Capitulo 3 – Nuevos alumnos
El joven peli-azul solo pudo observar con algo de gracia como esa pequeña tenía tanta fuerza para arrastrar así a su amiga. Aunque de cierto modo, no podía negar que sentía algo de depresión por como aquella joven se había marchado y aun así no había alcanzado a preguntar su nombre.
-Es linda…- Susurro, casi que en un tono que solo él pudiera escuchar.
-Interesante…- Se escucho decir una voz femenina.
-¿Qué se supone que es interesante Utau?- Preguntaba el joven con tono de fastidio. Utau, era la hermana menor de aquel joven, rubia de cabello largo el cual siempre mantenía en dos coletas altas, ella poseía unos ojos violáceos capas de intimidar a cualquiera, pero eso sus momentos podía desprender un dulce mirada inocente; Utau era un joven de 16 años, mientras que Ikuto se encontraba en los 17 años.
-Que nunca has actuado, interesado en alguna chica…- Dijo analizando aquella extraña situación.
-¿Y?- Preguntaba indiferente.
-¿Qué puedes tener a la chica que tú quieras?- giro su cabeza un poco a la derecha, mientras que pronunciaba esa palabras y fue que pudo ubicar aquel grupo de mujeres asechando a su apuesto hermano, basto con una mirada fulminante de la rubia para que todas aquellas fans de su hermano desapareciera. –Pero te has interesado en esa chica.-
El joven solo veía con burla, como su hermana se encargaba de correr a todas aquellas chicas que los seguía a uno cuantos pasos.
-No es tu asunto Utau…- Decía el peli-azul mientras emprendía su camino hacia el edificio que tenía en frente, seguida de su hermana. Ciertamente él no le diría nada a su hermana sobre lo que había sentido hace algunos instantes, pero si tenía un fuerte interés por aquella peli-rosa
-"¿Porque siento esto vacio, solo por alejarme de él?"- Pensaba la peli-rosa con cierta tristeza. Era primera vez que este sentimiento nacía en su interior y no estaba clara de cómo debía reaccionar a ello.
-Rima…-
-¿Si?- Respondía la nombrada.
-Crees que… ¿Pueda caminar por mi cuenta?- preguntaba la peli-rosa aun siendo arrastrada por aquella pequeña rapunzel.
-No se… ¿Puedes? Hace unos instantes la saliva comenzaba a salir de tu boca.- Decía con cierta burla y mirada picara, causando un rubor intenso en la joven ambarina.
-No…. No se… de… que me hablas.- Decía avergonzada joven, mientras conseguía desatarse de aquel agarre.
-¡Amu! ¡Rima!- Saludaba efusivamente con una mano alzada, un joven castaño de mirada esmeralda y quien portaba uno de los uniformes de Seiyo en un tono amarillo; se acercaba con impaciencia hacia las nombradas. -¡Buenos Días!
-Buenos Dias, Kukai.- Respondían ambas al unisonó.
Una peli-rosa se había alegrado de sobremanera la llegada de su amigo, porque de esa manera la péquela rubia no seguiría con sus bromas. Ellos dos eran unos de sus dos mejores amigos de la infancia, ella era capaz de confiar ciegamente en ese par sin importar lo que fuera.
-Chicas ya se enteraron de las nuevas noticias…- Decía con cierto ánimo el castaño.
-¿De qué hablas?- Pregunto la pequeña rubia, mientras que Amu solo esperaba que el oji-esmeralda continuará.
-Pues… Por lo que escuche, tendremos nuevos estudiante; uno será de primer años de secundaria junto con ustedes y el otro será de tercero de secundara junto conmigo.-
Justo cuando el castaño había terminado de hablar, había sonado la campana de entrada; señal de que ahora los tres ya se les hacia tarde para su primera clase.
-¡AHH!-Gritaron los tres al mismo tiempo. – ¡Se nos hizo tarde!
-¡Por tu culpa Kukai!- Acusaba la pequeña rubia mientras que ambas jóvenes se separaban del castaño.
-¡No me eches la culpa a mi Pulga!- Respondió el castaño con un sonrisa victoriosa.
Rima se había detenido, solo para darle caza a su amigo; pero una mano la detuvo y se encargo de arrastrarla en dirección a su salón, al mismo tiempo que la pequeña luchaba para soltarse.
