Aclaración: Harry Potter pertenece a J. K. Rowling.
Capítulo 17- El último baile.
Estaba empezando a disfrutar demasiado de esos momentos, pensó Hermione pasando con un hechizo no verbal la página del libro. Había sido duro aprender el hechizo, pero una vez supo cómo hacerlo había resultado de lo más útil. La bruja estaba medio tumbada en el sillón del cuarto que compartía con Tom, mientras que él estaba sentado en el escritorio terminando un trabajo. Crookshanks se había acomodado en el regazo de la chica, aportándola un calor que agradecía. El silencio roto únicamente por el sonido de la pluma de Tom o los cambios en las páginas de Hermione era de lo más relajante. Así lo había hecho saber Nagini antes de retirarse a su nido a descansar.
Con toda esa tranquilidad los pensamientos de la bruja no podían evitar dirigirse hacia el alboroto de hace apenas unos días. Myrtle se encontraba petrificada, pero más allá de eso su vida no corría peligro. Dentro de pocos meses las mandrágoras estarían listas y podrían salir de su estado. Tal vez así descubrirían quién era el responsable, o al menos alguna pista. Sus ojos se fueron hacia la figura concentrada de Tom.
-¿Ocurre algo?- pegó un brinco en su sitio. No sabía cómo pero se había dado cuenta de que le estaba mirando. Ella ni siquiera se había percatado de su propia distracción.
-Nada, es sólo que estaba pensando- pasó la página del libro de Oclumancia y volvió la concentración a su estudio.
-¿Sobre qué?- Tom se giró en la silla para centrar su atención en ella. Hermione le miró de reojo, sin saber si quería tener esa conversación. Ella ya había decidido creer en él, pero por preguntarle tampoco era que pasara nada, ¿no?
-Estaba pensando en los ataques- murmuró.
El mago asintió.
-¿Algo en especial?
Asintió dudosa. Tragó saliva decidiendo hablar. Si ella no quería secretos tenía que empezar dando ejemplo.
-Sé que lo que ha petrificado a los alumnos es el monstruo que oculta la Cámara de los Secretos, Cámara a la que sólo el heredero de Slytherin puede acceder- Tom se limitó a mirarle- El monstruo debe ser una serpiente. Harry y Ron están de acuerdo conmigo y por eso opinan que tú eres el heredero.
Alzó una ceja.
-¿Saben que yo hablo parsel?
Hermione negó con la cabeza.
-No, pero les pareces la persona más probable para ser el heredero. Bueno, tú y Malfoy- añadió con un escalofrío. Desde que Tom se había ocupado de Draco, éste ya no le había vuelto a molestar, pero eso no evitaba las miradas asesinas y de asco que recibía cuando caminaba con sus amigos por los pasillos.
El mago no varió el rostro.
-Tom, sé que te dije que confiaba en ti. Los últimos ataques han sido mucho más crueles que los anteriores. Algo ha cambiado y quiero saber si tú sabes algo- se sinceró dejando el libro a un lado. Crookshanks hizo un pequeño ruido que pasó desapercibido. Seguía dormido como un tronco y su presencia era reconfortante. Pequeños ronquidos incluidos.
-Sigues sin estar preparada para esa respuesta.
-¡Tom!- exclamó con el rostro encendido- ¡Merezco esa respuesta! Me he abierto a ti como nunca lo he hecho con ninguna otra persona, dijiste que no querías secretos, no seas tú el que pongas límites a esto. Es demasiado importante y también me incumbe a mí.
El mago seguía con el rostro indescifrable.
-De esa respuesta dependen demasiadas cosas para las que todavía no tienes visión. ¿Quieres saber si sé algo sobre la Cámara y el monstruo?- inquirió- Sí, sé algo.
Hermione tragó saliva.
-¿No me dirás nada más?
El mago se levantó y se acercó al sillón donde se encontraba sentada. Crookshanks ni se dio cuenta de la presencia del hombre inclinado, arrodillado, sin dejar escapar a su dueña, encerrándola en el sillón.
-Nunca te haría daño. Ten siempre eso presente- su mano en su mejilla fue una fría caricia que le incendió por dentro- Pero si quieres que te diga algo más tendrás que esperar a que resuelva un asunto pendiente- se volvió a congelar.
-¿Cuando lo resuelvas me lo contaras todo?- preguntó aguantando su mirada. Su mano la distraía demasiado.
-No me dejaré nada. Sólo espero que sigas aguantando tus promesas.
La bruja asintió.
