Capítulo 7

-Si todo es culpa suya, mátala-

-¿Qué tenéis que hacer QUÉ?

Harry y Ginny acababan de enterarse de la noticia de labios de Hermione. La miraron con aprensión, con los ojos a punto de salirse de sus cuencas. Aquello era una noticia terrible, la peor de todas. Peor incluso que la boda entre Draco y Hermione. Oh, bueno, quizá no tanto, pero la verdad era que estaban sucediendo tantas cosas, que a Harry y a Ginny se les hacía cuesta arriba mantener una actitud positiva.

-Espera, vayamos por partes. Te han dicho que tenéis que vivir juntos, pero cuéntanos qué ha pasado exactamente –le pidió Harry, tratando de apaciguar los ánimos, aunque no pudo evitar mirar de soslayo a Teddy Lupin, que estaba sentado en el suelo de su salón, destrozando uno de sus juguetes nuevos.

No tenía motivos para ello, pero Harry cada vez veía más factible la posibilidad de tener que apadrinar a un pequeño Malfoy y eso hacía que se le revolviera el estómago.

-Sí, no te dejes ningún detalle –le apoyó Ginny, reacomodándose en el sillón donde estaba sentada.

Hermione les contó entonces la aparición inesperada de los periodistas, su visita a la psicóloga y el teatro que había montado Draco. Eso sí, se cuidó de omitir el diagnóstico de su "envidia de pene", pues no estaba dispuesta a discutir con sus amigos si tenía o no un comportamiento masculino.

-¿No os parece que está tramando algo? –inquirió la pelirroja, recelosa de que el Slytherin hubiera continuado con la farsa delante de la psicóloga.

-Puede ser –intervino Harry-. No descarto que pueda haber cambiado, pero de Draco Malfoy puedes esperar cualquier cosa…

-Estoy de acuerdo, pero eso no es lo importante ahora mismo. –Hermione se levantó y comenzó a pasear por la habitación, sorteando los juguetes desparramados por el suelo y saltando incluso a Teddy Lupin, que ahora estaba atropellando a un mago de plástico con un camión de juguete-. Primero debemos preocuparnos de lo otro.

-¿De qué otro?

-¡De que voy a tener que vivir con él!

-Oh, cierto, cierto –dijo Ginny, gesticulando con los brazos-. Casi me había olvidado.

-¡Chicos! –protestó Hermione con desesperación-. ¡Esto es importante! ¡Centraos!

Necesitaba ideas, e ideas urgentes, pero los tres parecían haberse quedado en blanco. Durante varios segundos se miraron unos a otros con frustración, hasta que Harry pareció tener una idea:

-Nosotros podríamos vivir contigo… Quiero decir con vosotros…

Ginny abrió la boca con sorpresa. Y luego miró a su novio con enfado. De veras estaba muy apenada por Hermione, pero una cosa era eso y otra muy diferente renunciar a su intimidad con Harry. Esto no entraba en los planes de la pelirroja, a no ser que Malfoy intentara estrangular a su amiga. Y, aún así, dudaba que pudiera hacerlo. ¡Ella era Hermione Granger, por el amor de dios! Draco Malfoy era un buen mago, pero, para acabar con su amiga, era necesario ser más que bueno. Había que ser brillante.

-O podríamos ingeniar algo para que no tuvieras que soportarlo –se apresuró a añadir.

-No, Harry, no voy a permitir que esto os salpique también a vosotros. Este es mi problema, soy yo quien tiene que resolverlo.

¡Alabado sea Merlín por concederle juicio a alguno de nosotros!, pensó Ginny.

-Pero, Hermione, nosotros… -Ginny no podía creer que Harry estuviera insistiendo. Rápidamente le dio un pellizco en el brazo para que captara la indirecta, pero él no se dio por enterado y siguió hablando-… no vamos a estar tranquilos si te quedas a solas con Malfoy.

-Harry, sé cuidar de mí misma. Si Malfoy se pasa de la raya, puedo ponerle en su sitio.

-O siempre está la opción de convertirlo en hurón –añadió Ginny con alegría.

-Exacto.

-Aún así pienso que podría hacerte daño –insistió Harry.

Ginny le arreó un codazo a su novio. Por pesado. Por insistir. Por, dios, ¡cierra la boca!

-Más daño puedo hacerle yo a él.

-Es un ex mortífago...

-Hay que admitir que de eso no tenemos pruebas contundentes –argumentó la morena, cruzándose de brazos.

-¿No te llega con el hecho de que intentara matar a Dumbledore?

