Lo siento por tardar tanto, pero he estado de viaje y no podía escribir. Muchas gracias por los ánimos y los reviews y mensajes privados que he recibido, de verdad! Aquí lo tenéis, este capítulo tan esperado. Espero que se adapte a vuestras espectativas. ¡Gracias de nuevo!
-Zoro – susurró Samy al ver que la puerta se abría y entraba ese espadachín al que amaba. Su rostro esbozó una ligera sonrisa. Ya estaba ahí, justo a tiempo para salvarla. De repente el dolor desapareció y la sangre que brotaba de la brecha que se había hecho en la cabeza ya no la notaba. Solo sentía la felicidad de ver el rostro de Zoro.
Zoro estaba envuelto en rabia e ira, se quitó ese estúpido traje rojo quedándose con su ropa cotidiana y se puso su pañuelo en la cabeza. Desenvainó sus katanas. Solo tenía ganas de matar a ese idiota. Que tenía cogida del pelo a Samy.
-Suéltala – ordenó Zoro.
-Ya veo, vosotros sois los piratas que venían con estas dulces chicas – el rey sonrió sarcásticamente – no pienso soltarla. Ahora es mía. Ves – señaló el '73' que marcaba el hombro de la chica.
-¿Como te has atrevido a marcarla? - Zoro temblaba. No podía aguantar mas la furia de su cuerpo.
El rey sonrió arrogante y negó con la cabeza. Zoro se acercó de un salto intentando clavar una de sus espadas en el dorso de el rey. Era asombrosamente rápido. Zoro se quedó perplejo. ¿Como podía ser tan rápido pesando tanto?
El rey seguía sonriendo de aquella manera tan insoportable.
-Nueces de belcebú – informó. - No vas a poder matarme.
-Eso es lo que crees tú.
Zoro volvió a intentar atacarle con furia. Pero el rey volvió a esquivarle propinándole un puñetazo en la cara a Zoro lo que le hizo que el chico sangrara por la boca.
-¡Zoro! - Samy intentó gritar pero estaba muy débil y le salió algo mas que un susurro -Eh, rey de mierda, ven aquí hijo de puta, ven a por mi, hazme lo que quieras, dejale en paz, el no te ha hecho nada, yo soy lo que quieres ¿no?
-Vaya – dijo el rey irónicamente – cuanto amor, ¿no? - verás, primero derrotaré a este idiota y luego, mientras a él le queden pocos minutos de vida podrá ver como su amada me hace todo lo que yo pida. Luego, moriréis los dos. ¿Que os parece?
-Maldito – Zoro se limpió la sangre de la boca con la mano y volvió a coger la katana que se le había caído del suelo – eso no pasará nunca.
El rey sonrió mas todavía. Se acercó a toda velocidad, que casi no se le veía, a el armario de la habitación y cogió una espada enorme. Era roja y tenía unas palabras en un idioma antiguo grabadas, la desenfundó y se puso detrás de Zoro. El peliverde notó la presencia del rey en sus espaldas y se giró, le intentó atravesar de nuevo con sus espadas. Pero el rey lo esquivaba una y otra vez. Zoro sentía que ya no atacaba, si no que se defendía. La técnica del peliverde era muy superior a la de ese estúpido rey pero la velocidad de este era muy superior a la de Zoro y eso complicaba las cosas.
Samy sentada en el suelo, se sentía inmóvil, inútil, no sabía que podía hacer. Miraba como Zoro se defendía. Miraba como ese rey todavía sonreía mientras la cara de el peliverde mostraba frustración. Samy intentaba pensar rápido. Empezó a mirar por todas partes en busca de algo que pudiera ayudar a Zoro. 'Si pudiera usar mi poder' pensó. Pero de repente algo hizo que volviera a mirar a los dos que luchaban. Oyó un grito ahogado y su corazón se paró por un segundo. Zoro estaba atravesado con esa espada roja del rey. Sacaba sangre por la boca y el rey reía de una forma malvada.
En una habitación no muy lejana, Luffy estaba viendo como ese idiota cogía a Nami.
-Eh tu – dijo muy serio el chico de goma – alejate de mi navegante.
-¿Quien eres tú? - preguntó el príncipe.
-Soy la persona que te va a matar.
