La historia NO ES MIA, es una adaptación de Lisa Kleypas.
Los personajes por supuesto son de la fantástica S.M.
Historia dedicada a la linda Vane, que fue quien me hizo leer el libro y enamorarme *_* espero que les guste tanto como a mí.
Capitulo dedicado a Maru 3 feliz cumpleaños hermosa!
También quiero agradecer a las chicas de The twilight zone que siempre están en mi corazón.
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Lord Black reaccionó con divertida complacencia, cuándo Isabella Swan lo instó a que se escaparan para dar un paseo vespertino por el jardín. El ambiente apacible del atardecer extendía una capa de humedad sobre la propiedad, y no se agitaba brisa alguna que aliviara la opresiva atmósfera. Dado que la mayoría de invitados se estaba vistiendo para la cena o haraganeaba abanicándose en la sala de naipes o en el salón, el exterior estaba prácticamente vacío. A ningún hombre se le pasaría por alto lo que deseaba una muchacha cuando ésta sugería que dieran un paseo sin compañía en semejantes circunstancias. Ya que no parecía hacerle ascos a la idea de uno o dos besos robados, Jacob se dejó convencer por Isabella para caminar a lo largo de los jardines de la terraza y más allá del muro de piedra cubierto por rosales trepadores.
-Preferiría que contáramos con una carabina -le dijo con una leve sonrisa-. Esto es del todo impropio, señorita Swan.
Isabella lo obsequió con una sonrisa propia.
-Sólo nos alejaremos un instante -le urgió-. Nadie se dará cuenta.
En cuanto Jacob se decidió a seguirla de buen talante, Isabella se percató de la creciente culpabilidad que parecía cernirse sobre ella desde todas partes. Se sentía igual que si condujera a un cordero al matadero. Jacob era un hombre agradable, no se merecía, que lo engañaran para forzar un matrimonio. Si al menos hubiera contado con más tiempo, podría haber dejado que las sosas siguieran el cauce habitual y, de ese modo, habría obtenido una proposi ción auténtica por su parte. No obstante, ése era el último fin de se mana de la fiesta, y era imperativo que consiguiera un resultado positivo sin más dilación. Si tan sólo pudiera sobrellevar aquella fase del plan, las cosas serían mucho más fáciles a partir de entonces.
« Isabella, lady Black», se recordó torvamente. Isabella, lady Black... No le resultaba difícil imaginarse como una respe table y joven esposa que vivía con el pacífico mundo de la sociedad de Hampshire, que hacía ocasionales viajes a Londres y que le da ba la bienvenida a su hermano para pasar las vacaciones de verano. Isabella, lady Black, tendría media docena de hijos rubios, algunos de los cuales llevarían gafas como su padre. Y Isabella, lady Black, sería una devota esposa que pasaría el resto de su vida intentando expiar el pecado de haber engañado a su marido para que se casara con ella.
Llegaron hasta el claro que había más allá del huerto de los pe rales, al lugar donde se encontraba la mesa de piedra dentro del círculo de gravilla. Tras detenerse, Jacob miró a Isabella, que se había apoyado contra la mesa de piedra en una pose estudiada. Se atrevió a tocar un mechón de cabello que había caído sobre su hombro y admiró los matices dorados que se mezclaban con las hebras castañas.
-Señorita Swan -murmuró-, a estas alturas ya debe de ser consciente de que he desarrollado una marcada preferencia por su compañía.
Isabella sintió que el corazón se le subía a la garganta, tanto que creyó que podría ahogarse con él.
-Yo... Yo he disfrutado mucho de nuestras conversaciones y de los paseos que hemos dado juntos -consiguió decir.
-Es usted encantadora -susurró Jacob, se acercó más a ella-. Jamás había visto unos ojos tan hermosos.
Poco menos de un mes atrás, Isabella habría saltado de ale gría ante esta escena. Jacob era un hombre agradable, por no men cionar que también era atractivo, joven, rico y que poseía un títu lo... Señor, ¿qué demonios le estaba pasando? Todo su ser se tensó con renuencia cuando el hombre se inclinó sobre su cara, ruboriza da y tensa. Inquieta y aturdida, intentó no huir de él. Sin embargo, antes de que sus labios se encontraran, se revolvió con un gemido apagado y se alejó de él.
El silencio cayó sobre el claro.
