Capítulo 6
-¿En tu casa o en la mía?-
Draco estaba jugueteando con la ropa interior de Hermione cuando escuchó unos pasos furibundos acercándose peligrosamente. Echó un vistazo rápido a las braguitas y sujetadores de encaje que estaban tendidos junto a la ropa interior blanca y más fea, y alzó una ceja con sorpresa. Jamás hubiera imaginado a Granger usando lencería tan sexy. Para él, ella era la última persona que entraría en una tienda a comprar un artículo mínimamente erótico... o un artículo que pudiera hacerla parecer… humana…
Pero allí estaban esos preciosos sujetadores, colgados unos detrás de otros, y tenían que ser de Granger porque la pequeña comadreja no vivía en aquella casa, aunque sería más propio de ella complacer al caracortada de esta manera.
Draco meneó la cabeza con energía. ¿En qué cuernos estaba pensando? Como si acabara de realizar un acto pecaminoso, desechó rápidamente aquel pensamiento. Estaba allí para lo que estaba y admirar la ropa interior de la sabelotodo no era precisamente una buena idea. Con un movimiento diestro tomó aquellas inmensas bragas blancas con la punta de su varita (antes muerto que tocarlas con sus propias manos) y se giró en el preciso instante en el que Hermione entró en el lavadero hecha una furia.
-Esto –comenzó a decir antes de que ella pudiera articular palabra. De la punta de su varita colgaban las bragas de abuela. La estaba apuntando con ellas mientras caminaba al frente. Hermione reculó, víctima de un acto reflejo- es lo que ocurre con todas las mujeres. Al principio todo es lencería, encajes y bordados. Luego se casan y, por arte de magia, ¡zas! aparecen en la cómoda las bragas que heredaron de su abuela e incluso de su tatarabuela. ¿Acaso también voy a tener que quejarme de esto al Ministerio? –se burló, con una sonrisa de medio lado.
Ella lo observó todavía enfadada, con los brazos en jarra. Luego extendió la mano con rapidez y agarró las bragas para meterlas en el bolsillo de su túnica. ¡Aquello era el colmo! ¿Desde cuándo Draco Malfoy tenía derecho a meter la nariz en sus cosas personales?
-Por mí haz lo que quieras, porque tú y yo no estamos casados.
-¿Ah, no? –le espetó él arqueando una ceja-, pues el Ministro y esa idiota de Brown parecen tener la idea contraria. Además, yo tengo aquí un papel que certifica que…
-¿Qué es lo que quieres, Malfoy? –le interrumpió Hermione. No tenía ganas de juegos aquella mañana-. ¿Por qué has venido hasta aquí?
-Ya te lo he dicho: quería asegurarme de que acudirás a la terapia –comentó él, no sin antes echar otro frugal vistazo a los sujetadores de encaje que tenía a su izquierda. Por Merlín que la sabelotodo gasta una buena talla, pensó sin poder controlarse.
-¿Y qué motivos puedo tener para no ir? Yo quiero el divorcio tanto como tú, pero la terapia no es hasta dentro de cuatro horas y no tengo ninguna intención de aguantarte hasta entonces. Ya sabes dónde está la puerta.
Los ojos de Draco se entornaron al escucharla. Hermione había estirado el brazo y su dedo señalaba hacia la salida. Pero en ese momento a él le dio igual que ella tuviese la ropa interior más interesante que había visto en mucho tiempo –que había visto jamás-, lo que importaba era que nadie podía hablarle con semejante desprecio.
-Escúchame bien, Granger –le dijo, con la mano firmemente sujeta al pilón que usaban para lavar la ropa. Se reclinó hacia ella, de manera que Hermione pudo sentir su aliento golpeándole la cara y se le puso la piel de gallina-, a mí nadie me echa de ningún sitio: soy yo el que se va cuando le apetece, ¿comprendido?
Hermione se quedó petrificada, sin saber muy bien qué decir. Tenía la varita firmemente sujeta en su mano derecha. Podría haberla usado y dejarle tieso allí mismo. Pero le necesitaba si quería divorciarse cuanto antes. ¡Necesitaba a Draco Malfoy! ¿Podía ser más injusta la vida? Así que se hizo a un lado para dejarle pasar. Como vio que Draco no había movido ni una pestaña y la seguía mirando amenazadoramente, se dio la vuelta y se dirigió al pasillo.
-Muy bien –le dijo sin molestarse en mirar atrás-, pues cuando decidas que te apetece largarte, ya sabes dónde está la salida –poco después, Draco escuchó una puerta que se cerraba de golpe, probablemente la de su dormitorio.
Aquello no estaba saliendo según lo previsto: se había ido sin más. Él esperaba hacerla rabiar, que protestara, pero lo único que había logrado era quedarse allí solo, en compañía de la ropa recién lavada. Fastidiado, fue hasta la salida y pegó un portazo que hizo temblar el marco. Al escuchar el golpe desde su dormitorio, Hermione sonrió.
