Capítulo 4
-Hago ¡pop! y aparezco a tu lado-
No hacía tanto tiempo que Draco Malfoy vivía con Astoria Greengras. Pero tras años de romance tortuoso trufados de grandes encuentros sexuales, Draco por fin se había decidido. Les había dicho adiós a sus padres, había hecho las maletas y se había mudado con Astoria a una inmensa casa, gentileza de la fortuna de los Malfoy y vestigio de lo que ésta había sido durante décadas.
Astoria era la mujer perfecta para Draco. Procedía de una antiquísima familia mágica que nunca había dejado de tener la sangre limpia. Jamás hacía preguntas. Al menos, no muy rebuscadas. Era elegante, fría y distinguida. Y aunque era una mujer de carácter, había dejado de lado sus sueños y aspiraciones para emparejarse con un Malfoy.
Le gustaba Draco, no podía negarlo. Pero le gustaba todavía más su árbol genealógico, sus ideas sobre la pureza de sangre y la fortuna de sus padres que, aunque venida a menos, era suficiente para mantener el nivel de vida al que los dos estaban acostumbrados. Desde niña, la habían educado para ser madre y esposa de un poderoso mago. ¿Y quién mejor que el príncipe de Slytherin para llevar a cabo este cometido?
Ambiciosa como era, hacía la vista gorda y oídos sordos a todos y cada uno de los deslices de su futuro marido. Y aunque a veces era presa de ciertos ataques de cólera provocados por los celos, siempre acababa olvidándolos en favor de un futuro cercano que no iba a permitir que se le escapara de las manos.
Draco llegó a casa como casi todas las tardes: rondando la hora de la cena. Al contrario que Astoria, no era una persona casera ni tampoco se planteaba crear un hogar sólido o remotamente cálido. Estaba convencido de que ésa era una tarea que debía desempeñar su futura esposa. En este caso, Astoria.
Tan pronto cruzó el umbral de la puerta, permitió que su elfo doméstico le ayudara a quitarse el abrigo, fue hasta el salón principal y la saludó con un anodino y despreocupado beso en la mejilla.
-¿Está servida la cena? –preguntó distraído. Tomó una botella de cristal tallado y vertió un poco de whisky en un vaso.
-Casi –dijo ella. –Esta tarde ha venido tu madre a casa. Dice que la llames –el rubio asintió con la cabeza. -¿Qué tal tu día?
-Aburrido, normal y predecible –Draco se sentó en una butaca de cuero marrón y cruzó los pies sobre la mesa. –He estado en el Caldero Chorreante.
Era preferible decirlo ahora, por si alguien le había visto.
-¿Solo? –los ojos de Astoria se entornaron con recelo.
-No, con Goyle. Nos hemos tomado unos whiskys de fuego, por los viejos tiempos. Está muy desmejorado. El trabajo social no le sienta nada bien.
Como menores que eran cuando ocurrió el incendio en Hogwarts, a su amigo del colegio le habían caído cinco años de trabajo social cuidando a enfermos terminales en San Mungo. A Draco, en cambio, le habían castigado con sólo tres. Las conexiones que su madre tenía por aquel entonces en el Ministerio, habían hecho su trabajo.
Por Merlín, cómo odiaba a aquellos viejos desahuciados…
-Y ha engordado como una bestia –recalcó con indiferencia.
-Nunca ha sido un atleta –se mofó Astoria.
Malfoy sonrió complacido. Astoria no tenía pelos en la lengua. Y eso era lo que más le gustaba de ella. Lo único que los diferenciaba era la sutilidad innata de su novia.
-Pero ya casi ha terminado, ¿no? ¿Cuánto tiempo le queda?
-Unos tres meses –Draco dio un sorbo a su whisky, que bajó por su garganta como si fuera agua. –Y, luego, a vivir… Dice que se va a comprar una casa en el campo porque está cansado de la ciudad. Veremos si luego lo hace.
-Ejem –el carraspeo de un elfo doméstico llegó hasta sus oídos. Los dos se giraron y vieron al pequeño sirviente esperando en la puerta. –Amos: la cena está servida.
-Por cierto –dijo Draco, poniéndose en pie para ir a cenar, -me he casado.
-¿Perdona? –preguntó ella con desconcierto.
-Lo que has oído, por favor no me hagas repetirlo.
-Oh, por favor, discúlpame –dijo ella, con ironía y enfado enmascarado. –Cuéntame entonces cómo ha sido la boda, porque creo que lo he olvidado. ¿Era bonito mi vestido? ¿Qué dijeron tus padres? ¿Lloró mi madre?
-Vamos, ahora no te hagas la loba herida. Ha sido sin querer, ¿vale? Astoria, te juro que hoy no estoy de humor para una escena de celos de las tuyas.
Ella arqueó las cejas con descrédito. Aquello era el colmo. Y era aún peor que Draco continuara explicándose con naturalidad, como si estuviera hablando del tiempo.