-¿Tu a mi? - rió el arrogante príncipe igual que su padre – mira, soy el hijo de el rey de esta ciudad y los dos hemos probado las nueces de belcebú – empezó a explicar el príncipe – no nos vais a derrotar en la vida. ¿Me ves? A simple apariencia parece que me puedes derrotar en un nada, pero, ¿sabes una cosa? Mis puños, son de acero.
-Y yo de goma – contestó a Luffy estirando su brazo para después asestarle un puñetazo en la cara pero el príncipe puso uno de sus brazos delante de su cara protegiéndose así del golpe del capitán.
Nami estaba en el suelo arrinconada, intentándose tapar y mirando a Luffy con una alegría que no cabía en su cuerpo. No podía creerse que hubiera llegado para salvarla de esos idiotas.
Luffy se cabreó mas al ver que le habían parado el puñetazo. Se acercó a Nami. Se quitó su chaleco y se lo dio para que se tapase.
-Nami, vamos a salir de aquí muy pronto, te lo prometo. – se quitó su sombrero – No te preocupes – le colocó el sombrero en la cabeza – conmigo siempre estarás a salvo.
A la chica pelirroja se le caían las lágrimas, sabía que todo lo que había dicho su capitán era cierto.
Luffy se giró hacía ese príncipe que sonreía arrogante y alargó sus dos brazos hacia atrás para coger impulso, pero el príncipe le dio un puñetazo en el estómago haciendo que Luffy cayera al suelo. Nami se agitó. El chico de goma soltó un par de suspiros y se levantó. Agarró al príncipe del cuello de la camisa y lo estampó contra la pared. Fue a darle otro puñetazo pero el príncipe fue mas rápido y repitió su anterior golpe. Luffy se levantó y antes de que el príncipe se lo esperara le dio un golpe en toda la cara. El príncipe sangró por la nariz y se quedó en el suelo unos segundos. Pero se volvió a levantar. Estaba muy cerca de la pared. Luffy se preparaba para el próximo golpe cuando de repente algo muy extrañó pasó.
Sanji miraba a un lado y a otro de la habitación en la que acababa de entrar. No había rastro de Robin por ninguna parte, pero no se había equivocado, de eso estaba seguro porque había un hombre inconsciente en la cama que tenía toda la pinta de ser el jefe de los guerreros.
-¿Que ha pasado aquí? - preguntó el rubio extrañado sin esperar ninguna respuesta. Sonrió. 'Robin' pensó 'Pues entonces voy a buscarla, y a asegurarme de que está bien'. Salió de la habitación pero no esperaba a un centenar de soldados que le estaban esperando afuera.
Samy seguía viendo la imagen de su amor sangrando y ese rey riéndose. Ahí se dio cuenta de que tenía que hacer algo. Giró su cabeza y vio un trozo de cristal roto con una punta extremadamente puntiaguda. Pensó en arrojarsela al rey, pero eso no serviría de nada. Pensó que le podía dar una mejor utilidad. Miró su tobillo donde tenía el chip que no le dejaba utilizar sus poderes. Agarró el cristal con fuerza, esto hizo que se arañara los dedos de las manos, y se lo clavó en su tobillo sintiendo un dolor muy fuerte. Quería gritar pero se calló para que el rey no la mirase y se diera cuenta de lo que pretendía. Hizo un corte de unos cuatro centímetros justo donde sentía el dolor cuando intentaba usar sus poderes hasta que notó algo duro y paró. La sangre no le dejaba ver nada de su tobillo así que palpó con los dedos hasta encontrar ese chip que apenas medía un centímetro cuadrado y lo sacó de su piel. Sintió un escalofrío. Ya podía usar sus poderes. Miró a Zoro, este estaba tumbado en el suelo intentando recuperarse y había visto todo lo que Samy había hecho mientras el rey reía y no se daba cuenta de nada. Zoro se esforzó para meter la mano en su faja y sacar de ellas dos relucientes pistolas rojas, se las lanzó a la chica. Esta las cogió, pero el rey se percató de eso y se acercó a ella. La levantó de un brazo bruscamente y la atravesó con su espada. Pero eso no le hizo nada a Samy ya que redució la masa de su cuerpo y la espada en realidad no atravesó mas que aire. Ahora la que sonreía era ella. Pero el rey la pilló desprevenida y le dio una bofetada en la cara haciéndose que esta se girase. Entonces fue cuando Zoro vio la brecha en la parte de atrás de la cabeza de Samy, que sangraba. Eso hizo que el chico se levantara como pudo. Se acercó al rey por detrás, pero este se dio cuenta y se giró.
