Casi finaliza esta historia y los derechos de Harry Potter siguen sin ser míos. Joder.
Un Secreto de Tres
Por:
PukitChan
20. Entendimiento: Más que similares
Recargando su codo en la rodilla con el fin de acomodarse mejor, Harry se inclinó hasta que sus labios tocaron su propia mano, observando atentamente los muchachos que volaban por el campo de Quidditch, vestidos de verde. Era entretenido ver aquellos niños volar de un lado a otro, sonriendo animados al intentar buscar un lugar en el equipo de Slytherin sólo para disfrutar más y más del placer de estar en el aire.
—Potter, ¿acaso estás planeando tirar a tu hijo de la escoba con la mirada? —El moreno miró de soslayo y no pudo evitar sonreír ante lo irónico de la advertencia de Draco, quien también analizaba los movimientos de los jugadores que volaban en círculos frente a ellos.
—Esto me trae muchos recuerdos —dijo Harry, sonriendo bastante divertido—. No había nada mejor que un partido de Gryffindor contra Slytherin. Siempre te gané.
Malfoy realizó una mueca que distorsionó las facciones de su atractivo rostro al traer recuerdos como esos a su memoria mientras veía a Scorpius sentado en el extremo contrario a las gradas de donde ellos estaban. Albus, por su parte, en ese mismo momento alzaba el vuelo con la misma expresión que Harry tenía cuando atrapaba la snitch. Decisión en su estado más puro.
—Ganabas porque dejaba que lo hicieras. Si me lo propusiera, te daría una paliza.
—Ya, ¿estabas siendo amable conmigo en los partidos?
—Así es.
—Pero qué mal perdedor eres, Draco.
Ambos hombres se miraron durante un momento más antes de sonreír y regresar su atención a las pruebas del equipo, ahí donde al parecer Albus se esforzaba monumentalmente en ignorarles la mayor parte del tiempo posible, inclusive evitando volar demasiado cerca de donde ellos estaban. Era normal, supusieron, con lo repentina y sobre todo, inesperada que había sido su llegada a Hogwarts.
—Albus sigue sin hablarte —afirmó Draco.
—Qué perspicaz andas últimamente… —comentó Harry sin poder evitar la ironía en el tono de voz con el que arrastró cada una de sus palabras. Malfoy levantó una ceja.
—Qué humor tienes tú.
—¿Eres tú quien me está diciendo eso, Draco?
Los dos permanecieron en silencio, intentando cada uno por su propia cuenta no perder la calma. Estaban sometidos a mucha tensión a causa de las preguntas incómodas, las peleas de sus parientes, la situación con sus esposas y las eternas dificultades con sus hijos. El reñir era una consecuencia más de ello, aunque habían tenido la suficiente madurez para tratar de reconocer a sí mismos que era natural que tuvieran problemas como esos en momentos así.
Pero ambos también sabían que había algo más profundo que también les hacía titubear. Algo que no tenía que ver con sus hijos, los problemas o inclusive ellos mismos. Ese algo que temían hablar abiertamente pero que, tarde o temprano, tendrían que enfrentar. Aunque no ahora, porque no era precisamente el lugar más adecuado para hacerlo.
—Scorpius… ¿a él no le interesa pertenecer al equipo?
—Al parecer no por ahora.
Harry resopló y centró su atención en la snitch que justamente ahora revoloteaba descaradamente frente a ellos. El moreno esbozó una sonrisa al pensar que sólo era necesario estirar un poco su mano para atrapar la escurridiza snitch dorada. Al desviar su mirada, comprendió que Draco también estaba pensando lo mismo que él y que estaba contando mentalmente los segundos para ver cuál de aquellos adolescentes que se habían presentado para la posición de buscador sería el primero en advertir la presencia de la snitch.
—¿Crees que sea Albus? —preguntó repentinamente Draco.
—No lo sé —Harry se encogió de hombros—, quizá sólo para evitar verme cerca decida esperar a que la snitch se aleje de aquí. Inclusive a costa de poder perder su oportunidad en el equipo.
