Harry Potter y su mundo siguen sin pertenecerme. Tendré que pensar mañana en la noche en una nueva forma de conquistarlos.
Un secreto de tres
Por:
PukitChan
19. Perspectiva: Recorriendo el sendero
Fue el retorno a Hogwarts más silencioso de su vida. Incluso en un tren lleno de estudiantes ruidosos y un carrito lleno de los más apetitosos dulces, James, Albus y Scorpius permanecían en inmóviles. Hyperion leía un libro, James se entretenía dibujando cualquier tontería en la esquinita de un pergamino y Al… bueno, él miraba el paisaje aburrido, pero hermoso, que recorrían a medida que avanzaba el tren. Rose en ese instante no los acompañaba pues había decidido permanecer en otro vagón, seguramente para evitar un enfrentamiento con su padre, Ron. Y era perfectamente entendible eso.
James sabía que todos esas miradas curiosas que se posaban en su vagón cada que un estudiante pasaba por ahí, se debían al escándalo que había caído inesperadamente sobre los Malfoy y los Potter el día de Navidad. Desde que estaban en King's Cross los seguían los cuchicheos, rumores y miradas incómodas que otros no habrían soportado pero ellos, por ser hijos de quienes eran, estaban ya bastante acostumbrados a recibir.
Resopló y aplastó el pergamino entre sus manos, mirando de soslayo a su hermano menor. Sabía, porque era un curioso, que Harry intentó varias veces y por distintos medios hablar con Albus, pero éste rechazó cualquier invitación de su padre. En ese sentido, James fue más abierto y estaba al tanto de que tanto Ginny como Harry hablarían con su hermana Lily, para explicarle qué estaba ocurriendo de la mejor manera posible, pero…
Regresó su mirada y se encontró con el mejor amigo de su hermano observándole con atención. Scorpius era silencioso a su lado pero eso implicaba que sus ojos carecieran de expresividad. Y ahora mismo, ese rubio parecía estar mandándole una advertencia que le parecía decir «No le molestes precisamente ahora, James. ¿No ves que está peleando por entenderlo?» Tan solo por eso, James apreciaba un poco más al chico Malfoy, aunque fuese un Slytherin, porque se notaba que apreciaba a Albus.
En ese preciso instante, ambos interrumpieron sus propios pensamientos al ver a Albus levantarse de su asiento con expresión fastidiada. Scorpius levantó la ceja y James se limitó a verlo en espera de una repentina explicación a su extraño comportamiento. Pero Albus simplemente se sacudió la ropa y se encogió de hombros.
—Voy a… —calló, como si se recordara que no se le había ocurrido nada que inventar. Se encogió de hombros y salió del vagón pese a estar consiente de que allá afuera únicamente se enfrentaría a miradas desagradables y palabras venenosas. Quiso detenerlo pero por alguna razón, sintió que lo que Albus quería era alejarse de ellos dos. Asintió. —Ahora vuelvo, chicos. Veré a Rose.
En el momento en el que salió, Scorpius bajó su libro y clavó sus ojos en James, que le devolvió una mirada igual de intensa que la de Albus, pero con más diversión brillando en ella.
—¿Estará bien? —preguntó Scorpius, sin poder resistir eso mucho tiempo.
—No lo sé —admitió James, agitando su cabello de manera inconsciente—. Yo estaba pensando que a lo mejor tú me podrías haber respondido esa pregunta.
—Eres su hermano mayor, James.
—Y tú su mejor amigos, Scorpius —le imitó y sonrió a modo de disculpa—. Sé que Teddy habló con él, después de que rechazara los intentos de papá… a decir verdad ni idea de que platicaron pero imagino que no funcionó ya que, bueno, sigue como ahora —sacudió su cabeza de un lado a otro y suspiró—. Oye, ¿y tú estás bien?
Scorpius se sorprendió ante la pregunta de James, en la que podía percibirse el genuino interés que había en ella. Gryffindor tenía que ser, susurró su mente.
—Es mi padre después de todo… y precisamente por eso no quiero y no me interesa saber qué hace con tu padre.
—¡Oh, Merlín! —chilló James, cubriéndose los oídos—. ¡Yo tampoco quiero saber algo así, entonces cállate y no actives mi imaginación, por piedad!
Scorpius rodó los ojos ante el infantil comportamiento de James, pero se limitó a volver a lectura de su libro mientras el mayor se reía y observaba el dibujo de una snitch en la orilla de su pergamino.
—Sólo quiero que Al no se preocupe tanto, no me sabe bien decirlo, pero sólo somos niños.
—Sí…
El camino a Hogwarts fue más largo de lo que alguno de los tres recordaba. También, los pasillos que antes habían sido cálidos ahora se volvían más fríos a medida que avanzaban. Y aún durante la selección de los nuevos alumnos a sus casas, sintieron que a nadie le interesaba demasiado ello.
