Capitulo 4- La rosa del viento
La peli-rosa se encontraba en una especie de trance debido aquellos intensos zafiros, quería con todas sus fuerzas alejar su mirada pero algo se lo impedía.
"-¿Porque tienes que aparecer ahora?-"Pensaba la joven, aunque ella misma no podía explicar el sentimiento que sentía en ese instante.
Una leve curva se hacía presente en los labios del joven, dejando mostrar una pequeña sonrisa; dedicada a su única espectadora. Amu no supo claramente cómo reaccionar, y su única acción era desviar la mirada hacia su grupo de clases; al mismo tiempo un delicado rubor se iba apoderando de sus blancas mejillas.
-Que linda… Se sonrojo.- susurraba el joven; mientras su sonrisa se hacía más grande, aunque seguía siendo discreta.
-¿Qué dijiste, Ikuto?- Preguntaba con curiosidad.
-Nada Kukai…- Respondía mientras que negaba suavemente con su cabeza.
Ambos jóvenes se encontraba en su clase de defensa, es cierto que cada elemento era diferente pero no por eso, solo funcione de manera ofensiva. Existían diversos tipos de magia defensiva, como también magia de sanación y de creación.
Ikuto no se encontraba muy atento a la clase; no solo por el hecho de ya conocerla muy bien sino que sus pensamientos no salían del entorno a cierta peli-rosa, que hace poco acababa de ver nuevamente.
Sin darse cuenta del tiempo, las clases habían terminado, un deseo anhelado por la gran población estudiantil. Ambos jóvenes se encontraba caminando tranquilamente por los pasillos del instituto con dirección a la entra principal de este, su conversación no llevaba nada de intereses uno que otro tema trivial.
-Te he notado muy pensativo hoy Ikuto…
-No es nada.- Respondía sin interés el aludido. Kukai podía haber sido el único de su salón en atreverse hablarle, aparte de los distintos intentos de las chicas por querer estar con Ikuto; pero esto siempre las conseguía ahuyentar.
-¿Tener a casi todas las chicas rendidas antes ti, no es nada?- Preguntaba confundido el castaño, vio como cada chica se acercaba a su amigo o lo miraban a lo lejos, pero el siempre indiferente y frio con cada una.
-Todas ellas son iguales Kukai, solo les importa el físico…- Respondía el joven aclarado la duda del oji-esmeralda. – No es nada nuevos para mi, toda esta muestra de atención.
Ikuto había concluido aquella conversación con cierto tono de cansancio, por tantas veces que siempre se repetía lo mismo. Había llegado justo a la entrada, se podía observar con cada estudiante se encaminaba a sus respectivos hogares, aunque la repentina acción del peli-azul sorprendió al castaño.
-Eh… ¿Pero qué haces Ikuto?- Preguntaba con duda, por el hecho de que si amigo se había detenido en pleno portón si previo aviso.
-Tengo que esperar a mi hermana Kukai.- Decía el joven restándole importación. –Si tienes prisa, te puedes adelantar.
El castaño solo negó con la cabeza, no le importaba esperar; no cavia duda que el chico le agradaba aunque no se explicaba del porque… pero tampoco es que le diera mucha importancia a ello.
Entre las pocas estudiantes que quedaba se podían ver como salían del edificio principal un trió de jovencitas muy animada; venia tanta absortas del mundo con su conversación que no se percataron de aquellos jóvenes que esperaban por una de ellas.
-Hasta que llegas Utau.- Una voz varonil consiguió interrumpir la conversación de las jóvenes.
-Eh…- Respondió la aludida, recordando a su hermano. –Ah… eres tu Ikuto, no te había visto. – volvía hablar la joven con un toque de nerviosismo. El joven peli-azul no le había dado importancia a las acompañaste de su querida hermana, si no hasta el momento en que hablo su castaño amigo.
-Amu, Rima… que sorpresa…- Decía el joven acercándose a las nombradas.
El peli-azul con solo escuchar "Amu", dirigió su mirada sin vacilar hacia donde se encontraba una muy sorprendida peli-rosa. Por lo visto el joven no había sido el único quien miraba con cierto interés.
La voz del castaño había sido de mucha ayuda para sacar a la ambarina de aquella sorpresa por haberse topado nuevamente con aquel joven tan misterioso. –Hola de nuevo, Kukai.- Saludaba la joven, con cierta alegría aunque nerviosismo predominaba sobre ella.
Rima no había hecho comentario alguno, solamente prefería observa aquella situación tranquilamente.