—Vamos, Potter —replicó Draco, chasqueando la lengua—. Es tu hijo, deberías conocerle mejor. ¿No crees que por algo lo escogieron para Slytherin?
Antes de que Harry pudiera contestar, se dio cuenta de que dos chicos se acercaban a toda velocidad hacía ellos, cada uno intentando superar al otro. Un poco más atrás, un grupo de cinco estudiantes más también empezaron a perseguirlos al darse cuenta de que se había localizado la snitch. Uno del par que iba al frente era Albus.
Harry estaba francamente sorprendido pero no tardó en percatarse de que los ojos de su hijo más que observar la snitch, se fijaban en él. El auror reprimió el impulso de gritarle a Albus que se cuidara, que era peligroso distraer su atención de esa manera cuando perseguía algo y a la vez también era perseguido: sabía que no era nada más peligroso que un montón de adolescentes que no sabían volar muy bien.
El chico al lado de Albus aceleró en velocidad, ganándole unos segundos de ventaja al pequeño Potter, quien no pareció molestarle en absoluto aquella situación. La snitch por su parte ahora agitaba sus alas quedándose quieta, a unos pocos metros de distancia de Harry. Cuando la distancia entre los jugadores y la snitch disminuyó considerablemente, el moreno se tensó, adelantándose a los hechos.
Ambos jugadores estiraron sus brazos para atrapar la snitch, peleándose entre ellos por el codiciado puesto. Harry evitó parpadear para no perderse ni un solo instante de lo que ocurría si en determinado caso Albus pudiera perder. No es que fuera pesimista, confiaba en las habilidades naturales de su hijo; era que como padre y sobreviviente de una guerra, había quedado una costumbre bastante amarga de ser fatalista.
Albus giró bruscamente su escoba con la misma velocidad repentina con la que lo hizo la snitch perdiendo en ese movimiento a su rival pero también viéndose en la riesgosa situación de estar a punto de estrellarse contra su propio padre y el señor Malfoy. Su corazón palpitaba aún descontrolado cuando la palma de su mano sintió encerrar con fuerza algo: durante unos segundos, donde el tiempo pareció quedar detenido, Albus atrapó la snitch mientras sus ojos verdes se cruzaban con los de Harry que estaban justo frente a él. Observó a su padre, esbozando una sonrisa de victoria divertida antes de hacer uso de todas sus fuerzas para elevar la escoba, librándose apenas de chocar contra ambos mayores.
Albus se sentía temblar cuando se animó a abrir los ojos y darse cuenta de que aún seguía volando cada vez más despacio, escuchando unos vítores provenir desde abajo. Se fijó en su mano, de donde sobresalían las alas aún revoloteantes de la snitch. Sonrió cuando, al descender, descubrió a James sentando al lado de Scorpius, sólo que su hermano mayor hacía gala de su exageración Gryffindor al gritarle que le derrumbaría en el próximo partido de la temporada: James era golpeador. El slytherin se animó a girar su rostro y descubrió a su padre sonriendo, animado y orgulloso como si hubiese visto el mejor partido en la historia del quidditch. A su lado, Draco le decía algo y Harry asentía varias veces, con los ojos brillando de la emoción. Y fue entonces cuando Albus observó en su padre algo que nunca antes había apreciado. Era un Harry Potter distinto, aunque no podía precisar con exactitud en qué. Sólo hasta que lo vio voltear hacía Draco y sonreírle mientras le rozaba sutilmente el brazo, descubrió que su padre era verdaderamente feliz con ese hombre.
oOoOo
La puerta que apareció lentamente frente a sus ojos le provocó un profundo estremecimiento al verse obligado a recordar imágenes llenas de fuego, sangre, miedo, terror junto con la horrenda sensación de ver cómo uno de sus amigos se hundía y moría consumido por el incendio que se había originado. Y como una vaga esperanza, también el recuerdo de Potter inclinándose sobre él para tenderle su mano y ayudarle. Como ahora.
