Capítulo 3
-Sonría, está recién casado-
Por fin podía respirar tranquila. Tras haber dado demasiadas vueltas en la cama, había conseguido dormirse sin que Ron notara su inquietud, y su mañana de trabajo estaba siendo relativamente buena. El formulario ya había sido enviado al Ministerio y era cuestión de días que se librara de Draco. Para siempre. Por fin. O por lo menos, cinco años más, y quizá, con un pelín de suerte, para toda la vida.
Hermione giró su silla y abrió la ventana. Qué gran día. El sol brillaba, las nubes se levantaban y un pajarillo cantaba subido a una rama. De repente se sintió tan feliz que se detuvo a escuchar su grácil canto…
-Granger.
Vale, estaba alucinando. Si no supiera que era imposible, juraría que aquel pájaro había dicho su nombre.
-¿Disculpa? –le preguntó al pájaro. -¿Decías algo?
-Dios santo, Granger. Sabía que eras rara, pero nunca imaginé que ahora también hablabas con los animales. ¿Tan pocos amigos tienes?
Los ojos de Hermione se abrieron de par en par cuando escuchó la voz de Malfoy a sus espaldas. Se giró y allí estaba, con aquella insoportable sonrisa de suficiencia.
-¿Animales? –repitió, subiendo las cejas. -Vaya, es curioso. Juraría que hasta ahora no estaba hablando contigo. Corrígeme si me equivoco.
-Y luego dicen que los Gryffindor sois ingeniosos –bufó Draco con prepotencia. Dio dos pasos al frente y puso un periódico sobre su mesa de escritorio. –Aunque he de admitir que estás mejorando, Sangre Sucia. Ayer ni siquiera tu ridículo disfraz consiguió hacerme reír.
-¿Qué quieres, Malfoy? ¿Te cansaste ya de hacerle la vida imposible a tu novia y decidiste probar suerte aquí?
-No, en realidad me apetecía dar un agradable paseo bajo este sol radiante para venir a traerte flores de recién casados. Pero como no vi ninguna floristería abierta, he pensado "mejor le traigo el periódico, a lo mejor tengo suerte y todavía recuerda cómo se lee".
Hermione rodó los ojos antes de observarle desdoblar el periódico y abrirlo por una página mientras señalaba una noticia con el dedo.
-Bonito anillo –se burló al ver el pedrusco engarzado sobre su dedo- muy distinguido.
-¿Qué es exactamente lo que te molesta, Granger? ¿Que no puedas pagarlo o que sea más caro que la madriguera en la que vives con la comadreja?
-Oh, no te preocupes, Malfoy, aunque tuviera dinero jamás me compraría algo tan feo.
-¿Hablas del abrigo que llevabas ayer? Porque había un mendigo en la puerta del Caldero Chorreante que estaba muerto de frío. ¿Se lo robaste, Granger?
-Ahora que lo dices… -contraatacó Hermione-, creo que lo recuerdo… ¿Pelo rubio, largo, túnica púrpura? Pero, por favor, Malfoy, no seas así: la próxima vez, recuérdame que salude a tu padre.
-Y tú no dejes de saludar al tuyo de mi parte. Hasta un Sangre Sucia como él tiene derecho a conocer a un mago de verdad.
–Oh, cállate, Malfoy.
Hermione subió el periódico para centrarse en la noticia que Draco había señalado y comenzó a leer con atención.
El Ministerio de Magia anuncia la modificación de la Ley del Divorcio
El Ministerio de Magia envió ayer un comunicado oficial a la prensa para informar a los magos ingleses y/o seres mágicos y demás género capaz de a) hablar y b) procrear, de la modificación exhaustiva de la Ley del Divorcio. "Es una medida que llevábamos tiempo preparando", ha declarado el Ministro, Martin Law. "Pensamos que con esta ley lograremos tener unos divorcios más justos, que satisfagan a las dos partes contrayentes".
Aunque todavía no se conocen los detalles de estos cambios, el Ministro ha convocado hoy una rueda de prensa con todos los medios, en la que explicará en qué consiste esta modificación de ley. "No intenten tirarme de la lengua", ha dicho el Ministro, "si quieren enterarse de más, asistan a la rueda de prensa".
Más información mañana, con el diario El Profeta.
-¿¡QUÉ!? ¿Cómo que la han cambiado?
-Lo que has leído, Granger. Si es que todavía recuerdas cómo se hace…
Hermione frunció el ceño y miró de nuevo la hoja de periódico para cerciorarse de que había leído correctamente. Incluso después de cinco años, Draco era capaz de crearle una cierta inseguridad. Y eso le fastidiaba aún más que la maldita modificación de la ley.