-Ikuto, quiero presentarte a mis nuevas amigas…- Anuncia Utau con clara alegría. –Ella es Rima Mashiro- apuntaba a la rubia bajita mientras la había nombrado-
-Ikuto Tsukiyomi, un gusto Rima.- Se presentaba el joven mientras que extendían su mano, en modo de saludo.
-Un placer.- Respondía secamente la joven.
Ambos hermanos se había quedado un poco extrañados con la actitud de la joven, aunque su reacción era sin duda diferente.
"-Una menos que me seguirá…" Pensaba el joven para sí mismo, aunque su hermana pensaba de manera diferente.
"-Bien hecho Rima-Tan"- Vitoreaba la rubia mentalmente, una joven que fuera capaz de tratar a su hermano así era hecho de admirarse.
-Ella suele ser así cuando conoce gente nueva…- Decía la ambarina, al ver como ambos habían reaccionado. Solo dedico una sonrisa a los hermanos para así tranquilizarlos.
-Si hubieran visto como me trataba a mi…- Decía el castaño, recordando aquellos tiempo cuando apenas se estaba conociendo ellos dos. –No me podía acercar a Amu, ella siempre la alejaba porque no le caía bien al principio.
Rima solo pudo sonrojarse un poco y desviar la mirada, recordaba aquellos momentos perfectamente; desconfiaba tanto de Kukai por apenas conocerlo y porque una que otra vez le había dado la sensación de que podría llevarse a su amiga.
-Y ella mi hermanito, es Amu Hinamori- Señalaba la rubia a la recién nombrada.
Cuando escucho como su nueva amiga la presentaba su cuerpo había sido invadido por el nerviosismo.
-Un placer Amu… Tsukiyomi Ikuto.- Se presentaba igual que la vez anterior, extendiendo su mano en modo de saludo, la ambarina tomo su mano con algo de torpeza; cosa que había sido un gesto tierno para el oji-zafiro. Sin esperar las reacciones de los presentes, el joven beso la mano de la peli-rosa con gesto de caballerosidad; ganándose un notorio sonrojo de parte de la joven.
-¡Ikuto!- había ahogado un pequeño grito con su nombre, cierta rubia de coletas, mientras que los demás espectadores no salían de su asombro.
-Oye… Pero… ¿Qué hace?- Trataba de articular un muy sonrojada peli-rosa.
-Una simple manera de saludarte, princesa...- Esa última palabra la había dicho tan bajo con el fin de que solo ella pudiera escucharlo.
Su cometido con aquella palabra había sido logrado, la ambarina estaba más roja que hace unos instantes.
-Oye Amu…- La llamaba cierta pequeña. - ¿no es el mismo chico de temprano?
La joven si capacidad de articular una palabra, solo se propuso a mover su cabeza de forma afirmativa.
-Creo que ya se ha hecho algo tarde…- Decía el castaños observado la hora en su móvil.
-Si tienes razón…- opinaba la pequeña Rapunzel. –Sera mejor que me vaya yendo.
-Te acompaño…- Anunciaba el joven antes de que ella se marchara.
Con ese repentino cambio de tema, había bastado para que la joven peli-rosa recobrara la compostura que perdió, gracia aquella acción tan inesperada del oji-zafiros.
-Adiós Kukai… - Se despedía con un gesto de su mano la ambarina. – Adiós Rima
-Adiós chiscos. – Se despedían ambos al unisonó.
-Bueno… Creo que es hora de que yo también me vaya.- Anunciaba la peli-rosa al par de hermanos, los cuales acaba de conocer.
-¿Tan pronto Amu?- Preguntaba la joven con un claro puchero en su rostro.
-Si Utau, tengo que hacer unas cosas…- Culminaba con algo de misterio la joven ambarina, sin conseguir su cometido la nombra desistió de su intento por pasar más tiempo con su nueva amiga.
Podía observa como cierta peli-rosa se iba alejando mas y mas de aquel lugar donde la rubia se encontraba.
-Bueno es hora de ir….- No había sido capaz de culminar su frase, ya que al momento de observar a su alrededor pudo percibir que alguien faltaba. -¿Ikuto?
La joven se encontraba totalmente sola en ese lugar, no se había fijado en el instante en que su hermano había desaparecido por completo.
-¡IKUTO!- Un grito resonó en aquel amplio lugar.
Justo en un parque no muy lejano del instituto; se pudo escuchar un estornudo muy inesperado, que provenía de una rama de un muy frondoso árbol, perfecto para descansar un momento.
-¿Sera, que me enfermare?- Se preguntaba el joven.
Sin darle mucha importancia, se dispuso a relajarse con la tranquilidad que reinaba en aquel lugar; el joven no fue capaz de percatarse de aquella compañera que acababa de llegar al parque.
