Aclaración: Harry Potter pertenece a J. K. Rowling.
Capítulo 18 – La verdadera prueba
Hermione se quedó de nuevo paralizada y temblante. ¿Qué estaba ocurriendo? El mago maldijo cuando se dio cuenta de su presencia. Ordenó algo a la serpiente, que cerró los ojos y apartó la mirada. La bruja contemplaba lo que ocurría sin ser capaz de cerrar la boca o apartar la mirada.
Tom fue corriendo hacia Hermione, viendo que no se podía sostener. La cogió en brazos casi a la altura del suelo antes de que se quedara desmayada durante unos segundos, estando todavía medio consciente. Sus piernas no tenía la suficiente fuerza como para mantenerla de pie.
Gritó de miedo cuando el basilisco abrió sus fosas nasales y chasqueó su mandíbula cerca de Hermione, aún obedeciendo la orden de Tom y manteniendo los ojos cerrados. Ésta se aterrorizó y se agarró como si la vida le fuera en ello a la capa del mago.
Enfadado y desde su posición con las rodillas en el suelo, éste se volvió hacia la serpiente:
-¡Quieto! ¡Ésssta es la única bruja a la que no tocarásss! ¡Recuerda!
-Pero amo…- gimió la serpiente- esss impura, y hoy no huele como normalmente.
Tom maldijo al profesor de pociones. Ese estúpido perfume que llevaba se había adherido al olor de Hermione al abrazarla al principio del baile. La serpiente sólo había olido a un alumno hijo de muggle y siguiendo sus órdenes había ido a atacar sin darse cuenta que era la misma esencia de la persona a la que él había prohibido tocar.
-¡Obedecerásss a tu ssseñor!
La serpiente asintió y se limitó a emitir un siseo amenazante. Hermione seguía sin atreverse a mover un solo músculo con la mano arrugando en un fuerte agarre el traje de Tom.
-Regresssa a tu lugar y essspera mi llamada- ordenó el joven. La serpiente se giró lentamente sobre sí misma, pasó por encima de ellos con los ojos cerrados hacia el baño y desapareció por las cañerías.
Tom agarró fuertemente a Hermione, quien no creía que volvería a poder caminar esa noche en sus tacones. Sabía lo que había presenciado y sabía lo que podía significar para él. No quería soltarla porque eso podía convertirse en la última vez que la iba a tocar. Aquel podía ser el último baile que iban a bailar.
-U-U-Un basilisco- murmuró sin dejar de temblar- ¡El monstruo era un basilisco! ¡Tú!- se fue a separar de un empujón de Tom, con mínimo resultado- ¡Tú eres quien ha abierto la Cámara de los Secretos! ¡Eres el heredero de Slytherin! ¡Tú eres quien hizo que el monstruo empezara los ataques!- se la quebró la voz- ¡Tom! ¡El monstruo me atacó a mí!
A cada palabra el rostro de Hermione se teñía de más y más dolor. Gruesas lágrimas comenzaron a caer, manchando su vestido y haciéndola sentir más miserable todavía. Harry y Ron tenían razón. Él era el responsable de todos esos ataques, de esas petrificaciones, de que ella casi muriera y de que casi se cerrara Hogwarts. Lo que sentía en ese momento se parecía demasiado al día en el que más dolor sintió, cuando se quedó sola en el mundo.
-Éste no es el lugar adecuado para discutir esto.
Su rostro era el de una firme roca. Se acercó la poca distancia que habían mantenido. Agradecido interiormente, vio que no se alejaba de él. No se hubiera controlado si lo hubiera hecho. A su pesar Hermione estuvo de acuerdo y sin importarla ya pocas cosas comenzó a andar a paso apresurado hacia sus cuartos, envuelta en una nube de desesperación y entumecimiento. Se tropezó con sus propios tacones, logrando que al instante Tom estuviera a su lado. La cogió en brazos sin ver el amago de la chica por resistirse, que se detuvo a tiempo sabiendo que sólo empeoraría la situación y su vida ya se había derrumbado lo suficiente.
Se dejó llevar hasta su cuarto en la sala de los Menesteres y una vez dentro sólo se dio cuenta de que habían llegado cuando Tom la posó cuidadosamente sobre la cama. Fue como si un interruptor se hubiera accionado en ella. Le separó sin poder evitar que las lágrimas siguieran su curso.
