Hola! Siento muchísimo la tardanza, de verdad! Pero he estado muy liada! Espero poder subir pronto el próximo capítulo pero aviso que será largo y con mucho contenido! Este es mas corto y mas para entrelazar, pero espero que os guste!


Narra Samy*

En mi cabeza reinaban el silencio y la oscuridad. No podía percibir nada más que eso. Me recordaba a mi misma unos segundos antes notándome sin fuerzas, luchando por endurecer la masa de toda esa madera húmeda para proteger la vida de mis amigos. Lo último que recordaba, era la imagen de aquel espadachín de color de pelo peculiar con ese cuerpo tremendo corriendo hacia mi con una pierna sangrando y gritando mi nombre. Zoro. Una luz se encendió en mi oscuridad al pensar en ese nombre. Me vino a la cabeza la primera vez que vi a ese espadachín. No me podía creer que alguien de la tripulación de la persona a quien quería matar estuviera tan bueno. Por mi cabeza pasaron los recuerdos a su lado. La primera vez que le llamé guapo y el sonrojo de sus mejillas que causó, la primera vez que nos besamos, que dormimos juntos, que hicimos el amor, que me dijo que me quería, cuando me raptaron y me salvó de ese infierno, cuando me contó lo que había sentido cuando creía que me iba a perder. Lo mal que lo había pasado. Entonces la luz de mi oscuridad se hizo mas potente. No podía dejar que volviera a sufrir. 'Tengo que salir de esta' pensé 'No puedo dejar que Zoro vuelva a sufrir por mi' Mis fuerzas, que empezaban a recuperarse, se centraron en mis pesados párpados lo que fue un esfuerzo inútil. Y decidí escuchar que pasaba a mi alrededor.

-¡Zoro! ¡Llevaremos dentro! - esa voz dulce era indudablemente de Chopper.

-Si. - contestó mi chico mientras noté como me cogía en brazos.

-¡Cuidado chicos! ¡Vamos directos a él! - Nami gritaba mas lejos.

-¡Nuestro foco se ha roto! – decía Usopp.

-¡Y el timón también! - gritaba Sanji de mas lejos todavía.

-¿¡Qué! - el grito de Nami y Usopp no pareció tan lejos esta vez.

-¡Vamos a morir! - la voz del narizotas era temblorosa.

-¡¿Luffy! ¿Donde estas? - preguntaba Nami - ¿Porque no dices nada? - parecía preocupada.

-No tengo nada que decir – dijo mi amigo serio – Samy está mal por protegerme.

-¡No digas tonterías! - le reprochaba Nami y luego siguió diciendo algo que no logré escuchar pues me habían metido en una habitación y habían cerrado la puerta. Noté algo frío en mi pecho.

-Aún respira – afirmó Chopper. Oí como Zoro suspiraba profundamente. -Pero está muy débil, no tiene fuerzas.

-Joder... Vamos, Samy. ¿Porque narices has tenido que salvarnos a todos?

Escuché las palabras de Zoro muy cerca de mi y volví a intentarlo. Mis párpados temblaron por la fuerza que causaba en ellos la poca energía que tenía. Lentamente mis pestañas superiores fueron separándose de mis pestañas inferiores y entre medio de ellas vi una pared de madera borrosa.

-Chopper, Chopper, ¡está abriendo los ojos!

-Lo sé, Zoro, lo veo.

-Vamos, Samy, un poco más, por favor.

Y escuchar los ruegos de Zoro mis ojos se terminaron de abrir para mirarle a él una ligera sonrisa se dibujó en nuestras caras. Me cogió de los hombros y me abrazó muy fuerte levantándome bruscamente.

-Pensaba que te iba a volver a perder – me susurró.

Deja de Narrar Samy. *

-¿Como estas Samy? - preguntó Chopper rompiendo el momento.

-Ah, cansada, pero bien. ¿Que ha pasado? ¿Estáis todos bien?

