¡Que os guste!
Zoro despertó. Tenia a Samy abrazada a él. Le pasaba una mano por encima del ombligo hasta agarrarle el dorso entero y con la otra abrazaba el brazo del espadachín. La cabeza estaba encima del pecho del peliverde, justo donde le había dado el beso antes de dormirse y le pasaba una pierna por encima. Zoro sonrió y la miró. 'Es preciosa' pensaba Zoro. La manta estaba revuelta i apenas tapaba medio cuerpo de la chica. La recorrió de arriba a abajo con los ojos. Esa piel tan suave y bronceada. Todavía no sabía como se había podido controlar toda la noche con esa chica a su lado. Suspiró, recordando el apasionado beso que se habían dado. Acarició la cara de Samy dulcemente con sus bruscos y callosos dedos. Y esta abrió los ojos vio la sonrisa de Zoro y se la devolvió.
-Buenos dias Zorito – dijo sin moverse.
-Hola Samy... esto... ¿te quitas? - dijo Zoro apartando rápidamente su mano de la cara de ella.
-Ai, esperate – remugó ella – pero si tu también te lo estabas pasando bien – rio.
-¿Que dices? - se hizo el tonto
-Que puedes seguir acariciandome si así lo deseas - Zoro ignoró ese comentario - ¿Que quieres hacer hoy Zoro? - preguntó ella acariciandole el pecho al espadachín – ¿damos un bonito paseo por el pueblo o nos quedamos todo el dia en la cama? - dijo pícara
-Mejor lo recogemos todo y vámos yendo al muelle del norte, por si llegan antes.
-Mmm... Vale... Pero creo que no está muy lejos así que tenemos tiempo de comer aquí, en alguna taberna, no?
-Si, claro. Voy a ir a ducharme – informó Zoro – ¿te importaria quitarte?
-En realidad si que me importa, pero me quitaré igual – sonrió ella. Se apartó mientras el se levantaba. Al final habían dormido ambos en ropa interior. Ella lo miró de arriba a abajo. 'Acabará siendo mío' pensó, segura de si misma tan segura como de que su hermano tenía el pelo rojo.
Él se había metido en la ducha y ella se estaba cambiando. Se puso unos shorts de tela tejana oscura y una camiseta de un verde manzana cogida de pecho y escote y unas sandalias romanas de color negro. Se peinó el pelo y se lo tiró hacia atrás, cayese como cayese asi se lo dejaba. Escondió sus pistolas en los bolsillos de su pantalón, no le gustaba que se vieran, prefería evitar problemas.
Al mediodía fueron a comer a una taberna donde Samy comió más que Zoro. Zoro alucinaba, era como Luffy en ese sentido. Solo que todo lo que tenia Luffy de inmadura, ingenuo e infantil ella lo tenia de madura y espabilada.
A media tarde llegaron a el muelle del norte, estaba en una playa asi que se acomodaron bajo un par de palmeras. Hacía mucha calor. Samy fue a ponerse un bikini y se fue a la orilla. Donde se mojaba las piernas.
-Ten cuidado – le había dicho Zoro – piensa que no puedes nadar.
Samy estaba sola en el agua, observaba como Zoro descansaba.
-¡Socorro! - gritó derrepente mientras se metia bajo el agua - ¡Zoro! ¡Ayuda! ¡Hay un agujero!
Zoro se levantó de golpe, se quitó la camiseta, los zapatos y se metió en el agua enseguida y cuando ya estaba al lado de ella. Ella salió del agua, riendose a carcajadas. Zoro no se lo podia creer y se enfadó.
-Vamos, no te enfades, ha sido divertido – reia ella
-¿Me explicas lo que ha tenido de divertido? - estaba muy serio
-¡Pues que vinieras a salvarme! - exclamó ella algo que le parecía evidente – además, me aburria mucho. - le agarró por el cuello y se acercó a él – venga, Zorito, que mojadito estas muy guapo – le insinuó ella y fue a darle un beso en la mejilla.
Zoro se quitó de golpe.
-Mira, no ha tenido ninguna gracia, ¿vale? No te me insinues más, ya lo hablamos ayer. No me gustas ni me gustarás nunca – Zoro mentía bien cuando estaba enfadado – ¿Y sabes porqué? ¡Porque eres una cría! Una niñata estúpida que se divierte sacando de sus casillas a todo el mundo. Que se cree que la vida se lo va a dar todo. Una ilusa. - 'Mierda' Dijo para sí. Sabía que la había cagado, la había ofendido. En la cara de la muchacha ya no estaba esa bonita sonrisa que tenia siempre. Se parecía mas a la cara que le había puesto a Luffy la primera vez que lo vió, cuando pensaba que el chico de goma había matado a Shanks. Estaba enfadada. Zoro se arrepentía de haber dicho todo eso, pero ya no podía hacer nada. Ella pasó al lado del espadachín saliendo del agua.