-Si alguien te pregunta algo, tú no sabes nada. Si alguien quiere que hables, tú te callas. Y no hagas caso de lo que cuenten los inútiles de los periodistas. Mienten más que hablan. ¿Entendido?
Astoria se levantó de donde estaba sentada y cruzó la habitación sin mediar palabra.
-¿Y ahora qué mantícora te ha picado? –protestó Draco, dando un golpe a una mesa cercana.
Él había tratado de quitarle importancia al asunto, pero no había funcionado.
¿Cómo había podido torcerse todo en cuestión de horas? El día anterior volvía a ser feliz. Había resuelto el problema (más o menos), Ron no había sospechado en ningún momento, había sido capaz de dormir por primera vez en días, y, ahora, esto…
Hermione caminó derrotada hacia su casa. No sabía cómo, pero tenía que decírselo a Ron. Al día siguiente, su boda -¡ja! ¡Su boda con Malfoy!, pensaba, muerta de la risa- se publicaría en la portada de todos los periódicos. Las posibilidades de que Ron no lo viera eran irrisorias. Le pediría explicaciones, claro. Le mandaría a la mierda por haberse enterado por la prensa.
-¡Eh! ¡Ese es el tipo al que le pusieron los cuernos y se enteró por los periódicos!
Ya podía verlo. Todos señalarían a Ron con el dedo en una burla sin fin. Por eso pensó que era mejor ser sincera. Tenía que reunir la poca valentía Gryffindor que le quedaba. Templar los nervios. Plantarle cara. Pero… ¿cómo?
-¡Ya estoy en casa! –anunció con toda la naturalidad que pudo cuando abrió la puerta.
-¡Hola!
Ron también estaba.
Hermione vivió un deja-vú al dar aquellos pasos. La escena del día anterior parecía repetirse. Caminó con miedo hasta la sala de estar y, al cruzar la puerta, sus ojos se abrieron con sorpresa.
-¡Tachán! –dijo el pelirrojo, extendiendo los brazos como si le hubieran crucificado.
Había puesto la mesa, la cena estaba servida y había tres velas iluminando la estancia.
-Vaya… ¡Vaya! –comentó ella, presa de una risa nerviosa. -¿A qué debo este honor? –preguntó mientras se quitaba el abrigo y lo colgaba junto al de cuadros que había usado el día anterior. Al verlo, sonrió con amargura.
Ron se acercó y le dio un suave beso en los labios.
-A nada. Pensé que podíamos aprovechar que hoy los dos hemos vuelto antes del trabajo –le dijo, apartando caballerosamente una silla para que ella tomara asiento.
Hermione se sentó y le siguió con la mirada. Ron entraba y salía de la cocina con los platos que había preparado. De veras que el don de la oportunidad no era precisamente su fuerte.
-¿Y qué tal en el trabajo? –le preguntó.
-Bi… bien…
-Tienes mejor cara. Se nota que hoy has descansado –le dijo, contento de su buen estado de salud.
Hermione pensó que sólo le quedaban dos opciones: a) Hablarlo ya mismo o b) Aguardar a que acabara la cena con la esperanza de que el humor de Ron mejorara, y encajara la noticia que tenía que darle. Respiró profundamente y decidió esperar.
Pero durante toda la cena fue incapaz de controlarse. Hermione era puro nervio. Ponía muecas extrañas, sonrisas fingidas y tenía un molestísimo tic en la pierna y no dejaba de menearla a pesar de las quejas de Ron. "¡Para de una vez, por favor!".
Y como no fue capaz de probar bocado, incluso se alegró cuando llegó la hora de los postres.
-¿Ron? –le dijo, mientras él saboreaba una mouse de limón.
-¿Hmf?
-Tenemos que hablar.
Qué frase más típica, por dios, pensó.
En un intento desesperado, Hermione le cogió de las manos. El pelirrojo soltó la cuchara y la miró asustado. No. Mejor me levanto, y comenzó a pasear por la habitación.
-Verás –le dijo al ver que no le quitaba ojo de encima-, ha pasado algo inesperado. Es una tontería, así que hasta puede que te rías mucho cuando te lo diga.
Los ojos de Ron se entornaron.
A lo mejor no…
-El tema es… -Hermione carraspeó con nerviosismo. -¿Recuerdas la fiesta del Aniversario?
Ron asintió.
-¿Y recuerdas que todos bebimos un poco de más?
Ron asintió de nuevo.
-Bueno, ya sabes que yo no bebo nunca. Es normal que la bebida me afecte un pelín más de lo normal –hizo un gesto con los dedos dejando el índice y el pulgar a dos milímetros de distancia. –Ya sabes: un vaso de vino y ¡bufff! ¡Ya estoy en la luna! Volando, ¿sabes? –empezaba a divagar. Incluso había extendido los brazos para fingir que volaba -¿Y qué es un vaso de vino?¡Nada!¡Una minucia! ¿Tú crees que es mucho? Es una bobada, ¿no? Así que supongo que es normal que el alcohol me afecte cuando hay fiestas en las que…
-Hermioneeee –protestó Ron. Conocía perfectamente a su novia. Sabía cuándo estaba tan nerviosa que divagaba con sus explicaciones. -¿A dónde pretendes llegar? ¿Qué estás tratando de decirme?
