13
De pronto el sonido volvió a sus oídos. Volvió a escuchar el bullicio de la ciudad a lo lejos, e incluso el leve ronroneo de un aparato electrónico. Justo encima de ella volvió a escuchar aquella demente risa, pero esta vez no la escuchó ni modificada ni dentro de su cabeza. Estaba en el ambiente, allí con ella, en la misma habitación.
Juvia bajó los brazos y miró a su alrededor. El cuarto estaba iluminado únicamente por una pequeña lámpara de mesa y la luz plateada de la luna, que entraba por las numerosas y amplias ventanas que poblaban completamente una de las paredes del cuarto. Juvia pasó la mirada por la zona de las ventanas, descubriendo recortada sobre una de ellas la figura de una persona sentada sobre una silla. La joven ahogó un grito de horror cuando descubrió la identidad de la persona y se apresuró en correr a su lado. Se arrodilló delante de él, mirándolo desde abajo y buscando sus ojos, ocultos entre el pelo que le caía desordenadamente por la cara. Alzó las manos y las llevó hasta las mejillas del muchacho, acariciándolas con las yemas de los pulgares. Juvia se incorporó levemente, aún sobre sus rodillas y levantó la cabeza del chico, dejando que la luz de la luna bañara sus rasgos. Descubrió entonces que la sangre caía desde su cabeza, desde algún lugar oculto por el pelo, pasando por la frente y cubriendo casi por completo uno de los ojos. Juvia le pasó un dedo con cuidado por encima del ojo, quitándole la sangre mientras le susurraba al oído.
-Shu, abre los ojos, por favor…
El chico, al borde de la inconsciencia, hizo un ruido de molestia con la garganta mientras luchaba por abrir los ojos. Juvia pasó la mirada, nerviosa, por el resto del cuerpo de Shuusei, descubriéndolo atado de manos y pies a la silla sobre la que estaba sentado. Tenía la camisa y la corbata más desabrochada que de costumbre, revelando parte de su pecho cubierto de sangre. Bajó las manos hasta él, apartándole la camisa y descubriendo el corte, desde la derecha de la clavícula hasta la mitad del pectoral izquierdo. Al observar la profunda herida, Juvia dejó escapar un quejido, acompañado de un gesto de dolor. Sin querer rozó el corte, y Shuusei abrió los ojos, molesto por el dolor.
-Shu… -susurró ella.
-J-Juvia… ¿q-qué haces aquí…? Tienes que irte… -repuso costosamente, entre resoplidos.
-¿Qué…?
Pero la pregunta de Juvia se vio interrumpida por la trastornada risa que se escuchó a la espalda de la joven. Juvia se giró temerosa, intentando proteger a Shuusei con su cuerpo, hacia la risa y descubrió un ordenador encendido con un número en su pantalla: 226. Un coeficiente criminal. El coeficiente criminal de Juvia.
"¿Cuándo ha subido a los 200?" se preguntó mientras lo observaba con los ojos muy abiertos.
Detrás del ordenador apareció una sombra, que comenzó a caminar hacia ellos sin dejar de reírse, esta vez más suavemente.
-Cuánto tiempo, Juvia –repuso la voz.
Revenge, o Bard, pasó el ordenador, acercándose cada vez más a Juvia, mientras le mostraba a la joven una media sonrisa escondida tras la gruesa bufanda que le cubría desde la barbilla hasta los hombros. El chico caminaba con ambas manos extendidas, como si pretendiera abrazar a su antigua amiga. Juvia se fijó en el gesto y retrocedió unos pasos. Pasó su mirada por las manos y descubrió en una de ellas una navaja, pequeña y afilada que aún goteaba sangre sobre el suelo del cuarto.
-¡¿Qué le has hecho?! –gritó, furiosa, mientras extendía un brazo por delante de Shuusei, en un débil intento por protegerle de él.
