Aclaración: Harry Potter pertenece a J. K. Rowling.


Capítulo 14 – No dar nada por supuesto.


El caos reinó en las Tres Escobas. Los hijos de muggles fueron los que más gritos y empujones dieron para salir corriendo del lugar. Era como si el propio monstruo se hubiera colado en la taberna, sembrando el pánico en cada mago o bruja. Y todo por la noticia del primer ataque tras las vacaciones de Navidad, otro ataque en un hijo de muggles.

Hermione pronto se vio alzada y llevada hacia una esquina por el mismo Tom, en dirección contraria a la salida donde los alumnos se amontonaban. De esa manera nadie les empujó, apremiados más allá de la razón por salir.

Apenas fueron unos segundos, pero la escena nunca se borraría de sus cabezas. La desesperación solía tener ese efecto. No había forma de controlarla y siempre terminaba en los peores resultados posibles. El pobre Neville había terminado en el suelo boca abajo, sin que nadie hubiera reparado en él al salir de forma tan atropellada.

-¿Se puede saber qué ha pasado?- Hermione alzó la cabeza por encima del hombro de Tom, teniendo que ponerse de puntillas para lograrlo. Sus dos amigos, juntos de nuevo, se habían subido a la barra del bar para evitar terminar como Neville.

-Ha habido otro ataque- repitió ella las palabras que habían desencadenado todo eso.

-¿Y por eso han salido todos corriendo?- inquirió Ron con voz un poco aguda del susto.

-Han ido en busca de la seguridad del castillo, y seguramente respuestas por parte del director Deberíamos ir nosotros también- añadió Hermione.

-¿Creéis que el monstruo logró matar a Myrtle?- preguntó Harry bajando de un salto de la barra. Se agachó para ayudar a Neville a incorporarse.

-No lo quiero pensar- respondió su amiga mirando de reojo a Tom. Todavía no le había soltado, pero estaba extraño, y no se refería a la forma que en el que le había salvado del caos. No era raro que no hablara pero estaba más tenso de lo normal.

-Gracias- le susurró apretándole la mano que la rodeaba en señal de cariño. El mago asintió un poco ido. De acuerdo, eso ya sí que no era normal.

No hubo conversaciones durante el recorrido de vuelta al colegio, todos con prisa por llegar y al mismo tiempo ninguno con ganas de saber lo que había ocurrido. Al entrar Flinch les dirigió una mirada de desagrado y les ordenó ir al Gran Comedor, donde ya se encontraban la mayoría de los alumnos esperando una explicación por parte del director.

Costó más de lo habitual la despedida con Tom, quien la mantuvo fuera del comedor contra la pared, besándola durante largo rato sin importar las miradas de desprecio de los dos Gryffindors.

-Espérame aquí cuando salgas- le ordenó separándose por fin. Hermione, un poco conmocionada por todas las sensaciones, asintió sin pensar. Harry y Ron aprovecharon el momento para, cogiendo cada uno un codo de la bruja, llevársela hacia la mesa de los leones bajo la atenta mirada de su… novio. Todavía les costaba referirse al-que-no-debe-ser-nombrado de esa manera.

El habitual ajetreo se hacía echar de menos. El silencio oprimía cada pisada que daban hasta por fin llegar a un sitio donde se pudieran sentar juntos, Ron y Hermione frente a Harry. Los alumnos de los otros colegios parecían estar igual o más nerviosos, de vez en cuando lanzando miradas a la gran puerta como si en cualquier momento la muerte fuera a hacerles una visita. Así que cuando Snape, Dumbledore y Mcgonagall pasaron, hubo algunos grititos de sorpresa. Por sus rostros, la situación no les hacía mucha gracia. Nunca les había visto caminar a ese ritmo tan apresurado hacia la mesa de los profesores. Tras intercambiar unas palabras imposibles de escuchar hasta para los más cercanos, Dumbledore se dio la vuelta hacia los alumnos. Igor Karkarov y Olympe Maxime le observaban fijamente, mostrando desde luego su, dicho con la palabra más bonita que se podía usar en aquel momento, enfado con el director.