-¿La he asustado? -fue la pregunta de Jacob. Sus modales eran amables y pausados, muy diferentes de la arrogancia que mos traba Edward Masen.
-No... No se trata de eso. Es sólo que... que no puedo hacer esto. - Isabella se frotó la frente, que había comenzado a dolerle; sentía los hombros rígidos bajo las mangas ahuecadas de su vestido color melocotón. Cuando volvió a hablar, su voz destilaba derrota y disgusto hacia sí misma-. Perdóneme, milord. Es usted uno de los hombres más agradables que he tenido el privilegio de conocer. Razón por la que debo marcharme ahora. No es justo por mi parte que aliente su interés cuando nada puede resultar de él.
-¿Qué le hace pensar eso? -preguntó, a todas luces confuso.
-En realidad, usted no me conoce -le respondió con una sonrisa amarga-. Créame, formamos una pareja espantosa. Por mucho que lo intentara, al final no sería capaz de evitar engatusarlo para atraparlo, y usted, como un caballero que es, no presentaría, objeción alguna, lo que nos haría a ambos muy desgraciados.
-Señorita Swan -murmuró al tiempo que intentaba averiguar el significado de su despliegue emocional-, no acabo de comprender...
-Ni siquiera yo estoy segura de comprenderlo. Pero lo siento muchísimo. Le deseo lo mejor, milord. Como también deseo… -Su respiración se agitó cuando comenzó a reírse de repente-Los deseos son algo peligroso, ¿no le parece? -murmuró y, acto seguido, abandonó el claro a toda prisa
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Maldiciéndose a sí misma, Isabella recorrió el camino de vuelta a la casa. No podía creérselo. Justo cuando tenía lo que deseaba al alcance de la mano, lo había arrojado por la borda.
-Estúpida -musitó para sí entre dientes-. Estúpida, estúpida...
Ni siquiera podía imaginarse qué les diría a sus amigas cuando llegaran al claro y lo encontraran vacío; Tal vez lord Black se quedara donde lo había dejado, con el aspecto de un gato al que acabaran de quitarle el plato de leche antes siquiera de haberle dado un lametón.
Isabella se juró que no volvería a pedirles ayuda a las demás floreros para encontrar un futuro marido; no cuando había tirado por tierra la oportunidad que le habían brindado. Se merecía cualquier cosa que le sucediera a partir de ese momento. Sus pasos se convirtieron casi en una carrera en su afán por llegar al dormitorio. Estaba tan, concentrada en su frenética huida que a punto estuvo de taparse de bruces contra un hombre que caminaba con tranquilidad por el sendero que discurría al otro lado del muro de piedra. Se detuvo de golpe y murmuró una disculpa:
-Le ruego que me disculpe.
Lo hubiera sorteado de no ser porque su estatura tan característica y esas manos grandes y niveas que abandonaron los bolsillos de su abrigo delataron de inmediato su identidad. Sorprendida retrocedió mientras Edward Masen la miraba.
Ambos se observaron con expresiones carente s de toda emoción.
Puesto que acababa de huir de lord Black, Isabella no pudo sino advertir las diferencias entre ambos hombres. Edward tenía el aspecto decididamente bronceado a la luz del crepúsculo que se cernía sobre ellos; corpulento y muy masculino, con los ojos de un pirata y la crueldad despreocupada de un rey pagano. No era menos arrogante que antes, como tampoco más dócil ni refinado; sin embargo, se había convertido en el objeto de un deseo tan arrollador que Isabella estaba convencida de haber perdido la razón. El ambiente que los rodeaba se cargó y crepitó por la pasión y el conflicto.
-¿Qué sucede? -preguntó Edward sin preliminares, observándola con los ojos entre cerrados ante su evidente nerviosismo.
La tarea de exponer sus emociones en unas cuantas frases cohe rentes se le antojó imposible. De todas formas, Isabella lo in tentó.
-Te marchaste de Stony Cross sin avisarme.
Su mirada era dura y fría como el ébano.
-Tú guardaste el juego de ajedrez.
-Yo... -Apartó la mirada de él al tiempo que se mordía el labio-. No podía permitirme ninguna distracción.
-Nadie te distrae ahora. ¿Deseas a Jacob? Pues disfrútale.
-¡Vaya! Muchas gracias -replicó sarcástica-. Es muy amable de tu parte que dejes el camino libre ahora que lo has estropeado todo.
El hombre le dirigió una mirada cautelosa.