-¡No me puedo creer que me hayas traicionado de esta forma! ¡Yo creía en ti!
Tom dio un paso hacia atrás, permitiendo que no se sintiera presionada.
-Lo hice por el bien de todos los magos. Los muggles sólo nos han estado degradando durante años- lo que más la enfurecía era su tono calmado, como si estuviera discutiendo con un niño pequeño.
-¡Yo soy hija de muggles!
-Tú eres la excepción.
Hermione se quedó horrorizada ante lo que estaba escuchando.
-Tom, podría haber muerto esa noche. Exijo la verdad, ¿qué está ocurriendo?
El mago observó su rostro surcado de lágrimas, su vestido arrugado y su mirada decidida. No apartó la atención de ella.
-El agua que vimos el día del primer ataque provino del basilisco. No había sido muy cuidadoso al salir por las cañerías y rompió una de las principales. En el segundo ataque fui yo quien hizo que te desmayaras con un conjuro. De esa manera no miraste al basilisco a los ojos. Después de todo tu ataque no estaba planeado. Por ello, luego hice que te oliera para que recordara tu olor y le prohibí que se volviera a acercar a ti- Hermione se sentó en la cama sin aguantar tantas noticias, tanas verdades tan anheladas- El tercer ataque fue el día en que llegué tarde a nuestra reunión. Volvía de la Cámara y por eso me retrasé- Tomó aire- Finalmente detuve los ataques porque no iba a permitir que el colegio se cerrara- se detuvo un momento.
-¿Entonces quién ha provocado el resto de ataques? Ha habido más de tres- intervino la chica.
Tom apretó los puños furioso.
-No lo sé, y es por eso por lo que últimamente estoy más tenso de lo habitual. Pero yo no he sido, Hermione. Me di cuenta que para conseguirte era necesario cambiar mi vía de actuación y para eso tuve que renunciar al basilisco. Por alguna razón desde el principio nunca quise que te vieras involucrada.
Esas palabras hicieron que se ablandara un poco su enfado, mas no cambió su firmeza. Había intentado matar a más alumnos sin una pizca de culpabilidad. Se levantó y se dio la vuelta.
-Necesito pensar sola- las palabras apenas se oyeron salir de su boca mientras iba hacia la puerta. Ésta no se abrió por más fuerza que usó. Sacó la varita y con bruscos movimientos trató de abrirla con algún hechizo.
-¡Abre la puerta!
La mirada de Tom era todavía más decidida que la de ella.
-No vas a salir de aquí.
Hermione no se contuvo. Comenzó a gritarle cosas sin sentido, a exigirle que abriera la puerta o se las tendría que ver con todos los hechizos que había aprendido para la primera prueba del Torneo, a gritar que quería salir, que la respetara, que nunca olvidaría sus mentiras, que quería morirse…
A medida que los gritos continuaban Tom iba avanzando sin que ella se diera cuenta, tan concentrada como estaba en su furia. Al escuchar lo último la hizo callar de la misma manera que siempre hacía. La besó rudamente. Pero esa vez fue diferente, esa vez la chica estuvo preparada y se resistió, logrando que no avanzara en el beso. Enfadado, Tom la cogió de las muñecas y volvió a intentarlo. Hermione se trató de zafar a golpes y patadas. Al esquivarlo hizo que la chica perdiera el equilibrio que acabaran ambos en el suelo con Tom besándola con toda esa furia. Hermione no fue menos y se lo devolvió con la misma insistencia, luchando por tener el control. Se separaron con las respiraciones aceleradas cuando de pronto Hermione saltó en lágrimas. Giró la cabeza haciendo todo lo posible porque la dejara de mirar, pero con su cuerpo sobre el suyo y sus muñecas en sus manos poco podía hacer.
-No… puedo… soportarlo- dijo en medio del llanto.
Tom se paralizó. La soltó y se puso poco a poco de pie.
-¿Me estás abandonando?
