Gran capítulo! Disfrutadlo!
Samy cantaba en la ducha. Se sentía feliz, iba a ir a por Zoro, y este no se le iba a escapar, lo tenia claro.
Una vez en la cena se sentó al lado de Zoro. A quien sonreía cada dos por tres.
-Vale chicos, dentro de unos días vamos a llegar a una isla comercial. ¿Cual es el plan? - Nami intentó conseguir un aire de seriedad en la cena.
-¡Ji! ¡Ua ifla! ¡Ua ifla! - gritó Luffy con la boca llena.
-Si, Luffy, una isla -le dijo Nami pasando un poco de él.
-Capitán, estamos pendientes de ti, ¿que debemos hacer cuando encontremos esa isla? - preguntó Robin – Por cierto, navegante, hay que tener en cuenta que igual está la marina esperándonos.
-Vale – dijo Luffy que ya había tragado – iremos a esa isla.
-¿Pero que no has oído que estará la marina? - dijo Usopp
-Miedica – murmuró Samy
-¿Que has dicho? - se alteró Usopp levantándose y poniendo un pie sobre la mesa - ¡Estas hablando con el capitán Usopp – sacó una pistola de agua y apuntó a Samy con ella – el mas bravo pirata de los siete mares!
Samy hizo un movimiento que apenas pudieron ver, se levantó se puso detrás de Usopp le cogió por la espalda inmovilizándolo, le quitó la pistola de agua de la mano y apuntó a los cabellos rizados de el narizotas. Dejando la mano de este aguantando nada mas que aire. Y a él junto a todos sus camaradas, boquiabiertos. La morena rió y disparó el agua sobre la cabeza de Usopp. Y entonces le soltó y siguió con su carne.
-¡Yuhu! ¡Como molas hermana de Shanks! - gritó Luffy.
Zoro se limitó a lanzarle una bonita sonrisa a Samy quien se la devolvió encantada. Usopp, maread cayó al suelo.
-Vamos, levantate, que tampoco te ha hecho nada grave – le decía Nami al narizudo.
-Jo, que miedo de tía – lloriqueaba Chopper
-¡Esa es mi chica! - le alagaba el cocinero.
Y Robin le sonreía.
Despues de debatir, decidieron que irian a esa isla, si veian marines saldrian pitando de ahí y si no se quedarían unos días, pues era una isla muy turística y se merecían unas vacaciones. Una vez cenados cada uno se fue a sus respectivos camarotes. Samy estaba en el suyo, pero no tenía ninguna intención de meterse en la cama. Se quitó la ropa. Llevaba puestos unos sujetdores de rayas de colores y unas braguitas negras.
Esperó unos cinco minutos y se asomó a los pasillos para comprobar que no había nadie que no estubiera en su sitio. Fue de cuclillas hasta la puerta de la habitación de Zoro y pegó la oreja a la puerta, oía sus ligeros ronquidos, dormía. Abrió la puerta con cuidado y se acercó a la cama del chico. Levantó con cuidado la manta metiendose en la cama con él que llevaba unos bóxers blancos. Ella sonrió, sabía que en cuanto se acercase a él se despertaria y así fue. Zoro notó una presencia y dio un respingo.
-Eh, tranquilo guapete, que soy yo... - le tranquilizó ella acercandose a él.
-¿Que mierdas estas haciendo aquí Samy? - el espadachín estaba flipando.
-Dormir contigo – dijo ella con toda la tranquilidad del mundo - ¿No te importa verdad?
-Eh... - Zoro pensó – Va, vete a tu habitación. ¡No puedes presentarte por la noche en mi cama medio desnuda y meterte en mi cama!
-¿Porque no Zoro? - susurró ella al oído del espadachín cosa que hizó que él sintiera un escalofrío y se excitase. Samy se pegó completamente a él podía notar cada uno de sus músculos. Ella sonrió al ver que Zoro no contestaba. Acercó sus labios a los del peliverde. Y hizo que se rozaran levemente.