Ron se quitó la chaqueta y se la puso a Hermione encima de los hombros. Aunque seguía borracha y no tenía nada de frío, el pelirrojo no quería que cogiera un constipado y aquel vestido con semejante escote no era la prenda más indicada para la helada que estaba cayendo.
-Nos vemos mañana, entonces –oyó que se despedía Harry, que llevaba a Ginny colgada del brazo mientras ella seguía cantando aquella espantosa canción.
-Sí, a las siete en casa –contestó el pelirrojo-. No traigáis nada, yo me encargo de la cena –Ron pasó sus brazos por las dos axilas de Hermione en el momento en el que ella parecía perder el equilibrio.
-¡Hazta mañana, Haddy! –se despidió la morena, extendiendo el brazo todo lo que pudo-. ¡Giddy, nos vemod mañana!
-¡Te quieddo mucho, Hedmione! –le gritó la pelirroja mientras echaba a andar, en claro momento etílico de exaltación de la amistad. Harry sonrió y Ron rodó los ojos. Vaya par… había sido una noche muy larga y con demasiado alcohol.
El pelirrojo echó a andar como pudo mientras sostenía a Hermione. Ella iba haciendo ligeras curvas por el camino y era complicado enderezarla, así que Ron se alegró de que su viejo Ford Anglia no estuviera aparcado demasiado lejos.
-¡Ha zido una nodche fantádtica! ¡Me do he pasado en grande! ¿Dú no? Bailedmos un poco, Dron –dijo Hermione, cogiéndole la mano como si tuviera intención de bailar en medio de la calle.
-Cuando lleguemos a casa, ¿vale? Allí bailaremos todo lo que quieras.
-¡Pedo yo duerdmo en casa de mis padres!
-Mañana entonces. ¿Bailamos mañana? –propuso el pelirrojo, tratando de despistarla. Apenas les separaban unos metros del coche.
-¿Me do promedtes?
-Claro que te lo prometo –Ron abrió la puerta del Anglia y se cuidó mucho de que Hermione no se pegara un golpe en la cabeza al entrar en el coche-. Mañana bailamos –cerró la puerta del copiloto, fue hasta el otro lado del coche, entró y arrancó el motor.
Hermione se despertó muy aturdida. Se llevó una mano a la sien y aquella frase retumbó en su cabeza, disipando la bruma de sus recuerdos. "Mañana bailamos". ¿Qué sería aquello? Se sentía agotada y un poco perdida. Sin duda se había quedado dormida y había vuelto a tener otro de aquellos sueños extraños. Se incorporó y colgó las piernas por un lado de la cama para intentar encontrar sus zapatillas de andar por casa. Metió los pies en ellas y se encaminó hacia la puerta. "Mañana bailamos", repetía su mente. Abrió y sacó la cabeza como si fuera una espía, rezando para que Draco Malfoy no siguiera en su casa. Mortífago o ex mortífago, aquel chico no era trigo limpio y le causaba cierta inquietud estar sola con él bajo un mismo techo. Al ver que no había moros en la costa y que todo estaba sumido en un demoledor silencio, fue hasta la cocina, cogió un vaso de uno de los estantes y lo llenó de agua. Cuando sus labios tocaron la superficie de cristal, Hermione se quedó petrificada, con el vaso suspendido en el aire.
¡Mañana bailamos! ¡Por Merlín santo! ¡Eso era! Aquellos dos días había estado soñando con la noche del Aniversario y había estado demasiado preocupada para darse cuenta. Ahora lo recordaba. Ginny y ella cantando a los camareros mientras se iban. El salón de baile se había quedado vacío y lo estaban recogiendo. Ron y Harry las habían sacado a hombros porque no querían irse y Ron… Ron la había llevado hasta el coche para dejarla en casa de sus padres. Todo encajaba. Lo que antes no había podido recordar, ahora se le estaba apareciendo en sueños. Quizá si seguía durmiendo…
Miró la hora. Todavía tenía un poco de tiempo hasta la sesión de terapia. Posó el vaso sobre la encimera y como una loca corrió hasta su cama, se tumbó, se tapó con las sábanas y cerró los ojos muy fuertemente para ver si conseguía quedarse dormida otra vez. Pero no había manera. Sus pensamientos volvían una y otra vez a las escenas que ya había soñado, pero no era capaz de recordar nada nuevo. A lo mejor aquella noche tenía suerte y sería capaz de encajar todas las piezas del puzle…
-¡Maldita sea! –masculló en voz alta, dando un leve puñetazo al colchón de su cama al ver que no conseguía quedarse dormida.
-¿Y ahora qué pasa?
La cabeza de Ginny Weasley volvía a flotar en la chimenea de la habitación. De nuevo había aparecido sin llamar. ¿Es que no tenía siquiera derecho a un poco de intimidad? Hermione rodó los ojos, pero no dijo esta boca es mía. Había mucho de que hablar.
-¡Ginny! ¡Lo he soñado! ¡He soñado con la noche del Aniversario!