Ella suspiró tan profundamente que su pecho se infló y desinfló.
-Vale, te lo voy a decir directamente porque si no seré incapaz de sacarlo. Ron…
-¿Sí?
-Estoy casada.
-¿Perdón? –le miró fijamente, con la boca un poco abierta.
-Sí, casada –aseguró, elevando los brazos. -¡Casada! –repitió en voz alta, como si fuera una maníaca. Había planeado decírselo muy seriamente, sentarse y hablar de ello. Pero estaba tan nerviosa que le entró la vena humorística. -¿Te lo imaginas? ¡Yo! ¡Casada! Jaja –empezó a partirse de risa, a dar palmas en su regazo como si aquello fuera el chiste del año y hasta tuvo que secarse las lágrimas de los ojos.
-Hermione: si es una broma, no tiene gracia.
-No, no. Sí la tiene, Ron. ¡Es para troncharse! Espera, déjame que acabe –le dijo, acercándose a él y agachándose a su lado mientras le tomaba las manos– resulta que estoy casada, pero ni yo quería ni no soy capaz de acordarme de nada. Así que, teóricamente, es un matrimonio nulo, ¿no? ¿A que es gracioso?
Ron la miró desconcertado. ¿De qué coño iba todo aquello?
-Hermione: no sé qué demonios te pasa hoy, pero he tenido un día muy duro en el trabajo y te juro que no estoy de humor para estas cosas. ¡Vale! –dijo, levantándose. -¡Estás casada! ¿Qué quieres que te diga? ¡Enhorabuena! ¿Estás contenta ya?
-Ron, ¡estoy hablando en serio! –se exasperó ella, retirándose la melena de la cara con desesperación. –El día del Aniversario, cuando volví a casa, tenía un papel en el bolsillo que decía que me había casado. No sé cómo ocurrió porque no recuerdo nada, pero fui al Ministerio a comprobarlo y me dijeron que era cierto. Y ahora estoy tramitando el divorcio.
El pelirrojo la miró inquisitoriamente.
-¿Es ésta una estrategia para que te pida otra vez que te cases conmigo? Porque acordamos que no lo volvería a hacer, que tú me lo dirías cuando estuvieras preparada…
Hermione gruñó.
-¡Ron, estoy hablando MUY en serio!
El pelirrojo ya no sabía si creérselo o seguirle la corriente.
-Vale. Bien –dijo, golpeándose las piernas con las dos manos. –Supongamos que te creo y resulta que es verdad, que estás casada. ¿Qué debo preguntarte ahora? ¿Algo así como "con quién te has casado, mi amor"? Hermione, ya sabes que no me gusta el teatro. Estás muy rara. Yo me voy a la cama.
Ron se incorporó, dispuesto a salir del salón. ¡No le creía! ¡Y ahora se iba! Hermione pensó que su orgullo estaba en juego. Y se enfadó tanto que hizo algo verdaderamente temerario. Fue hasta su bolso, sacó de él el papel que acreditaba su matrimonio con Malfoy y se lo puso delante de las narices.
-¿Me crees ahora? –dijo poniendo los brazos en jarra y con cara de haber ganado una competición. -¡Ja! ¡Yo tenía razón! –le espetó, hincando su dedo índice en su pecho. Era como si estuvieran peleando por algo tan banal como la respuesta a un concurso de la tele.
Los ojos de Ron fueron directamente hasta el final del documento, en donde pudo leer aquello de "Señora Hermione Malfoy". Por un segundo se quedó petrificado, con los ojos clavados en la firma. Luego dejó caer el papel al suelo y entró hecho una furia en la habitación.
-¿Qué haces? –le preguntó Hermione al ver que abría un armario.
El pelirrojo no contestó. Tenía las orejas y la cara encendidas, y había empezado a caminar en círculos, sin rumbo fijo.
-¡Ron!
Hermione fue tras él.
-¡Ron, por favor, tienes que escucharme! ¡Yo no quería! ¿No ves que no recuerdo nada? –le dijo, acercándose a él y poniendo una mano en su espalda. Él estaba sacando un enorme baúl en el que ya había empezado a meter sus cosas. –Ron, ¡mírame!
-¡Apártate de mi camino, Hermione! –le advirtió.
-¡No es justo que reacciones así! ¡No lo hice queriendo, Ron! ¡Ni siquiera lo recuerdo!