-Pero… pero –farfulló, confundida-, no pueden hacer esto. ¡No pueden cambiarla justo ahora!
-Eso díselo a tus queridos burócratas del Ministerio. Tus coleguitas de trabajo… –le espetó Draco, arrebatándole el periódico de las manos.
El rubio comenzó a caminar en derredor, y sus acerados ojos comenzaron a inspeccionar los objetos que decoraban el despacho de Hermione.
-Pero yo no puedo hacer nada, no trabajo en el Registro Civil.
-Pero conoces al Ministro…
-Lo conozco tanto como tú –contestó, cansada ya de aquella guerra verbal. –Pero ahora que está empeñado en hacerse amiguito íntimo de todos los Mortífagos, estoy segura de que no tendrá problemas para hacerte un favorcito también a ti.
Eso había sido un error. Draco estaba harto de que le recordaran el pasado oscuro de su familia. Un pasado con el que hacía muchos años que no se sentía identificado.
-Mucho cuidado con lo que dices, Sangre Sucia. Si juegas con fuego, podrías quemarte –le advirtió, mientras jugueteaba con una figura de barro. –¿Qué demonios es esto? –le preguntó, agitando la figura por si tenía algo dentro.
Hermione se levantó, le arrebató el objeto decorativo de las manos y lo colocó de nuevo en su sitio.
-Es una diosa africana de la fertilidad, imbécil –le dijo, enfadada.
-Santo cielo, Granger. ¿También tienes problemas con eso? Sangre Sucia, estéril… ¿Qué otras taras tienes?
-¿Y tú siempre has tenido esas entradas? Porque no te recuerdo tan calvo del colegio.
Draco bufó y se llevó una mano al pelo con coquetería. Él no tenía entradas. Tenía un cabello bonito y sedoso. Pero cuando estaba a punto de responderle, alguien abrió la puerta.
-Pues aquí los tienen, nuestros tortolitos.
Hermione no daba crédito. Aquello no estaba ocurriendo. No PODÍA estar ocurriendo. Un grupo de periodistas bastante numeroso intentaba hacerse hueco por la puerta de su despacho y había empezado a sacar fotografías.
Se llevó una mano a la cara, cegada por los flashes que disparaban cada cero coma cinco segundos.
-No me dirán que no hacen una pareja entrañable… Muy fotogénicos, ya se lo había dicho.
Draco le dedicó una mirada furiosa a Hermione. ¿Qué coño estaba pasando? Quería preguntárselo, pero su cabeza no dejaba de bailar de un lado a otro, y sus ojos estaban trazando un peligroso triángulo de la muerte.
Periodistas- Ministro- Hermione
Hermione- Ministro- Periodistas
-Señor Ministro, ¿Qué… -comenzó a decir ella, con el corazón desbocado en el pecho.
-Oh, por favor, querida. Ya no hace falta que disimule, ya me he encargado yo de contárselo a todos –explicó Martin Law, que se acercó y los rodeó a los dos con los brazos. –Sonrían, por favor –les pidió, dedicando su mejor sonrisa a la cámara. –Pongan cara de recién casados.
Si aquellas fotos hubieran sido reveladas, Draco y Hermione habrían salido con las mayores caras de culo de la historia. Enfadada (porque aquello era culpa de Draco, claro. Tenía que serlo), Hermione le clavó las uñas en el antebrazo, aprovechando que podía alcanzarle por detrás de la espalda del Ministro. Él le respondió con un pellizco que agarró tantas lorzas de su cintura que Hermione no pudo evitar contorsionarse de dolor.
-¿Y bien? –preguntó Law, después de dos minutos de posado. Daba la sensación de que la mandíbula se le había desencajado tras haber sonreído tanto tiempo. -¿Desean hacer declaraciones a la prensa, muchachos?
-Nada me gustaría más en este momento –ironizó Draco, ganándose una mirada asesina de Hermione.
Ella, analítica y cautelosa como era (más con el paso de los años), prefirió permanecer callada para descubrir cuál era la mejor postura frente a la prensa. Él, temerario, puso la cara más sombría que pudo al ver los flashazos de los periodistas.
-¡Sonría, señor Malfoy! –le animó uno de los fotógrafos- ¡Está recién casado!
Draco deseó que se tragara la cámara.
-¿Cuánto hace que están enamorados? –preguntó de repente uno de los reporteros, amenazando con aporrearles con su micrófono del tamaño de una alcachofa supernutrida.
-¿Perdón? –Hermione arqueó las cejas. Miró a Draco en busca de una respuesta, pero sintió un sudor frío que recorrió toda su espalda al ver aquella diabólica sonrisa dibujada en sus labios.