-¿Cómo que lo has soñado? ¡Oh, dios santo! ¿Eso quiere decir que ya sabes lo que ha pasado? –preguntó la pelirroja muy excitada.
-Hmmm… no, todavía no –dijo, incorporándose de la cama-. Sólo una parte, pero tengo la sensación de que lo sabré muy pronto. ¿Harry y Ron nos sacaron a hombros del salón? Porque eso es lo que aparecía en mi sueño.
Ginny puso cara de intentar recordar. La verdad es que ella también tenía muy borrosas aquellas escenas. El alcohol parecía haberle dejado tantas lagunas como a Hermione. Pero de pronto su cara se iluminó.
-¡Sí! –exclamó-. Ahora que lo dices, recuerdo que tú y yo estábamos…
-¡Cantando! ¡Nos despedimos de los camareros cantando!
-¡Exacto! ¡Por todos los gorros de Merlín! ¡Hermione! ¡Estás recordando!
-¡Lo sé! ¿No es fantástico? –Hermione empezó a pasear por la habitación. Iba de lado a lado, con el ceño fruncido, sus pensamientos viajando a gran velocidad-. Entonces, si logro soñar con ello cada vez que me duermo, lo más seguro es que pronto descubra lo que ocurrió y podré probar que Malfoy me drogó. Lo enviarán a Azkaban, Ron y yo volveremos a estar juntos, y todo volverá a la normalidad.
Ginny asintió con la cabeza. ¡Por fin una buena noticia! Ya la estaban necesitando.
-Por cierto, ¿habéis hablado con Ron? ¿Está bien? ¿Dónde está?
Demasiado bonito para ser cierto. Ahora llegaban las malas.
-Y… sí, está bien, está en casa de mis padres –afirmó la pelirroja, con cara de circunstancias-. ¿Qué te cuento antes: la parte buena o la mala?
-Ambas –contestó Hermione, deteniéndose en seco y prestando mucha atención.
-Buenoo –titubeó Ginny-, la buena es que ya no está enfadado –Hermione asintió con alivio al escuchar esto-, la mala es que está dolido y que dice que no piensa volver contigo ahora que todo el mundo piensa que es un cornudo.
La cara de la morena se ensombreció visiblemente durante unos segundos. Pero luego pareció volver en sí misma porque dijo:
-Entiendo… Es comprensible, ¿no? Los periódicos han escrito demasiadas cosas estos días. Lo que tengo que hacer es divorciarme cuanto antes para que él vea que todo ha sido una trampa.
Ginny no esperaba que se lo tomara con tanto humor, pero pensó que el asunto de los sueños parecía haberle dado energías renovadas y se limitó a asentir, complacida de que su amiga no estuviera a punto de cortarse las venas.
-¡Oh, dios santo! ¡Me tengo que ir! –Hermione miró su reloj asustada. Apenas le quedaban veinte minutos para presentarse en el psicólogo. Más le valía a Malfoy estar allí si no quería que lo estrangulara con sus propias manos-. Ginny, te veo luego. Ahora tengo prisa.
-De acuerdo –dijo la pelirroja desde la chimenea-, pero, por favor, no pierdas los nervios pase lo que pase. Vamos a tratar de enfocar todo esto de la mejor manera posible.
Hermione asintió con la cabeza y salió despedida hacia el cuarto de baño. No quería llegar tarde el primer día.
Tan pronto llegó a la dirección impresa en la hoja que le había dado Lavender Brown, Hermione pensó que se trataba de un error. Si no, no podía comprender por qué había tantas personas congregadas en la puerta o por qué parecían estar persiguiendo a uno de esos cantantes famosos a los que los periodistas asediaban día y noche.
Volvió a revisar el papel y el nombre de la calle y comprobó que no estaba en un error. La consulta del psicólogo al que tenían que asistir estaba allí mismo, en el número cinco, de eso estaba segura.
Curiosa por descubrir a qué se debía el revuelo, se acercó tímidamente al grupo de personas y divisó una cabeza rubia en medio de ellas. Draco Malfoy parecía estar dando una rueda de prensa. Los periodistas le habían rodeado y no dejaban de sacarle fotografías.
-¿Es cierto que están ustedes en trámites de divorcio? –preguntó uno de ellos.
Draco sonrió de medio lado y negó con la cabeza. -Harán bien en no creer todos los rumores que circulan por ahí –respondió con tranquilidad. Parecía estar en su salsa hablando con los periodistas.
-¿Entonces para qué han venido al psicólogo, señor Malfoy?
-Mi mujer y yo…
¿Mi mujer y yo? ¿Pero de qué iba todo aquello?
-… estamos sólo acudiendo a una terapia de orientación. No queremos que nada salga mal en nuestro matrimonio por el simple hecho de que ambos tengamos pasados muy diferentes.
Hermione no daba crédito a lo que acababa de escuchar. Furiosa, se hizo paso a través de los periodistas y agarró a Malfoy por la manga de la túnica, obligándole a entrar en el portal. Como le cogió de improviso, él no había tenido tiempo de quejarse o impedir que le alejara de los periodistas.