-¿Qué quieres decir con eso?
Isabella sintió una irracional sensación de frío, a pesar de que estaba envuelta por el cálido aire veraniego. Un ligero estremeci miento se inició en sus huesos y acabó por traslucirse en su piel.
-Los botines que recibí mientras estuve enferma-dijo precipi tadamente-, los que llevo ahora mismo..., me los mandaste tú, ¿no es cierto?
-¿Acaso importa?
-Por Dios, admítelo -insistió.
-Sí, te los envié yo- respondió con sequedad-. ¿Hay algún problema?
-Hace un par de minutos estaba con Black; todo marchaba según lo planeado y él estuvo a punto de... Pero no pude, no pude. No pude dejar que me besara mientras yo llevaba estas malditas bo tas. Ahora sin duda piensa que estoy loca, después de la forma en que lo dejé. Pero, después de todo, tenías razón, es demasiado agra dable para mí. Y hubiéramos formado una pareja espantosa.-Se detuvo para tomar aire, pero entonces se percató del sú bito brillo de los ojos de Edward. Tenía el mismo aspecto de un de predador a la espera de su oportunidad de atacar.
-Así que -dijo él en voz baja- ahora que has descartado a Jacob, ¿cuáles son tus planes? ¿Regresar con James?
Aguijoneada por la irónica pregunta, Isabella frunció el ceño.
-Si así fuera, no sería de tu incumbencia. -Giró sobre los talones y comenzó a alejarse de él.
Edward la alcanzó en dos zancadas y, sujetándola por los brazos, la obligó a girarse para quedar cara a cara. Tras sacudirla un poco, llevó la boca hasta su oído.
-Se acabaron los juegos -le dijo-. Dime lo que deseas. Aho ra, antes de que se me agote la poca paciencia que me queda.
Su aroma, un olor a limpio y a jabón que resultaba de lo más masculino, hizo que a Isabella le diera vueltas la cabeza. Quería abrirse paso entre sus ropas... Deseaba que la besara hasta perder el sentido. Deseaba al despreciable, arrogante, seductor y diabóli camente apuesto Edward Masen. Sin embargo, no había duda de que iba a mostrarse implacable con ella. Su maltrecho orgullo se impu so y se quedó atascado en su garganta hasta que apenas fue capaz de hablar.
-No puedo -dijo con aspereza.
Él inclinó la cabeza hacia atrás y la miró; sus ojos brillaban con perversa diversión.
-Puedes tener todo lo que desees, Isabella..., pero sólo si eres capaz de pedirlo.
-Estás decidido a humillarme por completo, ¿no es cierto? No me permitirás conservar un mínimo de dignidad….
-¿Qué yo te humillo?- Alzó una ceja en una mueca sardónica-. ¿Después de pasar dos años siendo el objeto de tus desdenes y menosprecios cada vez que te pedía que bailaras conmigo…?
-Está bien, de acuerdo - respondió con tristeza justo cuando comenzaba a temblar de la cabeza a los pies-. Lo admito... Te deseo. Ya está. ¿Satisfecho? Te deseo a ti.
-¿De qué forma? ¿Como amante o como marido? - Isabella lo miró estupefacta.
- ¿Cómo dices?
La rodeó con los brazos y apretó su temblorosa figura contra él.
No pronunció palabra alguna, se limitó a observarla con intensidad, mientras ella intentaba desentrañadas implicaciones de esa simple pregunta.
-Pero tú no eres de los que se casan... -consiguió decir con un hilo de voz.
Edward le acarició una oreja, trazando la delicada curva exterior, con la yema de un dedo.
-He descubierto que sí lo soy en lo que a ti se refiere.
La sutil caricia incendió su sangre e inutilizó su capacidad para pensar.
-Lo más probable es que nos matemos el uno al otro antes de acabar el primer mes.
-Es lo más probable, sí -concedió Edward, cuya boca sonriente rozaba la sien de ella. La calidez de sus labios envió una oleada de vertiginoso placer por todo el cuerpo de Isabella-. Pero cásate conmigo de todas formas, Bella. Tal y como yo lo veo, podría solucionar la mayoría de tus problemas... y también unos cuantos de los míos. -Su enorme mano se deslizó con suavidad por su columna, calmando sus temblores-. Deja que te consienta-susurró-. Deja que te cuide. Nunca has tenido nadie en quien apoyarte, ¿no es verdad? Mis hombros son fuertes. -Una risa profunda reverberó en su pecho-. Y es muy posible que el único hombre de entre tus conocidos con suficiente dinero para pagar tus caprichos.
