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Ginoza, ya cansado de esperar por la llegada de los expedientes que le había encargado a Juvia, fue a pedirle a alguno de los ejecutores que se acercara a ver si la joven necesitaba ayuda para localizar todos los documentos. El más apropiado para ello habría sido Shuusei, pensó, pero el muchacho había salido corriendo minutos después de la salida de Juvia, alegando que necesitaba un cuarto de baño, y aún no había vuelto. Akane estaba trabajando con él, y Yayoi y Masaoka estaban también metidos de lleno en el estudio del caso. El único que no estaba haciendo nada relacionado con el caso de las desapariciones era Kougami.

El inspector dejó caer que la joven peliazul estaba tardando en la tarea encomendada mientras miraba a Kougami de reojo. El chico captó la indirecta, porque se levantó de su puesto, ofreciéndose a ir a buscarla.

Y así fue cómo Kougami llegó a la sala de los archivos, encontrándosela completamente a oscuras, por lo que encendió las luces antes de aventurarse al interior de la sala, y descubrir a los dos jóvenes escondidos entre las estanterías.
Les observó a una distancia prudencial durante un par de segundos, y acto seguido se dio la vuelta y salió de la sala sin hacer el menor ruido.

Los chicos siguieron bebiendo uno del otro durante varios minutos más, tomando breves pausas para recuperar el aliento. Cuando se detuvieron, no por falta de ganas, sino por falta de aliento, Juvia fue capaz finalmente de abrir los ojos y de confirmar sus sospechas al encontrarse con los castaños y brillantes ojos de Shuusei, que se habían posado sobre los suyos y la miraban con un deseo enfermizo.
Ambos se quedaron en absoluto silencio, y sin moverse durante el rato en que se estuvieron mirando. Shuusei estaba apoyado con ambas manos en los cajones de la estantería, con Juvia acorralada entre ellas, y levemente inclinado sobre ella, con su frente rozando el flequillo de la chica. Finalmente Shuusei dejó escapar una sonrisa de medio lado mientras respiraba entrecortadamente, que fue perfectamente correspondida por Juvia, quien dejó escapar una suave carcajada. La joven se mordió el labio inferior mientras se acercaba de nuevo a él, pasándole una mano por el cuello, y tirando de él hacia ella. Se aupó un poco para alcanzar de nuevo sus labios y darle un último y ardiente beso. Acto seguido se giró de nuevo a los archivos y comenzó a buscar en los cajones los expedientes que Ginoza le había pedido mientras que Shuusei a su espalda se la comía con los ojos.
El muchacho, después de haber estado observando durante un rato el cuerpo de Juvia, se asomó por encima del hombro de la joven y miró cómo rebuscaba entre los expedientes del cajón. Juvia alzó la nota pulcramente escrita por el inspector y se la puso a su compañero delante de la nariz.

-Ayúdame con esto. Ya me he retrasado mucho, y no quiero tardar más.

El chico dejó escapar un suspiro mientras tomaba la nota y comenzaba a buscar en las estanterías cercanas.

Cuando Kougami llegó a la oficina, Ginoza le miró con gesto interrogador.

-No la he visto –se apresuró en contestar el ejecutor, pero ante la mirada de su superior, continuó-. Aquello es como un laberinto, es normal que no nos hayamos encontrado.

Kougami volvió a su asiento intentando ocultar la sonrisa que se asomaba por la comisura de sus labios.

Juvia no tardó en volver a la oficina, sola, y cargando con varios sobres gruesos que escupían papeles por los bordes. Los dejó sobre la mesa de Ginoza con un gran estruendo mientras soltaba un suspiro.

-Madre mía Gino, es la última vez que bajo –repuso la joven.

Tras decir aquello, se alejó de la mesa en la que trabajaban los dos inspectores y se dejó caer sobre su silla, apoyando espalda y cabeza en el respaldo.
Shuusei llegó varios minutos después con un par de cafés, que colocó sobre la mesa de sus superiores, tras lo cual se alejó en dirección a su mesa bajo la sorprendida mirada de Ginoza y Akane. En el momento en que se sentó le guiñó un ojo a Juvia antes de esconderse al otro lado de la débil división de plástico que separaba los escritorios de los ejecutores. Juvia soltó un "tsk" molesto mientras se escondía al otro lado de la separación, perdiendo de vista al chico, y sumergiendo la mirada en la pantalla del ordenador.

Pasaron buena parte del día sin que nada sucediera, hasta que Shuusei alzó la voz, sacándoles a todos de sus pensamientos.

-Hay movimiento en el foro –dijo simplemente.