-¿A qué juegas, Malfoy? ¿A qué venía todo eso? –le espetó tan pronto se quedaron a solas, meneando su brazo-. ¿Has perdido completamente el juicio?
Draco no contestó de inmediato. Se quedó mirando la mano de la chica, que todavía estaba firmemente asida a su antebrazo, y le dedicó una mirada fría, congelada, dándole a entender que lo más conveniente sería que le soltara en ese preciso momento. Hermione pareció haber captado el mensaje porque bajó la mano y liberó su brazo.
-¿Qué estás tramando? –repitió entonces, algo más calmada.
-Lo que yo haga no es de tu incumbencia –contestó Draco por encima del hombro. Le había dado la espalda para dirigirse ya hacia las escaleras del edificio-. No te metas en mis asuntos, Granger.
-¿Tus asuntos? Me parece que sí es de mi incumbencia desde el momento en el que estamos casados y tú te dedicas a dar ruedas de prensa cuando yo no estoy.
-Pensaba que no estábamos casados. Eso fue lo que dijiste, ¿recuerdas? –se giró y le dedicó una sonrisa de medio lado. Realmente disfrutaba mucho haciéndola rabiar.
-Oh, eso ha sido muy ingenioso, Malfoy. ¿Cuántos años tienes? ¿Ocho?
-No, cinco, en realidad tengo cinco, sabelotodo. Pero al menos yo no soy una rata de biblioteca que tiene que emborracharse para que alguien se case conmigo. ¿Qué pasa, Granger? ¿Lo intentaste con la comadreja pero él sí pudo resistirlo? ¿A quién más has drogado en tu patética existencia para que se case contigo?
Furiosa, esta vez fue Hermione quien se dirigió a las escaleras y empezó a subir por ellas. Malfoy siguió sus pasos. Ella siguió hablando por encima del hombro:
-Yo seré una rata de biblioteca, pero al menos no voy comprando a mis amigos para que me hagan caso…
-No, tú sólo los drogas para que follen contigo…
-…y tampoco he tenido que anular mi compromiso con nadie.
-No te ha hecho falta porque la comadreja te ha dejado ¿verdad? –preguntó Draco con un brillo de felicidad en los ojos.
-¡Eso no tiene importancia! Ron y yo volveremos algún día, pero aún está por ver que Astoria te perdone lo que le has hecho. Y eso que es la única persona programada desde su nacimiento para quererte.
Draco había dejado de escucharla hacía varios segundos. Estaba más ocupado mirando el culo de Hermione que, embutido en aquellos vaqueros, danzaba de un lado a otro al subir las escaleras. Era absurdo: por más que lo intentara, no podía dejar de mirarlo. Porque lo tienes enfrente, imbécil. Baja la vista a los peldaños. Lo hacía, pero luego ella decía algo, sus ojos volvían a posarse sobre sus nalgas.
Nunca antes se había fijado en lo bien puesto que lo tenía, aunque, para ser francos, tampoco antes la había visto así vestida mientras tenía que subir tras ella por unas escaleras. Fastidiado con lo que estaba pensando, le dijo:
-A ver si subes más rápido, sabelotodo. Como sigas así de lenta, corro el peligro de morir aplastado por esa bola de grasa que tienes por culo y se hace muy molesto tenerlo pegado a mi cara.
Hermione se giró con enfado. Estuvo a punto de decir algo, pero ya había tenido suficiente e intuyó que tendría ocasión de devolvérsela durante la terapia. Así que se limitó a apuñalar a Draco con la mirada y siguió subiendo. Cuando por fin llegaron al rellano, se dirigió inmediatamente a la puerta de la izquierda. A un lado del marco había un letrero plateado en el que podía leerse "Doris Applegate. Psicología y trastornos mágicos".
-Recuerda para qué hemos venido. Acabemos con esto cuanto antes –le dijo a Malfoy mientras apretaba el timbre.
Draco no se molestó en contestarle. Pensó, en cambio, que él sí recordaba para qué habían ido y no tenía intención alguna de acabar con su matrimonio inmediatamente. Lo que pretendía era prolongar los trámites de divorcio unos cuantos meses, pero tampoco era necesario que ella descubriera sus planes.
La puerta se abrió y les recibió una mujer vestida con una chaqueta de punto rosa y una larga falda de tablas. Sus pequeños ojos brillaron tras unas feísimas gafas redondas, cuya montura estaba decorada con lo que parecían piedras preciosas de colores. Su pelo estaba sujeto por un moño despeinado, prendido con cientos de horquillas que tenían formas de animales y figuras infantiles. A Hermione le recordó tanto a Dolores Umbridge que su estómago dio un brinco en señal de protesta. Draco, en cambio, parecía encantado con la aparición de aquella extraña mujer.
-Oh, ustedes deben de ser los Malfoy –dijo-, por favor, pasen. Los estaba esperando. Es un verdadero placer conocerlos.