-No me andaré por las ramas- comenzó Dumbledore con el tono cansado que creían que había desaparecido- Esta tarde se ha producido un nuevo ataque. Myrtle Morseferth ha sido atacada en el baño de chicas, quedando gravemente herida- muchos alumnos soltaron el aire de los pulmones, aliviados de que no hubiera sido una muerte- Ante esta situación adaptaremos medidas más severas que la última vez. Los prefectos aumentarán las rondas, siendo siempre acompañados por un profesor. A partir de las diez de la noche nadie puede estar fuera de sus salas comunes. Todo aquel que incumpla esta norma será enviado de vuelta a su casa, no importa qué alumno sea- pasó la mirada por ciertas personas antes de continuar- Es preferible que nunca caminéis solos por los pasillos del castillo. Para que aprendáis a defenderos se ha reabierto el Club de Duelo, donde el profesor Snape os enseñará hechizos de defensa que os podrán ser muy útiles- los tres amigos estuvieron tentados de sonreír al ver la cara que se le había quedado al profesor, quien no tenía reparos en mostrar su rechazo a la idea.

-Sólo me queda pediros cuidado y atención y, si sabéis algo de estos ataques, no dudéis en contárselo a uno de nuestros profesores.

Tras aquello Mcgonagall indicó que se aprovecharía para servir ya la cena. Nadie tenía demasiado apetito, así que cuando los deliciosos platos aparecieron apenas hubo brazos alargados, luchando por la comida más rica.

-Hermione- la chica alzó la cabeza del plato. Llevaba por lo menos quince minutos moviendo su sopa con la cuchara, metida en sus pensamientos. Por lo que veía, parecía que sus amigos llevaban un rato hablando.

-¿Qué pasa, Ron?

-Queríamos preguntarte una cosa- su amigo era una mezcla extraña de nervios y seguridad- Esta tarde, ¿cuánto tiempo llevabas junto a Ryddle?

-¿Cuánto tiempo?- no le gustó la pregunta- Llevo todo el día con él.

-¿Y no os habéis separado en todo el día?- inquirió Harry.

Hermione entrecerró los ojos. Sabían hacia donde se estaban encaminando sus amigos y no le gustaba.

-Tras la primera prueba me separé unos diez minutos para ir al baño. Cuando volví Tom me estaba esperando donde habíamos acordado- apretó los labios- no le hubiera dado tiempo a ir a ningún lado.

-¿Tú crees?- rebatió Harry- Ryddle conoce muchos hechizos, Hermione.

-Nadie se puede desaparecer en Hogwarts, creí que ya os lo había explicado- qué facilidad tenían para desesperarla.

-Tal vez no hace falta que vaya a un lugar en concreto- propuso Ron- A lo mejor sólo necesita estar solo.

-Él no ha atacado a Myrtle- susurró cada palabra lentamente. No quería ganar la atención de los compañeros a su alrededor.

-Eso no lo puedes saber, Hermione- respondieron al mismo tiempo. No aprendían acerca de no hacer comentarios donde aparecieran en la misma frase 'ella' y 'no saber'.

-¿Qué ha sido de eso de acusar a Malfoy?

-Malfoy no tiene la suficiente sangre fría para hacer todo esto y además mantenerse callado tanto tiempo- respondió Harry.

-Y si te fijas parece tener miedo- señaló Ron con un gesto de cabeza. Hermione miró de reojo adónde se sentaba el rubio. En efecto, al igual que otros muchos magos, parecía que estaba escondiendo el miedo con nervios. No muy lejos de él, se encontró con la mirada de Tom. Éste la miraba fijamente pero de forma ida, completamente metido en sus pensamientos y sólo unido a la realidad con una mirada vigilante hacia ella. No parecía saber de qué estaba hablando con sus amigos. Tampoco creía que le interesara.

-En cambio Ryddle siempre parece tener una excusa, alguien a quien culpar- continuó Harry- Otro hecho extraño es que nunca se ha sorprendido por los ataques. Siempre guarda la compostura.

