Aclaración: Harry Potter pertenece a J. K. Rowling.
Capítulo 16- La decisión del tiempo.
Hermione parpadeó sin sentir ni un solo dolor en su cuerpo. Por algún motivo eso la extrañó. Algo le decía que tenía que estar dolorida y no tan tranquila como se encontraba. Se estiró poco a poco por si acaso la asaltaba algún calambre. Extrañada, terminó de abrir los ojos, posando automáticamente la mirada sobre el mago sentado a su izquierda en una silla antigua. Era como si ella ya sabía que se encontraba a su lado y dónde encontrarle.
Su rostro era una mezcla de tantos sentimientos que con sólo verle supo que se encontraban solos. Nunca hubiera dejado que nadie le viera así, sin su máscara de indiferencia, dejando ver odio y preocupación a partes iguales.
-Hermione- su voz salió en un suspiro ahogado. Se levantó de la silla de la enfermería en un parpadeo y se alzó sobre ella Su rostro se había suavizado con una especie de alivio, mas seguía siendo todo un logro que estuviera tan calmado con todo lo que estaba pasando.
-¿Qué ocurrió exactamente?- preguntó la bruja.
-Marcus desvió un hechizo de Malfoy. En el último momento logré que el contrahechizo no te golpeara pero el impulso sí que te alcanzó. Tu cabeza chocó contra el suelo.
Fue igual de conciso que siempre, pero esta vez podía tener una excusa. Estaba ocupado revisando con sus propias manos y varita que ella no tuviera ninguna herida. Ya se había ocupado de que la señora Pomfrey se encargara de cuidarla como era debido y, ya después pudo ir a tratar a esos dos inútiles de Malfoy y Belby. Hermione, sonrojada al sentir sus manos revisar cada parte de su cuerpo, se concentró en pensar coherentemente.
-¿Cuánto tiempo llevo en la enfermería?
Tom detuvo las manos en sus hombros.
-Has dormido aquí.
-¡¿Qué?!- sabiendo de antemano su reacción, Tom le empujó de hombros con firmeza para que no se incorporara de golpe.
-Las pociones te ayudaron a dormir para que se te pasara el dolor. ¿Te encuentras bien?- añadió mirándola fijamente a los ojos.
Hermione sintió algo entrometerse en su mente. Tuvo el impulso de cerrar los ojos de golpe, mas los mantuvo abiertos dejando que viera todo lo que quisiera ver, incluido que ella sabía lo que estaba haciendo y que se encontraba perfectamente.
Además de todo eso Tom pudo ver alguna parte de su vida, resquicios de memorias que pasaban ajenas a la consciencia de Hermione. Se vio a sí mismo y a ella, pero también vio a sus dos amigos y a las familias de éstos, les vio riendo y llorando juntos en la tarde en la que Hermione se enteró de que sus padres estaban muertos. Cerró los ojos, abandonando lentamente la mente de su bruja. Ciertamente era una mente complicada, aguda y abierta a nuevos conocimientos. Subió una mano a su mejilla, acariciando el rubor que casi era ya fijo.
-Gracias- susurró contra su mano. Tom alzó una ceja.
-No me las des.
-Si practico Oclumancia no vas a poder hacer lo que has hecho ahora- cambió de tema.
-Sé que me dejarás- respondió sentándose en el colchón de la enfermería. Elevó una comisura, siempre divertida ante su seguridad en sí mismo.
-¿Nos hemos perdido muchas clases?
Tom sonrió de lado.
-Estaba esperando esa pregunta. Hoy no irás a clase.
-¡¿Qué?! ¿Por qué no?- inquirió con los ojos entrecerrados. El mago ya estaba preparado para volver a tumbarla cómodamente.
-Tienes que descansar.
-Estoy perfectamente.
-Ésa es la sensación que tiene tu cuerpo pero todavía se tiene que recuperar del todo. He hablado con los profesores y no han tenido ningún inconveniente en que hoy faltemos.
Hermione alzó una ceja. No había creído que él se fuera a quedar con ella todo el día después de haber estado seguramente toda la noche a su lado. Puede que no se diera cuenta pero ella no era la única que estaba cambiando.
