Aclaración: Harry Potter pertenece a J. K. Rowling.
Capítulo 4- Muerte
-Ya os he dicho que no recuerdo más que algo verde. Y juraría haber visto a un mago- repitió Hermione por tercera vez. Se abrigó mejor con su bufanda y se volvió a colocar su capa de invierno- ¿Y por qué tenemos que discutir esto frente al lago?- inquirió de no muy buen humor.
-Con este frío nadie se paseará por aquí- explicó Harry. A continuación comenzó a relatarla los sucesos del día anterior, que no eran muchos. La contaron lo que vieron en el mapa, sus sospechas por Malfoy y que Dumbledore había informado que a ser posible nadie fuera solo por el castillo. Los alumnos no habían dejado de hablar de Colin. Hermione se había conseguido librar de la mayoría de los chismes abandonando bien pronto la enfermería y volviendo a su cuarto. Por poco les da un ataque a sus amigos cuando fueron a por ella y vieron su camilla vacía. Además, Colin había sido llevado a San Mungo y estaría allí hasta que maduraran las mandrágoras.
-¿De verdad creéis a Malfoy capaz de soltar a un monstruo para matar a los hijos de muggles?- inquirió al fin la chica- Me parece demasiado cobarde para hacerlo y, si ese fuera el caso, ¿por qué sólo quedan petrificados? ¿Y por qué no me mató anoche?
Los magos se encogieron al escuchar hablar de la muerte y de ella de forma tan cercana.
-Tal vez sólo está previniendo. Ya sabes, haciendo avisos- probó Ron- Anoche estaría a punto de ser pillado por ti y no se le ocurrió otra cosa que hechizarte.
Hermione negó con la cabeza.
-Malfoy no es tan rápido con la varita- y juraría que la persona que vio no era rubia, añadió para sí.
-Por ahora no vuelvas a salir sola- terminó Harry sabiendo que no podían avanzar mucho más en su discusión.
-Ni vosotros- agregó la bruja.
Ambos asintieron con la cabeza.
La comida en el Gran Comedor fue un caos. Todo el mundo la mandó miradas comprobando que ella no estaba petrificada. Incluso los gemelos comprobaron que estaba bien antes de pasarla los deberes del día anterior. Ginny se sentó a su lado queriendo ser la primera, o tercera (ya que su hermano y Harry ya se habían adelantado a ella), en enterarse de lo que había ocurrido el día anterior. Al mismo tiempo podía dirigir miradas insinuantes a Harry, que apartaba la cabeza sabiendo que luego iba a tener problemas con Ron.
Hermione casi se sintió aliviada cuando llegó lo que increíblemente se había convertido en una de sus horas más tranquilas del día.
Para variar Tom ya había llegado a su mesa. Clavó la mirada en ella nada más pasó por la puerta. Hermione se sintió extraña al mirarle, por alguna razón no demasiado cómoda. De tantas reuniones que habían pasado juntos se había acostumbrado a él y ya se solía sentir relajada cuando entraba en la biblioteca y le miraba. Apartó esos pensamientos de la cabeza y se sentó a su lado en la mesa.
-Buenos días- le saludó como siempre. Esa vez sus perfectos modales no la respondieron. Siguió mirándola hasta que por fin habló, con voz perfectamente medida y controlada.
-¿Cómo te encuentras?
Así que hasta el mismo Riddle escuchaba los rumores del castillo.
-Estoy bien- respondió escuetamente. No la gustaba la intensidad de aquellos ojos. Bajo esa mirada se sentía como si no fuera dueña de sí misma.
Pasaron unos segundos en silencio hasta que finalmente Riddle giró la cabeza hacia los libros.
-Las pociones estarán listas mañana- informó- Con que hoy repasemos los detalles bastará.
La bruja asintió sacando los pergaminos de su trabajo de la mochila. Tom hizo lo mismo con la suya.
-¿Está bien Nagini? Es raro que no esté por aquí.
-En invierno no le gusta salir mucho de mi cuarto debido al frío- respondió Tom volviendo a clavar esa mirada en ella, como si estuviera complacido por algo. La chica se encogió de hombros internamente y se centró en discutir los detalles del trabajo con Tom. La verdad es que aquél había sido el trabajo que más esfuerzo y ganas le había puesto. Y los resultados la estaban emocionando. Trabajar con Riddle estaba siendo una experiencia que sabía que no iba a poder repetir con sus amigos. Los Slytherin bailarían en honor a Gryffindor antes de que Harry y Ron trabajaran con ella con tantas ganas.