-Vamos Juvia, no son más que unos rasguños, no tienes porqué ponerte así. Solo estábamos jugando hasta que llegaras. ¿Te ha parecido entretenido el juego? –pero ella no respondió. Entrecerró los ojos, mirando furiosa a Bard-. ¿Qué? ¿No te ha gustado? Pero no puedes negarme que es una buena idea. Así la gente podrá vengarse sin tener que mancharse las manos –añadió con una sonrisa.
-¿Venganza? ¿Lo has hecho por venganza?
-Alguien tenía que encargarse de ese Dallas por lo que nos hizo, y tú no parecías estar por la labor…
-¡Estaba bajo arresto!
-¡Eso no es suficiente! –gritó, superando la voz de Juvia-. ¡No es justo que siga viviendo después de todo lo que hizo!
-¿Y tú te crees con el derecho de juzgar eso? –Juvia suspiró, intentando controlarse, ya que si perdía la calma, acabaría perdiendo mucho más-. ¿Qué has hecho con Dallas? –añadió, con un tono mucho más relajado.
-Murió –repuso Bard encogiéndose de hombros-. No soportó todos los experimentos.
-¿Experimentos?
-Le utilicé a él para poder desarrollar el juego. Pero no fue capaz de soportarlo, ni física ni mentalmente. Al final acabó muriendo. Bueno –repuso volviéndose a encoger de hombros-, iba a terminar igual de todas formas, así que no importa.
-¿Has hecho esto para matar a todos los delincuentes? –preguntó Juvia, sin terminar de entender sus intenciones.
-No solo a ellos –repuso con una sonrisa-, también a los criminales latentes. Acabaré con todos ellos hasta crear una sociedad perfecta en la que no haya crímenes.
-Estás loco…
-No Juvia, los que están locos son los demás por no haberlo pensado antes.
-Para eso se creó el sistema Sybil, para apartar de la calle a todo el que fuera peligroso, pero sin necesidad de matarlo.
-Y ese fue su error. ¿Crees que es seguro que gente como tú camine por las calles, y encima armada?
Juvia se mantuvo en silencio.
"También considera una amenaza a los ejecutores, y no le culpo…" pensó, agachando la cabeza.
-Los perros de la policía son también criminales latentes. ¿Por qué se les permite vivir como personas normales en la ciudad, cuando ellos también tienen que ser eliminados? –pero no esperó a la respuesta-. Tú también fuiste mi objetivo. Intenté atraparte para meterte en el juego, pero te escapaste, por los pelos, y gracias a aquel viejo… -repuso, bastante molesto-. Todo había salido a la perfección. No viste venir el coche, y saliste volando, perdiendo la consciencia. Me habría sido tan sencillo hacerme contigo… si me hubieran dejado llevarte al hospital, pero no… Aquel hombre prefirió llamar a una ambulancia… -añadió, perdido en sus recuerdos.
-¿Tú…? –comenzó Juvia.
-Cabrón… -cortó Shuusei-. La podías haber matado, ¿es que te daba igual?
-Ya he dicho que mi objetivo es matarlos a todos ellos. Habría sido una lástima que ella hubiese muerto sin haber probado mi juego, pero el resultado habría sido el mismo. Menos mal que luego decidiste venir a visitarnos y ofrecerte para entrar en el juego. Me lo pusiste muy fácil. Y además me diste un motivo por el que obligarte a terminar el juego. Aunque es una lástima que hayas reemplazado a Karoku con él… -dijo Bard, mirando por detrás de Juvia, a Shuusei-. No te costó encontrar a otro con quien irte, y olvidarte de Karoku…
-Te equivocas –le cortó Juvia-. Eso no es así. No hay día que no me acuerde de él y de todo lo que pasó ese día. Pero hay que superarlo y seguir hacia delante. Todos los que presenciamos aquel momento hemos estado luchando por superarlo, pero tú te has quedado atrapado en el recuerdo. Eres el más cobarde de todos.