-¿Quieres más jovencito? - dijo sonriendo amargamente mientras levantaba su espada para volver a atravesar al peliverde.
Robin, en cuanto encontró el chisme que le quitaría ese chip del tobillo salió de la habitación del jefe de los guerreros y corrió por los pasillos hasta encontrarse en un sitio que parecía bastante escondido. Era como una pistola, pero no disparaba. Apuntó al chip y apretó el gatillo, notó como si le absorbieran la piel y luego separó la pistola de su cuerpo. Sonrió al notar el leve cosquilleo que le hizo saber que ya disponía otra vez de sus poderes. Tenía que salvar a sus compañeras. Iba corriendo por los pasillos hacia la puerta de la habitación del rey, se acordaba perfectamente de donde se encontraba. Iba por un pasillo en el que había un ventanal. Afuera había como un patio interior, ya que estaban bajo tierra y al otro lado del patio. Había otra ventana, no muy grande. Achinó los ojos y lo que estaba pasando en la otra ventana. Ahí estaba su capitán que acababa de ser golpeado por un chico bajito y su navegante tumbada en el suelo muerta de miedo. 'Sabía que vendrían' pensó Robin para ella. Rompió el cristal de una patada y corrió todo el patio interior hasta llegar a la otra ventana. Dio la misma patada de antes, pero esta vez no se rompió. Eran los cristales que creaba ese tigre gigante. Sólo se rompían por dentro. 'Mierda' pensó la pelinegra. Decidió que les ayudaría desde fuera. Ese chico bajito estaba cerca de la pared y estaba a punto de volver a pegarle a Luffy mientras el chico de goma se estiraba pero Robin hizo aparecer dos brazos de la pared para que cogieran los brazos de el chico bajito y así dejando le a su capitán el camino libre para asestarle todos los puñetazos que quisiera.
Luffy vio los brazos que salían de la pared. Se asombró. Se preguntaba donde estaría Robin ya que podía ayudarle pero ahora lo importante era matar a ese idiota.
Nami se sorprendió al igual que su capitán y se dio cuenta de que había una ventana en la habitación que antes no había visto. Miró por ella, ahí estaba Robin con los brazos cruzados. Nami sonrió.
-Vamos, Luffy, ya es tuyo – dijo Nami sonriendo todavía.
Luffy la miró, esa sonrisa tan bonita cubierta de lágrimas. Estiró sus brazos y desahogó su furia con ese idiota que había intentado tocar a su navegante, a Nami. Le dio centenas de puñetazos hasta matarlo. Y una vez así. Se giró y se dirigió hasta donde estaba Nami, se agachó para ponerse a su altura y la abrazó con todas sus fuerzas mientras ella lloraba y le devolvía el abrazo.
-Gracias Luffy – decía entre lágrimas.
-Te lo he prometido, Nami. - el chico de goma miró hacia la ventana y vio a Robin sonriendo. Le dio un golpe a la ventana y el cristal se rompió. Robin entró a la habitación. - gracias Robin, contigo ha sido mucho mas fácil – dijo el capitán.
-De nada, capitán – contestó la arqueóloga – me alegro de que estés bien navegante – concluyó mirando a Nami.
Luffy cogió a Nami en brazos.
-Vamos a por el resto de nuestros camaradas. - dijo Luffy.
Y salieron de la habitación los tres.
Usopp y Chopper esperaban en el barco. Habían dejado a todas las chicas libres, regalandoles las brújulas que había en la ciudad para que pudieran huir.
Chopper le estaba curando unas heridas al narizotas.
-Usopp, ¿enserio has derrotado a un tigre gigante?
-Si, yo el bravo capitán Usopp le lancé una de mis canicas y él muy idiota se cayó al agua, y como había probado las nueces de belcebú. - explicó el pelinegro -Pero, pelee con él antes, mira todas mis heridas – mintió. Esos rasguños eran de los árboles, pues había pasado por una zona muy estrecha.
