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Lois & Clark (I)
Edificio de LexCorp.
Metrópolis. Al siguiente día.
La torre de LexCorp era de una belleza arquitectónica. Como símbolo del lujo y del poder, se erguía hacia el cielo brillando bajo el sol.
En el interior de la oficina principal del CEO de la empresa, Tess Mercer leía un periódico de la Prensa sensacionalista a su jefe…
-…Dicen que se entregó solo y que afirmó que el "Hombre de Negro con la S en el pecho" lo amenazó con hacerle algo peor si no lo hacia y confesaba su crimen – Tess meneó la cabeza – No paran de contar historias de ese tipo. Los criminales de toda la ciudad están prácticamente espantados.
-Tess, querida… ¿Por qué me lees esa basura? – dijo un hombre sentado de espaldas en un sillón. Miraba al gran ventanal de su despacho, el que daba al centro de Metrópolis.
-Creí que te interesaría, Lex. Nuestros contactos nos dicen que este tipo esta perjudicándolos severamente. Y también cuentan lo otro… que tendría poderes extraños.
El hombre en el sillón rió. Se volvió hacia su asistente. Se trataba de una persona calva, bien vestida y que fumaba un puro. Se reclinó en su asiento y se cruzó de brazos.
-¿Qué dicen nuestros amigos de El Planeta? – preguntó.
-Nada. Silencio oficial.
-No me extraña. Es cosa del viejo Taylor. Siempre anda con eso de ser políticamente prolijo y la trayectoria… - Lex Luthor suspiró. Fumó de su habano y exhaló una amplia nube de humo – Realmente, ¿deberíamos tomar a esta Leyenda Urbana como cierta? ¿Verdaderamente interrumpe nuestros "negocios" con el bajo mundo de Metrópolis?
Tess lo pensó un momento. Luthor esperó. Era una buena chica. Muy astuta, muy inteligente. Se alegraba de tenerla de asistente personal.
En el organigrama de LexCorp, Tess Mercer era la segunda al mando.
-Creo que seria un error no prestarle importancia. Es evidente que algo hay detrás de este "justiciero". Preocupa bastante a nuestros socios. Si, creo que algo debe hacerse.
Luthor asintió. Dejó de lado su habano y tomó un teléfono. Marcó un número y esperó…
-Traigan a Corben – dijo – Tengo un trabajito para él.
Edificio de "El Planeta".
Esa misma tarde.
Lois mostró el titular del periódico sensacionalista al señor Taylor. Perry White aguardaba, de pie en una esquina de la oficina del Editor.
-No podemos seguir ignorando esto – dijo ella - ¡Ya suman muchos los casos de las apariciones de este tipo! Hay algo serio tras él.
-Lois… - empezó White, pero ella lo cortó.
-Estamos dejando pasar la noticia prácticamente delante de nuestras narices. ¡La competencia nos sacara ventaja! Por eso, quiero investigar qué se esconde detrás de él, que secreto oculta – miró a Taylor directo a los ojos – Jefe, se lo estoy suplicando. ¡Déjeme ir tras esta noticia! ¡Déjeme descubrir el misterio que hay aquí!
White meneó la cabeza. Taylor, en tanto, meditaba.
-¡Permítame libertad de acción! ¿Cuándo lo defraude? ¿Cuándo puse en ridículo el prestigio de este diario? Nunca. Solo le pido este favor. Concédame la autorización. ¡Le traeré una primicia exclusiva!
-…eso, o el fiasco mas grande de la historia – acoto Perry.
-Lo pondré de esta forma – Lois cruzó las manos. Miró a sus jefes sin titubear y decidida – Les traeré una primera plana. Si no sucede así, tienen mi renuncia indeclinable sobre este escritorio. Nada de términos medios: o consigo un noticion o renuncio a mi trabajo. Usted decide – aquello último lo dijo para Taylor.
Se produjo el silencio. Editor en Jefe y sub-editor se miraron el uno al otro. Finalmente, Taylor sonrió…
-Eres terca, Lois – dijo – Sabia que cuando abandonaste el Ejército y a tu padre, el General Lane, para ser reportera, ibas a convertirte en una persona difícil de apaciguar…
-Gracias por el cumplido. ¿Entonces…?
-Me has ganado por cansancio. Muy bien. Adelante. Hazlo. Tienes mi bendición.