-¿Cobarde? ¿Por no huir de los recuerdos y luchar contra ellos cada día?
-Por refugiarte en ellos y abandonar tu vida –repuso ella de manera cortante.
Bard se quedó callado, luchando por no tirarse al cuello de Juvia y acabar con ella en aquel mismo momento.
-¿Me estás diciendo que me olvide de Nayu? –añadió después de unos segundos de silencio.
-Te estoy diciendo que asumas lo que pasó, y que sigas adelante. Pero no es necesario que la olvides. Yo no he olvidado a Karoku, y nunca lo haré.
-¡Basta! No sabes de lo que hablas. Él no debía suponer tanto para ti cuando te fuiste con otro –señaló a Shuusei con la navaja-. ¡Acabaré con todos vosotros, para que nadie nunca más tenga que pasar por esta situación!
Bard hizo amago de comenzar a correr hacia Juvia, pero la chica alzó su mano izquierda delante de ella, mostrando el dispositivo que la policía les había entregado el primer día que comenzaron a trabajar como ejecutores. El aparato reconoció a Bard, y mostró su coeficiente mental en una pequeña pantalla holográfica que apareció entre ellos.
278
Juvia mantuvo sus ojos fijos en los de Bard, quien los pasaba nervioso de ella al número.
-¿Q-qué es eso? –preguntó temeroso.
-Tu coeficiente criminal.
-No… Mientes… ¡No es verdad!
Bard corrió hacia Juvia, y Juvia hacia él. Chocaron en mitad de la sala, Juvia cogiendo con fuerza la muñeca en la que llevaba la navaja. Se la retorció, y él la dejó caer con un grito de dolor. Juvia comenzó a golpearle, utilizando brazos y piernas, y él se defendía como podía, lanzando de vez en cuando algunos ataques contra ella.
Shuusei, mientras los dos jóvenes peleaban, forcejeaba con las cuerdas que mantenían prisioneras sus manos, luchando por soltarse. Pero la fuerza había desaparecido de su cuerpo, y en más de una ocasión estuvo a punto de perder la consciencia. Pero no podía permitirse el lujo de caer inconsciente en aquel momento, no mientras Juvia estuviera peleando contra aquel maníaco.
Bard comenzó a esquivar algunos de los golpes de la chica. Cuando veía su puño volar hacia su cara se apartaba rápidamente o se echaba hacia atrás, evitando el puñetazo. Después de fallar varios golpes, Juvia alargó un brazo hacia la bufanda, la cogió y la atrajo hacia ella, alcanzando la cara de Bard y golpeándole con fuerza. Tras el golpe, Juvia liberó al chico, que retrocedió unos pasos con la mano en la nariz, y la bufanda a medio caer del cuello, revelando la cicatriz que le hizo Dallas aquel día.
Shuusei siguió tirando de las cuerdas de sus muñecas, rozando la piel y llegando a levantarla. Utilizó el dolor que le suponía para obligarse a mantenerse despierto, y siguió tirando de ellas, hasta que consiguió aflojar el nudo y tirar las cuerdas al suelo.
Bard consiguió hacerse paso a través de los golpes de Juvia y alcanzó su cuerpo y su cara con un par de golpes, rompiendo la defensa de la joven. En el último momento lazó una patada contra el abdomen de Juvia y la tiró de espaldas al suelo. Se abalanzó sobre ella antes de que pudiera levantarse y se sentó sobre su cuerpo, atrapando sus brazos con las piernas. Le dio un puñetazo en una mejilla, pero antes de que pudiera darle un segundo golpe, Shuusei, que había conseguido soltarse, le apartó de encima de su compañera con una patada en el estómago. Bard salió rodando hacia atrás, lejos de Juvia. Shuusei la ayudó a levantarse y los dos juntos corrieron hacia él, le tomaron de manos y pies y le inmovilizaron.