-Sé que has hecho cosas…- buscó la palabra adecuada.
-Malvadas- intervino Tom. Hermione asintió lentamente, indecisa.
-… pero todos merecemos una segunda oportunidad. Tú estás cambiando, Tom, y yo te amo- dijo un poco más bajo con un sonrojo- Quiero ser capaz de mantener mis promesas, pero tengo que saber qué estoy haciendo.
-Lo sabrás. Dentro de poco. - aseguró Tom- Ven.
Hermione chilló cuando de repente se encontró en brazos del mago. De alguna forma le había conseguido coger dejando a Crookshanks en el sillón, sin más respuesta que un pequeño gruñido de su parte, todavía profundamente dormido.
-Es hora de irse a la cama- susurró Tom provocando que Hermione olvidara todo en lo que estaba pensando. Se quedó embobada mirando sus labios moverse. Tom rió para sí- Sé que has estado nerviosa toda la semana. Te preocupas por demasiadas cosas.
-Alguien tiene que preocuparse por las cosas importantes- murmuró sin dejar de mirar esos labios. Sintió la cama bajo ella cuando Tom la depositó bajo las mantas.
-¿Incluido el baile de Slughorn?
-Puede que sí que esté un poco nerviosa por eso- admitió abrazándole para que se metiera con ella. No hacía falta pero le gustaba hacerlo. Tom ya se metía siempre pegando sus cuerpos para que no hubiera separación. No sabía cómo era capaz de dormir antes de conocerle. Ahora su cuerpo le buscaba en la noche y hasta que no le encontraba no era capaz de descansar.
-¿Algún motivo en especial?
-Simplemente es uno de mis primeros bailes. No sé muy bien cómo comportarme ni qué hacer- se encogió de hombros apoyando la cabeza en la almohada.
-Yo estaré ahí en todo momento. Sólo hay que dar un poco de conversación a unos peces gordos- Hermione rió al escucharle hablar de esa forma- Y si te portas bien, después bailaremos.
-¿Oh?- la bruja alzó una ceja- ¿Sabes bailar?
-Sé muchas cosas, Hermione- su comisura se elevó, mostrando parte de sus dientes. La chica rió cuando el mago se movió a atacarla con suaves mordiscos seguidos de besos posesivos.
-Aun así no me portaré bien- aseguró riéndose.
Tom sonrió.
-Eso espero.
-Me alegro de que Ron y Harry vuelvan a ser amigos. Me estaban volviendo loca. Cuando venía uno se iba el otro y siempre me dejaban con la palabra en la boca- suspiró Ginny. Hermione se aguantó la mueca cuando la pelirroja tiró un poco más fuerte de su peinado. No se arrepentía de haber accedido a que le ayudara a prepararse para la fiesta de Slughorn. Alguna vez tendrían que comenzar a estar como antes, o al menos intentarlo, y ese era un buen comienzo.
-Lo siento,- se disculpó sin dejar su aire enfadado- ¡Es que Harry no me ha invitado a la fiesta del Slug Club!
Viendo que tanto su pelo como la Sala Común de Gryffindor peligraban, decidió calmar a su amiga. Algunas cosas no cambiaban.
-No he oído que haya invitado a nadie. Al final no era del todo obligatorio así que a lo mejor va solo.
-Puede que tengas razón- murmuró terminando de arreglar el mechón que se había soltado de su recogido- ¡Terminé!- exclamó- ¡Whoa! ¡He hecho un trabajo maravilloso!
Hermione se levantó hacia el espejo de la sala, quedando impresionada ante lo que Ginny había logrado. Ya no se veía como una alumna aplicada. Parecía alguien completamente diferente, alguien que sí se hubiera imaginado que podría estar saliendo con Tom Riddle. Su vestido enseñaba los tobillos y los tacones de poca altura que llevaba hacían que su caminar pareciera más… femenino. Además, al andar una pequeña abertura hasta encima de la rodilla daba movimiento y la hacía parecer más grácil. La palabra de honor realzaba el peinado y el maquillaje que había puesto Ginny, y en conjunto ella nunca se había visto así.
-¡Godric, Ginny! ¡Te perdono todos los líos en los que me has metido desde segundo!
La pelirroja sonrió, feliz por haber podido recompensar un poco a su amiga.
-Anda, vete. Te espera tu novio.
Esas palabras provocaron un salto en su corazón.