-Él es así- interrumpió Hermione- Y no me gusta que le estéis acusando sin pruebas.

-Pero es que no lo ves, ¿quién más podría ser el heredero de Slytherin?- terminó Ron teniendo la suficiente cabeza para susurrar.

-No quiero seguir hablando de esto- porque no podía ignorar cierta lógica. Al ver que Tom se levantaba de su sitio hacia donde habían quedado, ella decidió dar las buenas noches a sus amigos y seguir el mismo camino.

Al encontrarse fuera cara a cara con él todas sus preocupaciones echaron a volar a la misma velocidad que su corazón. Le mandó una ancha sonrisa acercándose a su altura. Él la miró unos segundos antes de alzar la mirada tras ella. Extrañada por su comportamiento se giró. Soltó un suspiro de irritación. Sus amigos le habían seguido de brazos cruzados con miradas decididas, deteniéndose frente a Tom.

-Ryddle- el mago no contestó al tono de Harry- Sabemos que has sido tú.

-Harry, déjalo ahora mismo- intervino Hermione cansada de todo aquello.

-No lo vamos a dejar. Es un asesino, Hermione- respondió Ron.

-Tom no es ningún asesino- y allí no había muerto todavía nadie, se trató de tranquilizar.

-La próxima víctima podrías ser tú, Hermione, ¿quieres que nos quedemos quitos para contemplar cómo pasa eso?- trató de reunir paciencia, irritada frente a la insistencia de sus amigos y un poco agradecida porque se preocuparan así por ella.

-¿Tienes alguna prueba de lo que estás diciendo, Potter?- los tres amigos se congelaron al escucharle hablar. Ese día sonaba mucho más frío que de costumbre.

-Sabemos que eres tú- respondió Harry convencido.

-Es decir, que no tienes pruebas- Tom apartó la mirada de los dos magos y la clavó en Hermione- ¿Tú qué piensas?

-Confío en ti- respondió sin dudarlo. Tom no ocultó su sonrisa. Alargó un brazo indicando que se acercara a él y la rodeó sin dejarla escapar.

-No te creas que hemos terminado aquí- intervino Harry- Resolveremos esto en el Club de Duelo. Si hace falta te sacaré la verdad a hechizos.

Hermione le iba a matar.

Sin dignarse a responder, Tom se dio media vuelta y salió del lugar con la bruja bajo su brazo. Sus amigos tuvieron la suficiente cabeza para no seguirles, quedándose para hablar del reto que se acababa de pronunciar.

-He hablado con Snape. Me ha informado del cambio en las rondas. Hoy tenemos juntos, y el profesor que nos acompañará será Flitwick- Hermione sintió sus hombros relajarse en alivio cuando escuchó que no sería Snape quien les acompañaría en la ronda de esa noche.

-¿Nos da tiempo a ir al cuarto primero?- preguntó. Tom asintió- Bien, porque me quiero cambiar ya de ropa. Es demasiado abrigada para estar por el castillo- murmuró como si aquella fuera una noche normal.

-Puedes tomarte todo el tiempo que quieras- aseguró. La chica soltó una risa al imaginarse a Flitwick regañando a un impasible Tom por haber llegado tarde.

Ya que ninguno de los dos toleraba el desorden, su cuarto siempre era la envidia de la limpieza. Además, tenían la ayuda de Nagini, quien se ocupaba de que Crookshanks no revolviera nada. Ahora mismo el gato se encontraba durmiendo en su lugar y la serpiente enroscada en su nido. Se elevó sobre sí misma para darles la bienvenida al llegar. Mientras Hermione iba al baño a darse una ducha y cambiarse de ropa, Tom hablaba con Nagini en parsel con un tono serio.

-Ya estoy lista- indicó saliendo arreglada con su insignia de prefecta. Al momento Tom le había envuelto en sus brazos. Sin saber a qué venía aquello, le rodeó de la cintura, que era donde llegaba y le apretó contra ella.