Hermione detuvo el llanto, mas las lágrimas seguían saliendo. Sintió que se encontraba en uno de los momentos más difíciles de su vida y su cabeza no hacía nada por ayudarla. Ahora mismo no podía confiar ni en ella misma y no sabía qué decisión tomar. Qué hacer. Su vida había sido reducida a sus amigos y su familia, y cuando Tom había entrado en ella, había ido ascendiendo hasta hacerse imprescindible. Pero la había mentido y había hecho cosas muy difíciles de perdonar. Pero una cosa tenía segura. No iba a salir corriendo.
-No, Tom, yo no te voy a abandonar, pero tampoco puedo soportar lo que estás haciendo.
-¿Eso qué significa?
-Tienes que detener al basilisco. ¡Esto no puede continuar! Por favor, si de verdad me quieres debes saber que yo no te pediría que hicieras algo que no quieres si no significara mucho para mí. Esto lo significa todo, Tom.
Escuchar el nombre de sus labios salir en aquella situación supuso un revés para él. Giró la cabeza y tal que en la única discusión que habían tenido, se marchó llevándose parte de ella con él. Esa vez Hermione salió corriendo tras suyo, sólo para ver que la puerta seguía cerrada para ella. Con nuevos llantos y sin querer ir a la cama que compartía con Tom se dirigió hacia la ventana, donde malamente se acomodó sentada en el suelo para mirar la luna llena tapada por gruesas nubes. El sonido de algo deslizarse la llamó la atención. Nagini apareció lentamente a su lado, mirándola fijamente. No se acercó hasta tocarla pero tampoco se alejó. Se mantuvo allí de apoyo observándola llorar y preguntarse si habría alguna esperanza para Tom y para su odio por los hijos de muggles. Sus padres creían firmemente en las segundas oportunidad, al igual que Dumbledore, y ella ahora más que nada deseaba creer en ellas. No podía rendirse sin intentarlo pero había mucho en juego. Pero aunque le hubiera dicho eso, no sabía si podía continuar con él.
Al volver Tom la encontró dormida con la señal de sus lágrimas en su rostro. Estaba apoyada contra la fría ventana y Nagini la estaba llevando un cojín de cama y poniéndoselo en la cabeza para que no estuviera tan incómoda. Tom se lo agradeció con un asentimiento. Se acercó comprobando que estaba demasiado agotada como para despertarse y la cargó en brazos dirigiéndoles a ambos hacia la cama. Iba a cambiar de jugada. Hermione había descubierto demasiado pronto lo del basilisco, pero no tanto como para abandonarle. Aunque no lo supiera él ya tenía un gran terreno ganado, sólo tenía que esperar a que ella le perdonara. Y lo iba a hacer. Estaba en su naturaleza.
El dolor de cabeza por las mañanas nunca era bien recibido. Te estropeaba lo que podía haber sido un perfecto día si no fuera porque Hermione recordaba perfectamente los sucesos de la pasada noche. Aquella ya iba a ser una mañana mala de por sí. Y los brazos a su alrededor no iban a impedirlo.
Se dio la vuelta lentamente sin tener la voluntad ni la fuerza para escapar del abrazo de Tom y se encontró con su mirada indescifrable.
-No volveré a mandar que el basilisco mate a ningún hijo de muggles.
Hermione abrió la boca sin creerse lo que acababa de escuchar.
-¿Perdón?
-Se acabó el controlar al basilisco pero no la magia negra.
-Con tal de que no lo uses contra ningún ser humano, estará bien.
¿Tom le estaba escogiendo a ella?
-Gracias- dijo profundamente.
Tom elevó una ceja, se giró para quedar tumbado sobre ella.
-¿No me merezco algo más que un agradecimiento?
Hermione negó con la cabeza por si acaso se le ocurría descender. Todavía no le podía perdonar. No se creía todo lo que había avanzado en esa relación. De verdad le importaba, y se lo acababa de demostrar. Pero seguía sin ser suficiente. Tenían que hablar. Y pronto.
-Vamos a llegar tarde como no nos levantemos ya.
-¿Sabes, Hermione? He elegido bien.
.
Al ir hacia el comedor Hermione sintió que algo había cambiado. Tom se mostraba más cercano hacia ella. Con el resto del mundo seguía igual pero parecía que ya no le importaba agarrarla más de cerca o besarla antes de llegar a las puertas del Gran Comedor.
Al sentarse en la mesa se dio cuenta de que había echado de menos las discusiones sin sentido entre sus dos amigos, pero éstas en las que ellos ya se habían perdonado.
