Este capítulo es largo y bonito. Disfrutadlo!
Aviso: Vuelve a contener Lemon!
Ya estaba decidido, en unos días llegarían a Maoyashi donde se alojarían en el 'Tres delicias' y le prepararían una gran fiesta a Usopp. Todos habían acabado emocionándose con la idea, ¿a quien no le gustan las fiestas?
Por otra parte, Samy estaba contenta. Recordaba la noche anterior, como ella y Zoro habían hecho el amor de aquella manera tan fogosa. Se habían sentido unidos, como un solo cuerpo. Y quería repetir, quería que se repitiese todos los días, a todas horas, quería estar con él para siempre. Y sabía que eso no iba a ser tan fácil pues el chico iba de insensible. Pero ella lo iba a conseguir y lo tenía muy claro.
Después del desayuno Nami se acercó a Zoro.
-¿Que tal la noche? - dijo graciosa
-¿Qué? - 'Mierda' Zoro se hizo el tonto.
-Vamos Zoro, mi habitación está al lado del baño, ¿te crees que soy tonta? - Zoro se sonrojó al escuchar las palabras de la pelirroja mientras ella se partía de risa.
-No entiendo por que te ríes tanto – dijo él todavía ruborizado.
-Me alegro de que esteis juntos.
-¿Juntos? - Pregunto el espadachín - ¿Quien ha dicho eso?
-Ah no, nadie... Pero pensaba que... no sé...
-Pues no – y con esto Zoro finalizó la conversación y fue a hacer pesas a la cubierta. 'Juntos... Que tontería, lo de ayer fue... instinto. No estamos juntos, eso significaría tener novia y eso es una tontería. Yo nunca tendré novia, esas cosas no me gustan. Y aunque ella sea la mujer perfecta y la mas bella, y además sea simpática, alegre, natural...'
-¡Hola guapo! - Allí estaba. Zoro se asustó y dejó caer la pesa encima de su pie.
-¡Mierda! - pesaba muchísimo.
-¡Ostia, lo siento, no quería asustarte! ¡Vamos a ver a Chopper!
Y la morena el peliverde cojeando se dirigieron a el cuarto de Chopper, donde tenía montada la enfermería.
-¡Zoro! ¿Pero cuánto pesa esa cosa? - exclamó el reno al ver el golpeado pie de Zoro.
-Mucho – dijo él, cortante.
-¡Demasiado! - exclamó Samy que seguía ahí con ellos – pero es el precio que hay que pagar por perseguir un sueño... - dijo sin perder la sonrisa. Zoro la miró desconcertado. Quería preguntarle a que había venido ese comentario pero no era el momento, no con Chopper ahí.
Chopper tocaba el pie del espadachín buscando algo fracturado.
-Nada, no tienes nada roto. - dijo el reno alegre – podría ser mucho peor. Tienes un buen golpe, date crema unos cuantos días y se te pasará. - ahora se dirigió a la chica – Samy, ¿puedes acompañarle a la cocina y que Sanji le de un poco de hielo?
-¡Claro que si renito bonito! - dijo ella cogiéndolo de una de las mejillas y estirandosela con cariño.
-¡Ay no me digas esas cosas, tonta! - Chopper empezó a hacer su típico bailecito con las piernas de cuando se avergonzaba y se ruborizó.
-¡Vamos cojo! - dijo cogiendo a Zoro de un brazo. Y con esto salieron por la puerta.
-No me llames cojo, puedo caminar solo – protestó Zoro malhumorado mientras se introducían por los pasillos desiertos.
-¿Ah si? - dijo ella apartándose un poco de él y apoyándolo en la pared - ¿Y hay otras cosas que puedes hacer solo? - mientras decía esto con un tono insinuante se acercaba un poco a él.
-¿Otras cosas como que? - seguía enfadado por su dolor en el pie, pero podía seguirle el juego a la pistolera.
-¿Cómo lo de ayer noche? ¿Crees que lo podrías hacer solo? - estaban a unos pocos centímetros el uno del otro.
-No lo creo – dijo él, ahora sonreía.
Ella se abalanzó sobre el chico y le besó. Con pasión como era de costumbre. Él la cogió de la cintura y la acercó a él, quería sentirla cerca, como había hecho la noche anterior. Pero entonces ella se separó.
-Vayamos a por hielo, creo que lo necesitas de verdad – dijo riéndose. Zoro también rió.
Una vez en la cocina Sanji le había dado el hielo a Zoro cuando Samy escuchó a su capitán llamarla para jugar a el juego que jugaban el día anterior.
