5

Cuando Juvia abrió los ojos no pudo ver más que oscuridad. Se quedó uno segundos tumbada boca arriba con la mirada perdida en aquella inmensidad negra que la envolvía antes de girarse costosamente en la cama para poder ver la hora que marcaba el despertador digital. Aún le quedaban algunas horas para levantarse y empezar a prepararse para ir a la oficina, pero no podía dormir más.

Aún recordaba el sonriente rostro de Karoku cuando hablaba de sus sueños. Pero, a pesar de sus ambiciones, no era él el que estaba más cerca de conseguir su sueño. Nayu comenzó a destacar rápidamente en el club de teatro, y Bard se presentó a las primeras entrevistas para pequeños trabajos en revistas de poca estima. Pero ellos eran los que más encaminados iban. Juvia se había presentado a concursos, pero no pasaba del tercer puesto en las listas, y Karoku, bueno, Karoku aún era joven como para que la policía le dejara meter las manos en sus casos.

Después de dar varias vueltas en la cama, y de darse cuenta de que no sería capaz de volver a dormirse, Juvia se incorporó en la cama. Aquel movimiento fue captado por el ser cibernético que estaba a cargo del apartamento, por lo que no tardó en hacerse visible en medio del cuarto, iluminado por una leve luz azulada.

-¿Qué decoración te apetece hoy? –preguntó el pequeño robot flotante.

-Lo dejo a tu elección –respondió Juvia desganada.

Rápidamente la habitación se vio débilmente iluminada por una lamparita de mesa que descansaba sobre una pequeña mesa en una de las esquinas del apartamento. Al lado de la mesa apareció un cómodo y mullido sillón, al que Juvia se dirigió, tomando en el camino uno de los tomos de manga que había en una de las numerosas estanterías que poblaban la habitación.
La joven se sentó dejando escapar un suspiro entre sus labios, y acto seguido abrió el tomo y comenzó a ojearlo. Aquel en concreto ya lo había leído varias veces, pero nunca se cansaba de él, era uno de sus preferidos, con el que empezó a dibujar, y el que la animó a ser mangaka. Pero ya hacía años que no dibujaba, desde que aquello pasó. Hubo algunas ocasiones, en las que la terapia funcionaba y se sentía de humor, en las que se animaba y pedía a la gente que cuidaba de ella en el centro especializado, pero nunca llegaba a recibir nada, ni un solo lápiz u hoja en la que poder hacer un rápido garabato. Aquello fue lo que mató sus sueños. Cuando fue capaz de salir por aceptar la oferta de Gino ya era tarde, para ella y para su sueño, y nunca más volvería a dibujar.

Las horas hasta que sonó el despertador pasaron rápidamente. En cuanto el molesto aparato comenzó a sonar, el ser metálico volvió a aparecer, e iluminó por completo la habitación, dejando a la vista las numerosas estanterías plagadas de mangas, las paredes forradas de posters, y las vitrinas con figuras de diversas series. Aquello, al contrario de lo que pudiera parecer, no le dolía. Le recordaban tiempos mejores en los que había tenido un futuro, y algo por lo que luchar cada día. Tiempos en los que ingenuamente había creído que era una más del motón, que no llegaría a destacar, que tendría un trabajo normal, una vida normal, que acabaría casada con un hombre normal que la quisiera, y del que ella estuviera profundamente enamorada. Pero nada de aquello había sucedido, ni sucedería jamás.

Tras pasar una rápida mirada por aquella decoración, llena de recuerdos de momentos mejores, se dirigió, como de costumbre, al baño a arreglarse mientras el ser robótico le preparaba el desayuno. Aquel día su pequeño compañero no le preguntó acerca del desayuno. Cuando Juvia llegó a la sala principal, ya duchada y a medio vestir, se encontró con un gran bol de cereales sobre la mesa. Seguramente aquel motorizado ser se había dado cuenta de la falta de aquel alimento en concreto en su organismo y había optado por dejárselo caer indirectamente.
La joven se sentó delante del bol, y se lo tragó sin rechistar. Después de su desayuno, se quedó un rato viendo el canal de noticias, y se enteró que, de nuevo, habían robado en una tienda de electrónica, pero apenas se habían llevado un par de aparatos, y no de los más costosos. Aquel asunto cada vez la escamaba más, pero ya lo hablaría con sus compañeros una vez llegase a la oficina.

