ese tiempo era más bien debido a la constante presión de Voldemort.
Y él llegó a amarla. Llegó a amar a la chica fuerte y decidida que en ese tiempo se había vuelto Ginny; en la hermosa adolescente que tenía el temple suficiente para entenderlo pero, ¿cómo no podría hacerlo? Durante años estuvo mirándolo, incluso cuando lo encontró por primera vez en King's Cross y ese fortuito encuentro lo llevó a su lado. Lo miró durante tanto tiempo que, para cuando Harry comenzó a conocer un poco más de ella, Ginny ya sabía todo de él. Pero, había pasado tanto tiempo mirando sólo a Harry, que nunca se le ocurrió echarle un vistazo alrededor, y eso, una pequeña mirada de reojo, habría bastado para darse cuenta de que ella no era la única que lo observaba y analizaba. Hubo alguien antes que ella. Existió alguien que despertó desde el inicio en Harry, sensaciones que no se repitieron con ninguna otra persona. La química había estallado en ambos tan intensamente que todo el mundo la conocía pero la confundía con odio y rivalidad.
Ese alguien fue siempre Draco Malfoy.
Por eso ahora mientras Harry deslizaba una taza de té frente a ella y se sentaba en el extremo contrario de la mesa pero mirándola frente a frente, Ginny pensó que, lo que ellos habían compartido, se asemejaba mucho al amor que tienen dos personas que han pasado mucho tiempo intentando conocerse, al cálido cariño que envolvía sus cuerpos y les decía que estar juntos era natural. Y era posible que, si Draco no hubiera aparecido de vuelta, su matrimonio jamás habría terminado porque seguirían siendo felices, porque estaba bien estar juntos pero extrañamente incompletos.
—Merezco una explicación —sentenció al fin, levantando la taza para beber un pequeño sorbo de ella, sólo para mantenerse distraída unos instantes. Qué irónico. Ambos, sentados en la cocina donde habían pasado tantas cosas y donde ahora justamente finalizaban todas ellas.
Harry miró admirado a la mujer que era su esposa. Ginny lo comprendía tan perfectamente, aceptándolo con todos sus errores y aciertos, que ahora no esperaba nada más que lo que, sabía, le podía dar. Y eso no le enfadaba porque la pelirroja lo amaba de la misma manera en la que conocía: humanamente.
—La mereces —asintió el auror, girando con la cucharilla el té que aún emitía pequeñas nubes de vapor. Suspiró y al levantar la mirada, recordó el enorme cariño que sentía por Ginny por ser una persona tan importante en su vida. Suspiró—. Draco y yo nos reencontramos hace más de seis años en el Caldero Chorreante, luego de una misión. No sé cómo ni por qué, pero nos besamos aquel día. Aunque no fue de inmediato cuando decidimos mantener una relación de amantes… sólo hasta que se volvió inevitable seguir huyendo pero buscando cualquier pretexto para vernos, tomamos la decisión de hacerlo. Al inicio sólo eran reuniones en un hotel, generalmente del mundo muggle, pero pronto la necesidad fue más y más alta. Conseguimos una casa y la ocultamos mediante el encantamiento fidelio.
Los ojos de Ginny resplandecían con tanta fuerza que Harry se abrumó por unos instantes.
—¿Quién fue el tercero…?
—¿Eh?
—El guardián del secreto para el fidelio. ¿Quién fue?
Harry mordió su labio inferior, observando el té, como si de esa manera pudiera lograr que éste se enfriara más rápido.
—Luna —contestó.
La pelirroja sonrió irónicamente al escuchar la respuesta.
—Claro —farfulló—, ¿quién sino se prestaría a ello? Luna es el tipo de personas que siempre ven muchas más allá…
—Luna siempre dice que lo que tengo con Draco era algo obvio desde el inicio. Nunca me detuve a analizar sus palabras quizá por que en el fondo sabía lo ciertas que eran.
Ginny miró a Harry, deseando sentir rabia contra el hombre, pero lo único que parecía emerger con facilidad de sí misma eran los recuerdos de lo feliz que había sido con él. Sí, estuvo enojada y furiosa cuando se enteró del engaño pero, tras hablar con Astoria, algo cambió… ¿por qué sería que los sentimientos más dolorosos disminuían de peso porque fueron comprendidos y escuchados por alguien más?
—¿Qué pasó después de que hicieron el encantamiento?
