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Primer trabajo
Edificio del diario "El Planeta".
Momentos después…
Clark entró en el vestíbulo principal del edificio del mejor periódico metropolitano y se quedó sin aliento. Todo a su alrededor emanaba un aire de soberbia y gallardía. Arte antiguo y contemporáneo, mezclados.
Preguntó en Recepción por las oficinas de Redacción del diario. Varios pisos mas arriba, le dijeron. Tomó el ascensor junto a un grupo de personas que iban al mismo sitio.
Sin duda, trabajadores del periódico.
Esperaba poder ser otro más de ellos.
La Redacción lo recibió con el usual alboroto mañanero. Gente yendo y viniendo entre las mesas, tecleando en sus computadoras o pasándose fotos de algo. Lo normal en cualquier oficina de un periódico respetable.
Clark todavía no sabía bien donde quedaba el despacho del Editor del diario, así que decidió preguntárselo a la primera persona con la que se cruzó: un joven pelirrojo atareado en hacer funcionar una fotocopiadora…
-¡Oh, vamos! ¡No me hagas esto! – dijo el muchacho, viendo como la maquina se negaba a funcionar bien - ¡Mierda! El jefe va a matarme si no le entrego la fotocopia que me pidió. ¡Funciona, cacharro del demonio!
-Este… disculpa – interrumpió Clark – estoy buscando la oficina del señor George Taylor.
-Ah... – el chico lo miró, un poco sorprendido – Es por allá, pero me temo que el jefe está en reunión ahora con el vice-editor y nuestra reportera estrella. Tendrá que esperar, señor…
-Kent. Clark Kent – se presentó. Le tendió una mano. El joven se la estrechó.
-Me llamo Olsen… James Olsen. Pero todos acá me conocen como Jimmy… o Jimbo. Escoja el que mas le guste – sonrió.
Clark asintió. Le cayó simpático al toque aquel chico. Parecía ser una buena persona.
-Bueno, señor Kent… pase y espere su turno. Es por allá – Jimmy señaló al fondo de la Redacción – Y suerte… cuando el señor Taylor, su vice y nuestra reportera estrella discuten, duran largo rato.
Clark agradeció a Jimmy y lo dejó peleándose con la fotocopiadora. Al fondo de la Redacción estaba el despacho del Editor del periódico, con la puerta cerrada.
El cartel de la misma rezaba: "GEORGE TAYLOR – EDITOR EN JEFE".
Clark suspiró y tomo asiento en una silla libre cercana. Con su maletín en las manos, espero.
-¡Por el fantasma del Cesar, Lois! ¡No puedes ser tan cabezadura! – escuchó decir dentro de la oficina.
-¡No soy cabezadura, Perry! Soy realista – respondió una voz femenina – Detrás de estos sucesos hay una noticia. ¡Lo sé! ¡Mi olfato de periodista me lo dice!
-¡Puras tonterías! ¿Piensas darle crédito a los delirios de unos locos? ¡Somos un periódico serio, Lois! ¡Reacciona! ¡No somos un tabloide sensacionalista!
Hubo una pausa en la discusión. La tal Lois se dirigió a una tercera persona en la habitación.
-¿Qué dice, jefe? Yo sé que usted también puede verlo… olerlo. Detrás de esto hay una primicia.
-Lois… No es que no confíe en tus instintos periodísticos, pero creo que Perry no se equivoca… y antes de que me repliques, te recuerdo que White tiene más experiencia de campo que tú en esto. Por algo es vice-editor de este periódico.
-¡Dios! ¡No lo puedo creer! ¡Jefe! ¡Vamos! ¡Solo le pido que me de UNA oportunidad! Lo investigaré y vera que…
-No, Lois. Está vez Perry tiene razón. Ninguna de las historias contadas por los testigos tiene base sólida. Ante todo, está la credibilidad de este periódico. La llevamos orgullosos sin manchas desde que se fundó.
-¡Maldición! ¡Muy bien, muy bien! ¡Como quieran! ¡Pero si la competencia nos roba la primicia, no quiero lamentos! Solo diré: "se los dije".
La discusión acabó abruptamente. La puerta de la oficina se abrió y una hermosa mujer de cabello negro y el ceño fruncido salió, hecha un huracán.
Por instinto, Clark se puso de pie y se la quedó mirando, embobado. La vio alejarse entre la gente de la Redacción hasta un escritorio, delante del cual se sentó resoplando del enojo que sentía.
"Dios. Es guapísima", pensó, sin poder evitar mirarla desde la distancia. Una voz rompió su contemplación ensoñadora…
-¿Quién es usted? – le preguntó con cierta brusquedad un hombre en la puerta del despacho. Tomado por sorpresa, Clark se volvió, acomodándose los lentes.
-Si, perdone – carraspeó – Soy Clark Kent. Tengo cita con el señor Taylor. ¿Cree que esté disponible?
-Ah… Kent. Te estábamos esperando. Adelante – el hombre lo invitó a entrar – Soy Perry White, sub-jefe de Redacción.
-Mucho gusto.
Le tendió la mano para saludarlo, pero White no respondió al gesto. El que sí lo hizo fue su jefe, George Taylor. Estaba sentado detrás de su escritorio y miraba al recién llegado con aire paternal.