-¡La oficina! –exclamó cuando se dio cuenta de la hora que era.

Juvia dio un salto de la silla, y se dirigió rápidamente a la cómoda para coger el pequeño aparato que servía para cambiarse de ropa. Con un par de toques en la pantalla estuvo perfectamente vestida con su habitual traje. Se miró en el espejo, y salió corriendo hacia el garaje para coger la moto e ir a su lugar de trabajo.

En un cuarto de hora hubo llegado al garaje de la oficina de Seguridad. Dejó la moto aparcada en el primer sitio que encontró, con todo el cuidado del que fue capaz, y se encaminó rápidamente al interior del edificio. Cuando llegó a su sala, todo el mundo estaba ya ocupando sus puestos, pero nadie dijo nada. Los únicos que apartaron la mirada de la pantalla de sus ordenadores cuando la joven entró en el cuarto fueron Akane y Shuusei. Los demás estaban lo suficientemente concentrados en el estudio de sus casos que no repararon en la presencia de la joven.
Después de varios minutos de silencio, roto únicamente por el tecleo en los ordenadores, Ginoza se levantó de su puesto y se encaminó a la puerta sin siquiera dirigir una palabra a ninguno de los presentes, ni siquiera unas de saludo a su subordinada recién llegada, como era de costumbre en aquel hombre siempre que estaba preocupado por algún caso. Yayoi y Masaoka se pusieron de pie y siguieron los pasos del inspector, preparados para comenzar su día de duro trabajo.

Cuando el grupo de Akane se hubo quedado solo en la sala, la joven inspectora se alejó un poco de su pantalla mientras dirigía una mirada a sus compañeros.

-¿Habéis visto las noticas? –comenzó la chica-. Han vuelto a robar en una tienda de informática.

-Lo he visto –dijo sin más Juvia, mientras seguía tecleando en el ordenador.

-Deberíamos hacer algo. Ya son muchos los robos que se han cometido –añadió Shuusei.

-Pero, ¿qué podemos hacer? –prosiguió Kougami-. No tenemos ni idea de dónde se producirá el siguiente golpe. Ni siquiera sabemos qué relación tienen los objetos que están robando.

-¿Tenéis algún registro de todo lo robado? –preguntó Shuusei.

-Sí –dijo Akane mientras tecleaba en su ordenador y hacía aparecer en las pantallas de los de sus compañeros las listas de los objetos substraídos-. Aquí están todos.

Los tres ejecutores comenzaron a observar con detenimiento la lista que su superior les había facilitado.

-Es como si quisieran construir su propio ordenador –dijo Shuusei tras un leve rato de silencio-. Pero ahora es más sencillo y barato comprar uno que hacerse con las piezas y hacerlo uno mismo.

Kougami se giró levemente en su silla hasta poder a alcanzar a su compañero con la mirada. Shuusei al sentirse observado, se giró también, hasta encontrarse con los ojos de su compañero, que le miraba con una ceja levantada.

-Bueno –añadió el joven-, no más barato ya que están robando todos los componentes, pero sí más sencillo. ¿Quién en su sano juicio montaría un ordenador hoy en día?

-No vamos a por los que están en su sano juicio, más bien todo lo contrario –repuso Kougami con una sonrisa de medio lado.

Shuusei cambió la cara ante el comentario de su compañero. Frunció levemente el ceño, dirigiendo su gesto especialmente a Kougami antes de volver la mirada a su ordenador.

-Pero el comentario de Kagari puede ayudarnos –siguió Akane-. ¿Creéis que pueden estar construyendo algún tipo de ordenador?

-Podría ser –repuso el aludido-. Actualmente todos estos aparatos están muy controlados. Si alguien quiere tener un poco de libertad para poder hacer algún tipo de estafa y no ser descubierto por su psycho es la opción más adecuada.