Draco hizo una floritura con su mano, seguida de una especie de reverencia que dejó extasiada a Doris Applegate. Acto seguido tomó la mano de la psicóloga y la besó como si estuviera saludando a la reina de Inglaterra.
-El placer es todo mío, señora –le dijo, provocando que Hermione pusiera los ojos en blanco.
Doris Applegate, poco acostumbrada a semejantes saludos por parte de jóvenes magos, se ruborizó hasta la raíz del pelo y soltó una risita absurda mientras trataba de darse aire con la mano.
Complacido con su reacción, Draco estiró el pecho con coquetería.
-Por dios, qué día más caluroso. Estoy completamente sofocada, ¿ustedes no? –dijo, meneando la mano para arrastrar un poco de aire hasta sus mejillas-. Pasen, pasen, estaremos mejor dentro. Está más… climatizado.
La mujer se echó a un lado y los dos trataron de pasar al mismo tiempo, de manera que sus cuerpos chocaron bajo el marco de la puerta. Hermione le dedicó una mirada furiosa a Draco, que no parecía querer apartarse, aunque al final acabó cediendo y la dejó pasar primero. La psicóloga no perdió detalle de este primer enfrentamiento entre los recién casados. Se ajustó las gafas con montura de piedras preciosas y les indicó el camino hasta la consulta.
Se trataba de un despacho bastante espartano. Apenas había decoración en él, aunque llamaban la atención los platos de cerámica colgados de la pared. En lugar de gatitos, como los que tenía Umbridge, la señora Applegate coleccionaba platos con la imagen de la reina Isabel II. También los había del resto de la familia real inglesa: Carlos de Inglaterra, con sus inmensas orejas a punto de salir del perímetro del plato, Lady Di, sus dos hijos… sólo faltaba un caballo con el que practicaran polo aquellos individuos. Resultaba muy extraño que aquella colección perteneciera a una bruja.
-Mi padre era un muggle, que Merlín lo tenga en su gloria –les explicó Doris, señalando los platos que Hermione estaba mirando-. Sirvió durante muchos años a la guardia real.
-Así que era un Bobby –afirmó Hermione, que sabía que así llamaban coloquialmente a los guardas de la reina. Doris asintió con un deje de tristeza.
-Bobby, Anthony, Marcus… ¿a quién le importa cómo se llama el padre de la psicóloga? ¿Podemos empezar ya? –las interrumpió bruscamente Draco. Estaba ansioso por largarse de allí y ahora que sabía que la psicóloga era de sangre impura, no se sentía en la necesidad de ser amable con ella. Él estaba por encima de todo eso.
Hermione y Doris intercambiaron miradas y las dos rieron por lo bajo. Draco no comprendió el gesto de complicidad, pero imaginó que algo tenía que ver con el hecho de que las dos tuvieran familiares Muggle y por ello dejó de importarle. Consideraba una pérdida de tiempo saber esas cosas.
-Bien. Creo que lo mejor será empezar por las presentaciones. Mi nombre es Doris Applegate, como bien habrán visto en la placa de la puerta y, a partir de hoy, seré su psicóloga. El número de sesiones que tengamos juntos va a depender de ustedes dos, dado que mi trabajo tan sólo consiste en evaluar el estado de su relación y aportarles herramientas útiles para salvarla…
Salvarla, eso es. Draco lo que quería era salvarla. Al menos durante unos meses. Hermione pensó justamente lo contrario: ella no quería "herramientas" para parchear una relación que ni siquiera existía. ¡Lo que quería era acabar con ella, diablos!
-Dígame, señor Malfoy, ¿por qué creen que están aquí?
Oh, si empezaba con él se lo iba a poner demasiado fácil…
Draco hizo un gesto teatral con la cabeza, como si la meneara con tristeza. Posó los ojos entornados en la psicóloga, y para sorpresa de Hermione dijo:
-Porque no hemos sabido amarnos lo suficiente.
¿Qué?
-¿Qué? ¿Pero qué estás diciendo? Oh, por favor, vaya sarta de…
-Por favor, señora Malfoy, deje que su marido se explique –la reprendió la psicóloga-. Está claro que lleva una gran losa sobre su pecho de la que necesita deshacerse y esta puede ser una gran oportunidad para liberarse de todos esos fantasmas que le acechan.
Hermione quiso refunfuñar, pero cuando fue a decir algo más se dio cuenta de que la psicóloga había sellado sus labios para que hablara en el momento oportuno y no interrumpiera.
-Continúe, se lo ruego, señor Malfoy.
Draco miró con diversión a Hermione, pero disimuló cuando la psicóloga se dirigió de nuevo a él y volvió a poner aquella carita de perrito abandonado.
-Ella es muy mandona, ¿comprende? Parece que nunca está satisfecha con lo que hago. Y siempre tiene que ser ella la protagonista. Yo entiendo perfectamente que ella sea un héroe nacional y yo sólo el hijo de un ex mortífago, pero lo cierto es que me siento muy anulado en su presencia –por si todo esto no fuera poco, para sorpresa de Hermione, que hacía esfuerzos inusitados por abrir la boca pero no lo conseguía, Draco sacó un pañuelito de puntillas de su túnica y fingió secarse una lágrima.