Ella estaba demasiado atónita como para responder a la burla
-Pero ¿por qué? -preguntó, y la mano de él subió hasta su nuca desprotegida. Ella jadeó al sentir que sus dedos se clavaban con suavidad en la ligera depresión de la base del cráneo-. ¿Por qué ofrecerme matrimonio cuando podrías tenerme como amante?
Con delicadeza, Edward frotó la nariz contra la garganta de Isabella.
-Porque, durante los últimos días, me he dado cuenta de que no puedo soportar que alguien dude siquiera a quién perteneces. Sobre todo tú.
Isabella cerró los ojos y dejó que la euforia inundara sus sen tidos cuando la boca de él comenzó a ascender con lentitud hasta sus labios resecos, que lo aguardaban entreabiertos. Las manos y brazos de Edward reclamaron el deseoso cuerpo de Isabella, atrayén dola hacia la seguridad de su cuerpo. Si en su manera de abrazarla había rastros de dominación, también los había de reverencia; sus dedos descubrían los rincones más sensibles de la piel que queda ba al descubierto y los acariciaban con toques ligeros como los de una pluma. Isabella permitió que le separara los labios y gimió ante el suave roce de su tentativa lengua. Devoró su boca con besos tiernos que calmaron el ansia que ella sentía, pero, que al mismo tiempo, la hicieron tomar conciencia de todos aquellos vacíos que anhelaba llenar con desesperación. Cuando Edward sintió el urgente temblor que recorrió su cuerpo, la calmó con una larga caricia de su boca mientras sus brazos la sostenían con firmeza. Acunó su acalo rada mejilla con una mano al tiempo que acariciaba el satén rosado de sus labios con el pulgar.
-Respóndeme -musitó.
La calidez de su mano hizo que una miríada de escalofríos le re corriera la piel y apretó aún más la mejilla contra su palma.
-Sí -contestó sin aliento.
Un brillo triunfal iluminó los verdes ojos de Edward. Al instante, inclinó la cabeza de Isabella y volvió a besarla, profundizando las cari cias de su lengua poco a poco. Sus palmas le apretaban con gentileza ambos lados de la cabeza y fueron modificando el ángulo entre ellos hasta que sus bocas encajaron a la perfección. El ritmo de la respiración de Isabella se tornó caprichoso, hasta que sintió que la cabeza, le daba vueltas por la súbita inhalación de demasiado oxí geno. Alzó las manos para aferrarse a su cuerpo duro y hundió los dedos en el elegante tejido de su chaqueta. Sin romper el beso, Edward la ayudó a apoyarse contra él, instándola a que le rodeara el cuello con una mano. Cuando estuvo seguro de que Isabella no perdería el equilibrio, movió su propia mano hacia la encorsetada cintura y la atrajo con una ligera presión hacia su cuerpo. La besó con eficiente apremio, hasta que el potente influjo de su boca la redujo a un estado de delirio sensual.
Por fin, él apartó la boca y la acalló cuando ella gimió como protesta, diciéndole con un murmullo que tenían compañía. Con los ojos entrecerrados y totalmente desconcertada, Isabella miró más allá del círculo de sus brazos. Estaban justo delante de un grupo de testigos que difícilmente podrían pasar por alto a una pareja que se abrazaba en mitad del sendero, junto al muro de piedra. Rosalie, Alice, su madre, lady Jane y su apuesto prometido americano y, por último, ni más ni menos que lord Whitlock.
-Ay, Señor... -acertó a decir Isabella con desmayo antes de esconder el rostro en el hombro de Edward, como si al cerrar los ojos pudiera hacerlos desaparecer a todos.
Un escalofrío recorrió su oreja cuando Edward se inclinó y, con voz cargada de regocijo, murmuró:
-Jaque mate.
Rosalie fue la primera en hablar.
- ¿Qué rayos está pasando, Isabella?
Acobardada, se obligó a enfrentar la mirada de su amiga. -No pude continuar -dijo con timidez-. Lo siento... Era un buen plan y vosotras cumplisteis con vuestra parte a la perfección...
-Y habría tenido éxito si tú no hubieras estado besando al hombre equivocado -exclamó Rosalie-. ¿Qué ha pasado, por to dos los santos? ¿Por qué no estás en el huerto de los perales con lord Black ?