Juvia se apartó levemente la mirada de su pantalla, dirigiéndola a sus compañeros, que seguían hablando sobre las posibilidades de que estuvieran utilizando aquellos materiales para la idea que había propuesto Shuusei. Cuando se trataba de tecnología, el chico estaba enterado, y siempre podía ser de ayuda.

Después de minutos de discutir sobre aquella posibilidad, una aguda e irritante melodía comenzó a sonar en la sala, haciendo que todos sus ocupantes se giraran molestos hacia la fuente de aquella ruidosa distracción. El origen era el ordenador de Shuusei, que mostraba en su pantalla un gran banner publicitario, brillante, parpadeante y acompañado de aquella molesta y martilleante melodía. Shuusei dejó escapar un gemido de molestia, y se acercó al ordenador para librar a todos de aquel martirio, pero antes de que pudiera presionar un botón en el teclado, Akane dio un grito de advertencia. Shuusei se detuvo, con las yemas de los dedos acariciando las teclas del ordenador, y Kougami y Juvia se giraron rápidamente hacia su superior.

-Ese banner tiene algo extraño –comenzó la joven.

-¿Algo extraño? –repuso Shuusei-. No es más que un banner a pantalla completa con una horrible canción que merece ser eliminado. Como vuelva a aparecer, le fundo el ordenador al creador con un virus –añadió, visiblemente molesto.

-Mira ahí –continuó Akane, haciendo caso omiso de las palabras del joven ejecutor.

La chica se acercó al ordenador, y señaló la esquina inferior derecha con un dedo estirado, casi tocando la pantalla. Los tres ejecutores que acompañaban a la joven inspectora se inclinaron sobre la pantalla, estando a punto de juntar sus narices sobre el punto que Akane señalaba. Entonces pudieron ver una diminuta marca de agua, prácticamente transparente, con la forma de un sencillo logotipo de forma redonda con varias varas, parecidas a unas rejas, en su interior.
Los tres ejecutores se miraron entre ellos antes de volver la mirada a Akane. La joven, al verse atravesada por sus silenciosas preguntas, se apresuró en contestar, separándose de la pantalla y de sus compañeros.

-Una vez leí en un foro que es una de las maneras que tienen los administradores de dar a conocer sus páginas por internet –repuso la joven mientras se revolvía el pelo de la nuca.

-¿Qué? ¿Solo eso? –preguntó Shuusei-. Me creía que sería algo más importante.

-Bueno, no perdemos nada por probar –aventuró Kougami mientras desplazaba el ratón por la pantalla hasta llegar a la marca de agua.

-¡No, espera! ¡Ese es mi ordenador! Cómo le entre un virus, Gino me mata –se quejó Shuusei.

Pero Kougami ignoró las palabras del muchacho, y pinchó en el logotipo bajo la atenta mirada de sus compañeras.
Segundos después, aquel molesto banner hubo desaparecido por completo, dando lugar a una modesta página en tonos oscuros, encabezada por el mismo logotipo que había en la marca de agua. Aquella página parecía ser un foro no frecuentado por demasiada gente, a juzgar por el número de visitas que aparecía en el contador. Tenía numerosos foros bloqueados, solo accesibles para los registrados en la página.
Después de subir y bajar varias veces por la pantalla, y no descubrir nada que les llamara la atención, Akane soltó un largo suspiro.

-Supongo que no era nada –dijo la joven.

Shuusei, al ver su ordenador invadido por Kougami, se había alejado un poco del grupo, para ir a ocupar la silla de su compañero y recostarse sobre ella, pasando de la visita de sus compañeros por el foro.
Pero Juvia y Kougami aún seguían con los ojos pegados a la pantalla, observando lo único que podían de la página, los nombres de los temas abiertos. Pero aquellos nombres estaban compuestos únicamente por números, unos cuantos números separados por guiones, que no parecían tener sentido alguno. Akane se separó un poco de los dos chicos que aún seguían observando el foro cuando Juvia comenzó a murmurar de manera casi inaudible.