-¿Cómo es que llegas tarde, Hermione?
Se quedó completamente callada, su cabeza yendo a una velocidad increíble sin saber qué decirles a sus amigos. ¿La verdad? ¿La soportarían? Estaba claro que no. De lo que dijera en ese momento podría salir una guerra que arrasara en Hogwarts, casi lo podía ver en una película dentro de su cabeza. Ella se ocuparía de tratar con Tom. No iba a hablar de esto cuando ni siquiera había decidido qué hacer.
-Ehh, perdonad, chicos. Tom y yo nos quedamos dormidos.
Al momento cambiaron de tema. Nunca les había gustado que se fuera a dormir con Tom, incluso les tuvo que jurar y perjurar que sólo estaba durmiendo con él, nada más.
-¿Qué tal vas con la segunda prueba, Harry?- preguntó increíblemente Ron. Quería demostrar que había superado su enfado anterior y al mismo tiempo prefería ese tema que escuchar a Hermione hablar del-que-no-debe-ser-nombrado. ¡Por algo le habían puesto ese nombre!
-No muy bien- apartó la mirada un poco arrepentido de la acusatoria de Hermione. Como previno, no tardó en echarle la bronca.
-¿Todavía no has empezado? ¡Harry! Cuando me pediste que te ayudara no era para hacerlo todo yo sola. No pienso ayudarte con esta prueba hasta que obtengas algún resultado- decidió.
-¡Pero Hermione!- Harry estaba horrorizado- ¡No voy a poder solucionarlo yo solo! ¡Y la prueba es en un par de días!
-En cuanto tengas algo te ayudaré. Hasta entonces tendrás que trabajar.
-Lo siento, compañero- se encogió de hombros Ron cuando Harry le pidió ayuda.
-Está bien- se rindió sirviéndose un poco más del desayuno- ¿Y por casualidad no sabréis qué le ocurre a Ginny? Últimamente cada vez que me cruzo con ella temo que me hechice.
Ron se encogió de hombros.
-Sí que la he visto rara, la verdad.
-¿Se puede ser más inconsciente?- masculló Hermione sin que la entendieran- ¿En serio no os dais cuenta de lo que le ocurre a Ginny? De verdad, chicos, no hace falta ser genios- ante sus miradas desconcertadas se explicó- A Ginny le gusta Harry desde hace tiempo y ayer seguro que te vio con esa chica de Ravenclaw en el baile de Slughorn.
Harry puso un rostro de horror parecido al de Ron.
-¡Pero no puede ser!- exclamaron al mismo tiempo.
-Creí que lo hacía para burlarse de ti- murmuró Ron.
-Yo tampoco pensaba que era en serio- coincidió Harry.
-Pues ya veis que sí así que ten cuidado con lo que decides hacer. No digo que dejes a esa chica si te gusta, pero ten en cuenta los sentimientos de Ginny.
-Más problemas- Harry dejó caer su cabeza sobre la mesa, al menos sin aterrizar sobre su desayuno.
-Venga, chicos, no hay tiempo para lamentarse si no queremos llegar tarde.
-Eres tú la que ha llegado ta…
La mirada de la chica bastó para callar a Ron. Al levantarse dirigió su atención hacia la mesa de los Slytherin y se despidió con un gesto hacia Tom, ya que hoy ella tendría a primera hora Herbología y llegaban tarde, por lo que no la podría acompañar. Aunque no le hubiera perdonado, una parte de ella no podía evitar quererle y siendo el momento de su vida que más confusa estaba, todavía le quería a su lado. Tenía que hablar con él. Y tenía que hablar con él ya.
Se detuvo de golpe haciendo que sus amigos se detuvieron.
-Lo siento, chicos, al final no voy a ir a Herbología.
-¿Se te ha olvidado algo?- preguntó Harry. Hermione negó con la cabeza.
-Tengo que hacer algo, lo siento. Nos vemos en las siguientes clases- y dicho aquello salió corriendo por donde había venido. Los magos se quedaron con la boca abierta mirando hacia donde antes se encontraba su amiga.
-Esto debe ser una broma- murmuró Ron- ¿No deberíamos llevarla a la enfermería?
Harry se encogió de hombros.
-Tal vez algún día entendamos algo- sugirió.