-…Y aquí tenemos aire fresco, sangre nueva para nuestro periódico, Perry – dijo – Un gusto conocerte en persona, hijo. Por favor, toma asiento.
Así lo hizo. White cerró la puerta de la oficina y se quedó de pie, medio distante. Evaluaba al nuevo con la mirada.
-Vamos al grano – Taylor abrió una carpeta. La leyó un momento – Tienes un excelente currículo, hijo. Estoy maravillado. ¿De donde dices que vienes?
-Smallville, señor. Una pequeña localidad de Kansas.
-¿Granjero? – intervino White.
-Mis padres lo eran. Yo heredé la granja – Clark bajó la mirada un momento – Ellos… ellos… fallecieron hace tiempo.
Se produjo el silencio. Taylor miró a White con reprobación. Este se encogió de hombros.
-Un currículo excelente – retomo el Editor – Pocas veces he visto uno así – White carraspeó – y creo que mi sub-jefe de Redacción tampoco. Te felicito, hijo.
-Gracias.
-Perry, muéstrale su escritorio y preséntalo al personal, por favor.
Clark abrió los ojos como platos. Taylor sonrió ante tal reacción.
-Perdón, señor. ¿Eso quiere decir que…?
-Estas contratado, por supuesto. Ve con Perry. Él te presentara al resto de la tropa.
-Vamos – le dijo White, abriendo la puerta del despacho y guiándolo – Acompáñame.
-Okay. ¡Atentos todos! – pidió White. Media Redacción se paralizó.
Tener cientos de pares de ojos sobre él lo pusieron nervioso, pero Clark lo disimuló bastante bien.
-Les presento a Clark Kent. Es nuestra nueva incorporación. El jefe quiere que lo traten como se merece un compañero: ¡respeto y dignidad!
Hubo muchos "hola" tímidos, unas cuantas sonrisas de cortesía y todo mundo reanudó su trabajo. White mostró a Clark su escritorio de trabajo. Estaba casualmente delante del de la chica llamada Lois.
-Lois, tu nuevo compañero de trabajo – indicó White, sonriendo irónicamente – Espero que se lleven bien.
Lois Lane miró al recién llegado con frialdad. Clark se acomodó los lentes de nuevo y le sonrió, amistoso.
White se marchó. Antes de irse, le indicó a Olsen que llevara al nuevo periodista a recorrer las instalaciones. Jimmy aceptó, encantado. Habló con Clark una vez su jefe se fue y éste colocaba sus cosas en su escritorio.
-Lo felicito, señor Kent. Debe ser usted un excelente reportero. De otro modo, el señor Taylor no lo hubiera contratado tan rápido.
-Digamos que tuve un buen desempeño de profesión allá en Kansas…
-Más te vale conservarlo aquí también, granjerito – dijo Lois, sacando un cigarrillo y fumándoselo – Metrópolis no es Kansas, ¿sabes?
-Eh… Señorita Lane… el cartel – Jimmy señaló hacia una pared, donde había colgado un cartel de "prohibido fumar".
-¡Uf! Está bien, está bien. Veo que hoy no es mi día… - Lois se marchó. Se dirigió hacia las escaleras.
-Va a la terraza – informó Jimmy a Clark – Es su lugar favorito para fumar cuando no puede hacerlo aquí.
-Una persona muy… singular.
-Y que lo diga. Lois es la reportera estrella de la que le hablaba. Es la mejor de este periódico. Una reputación que le gusta mantener – hizo una pausa. Miró a Clark – Está molesta con el jefe porque no la dejan cubrir las noticias sobre el justiciero.
-¿El justiciero? – enarcó una ceja. De modo que así era como aquellos periodistas lo llamaban.
-Cierto que usted es nuevo en la ciudad – se disculpo Jimmy – Vera, hace un tiempo, un misterioso hombre viene ayudando a las personas. Evita atracos, salva a la gente de accidentes y un sin fin de cosas mas. No se sabe bien quien es ni de donde vino, pero las historias cuentan muchas cosas sobre él que… bueno, cosas muy curiosas.
Clark permaneció en silencio, inexpresivo.
-Dicen que tiene poderes – continuo Olsen – Que las balas rebotan en su piel – bajó el tono de la voz – Si, sé que suena a locura, delirio, pero ese hombre tiene algo. Desbarato él solito a los Dragones Púrpuras, los peores delincuentes del Distrito Suicida, uno de los barrios mas problemáticos de Metrópolis. Lois cree que tras los rumores de esta "Leyenda Urbana" se esconde una noticia, una que vale la pena indagar, pero ni el señor Taylor ni el señor White lo ven si. Por eso ella anda últimamente de mal carácter.
-Ya. Entiendo.
-Pero no crea que siempre es así. Lois es una buena, excelente persona. Solo que es un poco… tozuda. Es todo.
-Comprendo, comprendo.
Clark quería preguntar "¿está en pareja?" pero tuvo a bien en no hacerlo. Le gustaba Lois, pero no quería hacerse grandes ilusiones con eso.
Su historial amoroso no era precisamente exitoso.
"Prudencia ante todo". Otro consejo sabio de Pa Kent, que él llevaría a la práctica con aquella mujer.