-Estás detenido –dijo Shuusei-. Será mejor que te portes bien hasta que llegue el equipo especializado.
-¡No! –gritó Bard-. ¡Mátame! ¡Mátame ahora! –pero ni Shu ni Juvia respondieron a sus gritos-. ¡NO! ¡No puedo vivir como un criminal! ¡No puedo hacerle eso a Nayu!
Bard se removió por debajo de los chicos. Consiguió soltar sus piernas y golpeó a Shuusei, lanzándolo lejos de él. Luego rodó sobre sí mismo, para soltarse de Juvia, y corrió hacia una de las muchas ventanas que dominaban el cuarto. Entonces Juvia pudo ver el paisaje al otro lado de la ventana, muchos y altos edificios. Estaban rodeados de rascacielos, y no había ni rastro de los edificios pequeños que lo rodeaban. Ninguno de ellos quedaba a la vista debido a la altura a la que se encontraban.
Juvia se levantó y salió corriendo detrás de Bard en el momento justo en el chico saltaba al exterior del edificio, atravesando el cristal. Shuusei, cuando vio a la chica correr, se levantó como pudo y corrió detrás de ella.
-¡Bard! –gritó Juvia mientras estiraba sus brazos hacia su antiguo amigo.
-¡Juvia! –exclamó Shuusei a su espalda, mientras la tomaba de la muñeca, impidiendo su caída.
Juvia, con Shuusei un poco detrás de ella, vieron a Bard caer por el edificio, perdiéndose entre las numerosas luces de la ciudad antes de alcanzar el asfalto. Las fuerzas le fallaron y se dejó caer de rodillas sobre el suelo del cuarto, con la vista perdida en las calles que se dibujaban por debajo de ellos, a muchos metros de distancia. Shuusei soltó un suspiro mientras se dejaba caer a su lado, apoyándose en su hombro y cerrando los ojos. Notó la respiración de la joven, tranquila, demasiado para lo que acababa de suceder, pero prefirió quedarse en silencio, dejándola sola con sus pensamientos.
Fueron varios minutos después cuando Shuusei decidió romper el silencio.
-Vámonos a casa –susurró aún con los ojos cerrados.
La tomó de la mano y se forzó a ponerse de pie. Una vez arriba tiró de ella, pero Juvia no hizo amago de levantarse. Ella tiró de la unión de sus manos, obligándole a sentarse de nuevo a su lado. Shuusei no pudo poner resistencia, y cayó junto a ella, sobre sus rodillas. Entonces Juvia desvió la mirada de la calle y la dirigió a su compañero. Pasó los ojos por el corte del pecho, y levantó la mano hacia la herida, pero se detuvo a medio camino. Luego alzó la mirada hacia la herida de la cabeza y dirigió sus dedos hacia ella, deteniéndolos en la sien del muchacho y enredándolos entre los pelos que se habían salido de las horquillas.
-Lo siento… -repuso la joven en un susurro.
-¿Otra vez te sientes culpable?
-Debería haber llegado antes…
-Yo no debería haberme dejado atrapar en primer lugar –repuso el joven con una ligera sonrisa y ojos cansados.
Juvia dejó deslizar los dedos que tenía en la sien de Shuusei hasta la frente, y le quitó parte de la sangre que aún tenía en ella. Él alzó la mano rápidamente y atrapó la muñeca de Juvia, tirando de ella y acercándola a él. Unió los labios a los suyos y la besó apasionadamente, ya que por un momento había llegado a creer que Revenge acabaría con él antes de volverla a ver. Tras unos segundos, Shuusei se separó de ella y apoyó la cabeza sobre su hombro.
-Sabía que vendrías –susurró el joven.
-¿Tanto confías en mí? –repuso ella con una media sonrisa mientras pasaba los brazos por la espalda de Shu.
-Más de lo que crees.