-Si tú lo dices- Ron se dio la vuelta continuando su camino hacia la clase. En la vida hubiera pensado que Hermione faltaría a una sin tener excusa.
Mientras tanto la chica corría por los pasillos sin hacer caso de las miradas que le mandaban los alumnos más rezagados. Subió por las escaleras de dos en dos, agradecida de que no cambiaran justo cuando ella estaba pasando. Sonrió por dentro al comenzar a ver alumnos de Slytherin. Les adelantó llegando hacia la puerta de la clase de Historia de la Magia.
-¡Tom!- exclamó. Al instante el mago que se dirigía hacia la clase con unos compañeros se detuvo. Se dio la vuelta hacia ella y estuvo a su lado en unos segundos. Alzó los brazos tocándola en busca de alguna herida que no se viera a simple vista.
-¿Qué ocurre? ¿Te encuentras bien?
Hermione asintió recobrando la respiración. Ignoró la atención que estaban provocando.
-No puedo esperar más. Creí que sí pero tengo que hablar contigo. Hemos dejado demasiadas cosas sin hablar.
Tom la miró a los ojos y asintió sin dudarlo un momento. Pasó una mano por su cintura, cogiendo con la otra los libros sus libros de Herbología.
-Vamos a un lugar más privado.
-A nuestro cuarto no- susurró para que ningún cotilla les escuchara. No quería asociar el cuarto a lo que iban a hablar. El mago lo entendió perfectamente. Le llevó por el pasillo evitando los lugares más probables por los que pasarían profesores y alumnos. Bajaron todo lo que la bruja había subido corriendo. Si con ella las escaleras no se habían movido, con él era como si se movieran para facilitarle el camino. Se preguntaba si siempre le ocurriría, pero ahora no era momento de consultárselo.
Cuando llegaron a la primera planta y se dirigieron a uno de los pocos pasillos por los que Hermione nunca había estado, supo a dónde se dirigían.
-¿Vamos a la Sala Común de Slytherin?
-Mi cuarto nos proporcionará la suficiente intimidad.
Hermione no respondió. Se dejó llevar hacia donde se encontraban los calabozos del castillo. El frío se había instalado en los pasillos y las paredes parecían no saber abarcar otra temperatura. Le vino muy bien el brazo del mago a su alrededor.
La Sala Común estaba vacía. No lo iba a admitir en voz alta, pero por alguna razón había pensado siempre que los Slytherin tendrían la Sala Común completamente desordenada, y para su sorpresa Gryffindor ganaba también en eso. Allí no se podía ver una mota de polvo ni un libro que no estuviera en su sitio. Tom tampoco es que le diera mucho tiempo para observar el lugar. No se detuvieron y se fueron directamente hacia los cuartos, los cuales eran individuales.
Tom sacó su varita cuando llegaron al suyo. Realizó unos hechizos para permitirles el paso. Después de todo que él no viviera allí no significaba que otros pudieran entrar sin su permiso. Cerró tras él y reforzó los hechizos de insonorización mientras su bruja contemplaba donde había dormido los últimos cinco años y medio. El cuarto estaba desprovisto de personalidad. Al haber llevado todos sus libros a la Sala de los Menesteres apenas quedaba algo que dijera que él había pasado parte de su vida allí.
-Siéntate- indicó señalando a su cama. Hermione asintió. Sería lo mejor.
-Hay muchas cosas que anoche no te pregunté- comenzó sin andarse por las ramas.
-Pregunta- asintió Tom sin sentarse. Se sentía más cómodo de pie controlando la situación.
-Anoche no parecías estar sorprendido porque el basilisco estuviera fuera de la Cámara.
Volvió a asentir.
-Yo le había mandado fuera a investigar.
-¡Dijiste que sólo habías soltado el basilisco en tres ocasiones!
El ambiente se comenzaba a caldear por momentos.
-Te dije la verdad. Ayer sólo había ordenado que el basilisco investigara a ciertos alumnos y si le veían para asustarles tampoco les vendría mal, pero le prohibí cualquier ataque o muerte.
La respiración de Hermione se relajó mínimamente.
-¿Y por qué mandaste asustar a esos alumnos?
Tom apretó los puños. La respuesta no le iba a gustar.
-Te habían insultado y no iban a salir impunes.
