Hallo.
Titulo: Figurante.
Resumen: El plan era absolutamente sencillo: "hacerse notar". Y si es necesario adentrarse en el mundo a socializar, estaba dispuesto a entrar a la querella.
Aviso: Hay groserías, no muchas, pero cuando se ameriten aparecerán.
Advertencias: Va haber shonen-ai e insinuaciones.
Figurante.
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III
La brisa de la época helaba cada parte de la piel al descubierto. El cabello como manto de seda en rejas le mostraba lo que sus ojos observaba; las aves revolotear y el sonido del agua caer cuando era expulsada de aquella fuente de piedra complaciendo a su oído. Algunas gotas le rociaban la cabeza denotándole de brillantez. Era el éxtasis el sumergirse en la calidez de la tranquilidad. Pero como a cualquier ser humano, y más a aquellos enamorados de la soledad, del verdadero significado de la soledad, debían enfrentarse con el cariño y amor que fluctuaban en la paz de su ser a sus semejantes.
Brooklyn observó con interés interna mas con aburrimiento externa el acercamiento que ocasionaba en cada paso de su maestro. Hiro jamás agachaba la cabeza.
—Asumo que los convenciste.
—En efecto.
Los dos se dispusieron a caminar en silencio lo que restaba del parque. A veces, Brooklyn le observaba con aquel interés. Era una persona con grandes capacidades y fuerzas, por mucho que él fuese un genio sentía como si no pudiese alcanzarlo. Era frustrante, creer que uno mismo puede llegar hacerlo, a ser como él, cayendo en cuenta que las personas piensan que no, porque tú no naciste así, aunque cierto amigo inconsciente e indirectamente en alguna charla surgida en tiempos de ocio le demostraba que eso eran falacias, empero, había algo que le costaba dar el primer pie, entender que lo único importante era aceptarlo por uno mismo, no esperar a que los demás lo aprobaran. Porque no entienden que no deseas ser una copia.
Y vuelve a observarlo, la marejada de pensamientos confusos le nublan el aquí y ahora, agonizando en revueltas su estomago ocasionándole temor, temor por querer alcanzar lo inimaginable y tener en el fondo, en aquella alma intangible, el impulso de no rendirse y a la vez sí.
—¿Qué se siente ser obligado a tener sexo? —se sorprendió al darse cuenta de sus labios y cuerdas vocales habían realizado la acción sin su permiso. Mejor sonreír por si acaso. Eso era inherente, y gustaba de que las personas les costase entenderlo, poder manejarlas a su antojo, sin embargo, si sus movimientos no eran fríamente calculados podía existir en un mínimo porcentaje de que alguien consiguiese burlar su telaraña mental. Hiro no contestó, su mirada mostraba cierto fastidio, como si el asunto fuese insignificante y debía ser vedado de las conversaciones banales.
—Ya lo he olvidado, Brooklyn. No preguntes cosas pasadas que ya no importan. Hice lo que tenía que hacer.
—Lo sé. Estaba distraído. Pero no es algo que no me importase —comenzó a correr con alegría mientras las palomas revoloteaban a su alrededor, dio un giro para enfrentar a su maestro—. Yo sé que hasta que Kai no esté bien tampoco lo estarás tú. No me engañas. Así que mejor juguemos al psiquiátrico…
Realmente le dolió haber chocado con alguna pared que resultó al final ser Spencer.
—¿Estabas necesitado de cariño? —bromeó Bryan, cuando por fin encontraron al demonio azulado en persona. Hiro no se inmutó ni sorprendió de que hallasen llegado un día antes de la fecha que "amablemente" les había asignado como fecha final. Tenía unos deseos mortíferos de hacer sufrir al primogénito de los Kinomiya, quería que se jactara de lo dicho en Moscú.
—¡Oh!, pero si son los MiniBoys. Qué gusto que se privilegiaran de chocar conmigo. No los esperábamos aquí, en el parque. Alguien con sentido común habría buscado el dojo y esperado a Hiro, o es que ¿se perdieron? —soltó Brooklyn con cinismo mientras se acomodaba con calma en la espalda de Spencer.