-¡Oh, bien, fantástico! ¡Eso lo arregla todo! Si no lo recuerdas, ya podemos olvidarnos del tema y fingir que no ha pasado nada –rugió, tremendamente enfadado. Tenía la cara congestionada. -¿Qué quieres que te diga, eh? ¿Qué me ría contigo mientras me cuentas que te has casado con Malfoy? ¡CON MALFOY, HERMIONE! TE…TE… ¡TE HAS CASADO! ¡EN MATRIMONIO! ¡Yo llevo meses pidiéndotelo y tú siempre me dices que no!
¿En matrimonio? ¡Pues claro que se había casado en matrimonio! ¿Cómo sino?
-¡Por eso mismo debes creerme, Ron! ¡Porque es Malfoy! ¿Acaso crees que a él le diría que sí? ¿Es que no eres capaz de entenderlo? ¡Estoy segura de que me drogó para que aceptara! ¡El problema es que no lo recuerdo!
Pero Ron no la estaba escuchando. Con un giro de su muñeca hizo que el resto de sus pertenencias se introdujeran en el baúl y caminó hacia la puerta.
-¡Ron! ¡Pensaba que tú lo entenderías! ¡Que me apoyarías!
-Pues te equivocaste –le espetó, antes de dar un portazo y salir de la casa.
Hermione se dejó caer sobre el sofá, derrotada y con ganas de llorar. Entonces la puerta se abrió de nuevo y al ver que era Ron, una chispa de esperanza se encendió en su pecho. Sin
embargo, el pelirrojo entró como un relámpago, agarró los cojines con forma de corazón y las tazas que les había regalado su tía Muriel y caminó de nuevo hacia la puerta.
-¡Y esto también me lo llevo! –gritó, como si fuera un niño pequeño que acaba de hacer una travesura.
Y se marchó dando otro portazo.
Hermione permaneció un buen rato mirando la puerta. Estaba tan conmocionada que tardó otro buen rato en llorar. Y aunque se sentía tentada a despertar a Harry y a Ginny para contarles lo que había pasado, decidió que prefería estar sola, ahogándose en su llanto.
Al final, se quedó dormida en el sofá de su sala de estar. Y cayó en un sueño muy muy profundo.
-Hermione, estás borracha. Venga, ya es hora de que volvamos a casa.
-¡Do! –dijo, reculando unos pasos y extendiendo la mano para frenar a Ron, que intentaba tirar de ella para volver a casa. –Do edtoy bodracha.
-Zi lo edtad. Todod lo edtamos ¡hip!
-Tdú más –empezó a discutir con Ginny.
-No, tdú más.
-No, tdú mucho más que yo.
-Do, do, do. Tdú edes la que edtá bodracha, no yo ¡hip!
Ron miró a Harry con desesperación.
-¿Qué hacemos con ellas?
Harry se encogió de hombros. -¿Tú una y yo otra?
El pelirrojo asintió con una sonrisa. Se agachó y alzó a Hermione a pulso. Harry hizo lo mismo con Ginny. Ninguna de ellas estaba en condiciones de discutir, así que sólo patalearon un rato y ellos carretearon con ellas hacia la salida.
-Adiooooooooooooooooooooooooo s con el corazoooooooooooooooooooooon , que con el alma no puedoooooooooooooooooooo –empezó a cantar Ginny sobre el hombro de Harry, despidiéndose con la mano de los camareros, que ya estaban limpiando la sala.
-Al despedirrrrrrrrrrrrrrme de tiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii iiiii –se sumó Hermione, saludando a su vez sobre el hombro de Ron.
Los dos amigos se miraron, arquearon las cejas y, cuando por fin llegaron al exterior, depositaron en el suelo a sus novias.
-¿Tienes cómo volver a casa? –preguntó Harry a su amigo. Él asintió.
-Hemos venido en el viejo Anglia de mi padre –dijo, señalando al aparcacoches que ya había ido a buscar su vehículo. -Pero primero voy a llevar a Hermione. Hoy duerme en casa de sus padres…
Una cabeza pelirroja hizo ¡POP! en la chimenea de su salón. Ginny Weasley inspeccionó la habitación de lado a lado, porque al principio no vio que Hermione estaba justo enfrente de ella, todavía vestida y durmiendo a pierna suelta en el sillón.
-Hermione –le susurró. –Pist, pist. Hermione, ¡despierta!
La morena se asustó al escuchar una voz y se incorporó como si tuviera un resorte. Había pasado una noche terrible, llena de sueños extraños en los que aparecían los cuatro. Ella estaba muy borracha, cantando, y Harry y Ron no dejaban de decir que ya era hora de volver a casa. Menudo dolor de cabeza…
Aunque todavía estaba aturdida, miró hacia el hueco de la chimenea y vio la cabeza de Ginny flotando en ella.
-¿Es que no sabes llamar? –le preguntó con rudeza. Estaba de mal humor. Sus ojos estaban hinchados de haber llorado y tenía jaqueca.
-Perdona, ¡es que el flu estaba abierto!