Un gemido lastimero la hizo girar la cabeza bruscamente. Tom lanzó una dura mirada al objeto del ruido.
-¿Quiénes son?- preguntó Hermione. No se había fijado en que al fondo de la enfermería había dos camillas con dos bultos tapados por las sábanas.
-Malfoy y Belby- la voz de Tom volvía a ser fría-. Tuvieron una mala caída tras el duelo.
-¿Y cómo es que no estás castigado?- era obvio que él había tenido algo que ver.
-Nadie es capaz de demostrar nada. Yo estaba contigo- Hermione rió al ver su cara. Nunca había visto su expresión tan juvenil, como un niño que se había salido con la suya tras una satisfactoria trastada.
-¿Pero están bien, no?- preguntó finalmente. Después de todo se sentiría fatal si hubieran recibido heridas permanentes.
-Nada que una semana en la enfermería no pueda curar… Poco castigo, desde luego.
Hermione se sentó poco a poco para quedar medio incorporada en la cama. No quería discutir. No cuando él se había quedado toda la noche a su lado.
Alzó un brazo para que se acercara y de improvisto ella se incorporó un poco más, lo suficiente para unir sus labios sin que se lo esperara. Mas sí reaccionó veloz. Giró sin romper el beso de manera que quedó con todo el cuerpo sobre ella sujetando su peso con las rodillas y las manos. La hundió en la cama, devolviéndola el beso de forma que dejara salir el miedo que había sentido al ver su cuerpo caer. No estaba seguro de poder soportar esas escenas mucho más. Sintiéndose un poco más violento que de costumbre, atravesó sus labios y su lengua pasó a saborear su boca, a recordarle que no se podía ir y que estaba con él para siempre. Poco a poco el beso fue disminuyendo para pasar a disfrutar de otra manera más relajada de él.
-Voy a necesssitar pañuelosss para esstass essscenass- interrumpió una voz bien conocida. Tom sonrió de lado en el beso. La besó un poco más antes de separarse y quedar tumbado a su lado rodeándola.
-¿Qué ha dicho?- preguntó Hermione un poco ida del encuentro. Su cuerpo estaba muy caliente, necesitando algo que no sabía lo que era.
-Nada importante- ignoró el silbido indignado de la serpiente- Te he traído un libro de Oclumancia, ¿quieres leer?
Sabiendo la respuesta de antemano, Tom hizo que el libro apareciera por sí solo delante de ellos y se mantuviera en el aire para que pudieran leer sin necesidad de sujetarlo. Mientras leían discutían abiertamente sobre lo que estaban de acuerdo y lo que no, al mismo tiempo que Tom le explicaba la parte práctica de ciertos temas. Nagini se había deslizado a la cama, quedando enroscada sobre sí misma a los pies de los magos. Fue lo suficientemente rápida y atenta como para huir cuando la señora Pomfrey apareció. Para desgracia de Hermione la receta fue la misma que ya había oído esa mañana: tenía que quedarse el resto del día en la cama. Al menos con el libro de Oclumancia no estaba perdiendo el tiempo, pero quedarse todo el día sin hacer nada era una auténtica tortura para ella. Era hasta tal el punto que cuando estaban comiendo su mente se puso a divagar en algo que nunca creería darle vueltas.
-Este fin de semana voy a ir a Hogsmeade- comentó en voz alta.
-¿Qué necesitas?
Hermione le sonrió de lado sabiendo que aquél era uno de sus temas "favoritos".
-El baile es dentro de unos días. Tengo que comprar un vestido.
Para su sorpresa Tom asintió como si tuviera toda la razón.
-El sábado iremos entonces.
Le miró más atónita todavía.
-¿Estás seguro de que quieres venir?
La severa mirada que recibió fue suficiente para callarla.
-No vas a ir sola a ningún lugar con los ataques todavía sin resolver.
El ambiente se volvió tenso nada más sacar el tema. Hermione empujó el plato casi vacío Su garganta se había cerrado y estaba segura que no se volvería a abrir hasta que supiera la verdad.