Akane y Kougami abandonaron sus puestos para acercarse a la mesa del chico, y Juvia dejó deslizar su silla hasta quedarse al lado de su compañero. Los cuatro clavaron las miradas en la pantalla mientras que sus otros tres compañeros en la sala les miraban sin comprender.

El primer comentario de aquel nuevo tema que acababa de aparecer con la fecha de ese mismo día ya estaba publicado.

Looking for Revenge

El golpe del día de hoy se realizará en la tienda de electrónica que adorna la calle principal del barrio de Biffsteem, "Formatic010", a media noche. El lugar de recogida será el mismo de siempre, y a la misma hora.

Aquel comentario establecía el nuevo punto que sería atacado aquella noche, aquello era lo único que cambiaba con respecto al texto anterior, lo demás era todo igual.
A los pocos segundos comenzaron a aparecer los acostumbrados comentarios de apoyo a Revenge, momento en que los cuatro integrantes del grupo se apartaron de la pantalla para cruzar las miradas y reflexionar sobre el tema.

-Voy a comentar –dijo Juvia apartando la mirada y posando sus dedos sobre el teclado.

-¡Espera! ¿Y qué pretendes poner? –preguntó Akane mientras la detenía, colocando su mano sobre el hombro de su compañera.

-Que será nuestra primera reunión, pero que lo haremos lo mejor que podamos. Es lo que pondría cualquier persona que entrara nueva en todo esto –repuso la chica sin siquiera mirar a su superior.

Akane intercambió una mirada con Kougami, mientras intentaba encontrar una manera de hacer entrar a Juvia en razón.

-No puedes ir sola… Puede que sea peligroso…

-Yo iré con ella –repuso Shuusei con la mirada perdida en la pantalla y observando lo que Juvia ya estaba escribiendo en el foro-. Además, ya has visto que no es peligroso.

Juvia terminó de escribir y mandó el comentario a la página, que no tardó en aparecer por debajo de aquellos comentarios de los fieles seguidores de Revenge.

-Ya nos prohibiste ir al primero, pero ahora ya hemos visto cómo funciona todo. No pasará nada –aseguró Juvia mientras se giraba de nuevo hacia Akane.

Ginoza se levantó de su asiento y se acercó a Akane mientras miraba a Juvia y Shuusei con cara de pocos amigos.

-Inspectora Tsunemori, no puedes dejar que se opongan a tus decisiones –repuso sin apartar la mirada de los dos jóvenes-. Si se os ocurre desobedecer a vuestro superior, sufriréis las consecuencias –añadió sin inmutarse.

-No, Ginoza. Es cierto que es lo que tenemos que hacer ahora para poder avanzar en el caso –repuso la joven inspectora.

Juvia se puso de pie enérgicamente, empujando la silla hacia atrás y haciéndola chocar con la mesa de Shuusei.

-En ese caso me voy ya hacia el lugar establecido. Quiero vigilar la zona, por si acaso…

La chica se dirigió rápidamente a la salida, y abandonó la oficina sin esperar respuesta alguna por parte de sus compañeros. Todos se quedaron mirando el lugar por el que la joven había desaparecido en silencio, hasta que Shuusei se levantó de la silla, y colocó su mano sobre el hombro de Akane.

-Yo la vigilaré. No dejaré que haga ninguna locura –repuso con seriedad, mirando a la chica a los ojos.

-No deberías preocuparte solo por ella, Kagari –dijo Kougami, adelantándose a las palabras de Akane-. Tú también deberías andarte con ojo. Hay algo en todo este asunto que no me termina de convencer…

-Vamos Kou, no pasará nada, ya lo comprobaste ayer. Es sencillo, entrar, coger el material y salir corriendo.

-Bueno, aún así, ándate con ojo, y vigila a Juvia.

Shuusei se llevó un par de dedos a la frente y se despidió de sus dos compañeros mientras se alejaba a la puerta del cuarto, dejando a Akane y Kougami parados en mitad de la sala con gesto de preocupación.

Cuando Shuusei salió al garaje vio a Juvia ya montada en la moto, con el motor ronroneando, deseando coger velocidad.

-Vamos, ¿a qué esperas? –repuso la joven, molesta.

Shuusei miró a ambos lados, y tras cerciorarse de que estaban solos en todo el garaje, se señaló con un dedo al pecho.

-Claro que es a ti, ¿a quién sino? –continuó la chica, que estaba empezando a perder la paciencia.

Shuusei se apresuró en acercarse a la moto y sentarse detrás de ella.

-¿Y el casco…? –dijo el joven mientras miraba a Juvia desprovista de su habitual protección cuando montaba en la pequeña indomable que era su moto.