—Comenzamos a vernos cada cierto tiempo; a veces era una vez al mes, otras, dos veces cada semana. No sé cómo pasó todo esto pero cuando menos me di cuenta comencé a dejar pequeñas cosas en la casa… un cepillo de dientes, ropa, luego fotografías y entonces dejó de ser una casa o una forma de ahorrarnos el hotel del turno… se volvió un hogar. Merlín, debes odiarme.
—Lo hago, Harry —respondió automáticamente—. Ahora mismo te odio. Si te arrojo una bludger en cualquier momento a ti y a Malfoy, sabes por qué fue.
—Seguramente todos los que tengan el apellido Weasley pensarán en arrojarnos a un equipo de Quidditch completo.
Ella rio entre dientes.
—¿Ya te encontraste a Ron? —rodó los ojos—. Seguramente te reclamó y golpeó en mi nombre.
—Está bien, me te lo tenía merecido.
—Es un tonto entrometido —susurró, sonriendo con ternura ante el recuerdo de uno de sus hermanos mayores—. Yo que tú me preocuparía más por Percy o por mamá.
Harry gimió como si de verdad Ginny le hubiese arrojado la bludger.
—Molly debe estar pegando el grito en el cielo.
—Es cierto. Mamá querrá hechizarte. Te convertirá en una gallina o algo así y te obligará a comer gusanos… —la mujer cerró sus ojos y suspiró—, pero te quiere y sólo por eso, aunque tarde, ella sabrá perdonarte.
—¿Y tú, Ginny?
—Ahora mismo no tengo muy claros mis sentimientos —admitió en voz baja—, ni mucho menos sé que es lo que debería sentir por ti… pero imagino que debe ser un fuerte castigo la manera en la que se enteraron nuestros hijos. Por cierto tendrás que hablar claramente con ellos. Lo sabes, ¿cierto?
Harry asintió y buscó en los ojos de Ginny la tristeza que los consumía, encontrándose únicamente con una rabia apaciguada y una comprensión que llegaba ser dolorosa.
—Los chicos también te perdonarán tarde o temprano —continúo ella en su monologo—. Son unos buenos niños, no por nada son nuestros hijos. Aunque les sea muy difícil entenderlo todo ahora, tú siempre serás su héroe, Harry.
—No creo ser merecedor de la admiración de ellos —susurró.
—Nop, no lo eres —exclamó riendo, una risa que intentaba inútilmente ocultar las dos lágrimas que brillaban en la orilla de sus ojos castaños—, pero nunca dejarás de ser padre… un buen padre.
Harry cerró el puño, luchando contra las ganas de levantar su mano y limpiar con ternura las lágrimas de su aún esposa. Pero hasta él sabía lo inhumano que podría resultar aquel gesto, de modo que se limitó a entrecerrar los ojos y a resistir la imagen de Ginny llorando frente a él, sin que ninguno de los dos bajara la vista en ningún momento.
—…te detesto, Harry —murmuró Ginny con la voz ahogada—. ¡Te odio tanto! ¡Odio tanto a Malfoy y a Luna por apoyarlos! ¡Porque mi felicidad se fue desde que ustedes tres decidieron formar un estúpido secreto! Y… y nosotros… fuimos felices juntos. ¡Lo fuimos! Y amaba tanto aquel sueño del que no me hubiera gustado despertar…
"Pero a mi sí" pensó Harry para sus adentros "Aunque sea difícil me gustó despertar con Draco a mi lado."
Ginny, hipeando, deslizó sus brazos para limpiar las lágrimas de su hermoso rostro en un acto tan infantil y tierno, que Harry casi recordó a la pequeña niña que era cuando para él sólo era la hermana menor de su mejor amigo.
—Sé que es lo mejor pero eso no me impide sentir esto, Harry —sollozó, sus manos temblaban mientras sus labios soltaban una risa suave, que seguramente eran los intentos de Ginny para serenarse—. Así que… por favor…
Al momento de articular esas últimas palabras, Ginny extendió su mano temblorosa hacía Harry por encima de la mesa. El auror vaciló sobre lo que quería hacer la pelirroja hasta que miró con atención y comprendió todo. En el dedo anular de su esposa brillaba su anillo de matrimonio.
Harry apretó sus labios y estiró su mano sosteniendo firmemente la de Ginny, que había dejado de llorar pero que observaba atentamente cada movimiento como si aquello fuese una curiosa y desagradable exhibición. Entonces Harry cerró dos de sus dedos sobre el anillo y lentamente comenzó a deslizarlo por lo largo de los dedos de Ginny hasta quitarlo. Por un momento contempló el anillo y sonrió con melancolía, atreviéndose a preguntar si algún día se arrepentiría de ello… pero inmediatamente la imagen de Draco acudía a él, diciéndole que sólo pensaba así porque era un Gryffindor. Un estúpido Gryffindor.