-Llegamos a tiempo…- Decía la peli-rosa mientras que caía en su puesto exhausta. –Y si no te sujeto, seguro llegamos tarde.-
-No me regañes…- Decía la pequeña rapunzel, mientras se seguía quejado sobre el apodo que le había puesto aquel castaño.
-Chicos tomen asiento, ya comenzaremos las clases; pero antes un anuncio…- Decía Nikaidou-Sensei, quien era nuestro profesor guía.
La peli-rosa no le había dado mucha importancia a lo que estaban a punto de anunciar; ella sabía que simplemente se trataría del nuevo alumno. No tardo mucho en fijar su mirada hacia la venta, pudo observar el suave vaivén de las flores de cerezo que danzaban con el suave ritmo que llevaba la brisa; era sin ninguna duda hermoso y relajante para ella, cerro sus ojos por un instante y pudo ver la clara imagen de unos ojos color zafiro, los cuales la miraba con cierta intensidad.
-"¿Qué hago pensado en ese tipo?"- Se reprendía mentalmente.
Amu no se había percatado de aquella acción que acaba de ejecutar, ya que se encontraba lidiando con ella misma mentalmente; la peli-rosa se había parado justo en medio de la charla que Nikaidou se encontraba dando.
-Oh… Excelente, parece que la Señorita Hinamori se ha ofrecido para darle su recorrido por las instalaciones, Señorita Tsukiyomi.- Decía Nikaidou, al mismo tiempo en que aquellas palabras regresaban a la realidad a nuestra ambarina.
-¡¿Cómo?!-Respondía anonada la peli-rosa.
-¿Tiene algo que decir, Señorita Hinamori?- Un aura oscura era desprendida de Nikaidou-Sensei mientras que fulminaba a la susodicha con la mirada.
-Que… Que yo… le daré... el recorrido…Sensei.- Decía a la vez que forzaba su rostro para mostrar una sonrisa, el era un profesor de naturaleza tranquila y relajada; pero bastaba con contradecirlo en algo serio, para que mostrara un aura de esa magnitud.
Amu ya resignada se acomodo nuevamente en su asiento, esperando con más ansias que las clases terminaran.
-Puedo tomar asiento junto a Hinamori, Señorita Tsukiyomi…- anunciaba el Sensei para darle inicio a las enseñanzas del día.
La oji violáceos, solo se había dedicado afirmar con la cabeza, mientras que se encaminaba en dirección de aquella ambarina desanimada.
-Hola, mi nombre es Utau Tsukiyomi… Espero llevarnos bien.- La joven rubia se había parado justo al lado de Amu.
Amu solo alcanzo a sonreír, ya que Nikaidou-Sensei no dio chance a que continuaran las presentaciones.
-Bueno chicos, hoy la clases será al aire libre…- Anunciaba Nikaidou. – Así que tomen sus cosas y síganme.
Poco a poco todos fueron siguiendo a Nikaidou en dirección al área especial para todos los entrenamientos mágicos, cada alumnos se había cambiando en los vestidores que estaba cerca de aquella área; todos los que iban terminándose de cambiar se sentaban en el suelo en espera de la clases.
-Bueno ahora que están todos, comencemos con…- Nikaidou-Sensei se dedico a observar una lista que tenía en mano y por una elección al azar. –Rima Mashiro, serás la primera.
Rima sin oponerse se había acomodando en el centro de la pista esperando las indicación que daría el Sensei.
-Muy bien Rima…- Decía con una clara sonrisa dibujada en su rostro, antes de cambiarla por una expresión de malicia. – Defiéndete. – dijo justo después de presionar el botón de un pequeño control negro que sujetaba en una de sus manos.
De la nada aparecieron tres discos que giraban a gran velocidad en dirección a la pequeña rubia, esta sin inmutarse, movió delicadamente sus manos, causando que unas plantas brotaran de la tierra y detuvieran los discos sin problemas.
-¿Eso es todo?- Pregunto la pequeña joven con aires de superioridad.
Causando una sonrisa burlona en su superior, sin ninguno haberse percatado él ya había presionado otro de esos enigmáticos botones; sin nadie saber que ocurriría ahora. La sorpresa fue inminente en cuanto cuatro lanzallamas salieron de diferente dirección, al momento de disparar Rima se había apresurado a evadirlos y cada uno de los disco que aun tenia sujetos los lanzo en dirección de las armas evitando el fuego, faltando uno cruzo sus manos para crear más plantas que cambiaran la dirección del arma, justo en el momento que se encontraba sin funcionamiento para así apuntarle a Nikaidou.