La chimenea volvió a emitir ese sonido, ¡POP!, y la cabeza de Harry apareció junto a la de la pelirroja.
-¿Se lo has preguntado ya? –le dijo nada más llegar.
Ginny negó con la cabeza. Tenía la preocupación escrita en los ojos.
-¿Preguntarme qué? –se interesó Hermione.
-Hermione… Hmmmm… -Ginny no sabía por dónde empezar. -¿Has visto el periódico de hoy?
Oh, dios santo… Casi lo había olvidado. El miedo se dibujó en sus ojos y ensombreció su cara como si hubiera recordado algo horrible. Hermione se giró sin decir nada y caminó apresuradamente hasta la cocina.
-¡NOOO! –gritaron sus amigos.
-¡Maldita sea! Ya te dije que esto no era una buena idea –protestó Harry.
-Sssshhhh, no digas nada. ¿Hermione? –ella no contestó. -¿Hermione estás bien?
-¡AAAAH! –oyeron su voz desde la cocina. -¡LO MATARÉ!
-Creo que eso es un "no" –cabeceó Harry con resignación.
-Quizá deberíamos Aparecernos ya –propuso Ginny.
-¡LO MATARÉ! ¡LOMATARÉLOMATARÉLOMATARÉ!
-Ve tú primero –propuso Harry con disimulo.
Ginny le miró sorprendida.
-¿Qué? –protestó Harry. –No me mires así: Hermione da mucho miedo cuando se pone así.
La pelirroja rodó los ojos con desesperación.
Hombres…
Su amiga apareció de nuevo en la sala de estar. Estaba estrujando el periódico con una mano y agitaba la otra con nerviosismo.
-Entonces… ¿es cierto? –se atrevió a preguntar Ginny.
-¡NO! –exclamó Hermione. -Bueno, sí. Bueno, ¡no! Bueno…Oh, Dios mío, ¿qué voy a hacer? ¿Qué voy a hacer ahora?
-¡Es cierto! ¡Te has casado con Malfoy! –exclamó Harry, anonadado. –Un momento, ¿¡Te has casado con Malfoy?! –repitió, como si aún no se lo creyera. -¿En matrimonio? ¡AY! ¿Por qué me pegas?
Ginny le había dado un codazo en el estómago y ahora estaba haciéndole señas para que se callara.
-¿Por qué todo el mundo parece empeñado en decir esa frase? –gritó Hermione. -¡Ya sé que estoy casada en matrimonio!
-Pero… ¿por qué?
-¡NO LO SÉ! ¡SI LO SUPIERA YA LO HABRÍA RESUELTO!
Hermione se dejó caer sobre la alfombra del suelo, estaba agotada y no había pegado ojo.
Harry miró disimuladamente a Ginny.
-A ver, Hermione –intervino Ginny. –Lo primero es que te calmes. Respira, por favor. Toooodo se va a solucionar.
-¿Sabes dónde está Ron? –preguntó Harry.
-¡Se ha ido! –lloriqueó Hermione. -¡Se ha ido y se ha llevado a los gatitos!
-¿Los gatitos? –Harry frunció el ceño, confundido.
Ginny acercó a su cabeza a la suya y le susurró disimuladamente al oído:
-Se refiere a los gatitos de las tazas de tía Muriel. Hermione siempre los ha odiado: esto es más grave de lo que pensábamos.
Harry asintió, como si aquello fuera un dato de suma importancia.
-¡Y también se ha llevado los cojines con forma de corazón! –siguió lloriqueando Hermione, dando golpes con los puños en el suelo como si fuera una niña pequeña. –¿Ahora quién me va a dar un abrazo todas las mañanas, eh? ¿QUIÉN?
-¿Pero desde cuándo te gusta Malfoy? ¡Offff!
Ginny le dio otro codazo a Harry en las costillas y le dedicó una mirada de "cierra el pico".
-¡No me gusta! ¡Estaba tan borracha que no recuerdo cómo me casé!
-¿Pero cómo no te vas a acordar de eso, mujer? –insistió Harry. –¡Y tú no me pegues más!
-¡Pues entonces cállate! ¿No ves que lo estás empeorando? –explotó Ginny. Harry enmudeció. –Está bien, tranquila. Todavía estoy en pijama, pero me visto y salgo pitando para allí.
-¡Y se ha llevado los malditos gatitos!
-Lo sé, cariño, lo sé –intentó animarla Ginny desde la chimenea. –Pero tú no te preocupes. Recuperaremos a Ron y a los gatitos, ¿de acuerdo?
-¿Y los cojines no?
Ginny rodó los ojos con desesperación.
-Sí, los cojines también. Recuperaremos a los gatitos y los cojines, te lo prometo.
-Y a Ron… -apuntó Harry. Ginny puso los ojos en blanco.