Ginny rodó los ojos con desesperación. ¿Podría tener un novio más inútil?

-Harry, por favor, no empieces con eso –le regañó con enfado, desesperaba por cambiar de tema de conversación-, ha pasado mucho tiempo...

-No tanto… Sólo cinco años.

-Ginny tiene razón –convino Hermione-, por más que me cueste admitirlo, cuando ocurrió aquello éramos unos niños.

-Como quieras –Harry levantó las manos y las dejó caer sobre sus muslos haciendo un ruido seco-, pero ya recordarás lo que te he dicho cuando salga de la ducha y veas la marca tenebrosa en su antebrazo.

Hermione no creía que pudieran afectarle tanto aquellas palabras, pero de repente descubrió que tragaba con dificultad. Y lo cierto es que no sabía si se debía a la imagen de Malfoy saliendo de la ducha, envuelto en una toalla (¿en una minitoalla? ¡OH! ¿Pero en qué estás pensando, Hermione? ¡Qué imagen más horrible! Malfoy, en toalla o en minitoalla, ¡NO!) o por la marca tenebrosa tatuada en su antebrazo (una marca enorrrme. Fea. Sí, este pensamiento es mucho mejor). De cualquier forma, ninguno de los dos le hacía excesiva gracia.

-Punto número uno –comenzó a decir, envalentonándose-, me NIEGO a ver a Malfoy recién salido de la ducha. –Ginny negó con la cabeza en señal de apoyo-. Y punto número dos: la marca tenebrosa ya no tiene ningún efecto. Por si no lo habíais notado, ¡Voldemort está muerto!

-Yo ya he dicho que lo mejor va a ser idear un método para que la compañía te resulte más llevadera –insistió Ginny.

-Sí, ¿pero qué? –preguntó Harry, incapaz de pensar algo útil, dadas las circunstancias.

-Veamos… –Ginny se inclinó ligeramente hacia delante, de manera que su trasero se apoyó en el borde del sofá-, ¿a qué casa os vais a mudar?

Se hizo un extraño silencio. Harry y Ginny se miraron extrañados.

-Por favor, dime que no has aceptado mudarte a su casa –rogó el muchacho. Parecía estar pasándolo verdaderamente mal.

-No… Bueno, no exactamente.

-¿No exactamente? –repitió Harry. Una de sus cejas se arqueó siguiendo la forma redondeada de la montura de sus gafas-. ¿Y qué quiere decir "no, exactamente"?

Hermione suspiró y dijo:

-Discutimos, ¿entendéis? –Ginny y Harry rodaron los ojos. ¿Qué otra cosa iban a hacer esos dos sino discutir? Era evidente. Estaba claro que no necesitaban aquel preámbulo-. Así que no tuve más remedio que aceptar un trato.

Sus amigos la miraron con ansiedad, esperando que continuara con su explicación.

-Viviremos primero en mi casa y después en la suya. Era un trato justo.

-Bueno, tampoco está tan mal. Ahora la pelota está en tu tejado, vas a vivir en tu casa por el momento –opinó la pelirroja-. Cambia esa cara, Harry: ¡podría haber sido mucho peor! ¡Podría haber acabado viviendo con Malfoy y con Astoria!

-Ya no está con ella –informó Hermione.

-Oh, ¿en serio? ¿Lo han dejado? –preguntó Ginny, sorprendida.

-Ella se fue de casa.

-¡Por Merlín! ¿Lo sabe Skeeter? ¿Crees que deberíamos llamarla?

-¡Ginny! –protestó Harry.

-Está bien, está bien. Perdón: ya me centro. A ver… decía que si él se va a trasladar a tu casa, habrá que mantener a Malfoy a raya y… ¡Oh! ¡Lo tengo! Escuchad…


Cuando Draco Malfoy se despidió de Hermione –bueno, para ser correctos, cuando Hermione se despidió de Draco y él se largó mascullando algún insulto por lo bajo- estaba tan enfadado que lo último que quería era regresar a casa. Astoria ya no estaba, y la compañía de un decrépito y maloliente elfo doméstico no era precisamente lo que necesitaba para descargar tensiones.

Se escabulló de los periodistas por un callejón oscuro y puso rumbo a uno de sus locales favoritos con la esperanza de echar un trago y, a ser posible, volver a casa acompañado de una bonita bruja.

El portero que custodiaba la entrada le saludó con una sonrisa y le dejó entrar tras desearle que tuviera una velada agradable. Draco fue hasta el fondo de la barra, donde aguardaba vacío el taburete en el que siempre se sentaba, y una mujer rechoncha, de grandes curvas, grandes pechos y gran cintura, se acercó a él, tambaleándose en toda su ancha complexión.

