Empieza la acción en esta historia, espero que os guste.


*Narra Samy.

Entre llanto y llanto me daba pellizcos, no podía ser. Tenía que ser una pesadilla. No podía perder a la persona que le había hecho sentirse viva después de tanto tiempo buscando una venganza. Tanto tiempo sola sin nadie a quien abrazar ni dar cariño. Le amaba y yo no no quería perderlo. Pensaba una y otra vez en como había empezado todo, en como le había dado el primer beso y como durmieron juntos la primera noche después de conocerse. Recordaba aquella discusión idiota en la playa de Plere y la primera vez que habíamos hecho el amor. Como me besaba y como me hacía sentirme parte de él. Y entonces recordé como le había conquistado hacía apenas unas semanas y inconscientemente sonreí al recordar las tonterías que había hecho, en como había hecho a aquel espadachín mio y solo mio. Me acordé también de las palabras de Aria. 'El amor siempre triunfa'. Una parte de mí empezó a pensar en la posibilidad de volver a conquistarle pero otra decía que sería hacer la idiota ya que él había dejado claro que no quería una relación. Pero sentí deseos de ducharme con agua fría, vestirme como una diosa y salir a cubierta. Me incorporé y me senté en la cama, secándome las lágrimas y entonces abrieron la puerta de mi habitación y una cabeza pelirroja se asomó.

-Samy que en un rato llegaremos a Bine que si... - Nami se percató de mis lágrimas - ¿Estas bien? - la navegante cerró la puerta y se sentó a mi lado haciéndome sentir mejor.

Me limité a negar con la cabeza, me costaba admitir que estaba sufriendo de verdad.

-Zoro y yo lo hemos... dejado. - dije al fin.

-¡Este tío es idiota! - Nami parecía enfadada de verdad y me abrazó dulcemente, se parecía a el abrazo que me había dado Aria. – No te preocupes, se le pasará, es un maldito insensible que no piensa las cosas espera a que se lo piense dos veces verás como todo se arregla.

-No se Nami, él dice que si está conmigo no podrá cumplir su sueño y sabes lo que es eso para él.

-Ya, pero...

-Da igual – dije sonriendo forzadamente, no quería que Nami se preocupara demasiado por mi – estoy bien, voy a ducharme y iré a la cubierta a ayudaros.

-Como quieras – y la pelirroja salió por la puerta.

*Deja de narrar Samy.

Nami caminaba por los pasillos hacia la cubierta. Estaba enfadada y sus pequeños tacones resonaban en la madera de el suelo. Salió y vio a Zoro a lo lejos entrenando y mas serio que de costumbre. Se acercó a él.

-Tu eres tonto.

Zoro se percató de la presencia de la pelirroja y fue a decir algo pero ella le cortó.

-No, no digas nada. No me vengas con el rollo de entrenar porque tu y yo sabemos que no tiene nada que ver con ella. Te da miedo el futuro, te dan miedo tus sentimientos. ¿Y sabes que te digo? Que es una cosa muy normal y como hagas mucho el listo, la vas a perder para siempre y cuando seas un viejo solitario y asqueado te arrepentirás. Y mucho. - Con esto la navegante dio por finalizada la conversación, si se podía llamar así y se fue.

En la otra punta de cubierta...

-¡Nami! ¡Que ya llegamos! ¡Que llegamos Nami, ven aquí! - Luffy estaba muy entusiasmado por encontrar una nueva isla en su ruta.

-Que si, que ya voy, pesado. - decía la pelirroja todavía pensando en lo idiota que era el espadachín. - ¡Chicos! ¡Todos a cubierta! ¡Vamos a amarrar ahí! - señaló un punto fijo en la isla.

Todos menos Samy estaban en cubierta.

-Nami, ¿y porque Samy puede librarse de estar aquí? - se quejaba el chico de goma - ¡Que morro!

-¡Callate y haz lo que te ordeno! - gritó la pelirroja.