-El nombre del último foro podría ser la fecha de ayer. Al menos los números se corresponden –repuso después de murmurar durante unos segundos, alzando la voz.

Kougami miró la pantalla, corroborando la idea de Juvia, y luego se desplazó por lo demás temas, buscando el sentido a aquellos nombres siguiendo por la línea que Juvia había propuesto.

-Estos podrían ser más fechas. Y hay una que se corresponde a antes de ayer, otra a hace cuatro días… -comenzó a enumerar-. ¿Hay algo que tengan en común esos días?

-¿Los robos de las tiendas de informática? –respondió Shuusei, casi sin pensar, mientras cacharreaba distraído con su PSP.

Kougami y Juvia se miraron antes de girarse hacia Akane. La inspectora parecía haber recobrado el interés en la página, porque se acercó rápidamente a la pantalla, para comprobar los nombres de los temas.

-¿Creéis que puede tener alguna relación? –preguntó la joven.

-Demasiada coincidencia, ¿no, inspectora? –continuó Kougami.

-¿Deberíamos registrarnos? –insistió Akane.

Juvia se alejó de sus compañeros, y se dirigió a Shuusei, que aún seguía sentado trasteando con su consola. La chica se apoyó con cuidado en la espalda de la silla mientras miraba a sus compañeros trabajar.

-Vamos a pedírselo a la analista. Su ordenador será más difícil de rastrear –opinó Kougami.

Rápidamente Akane contactó con la rubia explosiva que se encargaba del laboratorio. Le explicó a Shion rápidamente la situación en la que se encontraban, y la mujer les creó la cuenta desde su ordenador. Pero al llegar al último paso se encontraron con que necesitaban ser aceptados por uno de los administradores del foro. Shion se despidió de los chicos, dejándoles la espera a ellos.

-Está más protegida de lo que parece –repuso Akane mientras se acercaba a su silla y se sentaba en ella, a esperar la respuesta del administrador.

Apenas tuvieron que esperar media hora a la respuesta del administrador. Durante aquel rato, Kougami permaneció todo el rato pegado a la pantalla del ordenador de Shuusei, Akane medio tumbada en su silla con la mirada clavada en el techo, y Shuusei jugando a la PSP mientras que Juvia le miraba por encima del hombro, sentada un poco por detrás de él.
En cuanto el correo llegó, Kougami avisó a sus compañeros, que no tardaron en agruparse a su alrededor. El chico inició sesión en el foro, y entró en el que tenía la fecha más reciente.
Como bien habían deducido, los foros estaban estrechamente ligados a los robos llevados a cabo durante aquellos últimos días en las tiendas de electrónica. En ellos, una considerable cantidad de gente se reunía para hablar sobre el golpe que realizarían todos ellos y, entre todos esos comentarios, se permitían de vez en cuando algún comentario acerca de su descontento con la sociedad automatizada actual. La gente que se reunía en aquel foro era gente en contra de la tecnología y del sistema Sybil. Todos ellos se reunían en un lugar en concreto un día en concreto para realizar su golpe y expresar su descontento contra la sociedad.

Después de estar varios minutos cotilleando aquel último tema, volvieron al foro principal y se encontraron con uno nuevo que acababa de ser abierto, con apenas un par de comentarios en él. Kougami clicó en él sin dudar y todos sus compañeros se acercaron a la pantalla para poder leer con claridad el primer comentario de aquel nuevo tema, con la fecha de aquel mismo día como nombre.

Looking for Revenge:

El golpe del día de hoy se realizará en la fábrica que hay a las afueras de la ciudad "IagoStuff" a media noche. El lugar de recogida será el mismo de siempre, y a la misma hora.

Después de aquella breve explicación venía una escueta nota sobre los artículos a robar aquella vez.
Tras aquel comentario comenzaron a aparecer algunos comentarios de los seguidores de la página, apoyando al tal Revenge, y confirmando su presencia en el golpe de aquella noche.
Los cuatro miembros de la oficina de Seguridad observaron cada uno de los comentarios que iban apareciendo poco a poco debajo del comentario del que parecía ser el cabecilla de todo aquello. Cuando ya todos los comentarios se fueron haciendo iguales entre sí, sin nada que aportase nada nuevo, Juvia se alejó del grupo y se encaminó hacia la puerta de salida de la oficina.