La psicóloga asintió varias veces con la cabeza, como si se sintiera afligida por las revelaciones del pobre muchacho.
-Sin duda debe de ser muy duro tener por esposa a una persona tan famosa como la señorita Granger –comentó, mientras un vuelapluma hacía diversas anotaciones en la libreta que tenía en el regazo-. Con razón se siente usted eclipsado.
-Exacto. Es como si yo no contara, ¿comprende?
Doris Applegate asintió de nuevo y se ajustó las gafas, cuyos cristales destellaron con la luz que entraba por la ventana.
-¿Qué es lo que más le gusta hacer, señora Malfoy? –le preguntó de repente, moviendo su varita en su dirección. Hermione sintió calor en la garganta. Parecía haber recuperado el habla.
-Yo… -dudó, la pregunta la había dejado desconcertada-, no sé… Leo mucho, me gusta investigar cosas, casos nuevos de magos oscuros….
-¿Y a usted, señor Malfoy? –la psicóloga parecía tener suficiente información con la escueta respuesta de Hermione.
-Amarla –respondió Draco con dramatismo y dedicándole una fingida mirada de enamorado.-Amar a Hermione es todo cuanto hago. No podría hacer otra cosa porque quererla me ocupa todo el día...
-¡Por el amor de dios! –rebuznó Hermione que, al escuchar semejante estupidez, no había podido evitar revolverse en su asiento y mirar a la psicóloga con desesperación-. ¿De veras va a tragarse ese cuento? –le dijo.
-Por lo que ustedes me han dicho, yo lo veo claro, cristalino –Doris se ajustó las gafas y echó un vistazo a lo que había apuntado-, lo que sucede aquí es que ustedes dos tienen los roles cambiados. Él hace el papel de mujer y usted el de hombre. Por no mencionar, señora Malfoy, el hecho de que usted sufre, sin duda alguna, de una desmedida envidia de pene.
-¿Envidia de qué?
-De pene, querida. Envidia de apéndice masculino, en otras palabras.
Draco se llevó el pañuelo blanco a la boca para intentar reprimir una carcajada. Aun tratando de contener la risa, dijo:
-Precisamente eso es lo que yo le digo: "nena: lo que tú tienes es 'envidia de pene'". Pero ella parece confundir quién tiene que llevar los pantalones en esta casa.
-¿Pero de qué estás hablando? –estalló la morena-. ¡Yo no tengo ninguna "envidia de pene"! ¿Qué tontería es esa?
-Oh, vamos, querida, ¿ni siquiera un poquito? –la animó la psicóloga.
-¡Por supuesto que no! Yo..es… ¡Yo estoy muy orgullosa de ser mujer!
-Vamos, cariño –dijo Draco, con la voz más engolada que fue capaz de poner-, la señora Applegate está aquí para ayudarnos. No es necesario que finjas más.
-Yo no estoy…
-¿Me está diciendo que nunca en su vida ha deseado ser un hombre? ¿Comportarse como un hombre? Porque su historial y sus aventuras en el pasado dicen todo lo contrario. Me atrevería a decir que esa es una buena razón para romper cualquier matrimonio. Los roles en una pareja deben quedar claros desde el principio. Al igual que usted debería controlar su acusado complejo de Edipo, señor Malfoy.
-¿Complejo de qué? –Malfoy frunció el ceño.
-Oh, no sea vergonzoso ahora –comentó la psicóloga-, es perfectamente normal sentir deseo carnal por la madre. Le pasa a la gran mayoría de los hombres… el deseo secreto por la madre, el odio hacia el padre por ser él quien la posee. La mayoría de los niños anhelan secretamente a sus madres, aunque no todos arrastran esa patología hasta edades adultas. Pero usted no debe avergonzarse de ello.
Hermione contuvo una sonrisa. Aquello iba a resultar divertido después de todo y, si lo que Malfoy buscaba era guerra, decidió que la tendría allí mismo. Era ahora o nunca.
-En realidad –comenzó a decir- yo no quería contárselo porque es verdaderamente humillante que tu marido prefiera a su madre antes que a ti. Pero lo cierto es que siempre me está comparando con ella. Narcisa es una figura demasiado importante en su vida y sé que yo nunca voy a poder sustituirla del todo.
-¡Por supuesto que no! ¡Ella es mi madre y tú solo eres una maldita sabelotodo! –protestó Draco, que quería dejar claro desde el principio que no estaba dispuesto a consentir que se metieran con su madre.
-¿Lo ve? –Hermione elevó las manos en gesto de desesperación-. Pero lo normal es que él lo niegue todo. No hay manera de que entre en razón, pero nuestra vida sexual se ha visto muy afectada por este tema. Y todo porque no tiene ojos para otra persona que no sea su madre.
-¡Granger! ¡No te consiento que hables así de ella! ¡Estás hablando de mi madre, por el amor de dios! –gritó Draco con un claro gesto de desagrado.