Esa sonrisa nunca auguraba nada bueno.
El rubio tomó el micrófono entre sus manos y dijo:
-Yo no llamaría exactamente amor a lo nuestro. Lo mío con Gr… Hermione es algo mucho más profundo.
Los ojos de Hermione se abrieron como platos. ¿Pero qué demonios estaba haciendo? Porque si lo que pretendía era arruinarle la vida, no se lo iba a poner fácil.
Tras dedicarle una sonrisa aún más falsa que la que él había esbozado, levantó la mano para pedir la palabra.
-Aquí no te premian con puntos, Sangre Sucia. Baja ya la dichosa mano –le susurró disimuladamente.
Hermione rodó los ojos con desesperación. Aquella iba a ser una mañana muy larga.
-Tienen que disculpar a mi marido –les dijo a todos cuando tomó la palabra. A Draco le , provocó acidez de estómago que se refiriera él como su marido. –Tiene un corazón tan grande que no quiere contarlo para evitarle el dolor a un ser querido, ¿verdad? –dijo, haciendo una pausa teatral. –A fin de cuentas, todos sabemos que no sería de buen gusto confesar que lleva años engañando a su novia. No, sería de muy mal gusto, ¿no crees, cariño?
Las vuelaplumas de los periodistas corrieron sobre sus libretas. Él iba a contestar con una nueva bravata, pero no pudo porque la ronda de preguntas no había acabado.
-¿Tiene miedo de que le haga lo mismo a usted, señorita Granger?
Ahora era su turno. Oh, sí. Estaba sediento de venganza. Si la Sangre Sucia estaba buscando guerra, la iba a encontrar.
-La señora Malfoy –¡auch!- es una persona muy abierta… de mente –afirmó, sonriendo con falsedad a la cámara y mirándola de refilón. –Una de las cosas que más feliz le hacen es compartir mis encantos con otras. Ella es plenamente consciente de sus limitaciones, y no se opone a que yo intente compensarlas con otras faldas.
Los periodistas rieron la broma y el Ministro no podría haberse sentido más satisfecho. Estaba contemplando el espectáculo con los pulgares metidos en la cintura de su pantalón, la barriga colgando. Squint, tan cerca de él que parecía su sombra, movió apreciativamente la cabeza, complacido por el resultado que estaban teniendo sus planes. El golpe maestro había llegado al verlos en el despacho de Hermione, justo cuando pasaban delante con una horda de periodistas a sus espaldas. Todo iba acorde al plan.
-¿Ya saben a dónde irán de luna de miel?
-Sí –contestó Hermione, apretando los dientes y mirándole con furia. –En cuanto encontremos un vertedero del gusto del señor Malfoy, nos iremos encantados.
Los periodistas se quedaron atónitos con esta contestación. Sus vuelaplumas quedaron suspendidos sobre sus cuadernos. No sabían si tomárselo en serio o no.
-Oh, cariño, a veces eres tan ingeniosa –masculló Draco entre dientes, rodeándola con un brazo y apretando tanto su hombro que le hizo un cardenal.
Hermione resistió el apretón sin quejas, pero disimuladamente cargó todo su peso sobre su pie izquierdo, que posó en el pie de Malfoy para aplastar sus dedos sin que los periodistas lo notaran.
-Bien, creo que ya basta por hoy –intervino el Ministro. –No querrán quedarse sin declaraciones para el resto de la semana, ¿verdad? –bromeó.
Y rió, rió tan complacido que su mostacho blanco tembló bajo su nariz. Draco y Hermione le fulminaron con la mirada y Martin Law, asustado, reculó hasta quedar parapetado tras el enclenque cuerpo del señor Squint.
-Ya pueden irse –les dijo el consejero a los periodistas. –Gracias por haber venido.
Sacaron las últimas fotos y salieron de allí, extasiados con la suerte que habían tenido. La edición del día siguiente iba a ser una de las más vendidas de la historia del mundo mágico.
Cuando no quedó ni rastro de los reporteros (de los que Hermione se despidió con la mano, todavía con aquella sonrisa de calendario), los dos se giraron de sopetón, tan coléricos que Law reculó hasta que su cuerpo topó con una de las paredes del despacho.
-Puedo… puedo explicarlo –farfulló el Ministro. Tenía los brazos en alto en posición de defensa.
-¿En qué demonios estaba pensando? –bramó Draco, asiendo su varita oculta en el bolsillo de su túnica. -¿Se ha vuelto majara? –dijo. Su dedo dibujó círculos imaginarios al lado de la frente.
-¡Nos ha dejado en ridículo! –protestó Hermione.
