Aclaración: Harry Potter pertenece a J. K. Rowling.


Capítulo 5- Él.


Fue la peor noche de toda su vida. No pudo dormir un solo momento. Cada vez que cerraba los ojos los rostros de sus padres aparecían vívidamente, recordándola que nunca más podría volver a verles, escucharles o abrazarles.

Se obligó a sí misma a continuar, a seguir yendo a clase y tomar apuntes para los exámenes, a ser la bruja de la que sus padres siempre habían estado orgullosos.

No fue fácil, y no ayudó que en pocos días comenzaran las vacaciones de navidad y ella tuviera que irse a un orfanato, por lo que la había contado Harry. La verdad es que sus amigos habían estado todo el tiempo con ella, no se podía quejar de eso. Tal vez no habían tomado bien la situación y trataban de no tocar el tema e ignorarlo, pero quién se lo podía echar en cara. Ella misma no quería pensar en… ello.

No fue hasta que vio muy cerca las vacaciones que Dumbledore la volvió a llamar a su despacho. Sintió una patada en el estómago al recordar lo que había sucedido la última vez que estuvo allí.

-Buenos días, señorita Granger- saludó Dumbledore en su silla. Hermione asintió, sin fuerzas para fingir que estaba alegre. La ayudó a pensar en otra cosa el ver los cuadros del despacho, algunos pendientes de lo que estaba ocurriendo y otros centrados en sus tareas.

-Le he llamado porque quería informarla acerca de dónde se alojará estas navidades- comenzó Dumbledore. Hermione le miró esperando a que continuara. El director ocultó su pena al ver aquella mirada sin su brillo característico- Ya que, como sabe, estas navidades el colegio cierra sus puertas, usted tendrá que ir al orfanato en el que se alojará hasta la mayoría de edad, cuando podrá heredar su casa.

Hermione abrió los ojos por unos momentos.

-Profesor, ¿no sería posible que en las vacaciones de navidad estuviera con Harry o Ron? Sus familias ya han insistido en ello.

A Dumbledore le costó negar con la cabeza, repitiéndose que hacía aquello por una buena causa, una que les superaba a todos.

-Sería mejor que fuera estas navidades y se acomodara. La encargada del lugar quiere conocerla y estas navidades será la oportunidad para ello, ya que en los veranos se alojará en dicho lugar.

La bruja no tuvo fuerzas para discutir con el director.

-¿Cuál es la dirección del… orfanato?- la costó decir la última palabra. Ahora la apenaba más no tener ningún pariente que se pudiera hacer cargo de ella.

-Aquí tiene- la tendió un trozo de pergamino con una dirección escrita en él- y recuerde, señorita Granger, está en su poder el decidir seguir adelante. Este viejo sólo le puede aconsejar que cuando el mundo se vuelva muy pesado piense en los motivos que la hacen seguir en él y se dará cuenta que, por pequeños que sean, siempre aparecerán. Claro es, si sabe buscar.

Hermione asintió automáticamente, sin casi registrar lo dicho. Se levantó y se despidió del director en una nube de literal insensibilidad.


Harry cerró la puerta de su vagón en el tren y se dejó caer con las manos llenas de chucherías al lado de Hermione, frente a Ron. La bruja acariciaba a su gato, el que se había quedado dormido como un tronco sobre ella. Se había convertido en su mayor consuelo junto a sus amigos, de los que se tendría que despedir en poco. El expreso de Hogwarts avanzaba rápidamente dejando ver la preciosa vista de los valles nevados.

-No me puedo creer que Dumbledore no te dejara pasar las vacaciones con Ron o conmigo.

El pelirrojo asintió quitando alguna golosina a su amigo.

-Mamá también se enfadó mucho. Junto con tu madre fueron a hablar con Dumbledore- indicó Ron masticando y recordando la furia de Lily Potter y su madre en la carta que le mandaron- Pero tuvieron que hacer caso a Dumbledore. Ya sabes, siempre tiene motivos ocultos- se burló.