La chica se llevó una mano a la boca, horrorizada.
-¡¿Por mí?!
-Los alumnos tienen que aprender a respetarte.
-¡No mediante el miedo! ¡Podrían haber muerto o sido petrificados!
El mago negó con la cabeza.
-Ordené que eso no pasara. Ya te dije que desde que te conocí supe que mis métodos se verían cambiados.
Decidió cambiar de tema a una que le hiciera menos gracia.
-¿Y entonces cómo explicas los otros ataques si tú no has sido?
-No lo sé- nunca le gustaba pronunciar aquellas palabras- Pero concordarás conmigo en que esos ataques son más brutales que los tres anteriores. Yo nunca ordeno al basilisco que ataque.
Hermione enterró el rostro en sus manos.
-Tú no has matado a nadie- recapituló, diciéndoselo una y otra vez- Y te detuviste- por ella, añadió en su mente- Y por algún motivo el basilisco está atacando por su cuenta, de manera mucho más salvaje y buscando muertes de hijos de muggles.
El mago se sentó lentamente a su lado. Alzó la barbilla de su bruja, esperando que formara su decisión. Odiaba ser vulnerable, y ella lo sabía perfectamente, pero le tenía que dar ese momento para formar su mente. Él era igual. Pero no ayudaba mucho que un basilisco sin control anduviera suelto y ella fuera hija de muggles.
Hermione mantuvo la mirada fija en el suelo. No tenía la suficiente fuerza como para proteger su mente si Tom quisiera ver lo que estaba pensando. Tom… él había sido el responsable de los ataques. Aun cuando ella le había dicho que confiaba en él, no había sido capaz de decirle la verdad. Y el motivo de ello era evitar todo lo que estaba pasando en su mente por aquellos momentos. Lo había hecho para que no le dejara sí, y según él algún día se lo iba a contar, tal y como había hecho con su objetivo de cambiar el mundo mágico. No quería perderla y por ello había detenido los ataques. ¿Pero era eso suficiente? Habían llegado a donde ambos temían llegar. Al punto donde todos sus secretos se habían desvelado, donde las cartas estaban sobre la mesa y era su elección, la de decidir si continuar o terminar con todo.
¿La hubieran apoyado sus padres? ¿Sus amigos serían capaces de perdonarla? ¿Alguien lo entendería? No lo veía posible ya que ni ella lo entendía. Tal vez eso fuera lo que les uniera. Aquello no tenía lógica ni para los magos más inteligentes de Hogwarts. Ambos sabían lo que eran perderlo todo y no podrían volver a pasar por ello.
-Sé que algún día te podré perdonar, Tom- dijo lentamente Hermione girando la cabeza hacia él- Pero por favor, no vuelvas a hacer nada parecido. No soportaría volver a estar en la sombra. Sé que tus métodos no son… los habituales, pero si alguna vez decides hacer algo parecido, déjame hablar contigo, saberlo- convencerle de actuar de otra forma, dijo en su mente. Y ambos lo sabían.
-¿Algún día?
-Sigo dolida por haberte dado toda mi confianza y que tú no me sacaras de mi error- se llevó una mano al pecho- Comprendo que no me querías perder, pero confía un poco más en mí.
Tom no aguantó más y la envolvió en sus brazos, enterrándola en su pecho.
-Te lo prometo.
Y aquello sonó como una disculpa más que ninguna otra cosa dicha por Tom Ryddle.
Y aquí junto con la tensión termina uno de los mayores secretos del fic ;) Todavía queda alguno, como qué le pasa al basilisco, pero ya veis que Tom no es ni será bueno, y Hermione lo va comprendiendo poco a poco aunque a veces cueste. Pero como ha dicho, él se ha convertido en su prioridad (lo que no quiere decir que no intente evitar ciertas cosas).
A cambio del final del anterior capítulo, éste lo he hecho un poco más largo que de costumbre jeje. Es una gran alegría que el fic os siga gustando y siga habiendo esta respuesta ante los capítulos. Muchas gracias a vosotros también.
Y no he tenido tiempo para responder a los reviews, pero por supuesto que los he leído y por responder rápidamente a una pregunta que me hicieron: el capítulo se llamaba así porque hacía referencia a la pelea del final y que si se solucionaba mal ése sería el último baile que bailarían.