-¿Qué te pongo, encanto? ¿Lo de siempre?

-Hola, Rose Marie.

La mujer le inspeccionó con esos ojos cansados de haber visto de todo tras la barra del bar.

-Mal día tenemos hoy –apreció mientras ponía un vaso sobre el mostrador y vertía sobre él un líquido marrón.

-El peor –Draco vació su contenido de un solo sorbo y sonrió a una bonita camarera que acababa de aparecer a su lado para recoger unas consumiciones.

Rose Marie rodó los ojos al comprender lo que había ido a buscar allí Malfoy, pero le rellenó el vaso sin mediar protesta. Y lo hizo unas cinco veces, hasta que Draco se dio por satisfecho tras haberlos bebido todos de un solo trago. Entonces apareció de nuevo a su lado la bonita camarera de antes, aunque esta vez ella hizo que no veía a Draco. Recogió sus consumiciones y se fue, haciendo oídos sordos a los piropos con los que él intentaba seducirla.

Draco meneó la cabeza con desconcierto. Debía de tratarse de una equivocación porque nunca antes una chica había reaccionado así cuando él se había mostrado interesado. Pero el alcohol no le dejaba pensar con claridad, así que se acodó de nuevo en la barra y dio un golpe con su vaso vacío en la madera para que Rose Marie lo rellenara.

De nuevo bebió todo su contenido de un trago y cuando otra camarera ligera de ropa pasó cerca de él para entregarle una comanda a Rose Marie, Draco la agarró fuertemente por la cintura, la atrajo hacia él y con sus labios a dos centímetros de los suyos, le preguntó con aliento alcoholizado:

-Jessi: ¿qué haces esta noche, aparte de venir a casa conmigo?

Rose Marie, que estaba observando la escena mientras secaba un vaso con un trapo, meneó la cabeza con descrédito.

-No… no sé de qué me está hablando –contestó la aludida-. Perdone, pero no le conozco de nada.

Los ojos de Draco se entornaron y brillaron con frialdad.

-Curioso –le contestó, arrastrando las palabras-, el otro día no me dio esa sensación cuando gritabas mi nombre, gimiendo como una loca.

La chica se ruborizó profundamente pero no dijo nada. Se deshizo de su abrazo y se marchó a atender a otros clientes.

-Pierdes el tiempo, Draco –le dijo de repente Rose Marie, la única persona en aquel bar autorizada para llamarle por su nombre de pila.

-¿A qué te refieres?

-Ya no les interesas, chico. Pero si quieres perder el tiempo intentándolo, no seré yo quien te lo impida.

Draco se quedó atónito con estas palabras. ¿Cómo que ya no les interesaba? ¡Él era Draco Malfoy! Y Draco Malfoy les interesaba a todas las chicas. A TODAS. Cierto que estaba demasiado borracho para entender el verdadero significado de las palabras de Rose Marie, pero él iba a demostrarle que estaba en un error.

-¿Ah, no? Has bebido demasiado y sufres alucinaciones, Rose Marie. Nadie se puede resistir a Draco Malfoy… -Hizo una pausa y señaló a otra de las camareras-. Soy infalible: te lo demostraré.

Todo sucedió demasiado rápido. Draco se había acercado a la chica, pero cinco segundos después ya estaba de vuelta en la barra, frotándose la mejilla con la mano.

-¿Lo has visto? ¡Me ha dado una bofetada! –protestó-. Esa… esa…

-Cuidado con lo que dices, Draco…

-¡Ha pegado a un Malfoy!

-Te lo advertí –insistió Rose Marie-. Tienen miedo.

-¿Miedo? –se sorprendió él-. ¿Cómo pueden tenerme miedo hoy si la semana pasada se tiraban a mis brazos, las muy….

Rose Marie le reprendió con la mirada y Draco omitió el insulto que ya se estaba formando en sus labios. La camarera era, curiosamente, una de las pocas personas a las que el rubio les tenía un profundo respeto.

Para demostrarle a qué se refería, Rose Marie metió su rolliza mano debajo de la barra y sacó un periódico, lo abrió y señaló una noticia de portada con su dedo índice. Draco estaba ya tan borracho que tuvo que hacer grandes esfuerzos para que las letras no bailaran ante sus ojos. Cuando lo consiguió, un gesto de terror se dibujó en su cara.