-Dijo que la encargada quería conocerme ya que me voy a pasar la mayor parte del verano con ellos- explicó Hermione alternando la mirada entre el paisaje y sus amigos. No dejó de acariciar a Crookshanks.

-Si necesitas cualquier cosa llámanos. Ya sabes que mamá todavía utilizar esos teléfonos muggles- señaló Harry.

Hermione le sonrió ligeramente.

-Espero que este asunto de la Cámara de los Secretos se resuelva estas vacaciones- cambió de tema.

Sus amigos asintieron.

- Además, tienen que celebrar el Torneo. Yo creo que registrarán el castillo en busca de la Cámara- comentó Harry.

-Pues espero que la encuentren y que Malfoy haya sido tan idiota como siempre y se haya dejado alguna prueba incriminatoria dentro- sonrió Ron.

-Claaaaro. ¿Qué te parece algo así como…? Un mensaje donde ponga 'yo, Draco Malfoy, soy el autor de todos los ataques. Estaré en mi gran mansión esperando vuestro arresto. Un aplauso a Harry Potter y sus amigos por averiguarlo antes que ninguno de vosotros'- se burló Harry.

-¡Oye! ¿Cómo que "Harry Potter y sus amigos"?- repitió Ron- ¿Quién te ha hecho a ti el protagonista?

-¿No pensarás serlo tú?- Harry le dirigió una mirada espantada- ¿Ron Weasley y sus amigos? No queda bien.

-¡Queda mucho mejor que Harry Potter!...

Hermione se relajó escuchando a sus amigos discutir. Normalidad era lo que buscaba e increíblemente aquello se lo proporcionaba. Desgraciadamente el sonido del tren indicando que llegaban estaba poniendo fin a su relax.

-¡Papá, mamá! ¡Tío Sirius, tío Remus!- exclamó Harry yendo a abrazarse con su familia. Tras ellos también venía la familia Weasley, que fue corriendo a abrazar a sus hijos y a Hermione.

-¡Oh, Hermione, querida, ven aquí!- exclamaron Lily y Molly. La bruja fue pasada de brazos en brazos. Cuando creía que estaba a punto de asfixiarse unos nuevos brazos la abrazaban y podía respirar por unos pocos segundos.

-¿Estás mejor, querida?- preguntó por fin la señora Weasley. Hermione no se sintió a gusto con todas aquellas miradas en ella.

-Sí -mintió-, pero sería mejor que me fuera yendo. Me están esperando- explicó a modo de disculpa. No se sentía muy cómoda con todos mirándola con pena. Además, no sabía que ver a dos familias tan cálidas al completo la iba a afectar tanto. Comprendiéndola, la serie de abrazos se repitió.

-Si necesitas cualquier cosa estaremos encantados de asaltar cualquier edificio muggle- se ofreció Siruis. James asintió varias veces con la cabeza.

-Mejor avísame a mí- sonrió Remus.

Hermione sonrió ligera pero sinceramente y les despidió yéndose con su carro hacia la salida muggle. No se derrumbaría todavía. Una vez fuera se encontró con el bullicio acostumbrado de Londres. Buscó la zona de taxis hasta dar por fin con ella. El taxista miró un poco raro el gato en la jaula y el antiguo baúl pero no hizo ningún comentario y la ayudó a subirlo todo al maletero.

-¿Hacia dónde?- preguntó.

Hermione le leyó la dirección del papel y se puso el cinturón de seguridad. Pasó todo el viaje incómoda, sin poder soportar entrar en un coche de nuevo. Le recordaba demasiado a sus padres, a los viajes que habían hecho, y no tenía fuerzas para sentir más dolor. Recorrió Londres sin prestar apenas atención, mirando a la nada y sin poder en realidad ver mucho a través de la densa niebla. El tiempo la acompañaba en el luto.