Con sorpresa se fijó en que de nuevo Tom se había acercado un poco más a ella. Seguía habiendo un palmo de distancia entre ellos pero era la vez que más cerca habían estado. Ambos estaban inmersos en discutir las posibilidades y la conclusión, sin darse cuenta de que los alumnos que pasaban por allí les enviaban desde miradas curiosas hasta envidiosas hacia la chica.
La mirada complacida de Tom se mantuvo mientras le llevaba la contraria en un párrafo de la conclusión. Terminaron no dándose la razón a ninguno y en su lugar ideando una nueva forma de abarcar el tema que les convenció a ambos.
Cuando llegó la hora de ir a clase ambos miraron el reloj asombrados, una mostrándolo más que el otro.
-Mañana simplemente haremos la práctica y le podremos entregar el trabajo a Slughorn- dijo Tom recogiendo. Hermione asintió.
-Seguro que le encanta, nunca había hecho un trabajo así- respondió la bruja sonriente. La comisura de Tom se elevó.
-Nos vemos mañana antes de Pociones, Hermione- se despidió dejándola todavía sin saber qué pensar.
Nada más salió sus dos amigos entraron a la biblioteca, siguiendo los pasos de Riddle con la mirada.
-¿Chicos?- susurró yendo a su altura mientras se colgaba la mochila- ¿Qué hacéis aquí? Nunca venís a la biblioteca.
-Te dijimos que no fueras sola a ningún lado y sabíamos que irías sola a Herbología- respondió Harry sin dejar de mirar por donde había salido Riddle. Les había ignorando completamente al pasar con su acostumbrada mirada inexpresiva- ¿No terminabas ya el trabajo con él?
Hermione asintió sosteniendo mejor sus libros contra ella.
-Mañana es el último día y ya tendremos listo el trabajo. ¡No os imagináis cómo quedó!- exclamó alegre. Los amigos se encogieron de hombros sabiendo que no se lo iban a poder imaginar.
-Nosotros hemos estado vigilando a Malfoy en el Mapa del Merodeador y no parece que vaya a ningún sitio extraño- cambió de tema Harry- Debe estar esperando a que las cosas se calmen.
Hermione rodó los ojos. Aquel tema ya se estaba convirtiendo en una obsesión y apenas había pasado un día.
En Herbología ya no recibía tantas miradas como en la comida. Agradecida, se dedicó a tomar notas y levantar la mano cada vez que la profesora preguntaba algo acerca del tema que estaban explicando. Ganó puntos extras para Gryffindor, que siempre venían bien dado que ellos tres se ocupaban de reducirlos.
Tras la hora de cenar Hermione, Harry y Ron se dedicaron a mirar el Mapa del Merodeador, buscando cualquier alumno que fuera a algún lugar extraño. Aburrida como nunca Hermione escabulló un libro y mientras sus amigos miraban concentrados el mapa ella leía bastante entretenida.
-¡Todo un éxito!- exclamó Hermione completamente extasiada. Tom asintió inexpresivo terminando de escribir los resultados en base a los apuntes de su compañera- ¡No me puedo creer que hayamos sido capaces de calcularlo!
Tom elevó una ceja sin dejar de escribir.
-No veo por qué no íbamos a poder.
Hermione ignoró su tono y siguió inmersa en su alegría. Ni siquiera la bibliotecaria fue a llamarles la atención. A decir verdad se acercó una vez pero al ver a Tom se dio la vuelta como si no estuviera sucediendo nada. Hermione no se dio cuenta del extraño comportamiento y ayudó a recoger al mago sin dejar de comentar los resultados. Casi la dio pena que aquel fuera el último día que trabajaría con Riddle. La había asombrado que llegara ella primera, pero él no tardó en aparecer sin prisas. Por otro lado, se había acostumbrado a tenerle como compañero y desde luego que había sido el mejor que había tenido hasta la fecha. Con los otros trabajos tenía que obligar siempre a Harry y a Ron a que la acompañaran a buscar información y al final lo terminaba haciendo todo ella. Tom no puso muy buena cara cuando un día se dio cuenta, pero no hizo comentario alguno.