-Si, y gracias a ti – sonrió Chopper. - hace un momento oía gritar a Nami voy a ver que ha pasado y así os dejo solos. - se levantó y se acercó a la puerta. La pareja aceptó y asintió con la cabeza – Ah, Samy, deberías comer algo.

-Vale, doctor – sonrió la chica. Esperó a que el reno saliera de la habitación y miró a Zoro.

-He pasado mucho miedo, Samy. - la cogió una mano y con la otra le acariciaba la cara y el pelo – no vuelvas a hacer algo así nunca.

-Zoro, lo siento, tu hubieras hecho lo mismo.

Él se quedó mirándola.

-Tienes razón, pero no me gusta que pongas en peligro tu vida. No quiero perderte. - tenía intenciones de seguir hablando pero ella le interrumpió.

-Zoro, estoy bien, ya está. - se acercó y le besó en los labios apasionadamente y muy dulce.

Entonces la chica se dio cuenta de que se encontraba en su habitación, en su cama exactamente. Tiró hacia atrás a Zoro y se puso encima de él.

-Te había dicho que todo saldría bien y así ha sido.

Se quedaron mirándose a los ojos durante unos segundos hasta que ella se acordó de algo.

-¡Ostia! ¡Zoro! ¿Como está tu pierna? - se quitó de encima del chico.

-Ah, si... mi pierna. - Zoro se subió la tela del pantalón. Y dejó a la vista un corte profundo de unos quince centímetros de largo que le llegaba de la rodilla hasta la mitad del gemelo.

-¡Zoro! ¡Tienes que curarte eso! - gritó ella con énfasis y señalando la pierna del peliverde.

En ese justo momento ambos oyeron un estruendo que venía de la cubierta acompañado por unos gritos asustados de sus amigos. Se miraron extrañados y se pusieron en pie.

-¿Que ha sido eso? - dijo Samy seria echando mano de sus pistolas a la vez que Zoro agarraba sus katanas.

-Vamos – Zoro tomó la iniciativa y salió por la puerta siendo perseguido por la morena.

Salieron al exterior y la sorpresa fue máxima. Estaba todo, absolutamente todo, oscuro. Samy cogió la mano de Zoro para no perderle.

-¿¡Luffy! - preguntó el espadachín casi gritando.

-Aquí. - oyó la voz del chico de goma a pocos metros de él.

-¿Que narices ha pasado? - quiso saber el peliverde intentando encontrar a su capitán.

-Estamos en una especie de túnel. - la chica pelirroja habló, no podían ver su rostro pero su tono de voz era serio y no era el típico chillido enfadado de ella, hablaba con seriedad y tranquilidad - Cuando pasó la tercera vícola un remolino vino detrás de ella en el cual caímos sin poder hacer nada. Intentamos salir de él, pero nuestro timón se rompió y el remolino nos llevó a unas rocas. Todos pensábamos que íbamos a morir hace apenas unos segundos pero entonces oímos ese estruendo y las rocas se abrieron en dos dejándonos pasar en medio de ellas y se volvieron a cerrar detrás de nosotros dejándonos a oscuras. - hizo una pausa de varios segundos – Estamos vivos de milagro, chicos.

-Lo importante es que lo estamos – dijo Samy al notar el mal ambiente que había entre ellos.

-¿Estamos todos? - preguntó Zoro

-No sé – dijo Nami – antes de entrar aquí lo estábamos. A ver... - empezó a contar – Luffy sí, Zoro sí, Samy sí, ¿Sanji?

-¿Donde estás preciosa? ¿Estas bien amor mío?

-Vale... Sanji también. ¿Chopper?

-¡Estoy aquí! Al lado de Usopp que creo que no puede hablar.

-¿Por qué? - quiso saber la pelirroja.

-Te diría que se a desmayado con los ojos abiertos.

-Vale, ¿Robin?

El silencio reinó.