Al bajarse, y tras pagar al taxista, observó el edificio con mala cara. La pintura estaba estropeada y aparentaba por lo menos el doble de su edad. Las puertas y las ventanas acumulaban la suciedad de hace algunos años más y apenas estaba cuidado el jardín que tenía. Con una mano llevando la jaula y con la otra su maleta agradeció que la seguramente directora hubiera estado esperando en la puerta por ella.

-Tú debes de ser Hermione Granger- comentó mirando sus pertenencias con gesto de reconocimiento- Dumbledore ya nos avisó de todo. Qué se le va a hacer,- suspiró entrando en el edificio e indicándola que la siguiera- tendremos que aceptar a otro como tú aquí.

Hermione la miró con ojos entrecerrados pero extrañada.

-¿Otro como yo?

-Sí, tenemos otro chico extraño que va a esa escuela de Dumbledore- respondió concisa. Se notaba a la lengua su antipatía por el director y por el chico. Aún así no consiguió que Hermione se deprimiera. Al menos había alguien de Hogwarts allí. Eso nunca se lo hubiera esperado.

-Y ya que vais a la misma escuela dormirás en el cuarto que está en frente del de él- dijo como si la hubiera condenado. Ni siquiera la ayudó a subir sus pertenencias por las escaleras del desierto lugar- En ese pasillo no hay más habitaciones ocupadas aparte de las vuestras. Los niños tienen demasiado miedo como para dormir allí.

Ahora sí que Hermione estaba desconcertada. Sin hacer comentario alguno siguió a aquella mujer teniendo cuidado de que Crookshanks no se golpeara con la pared y su maleta no cayera hacia abajo. Finalmente llegaron al tercer piso que, como ya la había avisado, estaba desierto. Al menos en los otros pisos había podido escuchar el sonido de algunos niños. Allí reinaba el silencio.

-Ése es tu cuarto- señaló al del fondo de la derecha- El baño de este piso está al fondo del pasillo. La cena será servida dentro de poco- añadió-. El comedor está en el primer piso, a la izquierda.

Y una vez soltado el discurso aprendido la señora se marchó dejando a Hermione caminando hacia el final. La bruja la ignoró y dejando la maleta en el suelo abrió la puerta de su cuarto. Al menos estaba limpio, fue su primer pensamiento. Al pasar arrastrando sus cosas con su pie, cerró la puerta tras ella y echó un vistazo alrededor. Era un cuarto pequeño con lo indispensable. Una cama, ventana, armario y un pequeño escritorio. Colocó rápidamente las cosas que más iba a utilizar, dejando las demás dentro de la maleta y dio de comer a Crookshanks lo que se había traído de Hogwarts para él. También abrió la ventana para que pudiera salir y entrar a gusto, lo que costó gran esfuerzo. Observó todo su trabajo con el mismo ojo crítico de siempre. Todavía no se podía relajar pero era un avance.

Sintiendo un poco de hambre salió del cuarto, no pudiendo evitar observar la puerta tras la que vivía otro estudiante de Hogwarts. Sin humor para presentarse en aquel momento se dirigió hacia donde la directora la había indicado que estaba el comedor. Quería caer bien al otro alumno y con todo lo que llevaba encima, más el comportamiento huraño de la directora, no lo iba a conseguir.

Tragó saliva al meter un pie dentro del comedor. Sin una sola excepción todos los niños se giraron hacia ella con curiosidad. La mayoría estaban sentados ya comiendo de sus bandejas. Todos dejaron sus conversaciones anteriores y comenzaron a susurras entre ellos. Sin poder evitar sentir algo de pena por esos niños Hermione se dirigió hacia la fila donde se servía la comida. No quería pensar que ahora ella estaba en una situación parecida Pero por ella no sentía pena, sentía simple dolor.

Cogió una bandeja y un plato lleno de puré y se dirigió hacia la única mesa vacía, un poco más apartada del resto. Se sentó de espaldas a su público, sin ver que las miradas habían cambiado a unas de sorpresa y algo de miedo por una nueva razón.