-Vamos.
Simplemente con esa palabra la indicó que fueran juntos a pociones. Acostumbrada a su forma de hablar Hermione le siguió por los pasillos. Sabía que Harry no estaría feliz de que fueran juntos y no sabía qué le enfadaría más: que fuera sola o acompañada de Riddle.
Caminaron en un silencio agradable hasta llegar a las mazmorras. Al entrar ya estaban casi todos los alumnos sentados, charlando mientras esperaban a que llegara la hora. La mayoría se giró cuando Riddle entró y se dirigió a Slughorn. Tardaron un poco más en darse cuenta de que Hermione iba con él.
El profesor les sonrió encantado.
-¡Tom! ¡Hermione! ¡No me puedo creer que ya hayáis terminado el trabajo!- exclamó con alegría- Tengo muchísimas ganas de leerlo y ver cuáles son vuestras conclusiones- sonrió.
Hermione le devolvió la sonrisa y Tom asintió. Luego cada uno se dirigió hacia sus lugares; Hermione entre Ron y Harry, este último con la ceja fruncida como había anticipado.
Slughorn se levantó de su gran silla cuando llegó la hora de comenzar las clases. Aprovechó para recordar que los alumnos deberían entregar sus trabajos antes de navidad, fecha que ya se estaba acercando. Apenas faltaban algunos días para las vacaciones. De no ser porque Riddle quiso aumentar las reuniones no les habría dado tiempo a acabarlo, y eso que querían hacerlo con más anticipación.
-Y he estado ojeando el trabajo de Tom y Hermione- anunció con su nueva alegría- Me ha parecido un trabajo excelente en lo que llevo leído así que vamos a hacer algunos cambios en clase- un coro de gruñidos se escuchó por el aula- No me vengáis con esas- rió Slughorn- Me he dado cuenta de que cambiando vuestras habituales parejas parecéis esforzaros un poco más, así que os voy a colocar en nuevos sitios para el resto del curso.
Con un gesto de varita todos los alumnos miraron hacia sus mesas, donde había aparecido en letra grande los nombres en sus sitios. Hermione se levantó con sus cosas buscando el suyo, teniendo una idea de antemano. Efectivamente Slughorn la había colocado en primera fila al lado de Tom Riddle, quien ya estaba sacando sus libros y colocándolos en su nuevo sitio.
-Hola de nuevo- saludó sentándose a su lado. Tom asintió viéndola sacar su libro de manera mecánica. Se notaba que ya lo había ojeado más de una vez. Las tapas estaban un poco gastadas y había alguna página marcada. La observó sin que se diera cuenta antes de fijar su atención en la clase. Por primera vez no se tuvo que ocupar él de toda la tarea, ni reparar las meteduras de pata de su compañero, ni de evitar las miradas coquetas de su compañera. Trabajó tranquilamente con Hermione, cada uno dividiéndose las tareas de forma eficaz. Su tranquilidad sólo fue rota cuando se terminó la clase y un corro se formó a la salida.
Ella se despidió de Tom y fue con sus amigos a averiguar qué había sucedido. Gritos de horror se formaron haciendo que se diera más prisa. Harry y Ron la hicieron hueco al pasar, hasta que pudieron ver la horrorosa escena fuera del aula.
Nick casi-decapitado se encontraba flotando en dirección a la puerta, como si se hubiera acercado a pedir ayuda. Su aspecto era el mismo que si alguien le hubiera intentado prender fuego y casi lo hubiera conseguido. Su cabeza colgaba de su única unión al cuerpo y el humo que echaba no tenía olor alguno. Flotaba ligeramente hacia arriba y abajo, con los ojos cerrados en una imagen escalofriante. Tras él había un alumno tirado en el suelo, completamente inmóvil. Slughorn se hizo sitio como pudo entre los alumnos en dirección al cuerpo. Ordenó a un par de chicas de Slytherin que fueran corriendo a por la señora Pomfrey y otra a por Dumbledore.
-Está petrificado- se comenzaron a escuchar los murmullos.
-¿Quién es?
-¡Han petrificado a otro!
-¡Yo le conozco! ¡Es Justin Finch-Fletchley!
-¿No era hijo de muggles?
-¡Es verdad!
-Pft- aquella medio risa vino de Draco Malfoy. Los tres amigos se giraron para mirarle con odio.