-¡Y yo soy tu esposa! ¿Acaso no merezco un poco de atención por tu parte? –dramatizó Hermione, fingiendo estar angustiada y devolviéndole el mal trago que le había hecho pasar antes.
Un brillo endiablado cruzó entonces los ojos de Draco, que acababa de comprender lo que trataba de hacer Hermione. Se acomodó en su silla y le espetó:
-Yo estaré obsesionado, y a lo mejor tengo ese complejo de Edictos… pero no creo que mi madre tenga la culpa de que tú seas tan mala en la cama.
Hermione se quedó con la boca abierta y de refilón vio cómo el vuelapluma rasgaba inquieto la libreta de Doris.
-Sí, Draco, tienes razón. Pero en mi defensa debo alegar que es difícil ser buena en la cama cuando tu marido gasta la talla de un niño de ocho años –e hizo un gesto con el índice y el pulgar que dejó claro a la psicóloga que Draco Malfoy no estaba precisamente muy bien dotado.
El rubio la atravesó entonces con la mirada. ¿Cómo se atrevía la sangre sucia a dejarle en evidencia delante de la psicóloga?
-Por no hablar de que tú las tienes pequeñas –contraatacó el rubio.
-O de que tú te pasas la vida buscando consuelo en las bragas ajenas.
-Porque eres una frígida que ni siquiera se depila.
-¡Ja! ¿Pues sabes qué? –comenzó a gritar Hermione, poniéndose en pie. Era como si estuviera descargando allí mismo la tensión acumulada durante años-. Eso que tú y yo hemos hablado tantas veces, NO es normal. Lo siento por haberte mentido, cariño, pero quizá deberías ir al médico porque no puede ser bueno que todos los días tengas un gatillazo.
-Bueno, bueno, bueno…. –les interrumpió Doris secándose el sudor de la frente con la manga-. Veo que sus problemas son mucho más enrevesados de lo que yo había creído. En vista de lo que hemos estado hablando, no me queda más remedio que dejarles en manos de un colega especializado en relaciones sexuales. Sí –dijo, suspirando, cuando los recién casados abrieron de par en par los ojos- creo que él podrá ayudarles mucho más que yo en este sentido. ¿A dónde debo mandar la copia de los resultados de mi evaluación?
-Malfoy Cotage, número cinco, High Street –refunfuñó Draco, mirando de soslayo a Hermione. Tenía la mejilla apoyada en su mano en señal de fastidio.
-Lewisham Court Road, número trece –respondió Hermione, sentándose y cruzando los brazos sobre su pecho.
Al escucharlos, Doris Applegate abrió los ojos de par en par y el vuelapluma se detuvo en el aire.
-¿Eso quiere decir que viven en casas separadas?
Ambos asintieron con normalidad. A fin de cuentas, aquello era lo más lógico, ¿no? Estaban en trámites de divorcio. ¿Qué esperaba?
-Ah, no, no, pero eso es imposible. ¿No les dijeron nada en el Ministerio?
-¿Decirnos qué? –Draco inclinó el cuerpo y apoyó el antebrazo en el escritorio de la psicóloga. Tenía la mirada fija en ella, como si fuera a atacarla si recibía malas noticias.
Levemente impresionada por los acerados ojos de Draco, Doris carraspeó con incomodidad y pegó su espalda a la butaca en la que estaba sentada.
-Verán… es que no pueden vivir separados mientras estén realizando su terapia –les informó, con voz insegura-. Es una de las condiciones de la nueva Ley.
-¿Perdón? –preguntó Hermione. El corazón había empezado a galoparle en el pecho. ¡Aquello no era posible!
-Espero que esté bromeando –dijo Draco.
-No, señor Malfoy, no es ninguna broma; pensaba que ya les habían informado del proceso. Mientras estén asistiendo a la evaluación de su relación, deberán vivir bajo el mismo techo para enderezar su relación o todos nuestros esfuerzos habrán sido en vano. El Ministerio puede poner a su disposición una casa si no tienen recursos para…
Draco y Hermione, los dos a la vez, imaginaron cómo sería la casa que les podía ofrecer el Ministerio. Todo lo que se les pasó por la cabeza es que la dichosa casa tendría una cama. Una. Y si debían vivir juntos, eso era lo último que deseaban.
-¡No! –gritó Hermione de repente, haciendo que los dos la miraran confundidos-. Quiero decir que… si tenemos que vivir juntos, lo haremos…
-¡Por supuesto que no! ¿Te has vuelto loca? –protestó Draco, que tuvo que encajar un pisotón de Hermione que inmediatamente hizo que se callara.
-…pero ya tenemos una casa. No hará falta que el Ministerio nos ponga una.
-Bien, como ustedes deseen. Pero no tarden en trasladarse o corren el riesgo de infringir la ley y acabar entre rejas. Háganme saber su nueva dirección cuando la tengan y allí les enviaré mis resultados. Por el momento, esto es todo lo que yo puedo hacer por ustedes, dado que no creo que sufran ninguna patología psicológica aguda. Pero les deseo toda la suerte del mundo con el sexólogo.