-¿Juvia? –comenzó Akane tras verla marcharse-. ¿A dónde vas?

Tras la pregunta de su superior, Juvia se detuvo bajo el umbral de la puerta.

-¿A dónde voy a ir? Voy a ver si descubro algo.

-¿Piensas ir allí, ahora?

-¿Hay algún problema? –preguntó la joven peliazul desafiante mientras se giraba hacia su superior.

-No puedes ir justo después de haber creado el usuario. Si la policía se presenta después de eso, sospecharán rápidamente y no tendremos oportunidad de hacer ningún movimiento.

-¿Y pretendes que me quede parada mientras roban en otro establecimiento?

Los chicos se mantuvieron al margen mientras las chicas discutían. Aquello era algo que Akane, como inspectora y superior de todos ellos, debía arreglar por su cuenta.

-Ya sabemos que nunca hay víctimas. No pasará nada porque vuelvan a robar una vez más si eso nos da la oportunidad de pillarlos en el próximo golpe.

Juvia se dio la vuelta, dando la espalda a sus compañeros, pero no llegó a salir de la sala.

-Juvia, como des un paso más, te meterás en un problema por no obedecer a tu superior, y no solo conmigo, sino también con el inspector Ginoza.

La joven permaneció inmóvil. Pensó en los problemas que le causaría Gino, pero no serían muy severos. Ya nada le importaba. Lo único que la había hecho detenerse y no salir de la oficina fue pensar en los problemas que podría acarrearle a Akane y los demás su conducta.

-Algo habrá que podamos hacer, ¿no? –dijo Shuusei, después de haber estado casi toda la mañana sin decir casi nada-. No podemos quedarnos parados sabiendo lo que sabemos.

-Podríamos pedir a Shion que nos dejara conectarnos a las cámaras del polígono. Puede que así descubramos algo –propuso Kougami mirando a Akane.

-Pero no es hasta las doce de la noche –repuso Shuusei con lentitud-. ¿Tenemos que esperar hasta entonces aquí encerrados?

-Podemos dividirnos. No hace falta que estemos los cuatro vigilando las cámaras por la noche –comenzó Akane, pensativa-. Dos de nosotros podrían irse ahora a descansar y volver por la noche…

-Yo me quedo por la noche –repuso Juvia, un poco cortante.

Los tres restantes que aún quedaban en el interior del cuarto se miraron entre ellos antes de volver la mirada a su joven compañera, extrañados por su actitud.

-Yo también me quedaré después –se ofreció Shuusei.

Akane volvió la mirada a Kagari mientras que Kougami se quedaba concentrado en Juvia.

-Está bien. Lo mejor será que vayáis a descansar un rato hasta esta noche. Kougami y yo nos encargaremos de dejarlo preparado todo para esta noche.

Juvia, tras escuchar aquellas palabras, se dio la vuelta y salió del cuarto, seguido de cerca por Shuusei, que se levantó a toda prisa de su silla para salir corriendo detrás de su compañera.

-Hoy no te has levantado con buen pie, ¿verdad Juvia?

El joven siguió interrogando a la chica durante todo el trayecto desde la oficina, hasta el aparcamiento, pasando por las taquillas. Cuando finalmente Juvia alcanzó su moto, se subió a ella, ignorando las preguntas que su pesado compañero no dejaba de hacerle.

-Vamos Juvia, ¿qué te ha pasado para que estés tan borde hoy?

-Que te den Shu –repuso la joven mientras se colocaba el casco.

-Yo también te quiero Juvia –añadió el chico mientras observaba a su compañera, con un tono ligeramente irónico.

Juvia se llevó un par de dedos la frente y se despidió de su compañero con un único gesto antes de poner en marcha la moto y salir disparada hacia su apartamento.