—¿Draco? —El moreno colocó su mano en la espalda del rubio y le observó con detenimiento, imaginándose por sí mismo que aquello no debía ser fácil para él, como no lo sería para nadie. Sin embargo, Malfoy esbozó una sonrisa que no transmitía nada en realidad pareciendo más un gesto mecánico que parecía endurecerse a cada segundo que pasaba.
—La sala de los Menesteres —murmuró sin animarse a abrir la puerta por el miedo de no saber qué podría encontrarse detrás de ella—. No entiendo cómo es que te dieron la autorización de poder dejar que Goyle y yo regresáramos a Hogwarts, justamente para visitar esta habitación.
—Bueno —Harry rió—, ser yo tiene sus ventajas en muchas ocasiones.
—Claro, eres el favorito de todos. ¿Cómo pude olvidarlo…? —ironizó, ante lo cual Harry sólo atinó a rodar los ojos y guardar un silencio que se extendió por varios minutos, pese a que ambos sabían que no tenían porqué permanecer de esa manera.
Tampoco tenía que ver con que Draco repentinamente había decidido darle más tiempo del necesario a Goyle para encontrar a Crabbe. Desde que había recibido la carta de Scorpius donde le contaba que Vicent era una fantasma, Draco se comunicó con su amigo y le hizo saber la información. De alguna manera, Greg y él habían llegado a un acuerdo de visitar al solitario fantasma que sin duda había esperado por algo más que ese falso intento de vida desde hacía mucho tiempo.
—¿Estás seguro que quieres hacerlo solo? —cuestionó Harry.
—No estaré propiamente solo, Potter. Además, Crabbe, Goyle y yo tenemos asuntos que tratar y que sólo nos conciernen a nosotros.
—Está bien, entendí el punto «No eres un Slytherin» —aclaró, soltando un intento de risa. Draco le miró de soslayo y apretó entre su mano la de Potter.
—Gracias, Harry.
El Gryffindor sonrió e inclinó su rostro hacía Draco para rozar sus labios y besarle con suavidad, disfrutando de la lentitud de poder devorar esos labios fríos sin necesidad de ocultarse de ello, ni siquiera ahí, en su escuela, en el frente de esa habitación donde algo cambió. Al separarse, Draco se tomó unos segundos para recuperar el aliento, asintiendo cuando sus ojos grises se perdieron unos breves instantes en los verdes. Sin vacilación y con dignidad, se adentró en la sala de los Menesteres, cuya habitación estaba llena de oscuridad, ceniza y recuerdos amargos.
—¿Draco?
Y Crabbe y Goyle estaban ahí para hacerle enfrentar el pasado.
oOoOo
Harry respiró lo más hondo que pudo luego de ver cómo Draco desaparecía ante una puerta que también se perdía de su visión. Anduvo por los pasillos del castillo sin toparse con muchos estudiantes debido, seguramente, a las horas de clases. Encontró cierta gracia en poder recorrer ese lugar sin temer que fuera atrapado o con las ansias de salir de ese lugar que, años atrás, llegó a asfixiarle. Hogwarts siempre había sido su hogar, y el hecho de que también le trajera recuerdos tan buenos como dolorosos siempre era algo que a Harry le costaba poner en equilibrio. Durante mucho tiempo, no quería volver a traer las imágenes del castillo hecho ruinas, de las muertes y del último año que pasó cerca de sus muros.
Sin embargo, cuándos sus hijos recibieron las cartas de Hogwarts, se sintió reconfortado. Sabía que James era el digno portador del nombre de su abuelo, y durante su primer año en la escuela lo había pasado bastante bien, que era justamente lo que quería con sus hijos. Y con Albus, bueno, las cosas no habían salido exactamente como habían sido planeadas y éste definitivamente no sería el año más tranquilo para sus hijos, pero Harry aún recordaba perfectamente la manera en la que Al le había sonreído segundos antes de atrapar la snitch y también las palabras de Draco diciéndole que después de todo, su hijo era miembro de la casa Slytherin. Oh, si tan solo las cosas fueran menos complejas y más directas, Harry no tendría porque estar pensando demás en esos momentos.