-Chicos, voy a partir balas con mi cuerpo – sonrió ella – nos vemos luego – le dio un beso en la mejilla a Sanji, el cual estaba girando haciendo la cena, y se le cayó la baba cuando notó los labios de la morena en la cara. La que ahora se dirigía a Zoro sin que el cocinero les viera – Si necesitas algo, estaré en la cubierta con Luffy – y le dio un beso en los labios que duró poco más de un segundo. Y salió.
El cocinero y el espadachín nunca habían sido de conversar a no ser que tuvieran que discutir. Así que se quedaron en silencio notando demasiado que ya no estaba la presencia de Samy. Hasta que el rubio decidió romper el silencio.
-Espero que la cuides, cerebro de músculo.
-¿Que?
-A Samy. No nací ayer. - dio una calada a su cigarro – Espero que no le hagas daño, ella te quiere de verdad.
-¿Tu cómo sabes todo esto? - el peliverde no entendía nada.
-Me lo dijo ella – contestó tranquilamente el rubio fumando de su cigarro.
-¿Enserio? - Zoro estaba sorprendido. Samy había hablado de él.
-¿Porque te iba a mentir? - Sanji seguía con la misma tranquilidad. Volvieron a quedarse en silencio durante unos segundos. - ¿La quieres Zoro?
Zoro se quedó en blanco. No sabía que contestar. No se esperaba esa pregunta y menos por parte de el cocinero.
-Zoro – Sanji dio otra calada – contéstame.
-No lo sé – se limitó a contestar el espadachín. Era mentira, obviamente.
-Vamos, no me jodas. - Sanji ya no estaba tan tranquilo – más te vale que eso sea mentira. - y salió de la cocina para dirigirse a la cubierta donde estaban Samy y Luffy jugando a partir balas por la mitad. Sanji la contemplaba. Era hermosa. Cómo el estúpido cerebro de músculo se atreviera a hacerle nada le iba a matar. Si él tuviera la oportunidad de tener a una chica como ella no la desaprovecharía por nada del mundo. Él siempre andaba tirando los tejos a todas las chicas guapas pero nunca se había sentido querido por una mujer. Siempre le habían utilizado culpa de su debilidad por las mujeres. Dio una calada a su cigarro y suspiró. Ojalá algún día llegase la mujer que le hiciera sentir querido.
El resto del día transcurrió normal. Samy y Zoro se dirigían unas miradas de vez en cuando un tanto seductoras el uno a el otro. Llegó la cena y ambos tenían ganas de terminar que todos se fueran a dormir. Para poder estar solos. Se deseaban.
Tras la cena Nami fue a la cubierta, le tocaba vigilar. Se sentaría como siempre a mirar las estrellas. Luffy, se fue a dormir y a los treinta segundos todos sus camaradas ya escuchaban los ronquidos del chico de goma. Robin leyó de su libro hasta tarde. Usopp y Chopper se fueron a sus habitaciones y durmieron, lo mismo que hizo Sanji después de fumarse el último cigarrillo del día. Samy se fue a su habitación y esperó, como había hecho un par de noches anteriormente. A continuación fue a la habitación de Zoro, abrió la puerta. Pero no vio a nadie, dio un par de pasos y se quedó extrañada. Pero entonces notó unas cálidas manos en su cintura que salían de detrás de la puerta. Se giró y lo vio. Ambos sonrieron y sin decir nada empezaron a besarse desesperadamente. Cuando se separaron por la falta de aire Zoro habló entre suspiros.
-Llevo todo el día pensando en la maravillosa noche que pasamos ayer.
-Vamos – dijo Samy sonriendo – que quieres repetir, ¿no?