Desde luego, ése no era el tipo de discusión que a uno le gustaría mantener frente a toda una multitud. Isabella vaciló un ins tante antes de levantar la vista hacia Edward, que la miraba con una, sonrisa socarrona y que parecía fascinado ante la idea de escuchar cualquier explicación que consiguiera articular.
Durante el prolongado silencio, lord Whitlock consiguió unir todas las piezas del rompecabezas, tras lo cual miró alternativa mente a Isabella y a Rosalie con evidente desaprobación.
-De modo que ésa fue la razón de que insistiera en dar un pa seo. ¡Ustedes dos lo arreglaron todo para atrapar a Jacob!
-Yo también formaba parte del plan -confesó Alice, decidi da a compartir la culpa.
Jasper hizo oídos sordos al comentario y permaneció con la vista clavada en el rostro de Rosalie, que no mostraba señal alguna de arrepentimiento.
-Santo Dios, ¿es que no respeta absolutamente nada?
-Si hay algo que merezca mi respeto -replicó Rosalie con ele gancia-, aún no lo he descubierto.
De haberse encontrado en circunstancias menos mortificantes, Isabella se habría deshecho en carcajadas ante la expresión del conde.
Tras fruncir el entrecejo, Rosalie devolvió su atención a Isabella.
-Puede que no sea demasiado tarde para salvar la situación-dijo-. Haremos que todos se comprometan a no decir una pala bra sobre esta escena tuya con el señor Masen. Y sin testigos, nada de esto habrá sucedido.
Lord Jasper respondió, ceñudo, al comentario.
-Por más que deteste estar de acuerdo con la señorita Cullen- dijo, con aspecto amenazador-, debo sumarme a su propuesta. Lo mejor para todos los implicados es olvidar este incidente. Na die ha visto a la señorita Swan y al señor Masen, y, por tanto, nadie se ha visto comprometido, lo que significa que esta desafortunada situación no tendrá repercusión alguna.
-La verdad es que sí se ha visto comprometida -dijo Edward repentina e inexorablemente decidido-. Por mi persona. Y no quiero evitar esa repercusión, Jasper. Yo... .
-Sí, claro que quieres -le aseguró el conde de modo autoritario-. Que me aspen si dejo que arruines tu vida por esta criatura, Edward.
-¡¿Cómo que arruinar su vida?! -exclamó Alice con indig nación-, ¡El señor Masen no podría elegir mejor esposa que Isabella! Cómo se atreve a insinuar que ella no es lo bastante buena para él, cuando es obvio que es él quien..,
-No -la interrumpió Isabella con ansiedad-, por favor, Alice...
-Les ruego que nos disculpen- murmuró el joven americano, prometido de Lady Jane con unos modales impecables, aunque no consiguió reprimir una sonrisa. Enlazó el brazo de lady Jane con el suyo y realizó una graciosa reverencia sin dirigirse a nadie en particular-. Creo que tanto mi prometida como yo mismo nos dispensáremos de los procedimientos, ya que estamos... cómo diría... de sobra, Creo que puedo hablar en nombre de ambos cuando les aseguro que seremos tan sordos, mudos y ciegos como los tres monos sabios. -Sus ojos azules brillaron con buen humor-. Dejaremos que el resto de ustedes decida lo que ha sido visto y oído esta noche... o lo que no se ha visto ni oído. Vamos, querida.- Se alejó con lady Jane del brazo y la escoltó de vuelta a la mansión.
El conde se giró hacia la madre de las Cullen, una mujer alta y de rostro alargado como el de un zorro. La mujer había logrado que su expresión reflejara el grado justo de indignación, pero había contenido su lengua con el deseo de no perderse detalle. Tal y como Alice explicaría más tarde, la señora Cullen nunca sufría un telele en mitad de una escena, sino que prefería reservarlo para los intermedios.
-Señora Cullen -comenzó Whitlock-, ¿puedo contar, con que guarde silencio acerca de este asunto?
Si el conde, o cualquier otro hombre que poseyera un título, le hubiera pedido por simple diversión a la señora Esme Cullen que se tirara de cabeza en el primer parterre de flores que encontrara, lo ha bría hecho sin siquiera sobresaltarse.