-¡Jope, yo también quiero descansar como ella! - seguía opinando Luffy.

-Vamos Luffy, no seas tan quejica – el aludido se giró al escuchar esa voz tan dulce, alegre y conocida – que solo me he retrasado un poquito. Además, tu eres el capitán, ¿no?

Todos se giraron para ver de quien procedía la voz de sus espaldas, aunque ya lo sabían.

*Pensamientos Zoro.

'Y ahí está ella. Ella con ese vestido blanco medio transparente con ese escote que quita el hipo que sabe que me vuelve loco. Me ha mirado, una mirada fría a la que no estoy acostumbrado. Sus ojos, ha llorado, la conozco bien. No quiero que llore por mi culpa. ¡Dios! Me odio, ahora mismo me clavaría la mas fuerte de mis espadas por hacerle daño. No puedo evitarlo, la amo, pero no se porque me comporto de esa manera. No me siento yo cuando estoy con ella, me siento una persona que le da igual todo y que no piensa en el futuro, solo en el presente y eso no me lo puedo permitir. Soy el futuro mejor espadachín del mundo. Aunque podría serlo a su lado. Mierda, estoy hecho un lió.'

-¡Zoro! - Nami despertó a el espadachín - ¿Que no me oyes? ¡Que estires de esa cuerda, inútil!

*Fin de los pensamientos de Zoro.

Amarraron donde había dicho Nami, obviamente. Luffy enseguida quiso ir a investigar y Samy también así que Sanji les estaba preparando una mochila llena de comida.

Samy sabía que hacía un rato había mirado a Zoro con frialdad y no era su intención así que esta vez le miró, sus ojos se cruzaron, fue una mirada mas tierna, luego desvió la mirada pues sentía que se volvía a invadir por la tristeza.

Zoro cabizbajo se sentó en un rincón y se puso a dormir, como siempre.

Samy y Luffy estaban apunto de partir cuando sintieron un enorme estruendo. El chico de goma y su amiga salieron corriendo a cubierta haber que pasaba. Había salido un hombre de el mar acompañado por lo que parecía un tigre gigante que llevaba a otro hombre en su lomo. Caminaban sobre el mar. Los hombres llevaban un traje de vestir amarillo chillón y tenía las manos detrás de la espalda.

-¿Quienes sois vosotros? - preguntó Sanji dándole una calada a el cigarro que tenía en la boca.

-¿Y que habéis venido a hacer aquí? - preguntó Nami.

Los hombres no contestaron. El que estaba de pie se limitó sonreír. Miró a toda la tripulación. Y se dirigió a el otro hombre.

-Tres, Jop. - todavía sonriendo.

El hombre que estaba encima de el tigre le tiró tres sobres a el primer hombre quien los cogió al vuelo y los despegó. Eran tres redes, las tiró con una gran precisión y estas cogieron a Nami, Robin y Samy.

-¿Que hacéis con mis princesas idiotas? - gritó Sanji.

Los hombres le ignoraron. Jop bajó de el tigre y fue hacia el barco muy rápido, nadie le pudo ver, y cogió las tres redes.

Samy y Robin intentaron usar sus poderes de belcebú para deshacerse de las redes pero acabaron tiradas en ellas sin poder moverse.

-¡Redes de kairouseki! - gritó Chopper.

Zoro se había despertado. Miró lo que pasaba a su alrededor y vio a Samy tendida encima de ese tigre dentro de una red. Totalmente indefensa. No podía moverse. Zoro vio como la chica ponía los ojos en él y susurraba algo. Zoro leyéndole los labios dedució que era algo como 'Ayudame'. Se levantó corriendo para ir en busca de las tres chicas. Oía como Luffy y Sanji también iba hacia los hombres, los gritos de Chopper y Usopp de pánico y los gritos de auxilio de Nami que era la única que se mantenía en pie porque no había tomado ninguna nuez de belcebú. Sacó su Ataque Climático, pero esos hombres se lo quitaron de las manos sin que ella pudiera llegar ni a desdoblarlo, eran increíblemente rápidos.