-A Ron, los gatitos y los cojines… -enumeró la pelirroja con desesperación. –Mientras tanto, tú… tú… vístete, que yo voy en dos minutos, y… y… ¡y no te acerques más al minibar!
Esta vez fue Harry quien le dio un codazo a Ginny.
Hermione seguía con la mirada clavada en la alfombra. Sin duda, estaba atravesando un shock nervioso.
-¡Te… te veo en un minuto! –se despidió la pelirroja. -¡Tú no te muevas de ahí!
La morena hizo lo que Ginny le decía. No se movió de donde estaba. En parte porque tampoco se sentía capaz de moverse. Lo único que hacía era mirar embobada el hueco de la chimenea mientras, a su lado, reposaba una hoja abierta de periódico.
"Malfoy y Granger ¡CASADOS!"
El Ministro de Magia, Martin Law, desvela la noticia del año: ¡El hijo de la mano derecha de Voldemort y la componente del trío dorado se han casado!
El Ministro de Magia, Martin Law, reveló ayer la que es, sin duda, la noticia más importante del año: "Me complace anunciar a la prensa y a todos mis conciudadanos el compromiso matrimonial de la señorita Hermione Granger, distinguido héroe nacional, y del señor Draco Malfoy, hijo de un conocido ex mortífago rehabilitado", declaró el Ministro en una rueda de prensa convocada para tratar la modificación de la Ley del Divorcio Mágico.
Al parecer, la señorita Granger y el señor Malfoy contrajeron matrimonio hace dos días, en una ceremonia privada a la que asistieron sólo sus amigos más cercanos, además del propio Ministro. "La verdad es que nadie tenía noticia de las relaciones entre estos dos estupendos muchachos, pues creo que todos pensábamos que seguían con sus respectivas parejas habituales", explicó Law. "¿Pero qué puedo decirles que ustedes no sepan? El amor puede estar en cualquier parte, incluso donde menos te lo esperas", afirmó el Ministro.
La noticia ha sorprendido a todo el mundo mágico. Sobre todo porque durante la fiesta del Aniversario, los ahora felices tortolitos asistieron acompañados del señor Ronald Weasley y la señorita Astoria Greengrass, sus únicas parejas conocidas hasta el momento. "A mí también me ha sorprendido, no les voy a mentir", siguió explicando Law, "pero esto sólo confirma el mensaje que durante todos estos años hemos recalcado desde el Ministerio: no hay buenos ni malos. Los ex Mortífagos pueden ser rehabilitados en sociedad con un poco de buena voluntad. Personalmente, estoy más que encantado con la pareja. Les deseo toda la felicidad del mundo mágico".
Algunos periodistas asistieron ayer al alcance de su amor en los pasillos del Ministerio. Al parecer, el señor Malfoy visitó a su mujer (la ahora señora Malfoy, antes señorita Granger) a primera hora de la mañana. "Le trajo unas flores", nos ha confirmado el bedel de la sexta planta. "Yo ya le dije que esto no era un jardín, pero cuando me explicó que estaba recién casado, simplemente no pude negarme". Y al juzgar por sus declaraciones, los dos parecen muy felices de su reciente matrimonio: "A veces es tan ingeniosa" y "tiene un corazón de oro" fueron las frases más repetidas durante sus primeras declaraciones a la prensa. El enamorado novio añadió además que "la señora Malfoy es una persona muy abierta de mente", en clara referencia a que nunca le ha importado su oscura descendencia.
Por otro lado, durante la misma rueda de prensa, el Ministro dio más detalles sobre la nueva Ley del Divorcio que entró en vigor ayer mismo. "No hay mucho que explicar", dijo, "simplemente decir que las parejas tendrán que someterse al examen de un agente del Ministerio, que evaluará exhaustivamente el estado de su relación. Tras haber pasado una serie de test y de visitas, el agente decidirá si ambos están preparados para romper su
matrimonio, y lo que es más importante: si es verdaderamente necesario ese divorcio o se trata, en cambio, de una rutinaria pataleta de enamorados".
Más detalles en la página 44 de la edición de hoy.
Hermione ni se había molestado en leer la página 44. Se encontraba demasiado derrotada para hacerlo. Tampoco había hecho ningún esfuerzo por leer las otras nueve páginas dedicadas única y exclusivamente a recordar su vida y la de Draco (su paso por Hogwarts, sus activos papeles durante la guerra, sus árboles genealógicos, etc), con la simple intención de desmenuzar lo que llamaban "su claroscura historia de amor". Con la mirada fija en la chimenea, apenas se dio cuenta de que ésta había vuelto a hacer ¡POP!
-Sepa usted, señorita –le dijo una voz gastada, vieja-, que sólo he venido a demostrarle mi más profundo desprecio por lo que le ha hecho a mi sobrino.
Hermione elevó la mirada con desgana y vio la cabeza de tía Muriel flotando en su chimenea.
-Lo que usted ha hecho no tiene nombre, pero si lo tuviera sería de tamaña bajeza que hasta me daría vergüenza pronunciarlo.