Hermione les ignoró hasta que de repente una sombra cayó sobre ella. Se giró lentamente sin poder evitar sentir que aquello ya lo había vivido y se encontró con la mirada asesina de Tom Marvolo Riddle, que cambió de golpe a una de genuina sorpresa al reconocerla.

Sin una palabra el mago se mantuvo de pie frente a ella sujetando su propia bandeja hasta que para sorpresa de todos los niños del orfanato se sentó frente a ella sin hacerla nada.

Hermione no pronunció palabra. No sabía qué decir. Nunca habría pensado que Tom no tuviera padres. No escuchaba muchos cotilleos y tampoco lo había averiguado sin querer. Y ahora ella estaba allí, en su mismo orfanato.

-¿Qué haces aquí?- el tono de Riddle la recordó a los primeros días del trabajo con él. Completamente inexpresivo.

-Mis… padres murieron hace unos días- le costó mucho más de lo que nadie sabría decir esa frase-. Como no tengo parientes cercanos Dumbledore se ocupó de llevar a cabo mi traslado legal al orfanato. Estas vacaciones me hubiera ido con los padres de Harry o de Ron, pero insistió en que viniera para conocerlo antes de verano- explicó completamente sincera. Ni ella misma supo por qué. Riddle no era uno de sus mejores amigos, ni siquiera le consideraba algo cercano a la amistad. Simplemente era un compañero. Aún así se alegró cuando los ojos de Riddle volvieron a ser lo que eran con ella, y de poder haber dicho todo aquello sin echarse a llorar.

-¿Tú siempre has estado aquí?- no pudo evitar preguntar. Tom asintió- ¿Y este puré siempre ha sabido igual?

La miró con una ceja alzada ante su intento de broma. Para su sorpresa funcionó y le vio elevar la comisura de la boca.

-¿Debo suponer que has sido tú quien ha ocupado el cuarto frente al mío?

Hermione asintió al tener una cucharada de puré en la boca. Esa pregunta la recordó una propia.

-¿Por qué todos los niños te tienen tanto miedo? Incluso el piso en el que duermes está vacío- y por lo que había visto aquella mesa era la suya habitual. Seguro que ni durante el curso académico alguien comía en ella.

-De pequeño hice magia en alguna ocasión- respondió sin dar más datos. Hermione no le presionó. Para ser él ya la parecía que se estaba abriendo mucho.

Pronto terminaron el puré. Hermione se fijó en que la mayoría de los niños todavía iban por la mitad. Se giró hacia Tom, que no había apartado la mirada de ella.

-Sé que todavía es temprano pero hoy he tenido un largo día. Me voy a ir ya a la cama- avisó levantándose. Para su sorpresa Tom se levantó con ella. Sin decir una palabra se puso a su lado y caminó de aquella manera fuera del comedor y por las escaleras. No se imaginaba haber crecido en aquel lugar, sin ningún cambio, padres, cariño y sin saber por qué tenía aquellos poderes, ni que había otros como él.

Tom Riddle iba siguiendo su línea de pensamiento desde otro punto de vista. Nunca habría pensado que alguien estuviera en la misma situación que él. Y no cualquier persona. Clavó la mirada en Hermione Granger, la bruja que salvó a su serpiente en más de una ocasión, la que poseía una inteligencia digna de compararse con la suya misma, la que preguntaba por Nagini porque de verdad la interesaba, no porque quisiera acercarse a él, la que discutía abiertamente sin miedo y con la que él disfrutaba discutir. Y ese era otro factor a tener en cuenta. No era como las demás brujas, no le había buscado por su físico o popularidad. Le había tratado como a una persona. El único inconveniente era su sangre impura. La miró con nuevos ojos y decidió que ella era la excepción, la única. Hace tiempo que se lo había planteado pero al verla allí, en el mismo orfanato que él, en su situación… se dio cuenta de que no eran tan diferentes y que tal vez sería posible. Su poder cubriría su sangre.