-Tom, yo he confiado en ti en todo este asunto. Creo que ya es hora de que sepa la verdad- tragó saliva- ¿Cuál es tu objetivo? ¿Y qué hacen esos… mortífagos?
Nagini había alzado la cabeza, observando a su amo medir a su ama, tratando de ver si estaba o no preparada para conocerlo todo. Por su mirada supo que se ceñiría a la pregunta. Tras realizar un hechizo de sueño a los dos magos medio desmayados y colocar un hechizo que le alertara si alguien entraba en la enfermería, centró su atención en su bruja.
-Mi objetivo es cambiar el mundo mágico- dijo por fin- Durante demasiados años los magos nos hemos escondido de los muggles sin que ello nos reportara ningún beneficio. Al contrario, sólo ha servido para avivar odios y desconfianzas entre lo que magos y muggles no entienden.
Dejó que Hermione asentara lo que ya se temía. La chica se pasó la lengua por los secos labios, captando su atención. Iba a ser difícil concentrarse.
-¿Y cómo piensas descubrir el secreto sin terminar en Azakaban? ¿Y en qué posición quedarían los muggles?
-Una ley es lo que impide revelar el secreto, por lo tanto voy a cambiar la ley- explicó como si fuera algo completamente lógico y sencillo- Y para ello me voy a presentar a la posición de Ministro de Magia- Hermione abrió los ojos al máximo- Ahí es donde entran los mortífagos. Su misión es infiltrarse en ciertos puestos que ya les he determinado. Mientras tanto yo me ocuparé del resto. En la fiesta de Slughorn van ciertas personas que me podrían ser útiles para conseguir los últimos hilos que necesito.
-¿Y la posición en que quedarían los muggles?- repitió la pregunta.
-Serán iguales ante la ley y tratados de la misma forma que en la actualidad. Para conseguir la estabilidad la integración será máxima, no obstante, en los cargos más importantes sí que tendrán un papel inferior dada su condición.
-No lo entiendo- Hermione negó con la cabeza- Tú crees en la superioridad de los magos.
Tom asintió sin dudarlo.
-¿Entonces por qué dejarás que los muggles estén al mismo nivel que los magos?
-Para sostener un país hace falta algo más que superioridad. Necesito que las infraestructuras y la sociedad funcionen y para ello necesito personas. Los magos ocuparán los puestos más relevantes ya que estarán más capacitados para ello. Esto es, el Ministerio de Magia estará por encima del gobierno muggle.
-¿Qué hay de los hijos de muggles?
Tom le miró fijamente a los ojos. No le iba a engañar, pero antes de conocerla sus planes eran completamente diferentes. Pero no eran sostenibles. Ahora, con su nuevo plan, los hijos de muggles se situarían socialmente entre medias de los magos y los muggles.
-El Ministerio se ocuparía de ver caso por caso la situación y al mago o bruja. Pero al igual que los muggles, tendrán los derechos básicos.
-Y estos mortífagos, ¿quiénes son? ¿Están todos en Slytherin?
Tom negó con la cabeza. Le miró a los ojos y comenzó a nombrar a los miembros que, poco a poco y por influencia de sus padres o inteligencia, ya se estaban internando en el Ministerio si no lo habían hecho ya. Hermione distinguió un par de nombres de Ravenclaw e incluso uno de Hufflepuff.
Volvió a humedecerse los labios, sin poder creerse todo el futuro que tenía preparado Tom.
-¿Y dónde encajo yo en esto?- se atrevió a preguntar por fin.
-A mi lado, por supuesto.
Aunque se hubiera sonrojado todavía no olvidaba el sistema que estaba proponiendo.
-Yo no puedo vivir en una sociedad con esa discriminación legal, Tom.
-¿Acaso no lo haces ya? Hay discriminaciones por todas partes, Hermione. La sociedad que yo busco es una mucho más consciente y quitará a los magos de todos los años de miedo, de tener que ocultarse. Los muggles siempre reaccionan de forma violenta a lo desconocido. Hará falta poner orden y ésa sociedad es la que lo proporciona.