-Está bien – dijo Zoro nervioso – duerme conmigo. Pero no me beses. Acuerdate de lo que te dije.
-Vale, no te besaré. - Se quedaron en silencio y ella empezó a acariciarle el pecho, aunque era difícil pues estaban muy pegados y casi no podia mover la mano, le acarició todo el dorse de arriba a abajo una y otra vez. Se acercó al principio de los pantalones y metió la punta de los dedos por debajo de los pantalones. Eso hizo que Zoro se estremeciera y que Samy notara un bulto en los pantalones del espadachín quien se excitó mas todavía. Samy dejó su mano donde estaba esperando la contestación del peliverde. Zoro acarició la silueta de la chica aparcando su mano en el trasero de esta y empujandolo, cosa que hizo que ambos notaran una presión que les excitó. Empezaron a acariciarse todo el cuerpo el uno al otro, con pasión y sin besarse. Estubieron unos minutos asi hasta que Samy intervino. - ¿Sigueus sin dejarme besarte?
-Ajá
-Entonces... buenas noches Zoro – dijo con una sonrisa un tanto malvada y abrazandole como un osito de peluche.
Cuando Zoro despertó esa chica que le traía loco, ya no estaba. Pero supo que no había sido un sueño cuando encontró un pelo largo y marrón en su almohada. Se vistió y salió a desayunar. Hacía un día hermoso.
En la cocina se oían gritos y quejas sobre Luffy como cada día. Y allí estaba ella hablando con Sanji. Ella, estaba preciosa. Llevaba el pelo recojido con una coleta, como solía hacer Viví. Vestía una falda de tubo, alta, como por el ombligo azul y una camiseta ancha de color naranja de cuello ancho, se le veia un hombro. Calzaba sus botas negras extrañas. 'Dios, Zoro, centrate.' -Buenos días – murmuró mientras bostezaba.
-¡Hola Zorito! - Le saludó la chica con su amplia sonrisa - ¡¿Como has dormido hoy? - le guiñó un ojo.
-Magníficamente – respondió él.
Después de desayunar Nami todavía no había salido de su habitación y Luffy decidió ir a buscarla. Tocó a su puerta, pero nadie contestó. Asi que Luffy abrió. Nami estaba dormida sobre su escritorio con la pluma en la mano y un mapa bajo su cabeza.
-Nami... - dijo Luffy dulcemente mientras la zarandeaba un poco.
-Hm... - murmuró la pelirroja.
Luffy optó por cogerla en brazos llevarla a su cama. Cuando estaba apenas a medio metro de la cama de la chica se tropezó con un zapato y cayeron ambos en la cama. Él encima de ella. Y ella despertó.
-¡Luffy! ¡¿Pero que haces en mi habitación? ¿Y porque estas encima mío?
-¡Ah! ¡Buenos días Nami! ¡Ha sido un accidente! ¡Te quedaste dormida dibujando y yo queria ponerte en la cama para que estubieras cómoda, pero me he caído! - dijo mientras se sentaba al lado de la pelirroja.
-Entonces... - dijo la navegante rascandose la cabeza – supongo que... gracias, ¿no?
-De nada Nami, y deberias comer algo, es tarde. - Y mientras decía eso salió de la habitación y fue a jugar con Chopper y Usopp. Nami se quedó sentada en la cama.
'Que tonta soy, pensar que Luffy me estaba besando... Luffy no sabe ni lo que es un beso. El día que madure será un hombre estupendo. Nami siempre se había sentido atraida por Luffy, pero de una forma extraña. Le encantaba su lado infantil e inmaduro. Disfrutaba mirando esa sonrisa inocente. Nami siempre se imaginaba el día en que el pelinegro madurase y se enamorasen. Pero por el momento, ella se sentía atraida pero no estaba enamorada de él, sabía que en el futuro pasaría, pero por ahora era su amiga, su mejor amiga.