El Ministro tembló al verse encarado por dos de los magos más poderosos de Inglaterra. Squint se puso sigilosamente delante de él para protegerle, y habló en su nombre:
-Debería controlar sus modales cuando está delante de sus superiores –dijo con tranquilidad.
-¿A quién coño está mirando? –preguntó Draco al notar su estrabismo.
Hermione reprimió una sonrisa. En el Ministerio todos estaban acostumbrados a la mirada desviada del consejero, pero el Slytherin era la primera vez que trataba con él.
-A usted, señor Malfoy –contestó, frío y calculador. -¡Le ordeno que se controle!
-¿Controlarme? –estalló Draco- ¡Este politicucho de tres al cuarto que necesita que se la sujeten cada vez que va al baño ha cambiado la ley del divorcio sólo para joderme!
-Jodernos –corrigió Hermione.
Draco la miró de lado, pero no protestó.
-Está haciendo unas acusaciones muy graves, señor Malfoy. Le ruego que se modere o tendrá que enfrentarse a un severo castigo.
-Ah, ¿sí?
-Sí.
-¡Por mí puede irse al infierno, señor Squint! –le contestó Draco con grosería.
Hermione arqueó las cejas, sorprendida por el arranque de valentía del Slytherin. El Draco Malfoy que ella había conocido jamás le hubiera contestado así a un superior. Era demasiado cobarde para hacerlo. Y aunque sabía que no lo había hecho por ella, sino por él, tenía que reconocer que se sentía aliviada y agradecida al mismo tiempo. Y odiaba sentirse así cuando la defensa provenía de Draco. Era como traicionarse a sí misma. Entonces le agarró del brazo para impedir que su lengua se soltara más de lo necesario.
-¡Te he dicho mil veces que no me toques! –bramó él.
-¿Prefieres acabar en Azkaban por desacato a una autoridad? –le susurró al oído, con los dientes muy apretados. No podía creer que le estuviera salvando el pellejo.
Draco rodó los ojos con desesperación. Cinco años después tenía que volver a soportar la presencia de la maldita sangre sucia y su patético potty-complejo de héroe.
-Tienen que disculpar al señor Malfoy –les dijo Hermione. –Hoy no se ha tomado su medicación y está un poco nervioso, ¿verdad?
El Slytherin arqueó las cejas con descrédito. Ni por todo el oro del mundo iba a contestar a esa estúpida excusa.
-¿Verdaaaaaad? –repitió Hermione con cansancio.
Draco se cruzó de brazos, bufó, pero la dejó hablar.
-Ahora, si nos lo permite, señor Squint –siguió diciendo ella-, nos gustaría hablar con el Ministro en privado.
El consejero buscó el apoyo del Ministro.
-No hay nada que le pueda decir a él que yo no deba escuchar –replicó con tozudez.
El político estaba tan asustado que movió la cabeza arriba y abajo con fruición. Su mujer tenía razón: ¡Por Merlín! Era demasiado peligroso mezclarse con magos oscuros.
Hermione suspiró, pero comprendió que no había otra manera de hacerlo. Se dirigió directamente a Squint porque intuyó que era con él con quien debía tratar.
-¿Qué es lo que están tramando? –le preguntó abiertamente.
-No sé a qué se refiere, señorita Granger… Oh, disculpe, qué tonto soy: ahora es usted la señora Malfoy –dijo, encantado de poder molestarla con eso.
Pero Hermione ni se inmutó. Siguió hablando:
-He tratado con magos mucho más poderosos y peligrosos que usted, señor Squint. Le recomiendo que confiese ahora. Después quizá sea demasiado tarde.
La nuez del consejero se movió perceptiblemente. Las palabras de Hermione le impidieron tragar con normalidad. Draco la miró levemente impresionado. Alzó una ceja, atraído por el tono amenazante que había empleado ella. Pero no… no era ni remotamente sexy. Más bien masculino. Eso es. Un comportamiento espantosamente masculino.
-¿Me está amenazando? –se envalentonó el consejero.
-Puede –contestó ella. –Pero yo diría que no. El día que lo haga, no tendrá ni la más leve duda de ello. Eso se lo aseguro.
-Usted puede hacer lo que quiera –replicó el consejero-, pero las leyes son las leyes. Tanto si le gustan como si no. Yo mismo me ocuparé de que caigan con todo su peso sobre quien trate de quebrantarlas.
Hermione no se dejó impresionar por las palabras del consejero. Law temblaba como una hoja, parapetado tras él. Si no fuera porque no podía verlo bien desde donde estaba, Draco habría jurado que una de las perneras de su pantalón estaba levemente mojada. La Gryffindor fue hasta la puerta y salió de su despacho hecha un basilisco. Draco siguió sus pasos.