-¿Robin? - insistió la pelirroja.

-Mierda... - murmuró Zoro.

Entonces todos vieron como unos pequeños rayos de luz les iluminaban un poco y dirigieron sus miradas a ellos.

-¿Me llamabas, navegante? - la cara de Robin era iluminada por una pequeña vela que sostenía en sus manos.

-Que bien, estamos todos – dijo Nami más tranquila.

Ahora podían verse las caras y donde estaba cada uno. Chopper intentaba que Usopp recuperara el conocimiento. Samy guardó sus pistolas y agarró de la mano al peliverde arrastrándolo a donde estaba el médico.

-Oye, Chopper – le llamó ella – lo de Usopp es una tontería – dijo con sinceridad – creo que esto es más urgente. - señaló la herida de la pierna de Zoro.

-¡Madre mía! ¡Ven aquí Zoro! - exclamó el reno dejando de lado al narizotas.

-Dejadme, estoy bien – el peliverde intentaba hacerse el duro.

-Callate – le ordenó Chopper – tengo que curarte esto ya. - Y se hizo a un lado con el chico dejando a la morena sola.

-Samy – dijo Luffy acercándose a la chica con un tono serio.

-Dime – contestó la aludida.

-Lo siento. Me has salvado la vida. Gracias.

-¿Que dices Luffy? - dijo Samy con su tono alegre – tu lo hubieras hecho por mi.

-Gracias igualmente – sonrió el pelinegro mientras abrazaba a la chica.

Zoro desde su sitio vio todo lo que pasaba. Pensó que si hubiera sido el cocinero quien la hubiera abrazado se hubiera sentido celoso, pero sabía que Luffy era ingenuo y que en ese abrazo no había mas que gratitud y amistad. Sonrió durante un segundo, luego puso una mueca de dolor por el líquido que le estaba echando el reno en la herida.

Nami y Robin estaban intentando analizar un horizonte que apenas se veía.

-No podremos saber donde estamos hasta que no hayamos salido de este túnel – informó Robin.

-De todas maneras, por el sonido del agua y el eco, creo que tardaremos mucho en llegar. Por lo menos doce horas y más al paso que vamos, aquí no hay corrientes, quizás podríamos descansar haciendo turnos. Estamos todos agotados.

-Si, tienes razón.

-Vale – se giró hacia el resto de su tripulación.

Los chicos decidieron que Zoro y Samy fueran los últimos en descansar pues los dos habían sufrido consecuencias en la lucha y se sentían cansados. Samy se quitó su camiseta negra y sus pantalones verdes y se tumbó en la cama. Estaba realmente cansada y un minuto mas tarde tenía al espadachín con una pierna vendada a su lado, abrazándola como cada noche. Miró la cara de la chica que tenía a su lado y vio como esos dos preciosos ojos verdes se clavaban en ellos.

-Te quiero. - susurró el espadachín.

Ella sonrió divertida.

-Yo te quiero más.

Él la miró con una mezcla de incredulidad y diversión.

-¿Ah sí? - le preguntó bromeando inclinándose un poco encima de ella.

Ella asintió con la cabeza divertida.

-Yo creo que no – dijo él cogiéndola de la cintura para hacerle unas ligeras cosquillas. Ella echó a reír.

-Zo... Zoro – consiguió decir entre carcajadas – Pa... Para.

Ella no podía parar de reírse y moverse, hasta que acabo tumbada completamente encima de él riéndose como una niña pequeña. El paró de golpe de hacerle cosquillas y sonrió. La morena tardó unos segundos en tranquilizarse y luego se quedó mirando los profundos ojos del peliverde. Se acercó lentamente a la cara de este hasta que sus labios se juntaron para rodeares en un dulce beso que duró un par de minutos. Ella al fin se separó, pero no más de un centímetro.