Asintió, sin darle importancia. Ya tenía suficientes problemas.
-Yo traté de advertírselo a mi sobrino, pero no me hizo caso, y aquí tiene el resultado. Espero que ahora aprenda a que uno no puede verse envuelto con personas de su calaña, interesadas única y exclusivamente en ese neo hedonismo que corrompe a los jóvenes de hoy en día.
-Claro… -asintió ella, completamente ida.
-¡Y devuélvame mis gatitos! –reclamó la tía Muriel como colofón de la despedida. –¡Sepa usted que mi Rupert les tenía un gran aprecio!
Dicho esto, su cabeza desapareció de la chimenea, pero dos segundos después, hizo acto de presencia la de la madre de Ron.
-¿Cómo has podido, Hermione? –chilló tan pronto asomó por allí. -¡Ron nos lo ha contado todo! ¡Y esas declaraciones en el periódico! ¡Debería darte vergüenza, jovencita!
-¡Molly, por favor, no hagas una escena! –oyó que suplicaba su marido desde el fondo de la chimenea.
-¡Oh, cállate, Arthur! ¡Si tú no eres capaz de ponerle a esta bruja descorazonada los puntos sobre las íes yo sí lo soy! ¡Alguien tiene que poner orden en esta casa de locos! –dijo, antes de girarse para mirar de nuevo a Hermione. -¡Y tú! ¡Tuuuuu! Te dimos una casa, un hijo y un futurible marido ¿y con qué nos pagas? ¡Casándote! ¡En matrimonio!
Ahí estaba otra vez aquella maldita frase…
-¡Y nada menos que con un ex Mortífago y el hijo de la persona que más daño ha hecho a todos los integrantes de esta casa! ¡Espero que estés contenta, Hermione! ¡Espero que por lo menos haya valido la pena!
¡POP!
La cabeza de Arthur Weasley también hizo acto de presencia en su chimenea.
-Hermione –se dirigió a ella con dulzura-, no te voy a negar que estamos todos muy apenados. Pero si algún día necesitas algo…
-¡Arthur! ¡Saca tu cabeza de aquí!
-¡Molly, que estoy hablando!
-¡Pues hablas más tarde! ¡Aún no he acabado!
¡POP!
-¿Eo? ¿Hay alguien por ahí? –preguntó George Weasley, cuya cabeza acababa de aparecer también. Hermione los miraba a todos perpleja. Había ya tres cabezas flotando en la chimenea de su salón. -¡Mamá, papá, estáis aquí!
-George: estoy hablando yo –protestó la señora Weasley. –Pide turno y luego dices lo que quieras.
¡POP!
-¡Bill! –exclamó George al verlo. –Hola, mamá. Hola, papá. George, ¿qué haces tú aquí?
-He venido de cabeza cuando me he enterado –bromeó.
-Hola, hijo –saludó Arthur Weasley.
-Con todos vosotros es imposible mantener una conversación privada –se quejó Molly.
¡POP!
-Con mis respetos, Hermione, he venido a decirte que… –se arrancó Percy Weasley, que también había aparecido y ahora intentaba hacerse hueco entre las cabezas de los demás. La red flu estaba realmente concurrida aquella mañana –Oh, veo que no he sido el primero… -se lamentó con cierto rentintín al ver que se le habían adelantado en la reprimenda.
-Según mis cálculos, eres el quinto, Perc. Pero pasa y flota. Todos estábamos esperando a que tu inabarcable sabiduría inundara esta concurrida chimenea –apuntó George. –Bill, por favor, ¿podrías mover tu cabeza un poco más hacia la izquierda? ¡Me estás metiendo todo el pelo en el ojo!
-¡Chicos! –exclamó Arthur, con la intención de aprovechar la ocasión de tener allí reunidos a todos sus hijos. -¿Hacemos comida esta semana? Hace mucho que no pasáis por casa.
-Sólo si mamá hace lasaña –propuso George.
Molly Weasley rodó los ojos con desesperación.
¡POP!
-¡AY! ¡Mira por dónde vas, Charlie! –protestó Bill, cuando su cabeza le dio un tremendo coscorrón al aparecerse.
-¡Menuda fiesta! –exclamó George.
Hermione estaba tan alucinada con la proliferación de cabellos rojos en su chimenea que no se dio cuenta de que Ginny Weasley se había Aparecido detrás de ella y estaba mirando la escena con sorpresa.
-¡No pestañees! ¡Me haces cosquillas!
-Papá, ¿está Ron con vosotros? Pe y yo estamos preocupados.
-George, ¿has eructado aquí? ¡Serás guarro!
-Mamá, ¿me dejé unos calzoncillos azules en tu casa? Fleur dice que no los encuentra.
-Es evidente que Fleur es la única que no sabe dónde tiene la cabeza, ¿eh?