Era una extraña manera de volver al sitio que los alojaría durante casi medio año. Por eso, cuando esa misma noche James registraba su baúl, con tal de hacer algo para ignorar el silencio de sus compañeros de habitación, sonrió al ver el mapa del Merodeador envuelto en su túnica escolar. Se levantó y se arrojó a la cama, cerrando las cortinas rojas que la rodeaban para darle privacidad. Después de murmurar un «Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas» comenzó a examinar el mapa con curiosidad. Casualmente ese objeto había aparecido entre sus manos en las vacaciones antes de iniciar el año escolar. Sobre cómo lo había hecho funcionar, no es que su tío George lo hubiera atrapado en el baño de la tienda de artículos de broma y, con una sonrisa bastante divertida, hubiera murmurado el hechizo y desaparecido diciendo que probablemente James estaba mal de estómago y por eso se demoraba tanto.
—Veamos quién está divirtiéndose a estas horas… —murmuró, observando algunos nombres que iban y venían en pequeños letreros que acompañaban las motitas que avanzaban. Pudo ver nombres como Pevees o Cuthbert Binns flotando en las hojas del mapa. La mayoría de las motitas estaban centradas en los dormitorios pero de vez en cuando aparecían algunas otras rondando otros lugares.
Y justamente así fue como los encontró.
En el sexto piso y avanzando para subir al séptimo, dos letreros nombrados «Albus Severus» y «Scorpius Hyperion» —¿se llamaba Hyperion, en serio?—aparecieron ante sus ojos. James quedó sin habla unos instantes siguiendo el camino que los dos Slytherin recorrían al parecer lentamente. ¿Qué estaban haciendo fuera de la cama la primera noche? James se asomó a través de las cortinas y vio como sus compañeros estaban ya dormidos en sus respectivas camas.
Siguiendo a su consabida impulsividad, que muchos decían que era la herencia de Harry, se puso su calzado y en silencio salió de la torre de Griffyndor. Armando con su varita y mapa, logró caminar por los pasillos sin ser descubierto. Sin embargo, cuando bajó la mirada hacía el mapa, las motitas que representaban a su hermano y a su amigo, desaparecieron imprevistamente.
—¿Qué…?
James corrió hacía el séptimo piso, donde ellos habían desaparecido. Miró de un lado a otro en el amplio corredor sin encontrar ni ver nada más que el tapiz de Barnabás, el Chiflado. Confundido, anduvo frente al tapiz de un lado a otro pensando únicamente en encontrar a Albus y Scorpius. ¿Dónde se habían metido aquellos dos?
De no ser porque ese pensamiento lo traía preocupado y curioso, se habría percatado mucho antes de que una puerta apareció lentamente frente a él. Incluso soltó una exclamación de sorpresa cuando la vio. ¿De dónde había salido? Y aunque sabía que no era lo más prudente, su personalidad nunca se había caracterizado por eso, así que abrió la puerta e ingresó a la habitación.
Aunque, más que habitación, aquello parecía una casa horrenda, abandonada desde hacía mucho tiempo. James, impresionado, miró una estancia tan amplia que por sí misma era todo un misterio. Las paredes limitantes estaban llenas de color negro, algo que podía verse sólo tras el contacto con el fuego, algo que confirmó tras echar un vistazo y descubrir caminos y montañas de cenizas y algunos objetos que al parecer habían apenas logrado salvarse al incendio que seguramente se originó en ese lugar.
—¿James? —la voz que escuchó era sin duda la de Al. El gryffindor sacudió su sorpresa y buscó con la mirada a su hermano menor, que salió detrás de una montaña de ceniza, seguido de Scorpius. —¿Qué haces aquí?
—¿Qué hacen ustedes aquí? —contraatacó él, divertido.
Los dos slytherin se miraron incómodos hasta que finalmente fue Scorpius el que habló.
—Albus andaba en la habitación como león enjaulado… así que no me dejaba dormir y me pidió que le acompañara a caminar.
—¡No fue así! Yo simplemente salí y tú me seguiste como loco…
Lo cierto era que James no imaginaba a ninguno de los dos actuando de la manera en la que lo narraban. Eran demasiado slytherin para eso.
—Como sea… ¿saben dónde estamos?
—En la sala de los menesteres —contestó Scorpius, logrando que ambos Potter voltearan a verlo de manera simultánea—. Padre me contó sobre ella hace tiempo y me dijo que si un día necesitaba algo, podría venir aquí. Esta sala funciona de esa manera… responde a una necesidad.
—¿Y qué necesitaban a estas horas? ¿Orinar? —preguntó James, más confundido que al inicio. Esta vez fue el turno de Albus de contestar.