-Tenemos que dormir – susurró. Él asintió con la cabeza y ella sonrió a la vez que se bajaba del cuerpo del espadachín para acostarse a su lado apoyando su cabeza en el pecho de este. - Buenas noches bombón – dijo sonriente.

-Que duermas bien, Samy – susurró el chico acariciándole la espalda a la chica.

Sanji y Usopp eran los primeros en estar de guardia y Sanji aprovechaba para hacer comida para cuando les tocasen a sus amigos estar de guardia que no les faltara de nada mientras que Usopp tenía que estar fuera.

-Sanji, ¿te queda mucho? - preguntaba continuamente.

-No. - repetía el rubio una y otra vez.

-No es que tenga miedo, porque yo, el gran capitán Usopp ¡jamás tengo miedo! Pero es que tengo una enfermedad que se llama 'Nopuedoestarsoloenlaoscuridad' así que tendrías que dejarme entrar.

-¿Quieres cocinar tú?

-No...

-Pues calla.

Robin y Chopper dormían en la habitación de Sanji ya que la del rubio, la de el capitán y la de Samy y Zoro eran las únicas que estaban bien como para dormir pues las vícolas habían destrozado y descolocado toda la parte interior del barco. Ellos eran los segundos en tener guardia así que se durmieron rápido.

Nami se encontraba en la habitación de su capitán, sentada en la cama de éste. Luffy hacía unos veinte minutos que le había dicho que iba a buscar algo y no había vuelto.

-¿Luffy? - preguntó Nami.

El aludido asomó la cabeza por la puerta de la habitación.

-¿Todo bien Nami?

-Si, es solo que... ¿Que haces?

-Buscar un saco de dormir – dijo el pelinegro con total naturalidad.

-¿Para...?

-Para que duermas mas cómoda tu sola en la cama.

Nami sonrió.

-Va, Luffy, ven aquí anda. - dio un par de palmadas al colchón – no será la primera vez que dormimos juntos.

Luffy asomó su cuerpo del todo y entró en la habitación.

-Genial – dijo mientras se quitaba el chaleco. Vio que Nami aún seguía pensativa sentada en la cama y con la ropa - ¿Que pasa? ¿No tienes pijama? - la pelirroja le miró y negó con la cabeza -Pues toma, ponte esto, te prometo que no miro – le pasó su chaleco rojo y ella lo cogió al vuelo.

-Gracias Luffy – ella sonrió, se puso en pie, se dio la vuelta y se cambió. Se tumbó en la cama donde ya estaba su capitán.

-Eres la mejor navegante del mundo, gracias por sacarnos de Las Vícolas.

-De nada – dijo ella ruborizándose por el cumplido de su capitán - Sigo sin explicarme como hemos salido con vida.

-Por Samy – contestó el pelinegro muy serio.

-Vamos, Luffy, ya está bien. Te ha ayudado igual que hubieras hecho tu.

-Ya. Supongo. – sonrió en la oscuridad pero por el tono de voz en que lo dijo a Nami no le hizo falta ver ninguna sonrisa para saber que su capitán había dejado a un lado su seriedad.

-Que duermas bien, Luffy – dijo la navegante acurrucándose al lado del chico de goma profundizándose en un dulce sueño.

El chico respondió al abrazo de la pelirroja acercándose a ella y pasándole una mano por encima. Notaba como su corazón latía y escuchaba su pausada y profunda respiración. Tenía la sensación de no poder dormirse y cuando se dio cuenta estaba acariciando la espalda de esta por debajo del chaleco. Su reflejo fue apartar la mano pero luego se lo pensó dos veces y llegó a la conclusión de que no tenía por que hacerlo así que siguió acariciándola durante un buen rato.

Luffy agachó un poco la cabeza y notó el pelo de la pelirroja en su cara. Le dio un ligero beso y respiró profundamente para sentir el olor de la chica. La agarró mas fuerte de la espalda y con muchos minutos de retraso contestó.

-Buenas noches Nami – y se dejó caer en el mismo sueño que ella.


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