Lois sonrió. White arrugó la frente, no muy convencido.
-Solo quiero imponer una condición – Taylor levantó una mano. Ella esperó – Quiero que investigues este caso acompañada.
-¿Me va a mandar con Olsen de nuevo, jefe?
-No. No con Olsen. Con el nuevo.
-¿El nuevo? ¿Se refiere a…?
-Díganle a Clark Kent que venga a mi despacho – pidió Taylor por un interfono. Lois protestó. Aseguró que un novato solo entorpecería su trabajo, pero él fue inflexible.
Clark llegó al rato. White le abrió la puerta.
-¿Quería verme, señor? – preguntó.
-Si, hijo. Pasa. Te tengo un trabajo muy especial… con ella.
Lois y él se miraron.
Cafetería "Shuster". Metrópolis.
Horas después…
Lois fumaba de nuevo. Era el segundo o tercer cigarrillo del día. Clark, en tanto, bebía despacio su café. Estaba caliente y espumoso, en su punto justo.
-Así que vienes de Kansas – dijo ella. Lo observaba de tanto en tanto, mientras repasaba una carpeta con los testimonios recogidos por la policía de las personas que habían visto al misterioso "Hombre de Negro".
-Si. De un pequeño pueblo llamado Smallville.
-Smallville – Lois jugó con la palabra - ¿Existe eso? La verdad, es la primera vez en la vida que escucho nombrarlo.
-Es que es un pueblo muy chico.
Lois enarcó una ceja.*
* (El chiste es obvio. En inglés, "Smallville" quiere decir "Villachica". Nota del Autor).
-Ya. Y tenías una granja, ¿correcto?
-En realidad, era de mis padres. Aunque, técnicamente, ahora es mía.
-¿Y que dicen papá y mamá Kent de mudarte a Metrópolis? Me imagino que para gente tan sencilla, debió ser una bomba enterarse de que te mudabas…
Clark carraspeó.
-Mamá y Papá Kent no dicen nada… ellos… fallecieron hace rato.
Lois se mordió la lengua. Había metido la pata. A veces su clásico desenfado le jugaba esas malas pasadas.
-Lo siento. Perdóname – le pidió – Soy una bestia.
-No pasa nada. En serio. Ya estoy acostumbrado… quiero decir, a su falta. Fue hace tiempo.
Silencio. Clark bebió más café. Lois suspiró.
-Bien, Smallville. Tenemos un caso aquí – señaló a la carpeta – Tenemos un sin fin de testimonios que nos hablan del "Hombre de Negro con la S en el pecho". Supongo que estarás al tanto del caso…
-Olsen me puso al día.
-Este Jimmy… es un poco despistado, pero buen compañero.
-Ya lo había notado.
-En sus mejores momentos, es muy divertido… y ni hablemos de Ronald, su pareja. Cuando están juntos, son dinamita. Son la mar de chistosos y… ¿Te sucede algo?
Clark pestañeó, confundido.
-Perdona, creo que te entendí mal – se disculpó - ¿Acaso Jimmy es…?
-Jimmy es gay – Lois miró a su compañero, confusa - ¿No lo sabias?
-Pues… no. No me lo dijo. ¿Debería saberlo?
-Es que es raro que no te lo dijera. Jimbo es gay declarado hace rato. Está en pareja estable con un muchacho hace tres años. ¿En verdad no te lo dijo?
-No.
-Bien. Supongo que esperaba el momento para hacerlo. Ah, yo soy totalmente "gay-friendly". De hecho, en Redacción todos conocemos el asunto y Jimmy te lo puede decir. Nadie nunca jamás lo ha discriminado por su orientación sexual. Parte de la política del señor Taylor. Mientras los asuntos personales no interfieran con el trabajo, todo está bien.
Clark no supo qué decir al respecto. Guardó silencio.
-Vamos al asunto – Lois volvió a señalar la carpeta – Testimonios. De mucha gente. En toda la ciudad – puntualizó – La descripción es la misma, invariablemente: un sujeto, un hombre, vestido con ropa negra y una "S" blanca estilizada en el pecho. Todos dicen que le vieron hacer hazañas imposibles, como parar balas con el cuerpo, derretir armas con la mirada y una enorme fuerza a su disposición. Punto numero uno: ¿se trata de un ser humano? ¿O es otra cosa?