-Por supuesto, milord; yo nunca, jamás, propagaría un rumor tan desagradable. Mis hijas son tan inocentes y siempre han es tado tan protegidas... Me apena comprobar lo que la amistad con esta... esta jovencita sin escrúpulos les ha llevado a hacer. Estoy segura de que un caballero con su capacidad de discernimiento puede ver que mis dos angelitos son totalmente inocentes, que se han dejado arrastrar por esa joven maquiavélica a la que llamaban amiga.
Tras dirigirles una mirada escéptica a los dos «angelitos», Jasper replicó con frialdad.
-Por supuesto.
Edward, que había rodeado la cintura de Isabella con un brazo posesivo, escrutó a los presentes con serenidad.
-Hagan lo que les plazca. La señorita Swan se va a ver com prometida esta noche, de una forma o de otra.- Y, tomándola por la muñeca, la obligó a seguirlo por el camino-. Vamos.
- ¿Adónde vamos? -preguntó Isabella, que se rebelaba contra la mano que la sujetaba.
-A la casa. Si ellos no están dispuestos a actuar como testigos, tendré que seducirte delante de otras personas.
-¡Espera! - chilló Isabella-. Ya he aceptado casarme con tigo! ¿Por qué tienes que comprometerme de nuevo?
Edward hizo caso omiso de las protestas de Jasper y de las Cullen cuando dejó oír su sucinta réplica.
-Para mayor seguridad.
Isabella clavó los talones y se negó a avanzar cuando Edward tiró de su brazo.
-¡No necesitas más seguridad! ¿Es que crees que vaya rom per la promesa que te he hecho?
-En una palabra, sí. -Con calma, Edward comenzó a arrastrar la de nuevo por el sendero-. Bien, y ahora ¿adónde vamos? Creo que a la entrada. Estará llena de testigos que contemplarán cómo te devoro. O tal vez a la sala de juegos...
-Edward -protestó Isabella mientras se veía arrastrada sin mucha ceremonia tras sus pasos-. Edward, por favor...
Escuchar su nombre de los labios de Bella hizo que Edward se detuviera de inmediato y que la mirara con una media sonrisa du dosa.
-¿Sí, cariño?
-Por el amor de Dios -musitó Jasper-, dejemos esta es cena para la noche del teatro de aficionados, si no te importa. Mal dita sea, Edward, si estás tan decidido a conseguirla, sin duda puedes ahorrarnos más exhibiciones. Actuaré encantado como testigo, de aquí hasta Londres, de que has comprometido el buen nombre de tu prometida si con eso consigo algo de paz. Pero no me pidas que esté junto a ti en el altar, porque no tengo deseo alguno de conver tirme en un hipócrita.
-No, sólo en un estúpido -fue el murmullo de Alice,
Aunque pronunció las palabras en voz muy baja, al parecer Jasper consiguió oírlas, ya que su oscura cabeza se giró y res pondió a la deliberada expresión inocente de Alice con una mue ca amenazadora.
-En cuanto a usted...
-Por lo que veo, todos estamos de acuerdo -interrumpió Edward, evitando así lo que, sin duda, hubiera derivado en una discusión interminable. Acto seguido, miró a Isabella con una expresión pura satisfacción masculina-. Te has visto comprometida. Ahora vayamos a buscar a tu madre.
El conde sacudió la cabeza, exhibiendo un gélido agravio que tan sólo podría mostrar un aristócrata cuyos deseos acababan de ser negados.
-Nunca he conocido a un hombre tan ansioso por confesarse ante los padres de una muchacha a la que acaba de arruinar- dijo con amargura.
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Hola! Me extrañaron? Hahhha fue rapido cierto? Ya es que en el cap pasado no pasaba nada interesante hahaha…. Ahora díganme, que ya desde hace rato estaban adivinando que iba a pasar *_* ahora si ya no mas tomatazos para Bella :D hehehehehe.
Oh me he atrasado contestando los review u.u tratare de contestarles en cuanto pueda… así la duda que vi más importante aclarar fue cuantos capis faltaban… y pues podría variar d capis e incluso 7cap depende de cuánto lo alargue hehehehe.
Muchas gracias x leer, las alertas, los favoritos, los review… gracias a todos! *O*
Un abrazo enoooormee! Nos leemos pronto! ¿Quieren sorpresa como esta de nuevo? Desde ya que los capis que siguen llegara lo que muchas esperan esos momentos Edward y Bella calientitos xD
¿Review?