—En realidad… Scorp y yo veníamos discutiendo sobre nuestros padres y Scorp me sugirió venir aquí y… yo lo único que pensé es que necesitaba algo que me hiciera entender a papá —Al desvió la mirada y resopló—. Entonces apareció esta habitación. Aunque no entiendo cómo un montón de cenizas me podrían ayudar en eso.
Al menos todos estaban de acuerdo en ese punto, pero decidieron caminar un rato por el lugar, platicando cualquier tontería que distrajera su mente de aquella fría escena que los rodeaba. O al menos así fue hasta que una voz susurrante y grave llamó su atención. Al inicio pensaron que se trataba únicamente de su imaginación jugándoles una mala pasada pero, tras unos momentos de silencio en el que detuvieron su marcha y sacaron sus varitas, algo les dijo que no estaban solos.
—¿Quiénes… quiénes son… ustedes? ¿Cómo… entraron… aquí…?
Los tres miraron a su alrededor y no encontraron a nadie. Parecía la voz de un hombre que hacía tanto tiempo que no hablaba que sencillamente había olvidado cómo articular bien las palabras.
—¡¿Quién?! ¡¿Quién eres?! —gritó James, levantando su varita y apuntando a todos lados.
—¿Quiénes… quiénes son… ustedes? ¿Cómo… entraron… aquí…? —repitió la voz.
—¡Ellos son Scorpius y James! ¡Yo me llamo Albus!
—¡Al! —gritó James, reprochándole en voz alta. Pero Albus miraba a su hermano.
—Sólo nos está preguntando nuestro nombre, no tiene nada de malo… —murmuró el moreno.
—¡Ahí, miren! —los hermanos dejaron su discusión a un lado cuando Scorpius señaló encima de una montaña especialmente alta de ceniza. En la punta de la montaña flotaba un ser traslucido que los miraba con atención. Desde la distancia ninguno pudo apreciar correctamente su figura pero no les quedó la duda de que era un fantasma de lo que alguna vez fue un muchacho corpulento, quizá no mucho mayor que Ted.
—¿Quién eres? —preguntó Scorpius, dando un paso más.
El fantasma pareció pensarlo mientras descendía lentamente hacía ellos. Los chicos permanecieron quietos al igual que el fantasma a una distancia prudente, cuando éste se detuvo a unos cuantos metros lejos de ellos.
—¿Draco? —cuestionó el fantasma, alejándose un poco más—. ¿Qué haces aquí, Draco?
Scorpius tardó un segundo en reaccionar al darse cuenta de que lo estaban confundiendo con su padre, lo cual en realidad no era tan sorprendente. Se parecía tanto a Draco que era una pequeña copia suya.
—Yo me llamo Scorpius, soy el hijo de Draco.
El fantasma lo miró fijamente, como si se tratara de un enigma que le habían propuesto descifrar.
—Es cierto. No te pareces a él.
Los Potter voltearon a ver al sorprendido Scorpius, era la primera vez que le decían algo así. El fantasma pareció acceder a acercarse hasta quedar relativamente cerca, permitiéndole ver sus facciones. Era horrible. Su rostro, su cuerpo total y su ropa estaban quemadas y las heridas que había dejado el fuego sólo lo hacían espeluznante. Incluso si te acercabas a él, parecía que emitía un suave olor a quemado.
—¿Eres… Vicent Crabbe? ¡Mi padre me habló sobre ti!
El fantasma bufó.
—¿Draco hablando de mi? A puesto a que muchas veces ni recordaba que existíamos Greg y yo.
La frialdad con la que Vicent dijo esas palabras logró que los chicos se estremecieran de manera inconsciente. Pero Scorpius frunció el ceño y lo miró enojado.
—¡Eso no es cierto! ¡Padre…! ¡Padre pensaba en ustedes, en ti! ¡Si no fuera así, no se hubiera molestado en hablarme de ti y de cómo lo ayudaste!
Crabbe movió su cuerpo de un lado a otro, rodeando a Scorpius.
—De verdad que no te pareces a él.
El fantasma giró su rostro quemado, centrando su atención en los dos hermanos. James miraba curioso lo que transcurría en ese lugar mientras Albus se había dedicando a preguntarse para qué demonios la habitación los había llevado a un lugar consumido y a un fantasma.
—¿Son hijos de Potter?
—Ajá —respondió James, al ver que Albus se negaba a decir algo, aunque Crabbe centró su atención en su hermano, seguramente por el parecido físico que tenía con el auror.
—Qué estúpido… Draco y Potter estaban obsesionados el uno por el otro, era irritante… —se mofó duramente Crabbe con su gruesa voz. Esas palabras sí llamaron a Albus, que volteó a ver al fantasma—. Aquí fue donde morí; Greg y Draco hubieran sufrido el mismo destino sino fuera porque Potter y sus amigos regresaron a salvarlos… no creo que se hayan odiado tanto como decían. Hasta al final, me parece que Draco intentó detenerme para salvar a Potter… era como si se importaran…
—¿Es decir que… desde el colegio ellos tenían algo? —murmuró Al, sorprendido.