Amu tampoco había sido capaz de darse cuenta, que justo en ese momento ella no era la única allí.
El viento soplaba con delicadeza, los arboles parecían ser tocados por suaves caricias; claramente invisibles a simple vista… Pero seamos francos; no hace falta el "El ver para creer", con sentir esas suaves caricias que le regalaba el viento, bastaba para acelerar aquel puro corazón.
Suavemente comenzaba a mover con el ritmo de la brisa, se dejaba guiar suavemente; las flores de los cerezos caían como una suave lluvia, la ambarina había sido capaz de despejar su mente por completo y dejar su cuerpo a merced del viento.
Ciertamente las personas que podían controlar la magia del viento eran los más tranquilos, aunque ciertamente podían ser cambiantes con respecto a sus emociones; pero algo si era seguro eran los más puros de corazón.
Una dulce melodía causo que esa dulce joven, regresara a la realidad. Al buscar con su mirada de donde provenía aquella suave canción de violín; no pudo evitar llevarse una gran sorpresa.
-Ikuto…-
Aquel joven no menciono palabra alguna… Seguía tocado con toda tranquilidad, la joven rápidamente se dejo llevar por aquella suave melodía que era tocada con cariño pero no pudo evitar sentir algo de tristeza en esas notas.
El tiempo sin lugar a dudas se había ido volando, para cuando ellos había terminado; Ikuto había disfrutado ese momento como ningún otro.
Flashback…
La tarde era perfecta para descansar, había conseguido escaparme de Utau; sabía que después no la tendría fácil pero valía pena un rato sin sus gritos o sus constantes especulaciones. Es cierto, que tenemos una misión sumamente importante; encontrar a los otros 4 Guardianes Restantes… pero será difícil.
Cada pensamiento iba y venía, pero una sola imagen basto para que su mente quedara en total tranquilidad.
–Amu…- Susurro el joven.
Esa mirada dorada que no podía sacar de su cabeza, sus suaves sonrojos y su dulce sonrisa; todos esos recuerdos prevalecían en su subconsciente.
Poco a poco, fui abriendo mis ojos y no puede evitar esa sorpresa que llego a mí al ver esa suave cabellera rosa; -"Solo podía ser una solo persona…"- pensé.
Seguí ocultándome entre las ramas de aquel árbol, quería obsérvala un poco más.
Mi admiración y mi sorpresa era notorias al ver mi rostro, ver esa danza que ella hacia junto con la brisa y aquellos pétalos era simplemente, hermoso.
-Es… perfecta.- Dije, sin apartar mí vista de ella.
Una idea paso en seguida por mi mente y no dude ni un segundo, en hacerla realidad. Saque mi más preciado tesoro, ese violín que he tenido desde que mi padre me lo regalo… Baje de aquel árbol y observe unos minutos como Amu seguía danzando; mientras se elevaba en el aire.
Una suave melodía empecé a tocar para así llamar la atención, de aquella ambarina tan preciada para mí; aunque desconocía todavía la razón de porque me llamaban tanto la atención.
-Ikuto…- Puede escuchar pronunciar con su cantarina voz.
Fin Flashback…
-Tocas muy hermoso, Ikuto…- Pronuncian la peli-rosa, observado como el joven acaba de guardar su violín.
-Viniendo de usted My Lady, es el mejor cumplido.- una reverencia fue seguida de aquellas tiernas palabras, causando así un leve sonrojo en la ambarina.
-¿Qué haces aquí?- Pregunto desviando su mirada.
-Pues, estaba descansado y luego fui testigo de una danza…- Pauso. – Mágica. –Finalizo con una tierna sonrisa.
La peli-rosa no había decidido en que le daba más vergüenza, si como Ikuto se comportaba con ella o el simple hecho de que había presenciado todo lo que ella había hecho.
-Eres el primero… Quien ha visto esta parte de mí…- decía sin pensar en su palabras, -"¿pero qué hago? ¡Para ya Amu!"- Se reprendía mentalmente. –Ni a Rima, ni Kukai; han llegado a ver esto…- Se sonrojaba con cada palabra.
Aquel peli-azul sorprendido por aquella confesión, no salía de su asombro aunque se rostro no lo demostrara.
-Me alegro, al tener este Honor.- Respondía el joven, mientras que tomaba con delicadeza la mano de su acompañante y depositar un tierno beso en ella.
Amu no sabía que decir por aquella acción, un rojo carmesí reinaba en sus mejillas.
-¿Te acompañare a tu casa, si gustas My Lady?- Pregunto el joven, regresando a su postura normal.
La repuesta de la ambarina no fue más que un suave movimiento de su cabeza, en forma de afirmación.