Harry movió su cuerpo mientras se quitaba su propio anillo de matrimonio y lo dejaba caer en la mesa, donde también reposaban unos pergaminos amarillentos pero claramente nuevos.
Eran sus papeles de divorcio.
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Astoria ladeó la cabeza con tanta elegancia y de una manera tan apropiada que incluso en momentos tan irónicos como esos, nadie podría atreverse a negar por qué ellos habían contraído matrimonio. Cualquiera ajeno a los Malfoy pensaría que su matrimonio con Astoria no era más que una simple conveniencia, algo que podría reafirmarse por el modo tan tranquilo con el que ella tomaba las cosas pero Draco sabía perfectamente que, si había algo que quería realmente de ella, era esa manera suya de hacer que todo lo que pareciera terrible se volviera un poco más suave.
—Sería estúpida si no estuviera enojada contigo, Draco —comentó ella, negando con la cabeza—. Pero, ¿qué gano haciendo una escena humillante para mi? Basta con que aclararemos el asunto, veamos qué será lo mejor para Scorpius y hablar de nuestro divorcio.
Por algo ella era de Slytherin.
—Qué fría —susurró Draco, esbozando una sonrisa y bebiendo un sorbo de vino. Ella le imitó.
—¿Lo soy?
El rubio levantó su mirada y se encontró con los brillantes ojos de Astoria opacados por un rostro hermoso, pero lleno de seriedad.
—No, no lo eres. Nunca has sido una persona fría. Al menos no para mi ni mucho menos para Scorpius.
—Ustedes son mi familia —replicó, alzando una ceja—. Los demás son sólo personas ignorantes a las que les gusta juzgar sin conocer. Pero veo que Potter se tomó su tiempo para conocerte.
—Basta… o creeré que no te importa.
—Me importa lo suficiente para pedirte el divorcio. Si de verdad no te amara, me daría igual con cuántos o con quiénes estuvieras, seguiría viviendo tranquilamente mi vida cómoda y feliz.
—Qué sencillo suena si lo dices de esa manera, Astoria.
Ella caminó y colocó su mano en la mejilla de su esposo. Le sonrió con tristeza y se inclinó para depositar un beso en su mejilla.
—Te amo, Draco. Probablemente ambos hayamos olvidado cuándo dijimos esas palabras tan directamente pero no somos así. No fuimos criados para ser expresivos con las palabras pero si para asegurar que lo hacíamos. Pero lo hice… aún lo hago.
—Yo te amé, Astoria —comentó, acariciando su largo cabello—. Y te quiero.
—¿Y dices que yo soy cruel, Draco?
—Lo sé.
—Discúlpate al menos.
—¿Por qué razón?
Ella lo consideró. Razones había muchas, demasiadas, pero al final sólo pesaba una más que las demás.
—Por fingir que me amabas. Por eso. ¡Ah! Y por escoger a alguien de Gryffindor. ¿En serio? ¿Gryffindor?
—Créeme esa pregunta me la hice yo cientos de veces… —susurró.
—Tú y yo somos iguales, Draco… pero creo que las cosas funcionan mejor cuando hay más contrastes. Coincidir en tantas cosas no siempre es bueno, ¿cierto?
—Lo será si podemos seguir coincidiendo con Scorpius.
—Por supuesto… pero me tomaré mi tiempo para acostumbrarme. No creas que esto será tan sencillo para mi, Draco.
El hombre la abrazó con suavidad.
—Nunca ha sido sencilla mi vida. Quizá ya va siendo hora de que tenga un poco de tranquilidad.
—Si lo que quieres es tranquilidad, creo que vas por el camino equivocado. Él no te dará paz y lo sabes.
—Lo hará… a su ridícula manera.
—Eres un caso perdido, Draco…
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Albus frunció el ceño cuando comenzó a leer la entrevista. Luna Scamander tenía que ser.
«Es un día claro, la casa está llena de papeles y Rolf ha traído un nueva especie que dice que debo analizar después de mi entrevista con Harry y Draco, aunque sigo sin encontrarle mucho del sentido a esto, pero es interesante así que lo haré. Ellos me recuerdan a una pareja de Dimikos que están de un lado a otro persiguiéndose incesantemente.
