Leed, que os va a gustar! O eso espero!
Robin había estado inconsciente todo el camino. Desperó y estaba en una celda con barrotes, era espaciosa y tenía un par de biombos que escondian una cama y un pequeño baño. Hacía mucha calor. Miró al techo y vio tierra y piedras.
-Por la calor, el techo y la presión, diría que estamos bajo tierra. - Se levantó y paseó por la celda hasta que vio que un hombre con un traje naranja se acercaba a su celda con una bolsa de tela.
-Por fin despiertas guapa – tenía una voz ronca y desagradable – ponte esto – dijo tirandole entre los barrotes una bolsa con ropa. Robin le ignoró e intentó usar su poder de belcebú para robarle lo que parecían las llaves de ese sitio a el tipo de naranja pero sintió que le pesaba el tobillo derecho y cayó al suelo. - No, guapa – el hombre se dio cuenta de lo que intentaba hacer la arqueóloga – os han puesto un chip de kairouseki a ti y a tu amiga la morena, pero es diferente a el resto de kairouseki, solo os afectará si intentais usar vuestros poderes – sonrió – hazme caso.
Robin abrió la bolsa y vio que en su interior había un corpiño muy pequeño, unos shorts y unas manoletinas, todo de color azul marino.
-No pienso ponerme esto – dijo la chica que notó su voz ronca.
-¿Segura?
-Segurísima.
Entonces el hombre sacó un mando pequeño con un botón rojo y lo apretó. A Robin una descarga eléctrica le rodeó el cuerpo y hizo que se quedara tendida en el suelo. El hombre sonrió.
-Pontelo, va, ahora. - ordenó de nuevo el hombre. Robin estaba tendida en el suelo y se levantó poco a poco cogió la bolsa y empezó a dirigirse a la parte de la celda que cubría el biombo. - ¿donde crees que vas? Pontelo aquí delante mio.
-¿Que? – se sorprendió Robin.
-¿Acaso no has visto el color de mi traje? Los naranjas somos los que comprobamos las mujeres que traen los amarillos. ¿Entiendes?
-No pienso cambiarme delante tuyo. - dijo Robin.
El hombre sonrió y volvió a darle al botón rojo, esta vez mas fuerte. Robin cayó al suelo por la fuerte descarga eléctrica. Le costaba respirar.
-Vamos chica, cambiate.
-No – consiguió decir Robin entre suspiro y suspiro.
El hombre apretó el botón de nuevo y Robin quedó tendida en el suelo.
-Un par de veces mas y morirás y luego tus amigas seguirán pagando por tu condena. - rió – al final moriréis las tres porque ellas están casi como tú, también se negaban a cambiarse. Pero al final, mm... que cuerpazo que tienen, eh.
Robin pensó que si no se cambiaba sus camaradas morirían y eso no lo podía permitir. Se levantó despacio como pudo y empezó a desnudarse para ponerse lo que le había dado aquel hombre repugnante. El corpiño apenas le cabía, le costaba respirar y los shorts dejaban medio trasero de la arqueóloga a la vista. Era una ropa muy incómoda. Miró a el hombre.
-¿Contento? - preguntó la chica fijándose en que el hombre tenía un bulto en su entrepierna cosa que hizo que le entraran arcadas.
-Por supuesto. - sonreía sarcásticamente – en un rato te vendrán a buscar para llevarte ante el rey. - y con esto el hombre desapareció por donde había venido.
'Luffy, no tardes' pensó la arqueóloga intentando recuperar el aliento todavía por las descargas eléctricas. Y se preguntó donde estarían sus amigas ya que a los lados la celda no tenía verjas, solo delante y al fondo solo se podía ver una pared de piedras marrón y una puerta de acero.
La celda de Samy estaba a apenas unos metros de la de Robin pero no lo sabían. La morena se encontraba tumbada en esa cama dura y incómoda. Todavía no sabía donde estaba ni como había llegado allí, solo sabía que un salido de mierda le había hecho quitarse la ropa para ponerse un molesto traje azul marino que le apretaba muchísimo. Oyó unos pasos y se asomó para ver quien era el idiota que venía a verle ahora. Vio a tres hombre vestido con un traje rojo.
-Señorita, venimos a buscarla para llevarla ante el rey.
-¿El rey? No, a mi dejadme en paz.
-Señorita tiene que venir con nosotros si no nos veremos obligados a electrocutarle.
Estos hombres no eran tan groseros como los que iban de naranja. Y el que iba delante abrió la celda. Cogió a Samy por el brazo quien intentaba forcejear con ellos. Le pusieron unas esposas y le llevaron por unos pasillos. Todo estaba muy oscuro y las paredes estaban construidas con piedras marrones. Llegaron a una puerta enorme y la abrieron. Era una sala muy espaciosa y luminosa con una alfombra roja muy larga que llegaba hasta un enorme trono de color dorado en el que había un hombre gordo, con la cara que parecía deformada, tenía el pelo de color plateado y unas manos peculiarmente pequeñas.
-Señor, aquí le traemos a la primera de las tres mujeres que hemos cogido hoy. - informó uno de los hombres de rojo.