—Debería cuando menos dejar de complicarme tanto la existencia —replicó en voz alta, sin dirigirse a nadie en realidad mientras detenía inesperadamente sus pasos. Levantó la vista y se encontró, recargado en una pared, a Albus aún vestido con el uniforme de Quidditch pero apretando con fuerza el mapa del merodeador que seguramente le había pedido a James. Lo estaba esperando.
Harry caminó despacio, por temor a que su hijo escapara en cuanto lo viera acercarse demasiado a él, pero Albus sólo levantó la vista y aguardó a que su padre estuviera a su lado. Las mejillas de Albus aún estaban coloreadas por el reciente enfrentamiento al que había estado sometido y sólo cuando escuchó de parte del capitán del equipo de Slytherin anunciarlo como nuevo buscador, su corazón quiso mirar a su padre pero, para ese entonces, Harry y Draco ya habían desaparecido del campo. Eso le motivó a buscarle aún si tenía que recurrir a la ayuda de James.
—Yo… soy el nuevo buscador de Slytherin, deseaba que lo supieras.
Aquellas habían sido las primeras palabras que Albus le dirigía a Harry en mucho tiempo. El auror sonrió y se acercó para abrazar a su hijo, rodeándole y riendo suavemente.
—Por supuesto, no podría ser de otra forma. Estoy muy orgulloso de ti, Al.
No era en realidad nada emotivo, como lo podría haber sido con su querido y efusivo James. Fue algo más tranquilo junto con una disculpa de parte de ambos disfrazada en medio de ese real abrazo. Harry finalmente había entendido las palabras de Draco… Albus era su hijo, pero también era un Slytherin y tendría su propia manera de acercarse a él para decirle que todo estaba bien de alguna u otra forma.
oOoOo
La mujer que surgió a través de la chimenea miró con vacilación a su alrededor. No sabía si había llegado al lugar acertado pero repasó en su mente una vez más el dato que le habían confirmado y rememoró sus actos, asegurándose de no haberse equivocado al decir aquella dirección. Estaba segura de que no, pero el ver esa habitación solitaria y vacía de algún objeto sólo le hacía parecer un lugar abandonado.
—¿Hermione?
Aliviada al escuchar su nombre, la mujer avanzó con mayor seguridad, siendo guiada por el sonido de la voz que momentos antes le había llamado. Al caminar un olor a café y a chocolate inundó sus fosas nasales, recordándole que aún a esas horas, era todavía de mañana.
—Hermione, qué bueno verte.
Al oír su nombre una vez más, Hermione levantó la mirada y le sonrió al hombre que, desde la puerta de la cocina, bebía una taza llena de café y con la otra mano le ofrecía una taza de color verde a ella.
—¿Quieres? Te aseguro que sé prepararlo bien.
Ella no vaciló cuando la tomó en sus manos.
—Gracias, Harry —contestó ella, siguiendo a su amigo a la despoblada cocina a excepción de unas cuantas cosas necesarias como una mesa y un cuenco donde reposaban humeantes unas galletas de chocolate. Frente a ella, un hombre rubio la miraba con frialdad aunque no con indiferencia mientras bebía también algo en particular.
—Lamento que hayas encontrado en este estado la casa —se disculpó Harry, ofreciéndole una galleta que Hermione mordisqueó al tiempo que negaba en silencio—. Al mudamos recientemente pensábamos en bajar las cosas que guardamos, pero al final nos hemos decidido por comenzar una vez más con otras cosas.
—De alguna manera me imaginaba otra cosa —comentó ella, sonriente—. Ya saben, Luna me dijo que la había escogido y pensé…
—¿…en cosas extravagantes? —completó Harry, riendo. Draco sólo bufó y atacó otra galleta.
—Algo así —admitió divertida—. ¿Cómo están?
