Hallo.

Titulo: Figurante.

Resumen: El plan era absolutamente sencillo: "hacerse notar". Y si es necesario adentrarse en el mundo a socializar, estaba dispuesto a entrar a la querella.

Aviso: Hay groserías, no muchas, pero cuando se ameriten aparecerán.

Advertencias: Va haber shonen-ai e insinuaciones que increiblemente no parecerán a eso.


Figurante.

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II

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—Acepta —dijo de tajo Bryan, al ver la incesante actitud orgullosa de su capitán. Empezaba a surgir, con esa primera palabra, el camino irreversible de aquellos que no seguían como ovejas a personas con mejor carácter ante las situaciones adversas y temibles de un mundo en donde si no jodes te joden. Al principio, podría claudicar la emoción al no tener certeza del devenir pero necesitaba ser firme en su propio pensamiento.

—¿Por qué debería? No tengo ninguna intención de ir a Japón.

—Vamos, ¿Qué puede pasar? —comentó. Tenía que seguir fervientemente.

No dejaría que la oportunidad de oro se disipase porque Tala no deseaba salir de Moscú a complacer a un chico tan manipulador que es impresionante que sea el hermano mayor del "campeón mundial", suponiendo, que egoístamente las personas se ciegan al hecho de que los torneos tenía el inconveniente de ser participados en equipo, ¿no es Daichi junto con Tyson campeones mundiales? La respuesta es "No", ese protocolo fue saltado no sólo por Dickenson si no a cualquiera con dos dedos de frente y, ¿no eran TODOS campeones mundiales hace dos años? Por Dios, cuánto favoritismo. Hasta Kai parecía del montón porque los fanáticos del Beyblade creen que exclusivamente un ruidoso y molesto pequeñajo es el ÚNICO campeón mundial.

Eso haría bufar a cualquier. Pero Bryan quiere tener clase y no porque lo haya leído. Por otra parte, también se saltó conscientemente el hecho fantasmagórico de la aparición absurda al mundo de los mortales de Hiro. Bien por la gente que lo ha perdonado.

Cómo amaría al destino si pudiese observar la cara de estupefacción de Kai por la idea de Hiro de realizar un seminario de Beyblade, donde obviamente sería obligado por vivir con ellos. Eso sería suculento. Pero las especulaciones sobre ver a Hiwatari entre las sogas debían terminar si tenía la intención de convencer a Tala para participar en el seminario que de seguro era más entrenamiento, sin embargo, siendo Kinomiya, le deba el beneficio de la duda.

—Mira, Tala. Tu y yo sabemos que no tenemos nada qué hacer y que deberíamos despejarnos de todo lo mal que nos ha ido este año.

—No te vi agonizando, Bryan —puntualizó con irritación al serle recordado tan amargo suceso.

—Oye, dame crédito a mí y a los demás…—se defendió moviéndose un poco del árbol tapizado de nieve. Había olvidado que estaban en el jardín de la abadía—. Sólo TÚ les importaste, nosotros bien pudimos morir y no nos llorarían ni batallarían por el honor de su "amigo".

Victoria. Tala frunció el ceño por lo dicho, tardando unos segundos en componerse. Gracias al torneo anterior Tala ya no era muy estoico y menos cuando se confundía. Eso sí, se ponía irritable y desaparecía, pero si necesitaban un sabueso, usaría a Kai. Aunque primero tendría que aprender a no dejarse influenciar por él.

—Déjame pensarlo.

Le dejó solitario e hizo que sonriera. Era un avance que escuchase a alguien a parte de sí mismo y Hiwatari. Tendría que esperar a que las cosas salieran como planeaba, ya en Japón eso se lo dejaría a los demás y el comenzaría con su misión. Aún cuando no estaba bien planeada, sin embargo recordaba en letras de personas que no tenían la menor idea de lo que querían empero su pasión los llevó lejos.

Pateó la nieve ocasionando huecos en su alrededor, la ironía le embargaba, él ¿apasionado?, lo único que quería era hacerse notar y dejar humillados a todos los engendros famosos, no ser un maldito servidor público. Y sabía quiénes eran sus primeros objetivos, el merecía la misma fama como los otros, las predilecciones debían ser vetadas. No tendrá carisma pero se esforzaría completamente, de todos modos cuán molesto fue un comentario con valor pronunciado de su boca que Tala reprimió por las ambiciones del mismo que solamente quedaba una opción, ser un cabrón.

Se encaminó por los corredores dirigiéndose a sus aposentos, todavía se preguntaba cómo a unos menores de edad les dejaban radicar en semejante construcción. Sería cosa de la jurisdicción rusa o tratos oscuros por parte de la BBA. De todos modos, por lo menos tenía un techo dónde vivir.

Hiro se ubicó en el campo de visión de Bryan, sin embargo, el mayor pasó de liso, sin notarlo.

—¡Ey, tu! —Kinomiya volteó aburrido cuando le escuchó. Su actitud era impasible, y no ayudaba el hecho de usar unas gafas estilizadas.

—Mande, no te había visto.

Definitivamente le molestó la altanería con que escupió las palabras. No exageraba, la furia no le nublaba la cordura. Su receptor alzó una ceja esperando.

—¿Qué es lo que necesitas? —preguntó con monotonía al ver que no tenía Bryan intención de hablar—. No tengo mucho tiempo.

—Para ser un invitado no eres tan cortés —dijo al recuperarse de la furia interna que emanaba entre sus orbes. Nuevamente alzó la ceja. Podría ser tranquilo aquel joven y aún así transmitir demasiada seguridad...