—¡Qué gusto tenerlos por aquí! —digo sonriente—. Hace mucho tiempo que no publicábamos algo que tuviera que ver tan directamente con Harry. ¿Recuerdan la entrevista cuando regreso Lord Voldemort? ¡Fue tan divertida la cara de Harry cuando llegaron las cartas de los lectores! Y la profesora Umbridge…
—Ehm, Luna —me dice Harry—, deberíamos hablar de lo que pasó…
—¿Tan pronto? —pregunto, desconcertada—. Está bien si eso es lo que quieren. A ver… ¿cuál creen que es la razón por la que todos se tardaron en darse cuenta de que ustedes dos se gustaban?
Harry se sonroja y Draco levanta su ceja. Lo hacen de manera tan sincronizada que me pregunto si ellos se darán cuenta. Los he visto hacer eso treinta dos veces.
—Uhm, en realidad sólo queríamos contar un poco de la historia y por qué hemos decidido estar juntos.
—Pues porque se quieren —respondo, ante lo más obvio del mundo—. ¿Acaso no es lo normal estar juntos si dos personas se quieren? Digo, ¿qué lógica tendría estar con alguien si se odian?
Draco pone los ojos en blanco. ¿Sabían que cuando hace eso se ve muy raro? Es como si estuviera siendo poseído por alguna clase de bicho extraño que se ha metido en su interior.
—Bueno, tienes razón en eso. Yo quiero a Draco Malfoy y él a mí. Por eso es inútil negar que hayamos sido amantes durante seis años y que ahora ambos hayamos decidido solicitar el divorcio con nuestras respectivas parejas.
—¡Vaya! ¿Y Ginny y Astoria se quedaran con objetos que les regalé tras el divorcio? —exclamo entretenida con su conversación—. ¡Espero que no, están diseñados para ustedes dos solamente!
—Ellas… aceptaron el divorcio.
—Qué locas si no lo hacen —susurra bajo Draco, aunque lo alcancé a escuchar para escribirlo en esta publicación. Ginny, Astoria, les dijo locas, deberían tener sus varitas listas.
—Y haremos lo mejor para nuestros hijos, quienes no tienen responsabilidad en esta situación. Me temo que sólo son parte de los afectados.
Ambos parecen preocupados.
—Es sólo que deseamos lo mejor para ellos, que los amamos.
—Sí… —decidió por fin hablar Draco. Se ve más pálido que de costumbre. ¿Por qué será? ¿Acaso Harry se dio cuenta de ello o es precisamente el causante de ello?
—Creo que tendrán que aceptarlo, al final de cuentas ya lo hicieron ustedes, ¿no?
—¡Luna!
—Quiero pudín. ¿Ustedes no? Esta entrevista será muy larga…
El pudín es suave y delicioso. Me gusta el pudín. Rolf es bueno preparando el pudín. ¿A los hijos de Draco y Harry les gustará? Tengo que preguntarles eso a sus padres, además…»
Albus revolvió y aplastó entre sus manos la publicación del quisquilloso. ¡¿A quién se le había ocurrido dejar que Luna dirigiera una entrevista? A su padre, pro supuesto. No por nada el segundo nombre de su hermana era Luna. ¿Verdad? ¡Pero, por favor! ¿Qué estrategia de su padre era esa? ¿Y cómo el señor Malfoy había acabando aceptando eso?
—Qué tontería… —murmuró, aventando la publicación lo más lejos que sus fuerzas le permitieron. Observó a un gnomo de jardín avanzar de puntillas con camino hacía la madriguera, otra vez.
—Al, creo que debemos hablar —comentó la voz masculina que se dirigía a él a paso lento.
—No tengo nada de qué hablar, Ted.
—No creo que quieras regresar a Hogwarts enfadado con Harry, ¿o sí?
—¡Deja de defenderlo, Ted! ¡Te recuerdo que tú eres el que arruinó todo! —gritó, rabioso y enseguida se percató de sus palabras, cubriéndose la boca con las manos—. Lo… lo siento, Teddy…
Pero Teddy no pareció ofendido. Simplemente se recostó en el pasto, al lado de Albus.
—Ey, Albus ¿Quieres oír mi versión de la historia…?
—No.
—No importa, igual te la voy a contar.
—Idiota.
—Sí, lo he sido. Victoire también me lo solía decir. En fin, cállate y escucha: Harry no está equivocado.
—¿Ah, no?
—No. Así que sólo, quizá, deberías darle una oportunidad…
Pero a veces basta sólo eso para cambiar una vida…
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Autora al habla:
Es posible que tras unos tres capítulos cierre esta historia. Estoy preparando un PDF de más de 120 páginas. Jajajajaajajaja.
Gracias a Fanfiker-Fanfinal, Violet Stwy y Acantha por los reviews recibidos. ¡Siempre me infunden los mejores ánimos!
