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Shuusei se despertó a la mañana siguiente pegado a la espalda de Juvia, con un brazo por encima de su cintura. Se incorporó con lentitud en la cama mientras la observaba dormir, con una respiración lenta y tranquila. Sonrió y se deslizó hasta la parte inferior de la cama, intentando mover la cama lo menos posible. Se vistió rápidamente y se arrodilló enfrente de la cama de la joven. La besó a medio camino de la mejilla y la frente, en la sien y salió del apartamento haciendo el menor ruido posible.
El día transcurrió con normalidad hasta el anochecer. Akane, Kougami y Shuusei se dirigieron a la Torre Nona, descubriendo que Makishima ya había entrado al interior. Para intentar detenerle, ya que amenazaba contra el sistema Sybil y, por tanto, a la seguridad de la ciudad, el grupo se dividió en dos grupos. Akane y Kougami se dirigieron a la planta superior, donde Makishima esperaba, mientras Shuusei se quedaba en la planta principal, investigando lo que pudiera descubrir sobre ella.
El joven bajó alguna planta, hasta la que pareció la más baja, una sala casi vacía, con algunos artilugios electrónicos, pero en aquella planta, cuyas paredes estaban compuestas por grandes bloques de hormigón, descubrió que uno de ellos estaba desplazado, dejando visible la entrada a los pisos más bajos. Shuusei, que había estado informando de la situación a Shion a través del comunicador, en cuanto bajó a los pisos inferiores, perdió la conexión con ella, quedándose completamente abandonado a su suerte en aquel lugar.
Bajó pisos, siempre con la Dominator apuntando al frente, que había dejado de funcionar en el mismo momento en que el joven había entrado en aquellos pisos ocultos tras la pared de hormigón, pero no vio venir al hombre que se le acercaba sigilosamente por la espalda, armado con una pistola de clavos, que no dudó en utilizar contra el joven. Uno de los clavos alcanzó el hombro derecho de Shu justo en el momento en el que se giró hacia su agresor, dejando caer la inútil Dominator al suelo. Shuusei corrió hacia él y recurrió a las piernas para deshacerse del hombre, le acorraló contra una columna, colocándole el codo en el cuello, asfixiándole y dejándole tirado sobre el suelo. Shuusei resopló mientras se quitaba el clavo del hombro, y se acercó al cuerpo del hombre, desde el que sonaba el insistente sonido de una llamada entrante. Buscó el comunicador y la persona al otro lado habló, preguntándole a su compañero por el transcurso de su misión. Desgraciadamente para él, quien tomó el comunicador fue Shuusei, aunque lo único que hizo tras escuchar la voz del joven fue hablar con él para intentar convencerle de su precaria situación como criminal latente, e intentar que se pasara a su bando. Shu, mientras escuchaba, tomó la pistola que el hombre había dejado caer y caminó a través de los puentes metálicos que cruzaban la sala, aún con el comunicador en la mano y con la voz del otro hombre acompañándole a través del aparato.
Shuusei continuó caminando, escuchando como el hombre intentaba convencerle, poniendo de por medio la vuelta de su libertad. Incluso descubrió que se hallaba al lado del núcleo del sistema Sybil, lugar al que pretendía acceder el hombre con el que hablaba. Shu tenía muy claras sus prioridades. Aunque odiaba al sistema, odiaba más aún a los criminales que mataban a la gente, a pesar de ser personas a las que el joven envidiaba por sus vidas normales. Le prometió a su interlocutor que acabaría con él, aunque también le agradecería que terminase con Sybil antes de alcanzarle, así podría ser libre, y dejar de ser un simple perro de caza. Después de explicárselo todo con claridad al hombre al otro lado del aparato, Shu lo tiró al vació, caminando a través de los puentes, sin detenerse, y con su nueva arma extendida ante sus ojos.
Pero el joven no vio a las personas que le esperaban agazapadas en la sombra de aquel lugar, armadas con aquellas pistolas de clavos. Le dispararon en cuanto Shu pasó por delante de ellos, y uno de los clavos alcanzó su brazo izquierdo. Shu se agachó, y le dio una patada en las piernas a uno de los hombres, que cayó por las escaleras. Entonces el joven descargó varios clavos en su cuerpo, pero el segundo hombre que le había atacado le disparó a la pierna izquierda un par de clavos, que alcanzaron su objetivo. El chico se balanceó e intentó mantener el equilibrio tras haber sido herido en la pierna, y volvió a descargar varios clavos en el segundo atacante. Tras acabar con los dos hombres, Shuusei siguió avanzando, cojeando, y sujetándose el brazo izquierdo con el derecho. Dejó caer la pistola de clavos cuando vio la blanquecina luz que se escapaba al otro lado de una gran puerta acorazada que se extendía ante él, y descubriendo en el interior de aquel lugar al hombre con el que había estado hablando minutos antes.
Ante ellos estaba la verdadera forma del sistema Sybil.
Shuusei observó con ojos desorbitados lo que se extendía ante él, pero entonces, a su espalda escuchó una voz metálica. Una Dominator. Se giró con lentitud, hasta encontrar una sombra que apuntaba a su acompañante con la Dominator desde debajo de la puerta. Shu observó, casi sin creerlo, como la Dominator hizo explotar al hombre que tenía a su lado, siendo él salpicado por su sangre. Entonces el joven volvió la mirada a la puerta y descubrió, para su sorpresa, que se trataba de la directora de la Sección de Crimen de Seguridad Pública. Pero aquella mujer no era humana, era un robot, ya que, por debajo de su piel, parcialmente derretida, Shuusei pudo ver el azulado resplandor de los objetos metálicos provenir de sus ojos. La mujer alzó la Dominator, apuntando a Shu con el modo Paralizador No Letal. Pero el arma cambió. Ella le forzó a cambiar. Al Destroy Composer. Shu no se movió. Observó con detenimiento el cambio del arma y suspiró.
-Ah, demonios… Esto apesta.
Ella disparó, el verdoso resplandor proveniente de la Dominator cegó al joven, quien sonrió y aguardó a recibir el gran impacto del arma.