Draco se sorprendió de que la pregunta fuera en plural. No se imaginaba a la amiga de Potter preguntando por su bienestar, pese a que lo hiciera solamente por formalidad; sin embargo, ahí estaba haciéndolo quizá y hasta amigablemente.
—Bien en realidad —contestó Harry y miró preocupado a su amiga—. ¿Ron sabe que viniste?
—Lo sabe, no podría ocultárselo. Tal vez se enfadó pero no importa, tú eres mi amigo Harry.
—Y él tu esposo —añadió Draco en un susurro que no se esforzó por ocultar en realidad.
—Y precisamente por eso lo tendrá que entender. En realidad, todos están buscando su propia manera de entenderlo.
—Me gustaría disculparme con todos en la Madriguera —añadió Harry.
—No puedes culparlos por estar enfadados.
—N lo hago.
—Gryffindor tenía que ser —comentó.
Harry le lanzó una mirada de advertencia a Draco que el rubio ignoró de manera monumental al llevar a su boca otro trozo de galleta. Salazar, tendrían que comprar más de ésas cosas.
—Harry, sé que te preocupas por Ron, pero tienes que darle tiempo. Sabes perfectamente cómo es él y cuánto le va a costar acostumbrarse a esto. Y no lo hará mañana ni pronto, pero lo hará.
—¿Y los demás como están?
—Bastante impresionados, como todo el mundo, supongo. Hasta yo misma lo estoy. ¿Cómo es que nunca me di cuenta de esto antes, Harry?
—Porque procuré que así fuera —contestó él riendo y encogiéndose de hombros—. ¿Trajiste lo que te pedí?
Afirmando con la cabeza, Hermione sacó de la bolsa que cargaba una caja polvorienta que nadie, ni siquiera ella, se había tomado la molestia de limpiar. Esta vez, Draco miró con curiosidad la caja al ignorar el contenido aunque por su forma no era muy difícil adivinar el contenido.
—¿Una varita? —deseó confirmar Draco.
Harry sonrió mientras retiraba la caja de la tapa, soplando un poco el polvo. Sin sacar el objeto, Harry analizó con cuidado cada detalle que le mostraba, la elegancia de ésta y también la forma en la que afortunadamente se había mantenido intacta a pesar de haber pasado ya tantos años que había dejado de ser usada. Pausadamente la levantó y se la mostró a Draco, que por un segundo perdió el habla aunque no la expresión solemne.
—De hecho, no es cualquier varita, es tu varita.
—Harry la ha cuidado durante mucho tiempo —añadió Hermione al ver que Draco no hacía nada, ni siquiera se animaba a tocarla—. ¿Ha llegado la hora de volver a su dueño?
Harry sonrió y se la entregó a Draco, quien al tocarla percibió el calor conocido en sus días de adolescencia.
—¿Por qué… hasta ahora? —logró decir el rubio en voz baja.
—Porque sólo hasta ahora —el moreno lo miró fijamente— puedo decirte que te la daré con la condición de que nunca más te alejes de mi lado…
oOoOo
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Autora al habla:
Bueno, después de muchos líos en la universidad, he aquí el penúltimo capítulo. El último estará en los próximos días, ya que ahora mismo lo estoy escribiendo.
Prometí que de alguna forma todo se resolvería entre ellos y ya ven, cumplo mi palabra, jajajaja.
¡Muchas gracias por todo, nos vemos en el último capítulo!
Datos que a nadie le interesan:
Para esta historia, cada capítulo utilicé una tipo de letra diferente, al final, las 21 tipografías que utilicé son las siguientes:
Maiandra GD, Nyala, Meiryo, Bell MT, Kristen ITC, Tw Cen MT, Footlight MT Light, Californian FB, Gill Sans MT, Goudy Old Style, Adobe Caslon Pro, Poor Richard, Perpetua, Lucida Fax, Candara, Modern No. 20, Century Schoolbook, Kozuka Mincho Pro L, Leelawadee, Palatino Linotype y Pristina