-Nagini nos quiere acompañar en las rondas- susurró contra su pelo.

-No creo que a Flitwick le importe- rió la chica. Aunque no le viera, supo que Tom estaba sonriendo.

-Vamos.

Cogiéndola de la cintura salieron de sus cuartos, Nagini silbando feliz deslizándose al mismo ritmo que el de sus amos, porque ya consideraba a Hermione como a una más. Su fffamilia era pequeña, pero era más de lo que había a llegado a tener nunca desde que hace unos años Tom entró en la tienda de animales y decidió comprar a una pequeña serpiente. Fue el día en el que conoció a su amo y en el que se convirtió en su único amigo. Desde entonces le gustaba deslizarse por el castillo e infundir respeto por los pasillos. Los mejores momentos eran cuando conseguía asustar a algún mago o bruja confiado. Los gritos siempre valían la pena. Casi la única persona con la que se había llevado bien aparte de su señor, era esa bruja que iba bajo su brazo. Fue en el primer curso de Hogwarts cuando por primera vez le conoció. Es más, le salvó de muchos días de reposo. Tras aquel encuentro sólo la había podido ver por los pasillos, caminando siempre rápido con un libro en la mano y otros tantos bajo el brazo. Nunca había vuelto a reparar en ella más allá de esas veces en el que la veía por el castillo, hasta que llegó sexto curso y su amo prestó atención a la misma persona. A partir de ahí el acercamiento fue inevitable. Nagini se seguía fanfarroneando orgulloso de haber pegado el empujón en varias ocasiones a esa pareja. Desde luego que en Navidad había aceptado a Hermione como la pareja de su amo, convirtiéndose poco después ella misma en su ama o señora. Sólo quedaba perfilar un par de secretitos de nada y terminar el próximo curso para que pudieran establecer su hogar. Ahora que lo pensaba también se tenía que ocupar de deshacerse de alguna molestia, pensó la serpiente. Esos magos, tanto el búlgaro como los Gryffindors, se podían convertir en un problema. Y sin hablar de la pelirroja, que de milagro no se había convertido en su cena. Aunque eso no quitaba para que no le pudiera dar algún que otro susto…

-Te veo muy pensativo, Nagini- comentó Hermione. Cruzaron el último pasillo y se encontraron con el profesor de Encantamientos esperándoles con la varita en una mano.

-SSSólo penssando en futurasss cenass- respondió la serpiente mirando fijamente al profesor. Éste tragó saliva al ver al animal. Hermione por poco no aguanta la risa cuando Tom le tradujo en susurros lo que había dicho Nagini.

-Buenas noches, profesor- saludaron al mismo tiempo, consiguiendo apartar su mirada de la serpiente, quien se hinchó de orgullo por obtener en su lista otro mago temeroso de él.

-Buenas noches, chicos. ¿Es ésta vuestra mascota?- preguntó con una voz un poco aguda. Tom asintió.

-No es una molestia que haga la ronda con nosotros, ¿verdad? Es un animal perfectamente educado.

-Por supuesto, señor Ryddle- concedió Flitwick para cambiar de tema- Y recuerden, como ha dicho el director, tengan los ojos bien abiertos aunque un profesor vigile los pasillos con ustedes. No somos invencibles.

Ambos asintieron. Sacaron sus varitas y comenzaron la ronda como siempre hacían.

-¿Se sabe algo del ataque, profesor?- preguntó al rato Tom. Hermione le miró curiosa. Flitwick no notó nada extraño.

-Se trata de información sólo apta para profesores, pero ya que sois prefectos y que tenéis que saber a qué os enfrentáis…- dudó el profesor- Este ataque ha sido un poco diferente a los anteriores.

-¿En qué sentido?

Si Flitwick se dio cuenta de la insistencia del mago, no dijo nada.

-Ha sido más…- buscó la palabra- violento. La señorita Morseferth casi no sale viva del ataque. El asunto se está empezando a salir de las manos.

-¿También fue petrificada, no?- intervino Hermione.