Caminó lentamente agradeciendo que a esas horas la gente estuviera cenando y ella pudiera salir lentamente, teniendo cuidado de no caerse dentro la Sala Común de Gryffindor, donde nadie le podría ayudar a levantarse. El suelo parecía más lejos y menos consistente con los tacones. Tal vez debería haber hecho caso a su madre y haber practicado un poco más cómo caminar con ellos. Había tantas cosas que tenía que haber hecho con ellos… Cerró sus pensamientos de golpe. Esa noche era la primera que iba a ir un baile con Tom. Sus padres hubieran querido que ella fuera feliz y esa noche prometía ser otra memoria que atesorar. Como las noches que últimamente estaban pasando. Cada vez estaban avanzando más. Ella nunca se sentía presionada, pero de repente se encontraba cada día queriendo ceder más y más sin que supiera ni su nombre. De acuerdo. No era un buen tema para pensar en esos momentos. Menos mal que Ginny no le había puesto colorete. No le hacía ninguna falta.
Tomó aire antes de dar un paso fuera del retrato, tratando de volver a sí misma. De nada sirvió. Se quedó sin respiración al ver al mago que la estaba esperando apoyado en la pared. Tom llevaba un traje completamente negro, cubierto por una capa de mago donde acababa de guardar su varita. Alzó la mirada encontrándose con la suya. Al verla detuvo todos sus movimientos. Durante unos segundos sólo se analizaron con la mirada, ninguno pronunciando ni una sílaba, grabando a fuego lo que veían.
Él fue el primero en sobreponerse. En dos pasos estuvo frente a ella y de uno la aplastó contra la pared e internó su lengua en su boca, en un casi enfadado beso al que tardó en responder debido a la impresión. Ladeó la cabeza disfrutando de ser deseada de esa manera por la misma persona que ella deseaba. No quería que terminara nunca.
No obstante, se tuvieron que separar para coger aire. Al terminar el beso Tom siguió manteniéndola en su sitio. Pasó una mano por un mechón de pelo que se le había soltado y lo colocó con habilidad en su sitio como si la hubiera peinado él mismo. Le dio otro beso lento antes de separarse.
-No sabes el autocontrol que requiere esto- dijo cuando la dejó el suficiente espacio extender un brazo como un caballero. Increíblemente se inclinó para acentuar el gesto. Seguramente aquella sería la primera vez en su vida que se inclinaba ante alguien.
Hermione se sonrojó profundamente por ése y muchos motivos. Habían hablado acerca de tener relaciones, pero ella no se terminaba de sentir lista. Había momentos en los que le deseaba más que a nada, como había sido aquel, mas todavía no estaba segura de si hacerlo. Sabía que no se arrepentiría pero había algo que la detenía. Y eso la hacía querer todavía un poco más a Tom, por ser capaz de contenerse aun cuando se notaba lo poco que le agradaba la idea. Y por tratarle como a una igual. No le importaba inclinarse, ya lo había dicho, le quería a su lado.
Aceptó el brazo realizando en respuesta una reverencia que le había enseñado Ginny. En el mundo mágico tenían sus propias costumbres. No sabía cómo Tom las conocía pero se alegraba de que su amiga la hubiera avisado e insistido en que lo aprendiera. Él parecía más que satisfecho.
Apoyó parte del peso en Tom para caminar más cómoda y no tener que lamentarse por haber llevado tacones. Además,… él le había obligado a que lo hiciera por el mismo motivo.
-No te separes de mí, ¿de acuerdo?- inquirió entregando sus invitaciones al hombre que aguardaba en la puerta de la fiesta. La chica asintió. Mejor para ella, porque así podría controlar también a las muchas chicas que estarían locas por él.
Tuvo que contener la risa al pasar a la sala. Desde luego se notaba que había sido Slughorn quien la había decorado. Como estaban en marzo, en las montañas todavía quedaba nieve y el profesor había aprovechado la ocasión para hacer una especie de fiesta de navidad aunque ésta ya hiciera tiempo que pasó. A Slughorn esos detalles no le importaban.
-¡Mi pareja preferida!- exclamó el protagonista de sus pensamientos- ¡Señorita Granger, está fantástica, déjeme darle un buen abrazo!
La chica perdió el aire ante la efusividad del profesor. Le vino bien apenas poder respirar tras oler la fuerte colonia que se había puesto para esa ocasión. El profesor iba a matar a alguien como siguiera dando esos abrazos que si no te ahogaban y tenías la desgracia de respirar, desearías que sí hubieran acabado contigo.