Cuando madame Pomfrey llegó todo el castillo parecía querer ver la escena. No cabía un alumno más en esos pasillos. Tuvieron que aparecer más profesores para obligar a ir a cada alumno al Gran Comedor, donde tendrían que esperar a que los profesores fueran allí.
Los murmullos y comentarios no se detenían, los alumnos demasiado enfrascados en conjeturas y miedos. Aunque tenían razón en fijarse en un detalle: los tres ataques, incluyendo el de Hermione, habían sido dirigidos contra hijos de muggles.
El Gran Comedor era un caos de conversaciones. Había algún profesor ya sentado en la gran mesa frente a los alumnos. Hagrid estaba muy nervioso, oyendo a la profesora Sprout hablar sin en realidad escucharla.
Hermione notó una intensa mirada en ella. Cambió la vista a lo largo del comedor sin poder ver quién la estaba poniendo los pelos de punta. No pudo seguir cuando Dumbledore entró por las grandes puertas con aspecto cansado. Se dirigió hacia donde solía colocar su atril para saludar a los alumnos de primer curso. Se giró hacia los estudiantes, hablando con voz firme y clara a pesar de su aspecto.
-Como ya debéis saber, ha habido otro ataque- confirmó mirando los rostros de los alumnos- Un alumno de Hufflepuff, Justin Finch-Fletchley, ha sido petrificado. El Colegio no puede continuar comportándose con normalidad ante estos ataques y se establecerán medidas para impedirlos- informó- El horario de toque de queda se reducirá a las diez en punto. Todo alumno que no esté en su sala común a esa hora será castigado severamente. Los profesores aumentaremos las vigilancias y me temo que este año Hogwarts no podrá quedar abierto para los alumnos durante navidad- una ola de quejas le impidió continuar, aunque Dumbledore no se alteró y siguió con su discurso- La seguridad de los alumnos no puede ser completamente protegida y hasta que no paren estos ataques o se descubra al culpable Hogwarts no podrá admitir alumnos en las vacaciones de navidad.
Hermione varió la vista hacia los alumnos, que no habían detenido sus quejas. Dirigió su atención hacia Slytherin y se sorprendió al encontrarse con la mirada de odio más profunda que hubo visto nunca. Tom Riddle miraba a Dumbledore como si le quisiera hacer arder en ese mismo momento. Por un segundo la bruja se olvidó de respirar. Rápidamente apartó la mirada y la bajó hacia su regazo, asustada. Nadie podía tener tal expresión, no era humano. Tragó saliva nerviosamente, tratando de escuchar las quejas de sus amigos y olvidar lo que acababa de ver.
-Las clases continuarán con normalidad hasta las vacaciones. Quisiera aprovechar para confesar una noticia que debería haber sido alegre, pero dada la situación actual se ha ido retrasando hasta después de las vacaciones de navidad y, si los ataques no se detienen y se encuentra al culpable, puede que no se realice- desde luego había vuelto a conseguir la atención de los alumnos- El Torneo de los Tres Magos va a volver a celebrarse, con sede en Hogwarts- exclamaciones bajas bien diferentes a las anteriores volvieron a sonar- Ahora que cada uno vaya a la que le corresponde, y por favor, evitar ir solos por el castillo hasta que este misterio sea resuelto.
Claramente despedidos los magos y brujas se comenzaron a poner de pie expresando sus opiniones de no poder quedarse en el castillo durante las vacaciones y sobre la posibilidad de que el Torneo vuelva a celebrarse y para mejor noticias, en Hogwarts. Hermione fue con sus amigos, que no se quejaban por una vez tanto como el resto, cuando una mano en su hombro la detuvo.
Los tres magos se giraron para ver a McGonnagal con la misma expresión abatida que Dumbledore.
-Lo siento, señorita Granger, pero el director quiere verla en su despacho, acompáñeme.
Hermione se giró hacia el rostro inquisitivo de sus amigos. Se encogió de hombros sin saber tampoco por qué le llamaría.
Siguió a su jefa de casa entre la maraña de alumnos hasta la estatua que daba paso al despacho del director, donde ya no había tanta gente. La profesora pronunció la contraseña sin apenas pensar y Hermione se subió en el primer escalón para que la elevara hacia la robusta puerta de madera. Llamó antes de entrar sin saber si al director le habría dado tiempo a llegar. Al parecer así era.