El profesor asintió.

-La señora Pomfrey dice que los ataques parecen haber sido producidos antes de la que fuera petrificada. No sabemos mucho más.

-¿Ninguna pista de qué o quién podría ser?- siguió Hermione.

Flitwick negó rápidamente con la cabeza. Tom fue a decir algo cuando su figura se tensó. Atrajo a Hermione con un brazo al mismo tiempo que Nagini siseó amenazadoramente hacia una estatua. Los tres magos ya tenían la varita apuntando al lugar, preparados para cualquier cosa.

-Sal- ordenó Tom con voz autoritaria. Desde luego nadie le desobedecería. Por mucho monstruo del que se pudiera tratar no creía que nadie tuviera las agallas para no hacer caso de la orden.

Lentamente una figura se comenzó a ver. La sombra desdibujada en la pared comenzó a tomar forma, ampliándose hasta reducirse poco a poco y convertirse en una imagen humana.

-¿Pero qué…?- Flitwick se quedó mirando la figura delgada de alguien encapuchado con la capa de Gryffindor.

-Descúbrete- Tom seguía con la varita en el mismo lugar en el que había apuntado desde que había percibido la presencia.

Las algo pálidas y delgadas manos temblaron un poco al alzarse hacia su cabeza. Se retiró la capa manteniendo las manos en alto, indicando que no había ningún peligro.

-¿Ginny?- inquirió Hermione estupefacta.

Su amiga tenía el pelo revuelto, las ropas apenas colocadas de manera decente y una mezcla de satisfacción física y miedo por el posible lío en el que se acababa de meter. Era obvio que venía de estar con un chico de otra casa y le habían pillado justo al regresar a su torre.

-¿Acaso ha escuchado el castigo para los alumnos que salen tras el toque de queda, señorita Weasley?- habló por fin su profesor.

El rostro de su amiga se volvió pálido.

-Yo… yo… es que…- por primera en su vida se había quedado sin palabras. Sabía muy bien que la consecuencia era la expulsión y la mirada asesina de Tom no le dejaba pensar en nada más que en si lograría salir con vida de aquélla.

Hermione se apiadó de ella y de lo que significaría para Molly y sus hijos que Ginny fuera expulsada de Hogwarts. Puede que no se hubiera comportado como una amiga, pero no quería que su familia sufriera por algo de lo que no tenían la culpa. Además, habían estado ahí para ella siendo una familia junto con los padres y "tíos" de Harry. Se lo debía.

-¿No te encontrabas bien, Ginny? Lo siento, debí avisarte de que hoy tenía ronda- dijo en voz alta. El brazo de Tom se tensó.

-¿De qué está hablando, señorita Granger?- Flitwick alzó la cabeza para mirarla.

-Últimamente Ginny tiene unas pesadillas horribles y no puede dormir- hizo un gesto hacia ella señalando a su aspecto- Normalmente soy yo quien la ayuda y como hoy no la he avisado de que no iba a estar hasta tarde, debe haber salido en mi busca.

El profesor miró dudoso de alumna en alumna. Tom se mantenía en silencio, cavilando acerca de si intervenir o no.

-¿Es eso cierto, señorita Weasley?- preguntó al fin.

Ginny asintió rápidamente, viendo una escapatoria entre la espada y la pared. El profesor terminó cerrando los ojos, cansado.

-Está bien. Por hoy haremos una excepción- dijo al fin- Pero le acompañaremos a su cuarto, señorita Weasley, y si se vuelve a repetir la situación le aconsejo que, sino está la señorita Granger, busque a su hermano.

-Por supuesto, profesor, muchas gracias.

El profesor Flitwick asintió dándose la vuelta y ordenando que le siguieran a un paso más animado que el utilizado en la ronda. Nagini chasqueó la mandíbula amenazadoramente hacia la pelirroja cuando se hubo dado la vuelta el mago y luego se deslizó a su altura para seguir asustando al pequeño hombre.