-¿Qué mas podría ser?
-Dímelo tú. ¿Ángel? ¿Demonio? ¿Vampiro? – citó Lois - ¿Extraterrestre?
Clark se removió en su silla, inquieto.
-¿Experimento secreto del Gobierno? Tenemos un abanico de posibilidades muy grandes. Punto numero dos: ¿Por qué ayuda a las personas?
-Pues, si tiene de verdad superpoderes o algo así, ¿no seria lo mas lógico usarlos para ayudar a la gente?
Lois lo miró un segundo. Consideró esa opción.
-¿Y por que no usarlos para beneficio propio? ¿Por qué no atracar bancos o robar tesoros invaluables? No tiene sentido. Si fuese humano, lo habría hecho.
-Vaya optimista visión del ser humano que tienes – comentó él.
-Querido, conociendo a la Humanidad como la conozco, y en especial a los hombres, me parece raro que no lo hubiese hecho hasta ahora… lo que nos deja con la opción de que NO es humano.
Clark no comentó nada al respecto. Lois fue anotando sus conclusiones en una agenda que llevaba consigo.
-Número tres: ¿Qué significa la "S" en el pecho?
-¿Salvador?
-¿Supertipo? – Lois lo pensó un segundo – Hum… aquí tenemos un testimonio de una mujer que salvo. Ella lo llamó de una manera, según la declaración que hizo mas tarde a la policía… - revisó en la carpeta – Aquí está. "Superhombre" – dio una fumada a su cigarrillo. Lo depositó en su cenicero – No suena tan mal. Superman…*
* (Superhombre, en inglés, es "Superman". Evidente juego de palabras. Nota del Autor).
Clark se acomodó sus lentes. A él tampoco le sonaba tan mal el nombre.
-Okay. Nuestro Superman es un tipo muy escurridizo. Salva a la gente, combate al crimen y se esfuma en el aire. Es obvio que no desea ser encontrado. ¿Por qué?
-¿Deseo de permanecer en el anonimato, quizás?
-¿O, como no es humano, miedo a ser atrapado por las autoridades? Me imagino que debe ser una criatura solitaria… aterrada por que el Gobierno, el Ejército o cualquiera lo atrapen y lo analice como una rata en un laboratorio. Si, debe ser eso.
El cariz de las conclusiones de Lois no le gustaban en lo mas mínimo a Clark. Era bastante perturbador oír que hablaban de uno y no poder responder ni "mu". Armándose de una paciencia ilimitada, solo sé dedicó a sorber lo que quedaba de su café.
-Misterios, misterios… ¿No los odias? Yo si – Lois se levantó de su asiento – Vamos, Smallville. Acompáñame. Tenemos trabajo periodístico de por medio y no podemos darnos el lujo de perder mas el tiempo.
Clark se levantó tras ella. Pagó la cuenta y ambos se marcharon.
Edificio de LexCorp.
Al mismo momento…
John Corben era un tipo alto, musculoso y de mirada fría. Vestía una chaqueta de cuero y pantalones tejanos, ribeteados con botas en sus pies. Se encontraba parado delante del escritorio de Luthor.
El empresario, en tanto, lo miraba con satisfacción mientras entrecruzaba sus dedos. A su lado, Tess aguardaba en silencio.
-Corben. Es un gusto volverte a ver. ¿Qué tal California?
-Demasiado pesada para mi gusto – dijo – Basta de juegos tontos, Luthor. ¿Para qué me necesitas? Mi tiempo es oro.
-Creeme. Eso lo sé. No te haría venir si no requiriera de tus talentos – Lex chascó los dedos. Tess se acercó a Corben. Llevaba consigo un maletín. Lo abrió, revelando fajos de billetes de dólares en su interior.
-Dos millones. Puedes contarlos si quieres. Serán para ti… si logras encontrar y eliminar a un hombre.
-¿Eso es todo? – replicó Corben – Es demasiado fácil para mí, Luthor.
-Ah… pero no hablamos de ir tras un hombre ordinario, sino, de un superhombre.
El bicho de la curiosidad pudo más. Corben miró el dinero y a Lex alternativamente.
-¿De quien estamos hablando?
-De una Leyenda Urbana. Tess te lo explicara todo.
Así lo hizo. Cuando acabó, el criminal estaba decidido que con dinero o sin él, lo haría...