-Estás casado con Hermione Granger, muchacho. ¿Qué esperabas? –preguntó la oronda Rose Marie, doblando el periódico y metiéndolo de nuevo bajo la barra-. A ella le tienen respeto. Ninguna mujer en su sano juicio se liará contigo mientras estés casado con uno de los héroes nacionales, chico.

Oooh… Cómo la odiaba. Oh, sí, ahora podía ver claramente que tenía que matarla. Mataría a Hermione Granger con sus propias manos. Ella era la causa de todos sus problemas. Primero, le había drogado y seguramente violado en aquella mugrienta habitación de hotel. Luego, el maldito Ministro se había negado a divorciarlos, Astoria lo había abandonado por una maldita boda que ni siquiera recordaba y su padre seguramente estaba pensando en quitarle la poca herencia que les quedaba. Y, ahora, no sólo iba a tener que vivir bajo el mismo techo que la sabelotodo, sino que además… ¡¡no iba a ser capaz de echar un maldito polvo durante el resto de sus días por su puñetera culpa!!

Oh, sí, quería matarla, pensó mientras se bajaba del taburete en el que estaba sentado y ponía rumbo a la puerta del bar.

-¡Chico! ¿Adónde vas? –le preguntó Rose Marie cuando vio que era incapaz de caminar el línea recta.

Draco se giró, levantó el brazo del mismo modo que haría un superhéroe antes de iniciar una batalla con un supervillano, trastabilló un poco hacia un lado y proclamó a voz en grito:

-¡¡A MATAR A MI ESPOSA!!

Dicho esto, siguió andando hacia la puerta, con la chaqueta sobre el hombro, el pelo despeinado y haciendo notas mentales ("matar a la sangre sucia, matar a pottypotty, matar a la comadreja y a la comadreja junior"), pero cuando ya estaba empujando la puerta para salir del local, se fijó en un grupo de chicas que estaban inclinadas sobre uno de los sillones, riendo tontamente y acariciando a algún cliente. Había tantas cabezas que Draco no podía distinguir a quién estaban haciendo carantoñas, pero se detuvo un momento para ver si era capaz de descubrirlo. Entonces una chica se movió hacia un lado y pudo distinguir perfectamente una cabeza pelirroja entre todas ellas.

-¡TÚ! –gritó, estirando el brazo y señalando con el dedo

Ron Weasley, bastante afectado también por el alcohol, abrió mucho los ojos cuando vio a Draco. Estaba sentado en uno de los sillones de terciopelo verde que había en aquel bar, dejándose querer por aquellas chicas, con las mejillas cubiertas de besos estampados con pintalabios, el chaleco abierto, la camisa por fuera y su pelo pelirrojo completamente despeinado. Hasta ese momento había estado en la gloria, atendido por las chicas, ahogando sus penas en alcohol y disfrutando del hecho de que, ahora que no estaba con Hermione, las chicas parecían rifárselo. Pero al ver a Draco, ya no se encontraba tan bien. Pudo sentir la adrenalina subiendo por su espina dorsal y sus mejillas ardiendo de rabia. Se levantó de golpe, con furia, llevándose a una de las chicas por delante, que acabó despatarrada en el suelo.

-¡TÚ! –le gritó entonces a Draco, también señalándole con el dedo.

Los dos chicos se pusieron en guardia, varita en mano.

Draco, furioso porque el maldito Weasley estuviera recibiendo la atención de las chicas, SUS chicas.

Ron, iracundo porque el maldito Draco le hubiera robado a la chica, SU chica.

Los dos permanecieron un rato mirándose fijamente, apuntando al otro con varita temblorosa.

-¡Señores, por favor! –gritó Rose Marie, saliendo de detrás de la barra, sus carnes contoneándose a cada paso que daba hacia ellos.

-¡Me has robado la novia!

-Ja, Weasley no seas iluso: a ti no te robaría ni ese mugriento reloj de pulsera que llevas. Además, te la devuelvo cuando quieras. Ya me he divertido suficiente con ella y, de todos modos, no me gustan las cosas usadas.

-Hijo de puta… ¡te has casado con ella!

-Weasley, vuelves a equivocarte: es ella la que se ha casado conmigo. Supongo que estaba cansada de que no la complacieras... Ya me entiendes –Draco hizo un gesto obsceno con la mano-. Yo de vosotras me lo pensaría, chicas: la comadreja es hombre de una sola madriguera; una madriguera muy sucia…

-¡Cierra la boca! –aulló Ron-. Resolvamos esto como caballeros.

