Hallo.

Titulo: Figurante.

Resumen: El plan era absolutamente sencillo: "hacerse notar". Y si es necesario adentrarse en el mundo a socializar, estaba dispuesto a entrar a la querella.

Aviso: Hay groserías, no muchas, pero cuando se ameriten aparecerán.

Advertencias: Va haber shonen-ai e insinuaciones.

Nota: Hola, creo hace meses que no actualizo, tengo mis razones, pero, bueno, parece que ya estoy más acá que allá. Espero lo disfruten.


IV

Los pliegues de la sábana se movían lentamente. La pequeña brisa que entraba entre los doseles revolvían las hebras de cabello grisáceo y azulado. Hacía tiempo que la flojera le embargaba para despertar temprano, disfrutar de la ocasión no mermaba con totalidad en su forma de ser, únicamente le causaba un bienestar que antaño no recordaba haber tenido, y no podía omitir que quién le había demostrado los goces de de la apacibilidad estaba frente a sus ojos, plácidamente dormitando.

—¿Dormimos juntos? —susurró perezosamente. Sabía que el "intruso" ya había despertado.

—Supongo que si estamos en la misma cama, sí, dormimos juntos.

Kai se enderezó con poca energía. Observó con el cejo fruncido la habitación de colores sobrios y bastante bien acomodada. No era la primera vez que entraba pero sí en quedarse dormido. Conociendo a Brooklyn nunca le hubiese despertado, él no diferenciaba o más bien no le importaba la malinterpretación que se fuese a dar por la simple atribución de estar en la misma cama.

—Bien pude haberme ido al sofá —fue su contestación, no necesitaba explicarse, no con él.

—No todos tienen el privilegio de acostarse contigo—exclamó Brooklyn con lentitud, deleitándose en cada palabra pronunciada.

—Deja de tergiversar las cosas. No te escabullas.

—Lo que importa es lo que digo de las demás personas, no de mí. Pero hay que apresurarnos si no…

La puerta se abrió con fuerza exaltando al dueño de Dranzer, odiaba que ese par consiguiera bajarle sus defensas a tal grado de no poner atención a su alrededor.

—Apúrense, no quiero pensar en lo que nos hará Hiro si tardamos —Garland como siempre tenía una tendencia acérrima a obedecer los protocolos con algo de exactitud. No le gustaba llegar tarde a ningún compromiso ni desobedecer las reglas, a menos que las circunstancias lo requirieran. Mas no Kai, quien hizo amago de tomar con fuerza las sábanas para simular un deseo de volver a dormir, sin embargo, lo que realizó fue tirar a Brooklyn al suelo para vengarse de haberse dormido con él. En cuánto lo consiguió, Kai se adentró al baño personal del pelirrojo. Qué se fueran al infierno los dos y Brooklyn sonrío, por mucho que él lo negase ya no se comportaba tan hostil, por lo menos con ellos. Se apresuró a entrar al otro baño a asearse.

—Kai —el aludido ni se inmutó en cuanto salió a través de un denso vapor, observaba al menor de los Siebald, no tenía intención de discutir lo ya dictado por el "destino" o como prefería llamarlo la molestia de la camarería, la cual implicaba reunir hasta quienes deseaban desaparecer de la sociedad e instalarse en algún sitio oscuro y plagado de aquel ensordecedor murmullo que vibraba en la soledad—. Por mucho que no quieras ver a los chicos, tenemos que ir —un bufido exasperante fue la respuesta, había perdido su ensimismamiento al recordarle algo que en ese momento se le hacía absurdamente evitable considerando su gran habilidad para escabullirse de cualquier situación, no deseaba ver la cara de Hiro ni de nadie, le incomodaba en demasía considerando que la mayoría le detestaba por decisiones que tan sólo le concernían a él, empero, olvidaba que no decir nada era una herejía que se castigaba con latigazos de sarcasmo mal disimulado y venenosas miradas de reproche.

—Por mi pueden irse al mismísimo infierno, pero olvidaba que no pueden vivir sin mí.

