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La habitación estaba a oscuras, a excepción de la débil luz proveniente de un ordenador acomodado en el rincón del amplio y desamueblado cuarto.
Sentado ante aquel discreto aparato se intuía una sombra que observaba el foro liderado por el tal Revenge que le mostraba la pantalla del ordenador.

El hombre dejó escapar una sonrisa escondida por la gruesa bufanda que le cubría el cuello desde la barbilla hasta los hombros.

El hombre, sentado de espaldas a la pared formada en su mayoría por grandes ventanas, se reclinó un poco en su sillón, alcanzo la cortina que cubría la que tenía justo a su espalda, y observó la atestada calle que se veía varios pisos abajo, con algunos seres metálicos caminando entre todas ellas sin que las ajetreadas personas reparasen apenas en su presencia.

La única puerta del cuarto se abrió, dejando entrar al interior a un hombre cerca de los cuarenta años, que se dirigió la mesa que sostenía el ordenador. Pero la presencia que había estado allí desde el principio ignoró su llegada, manteniendo su mirada en el paisaje que se dibujaba al otro lado del cristal.

-Señor –comenzó el recién llegado-, ya tenemos todo el material.

-Perfecto –dijo la sombra con una voz rasposa mientras ensanchaba su sonrisa.

-¿Pasamos a la segunda parte del plan?

-Por supuesto –repuso con sequedad, cerrando de nuevo la cortina del cuarto.