-Buenas noches, Hermione- se despidió dejándola en su puerta. Hermione se quedó un poco ida ante su tono sugerente. Se recuperó a tiempo para no quedar como una estúpida y cerrar tras ella, sin saber el cambio que acababa de suceder en el futuro.


Salió del mundo de los sueños para volver a su propia pesadilla. Se quedó con las manos sobre su cara saliendo poco a poco de la sensación entumecida. La realidad volvió a dejar caer su peso contra ella.

Crookshanks también tuvo que ver. Se dejó caer desde el escritorio sobre la tripa de Hermione, quejándose por no poder dar sus habituales paseos. La bruja tosió sin esperarse el golpe. Con una sarta de maldiciones se levantó y volvió a abrir la ventana de par en par a pesar del frío del invierno. El gato salió orgulloso con la cola y cabeza erguidos para demostrarlo. Hermione siguió gruñendo entre dientes frotándose los ojos. Un par de decididos golpes evitaron que volviera a la cama. Abrió la puerta sin preocuparse por su estado, echándose la bronca en su cabeza medio segundo después.

-Buenos días, Hermione- saludó Tom perfectamente vestido- ¿Estás lista para bajar a por el desayuno?

Ahora sí que tenía que parecer estúpida. Parpadeó un par de veces sin terminar de creerse aquello. ¿No estaría durmiendo después de todo? Al ver la mirada convirtiéndose en impaciencia del mago supo que no.

-Sí, un momento. Me cambio en un segundo y bajo.

-Te espero aquí.

Cerrando tras ella se dio prisa en cambiarse por la ropa muggle que traía consigo. Era algo parecido a lo que llevaba ayer en el tren para no destacar por Londres. Unos simples vaqueros y una camiseta cómoda. Se puso una chaqueta encima mientras pensaba en cómo ahora era capaz de leer los ojos del mago, cuando antes la habían parecido los más indescifrables.

Como dijo abrió la puerta en poco tiempo, encontrándose con Tom en la misma posición. Le sonrió y salió cerrando tras ella. Ahora que se fijaba él también vestía de muggle. Ayer, con todo el cambio no había reparado en ello, pero era la primera vez que le veía sin túnica y tuvo que decir que le gustó el cambio. Definitivamente pudo comprender del todo la época obsesiva de Ginny por el mago.

-Veo que siempre respetan tu mesa- comentó lo que ya se había dado cuenta. Bebió el zumo de naranja mientras él le respondía.

-Temen lo que no comprenden y respetan lo que temen.

Aquella explicación no la hizo mucha gracia. Mejor sería cambiar de tema que discutir con la única persona conocida en kilómetros.

-¿Hay alguna biblioteca por aquí?

Tom negó con la cabeza.

-No está permitido salir sin permiso y dentro del orfanato no hay más libros que los de uno mismo.

-Oh- Hermione pasó a comer en pequeños mordiscos su desayuno- ¿Y qué sueles hacer tú? Si no estoy siendo demasiado entrometida- añadió con disculpa.

-Está bien- asintió-. Suelo leer los libros de Hogwarts, hacer las tareas de vacaciones o adelantar temario. También me traje algún libro de la biblioteca.

-¡Podríamos intercambiar!- exclamó Hermione sin pensar- Lo siento- se disculpó sonrojada ante su arrebato. Había tocado una fibra sensible.

-No te disculpes- Tom la lanzó una intensa mirada- Me parece bien.

La bruja dejó asomar una tímida sonrisa. Se sentía extraña por dentro compartiendo esos momentos con Tom.

Terminado el desayuno decidieron subir a sus cuartos a ver los libros que ambos habían traído. Como el mago se paró frente a la puerta de la chica, entraron a ese cuarto primero.

-Los libros los he dejado guardados en el baúl- indicó abriéndolo. Dejó espacio para que Riddle llegara a su altura y echara un vistazo a su elección para las navidades. Costaba que madame Pince te dejara llevarte un libro de la biblioteca de Hogwarts y sólo les condecía aquel "privilegio" a unos pocos que prácticamente iban todos los días a su biblioteca.