-No se puede desechar la libertad por el orden.
-Su libertad será la misma que ahora. Simplemente cambiará la manera de acceder al poder porque el poder va a cambiar.
Fue una tarde tensa. Hermione estaba casi temblando porque cada vez veía más y más lógicas las palabras de Tom. En cierta manera le comprendía pero no podía aceptar que se tratara diferente a los hijos de muggles o a éstos. Y le daba miedo ver que esa sociedad podía ser mejor que cómo vivían ahora. Pensó en magos como el padre de Ron, en la alegría de poder dejar de esconderse, en que de esa forma tal vez podría haber estado más tiempo con sus propios padres y ellos no tendrían que haber mentido año tras año por ella.
Fue un alivio cuando la señora Pomfrey entró para realizar la revisión de la tarde. Como notó a Hermione mucho más rígida e incluso abrumada que en la mañana, la ordenó tomarse una pócima que en pocos minutos la ayudaría a conciliar el sueño. A pesar de haberlo intentado la noche pasada, también quiso echar a Tom de allí, mas en seguida fue presa de sus encantos y terminó por dejarle dormir al lado de la bruja, aunque ella se pensara que dormiría en otra camilla. Cuando les volvió a dejar solos con Malfoy y Belby, todavía semiinconscientes, Tom se volvió a tumbar al lado de Hermione, teniendo cuidado de no golpearla ni a ella ni a Nagini.
Le cogió de la barbilla para obligarla a mirarle.
-¿Aceptarás mi objetivo?
Sin poder evitar sentirse orgulloso, Tom supo antes que ella su respuesta. Por algo era e iba a ser para siempre su bruja. Él necesitaba a alguien que le pudiera hacer frente, alguien leal e inteligente, alguien que le provocara sentimientos, algo que nunca había tenido. Y había encontrado todo ello en Hermione, e iba hacer que cambiara de parecer con su respuesta. Era cuestión de tiempo.
-Tengo que pensar en esto, Tom. Son demasiadas cosas para decidir ahora.
El hombre asintió. Colocó las mantas de forma que quedaran cómodos bajo ellas y la besó suavemente en los labios.
-Cuando decidas, aquí estaré.
-¡¿Que vas a dónde con quién?!
-¿Siempre tienes que andar gritando, Ron?- preguntó Hermione.
-Creo que tengo que ir a la enfermería después de todo- murmuró Harry. La chica rodó los ojos. De reojo vio a Tom esperarla con los brazos cruzados, devolviendo con un asentimiento de cabeza los numerosos saludos que recibía. Las chicas de Beauxbatons eran las que más confianzas se tomaban, lo que no hacía que cayeran muy bien a Hermione.
-Chicos, simplemente me voy a ir a comprar un vestido.
-¡Con Ryddle!- exclamaron a la vez.
-Merlín- suspiró- Me va a acompañar. Si no viene él hubieseis venido vosotros ya que no hay que ir solos, así que deberíais darle las gracias.
Aquel argumento pareció contentarles.
-Avísanos cuando vuelvas- asintió Ron dando un pequeño paso hacia atrás.
-Ten cuidado- añadió Harry dando otro.
-Cobardes- murmuró Hermione cuando se fueron. No comprendía cómo podían ser tan valientes para unas cosas y otras no. Entre enfrentarse contra un troll y acompañarla a comprar un vestido, estaba clara su elección.
Al darse la vuelta hacia Tom se quedó parada por unos momentos. Había un chico de Slytherin hablando con él. Había escuchado su nombre. Un mortífago. Caminó despacio para darles tiempo a despedirse. No fue lo suficientemente lenta. Cuando llegó a su lado Tom alzó un brazo y la rodeó por la cintura para acercarle a él y alejarla del mago que la estaba mirando. Le mandó una mirada entrecerrada que acató de inmediato y se fue rápidamente de allí.
-¿Vamos?- inquirió. Sí, tal vez sería mejor no hablar sobre lo sucedido. Después de todo no había pasado nada.