Garland le dio un fugaz reproche y Brooklyn al unirse a la conversación se encantó a lo grande al ver que podían sacarle más de un monosílabo y un toque de emoción al ufanarse de su gran carisma. Realmente, siendo honesto consigo mismo mientras comenzaban a dirigirse a la reunión menos esperada por su persona, no los entendía, podía pisotearlos y ellos seguirían a su alrededor. Recordaba haberlos sacado de sus casillas con simples palabras que, más que sorna, era de infinita sinceridad al observar puntillosamente las estupideces con las que procedían, aquella actitud de pensar antes de actuar esperando el mejor resultado sin fijarse en las consecuencias de decisiones que creían no afectaban a otros, eso asesinaba la paciencia que tenía, y en ese tiempo no estaba acostumbrado, ahora, le daban ganas de bostezar, pero, oh, sorpresa, no los molestaba se enojaban, lo hacía se indignaban, los "traicionaba" lloriqueaban, no los traicionaba lo olvidaban, ¿es que no podía estar quieto un rato sin decepcionar a nadie? Brooklyn lo miraba de reojo, obviamente cayó en cuenta de que lo observaba, era el único que le dejaba estar sin reclamar atención.

—Tengo tu atención —canturreó con burla, su manera de decir las cosas como si leyese la mente, era de temer. ¿Cómo había desaparecido el desprecio que se tenían? No quería recordarlo, era mejor ahogarlo al fondo del espeso fango de su mente, por lo menos sentía que no había perdido nada, una mentira que se repetía cuando fugaces recuerdos deseaban revolotear alrededor de sus inconexas emociones y dilemas que figuraban a una trifulca donde las dos partes entraban en conflicto, una por no dejarlo ir, la otra, por desear empujarlo a un camino sinuoso. Irremediablemente no podía regresar, no volvería a ser el mismo, era quedarse en el limbo o seguir adelante. No quería elegir la correcta…

En una acto reflejo se tensó, habían llegado, todos estaban reunidos observándole como si fuese la mayor escoria del mundo. Eso no le importaba, era otra cosa. Lo bueno es que estaba Brooklyn, lo malo, es que lo empujó hacia adentro.

—Deja de hartarme, Brooklyn —farfulló para ser únicamente escuchado por su compañero.

—¿Siempre debes verte digno, Kai? —comentó Michael. Daban ganas de bufar, tomar un asiento y cerrar los ojos. Su cuerpo lo hizo por él, pasó de todos, incordiando a la mayoría, afligiendo a otros. Aún así concebía un vacío, no estaba a gusto, en vez de deleitarse en fastidiar a las personas sentía desahucio, no estaba en el mismo plano que ellos. Hiro había hecho acto de aparición comunicándoles las razones del seminario y posiblemente las reglas a seguir. Era increíble como el primogénito de los Kinomiya tenía la voluntad de sobreponerse ante las circunstancia, conseguía que las personas aceptaran las razones de sus actos y le seguían con bastante facilidad. Este le observó por un instante consiguiéndole fruncir el ceño, si creyó que podría aguantarlo en la misma habitación había sido un ingenuo. Lo más factible para una persona cuerda era marcharse, tal vez con una inclinación de cabeza, o mejor no, porque el ambiente empezó a tornarse turbio, dejando a Kai enajenado unos instantes, los Blitzkreig Boys, en especial Bryan comenzaron a discutir con el genio. Simplemente se había distraído por la molestia azulada y el campo de guerra se desató sin entender la razón. Tuvo que levantarse por acto reflejo. Demasiadas incomodidades en un día. Frunció el ceño, deseaba paz. Palabras punzantes se aventuraban alrededor de la congregación. Quería tranquilidad. Gritar era una opción, ese día era deplorable y Hiro no calmaba la situación. Escuchó perfectamente el insulto de Kuznetsov hacia Masefield, se tensó por segunda vez, la paciencia que tenía se esfumó, todos eran unos críos. Y la primera acción inconsciente se acentuó en cada paso que daba para llegar con ellos, la segunda, fue empujar hacia el jardín a Bryan, conmocionando la gente. Nunca había hecho eso contra nadie y menos con sus compatriotas.