-Paso, solo tengo uno, y no tardaremos en llegar. Agárrate fuerte –le instó la chica.

Shuusei posó sus manos a ambos lados de la cadera de la joven, pero al ver la velocidad que alcanzaron en cuestión de segundos, reconsideró su posición, y decidió entrelazar los brazos por delante del cuerpo de la chica, gesto que provocó en Juvia una pícara sonrisa.

Llegaron al barrio acordado en cuestión de minutos. Juvia se introdujo por uno de los numerosos callejones que atravesaban la calle principal para dejar la moto aparcada a una distancia prudencial de la tienda en la que se produciría el robo.
Apenas había comenzado a anochecer, por lo que aún les quedarían algunas horas de espera. Comenzaron a callejear por las calles paralelas a la principal, intentando localizar la tienda que había sido establecida como objetivo por Revenge.
Cuando por fin la localizaron, se agazaparon en la oscuridad de la calle, observando la tienda ya cerrada al otro lado de la ancha calzada. Juvia no perdió de vista por un solo segundo los alrededores de la tienda mientras que Shuusei se encargaba de vigilar la retaguardia.
Fue cuando quedaba una hora escasa para que el robo comenzase cuando una persona se acercó a los dos chicos por la espalda. El hombre se acercó con tranquilidad a ellos mientras Shuusei le miraba con cara de pocos amigos.

-Novatos, ¿verdad? –repuso el hombre amistosamente.

Shuusei se tensó al escuchar aquellas palabras, mientras que Juvia desviaba la mirada de la tienda para ir a clavarla en el recién llegado.

-¿Y vosotros sois…? –continuó el hombre ante el silencio de los chicos.

-Nezumi –respondió Juvia rápidamente, dando el nombre que habían utilizado para registrarse en el foro.

-¿Los dos?

-Vamos juntos –repuso la chica de manera cortante.

-Vale, vale, tranquila. ¿Estás nerviosa? No te preocupes. Enseguida terminaremos. Será muy rápido, ya lo verás.

-Estoy bien –dijo Juvia secamente-. Pero hay una cosa que me gustaría saber. Cuando entremos, cogemos lo de la lista, y luego, ¿a dónde lo llevamos?

Shuusei se mantuvo en silencio, dejando que fuese Juvia la que hablara, mientras que miraba al hombre y lo mantenía alejado de su compañera, quedándose él entre los dos.

-Vosotros simplemente seguidme. Yo ya tengo experiencia en esto. Estoy aquí casi desde el principio –repuso orgulloso.

-Solo quiero saber qué es lo que hacen con ello.

-Una furgoneta recoge todo el material, para luego destruirlo. Es nuestra manera de quejarnos de esta sociedad, completamente automatizada… -se detuvo durante unos segundos-. Me quedo con vosotros, para guiaros.

-Gracias, pero estaremos bien –contestó Juvia, tan cortante como siempre.

-Pero… –continuó el hombre.

-Ya la ha oído –intervino Shuusei, avanzando unos pasos hacia el hombre y haciéndole retroceder.

El hombre miró a Juvia por encima del hombro de Shuusei antes de darse la vuelta y desaparecer por dónde había llegado.

-¿Son todos así? –dijo Shuusei mientras se acercaba a su compañera y se arrodillaba a su lado.

-No creo, supongo que este intentaría formar algún grupo para encabezarlo y así obtener la atención de Revenge.

Shuusei miró a su compañera con asombro.

-¿Qué? –repuso la chica, molesta por la profunda mirada de su compañero.

-Nunca me habría dado por pensar algo así. Tú deberías escribir historias, y no estar aquí metida.

Juvia se rió ante aquella idea, y por su mente voló el recuerdo lejano de ser mangaka.