—No —dijo James—. Creo que más bien se simpatizaban y esas cosas, pero se negaban a aceptarlo por… ¡Yo que sé, rivalidad de casas o algo así!
—Pero ahora… —dijo en voz alta Crabbe, como si apenas hubiera oído las palabras de los chicos—, ustedes están aquí… juntos. Eso es aún más raro.
—¿Por qué? —preguntó Scorpius.
—Porque eso confirma que no se odiaban, ¿no? Si de verdad se odiaban tanto no habrían permitido que ustedes se dirigieran la palabra. Yo conocí a Draco pese a todo… y creo que le hubiera gustado ser amigo de Potter… tal vez hasta mí también… —luego calló un segundo y añadió—. ¿Greg está bien?
—Sí —respondió Scorpius—. Lo está.
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Albus cerró los ojos terminado de colocar la última pieza de su vestimenta verde del equipo de Quiddtich de Slytherin. Habría audiciones porque el buscador del equipo se lastimó y, aunque lo último que esperaba era ser aún más comparado con su padre, Albus amaba el quidditch de la misma manera que Harry. Era inevitable.
Además las últimas semanas en Hogwarts le habían ayudado a reflexionar un poco, sobre todo desde su visita a la sala de los menesteres. No es que propiamente hubiera perdonado a Harry porque, realmente, no tenía nada que perdonarle a su padre, era más bien que se sentía un traicionado por él… pero, ¿realmente estaba Albus en su derecho de juzgarle?
En un suspiro se puso de pie y se echó la escoba al hombro, andando despacio hacía el campo de entrenamiento, donde ya se empezaban a acumular los candidatos a la posición solicitada.
—En Slyhterin no tenemos perdedores, Albus.
El muchacho hizo un leve e infantil puchero cuando notó que Scorpius se ponía a su lado, acompañándole en la caminata hacía el campo.
—Voy a obtener la posición —murmuró Al, soltando una risilla—. O al menos probar que soy mucho mejor jugador que James —declaró, orgulloso—. Y a todo esto, Scorp, ¿tú no quieres entrar al equipo?
—No, tengo otras cosas en mente.
—Sí, sí, un buen Malfoy, blah, blah… —exclamó Albus, animado. El rubio sonrió al ver que su amigo, cuando menos, estaba pasando mejor sus días en Hogwarts.
Se suponía que así es como debía de ser.
Se suponía también, que sería una relajada tarde, donde todos sacarían su mejor instinto de competencia para obtener un lugar en el equipo de Slytherin. Se suponía que debería ser divertido.
Se suponía que no tendrían demasiados problemas en Hogwarts.
Pero bueno, las suposiciones nunca habían funcionando demasiado bien en familias como las suyas.
—¿Papá…?
—¿Padre…?
En la distancia, sentados el uno al lado del otro en las gradas del estadio, Draco Malfoy y Harry Potter observaban en silencio las pruebas de Quidditch que estaban por comenzar.
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¡Gracias a Violet Stwy y a Acantha-27 por sus comentarios!
Sobre este capítulo:
Cosas como la Sala de los Menesteres y la aparición de Crabbe no estaban planeadas. A decir verdad, fue algo que simplemente surgió a medida que lo fui escribiendo, pero me gustó mucho incluirlo.
El siguiente es un dato innecesario, jajajaja:
Yo me había retirado del fanfiction hace tiempo. Sin embargo, cuando retomé la escritura con HP fue por una apuesta en la que perdí. Sencillamente los términos fueron: Pierdes, escribeme un fic de Harry y Draco. ¡Bueno, yo no había leído nada de ellos en versión Slash, jajajaja! Estaba buscando imágenes de eso, cuando vi una donde Scorpius y Albus están caminando y Al tiene el uniforme de Slytherin y está con la escoba al hombro. Scorpius le acompañaba. Esa imagen me gustó muchísimo y de hecho, tooooda la historia que escribí surgió de ver aquella imagen. ¡Sí! JAJAJAJAA. Más de 19 capítulos sólo para poder incluir la escena que se derivaba de la imagen para escribir todo este fic. JAJAJAJA, qué mala onda de imaginación.
Y eso. A dos capítulos de terminar. ¡No puedo creerlo! -haciendo circulitos en el suelo-
Publicidad descarada:
¿Qué tal? Estoy escribiendo un nuevo Drarry ya: "La venganza del mortífago y la serpiente." Mucho drama, mucha violencio y crueldad. D: ¿Alguien se anima?