-Eres un chico con suerte, Tom- le saludó al mago dándole unas fuertes palmadas en la espalda- Venid que os presente a unas importantes figuras del Ministerio- añadió radiante.
Al instante tenía la atención del alumno. Hermione fue con un poco de menos ganas siendo presentada como la mejor del curso junto con Tom. Slughorn no escatimaba en halagos para ambos, así como para las personas a las que les presentaba. Cuando terminaron de conocer a todos, el profesor les permitió tener un poco de libertad que sinceramente ambos agradecieron.
-Veo que estás feliz- sonrió Hermione mirándole con una gran sonrisa. Tom no había cambiado el serio rostro en absoluto pero había un brillo en los ojos que conocía muy bien.
-Todo ha salido perfecto- se limitó a responder devolviéndola la mirada- Hoy estás preciosa y lo has hecho muy bien.
El sonrojo volvió en todo su potencial.
-He estado muy nerviosa con todos esos peces gordos- admitió en voz baja. Pero aquello era importante para él y no pensaba arruinarlo.
El mago sonrió ligeramente extendiendo una mano.
-¿Quieres bailar?
Sólo porque se lo hubiera preguntado dijo que sí. No todos los días Tom ponía en bandeja una opción. Desde que tuvieron aquella discusión había cambiado de táctica. En vez de ordenar de forma tan directa, ahora trataba de ver su punto de vista y que ella decidiera, a ser posible en su favor. Sólo intervenía en situaciones… extremas. Así que su relación iba por muy buen camino y no se pensó en negarle un baile. Además, eso significaba que se había portado bien, pensó divertida.
Una vez en la pista sus manos sobre su cuerpo casi la impidieron darse cuenta de que Harry ya había llegado y para su desgracia iba acompañado de una chica de séptimo de Ravenclaw. Maldijo interiormente. Eso iba a hacer que Ginny estuviera insufrible durante los próximos dos meses. Iba a tener que acabar ya con esa situación y hacer que Harry superara su miedo con la pelirroja. Era un ambiente un tanto estúpido con ambos magos atrayéndose y ninguno dando el paso, uno porque Ron le mataría y la otra porque no estaba segura de que Harry aceptara, por lo que se limitaba a insinuarse. Aunque con todo lo sucedido desde la vuelta de vacaciones no estaba tan segura de que Harry sintiera lo mismo por Ginny. A pesar de todo, tenía mucho trabajo por delante.
-¿Nunca te arrepentirás de esto?- preguntó Tom. Alzó la cabeza hacia él sin dejar de bailar la lenta canción, viendo su seria mirada. Sabía a qué se refería.
-No. Nunca podría.
Su mirada la penetró por largo rato, hasta que finalmente Tom cerró los ojos con una ancha sonrisa, satisfecho de haber visto algo que le dejó tranquilo.
Hermione le sonrió y decidió pasárselo bien. En la siguiente canción se separó un poco de él y comenzó a bailar los bailes que Ginny le había enseñado para esas situaciones. Era una mezcla de los bailes de palacio inglés del siglo XVIII junto con movimientos que había visto a famosos hacer en sus videos de música. Desde luego que valía la pena bailarlo sólo por hacer bailar a Tom con ella.
Y no le decepcionó. ¿Cómo era capaz de saber tantas cosas? Lideraba el baile cogiéndola de la mano y dándola vueltas o rodeando su cintura, sin que la pisara en ningún momento. Para vergüenza de la bruja ella sí se tuvo que disculpar un par de veces por pisarle. Tom se limitaba a sonreír de lado, contemplando fijamente su rostro completamente rojo.
Slughorn les esperó a que terminaran de bailar para volver a introducirles en alguna conversación más. Tom no tenía problemas en hablar con esos jefes del Ministerio, pero ella no tenía tantas ganas ni interés en hacerlo. Si no fuera por Tom, ni siquiera estaría conversando con ellos. Ya se habría inventado una excusa hace tiempo. Después de todo, esos años con Harry y Ron les habían servido para ser muy imaginativos en ese aspecto.
Aprovechó la siguiente oportunidad que tuvo que para volver a la pista de baile con Tom. La excusa perfecta fue una canción un poco más lenta en la que Slughorn insistió en que salieran a bailar, diciendo que veía que lo estaban deseando. Hermione sonrió de oreja a oreja, encantada de no tener que seguir con esa charla y de tener su primer baile lento.
Era algo que no iba a olvidar.
-No sabía que bailar podía ser tan divertido- comentó apoyando la cabeza en el pecho del mago. Para esa canción no hacía falta mucho movimiento y no pensaba separarse de su abrazo.