Los Blitzkrieg Boys se mosquearon al ver la facilidad con la que el pelirrojo conseguía incomodar a las personas con verdades que a cualquiera desearían fueran discretas. Se habían perdido por bajarse en una parada que no era, mas cuando se hallaron en el parque, lograron ubicarse para llegar a la casa de los Kinomiyas.
—Eso no importa. Síganme, mañana explicaré el asunto, mientras duerman como en su casa.
—No necesitamos asilo, Kinomiya. Mañana estaremos ahí —Tala habló con autoridad la poca que tendría luego de aceptar el absurdo acuerdo.
La tensión giraba estrepitosamente alrededor de los reunidos, ninguno quería dar su brazo a torcer, uno por orgullo, otro por orgullo también sumándole el deseo de brillar y los demás por seguirles la corriente.
Brooklyn comenzaba a aburrirse, no había nada interesante en ver a Tala y Hiro en una sesión de mirada mortales—. Chicos, sé que tiene una predilección por observar a los hombres a los ojos, pero, aceptémoslo, eso no funciona para seducirlos.
—¿De dónde sacas tanta basura, Masfield? —Bryan se impacientaba de que los clasificaran como homosexuales.
—No somos gays —primer error de Ian. Jamás secundes para reforzar información por compañerismo enfrente de un manipulador, además, de que sólo el dueño de Zeus hablaba de los líderes no del séquito en sí.
—¿En serio?, como nunca los he visto con chicas —hace un mohín cómico con sus brazos generalizando con lo dicho a todos y Bryan lo alza de la gabardina con odio reprimido. Brooklyn no se inmuta—. Siempre andan ustedes juntitos.
—Púdrete.
Se marcharon en cuánto pudieron, aun escuchando a las lejanías un "Nos vemos, GayBoys" del genio. Kuznetsov apuntó mentalmente otra persona a quién fastidiar en su intento de gloria. Lo odiaba por no morderse la lengua ni aunque dependiese con ello su vida.
El clima distaba por completo al de Japón. Moscú era una gran ciudad, su familia había decidido que lo mejor para él era ser tratado en un país diferente. Ironía. El dulce acto de teatro realizado por la vida, estar en el lugar donde había nacido su mayor admiración, transformando la obra poco a poco en una torcida ópera dramática, donde el último soneto desgarraría el alma del protagonista. Sería ahogado, entre sollozos, claudicándose en la penetración de una daga incesante en un cuerpo debilitado por la tristeza y él bebería con gran emoción la expulsión pausada de aquel líquido bermejo. Observaría el brillo desvanecerse de los ojos. Deslizaría un dedo en el cuerpo inerte. Perpetuaría en sus recuerdos el último suspiro de su amor.
—¿No es una bella historia? —murmuró en la habitación. Por fin había conseguido salir de aquella instancia para trastornados. Tuvo que fingir ser el mismo chico de ayeres como si aquel suceso jamás hubiese acometido en su vida.
Se acomodó en la cama, observó el techo de blanquecino color. Eso era lo que deseaban ellos, que en blanco estuviera su mente, según ellos, debía superarlo. Él ya lo había superado. No necesitaba ser un genio, la beybatalla contra Kai fue la mancuerda tensada que le iluminó. Debía agradecérselo. Y eso fue lo que hizo.
Después de una semana en las tierras niponas, su tarareo mantenía una sonrisa. Podía recordar con grandioso detalle cada minuto, cada momento. Volverle a ver su cara de angustia posarse en él al igual que a un tesoro perdido entre las olas. Ver una mano extendida intentando tocar su alma para luego ser aplastado con la cruda realidad. No lo olvidaría jamás. Mucho menos la bufanda teñida de sangre, ni la decepción.
—Dime Kai, ¿sólo a mí has mostrado esa cara? —repitió en la penumbra. Se tapó la visión con el brazo comenzando a ahogar las carcajadas. Era el éxtasis. Cómo deseaba volver a ver esa cara.
Continuará…
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Este capitulo no hubo mucho protagonismo de Bryan, tiene sus razones, ¿cómo brillará si ahorita todavía los otros se roban el protagonico?
RavenIvanov: Muy cierto, de hecho, hay varios que los dejan, ni siquiera en secundarios, si no en terciarios cuando la serie pudo haber sacado mucho jugo de todo, y qué decir de las bestias. Muchas gracias por tu comentario.