-Samy... yo... - le dijo el peliverde cogiendola del brazo para disculparse. Ella hizo que este le soltase la mano.
-Déjame. Te estas confundiendo mucho. ¿Y quieres saber como eres tú? Eres un estúpido espadachín que lo único que quiere es apartarse de la sociedad y hacerse el solitario para aparentar que no tienes ningun tipo de sentimientos cuando en realidad aprecias muchísimo a cada uno de tus camaradas y te mueres por besarme. ¿Y sabes otra cosa? No es mejor el que mas entrena, si no el que aspira a más, se deja ayudar y tiene fe en si mismo. - Con estas palabras sus miradas se encontraron durante unos segundos. Zoro no sabía que decir. Samy se fue, cogió sus cosas y se adentró en un pequeño bosque que había detras de la playa.
Zoro se sentó y pensó sobre lo que había pasado, Samy tenia razón en todas las cosas que había dicho. Se sentía fatal. Luffy se iba a enfadar muchísimo. A media noche llegó el barco de sus amigos. El capitán bajó enseguida.
-¡Hola Zoro! ¿Y Samy? - dijo entusiasmado
-Le he perdido...
-¿Qué?
-Si, nos enfadamos y se adentró en el bosque, no se donde está. Dejame, ¿vale?
Zoro subió al barco donde se encontró con Nami.
-¿Todo bien Zoro? - preguntó ella preocupada.
-¿Y a ti que te impor...? - pensó en las palabras que le había dicho Samy – No, Nami, no va todo bien... Pero, me voy a dormir.
-Como quieras – sonrió la pelirroja.
Mientras, Samy salia del bosque cargada con todas sus cosas.
-¡Eh Luffy! ¡Estoy aquí! ¡Perdona! - gritaba
-¡Samy! ¿Que tal todo?
-Bien – mintió ella - ¡Que pasada cuando se partió la tierra, eh!
Tubieron una alterada conversación sobre terremotos. Y se fueron a dormir.
A la mañana siguiente, Zoro se despertó el primero, desayunó un trozo de pan que había en la despensa y se puso a entrenar antes de que nadie se pudiera despertar. Mientras entrenaba pudo oir como todos se levantaban y liaban el lio de cada dia en la cocina. Pero él, siguió entrenando. Hasta que Nami fue a verle.
-¿Nos tomamos un descanso Zorito? - le dijo la navegante, Zoro no contestó – Vamos, Zoro, conmigo no te tienes que hacer el duro, cuentame que pasó con Samy.
Zoro accedió y le contó absolutamente todo lo que había pasado en su día de convivencia con la morena.
-¿Tu eres tonto? - preguntó Nami cuando el espadachín terminó de hablar – Samy te gusta, Zoro. Admítelo.
-Si ya lo se Nami, pero tengo miedo de no cumplir mi sueño culpa del amor. Y quiero centrarme en ayudar a Luffy a encontrar el One Piece y en convertirme en el mejor espadachín del mundo entero.
-¿Y no crees que eso lo harías mejor poniendole un poco de romanticismo a tu vida?
-No, creo – contestó el sinceramente.
-Si, si que lo crees y tu y yo lo sabemos.
-¡Pero yo nunca he sentido nada igual!
-Eso es lo que te da miedo.
-Si – admitió el peliverde.
-Haz lo que sientas Zoro. Mucha suerte. - y la pelirroja abrazó al insensible Zoro, que ya no era tan insensible.
Zoro se sintió agradecido y le devolvió el abrazo. El peliverde miró al final de la cubierta del Merry y ahí estaba ella, sentada al lado de Luffy mirando y escuchando a Robin con la boca abierta mientras la pelinegra seguramente les estaba contando alguna historia de alguna alucinante isla. Y entonces ella le miró, y sus miradas se cruzaron durante unos segundos.
-¿Has oído eso Samy? ¡Vacas con un solo ojo! - Luffy interrumpió los pensamientos de la morena.
-Si, si... - mintió ella '¿Que hacían abrazados? ¿Se deben gustar? ¿Me he estado equivocando todo este tiempo?' Un vacío inundó su cuerpo. Tenía que investigar. - Oye, Luffy, voy al baño.
Insisto en que me comenten por favor, ¡gracias!