-Dejadme verla – tenía una horrible voz de pito. Los tres hombres acercaron a Samy a el horrible hombre. - Hola guapa, llamame rey.
-No te pienso llamar de ninguna manera porque me pienso ir de aquí. - dijo Samy muy seria.
-No creo que te vayas, me gusta mucho tu cuerpo, no te dejaré ir. - dijo el rey con una sonrisa perversa. – ¿Como te llamas?
-No te importa mi nombre.
-Tienes razón, porque a partir de ahora eres la número setenta y tres. Encantado de haberte conocido, un día de estos nos veremos de nuevo, te lo prometo – se levantó, se acercó a ella y le tocó un pecho. Ella se erizó y fue a darle una patada, pero los hombres de rojo la tenían cogida de por todo, no podía moverse.
-Cerdo – masculló.
-Llevadla a que la marquen.
-Por supuesto señor. - dijeron los tres hombres.
Nami estaba en su habitación, la acababan de dejar ahí despues de llevarla a conocer a aquel asqueroso rey que le había lamido los labios de una manera asquerosa. La pelirroja no hacía mas que escupir para quitarse cualquier cosa que hubiera podido dejar aquel degenerado en sus labios cuando de repente notó un dolor punzante en el hombro derecho, miró la marca que le habían hecho esos idiotas de rojo. La habían marcado con un '74' caliente, era pequeño pero aun así dolía muchísimo, quemaba. Volvieron a aparecer unos hombres de rojo, pero no eran los mismos.
-Setenta y cuatro, hora de cenar, vamos.
Abrieron la puerta y llevaron a Nami hasta un comedor enorme donde había muchas chicas vestidas igual que ella. Todas eran guapas y tenian buen cuerpo. Parecía un comedor de colegio, había mesas con platos de comida ya servidos. Vio a Robin a lo lejos y se acercó a ella.
-¡Robin!
-¿Navegante? - dijo la pelinegra girándose para ver de donde procedía la voz.
-¡Que alegría! ¿Donde estamos?
-He deducido que estamos bajo tierra, por la presión, el clima y las paredes. ¿Estas bien?
-¡Nami! ¡Robin! - las aludidas se giraron y vieron a Samy llegar a donde estaban ellas.
-¿Cómo estais? ¿A vosotras también os han marcado? - dijo señalando el '73' de su hombro.
Robin asintió con la cabeza y dejó a la vista un '75'.
-Ajá – dijo Nami enseñando su '74'.
-Joder, quiero salir de aquí. Está lleno de pervertidos – dijo Samy mientras se sentaban pues tenían mucha hambre – y ese asqueroso rey.
-Y que lo digas – dijo Nami – es espeluznante.
-Estoy segura de que nuestro capitán vendrá a por nosotras – dijo Robin con certeza.
-Sois nuevas, ¿verdad? - preguntó una voz a sus espaldas. Las tres chicas se giraron y vieron a una muchacha con la misma ropa que ellas. Tenía el pelo corto, como Nami pero con un flequillo como el de Robin, y de color verde. Era alta y guapa.
-Si – dijo Nami mientras se fijaba en que la chica lucía un ya cicatrizado '38' en su hombro.
-Imagino que estaréis un poco perdidas. Pues bien, estais en la ciudad subterranea de Bine y habeis sido capturadas por esta panda de hombres salidos.
-Hasta ahí lo teníamos todo claro – dijo Samy.
-Mirad ahora el rey es vuestro dueño, cada vez que os llame teneis que ir y hacerle lo que os pida. Si nos negamos nos frie. Y si nos pide que le hagamos algo a sus hombres, también tenemos que hacerlo.
-Ni de coña – Samy no estaba dispuesta a ser el juguete sexual de nadie.
-Mira, a mi me costó unos meses acostumbrarme pero prefiero esto a la muerte y no tengo mas opciones – la chica parecía haberse puesto un poco triste. - por cierto, me llamo Gama.
-Robin – dijo la arqueóloga.
-Nami – dijo la pelirroja.
-Y yo soy Samy y no pienso acostumbrarme a esto porque nos van a venir a buscar. Me lo han prometido.
-Ojalá vengan, pero lo veo muy crudo.
-Nuestro capitán vendrá – dijo Nami convencida.
-Si – le apoyó Robin.
-Está bien, es normal que tengais esperanzas. Por cierto, aquí la gente se clasifica por el color de su traje. El rey va de blanco, los que van de azul celeste son sus guerreros. Los de amarillo son los buscadores, que supongo que son quien os trajeron aquí. - las chicas asintieron – Los de naranja son los probadores, los de rojo...no se como les llaman, pero le hacen favores al rey, creo que son sus ayudantes. Los de verde son sus sirvientes, las de rosa que son las mujeres que captura y son feas o gordas, son las limpiadoras y cocineras y nosotras, sus mujeres, ya veis como vamos.
Las chicas cenaron y estuvieron juntas hasta que las fueron a buscar para llevarlas a sus celdas.
*Pensamientos de Samy.