Doris se puso en pie y alargó la mano con la intención de estrechársela. Hermione la tomó de mala gana y Draco le hizo un gesto con la cabeza, sin ganas de despedirse cordialmente de ella.
Cuando salieron al rellano, ambos se sentían bastante aturullados por la información que acababan de recibir. Tenían que vivir juntos, aquello sí que era algo inesperado. Draco había pensado en hacer teatro, fingir que eran felices juntos delante de la prensa y de los empleados del Ministerio para así poder posponer la fecha del divorcio hasta que fuera el juicio de su padre. Pero todo había salido mal, salvo sus declaraciones a la prensa. Y aquello era demasiado. No quería vivir con la sangre sucia, por más que le obligara el Ministerio.
-¿Y bien? –preguntó de repente Hermione, agarrándose al pasamanos de las escaleras.
-Espero que no estés pensando que vamos a vivir juntos –contestó Draco con resquemor. No era posible que estuviera TAN loca.
-¿Acaso tienes otra solución?
Draco quiso decir algo, pero no pudo. Si fingían estar viviendo juntos, tarde o temprano alguien del Ministerio se enterarían. La dichosa Brown ya les había advertido de que sus visitas podían ser aleatorias y no se podían fiar de los vecinos: siempre podían irse de la lengua…
-No… -negó el muchacho con la cabeza. Luego la miró y le preguntó con desgana: -¿En tu casa o en la mía?
NdA: ¡Perdón por el retraso! Sé que he tardado mucho tiempo, pero esta vez tengo una buena excusa por temas médicos y blablabla. Bah, que tampoco me quiero enrollar con eso. Sólo espero que os haya gustado este chap y que, si es así, me lo digáis. ¡Aunque también admito críticas, claro!
Por cierto, para quienes estén confundidos con el título del fic: "Cásate en matrimonio" es una frase inventada por Perla Shumajer. Ella es una autora de slash a la que Intruders le dedicó un Expediente. Si alguien quiere conocerla, ya sabe: Google, Perla Shumajer, y seguro que ahí os salen miles de cosas. No os la recomiendo como autora, pero sí merece la pena pasarse por su perfil y por el expediente de Intruders. Espero que ahora haya quedado más claro para los que tuvieran dudas.
Momento publicidad (que casi se me olvida): aquí mis amigas del PCC (Peter Pan Complex) me piden que os diga que si os pasáis por allí no seais vagas y posteeis de vez en cuando. Os dejo la página para quienes quieran echarle un vistazo: peter-pan-complex punto blogspot punto com.
Y ahora... ¿Le das al go y me dices qué te pareció? XDDD
Sarita: de veras espero que si llegan a tener gemelos no se llamen así!! Sería como para salir corriendo en dirección contraria, jaja. Gracias a ti y otro abrazo.
-bonii: a lo mejor esa reunión llega a pasar, pero aún no lo he decidido, así que tendremos que esperar todos. Cuídate tú también!
Dra. Hermione Granger: creo que sí, que vivirá con ella después de todo. Ron está demasiado cabreado como para atender a razones ahora mismo. Y la vajilla de gatitos… Hmmm… eso es un misterio. Se la llevarán con ellos? Jaja
Adriana: niña, estás fatal de la cabeza! Te agradezco todos esos reviews, pero a ver si van a venir ahora a hacerme una inspección "reviewsera" o algo así. Bueno, espero que estés muy bien y que sepas que ya se te echaba de menos (por si sigues por ahí). Un besazo.
Vic Black Delacour: cásate en matrimonio es una frase que se inventó una slasher, Perla Shumajer. Si pones su nombre en Google y la frase, creo que encontrarás un expediente en Intruders en el que te lo explican todo.
Bea: a mí la verdad es que la pareja me da un poco igual si el fic está bien escrito, pero entiendo que hay gente que es muy fan de unas parejas en concreto. Me alegro de que te haya gustado hasta ahora. Besos!
Artepop: Harry es de los que se preocupan demasiado, es normal que pensara en su futuro ahijado ahora que está hecho todo un padrino jaja.
Hija de la noche: gracias! Yo a veces me imagino a Draco de una manera y otras de otra. No tengo una imagen muy definida de él, pero supongo que para este fic tiene que ser un poco más cómico. Hermione está en proceso de recordar, pero a ver cómo ocurre todo… tendremos que tener paciencia jeje.
Noelia: yo también tengo que pedirte perdón entonces por la demora, que he estado desaparecida! Lo siento y un beso!
Daniela: gracias! Ya ves que ahora he metido más escenas con Draco. Espero que os hayan gustado. Besos!
Boni: hola, petarda! Sigo sin verte en el msn. Vives o mueres por allí? Bueno, yo no he estado mucho por temas médicos, pero ya estoy de vuelta. A ver si nos vemos. Y de mi nómina nada, que yo también quiero irme de vacaciones y estamos en crisis!
Dely: muchas gracias! Un beso!