-¡A la mierda con los caballeros! –proclamó Draco, envalentonado gracias a la cantidad de alcohol que había ingerido-. ¿Quieres pelea? Pues resolvamos esto como HOMBRES. –Tiró su varita al suelo y no tardó ni dos segundos en abalanzarse sobre él.

Draco había perdido completamente el control. Los dos rodaron por el suelo llevándose mesas y camareras a su paso, hasta que el rubio se sentó a horcajadas sobre un desconcertado Ron, que ladeaba la cabeza una y otra vez para esquivar los puñetazos del Slytherin.

-¡Basta! ¡Me vais a destrozar el local! –lloriqueaba Rose Marie, tratando de apartarles.

Cuando el pelirrojo comprendió que Draco estaba demasiado borracho para acertar un solo golpe, cerró el puño con ira y le asestó un gancho de derecha que acabó con el rubio en el suelo, retorciéndose de dolor.

El gorila de la puerta, advertido por Rose Marie de lo que estaba pasando, agarró a Ron por las axilas y lo empujó hacia la salida del local. Luego hizo otro tanto con Draco.

-¡Y no volváis por aquí!

Los dos muchachos, que habían acabado sobre un charco que había en la acera de enfrente del bar, intercambiaron una mirada de odio.

-Todo esto por tu culpa, Malfoy.

Draco se llevó una mano a la mandíbula. Al día siguiente seguro que le saldría un buen hematoma, pero había tenido suerte de que el pelirrojo no le hubiera roto la nariz.

Y no, esto no era su culpa. Era culpa de la maldita sabelotodo. Ahora más que nunca sabía lo que tenía que hacer: ¡matarla!

–Piérdete, Weasley…


NdA: Uyyy, que creo que hay gente que ya tiene ganas de matarme por el retraso. Bueno, ¿qué puedo decir? Tengo a la musa en huelga. Pero HUELGA HUELGA. Con mayúsculas. Y yo estoy muy enfadada con ella, pero parece que ella aún lo está más conmigo. Cuando lleguemos a un acuerdo, os comento qué hemos decidido, ¿vale? Por ahora sólo decir que en el siguiente capítulo prometo que se irán a vivir juntos, pero en este tenía que resolver ciertas cosillas. Y espero tardar menos, de verdad, a ver si lo consigo. Gracias por todos los ánimos y todos los reviews. La musa y yo os lo agradecemos, de verdad. Un abrazo!

salesia: Hola, guapetona. Como ves, al final he decidido que estén en las dos casas. Primero en una, luego en otra. Era lo más "justo" y además no sabía por cuál decidirme porque a ambas les veo pros y contras. A ver qué sale de todo esto. Ya veremos. Gracias y un abrazo.

boni: estoy convencida de que el sexólogo será mejor, pero ya veremos, que últimamente mi musa es una mierda y está muy enfadada conmigo por lo que se ve. Besitos

erini: sí! era de edipo! me hice un lío, ya ves. Ya lo cambié. Gracias

Nukire: muchas gracias :) A ver si lo continuo más a menudo, jo.

-boniii: al final decidí qeu no se pelearan por eso, por elegir casa, porque prefiero que ya se peleen por otras cosas más adelante.

Daniela: estoy deseando que se vayan a vivir juntos, pero todo a su tiempo, que esto va para largo, más de lo que yo pensaba. Un abrazo!

danav: hombre, se supone que la historia es medio cómica, así que digo yo que tendrá un final... ¿feliz?

Ygorla: muchas gracias. Últimamente carezco de tiempo e inspiración, pero no quiero dejarlo, así que me esfuerzo aunque no esté pasando mi mejor momento, la verdad. Será el otoño, que nos pone a todos tontos...

Edna: muchas gracias! A ver si puedo escribir más y más a menudo! No prometo nada, que soy irremediablemente inconstante.

SabelaMalfoy: no sé si lo has visto, pero al final traduje el resto de los capis de La Guerra de las Bromas, pero... no se ha sabido más de la autora. Una pena, a mí me encanta esa historia. Es para matarla por haberla abandonado así...

Claudia: Perla Shumajer es una visionaria!! Le debemos más de lo que la gente cree. Yo moría de la risa cuando leí eso.

Arpey: jajaja. no tengo ni idea de si la "envidia de pene" existe o no. Pero si existe, tiene que ser divertido que se lo diagnostiquen a alguien! lol

Desposorios: pues he actualizado, pero todavía no ha llegado el momento del traslado. Pronto, pronto...

Andrea: un poco locos sí que están, pero eso es lo que le da emoción al fic. Es que soy adicta a los crack!fics... no puedo evitarlo. Las chorradas me salen por doquier.