Cuando el espadachín, el capitán y Sanji estaban cerca de los hombres y se disponían a atacarles el extraño tigre alzó una pata y se creó un cristal extremadamente duro delante de las narices de los tres chicos quien se quedaron sin poder hacer nada. Intentaban romper el cristal pero no podían.

-¡Soltadlas! - gritaban desesperados.

-Ahora estas mujeres son propiedad nuestra, de nuestro rey. Adiós chicos. - dijo el hombre que iba delante y después siguieron caminando encima de un cristal que había puesto el tigre y parecía que caminaban sobre el agua.

-¡Samy! - gritó Zoro con todas sus fuerzas y vio como ella conseguía alzar un poco la cabeza para mirarle. - ¡Te juro que te traeré de vuelta!

-¡Se han llevado a parte de mi tripulación y esto no va a quedar así! - decía Luffy, serio – Nami... - susurró sin que nadie le oyera.

-¡Mis chicas! - Sanji estaba muy furioso - ¿¡Como se atreven!

-El valiente capitán Usopp las salvará. - dijo el narizotas.

-Iremos a por ellas – dijo convencido el reno de nariz azul – y las traeremos de vuelta.

-Iremos no, Chopper – dijo Luffy cortante – Yo me voy ya.

-Para Luffy, tenemos que ser conscientes de nuestros actos, si no podríamos ponerlas en peligro – explicó el médico – Robin leyó que esta isla estaba desierta en un libro suyo, voy a leerlo haber si encuentro algún tipo de información que nos sirva. Vosotros tranquilizaros, es tarde, mañana temprano iremos en busca de las chicas y las traeremos de vuelta.

-Me parece sensato – dijo Sanji encendiéndose otro cigarro, estaba nervioso.

-Yo lo único que quiero es traerlas de vuelta – dijo Zoro.

-Luffy, es lo mejor – dijo Usopp al ver que su capitán no estaba muy convencido con la opción de Chopper.

-Está bien, pero mañana, nosotros cinco, salvaremos a nuestras amigas. - dijo al fin el chico de goma.

Cenaron los chicos en silencio y cada uno se fue a su habitación.

Zoro en su habitación estaba sentado en la cama con los pies en el suelo. Quería ver a Samy, necesitaba tenerla cerca, besarla, abrazarla y sentirla. Miró su cama, donde habían dormido juntos mas de una vez, donde habían vivido momentos tan bonitos y él como un imbécil la había dejado. Quería recuperara, como ese estúpido rey se atreviese a tocarle... Solo de pensarlo se le erizaba la piel. Decidió tumbarse y descansar, necesitaría todas sus fuerzas para traer de nuevo a su chica. Olió las sabanas, olían a ella. 'Mi princesa' pensó 'Espero que puedas perdonarme'. Dio un golpe de rabia con el puño cerrado a la pared.

Luffy estaba tumbado intentando conciliar el sueño. No paraba de pensar en las cosas malas que le podían pasar a sus amigas ahí donde se las hubieran llevado. Y quien osaba quitarle un solo miembro de su tripulación debía ser hombre muerto. Quería vengarse. Suspiró. Volvió a cerrar los ojos y la vio, sonriendo. Quería volver a tener a Nami, su mejor amiga a su lado, riéndose con él y de él como hacía siempre. Recordó como se habían besado en la fiesta de Usopp. No habían hablado de el tema nunca pero ambos lo tenían presente, no lo olvidaban.

En ese momento escuchó un golpe procedente del camarote de Zoro que estaba a su lado. Pensó en como se estaría sintiendo su amigo con la persona que amaba lejos.

-¡Zoro! - gritó desde su cama - ¡Te prometo que la traeremos de vuelta! ¡A las tres!


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