-¡Que pasada! - Chopper se tragaba todo lo que Usopp decía - ¡Eres genial Usopp! - luego se puso un poco mas serio - ¿crees que van a tardar mucho? ¿estarán bien?
-¡Claro que si! ¡Ellos son muy valientes y muy fuertes! ¡Pronto volverán con las chicas de nuevo! ¡Ya verás, Chopper! ¡No te preocupes! - le tranquilizó el narizotas que confiaba plenamente en los chicos. - Nosotros solo tenemos que esperarles aquí con todo lo que haga falta para curarles, pues seguramente vendrán heridos.
Sanji había acabado con esos guerreros. No estaba muy grave, tenía una herida de bala en el hombro, y algún rasguño mas de alguna espada. Caminaba hacia la habitación del rey. Lentamente. Cuando de repente oyó que una voz familiar gritaba:
-¡Cocinero!
Se giró y vio a Robin caminando al lado de su capitán, quien llevaba en brazos a Nami.
-¡Chicas! ¿Como estáis? - Sanji corrió hacía donde estaban sus camaradas - ¿Que te ha pasado Nami? ¿Estas bien Robin? ¿Donde está Samy?
-¿Que te ha pasado a ti, Sanji? - preguntó Luffy al ver que el hombre del rubio sangraba.
Entonces, en la habitación del rey, una milésima de segundo antes de que este fuera a atravesar a Zoro por segunda vez, algo ocurrió. Como si se tratara de brujería Samy disparó con una bala muy densa y pesada a la nuca de el rey a la vez que Zoro le atravesó con sus tres espadas. Haciendo que el rey se derrumbara en el suelo sin perder su amarga sonrisa.
Samy se derrumbó, no tenía fuerzas para seguir de pie. Zoro se tapaba la herida del dorso con la mano y caminando lentamente se acercó a la chica. Se agachó, la chica estaba casi inconsciente. Le cogió la cara y la miró a los ojos.
-Has venido... - dijo Samy con un hilo de voz y los ojos brillantes.
-Te dije que vendría a por ti, te lo juré, y aquí estoy.
Zoro vio como la primera lágrima caía por la mejilla de la chica. Y a esta lágrima la siguió otra, y otra. La abrazó y le cogió la cabeza llenándose la mano de sangre. Le besó en los labios. Fue un beso dulce pero corto.
-Zoro – dijo ella con una voz que casi ni se entendía.
-Dime.
-No quiero morir ahora que te tengo otra vez.
-No vas a morir. - dijo Zoro con firmeza.
Samy pudo ver justo antes de quedarse inconsciente como una lágrima recorría ese duro rostro del espadachín. Y sonrió. Antes de dejarse caer encima de él.
El espadachín se tocó una vez mas su herida y cogió a Samy en brazos. Se levantó poco a poco como pudo. Le temblaban las piernas. Estaba perdiendo mucha sangre. Caminó hacia la puerta de la habitación y salió de esas cuatro paredes dejando atrás un cadáver y un baño de sangre.
El pasillo en el que estaba la habitación del rey era grande. Y ahí estaban ellos. En una punta del pasillo estaba Zoro caminando lentamente con el cuerpo de su chica en brazos y en el otro extremo estaban Luffy con Nami en brazos, Robin, caminando con firmeza y Sanji cogiéndose el hombro que de cada vez sangraba mas. Se encontraron en medio del pasillo.
Sanji vio lo grave que estaba Zoro.
-Puedo cogerla yo – dijo rompiendo el silencio.
Zoro negó con la cabeza.
-Quiero llevarla yo, no la pienso soltar. Pero, vayámonos de aquí, por favor – miró a su capitán quien le asintió con la cabeza. Y los seis caminaron hacia la salida hasta llegar al barco.
Zoro puso un pie en el Alma de Merry, dejó a su chica en la camilla de Chopper quien miró la herida que tenía el espadachín en el dorso.
-Primero ella – dijo él y se desplomó.
Muchas gracias por leer, espero que os haya gustado y tranquilos, que pronto subiré el próximo capítulo. Espero que no dejéis los revieeews! ¡Saludos!