Se notaba que ya estaban saliendo del invierno. No hacía tanto frío como hace apenas unos días atrás. Ahora se podía caminar con solo una capa gruesa. Con esa temperatura era mucho más agradable dar paseos. Incluso Nagini habría venido con ellos de no ser porque solía tener la manía de espantar a los magos.
Ninguno de los dos se daba cuenta, pero la gente a la que pasaban caminando desde luego sí que se percataba. Caminaban casi como si fueran una misma persona, acoplando el ritmo y los pasos a los del otro de forma inconsciente, no separándose y al mismo tiempo estando pendientes de su entorno.
De esa forma el día de comprar vestidos comenzó. Y no fue Hermione la pareja dificultosa. Cada vez que veía un vestido que entraba en su presupuesto, Tom lo negaba y pasaba a buscar otro. Si no encontraba algo que le gustara en la tienda, la cogía de la mano y se iban a otra. Y no es que hubiera muchas tiendas de vestidos. Tanto el dependiente como ella se habían quedado con la boca abierta cuando Tom había pasado a la primera tienda como si fuera dueño de ella y se había dirigido a buscar a Hermione un vestido. Desde luego que había cumplido con su palabra de ayudarla.
Y es que tenía que ser perfecto. No podía ser demasiado revelador ya que no quería que otros hombres como el búlgaro o Potter la vieran, pero también debería estar hermosa para cuando se presentara a ciertos cargos del ministerio a los que había invitado Slughorn. No querían que la desprestigiaran cuando ella era mucho mejor que todos ellos juntos.
Finalmente entraron a la última tienda de Hogsmeade, donde Hermione se quedó sentada en una de las butacas esperando a que Tom terminara de revisar la tienda, para el estupor de la dueña. Ya estaba preparada para salir de esa tienda y volver un día ella con Harry y Ron para comprarlo rápidamente, cuando el mago sacó un vestido y fue a entregárselo.
-Pruébatelo y enséñamelo- dijo con su habitual tono de orden. Hermione arqueó las cejas sin que le viera. Cogió el vestido y se dirigió hacia donde la dueña les había indicado que se podía cambiar. Era un vestido elegante, apretado por las zonas necesarias y suelto para que no pareciera demasiado provocador. El color era bastante neutral en cuanto a las casas de Hogwarts. Era un rosa que hacía juego con su color de piel, haciéndola destacar. Al probárselo abrió la boca de golpe. Parecía que Tom ya le había visto a ella con el vestido puesto, porque le quedaba como si se lo hubieran hecho a ella.
-¿Estás lista?- escuchó su voz tras el probador. Sonrió volviéndose a cambiar por su ropa rápidamente. Cuando salió, algo brilló en la mirada del mago.
-¿Y el vestido?
-Me lo llevo- sonrió dirigiéndose hacia la dueña. Sin ver su respuesta, el hombre se aproximó a su lado y le tendió los galeones que valía el vestido a la señora. Hermione le miró con indignación.
-No, no. Pago yo.
-Hermione, no discutas.
La bruja se cruzó de brazos.
-De eso nada. Es mi vestido y yo lo pago.
-Es un regalo.
-No lo acepto.
-Eso lo podrás decidir una vez te lo regale.
-No me vas a regalar algo que me voy a comprar.
-¿Por qué no quieres aceptarlo?- se giró hacia ella para que sólo se centrara en él. Hermione bajó la mirada.
-Porque yo lo puedo pagar…
-¿Y…?- añadió él.
-Y no quiero que gastes tanto dinero en mí- admitió desviando la mirada.
-Hermione- no siguió hablando hasta que le volvió a mirar- Soy huérfano desde hace mucho tiempo pero tengo mis recursos. Yo decido cómo gastar mi dinero y soy lo suficientemente inteligente para saber en qué hacerlo- dijo sin que sonara duro, más bien como si fuera algo completamente verdad- No te preocupes por mí- añadió inclinándose para besarla.
Hermione se sonrojó, sabiendo que la dueña estaba delante de ellos presenciándolo todo. Asintió a Tom, demasiado avergonzada como para seguir oponiendo resistencia para que él pagara.
