Espero que os guste!


Entre toda la tripulación hicieron un juego a suertes a ver a quién le tocaba vigilar esa noche y le tocó a Zoro. Samy y el peliverde no habían hablado mas desde esa mañana. Y ella se encontraba hablando con Sanji sobre especias. Zoro se acercó.

-Esta noche, tendrás que dormir sola yo tengo que vigilar.

-Ya, ya lo sé – y esta se marchó esperando que el espadachín le siguiera y poder hablar con él. Pero él se marcho hacía otro lado.

Un par de horas mas tarde toda la tripulación dormía menos Zoro que estaba vigilando y Samy que estaba en la cocina bebiendo un vaso de agua que parecía no vaciarse nunca.

Entonces oyó unos pasos, esperanzada en que fuera Zoro alzó la vista, pero vio entrar a Sanji con unos pantalones blancos y sin camiseta.

-Eh, ¿que haces aquí dulce princesa? - dijo Sanji al ver la imagen de la chica en ropa interior y una camisa blanca medio desabrochada - ¿Te encuentras bien? - preguntó cuando vio que una lágrima asomaba de el ojo de esta.

Ella le miró. Y negó con la cabeza.

-Creo que Zoro no quiere estar conmigo – admitió ella.

-Ese idiota – dijo el rubio - ¿que te ha hecho?

Samy le contó lo que había pasado en todo el día y como se sentía. Lloraba, algo muy raro en ella.

-Tranquila, verás que cuando le rompa la mandíbula de una patada se le pasa la tontería – decía el cocinero amenazante.

-Sanji, eso no es lo que puedes hacer por mi.

-Entonces, ¿que es?

-No me apetece dormir sola.

-¡¿Me estas pidiendo que duerma contigo querida morenaza, la musa de mis sueños? - a Sanji le empezó a sangrar lentamente la nariz.

-Si tienes algun inconveniente no, eh.

-Por supuesto que si, vamos princesa.

Se levantaron y caminaron todo el pasillo, pues el camarote de Sanji era el último. Antes de entrar por la puerta Samy le abrazó.

-Gracias Sanji, eres un gran amigo.

Y entraron.

Zoro miraba las estrellas. No sabía que hacer. Estaba enamorado de Samy, pero las cosas no eran como esperaba. No sabía lo que esperaba, era algo raro para él. Decidió ir a por una cerveza cuando abrió la puerta de el pasillo y vio a su chica abrazando a el asqueroso cocinero y metiendose en la misma habitación. La rabia y la ira empezaron a invadir su cuerpo, volvió a la cubierta y entrenó hasta que amaneció.

Cuando Sanji despertó la chica ya no estaba, había dormido con ella pero no se habían ni rozado. Ante todo, era un caballero y ella una dama quien confiaba en él.

En el desayuno Nami dio una noticia.

-Chicos, esta tarde llegaremos a Bine, hemos llegado muy rapido pues las corrientes eran muy fuertes.

-¡Genial! ¡Isla! ¡Isla! ¡Isla! - gritaba Luffy dando saltos de emoción.

Unas horas mas tarde estaban todos en cubierta, ya no hacía tanto frío. Bine era una isla primaveral. Zoro entrenaba, no había hablado con Samy, quien le miraba desde atrás muriendose por ir a darle un beso.

Nami estaba mirando unos mapas que había hecho unos días antes. Cuando cayó Luffy de el mástil encima de sus mapas.

-¿Se puede saber que haces? - gritó enfurecida.

-Esto... Nami, tenemos un problema.

-Si – admitió ella - ¡Que tenemos un capitán que es idiota!

-No... Que una familia muy numerosa de gaviotas vienen a atacarnos.

-¿Que? - Nami se dio la vuelta y vio cientos de gaviotas que venian hacía ellos - ¡Chopper! - gritó. Y el reno apareció a su lado en cuestión de segundos. - Diles que se vayan.

-Socorro, vamos a ser devorados – chillaba Usopp muerto de miedo.

Chopper empezó a ser atacado por las gaviotas hasta que Sanji empezó a repartir patadas.

-Diles que se vayan o acabaran en el horno – dijo el rubio fumando de su cigarro.

-Es que dicen que Luffy les ha atacado – explicó el médico.

Nami miró a Luffy con rabia. Cuando de repente las gaviotas se fueron.

-¿Que les has dicho? - preguntó Luffy a Chopper.

-Que eras de goma y que no eres comestible.

Luffy se echó a reír.

-¿Y que les has hecho para atacarlas? - preguntó la pelirroja.

-Pues estaba pescando pájaros.

Todos le miraron sin entender nada.

-Veréis me estaba comiendo un trozo de carne en la punta de el mástil y pensé que si lo agitaba por el aire los pájaros lo olerían y vendrían a por él entonces yo los cogería y se los daría a Sanji para que los cocinara – explicaba el chico de goma – entonces vino una estúpida gaviota y intentó quitarme mi carne de verdad y le di un puñetazo, pero no la cogí.

-De cada día eres mas tonto – concluyó Nami recogiendo sus mapas de el suelo. 'No parece la misma persona que besé el día de la fiesta, ahí parecía un hombre y ahora no es mas que un niño' . Y la pelirroja se metió en su habitación.

En la otra punta de la cubierta Samy decidió dejar de sufrir y ir a hablar con es espadachín.

-¿Me puedes decir que mierdas te pasa? - preguntó directamente. No le gustaba andarse con rodeos.

-Nada. - respondió el peliverde sin apartar la vista de su pesa.

-Zoro...

-¿Que? - igual de serio que antes.

-Que llevas todo el día sin hablarme.

-Tu sabrás.

-Mira Zoro no se que te pasa pero yo estas rabietas no las voy a aguantar asi que haz el favor de hablar comigo.

-Y yo no pienso aguantar que duermas con el cocinero.

Samy se quedó blanca.

-Zoro no es nada de eso. - ¿Como le iba a decir que estaba llorando por él? - Yo... estaba hablando con Sanji no quería estar sola y... no pasó nada, te lo juro, yo nunca te haría una cosa así.

-Tu lo que quieres es no dormir sola y los días que yo no estoy pues te buscas a otro ¿o que pasa? - Zoro dejó la pesa en el suelo, con fuerza y la miró a los ojos.

-Te has pasado. - a Samy le había afectado lo que le había dicho el peliverde.

-No me gusta que me engañen – Zoro seguía igual de duro.

-Si ayer no hubieras pasado de mi en todo el día, yo no hubiera estado triste, hubiera podido dormir, no me hubiera encontrado con Sanji en la cocina, no hubiera llorado, y no me habría sentido sola. Eso es todo.

Zoro se quedó paralizado. Había dicho la palabra 'llorar'. Samy. Samy que era tan alegre.

-Yo... ayer no pasé de ti.

-¡Y una mierda! - esta vez gritaba ella – si no quieres estar conmigo, lo dices y punto pero a mi no me tomes el pelo. Yo te quiero y lo sabes pero si tu no te ves capaz de llevar esto pues a tomar por culo.

Se quedaron unos segundos en silencio.

-Pues igual es eso lo que pasa. Yo... no me imaginaba que esto fuera asi – se acercó a ella- lo siento Samy, yo desde que estoy contigo no entreno y no puedo dejar de lado mi sueño, es mi destino. Es mi deber. - el peliverde vio como una lagrima acariciaba la cara de la chica. Lo siento Samy, entiendeme – se acercó mas.

-Déjalo – dijo ella secandose las lágrimas y se fue a su habitación dejandose invadir por la tristeza.


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