-¿Qué ha sido eso, Malfoy? ¡La próxima vez que quieras jugar al seductor, dedícate a hacerlo con esas brujas ligeras de cascos con las que andas!–le chilló Hermione cuando los dos se metieron en el ascensor. Estaba tan enfurecida que pulsó el botón de bajada varias veces.
-Eres menos inteligente de lo que pensaba, Granger. ¿O es que acaso no te das cuenta?
Hermione le miró de soslayo. Aquello era lo más parecido a un halago que le había dicho desde su reencuentro. Pero estaba enfadada y se sentía mortificada.
-¿Qué quieres decir, exactamente?
-Law y esa boñiga de vaca a la que tiene por consejero nos quieren hacer caer en su trampa. Cuanto más te enfrentes a ellos, más difícil nos lo pondrán.
-Bien. De acuerdo. Supongamos que tienes razón. Supongamos que todo esto es un complot sólo para satisfacer el ego de Law. ¿Qué se supone que tenemos que hacer?
-¿Tenemos? Comentes un error al pensar que somos un equipo, Granger. No te confundas: yo trabajo solo. No soy una de tus patéticas víctimas que se mean en los pantalones cada vez que tienen que enfrentarse a ti, así que conmigo olvida tu complejo de todopoderosa Gryffindor –le advirtió, señalándola con el dedo del anillo-. La próxima vez que quieras írtelas de superhéroe, te compras unas mallas y una capa, pero a mí déjame en paz.
El ascensor llegó a la planta baja y Draco salió de él sin mediar palabra. Hermione comprendió entonces que estaba sola. Y se sintió estúpida por haberle defendido. Tendría que haber dejado que lo encerraran en Azkaban y se pudriera allí con los dementores.
Y lo peor era: ¿cómo iba a contárselo a Ron?
NdA: He tenido que partir este capítulo en dos porque era muy largo. La segunda parte está en construcción, pero la dejaré en cuanto pueda. Respecto al fic: todo es bienvenido! Lechuzas y reviews también, que me hacen muy feliz. Si queréis dejarme un flame, mejor que sea en privado, aunque no sería la primera vez jaja. Gracias a los que se molestaron en comentar la historia y darme consejos para seguirla. Espero haber sabido aplicarlos.
Kannii: hola otra vez!! La verdad es que me gusta cuidar los detalles de la historia y no dejarme nada en el tintero. Claro que… suelo tener un instinto kamikaze de ponerme a escribir sin haber planeado y a veces eso no es posible. Pero lo intento. Drama? Depende de la historia. Algunas son todo lo contrario. Besos!
Claudia: qué alegría verte otra vez! No se me había ocurrido pensarlo, pero a lo mejor tienes razón. Es como si el divorcio no existiera en el mundo mágico. Pero todos sabemos lo puritana que es Rowling cuando quiere, no?
Adriana: Hola otra vez! Todavía no me he leído la historia. Ni por encima. Y creo que no lo haré por ahora. Como tú bien dices, no quiero que me influya para escribir esta. Pero la guardo para cuando acabe. Me ha hecho especial ilusión que leyeras mi femslash. Sólo espero que haya sido el más actual porque el otro lo escribí hace años y ufff… demasiado básico. La guerra de las bromas es una de mis historias favoritas. Creo que se nota… Espero que te esté gustando a ti también. Y Oliver y Hermione son amor! A ver si más gente se anima a escribir de ellos
Noelia: la idea de que les obliguen a estar casados supongo que es la que mueve toda la historia. Pero tienes razón, tiene su morbo, jeje.
Vic Black: ¿he conseguido que te rieras algo esta vez? En realidad, el humor va a estar presente, pero no quiero que sea el alma de este fic. No sé, creo que va a ser una mezcla de muchas cosas. Ya veremos. Un beso!
Ethel Potter: ya me habían hablado de ese fic en otros reviews, pero la verdad es que no lo conozco, lo siento. A lo mejor un día lo leo. Gracias por pasarte!
artePop: me gusta tu penname! Jeje. Me alegro de que te haya gustado.
Daniela: la escena de la chimenea es una de mis favoritas hasta el momento. No tiene nada especial, pero yo me estaba imaginando a Hermione muerta de los nervios y eso me hacía gracia. Un besito y cuídate tú también!
Natt: estoy de acuerdo en que hacen buena pareja. Creo que hasta prefiero a Hermione con Draco que con Ron. Pero depende del momento. Y espero que te pase eso algún día ;) Ya me contarás