-Podremos bailar a solas todas las veces que quieras- prometió girando ligeramente para que ciertos magos no pudieran verla desde donde se encontraban.
-Nagini va a tener que comprar más pañuelos- rió ligeramente, sin querer separarse aunque la canción estuviera terminando.
-Por ahora sigamos bailando- dijo Tom sabiendo que Hermione se lo estaba pasando bien. Habían dejado a Nagini a cargo del gato de Hermione y a la vuelta Nagini no iba a estar de muy buen humor. Pero su bruja era su principal preocupación.
-Tengo que ir al baño- dijo unos bailes después sin ser capaz de dejar de sonreír- En seguida vuelvo.
De pronto Tom se puso demasiado tenso. La agarró de un brazo siguiendo sus pasos.
-Te acompaño.
La chica no pudo evitar la risa.
-Puedo cuidar de mí misma.
Con un humor un tanto negro le respondió llevándola hacia la salida.
-No me voy a arriesgar.
-Herrrgmione- les detuvo una voz. La chica comprendió en el acto qué le ocurría al mago.
-Hola, Viktor- saludó amablemente. Iba con una espectacular chica de Beauxbatons que había pasado a mirar a Tom con interés.
-Perdona, Krum, pero íbamos con prisa- intervino Tom con mucha menos "amabilidad" de la que solía dispensar. Hermione se disculpó siendo arrastrada hacia el baño y buscando paciencia. Se la olvidó todo y casi la entra un ataque de risa cuando vio la indecisión en Tom sobre si entrar con ella o no al baño.
-En seguida salgo- no logró esconder toda su diversión, por lo que se dio prisa en entrar sin hacer caso de la todavía extraña tensión de Tom, que ya le debería haber abandonado. Normalmente sus encuentros con Krum no le hacían permanecer así tanto tiempo y esa noche había recibido demasiadas buenas noticias de empleo como para seguir molesto por ello. Aunque más que molesto se le notaba diferente, pensó lavándose las manos. Aunque fuera un mago excepcional ocultando sus emociones, esa noche le había notado… tenso. Estaba claro que había algo que todavía no le había contado y no se quería imaginar lo que podía ser.
Todavía le daba vueltas, todos los días y a todas, a los planes que Tom tenía para el mundo mágico. No le quería perder pero no sabía si podía aceptar lo que le estaba proponiendo. No era una idea descabellada y tal vez ella podría influencia en favor de los magos hijos de muggles y de los propios muggles. Estaba tan confundida que apenas había dormido en los últimos días. Sus amigos lo habían notado y mandaban miradas asesinas "al-que-no-debe-ser-nombrado", imaginándose que era otro el motivo por el que su sueño había disminuido. Tampoco era que se hubiera molestado en corregirles. De nada servía hablarles racionalmente. Con esos dos sólo servían los hechos y las acciones. Y esa era, aunque nunca lo admitiera en voz alta, algo que no le disgustaba. Pero no era suficiente para ella, no como Tom le llenaba.
Un siseo la paralizó. Conocía perfectamente aquel sonido. Lo había escuchado en pocas ocasiones pero aquellas veces le habían afectado demasiado como para poder olvidarlas. Su cuerpo se paralizó, expectante, esperando que ocurriera algo, cualquier cosa. De pronto escuchó un siseo nuevo, enfadado e imperativo. Era como una respuesta que se escuchaba fuera del baño. Donde estaba Tom.
Su cuerpo reaccionó por instinto. Corrió fuera rezando todo lo que le habían enseñado sus padres porque Tom estuviera bien. Si el monstruo le hacía algo no sabía qué haría. No le podía perder a él también. No podría aguantar cómo si vida se volvía a desgarrar. No lo iba a permitir.
Abrió la puerta de golpe y se encontró con la imagen más aterradora que se podía imaginar. Tom Marvolo Riddle se encontraba de pie con la cabeza alzada hacia una serpiente de unos quince metros, hablando en parsel con tono enfadado.
Sí, lo sé. Pero es que si no cortaba ahí el corte iba a ser mucho peor para poder enlazarlo con el siguiente capítulo, lo siento.
¡Y estamos llegando a la recta final! Dentro de poco se descubrirán la mayor parte de los secretos a los que algunos vais acercándoos ;)
Como siempre, muchas gracias a todos los lectores y lectoras, y a todos aquellos que dejaron reviews animando a seguir y dejando su opinión.