—¡Qué te pasa idiota! No te entrometas —vociferó en el suelo. Volutas de polvo se congregaban por todos lados, el golpe había sido fuerte.

—Respuesta equivocada —Kai tuvo que saltar hacia afuera antes de ser alcanzado por Bryan, la bufanda ondeaba dignamente junto con el viento. Su seriedad denotaba que no estaba para juegos ni pataletas de nadie—. Si tienes algo qué decir, dímelo con esto —le mostró su Beyblade. No tendría a Dranzer pero la habilidad sí. Escuchaba las voces difusas, y aún cuando trataban de tranquilizarlos él no atendía, si Bryan deseaba pelear serviría para desquitar el hartazgo que consumía la poca apacibilidad que había conseguido en las últimas semanas.

Los beyblades chocaron en el aire, el giro de los trompos ocasionaba un sonido estrepitoso cada que se palpaban con severidad. Falgor se alejaba lo suficiente para tomar vuelo y ocasionar más daño, mas no imagino que el beyblade de Kai se quedara fijo en un punto aceptando golpe tras golpe. El brillo azul del trompo se agitaba conforme se bajaba y subía las orillas del mismo, Falgor ocasionaba roces y este en ondas repetitivas le mermaba con paciencia la energía que emanaba de la bestia bit. Con un sólo ataque, Kai mandó al beyblade de Bryan directo a un recoveco de la barda de piedra quedando así como el perdedor.

Algo que no estaba en sus planes fue el ser jalado por Hiro que lo arrastró hasta su cuarto todo "destrozado" por culpa de los visitantes, otra razón más para alebrestarse, había aceptado irse con Garland y Brooklyn a su departamento con tal de no ver a sus salvajes amigos, jamás imaginó que significase tener un desastre en su cuarto. Los libros que con anterioridad descansaban en la repisa arriba del escritorio estaban, unos en el suelo, y otros en la cama, sobreentendiéndose que alguien los estaba leyendo; la cama totalmente descubierta de las sabanas y el edredón cual alfombra en el suelo, el closet era, mientras no deslizara la puerta, lo más ordenado y limpio de aquel caos.

—Deja de hacer alboroto —gruñó a lo bajo Hiro, estaba molesto y, ni un "ellos empezaron" lo hizo cambiar de actitud, le veía con suficiencia mientras el menor de los dos intentaba distraerse con cualquier cosa. No le rehuía y él lo sabía, tan sólo deseaba salir de esa situación que comenzaba a hacerse incomoda—. Kai, no pones atención—eso no era novedad y una ceja despectiva se lo demostró—. Hablo en serio.

—Yo también lo hago. Deja de obligarme hacer cosas que no quiero, no eres nadie para decirme qué hacer.

—Vives aquí, debes obedecer —golpe bajo, odiaba los protocolos de jerarquía, el de menor edad debía obedecer al mayor. ¿Por qué Japón no omitía esa tradición? —. Además, no permitiré que te enajenes en tu mundito. Acepta tus circunstancias y lo que te pasa, tal vez así dejes…

—¡No te atrevas a pronunciarlo! ¡¿Crees que es fácil?

—No digo que sea así —Hiro suspiró—. Creo que por hoy no se puede hacer nada, tan sólo intenta que la próxima vez que te entrometas por lo menos sepas lo que sucede —comenzó a abrir la puerta de la habitación, volteó por un instante hacia Kai—. Otra cosa, no te repetiré las instrucciones, si las quieres vas a tener qué ir a buscarlas.

Se quedó en la habitación pensativo, ya no quería pensar ni saber, deseaba marcharse lejos, dónde pudiera olvidar todo. Únicamente huir de la realidad. De sí mismo.

Continuará…


RavenIvanov: Sí, así me imagino a Brooklyn una combinación de tranquilidad y cinismo, y la forma de ser sincero para hacerte pasar un mal rato. Es secreto con quien se empareja Bryan.

Yue Kokuyoku: No, Brooklyn no le ha hecho nada, tal vez frustrarlo y molestarlo únicamente, fueron otras personas que el intenta Evitar.

Espero les haya gustado el capitulo. Nos vemos.