Aquella última hora pasó volando, y enseguida llegó media noche. Las primeras personas se acercaron a la tienda tranquilamente y se metieron por uno de los callejones que la rodeaban. No tardaron en ponerse a toquetear entre los cables que albergaba una caja colocada en el muro lateral de la tienda, y en mandar una señal de aprobación a los compañeros que esperaban escondidos en la calle de enfrente. En cuanto estos últimos recibieron la señal, corrieron a la entrada de la tienda y forzaron la puerta. Pero ninguna alarma se quejó de la intromisión.
Segundos después, Juvia y Shuusei se miraron y, tras un movimiento afirmativo con la cabeza, comenzaron a correr hacia la entrada de la tienda.
En cuanto entraron, se sumergieron en la oscuridad del establecimiento, buscando a las personas que habían entrado antes que ellos. Pero antes de que fueran capaces de encontrar a alguien, un disparo rompió el silencio del lugar. Juvia y Shuusei se sorprendieron ante aquel estruendo, y corrieron en la dirección en la que lo habían oído.
No llegaron a encontrar a la persona que había disparado cuando escucharon otro tiro a sus espaldas, que fue rápidamente seguido por otros provenientes de distintos lugares del establecimiento. Aquello era una emboscada. Había varias personas escondidas entre las sombras de la tienda acompañadas de armas de fuego, que estaban utilizado contra todos los que habían entrado en la tienda. Los guardias de la tienda se habían estado quedando varias noches en el establecimiento, temiendo ser atacados alguna noche, y no se equivocaban. Y por culpa de aquella idea, ahora los ladrones estaban siendo tiroteados desde todas direcciones en la oscuridad, sin saber de dónde venían los disparos, y sin posibilidades de defenderse.

Juvia intentó seguir el sonido de disparos que escuchaba más cercano, pero Shuusei la detuvo, cogiéndola de la muñeca, y obligándola a correr en la dirección contraria. Otro disparo sonó cerca, muy cerca. El joven siguió tirando de su compañera hasta llegar a una zona apartada de la tienda y levemente protegida debido a los grandes muebles metálicos que sostenían algunos de los aparatos más grandes de la tienda. Desde allí el ruido de las balas se escuchaba más apagado, por lo que ambos fueron capaces de escuchar la respiración del otro, siendo las dos agitadas y nerviosas, pero solo una de ellas ligeramente entrecortada.
Las débiles luces de emergencia se encendieron en las esquinas de la tienda, iluminando levemente el lugar. En el lugar en el que Shuusei y Juvia se encontraban apenas llegaba la luz, debido a la distancia con las esquinas de la tienda y a los altos muebles metálicos, pero aún así los dos fueron capaces de enfocar sus ojos.

Juvia parpadeó un par de veces, intentando ajustar sus ojos a la luz mientras escuchaba la respiración entrecortada de Shuusei. Cuando lo consiguió, observó al chico que estaba parado delante de ella, y que la protegía con su cuerpo, manteniéndola pegada al mueble mientras que él miraba en todas direcciones, nervioso. Los ojos de Juvia rápidamente se desplazaron al brazo derecho del chico, al roto de la chaqueta y a la sangre que empezaba a asomar por él.

-¡Joder Shu, estás sangrando!

El chico le llevó la mano izquierda a la boca para mantenerla en silencio, y luego se miró el brazo herido.

-No es más que un rasguño –repuso mientras volvía a desviar la mirada.

-Será mejor que salgamos de aquí.

-Vaya, por una vez piensas con la cabeza.

Pero a la espalda de los chicos se seguían escuchando los disparos, y ambos se encontraban desarmados ya que no querían llamar la atención en la primera quedada del foro.

-Pero a ver cómo salimos de aquí. Estamos rodeados –repuso el chico mientras se asomaba por uno de los lados del mueble.

Juvia le miró con seriedad, y esperó a que el chico volviera a esconderse tras el mueble para hablar.

-¿Confías en mí? –preguntó la joven mientras mantenía la mirada de Shuusei.

El chico se lanzó sobre ella y le dio un beso que le cortó la respiración.

-Tomaré eso como un sí –dijo la chica una vez se hubieron separado.

Juvia tomó la mano izquierda de Shuusei rápidamente y tras tomar aire un par de veces, salió de su escondite tirando de su compañero hacia la salida de la tienda.

No les importaba el robo, ni el lugar de entrega. Ginoza les echaría la bronca por volver sin información, pero era mejor eso que arriesgarse a que alguno de los dos terminara herido de gravedad, al menos eso era lo que pensaba Juvia mientras tiraba de su ya herido compañero.
Pero gracias a las luces todo fue más sencillo, ya que ellos podían ver la salida, y sus actuales compañeros se habían lanzado sobre los guardias para pelear contra ellos con los puños. En unos segundos estuvieron de nuevo en la calle, y corriendo hacia el lugar donde habían dejado aparcada la moto. Juvia se subió primero y, mientras encendía el motor de la bestia, Shuusei tomó asiento detrás de ella, agarrándose con fuerza en torno a su cuerpo.