La mirada aprobatoria de Tom la indicó que no le habían desagradado sus elecciones. Finalmente cogió un libro sobre hechizos de defensa y se incorporó de su posición de cuclillas.

Con un gesto de cabeza la indicó que le siguiera a su cuarto, a un par de pasos de distancia. Aún así Hermione tragó saliva antes de entrar. Se sentía como si no debiera estar allí, algo estúpido porque le había invitado el dueño, pero un raro presentimiento no se marchaba de su nuca.

El cuarto era prácticamente idéntico al de ella, solo que con otro orden de decoración en torno a la ventana.

-¡Nagini!- saludó alegremente cuando vio a la serpiente enrollada sobre sí misma sobre la cama. El animal se desenroscó y silbó en su dirección como saludo.

-¿Le sigue molestando el frío?- preguntó Hermione. Tom asintió- Si quieres…- dudó en ofrecerlo pero al final una mirada al pobre animal la convenció- tengo una manta eléctrica que le vendría muy bien.

-He oído hablar de ellas- los ojos entrecerrados de Riddle la indicaron que no le gustaban mucho los objetos muggles, mas volvió la vista hacia Nagini y cambió de opinión- Sí,… le vendría bien.

-Ahora vuelvo con ella- Hermione salió rápidamente a buscar la manta en el armario, donde la había dejado colocada. Volvió poco después para tendérsela a Tom. Éste la cogió rozando sus manos en el proceso. No dejó de mirarla en todo momento y sólo apartó la mirada cuando colocó la manta a los pies de su cama para Nagini. La serpiente se enrolló bajo ella con un siseo de satisfacción, cayendo K.O. en apenas unos segundos.

-Gracias- Hermione no supo los años que habían pasado desde que Tom Riddle pronunció aquellas palabras.

-No hay de qué- sonrió mirando a la serpiente. No sabía que las serpientes casi podían ser adorables.

-Los libros están sobre el escritorio. Escoge el que más te guste.

Riddle no la decepcionó. Había escogido libros complejos y al mismo tiempo entretenidos. Escogió uno sobre Transformación y se dio la vuelta.

-Éste- se lo enseñó sin ganarse una respuesta. El mago simplemente se dio la vuelta esperando a que le siguiera. Cerraron al salir, la chica curiosa y el chico decidido. Bajaron las escaleras en silencio escuchando los gritos de los niños jugar fuera. Finalmente en el primer piso Tom se dirigió sin vacilar hacia una sala que daba al patio. Indicó a Hermione que pasara y de nuevo cerró tras él. Era una sala de estar acogedora. Había un sofá y algunas mesitas. Por lo demás estaba claro que no había mucha intención de seguir adornándolo. La sala era pequeña y la ventana dejaba ver a los otros niños jugando.

Hermione se dirigió al sofá, con la sensación de anticipación que siempre sentía antes de leer un libro. Se sobresaltó cuando Tom se sentó apenas unos centímetros de distancia a su lado en el mueble. Sobraba mucho sitio pero el mago parecía no querer darse cuenta. Encogiéndose internamente de hombros Hermione abrió el libro y trató sumergirse en su lectura.

Si antes lo tenía claro, ahora no había marcha atrás, pensó Tom leyendo el libro de su bruja. Sí, suya, porque desde aquel día Hermione Granger iba a ser de él, y nadie se iba a interponer entre lo que deseaba. Siempre conseguía lo que se proponía aquella bruja se había convertido en aquello que más deseaba. Desde luego Hogwarts iba a ser muy diferente a su vuelta.


¡Y aquí empieza lo que todos deseaban! En efecto, acertásteis jaja y fue al mismo orfanato que Tom ;)

He de decir que me encantaron los reviews del pasado capítulo! Doy la bienvenida a los nuevos lectores. Y como os dejé con malas noticias (la muerte de los padres de Hermione), esta vez actualicé rápido y con un acercamiento (Principalmente para que no me mataran jejeje)