-Buenggas tardges, Herrrmione- saludó una voz interrumpiéndoles. La bruja se congeló.
-Hola, Viktor- se giró saludándole con un gesto. Nada de roces.
-¿Has vengido a comprar tu vesgtido y el traje de Tom?- preguntó con su habitual acento. Observó la bolsa que Tom llevaba.
-Sí. Ya lo he conseguido- sonrió levemente- Pero Tom ya tiene su traje. ¿Tú vienes a por uno?
-Sí, tenggo que compgrar uno porgque mis tragjes están en Bulggaria.
Tom rodeó a Hermione y la dirigió hacia la puerta.
-Nosotros ya nos íbamos. Krum- se despidió con la educación justa. El mago asintió mirando sólo a Hermione cuando se despidió.
-¿No has vuelto a estar con él, verdad? No, lo sabría- murmuró para sí Tom caminando con una mirada asesina.
Hermione, empezando a estar acostumbrada a sus muestras de preocupación, fue mirando los escaparates mientras Tom la llevaba tenso y reuniendo paciencia. Ese mago tenía mucha desfachatez para dirigirse de aquella manera a su bruja, mucho más cuando estaba él mismo delante. Desde luego si supiera lo poco que había faltado para que le hechizara en ese momento, habría huido antes de saludar a Hermione.
Él tenía mucho trabajo por delante y no podía dejar que nadie se lo estropeara.
-Has estado callado más tiempo que el de costumbre. ¿Estás bien?- preguntó Hermione ya preocupada cuando llegaron al cuarto. Se acercó para coger el vestido de la caja que llevaba Tom y colgarlo en el armario. Él no le dejó.
Le agarró de la muñeca de golpe y le pasó el brazo detrás de su espalda de forma que ella misma estuviera obligada a pegarse a su pecho.
-Ahora estoy bien- susurró agachando la cabeza. Dejó caer la caja al suelo. Nadie lo notó. Hermione ahogó una respiración cuando sintió los labios fríos del mago en su cuello. Como si fuera poco su mano se internó bajo la camiseta, provocando que no se acordara ni de su nombre ni de lo que estaba pasando. Los labios del mago besaron y mordieron la unión entre su cuello y el hombro, haciendo que sus piernas se volvieran de gelatina. En efecto su cuerpo dejó de sostenerla. Tom aprovechó para cambiar su agarre y tumbarle sobre la cama en la posición perfecta para deshacerse de su camiseta sin que ella opusiera resistencia. Se tumbó sobre ella por si pensaba huir. Observó la marca que había dejado en el cuello donde si se fijaba cualquiera podría verla. Y es que era un mensaje claro. Ésa era su bruja.
Sus manos corrieron libremente por el cuerpo femenino. Hermione a este paso sólo pudo acercarle casi sin ser consciente y buscar su cuello, queriendo provocarle lo mismo que le había provocado él en ella. Terminaron enredados en un lío de sábanas. Hermione ahogó una respiración cuando Tom comenzó a tocarla. Se mordió el labio sintiendo cosas que nunca habría creído posibles. Se quedó mirando a Tom sabiendo que aunque lo ocultara nunca lo mostrara o fuera del todo consciente, él también tenía miedo.
-Tom…- le llamó. Tom siguió besando su cuerpo, mas mantuvo sus manos quietas- Estoy preparada y quiero esto, pero no quiero que sea así.
El mago sonrió de lado. Besó sus labios y retomó su trabajo más abajo.
-Hasta donde estés lista, pero tienes razón. Hoy no haré más.
Muchas gracias por todos los reviews, son fantásticos. Aquí ya vemos que los secretos están empezando a salir a la luz o a verse un poco. Así que no falta mucho para algo de acción.
Ah, me preguntaron que cada cuánto suelo actualizar; la verdad es que no tengo un día fijo. Suelo actualizar de semana en semana, a veces algunos días de más pero tampoco muchos.
Y haciendo caso a Tom, hoy yo tampoco haré más hoy jaja.