Ginny se dio prisa en seguirles, ya que Tom había comenzado la marcha, y colocarse a la altura de Hermione. La mandó una de las miradas más agradecidas que nunca había usado.

-Muchas gracias, Hermione.

La bruja asintió con una sonrisa triste.

-Trata de pensar un poco en los demás, Ginny. A tus padres les habría dado un infarto si te hubieran expulsado.

-Pero eso no ha pasado. Gracias- repitió mordiéndose el labio inferior- Hermione…yo… Lo siento- dijo por fin. Nadie respondió a lo dicho. Tom hacia que ignoraba completamente la conversación, dejando así algo de "intimidad" a Hermione.

-No creo que lo sientas, Ginny.

-¡Claro que sí!- exclamó la pelirroja- Fui una idiota- suspiró mirándola con sincero arrepentimiento- Creí que lo tenía todo y pensaba que podía mantenerlo sin trabajar. Pero me equivocaba- fijó su mirada en sus pasos- Di por hecho muchas cosas. Te tenía envidia y…

-¿Qué tenías qué?- Hermione abrió los ojos con sorpresa- No hace falta que digas esas cosas para hacerme sentir mejor.

-No es así- negó con la cabeza- No me hagas esto, Hermione. Es difícil admitirlo, pero te tenía envidia. Conseguiste a To-Ryddle - se corrigió en cuanto vio la mirada asesina posarse en ella- como novio, eres la mejor alumna de Hogwarts y Harry te quiere con locura- terminó deprimida.

-Te he dicho mil veces que sólo somos amigos.

-Puede, pero eso no evita que te tuviera envidia. Así que lo siento- terminó volviendo a clavar los ojos en los suyos- He sido una pésima amiga, y lo siento.

Hermione se quedó en silencio a medida que subían las escaleras. No hablaban con voz muy alta y dudaba que el profesor les estuviera escuchando. Bastante preocupado estaba de avanzar más rápido para poner una distancia prudente con Nagini.

-Lo comprendo- terminó respondiendo- Pero creo que va a hacer falta mucho tiempo para que las cosas vuelvan a ser como antes- añadió de forma sincera.

Aquello le sentó a la Gryffindor como una maldición en el estómago. Asintió a su pesar entendiendo a su amiga. Flitwick se detuvo frente al retrato de la Dama Gorda. Ginny sonrió tristemente a Hermione.

-Trataré de que no sea tanto tiempo- se despidió- Nos vemos mañana y gracias de nuevo.

-Buenas noches, Ginny- respondió la bruja. Una vez dicha la contraseña la vieron desaparecer por el retrato y, tras que ésta se hubiera quejado por ser despertada, continuaron con la ronda, el profesor guiándoles.

Hermione alargó un brazo, abrazando a Tom en una cercanía necesitada.

-No sé cómo Flitwick se ha tragado tu pésima mentira- le susurró para hacerla olvidar.

-Puedo ser muy convincente- sonrió la chica. Le abrazó más fuerte.

-Eso ya lo veo- respondió con voz ronca- De todas formas voy a enseñarte a proteger tu mente.

Hermione sonrió de oreja a oreja.

-¿Oclumancia?

-Exactamente- le sonrió en respuesta, satisfecho como siempre de su conocimiento- Nadie más que yo sabrá en qué andas pensando.

Hermione soltó una risa.

-¿Y si te supero?

Tom la alzó en brazos sin que Flitwick les viera al estar más adelante. Nagini se ocupó de que así siguiera siendo.

-Esperaré ese momento- y sin darla opción a terminar unió sus labios, probando su sabor que, a su parecer, hacía demasiado tiempo que no lo hacía.


¡Muy buenos días/tardes/noches a todos y todas!

Últimamente y en un par de meses voy a estar muy ocupada (pero no os preocupéis porque seguiré colgando los capítulos como hasta ahora). Lo que quiero es disculparme porque no me va a dar tiempo a responder a todos los reviews del capítulo pasado. No obstante, los he leído, me he emocionado y os lo agradezco muchísimo.

A cambio espero que este capítulo os haya gustado.