-Necesito volver a sentirte mía, volver a poseerte – se sinceró Zoro. Samy se limitó a sonreír, empujó a Zoro de manera que este cayó en la cama y empezaron a besarse con mas desesperación que antes, si cabía. Empezaron a tocarse ambos cuerpos y notaron que la ropa empezaba a sobrar. Así que se la quitaron con lujuria hasta quedarse desnudos. Zoro acariciaba el sexo de la chica mientras esta le besaba el cuello y le daba dulces mordiscos para excitarlo, cosa que conseguía fácilmente. De repente ella bajó a el miembro de Zoro, sin rodeos, no cómo había hecho la noche anterior, fue directa y lo rodeó con los labios haciendo que el espadachín soltara un gemido y se estremeciera. Samy siguió así unos minutos hasta que Zoro la agarró y la puso contra la cama poniéndose él encima de la chica. Empezó con su cuello , besándolo con dulzura, y el lóbulo de la oreja, siguió con su clavícula dando pequeños y suaves mordiscos luego siguió con uno de sus pechos. Mientras lamía uno de los pezones de la chica acariciaba el otro con una de sus manos, repitió la maniobra al revés y luego fue bajando lentamente por el vientre de la morena haciendo que esta sintiera ligeros escalofríos, se distrajo en el ombligo y siguió bajando hasta que llegó hasta las partes íntimas de Samy. La miró a los ojos. Unos preciosos ojos verdes que claramente decían 'Vamos, Zoro' y que sostenían una mirada de pasión que volvía loco al peliverde. Empezó a lamer y saborear las partes íntimas de la chica, despacio. Esta curvó la espalda y agarró al espadachín del pelo mientras soltaba algún que otro gemido medio silencioso. El espadachín empezó a mover su lengua con más rapidez hasta que la chica soltó un grito ahogado lo que le indicó a él que ella había llegado al orgasmo. Y entonces volvió a recorrer el vientre de la chica con besos hasta llegar a el cuello, y por último a sus labios, la besó y luego sin pensárselo dos veces la penetró. El espadachín no pudo contener poner una cara de satisfacción que hizo que la morena sonriera. Zoro empezó con un movimiento suave que de cada vez se volvía mas brusco, no aguantaría mucho pues la chica le ponía loco. Ella dio un impulso para ponerse ella encima. Él sonrió y pensó 'Esta chica, le gusta controlarlo todo'. Ella empezó con el movimiento que había dejado Zoro a medias. Samy tenía la espalda recta, Zoro la cogía de la cintura haciendo fuerza, quería sentirla al máximo. Samy vio la cara del espadachín, sabía que dentro de poco llegaría al clímax así que le dio mas fuerza al movimiento pues a ella tampoco le quedaba mucho. No sabía si eran las gotas de sudor de su espalda o la sensación de sentir a la persona que quería dentro de ella lo que le hacían sentir esos continuos escalofríos. Y de un momento para otro ambos llegaron a el clímax. Zoro soltó un suspiro hondo y ella se tapó la boca con el puño para evitar gritar mientras miraba al techo. Y cuando ya se habían calmado un poco bajó la mirada y se encontró con unos ojos cerrados y una sonrisa pintada en la cara de Zoro. Bajó el cuerpo y lo abrazó fuerte, no quería que se fuera nunca de su lado. Le besó dulcemente en los labios a lo que el correspondió. Y entonces se bajó de encima del espadachín parra tumbarse a su lado. Estuvieron unos largos minutos así. Descansando. Repletos de felicidad.
-No has estado nada mal, espadachín. – bromeó ella. Zoro sonrió.
-Tu también has estado genial, ademas, no sabes lo sexy que estas con el puño en la boca. - siguió la broma el peliverde. Ella rió, un poco avergonzada.
-Buenas noches, Zoro. - dijo ella sonriendo – que sueñes con los angelitos.
-Prefiero soñar contigo – dijo el mientras le besaba la frente.
Cuando Samy despertó Zoro ya no estaba y oía los gritos de sus amigos que provenían de la cocina. 'Mierda' pensó '¿Y ahora cómo lo hago para cambiarme? Se levantó, estaba completamente desnuda, pensó en ponerse la misma ropa que el día anterior, aunque sería sospechoso peor sería si se pasease desnuda por los pasillos con sus amigos por ahí rondando. Pero su ropa no estaba. La buscó por todo, no recordaba donde la había dejado la noche anterior mas que nada porque no se la había quitado ella. Se puso una camiseta de Zoro que le tapaba justo el trasero para buscar mejor. Y entonces se abrió la puerta.
-¿Buscas esto?
-¡Zoro! ¡Que susto! - el peliverde llevaba unos pantalones y una camiseta en la mano junto ropa interior. No era lo mismo del día anterior. - ¿Me has traído ropa?
-Si, pensé que la necesitarías. - se acercó a ella y le dio un beso en los labios.
-¿La has elegido tu? - preguntó ella mientras se vestía.
-No, bueno... En realidad la ha elegido Nami...
-¿Nami? - le miró sorprendida – entonces ella sabe que...
-Oh – 'Mierda' - ¿Te importa? Lo siento yo no...
-No, no me importa. - sonrió ella ya vestida dándole un beso en los labios. - Vamos, tengo muchísima hambre.
-Si, pues Luffy se lo había comido casi todo.
-Tranquilo, Sanji me preparará mas comida, no creo que tenga ninguna pega.
El día fue bastante tranquilo. Cómo de normal. Samy se acercaba a darle un beso a Zoro cada vez que veía la oportunidad de que no les viese nadie.
'Vale, esto ya no es sólo instinto' pensaba Zoro 'Joder, mierda. Me gusta de verdad y no solo me gusta, quiero sentirla cerca a todo momento, quiero besarla a todas horas. La quiero, si, la quiero. ¡Es eso! ¡La quiero! Pero no se si ella... tengo que intentarlo. Y seré el mejor espadachín del mundo junto a ella, que será la mejor pistolera. ¡Y estaremos juntos para siempre! Y si dios nos deja, tendremos hijos ¡Muchos hijos! Mierda, me estoy pasando... Zoro, controlate.'