La joven se dirigió sin apenas pensarlo hacia su apartamento. Dejó la moto en su plaza de garaje y tiró de Shuusei hasta su reducido piso. El ser metálico salió a recibirlos, hizo aparecer la decoración moderna e iluminó débilmente la habitación con un par de lámparas de mesa situadas en esquinas opuestas de la habitación principal antes de desaparecer y dejarles a los dos solos en el cuarto.
Juvia guió a Shuusei hasta la cama y le hizo sentarse sobre ella mientras ella se encaminaba al baño a por el botiquín. Cuando volvió, ya cargada con el pequeño maletín, vio que Shuusei no se había movido de la posición en la que le había dejado, mientras observaba con detenimiento la habitación.

-Vamos, ¿a qué esperas? Quítate la chaqueta.

Shuusei obedeció, quedándose con la camisa y la corbata que llevaba debajo de ella. Juvia le miró alzando una ceja.

-Necesito que te quites eso también para que pueda tratarte la herida –añadió sin moverse de debajo del marco de la puerta del baño.

Esta vez Shuusei pareció dudar, pero finalmente comenzó a desabrocharse la corbata y a quitarse la camisa mientras mantenía la mirada desviada. Cuando el chico se hubo quedado con el torso desnudo, Juvia se acercó a él y se arrodilló a los pies de la cama. Le tomó el brazo con cuidado y observó la herida de cerca.
Por suerte no era una herida grave, solo escandalosa por la cantidad de sangre perdida. La bala había alcanzado el brazo del chico y había atravesado parte de la carne, sin llegar a tocar el hueso. La joven comenzó a limpiar y desinfectar la herida antes de pasar una suave venda por encima de ella. Cuando hubo terminado, detuvo los dedos sobre el vendaje, palpándolo con las yemas de los dedos y notando el palpitar de la sangre al otro lado. Después de unos segundos se levantó con el botiquín cerrado y se encaminó al baño para dejarlo en su sitio.

-¿Te encuentras bien como para ir solo, o prefieres que te acerque en moto? –ofreció Juvia cuando volvió al cuarto.

Pero Shuusei no contestó. Se mantuvo con la cabeza agachada y los brazos apoyados en las rodillas. Poco a poco comenzó a levantarse, aún con la cabeza agachada y, dando un par de pasos, alcanzó a Juvia, la tomó de la muñeca y la lanzó sobre la cama con rudeza. Ella observó cómo Shuusei se acercaba lentamente y se tendía sobre ella, apoyando todo el peso del cuerpo sobre los brazos, colocados a ambos lados del torso de Juvia. Poco a poco se fue acercando a Juvia mientras que ella observaba el deseo y la pasión en sus ojos. Cuando al final se alcanzaron, sus narices rozaron antes de unir sus labios en un interminable beso en el que Shuusei se acercó más al cuerpo de Juvia, subiendo una de sus piernas a la cama y colocando la rodilla entre las piernas de la joven.

Shuusei comenzó a acariciar su cuerpo delicada y temerosamente en zonas en las que Juvia no había sido tocada nunca antes. Rápidamente el cuerpo de Juvia comenzó a responder frente a aquellos estímulos, y poco a poco fue recuperando la movilidad de su cuerpo tras haberla perdido por aquel súbito ataque. Subió ambas manos hasta el pecho de Shuusei y lo acarició con timidez y nerviosismo mientras él pasaba los labios por el contorno de su cuello. Juvia desplazó sus manos a la espalda del joven y le acercó más a ella hasta alcanzar su cuerpo con los labios y comenzar a dejar un reguero de besos por su pecho.

Shuusei se incorporó un poco para quitarle a Juvia la camiseta que llevaba puesta y lanzarla al suelo antes de tumbarse sobre ella y abrazarla con cuidado y ternura. Juvia pasó el brazo derecho por la espalda de Shuusei, abrazándole como hacía años que no abrazaba a nadie, mientras que la mano izquierda se desplazaba cuidadosamente por el brazo herido del muchacho, llegando a las vendas y acariciando el vendaje con la yema de dos dedos, sintiéndose culpable por lo que le había pasado.

-No es culpa tuya, Juvia –susurró el chico a su oído.

-¿Cómo lo has…? –comenzó ella.

-En esta situación eres como un libro abierto. Nunca pensé que llegaría a verte así… -repuso acompañado de una suave risa.

-¿En serio? ¿Y sabes en lo que estoy pensando ahora? –añadió ella con una sonrisa perversa en su rostro.

-Por supuesto. No es muy difícil de averiguar –dijo mientras se acercaba más a su oreja y le mordía el lóbulo.

Juvia se mordió los labios mientras su cuerpo se estimulaba con todas y cada una de las acciones que Shuusei hacía en él y se dejaba llevar, respondiendo perfectamente a cada uno de los gestos que el chico realizó aquella noche que significó tanto para ella como para él.