-¡Bueno, BASTA! –gritó la pequeña de los Weasley, tratando de poner orden al murmullo creado por todos sus familiares. –Todos fuera. Yo me quedo con ella.
Se hizo el silencio y Molly Weasley la miró, perpleja.
-¡Ginevra! ¡Vuelve a casa ahora mismo! –le ordenó. –No te consiento que te quedes ahí para consolar a esta hija de bruja malnacida.
La pelirroja rodó los ojos y pasó sus manos por las axilas de Hermione para conseguir que se levantara. Cuando lo logró, después de varios intentos de tirar por ella, se la llevó a la cocina para tener más intimidad, a pesar de los gritos enojados de su madre.
-¿Cómo estás? –le preguntó cuando llegaron allí. -¿Y qué ha pasado exactamente? ¿Es cierto lo que pone el periódico?
Hermione se limitó a negar con la cabeza. Una lágrima asomó a sus ojos.
-Está bien, escucha. Creo saber lo que está pasando. Y no te preocupes por nada. Harry y yo hemos estado hablando y tenemos un plan.
La morena pareció animarse un poco. Al menos, levantó la mirada y la observó con interés.
-Harry está ahora mismo camino del Ministerio. Quiere hablar con el Ministro.
En ese momento, una lechuza se estampó contra el cristal de la casa de Hermione. La pelirroja fue corriendo hasta ella y atrapó el mensaje que llevaba en una pata. Ginny lo abrió con manos temblorosas, como si esperara lo peor, y leyó:
Citación relativa a los trámites de divorcio cursados por el señor Draco Malfoy y la señora Hermione Malfoy.
En cumplimiento de la nueva Ley del divorcio, nos complace comunicarles la visita inmediata de un agente del Ministerio encargado de tramitar y valorar su solicitud. Se ruega su completa colaboración con el agente de la ley, a riesgo de ser sancionado por el Ministerio de Magia, artículo 928437, sección c/a/b, LO 1364820.
Atentamente,
Matilda Rosschild
Oficina del Registro Civil
Ginny miró a Hermione con un claro gesto de preocupación.
Aquello era mucho MUCHO peor de lo que todos habían imaginado.
NdA: ¿Qué tal? ¿Seguís interesados en la historia o ha llegado la hora de que me lapidéis a tomatazos? En mi defensa diré que este capítulo era necesario y un poco aburrido porque todavía necesito explicar algunas cosas. A partir de aquí supongo que empieza lo "bueno", pero a ver si consigo contar lo que yo quiero
¡No matéis gatitos! ¡Que me pone triste contribuir a la matanza de gatos al no recibir reviews! Recuerda: cada vez que no dejas review, matas a un gatito.
Además, cuantas más opiniones reciba, mejor sabré cómo manejar a estos dos, y creedme que os hago mucho caso cuando me decís algo que realmente tiene sentido. Besos y gracias por leer!
Vic Black: diferente? No sé, espero que sí sea un poco diferente a lo que habéis leído por ahí. Eso intento. Gracias por el comentario
Paula: yo también estoy intrigada. Estoy deseando llegar a los próximos capis porque estos son un poco más de explicar la historia
Daniela: mucho me temo que habrá periodistas para rato en esta historia. Con semejante noticia es difícil que se mantengan al margen, ¿no crees? A ver qué sale de aquí en futuros capis.
Noelia: mi cariño por Ron fluctúa tanto como la bolsa de Wall Street. Tengo mis opiniones encontradas respecto a él, aunque creo que (todavía) no le he hecho sufrir mucho. Sólo está un poco dolido, el pobre…
artePop: no sientas lástima por ron, mujer, tú piensa que la ruptura es con fines de mayor calado jaja. Gracias por comentar!
Natt: respondo a tu pregunta: no tengo ni idea de cuántos capis van a ser, pero tengo que explicarlo todo, así que supongo que será semi largo. Yo tengo la manía kamikaze de escribirlo todo sobre la marcha, así que los cálculos casi nunca me salen como pensaba. Qué bien que te gustara el capi; espero que haya muchos así en el futuro
Aurasly: diablos! Me encanta que estés leyendo la historia a pesar de que no sea tu pairing habitual y me siento muy halagada por ello. La idea del título es muy simple: un día encontré el Expediente Perla Shumajer en Intruders y te juro que mis amigas y yo nos estuvimos riendo durante horas, haciendo bromas y demás. Yo les dije que algún día iba a titular un fic así, pero que no sabía cuál ni de qué iba a ir… y, nada, simplemente lo cumplí. Me parecía el título perfecto para un fic, sin más. Normal que te haya hecho gracia. Esto podía tener dos efectos: que la gente se lo tomara con humor y entrara a leerlo o que pensaran que una seguidora de Perla consideró el título como lo más serio del lugar y decidiera escribir siguiendo su estilo. La Shumajer es la creadora de toda una escuela. Éste es sólo mi pequeño homenaje a ella ;)