—¿Por qué piensas que soy descortés? —Una seguridad sobre lo que debía hacer. Dio un paso hacia Kuznetsov alertándose instantáneamente. Se inclina para que los dos estuviesen a la misma altura—. ¿Sólo porque te ignoré? No sabía que estuvieras tan necesitado de atención —Bryan abrió los ojos bastante exaltado—. Tal vez lo tome en cuenta la próxima vez.

La puerta de una de las habitaciones se estampó con fuerza en la pared, Tala cerró con enojo el pequeño libro que posaba entre sus manos, giró la silla donde se pernoctaba para poder observar al intruso. Nadie jamás, en mucho tiempo, le había abierto de esa manera tan grosera el cuarto. Y honestamente, desde que le informó sobre el seminario a Bryan, siendo el único que estaba en la abadía puesto que los demás habían salido a realizar las compras, empezó a sentir que el chico andaba actuando un poco diferente. En cuánto la silla agresivamente quedó a merced del muro y de un agresivo Kuznetsov, supo en definitiva que algo no estaba bien.

—Más te vale, Bryan, que te marches.

—No —le contestó de manera grosera. Sabía que en este momento no se podía razonar con una persona que a leguas se nota destrozará cualquier ser vivo o inerte que se oponga a sus deseos y más, hablando de su compañero, quien a pesar de que el tiempo le ha regresado un poco de su humanidad, la agresión estaba completamente inherente en cada molécula de su ser. Claro, él no esperaría el día en que se pueda templar, por lo cual, empujándolo Tala salió de su habitación y comenzó a andar hasta no poder escuchar las rabietas inconexas que soltaba Bryan.

—Veo que tienen rupturas en el equipo —sugirió entre las sombras Hiro. Eso era un problema, nunca les gustaba mostrar a los foráneos las flaquezas que a veces florecían por ser quienes eran.

—No te entrometas.

—Yo sólo digo. Si así andan, Tala, realmente te recomiendo mi proposición —bufó el pelirrojo. Podía intuir a lo que quería llegar. Y no lo dejaría. Cualquier asunto ellos los trataban solos—. Sé lo que piensas —eso fue cómico—. Míralo de esta manera, yo sería quién lidiaría con él, mientras tú te haces fuerte.

—No necesito de ti para hacerlo —Hiro no parecía estar convencido o estaba pensado en otra cosa. Ladeó la cabeza a la defensiva, el mayor podía ser peligroso, si consiguió utilizar a Kai a costa suya, podía con quien quisiera. Debía ser más inteligente—. Nuestro régimen de entrenamiento está bastante bien, por algo llegamos a las finales.

—Cierto, y por ello terminaste en una camilla —. Realmente era un maldito cuando se lo proponía— Como quieras, si piensas que como están ahora es lo correcto, es tu decisión. Es inminente el hecho de que se estancarán y no serán más que un estorbo, por el cual espero desaparezcan.

—¿Insinúas que no estamos al nivel? —Kinomiya sonrió con frescura impacientando al pelirrojo.

—Dímelo tú, ¿lo están?

—Por supuesto —señaló con orgullo y él comenzó a dirigirse a la salida de la abadía sin mirar atrás…

—Entonces, los espero a más tardar pasado mañana.

El clima en Moscú podía tener sus altibajos. En algunas épocas arreciaban las ventiscas ofuscando la vista con imágenes borrosas por las personas que se atrevían a deambular entre las calles. Poco a poco los copos de nieven comenzaban a deslizarse de los cielos ligeramente para una vez más danzar en el ambiente. Tala las observó con ímpetu, deseaba poder cerrarle la boca a Hiro Kinomiya ya que no tenía intenciones de rechazar su reto. Primero el orgullo.

A la mañana siguiente, un eufórico joven de cabello color de la lavándula, no esperaba a que sus compañeros de equipo arrastraran el equipaje de cada uno para subir lo antes posible al avión, no sabía que le había hecho cambiar de opinión a Tala, sin embargo, ayudaba mucho a sus intenciones aun cuando el idiota de Hiro lo sacó de sus cabales. Zigzagueó entre las personas rozándose de cuando en cuando con ellas hasta empujar a un chico de cabello castaño.

Aquel individuo volteó con cierta molestia por no escuchar disculpas hacia su persona. Empero Bryan no tenía ninguna intención de hacerlo a pesar de aquellos ojos denotaban cierta ira muy bien controlada como si desease que él corriera con la suerte de agonizar entre estacas sucumbiendo al inmenso dolor en la piel.

—Wyatt.

Los dos voltearon, Kuznetsov más por inercia y se percató de que esa mirada se había suavizado al divisar a una chica que bien podría ser su hermana, lo cual, no tenía ganas de averiguar.

—Qué malo fuiste por teléfono. Yo quería saber cómo le robaste el beso.

Un golpe en la espalda lo sacó de su estado vegetativo. El resto de los BlitzkreigBoys le alcanzaron rápidamente.

—¿Qué sucede? —preguntó el capitán al ver a Bryan en su no fase de insufrible rebeldía.

—Nada… —calló por un rato divagando entre conjeturas—. Sólo que ese chico que va por allá, tenía una mirada peligrosa.

—¿Y eso qué? —Ian realmente estaba aburrido y no tenía tiempo para tonterías de ninguna índole.

—Me recordó a nosotros. A Tala.

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Continuará…


Bryan en estos momentos no es para nada influyente, pero sí manejable.