Fue un día tranquilo, cada uno se encargaba de sus cosas. Nami dibujaba, Sanji preparaba la cena, Zoro entrenaba, Chopper preparaba medicinas, Usopp estaba trabajando en un nuevo invento. Samy y Luffy se divertian jugando a un juego. Luffy se ponia en una punta de la cubierta del barco y Samy en la otra. El chico de goma se ponia una pegatina en alguna parte de su cuerpo y la morena le disparaba para practicar su punteria. El chicho de goma hacia que la bala rebotase en su cuerpo y fuera hacia el de su amiga, ella hacía que su cuerpo endureciera y la bala se rompía. Se lo pasaban muy bien.
Nami salió a descansar.
-Son iguales... - decía Nami al cocinero – vaya par...
-Pues si, son como dos hermanitos de cinco años. - decía el cocinero dandole una calada a su cigarro. - ¿Que crees que va a pasar con el cerebro de músculo y esa preciosidad?
-¿Que? - Nami no sabía que Sanji estaba al corriente de todo.
-Vamos Nami... Zoro habla contigo, y Samy conmigo. - Nami sonrió.
-Es obvio lo que sienten el uno por el otro, pero ya conoces a Zoro. Cree que si se enamora ya no podrá ser el mejor espadachín del mundo. Lo que ignora es que ya está enamorado.
-¿Crees que funcionarian como pareja? - preguntó el cocinero fumando de su calada – Ya sabes, son muy diferentes.
-Dicen, que los polos opuestos se atraen – le dijo Nami sonriendo pícara, como siempre. Eso hizo que Sanji se volviera medio loco.
-¡Que bonita sonrisa tienes, mi querida navengante!
-Sanji, querido, tu y yo no somos polos opuestos – rió y se marchó a seguir dibujando sus mapas.
El sol se estaba poniendo cuando Samy decidió dejar de jugar con Luffy para ir a ducharse. Pasando primero por donde entrenaba Zoro y sonriendole. Él se quedó atontado mirandola, como hipnotizado. Llevaba todo el día pensando en ella, en como había dormido la noche anterior. En como no había dejado besarse y había perdido una oportunidad de sentirla cerca. Dejó las pesas y la siguió. Cuando llegó a donde estaba ella estaban pasando por delante de la cocina, la cogió del brazo y se metieron ahí cerrando la puerta para que nadie les viese. La cogió de la cintura y la sentó en la encimera. La chica sonreía y le pasó los brazos por la nuca, abrazándolo. Zoro le cogió la cara con las dos manos y la besó. Le besó apasionadamente durante unos segundos y luego la miró a los ojos, ambos sonreían.
-Por fin, ¿Ya tardabas, eh? - le dijo ella. El rio de lado.
-Cállate – le murmuró a la vez que la callaba con un beso mas sensual que el de antes. Sus lenguas se entrelazaban y jugaban entre ellas. Ella le mordía el labio inferior a él de vez en cuando sientiendose juguetona y le acariciaba apasionadamente la espalda hasta donde esta cambia de nombre. Zoro pasó la mano por los muslos de la morena metiendo la mano por debajo de la falda hasta llegar a acariciar una tela húmeda. Samy decidió dejar los labios del espadachín para besarle el cuello y luego el lóbulo de la oreja. A lo que el respondió agarrando uno de los pechos de la chica. En ese momento oyeron unos pasos corriendo hacia la cocina y se separaron rápidamente. Y entró Chopper por la puerta.
-¡Hola chicos! ¿Que haciais con la puerta cerrada? - preguntó el reno inocente.
-Esto... nada, beber un poco de agua – dijo el espadachín nervioso dandole un trago a un vaso que había en la mesa.
Samy miró el bulto de los pantalones de Zoro y rió.
-Eh... ¿sabeis donde esta Sanji? - preguntó Chopper.
-Debe estar en la cubierta – contestó Samy.
-Gracias Samy – y el reno volvió a salir por donde había entrado.
El peliverde y la morena se quedaron solos de nuevo. Se miraron y empezaron a reír a carcajadas, luego salieron de la cocina y fueron a la cubierta donde estaban todos.
¡Muchas gracias!