A la hora de la cena Zoro fue el primero en entrar en la cocina donde Sanji estaba cocinando. Quería decirle cosa a el cocinero pero no se atrevía.
-Esto... Sanji...
-Dime musculitos – dijo mientras fumaba de su cigarrillo, tranquilo, como siempre que no había una mujer a su alrededor.
-Si.
-¿Si qué?
-Que si que la quiero.
Sanji se giró y miró a Zoro sonriendo.
-Alucinante – dijo el cocinero – al final vas a tener sentimientos y todo – pues si tanto la quieres, no la dejes escapar y cuidala o te juro que te mato. ¿Entiendes? - Zoro sonrió.
-Entiendo. - Ahora sonreían los dos.
Cenaron. Y Nami anunció que en un par de días llegarían a Maoyashi ya que de cada vez hacía mas frío.
Después de cenar Zoro fue a su habitación, esperaba a su chica. Sentado en la cama, quería decirle lo que sentía pero tenía miedo de no ser correspondido. Ella llegó dándole un fuerte abrazo. Hicieron el amor, igual que la noche anterior. Y una vez habían terminado se acurrucaron cómo siempre.
-Samy, ¿te puedo hacer una pregunta? - dijo el espadachín
-Claro.
-¿A que vino el comentario de el otro día en la enfermería? El de que mis pesas pesan demasiado pero es el precio que hay que pagar por perseguir un sueño? - Notó como la chica se sonrojaba.
-Pues que tener el pie hinchado durante un par de días, hacerte algún rasguño entrenando, cargarte una de tus katanas, perder un combate, esas son las consecuencias que tiene perseguir un sueño. Es lo que tiene. Pero dejar el amor aparte de tu vida no tiene nada que ver. Y eso es lo que tú haces. Te crees que si te enamoras algún día será el fin para tu sueño y no es así. - explicó ella con total serenidad. Él se quedó en silencio durante unos segundos.
-No digas si me enamoro algún día – habló por fin – porque ya estoy enamorado.
-Ves lo que te digo, ni siquiera te... - entonces se dio cuenta de lo que había dicho el chico – espera, ¿que has dicho?
-Que estoy enamorado. Desde el día en que te conocí. - Eso último lo dijo mirándola a los ojos. Esperando una respuesta. Ella le abrazó, tenía los ojos apunto de soltar alguna lagrima de felicidad. Le besó. Y le cayó la primera lágrima de felicidad.
-Te quiero Zoro. - le dijo mirándole a los ojos sosteniendo una mirada profunda y sincera – Yo te ayudaré a cumplir tu sueño, seremos invencibles. El mejor espadachín y la mejor pistolera. Seremos únicos. Te lo prometo.
-Gracias Samy, eres demasiado perfecta para mí. Y no llores, por favor.
-¡Es que soy muy feliz Zoro! - se abrazaron muy fuerte.
-Me alegro de que estemos juntos.
Samy se despertó mas tarde que Zoro y de nuevo este le había dejado ropa preparada. Samy se vistió y salió a la cocina. Caminaba y parecía que bailaba, estaba que rebosaba felicidad. Entró en la cocina.
-¡Sanji quiero la tostada mas grande del mundo! ¡Hola narizotas! ¡Buenos días Luffy! ¡Navegante, que guapa estás hoy! ¡Robin! ¿Ya te has terminado el libro de ayer? ¡De cada día estas mas mono Chopper! - después de saludarlos a todos se acercó a Zoro – Buenos días Zorito – y le besó en los labios, delante de todos sus camaradas.
Sanji sonrió. Nami reía por lo rojo que estaba el espadachín. Robin les miraba con esa cara de 'Era de esperar' típica de ella. Luffy abrió los ojos cómo platos. Usopp se cayó de la silla. Y Chopper les miraba con cara de no entender lo que pasaba.
-¡¿Estáis juntos? - gritó Usopp desde el suelo.
-Si – dijo Samy alegremente - ¿verdad? - dirigiéndose a Zoro quién asintió con la cabeza.
-Si mi capitán me da la aprobación, claro. - dijo el espadachín bromeando por la cara que había puesto el chico de goma.
-Samy, - dijo Luffy - ¿Vas a dejar de jugar conmigo?
-¿¡Estas de broma! ¡Por supuesto que no!
-Ah bueno, entonces vale – y siguió comiendo. Todos rieron.
Tardaron un buen rato en que Chopper lo comprendiera todo pero al final todos estaban muy contentos de que sus camaradas se quisieran.
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