'Esa chica, Gama, tenía el pelo de el mismo color que... Zoro, se que no vas a tardar en venir. Me lo has prometido y vendrás a salvarme como en los cuentos de hadas los príncipes que rescatan a sus princesas. Zoro, ven ya mi amor y te juro que nunca más dejaré que nos separen.'
*Fin de los pensamientos de Samy.
A la mañana siguiente las chicas se reunieron donde habían cenado la noche anterior. La comida estaba parcialmente buena, no eran las delicias de Sanji, pero el rey mantenía a sus mujeres en forma para que no perdieran el tipo y si alguna lo hacía, se vestía de rosa.
Todo el día transcurrió igual de aburrido, las chicas intentaban pensar una manera de escapar, pero no sabían como hacerlo. Estaba todo muy protegido, además llevaban chips en su interior. Y ni Samy ni Robin podían usar sus poderes.
El día siguiente marchaba igual hasta que llegó la hora de la cena y de repente todo el mundo paró y aparecieron muchos hombres de rojo se acercaron a varias mesas y repartieron varios papeles a varias chicas.
Tanto a Robin como a Nami como a Samy les dieron uno.
Samy leyó el suyo con atención.
'Querida chica setenta y tres, usted es una afortunada, esta noche le tocará pasarla con nuestro querido rey, después de cenar será venida a buscar por nuestros hombres'
-¡No me lo puedo creer! ¡Será que no hay chicas! ¡Y ese estúpido rey me quiere a mi! - gritó enfadada.
Gama se giró.
-¿Vas a irte esta noche con el rey? - se asombró la chica de pelo corto.
-¿Tengo otro remedio? - preguntó la morena.
La peliverde negó con la cabeza.
-¡Me cago en todo lo cagable! ¡No pienso hacerle nada a ese rey de las narices! - Samy estaba alterada. - ¿Y vosotras que?
-¿Quien es el principe? - dijo Nami
-El hijo de el rey, lógicamente - dijo Gama – Es bastante idiota y niño asi que no te hará hacer ninguna locura.
-¿Y el primer comandante de la tropa de oro? - preguntó Robin
-El jefe de los guerreros de el rey – explicó la peliverde – vaya, si que les habeis gustado.
-Pues que asco – dijo Samy enfadada.
Las vinieron a buscar antes de que hubieran acabado de cenar. Tres hombres de rojo llevaban a Samy.
-¡No pienso tocar a ese gordo de mierda! - gritaba ella.
Otros tres hombres de rojo se llavaban a Robin y otros tres a Nami.
Nami llegó a la habitación de el principe.
-Desnudate – le dijo este.
-¿que? - Nami sentía miedo - ¿Ya..?
-Si, vamos.
-Pero... podemos... no sé, hablar un rato, ¿no crees?
-No, no te he traido para hablar. Desnudate.
Nami se quitó los pantalones enredando todolo que podía y poco a poco se lo iba quitando todo.
Robin en entró en la habitación que le habían dicho y se encontró con un hombre fuerte, musculoso.
Este la cogió de la cintura y la tumbó en la cama. Robin respondió y empezó a besarle con lujuria, el se sorprendió pero se excitó mucho y una vez hecho eso Robin le propinó una patada en la entrepierna dejándolo inmovil. Pero el reaccionó dandole un guantazo en la cara. Ella cogió una mesita de noche y la partió en la cabeza de el hombre. Se quedó inconsciente y empezó a rebuscar por los cajones. Vio el ataque climático de Nami, lo cogió. 'Debe haber algo para quitar estos asquerosos chips' Buscaba como una loca hasta que encontró un extraño aparato.
Samy llegó a la habitación de el rey. Había una cama enorme.
-Señor, se mueve mucho y intenta escaparse – informó uno de los hombres de rojo al hacer la entrega.
-No te preocupes, me encargaré de ella – dijo el rey sonriendo maliciosamente y cerró la puerta quedandose con la chica a solas.
-Ni se te ocurra tocarme.
-Claro que si guapa – dijo acercandose a ella y le habló al oído – mira que pechos mas grandes, y son míos y solo míos. - empezó a tocarle los pechos y ella se intentaba deshacer del rey.
-¡Que no me toques te he dicho! - gritaba la morena.
-¡Callate! - gritó él enfurecido y entonces le arrancó el corpiño y los sujetadores a la vez.
Ella cayó al suelo y se golpeó la cabeza. Gritó con todas sus fuerzas y vio como el rey se abalanzaba para ella para lamerle toda la cara. Ella seguía gritando desesperada.
Y entonces tocaron la puerta.
-¿Quien es? - preguntó el rey enfadado – tengo dicho que no me molesteis cuando estoy con una de mis mujeres.
-Verá, es que el rey le llama – dijo una voz desde fuera – debería salir de la habiración.
'¿El rey?' Pensó el propio rey '¿Como me va a llamar el rey si soy yo? Este es un impostor.'
'Esa voz...' Pensó Samy '¡Zoro! ¡Es él! Ha venido a buscarme!'
Espero que os haya gustado! Dejadme comentarios con críticas, halagos, lo que querais! Saludoooooooos! :)