Shuusei alzó la cabeza y esta vez fue Juvia quien recorrió su rostro con los labios antes de alcanzar los del joven, dándole un suave y tierno beso.
-¿Nos vamos? –repuso de nuevo el joven.
-Con que a casa, ¿eh? –añadió ella con una sonrisa, recordando las palabras que momentos antes había dicho su compañero.
Shu simplemente se encogió de hombros mientras se dejaba levantar y llevar a la salida del cuarto.
Después de un rato, en el que recorrieron más de la mitad de la ciudad en taxi, llegaron al apartamento de Juvia. La joven guió a Shuusei al interior y dejó que se internara hasta la habitación principal, mientras que en el cuarto comenzaba a aparecer la decoración juvenil. Shuusei se dejó caer con cuidado sobre la cama mientras observaba a Juvia entrar en el baño. La joven volvió a los pocos segundos con el botiquín y se sentó a su lado en la cama. Con un gesto de la mano le indicó que se quitara todo lo que llevaba que le cubriera el pecho, pero lo único que pudo hacer Shu fue desabrocharse la camisa. Juvia se acercó a él para pasarle la corbata por la cabeza y quitarle la camisa, sacando primero un brazo y luego el otro. Tras dejarle con el torso descubierto, colocó un par de dos en el pecho del chico, lo más alejados que pudo de la herida y le instó a tumbarse sobre la cama. Se inclinó un poco sobre el corte del pecho, recogiéndose el pelo en un remolino sobre uno de los hombros, y la observó con detenimiento.
-Sabes que tendré que coser, ¿no?
-¿Qué? No, ni loco –respondió él, intentando levantarse.
Juvia hizo fuerza sobre los dedos y le obligó a permanecer tumbado.
-De alguna manera te tendré que cerrar la herida, ¿no crees?
-Pero, ¿coser…?
Juvia se giró al botiquín tras dar un enérgico asentimiento con la cabeza y preparó lo necesario para la sutura de la herida.
-Dime que al menos lo has hecho alguna vez antes… -repuso el chico mientras la observaba quitar cuidadosamente la sangre de la herida con un paño mojado.
-Claro, ¿por quién me tomas?
Shuusei apartó la mirada cuando la vio acercarse a él con la aguja en la mano. Notó como comenzaba a cerrar la herida, arrugó la sábana en su mano, y cerró los ojos con violencia, intentando soportar el dolor.
Afortunadamente, Juvia no tardó en cerrar la herida, y le ayudó a incorporarse lentamente para poder vendarle con facilidad el corte. Pasó la venda por la herida, cubriendo parte de la espalda y del brazo izquierdo, para darle sujeción al vendaje. Luego volvió a depositarlo suavemente sobre la cama y se inclinó sobre la brecha de la cabeza.
-Juvia, no puedes estar tan cerca y esperar que me contenga sin hacer nada… -repuso Shuusei mientras observaba los labios de la joven, peligrosamente cerca de los suyos.
-Tú calla. Se supone que estás convaleciente.
-Se supone, tú lo has dicho.
-Cierra los ojos –le cortó Juvia.
Shuusei fue a quejarse, pero ella le puso el paño mojado sobre los ojos y le quitó la sangre, ya seca, de la cara. Luego le buscó la herida de la que había salido toca aquella sangre, y la descubrió semioculta por el flequillo. Apartó el pelo con cuidado y lavó la herida con desinfectante, cubriéndola después con una suave y fina venda.
-Será mejor que descanses –le dijo mientras se inclinaba sobre él y le daba un rápido beso en los labios.
La joven recogió todo para llevarlo de nuevo al baño, y cuando volvió al cuarto le descubrió profundamente dormido con ambos brazos extendidos a los lados de su cuerpo. Juvia dejó escapar una dulce sonrisa, nada común en ella, antes de acercarse a la cama y tumbarse a su lado, sobre uno de sus brazos y pegada a su cuerpo, quedándose dormida pocos segundos después.