-Tome asiento, por favor, señorita Granger- la indicó haciendo un gesto frente a él. Hermione le observó al otro lado de la ocupada mesa. Seguía teniendo ese rostro triste, surcado por los golpes de la vida.
-¿Sucede algo, director?- preguntó sin aguantar su curiosidad. El director se recostó en su asiento tomando una larga respiración.
-Nos lo han comunicado poco antes del incidente del señor Finch-Fletchley- comenzó Dumbledore- Quiero que sepa que lo siento mucho y que aquí en Hogwarts puede contar con cualquier profesor para lo que necesite. Cualquier cosa.
Hermione le miró con ojos abiertos, algo asustada.
-¿De qué está hablando, director?
Dumbledore la miró dejando ver la pena tras las gafas algo caídas.
-Tus padres tuvieron un accidente de coche cuando volvían de su trabajo. Ambos perecieron en el acto.
La vista de Dumbledore se le fue haciendo más y más pequeña, hasta que se dio cuenta de que no estaba respirando. Cogió fuertes respiraciones sin conseguir apartar la mirada, esperando que fuera una mala broma y en cualquier momento salieran los gemelos Weasley riéndose de ella. Nadie salió de ningún sitio.
-¿M-Mis… padres?
Lágrimas se comenzaron a formar en sus ojos. Un terrible dolor se instaló en su pecho, tan agudo y profundo que la costó respirar. Se encogió sobre sí misma sin notar que el director se había levantado y zarandeaba con una mano para llamarla.
No podía ser verdad lo que le estaba diciendo. ¡No lo creía! Su padre le había prometido antes de despedirse en el tren que esas vacaciones irían a esquiar. Su madre se había reído de él diciendo que ellas irían a esquiar y él lo intentaría. Ella había reído y se había despedido hasta las navidades. ¡No podían haberse ido!
Nuevas lágrimas se formaron, y más y más al imaginarse el cuerpo inmóvil de sus padres, las personas a las que más quería, las únicas con las que siempre podía contar. Ya no estaban. Se levantó tirando la silla y se apartó del consuelo del mago. Se dejó caer en el suelo sin fuerzas en sus músculos. Se sentía vacía y a la vez llena por un terrible dolor, peor que cualquier cruciatus. Aquello no tenía comparación, aquello no debería ser posible.
El primer sollozo la desgarró el alma, dejándola sola, completamente indefensa. Se abrazó a sí misma tratando de rechazar lo dicho por Dumbledore. El dolor se extendió y se intensificó a medida que los sollozos salían de ella. No se dio cuenta de que la puerta del despacho había sido abierta y dos nuevas personas habían entrado directos a por ella. Quería gritar; quería gritar y que alguien la escuchara y lo arreglara. Nunca había deseado tanto que algo cambiara.
Una persona la rodeó en un fuerte abrazo, meciéndola contra él. Harry. Hermione le rodeó y lloró en su cuello, tratando de articular alguna palabra coherente. Pero no había nada coherente en lo que sentía. Era puro y llano dolor. Un dolor que nunca se iría, que siempre estaría presente en su pecho, en una sombra que no se podría deshacer. Porque sus padres se habían ido y ya no volverían.
Harry la apretó contra él y dejó que llorara en su cuello mientras que Ron la miraba con pena y la colocaba una mano en su hombro en señal de apoyo. Cuando la chica se dio la vuelta y se lanzó al pelirrojo, también la rodeó y la consoló en un abrazo como supo sin saber en realidad por lo que estaba pasando. Y no lo quería saber.
-Profesor- llamó Harry al director, observando también la escena- ¿Qué pasará ahora con Hermione?
Dumbledore le respondió con una mirada de pena, observando la pérdida de una de sus alumnas.
-Un orfanato de Londres la acogerá- respondió- los detalles los discutiré con Hermione cuando se encuentre mejor.
El joven mago asintió volviendo con su amiga, abrazándola y consolándola lo poco que podía. ¿Por qué tenía que existir la muerte?
Como dije, aquí está el gran cambio.
La verdad es que subí este capítulo muy alegre y me costó escribir la última escena, pero bueno, en los próximos capítulos se verá si la cosa mejora;).
¡Muchas gracias por los reviews!