-Muy bien Mashiro-San ya entendí.- Se apresuraba a responder aquel adulto con algo de nerviosismo, causado por la acción de la joven.
La pequeña Rapunzel sonreí victoriosamente, mientras que volvía a su asiente junto a sus compañeras.
El Sensei solo podía soltar un suspiro de resignación; se dedico a revisar la lista para ver cual estudiante sería el siguiente. A medida que Nikaidou iba nombrando a los alumnos estos iban pasando y fue entonces cuando llego el turno de la nueva integrante.
-Señorito Tsukiyomi, podría pasar.- Decía el Sensei con cortesía, pero sin dejar de lado la autoridad.
-¡Sí!- Respondía la joven con la mano alzada, al mismo tiempo en que se colocaba de pie.
Aquella oji- violeta se había ubicado en el centro y todas las miradas se habían centrado en ella, nadie sabía aun que poder tenia aquella joven; por ser una de los nuevos estudiantes era un hecho de que todavía no poseía su uniforme reglamentario.
De la nada volvieron a salir unos lanzallamas pero esta vez el número se redujo a dos; Utau produjo un movimiento con ambos brazos creando un escudo de agua alrededor de ella, hubo en un momento que los lanzallamas desistieron y enseguida la rubia había deshecho el escudo de agua para así lanzar unas ráfagas de agua, las cuales cortaron los lanzallamas.
-Muy bien hecho señorita Tsukiyomi.- Elogiaba el hombre.
La peli-rubia solo se dedico a sonreír mientras que se acerba para tomar su antiguo puesto.
-Eso estuvo increíbles… Tsukiyomi-San.- Le elogiaba una ambarina sorprendida, aunque todo ese rato viéndola una duda se plantaba en ella; más bien algo así como una especie de teoría.
-"Tiene un cierto parecido…"- Analizaba en su mente la peli-rosa, pero estaba clara en que no se atrevería a preguntar.
-¿Qué te ocurre Amu?- preguntaba con duda la pequeña rubia. – Te ves como pensativa…
La peli-rosa decidió que ese no era el mejor lugar para sus especulaciones, ya que ella no suele ser muy discreta a la hora de perderse en su pensamientos.
-No es nada Rima.- Respondía con unas intensas ganas de poder engañar a su amiga.
-Hinamori… Nos Horarias con tu participación.- Decía Nikaidou interrumpiendo aquella conversación entre las jóvenes.
La nombrada solo se levanto sin quejarse, ya que había sido descubierta en su pequeña conversación.
Amu se había puesto en la misma posición que todos los anteriores habían tomado, esperando por la señal de Nikaidou para inicial el entrenamiento. Al momento en que aquel hombre presión los botones del control del mismo piso comenzaron a salir diferentes estacas de madera, las cuales Amu trataba de esquivar sin salir herida.
-¡¿Pero qué significa esto Nikaidou?!- reclamaba la joven mientras iba esquivando.
-Vamos sigue…- Respondía el nombrado con cierta burla.
Amu cansada de esquivar aquellas estacas; reunió cierta energía en sus pies y de la nada una corriente de aire la impulso en un instante hacia el cielo. Todo el mundo la miraba con asombro y no solo los alumnos de la práctica, la peli-rosa se había impulsado tanto que había parado justo a la altura del 2er piso del edificio de los de tercero.
Y justo un joven peli-azul que se encontraba absorto dirigiendo su mirada por la venta alcanzo a verla.
-"¡Es ella!"- Pensó el joven admirando como aquella peli-rosa se encontraba aquella altura.
La joven logro divisar unos discos que se aproximaba a ella, sin pensarlo dos veces dio un giro rápido convirtiendo las ráfagas de aire en poderosas cuchillas para lograr cortar los discos.
La peli-rosa sonreía satisfecha mientras que iba descendiendo poco a poco, aquel joven quien la miraba tan atentamente estaba maravillado por la acción que ella había realizado.
Aquella joven no pudo evitar en sentir otra mirada sobre ella aparte de las que ya se encontraba cerca, busco con su mirada de quien se trataba y fue entonces cuando los vio; unos ojos color zafiro que habían estado en su mente; al momento de cerrar sus ojos.
